Espero les guste, esta cuarta parte.

La alarma sonó, mis ojos se abrieron de golpe y quedé unos minutos observando el techo, un nudo en mi estómago se hizo presente, los nervios habían comenzado a surtir efecto.

Tomé un baño con agua fria, me vestí con la ropa que había preparado; un body color hueso de manga ¾ de cuello "v" con un listón que entrecruzaba el cuello, terminaba de dar estilo a la blusa con un moño pequeño y una falda tipo lápiz color verde militar con una costura recta por el medio de la falda, unas medias negras y unos botines negros cerrados con elastico a los costados. Llevaba mi cabello recogido en una media cola, y había maquillado mi rostro ligeramente.

Después de dar una última ojeada a mi apariencia por el espejo, tomé mi maleta y emprendí mi camino hacia la estación de autobuses. Había mucha gente, parecía que varios alumnos también regresarían a sus casas en las vacaciones.

Entregué mis pases de abordaje, el personal de transporte guardó mi maleta para al final subir al autobús.

Logré encontrar un par de asientos vacíos, me senté cerca de la ventana, le escribí un mensaje a Rosa para avisarle que ya estaba en camino y me perdí entre el paisaje que ofrecía la carretera.

Al cabo de unas 5 horas, habíamos llegado, bajé mis maletas, el pueblo en el que se encontraba la granja de Lysandro era bastante pequeño, pero muy acogedor, se podía aspirar una paz que la ciudad solo podría envidiar. Habian cabañas muy rústicas de madera, coloridas, llenas de flores y arboles frondosos. Las calles eran empedradas con patrones hermosos, tenían un pequeño mercado al final de la calle y una que otra tienda.

Comencé a entender un poco el porqué los padres de Lysandro habían decidido vivir ahí, era muy tranquilo y bello.

La granja de los padres de Lysandro no fue difícil de ubicar, Rosa me había enviado la ubicación de la granja, quedaba un poco retirado de la parada de los autobuses y de las cabañas que habían, pero nada que fuera lo suficientemente lejos como para procurar transporte, al menos eso pensaba antes de tomar camino.

Mientras caminaba hacia mi destino, los nervios poco a poco iban consumiendo la fuerza de mis piernas, no podía evitar que temblaran con cada paso que daba. El cielo para mi mala suerte comenzó a tornarse oscuro y unos truenos anunciaban que una lluvia se acercaba.

Como era de esperarse comenzó a llover, corrí tanto como mis piernas me lo permitieron con el peso de mi maleta acompañandome. Para cuando llegué a la granja, el sol ya se había ocultado, parecía que eran entre la de la tarde, mi maquillaje estaba corrido, mi ropa estaba completamente empapada, ni que decir de mi cabello que estaba desaliñado por tanto correr y sobre todo mojado.

Mi maleta había sobrevivido mejor a la lluvia que yo, sin embargo estaba cubierta de lodo.

Al llegar al frente de la granja, esta era protegida por una valla de alambre que rodeaba todo el terreno, la entrada principal era una puerta del mismo material y una pequeña cadena con candado que evitaba que extraños entrasen.

Saqué mi teléfono para llamar a Rosa y avisarle que estaba afuera, sin embargo la pantalla mostraba un pequeño símbolo que indicaba que no tenía señal.

—Perfecto—dije para mi misma frustrada.

La casa no estaba tan cerca y por el viento no podían escucharme si gritaba, tenía que hacer algo, pero mi cabeza ya no daba para más, estaba exhausta. Me senté un poco sobre mi maleta, cuando a lo lejos observé una figura que se acercaba a la entrada.

Respiré más tranquila, solo para después comenzar a sentir que mi corazón me abandonaría en medio de todo. Lysandro era quien venía hacia mi y yo vuelta un desastre no pude hacer nada más que ponerme de pie y observar fijamente hacia el.

—Temíamos que hubieras sido atrapada por la lluvia de camino hacia aquí, ibamos a ir a buscarte—gritó Lysandro a unos metros de mi.

—No tienen de que preocuparse, estoy bien, solo me mojé un poco, para cuando venía no había dónde resguardarme de la lluvia así que pensé que lo mejor sería llegar aquí lo antes posible—Expliqué tratando de disimular mis nervios

—Permíteme un momento para abrir aquí—respondió mientras que sacaba un juego de llaves y quitaba el candado y cadena.

—Si, claro—mi corazón estaba agitado, no podía escuchar nada más que su latir.

—Listo, pasa ¿gustas una toalla para secarte?, el baño está disponible si necesitas usarlo—Ofreció cortésmente.

—Si por favor, me gustaría secarme y tomar un baño, no quisiera enfermarme—mis ojos no podían dejar de ver su espalda mientras me guiaba hacia su casa.

—Es un gusto volver a verte después de tanto tiempo—confesó mientras se volvía hacia mi con una sonrisa.

—Y-Yo también estoy muy contenta de verte de nuevo—Las palabras salían de mi boca pero mi mente estaba completamente en blanco.

Sus ojos se quedaron un momento atentos a mi, no pude evitar ruborizarme.

Algo que no había prestado atención era a su apariencia, Lysandro vestía un saco gris, con una camisa de botones blanca, sobre ella un chaleco color verde bosque y unos pantalones rectos de un color negro, con unos botines cerrados. Su vestimenta ademas de que hacia ver su espalda mas ancha, dejaban ver que sus brazos estaban aun más fornidos.

Su cabello estaba largo recogido en una cola de caballo de manera que llegaba por debajo de sus hombros, su flequillo seguía igual con el degradado tan característico suyo.

Había algo en su rostro, se veía más grande, tenía un aire de mayor madurez que antes, su piel se veía un poco bronceada. Definitivamente no era el Lysandro que yo conocí en el Instituto.

Sus mejillas se tornaron de un color rosado y sus ojos se volvieron toscamente hacía otro lado, entonces comenzó a quitarse su saco rápidamente para después colocarlo sobre mis hombros.

—Es mejor que te cubras, puedes enfermarte, si gustas yo llevo tu maleta, pasemos a la casa para que puedas ponerte cómoda—Añadió evitando mi mirada.

—Gracias—respondí extrañada.

Su cambio de actitud me había tomado por sorpresa, por lo menos hasta que entramos a la casa, era grande y espaciosa, completamente de madera y decorada de manera minimalista pero muy elegante a la vez.

—Llevaré la maleta a tu habitación, está en el segundo piso, el baño está en la última puerta al fondo.

—Si está bien, muchas gracias.—Agradecí

—Sucrette, que bueno que pudiste venir sin tantos problemas—interrumpió Rosa contenta para después abrazarme.

—Bienvenida Sucrette—añadió Leigh

—Si, dentro de lo que cabe, muchas gracias Leigh—Le devolví el abrazo a Rosa.

—Bueno, entonces ya podemos empezar a preparar la cena, te veo en un ratito más—Se despidió Rosa antes de guiñarme el ojo para despues volver a la cocina, llevando a Leigh del brazo.

—¿Gustas que te muestre tu habitación?—preguntó Lysandro quien no se había movido.

—Si, por favor.

Me guió hasta la que sería mi habitación esos días, dejó mi maleta dentro de la habitación y salió.

—Si necesitas algo estaremos abajo.

—Gracias nuevamente, bajaré en un momento.

Lysandro cerró la puerta de mi habitación y yo quede más tranquila, no podía evitar seguir sintiendo los nervios de antes, controlarlos había sido muy agotador sobretodo después de enfrentarme al viaje y la lluvia.

La habitación era sencilla, tenía una ventana amplia con una plataforma, en la que uno se podría sentar, la cama era de tamaño matrimonial, con unas sábanas blancas con detalles en forma de diamante en color plata, estaba decorada con repisas cubiertas de libros, había un escritorio muy sencillo de madera de color negro y una silla a juego, justo enfrente de la cama, un closet pequeño y un tablero de corcho con notas y bosquejos. Sin duda alguna, era la habitación de Lysandro.

Mi corazón estaba impaciente, me quité el saco de Lysandro, la prenda emanaba un aroma muy agradable una combinación de madera con un ligero toque avainillado, lo coloqué en la silla del escritorio y me dispuse a tomar un baño, preparé mi ropa y toallas para finalmente encaminarme al baño.

En el interior del baño había un espejo con un hermoso marco de madera tallada, fue entonces al verme en el espejo que la actitud extraña de Lysandro cuando me dió su saco tuvo sentido. Había olvidado por completo que estaba empapada y como mi blusa era bastante clara con el agua se había vuelto casi transparente dejando expuesto mi sujetador casi por completo. Se había dado cuenta y me dio su saco por esa misma razón, mi rostro estaba ardiendo, no era como si Lysandro jamás hubiese visto mi sujetador, sin embargo los nervios estaban a flor de piel, no pude evitarlo.

Mientras me bañaba mil y un pensamientos me daban vueltas en la cabeza, me apresuré a salir, entré a mi habitación y comencé a vestirme, quería abrigarme un poco pues la noche se había tornado más fresca por la lluvia. Me puse un par de leggings negros, un sweater tejido rosa palo y unas pantuflas sencillas color blanco.

Bajé a la sala para encontrar a Lysandro sentado, Rosa y Leigh poniendo la mesa.

—Huele delicioso—expresé

—Espero te guste, hicimos lasagna, sientense a cenar ya hemos terminado de poner la mesa.

Lysandro agradeció a Rosa y ambos nos dirigimos a la mesa, cuando estaba por sentarme sentí que alguien había movido mi silla para que fuera mas fácil sentarme, de igual manera hizo Leigh con Rosa, el ser caballerosos era parte de ellos sin duda alguna. Rosa pasó el resto de la cena platicando sobre la importancia de la lasagna en su familia y como era un platillo que acostumbraban comer en días lluviosos para ayudarles con el frío.

—Bueno, cambiando de tema, Sucrette ¿No te gustaría que te dieran un recorrido de la granja mañana? Los chicos la han trabajado mucho, tenía años sin estar así de bella, y estoy segura que te encantaría ver todo lo que tiene para ofrecer, creo que no hay nadie mejor que Lysandro para ello, claro si el no tienen ningún problema en hacerlo—comentó Rosa intentando comprometer a Lys.

—No tengo problema en mostrarte la granja mañana temprano Sucrette, si es lo que deseas—Respondió Lysandro completamente consciente de las intenciones de Rosa.

Sin duda Lysandro había cambiado, en otra época el habría pasado de largo el comentario o simplemente no hubiera sabido que era para él.

—Pues si no representa un problema, me encantaría conocer la granja.

—Te llamaré a tu cuarto a las 6, ¿Está bien?, es mejor comenzar temprano.

—Está bien—Sonreí.

—Bueno, no se ustedes pero nosotros ya nos vamos a dormir, hemos tenido un día agotador—Bostezó Rosalya mientras que se volvía a ver a Leigh con una cara que imploraba le siguiera la corriente.

—Aún es temprano, y casi no hemos conversado con nuestra invitada—argumentó Leigh para sorpresa de Rosa.

—No, te preocupes mi amor, mañana platicamos, yo estoy muy cansada y necesito dormir, ¿me acompañas?—insistió Rosa, llevándose a Leigh del brazo.

—Está bien, que pasen buenas noches—se despidió Leigh.

—muchas gracias por la cena chicos estuvo muy rico todo, que pasen buenas noches— agradecí.

—buenas noches, que descansen—dijo Lysandro antes de se fuesen.

Nos habíamos quedado solos, creo que comenzaba a entender el apuro de Rosa por irse a dormir, si alguien estuviera cansado creo que más bien sería Lys, por su trabajo en la granja, incluso yo por todo lo que pasé ahora para llegar aquí. Aun así, las intenciones de Rosa serían en vano, no me sentía lo suficientemente comoda como para enfrentar algo de ésta manera.

—Creo que yo también me iré a descansar, tuve un día muy ajetreado con lo del viaje, la lluvia…—dije

—Te acompaño a tu habitación, hay un par de cosas que olvidé en el escritorio.

—Está bien—respondí nerviosa.

Nos encaminamos al cuarto, mientras que Lysandro sacaba su cosas del escritorio, yo preparaba mi pijama para dormir. Pude observar que había sacado una libreta negra con un separador color esmeralda, un par de cartas y una pequeña bolsa alargada que parecía ser un estuche.

—Muchas gracias por la carta, y por venir aquí—Expresó Lysandro aún de espaldas acomodando sus pertenencias.

—N-No fue nada—respondí alterada, su comentario me tomó completamente por sorpresa—Desde que llegué a la ciudad sentía que tenía que hablar contigo, tenía que verte—confesé.

Se volvió hacia mí, sus ojos denotaban una profunda tristeza.

—Muchas gracias—Me abrazó con fuerza.

Mi corazón estaba a punto de estallar, las lágrimas comenzaron a brotar sin control, algo tan simple había logrado quebrarme y la seguridad que había fingido hasta ahora.

—Te extrañé tanto, desde el día en que te fuiste, al recibir esa carta me sentí verdaderamente feliz, después de tanto tiempo—sollozó, no era yo solamente quien estaba fingiendo estar bien—se que estoy siendo egoísta, que yo fui quien decidió terminar contigo y aunque en su momento fue lo que yo creí era lo mejor para ambos, no pude evitar preguntarme si lo que había hecho era lo correcto, o que si tu habías entendido mis intenciones, pero al leer que así fue, no pude evitar sentirme aliviado, todos estos años cargué con esa culpa, con ese arrepentimiento, siempre pensé que podía hacer más—tomó aire, esperando componerse un poco—en el fondo sentía que tenía que buscarte, pero mis responsabilidades cada vez me consumieron más y más, la granja, la muerte de mis padres, la escuela…no abandoné mis sueños por quedarme aquí, al inicio tal vez fue mi primera opción, sin embargo después reflexioné y decidí hacer lo que pudiese a medida de lo posible por seguir ese sueño, entré a estudiar Música en una Universidad a las afueras del pueblo, los fines de semana. Sentí que era lo que tu me hubieras dicho que hiciera, y me ha gustado mucho mi carrera…pero aún así, siempre me estuvo faltando algo—se interrumpió para mirarme fijamente a los ojos— al final, seguía sintiéndome culpable de todo, de que la razón por la cual habíamos terminado había sido mi culpa, que nunca volvería a verte ni que sería capaz de disculparme contigo por tanto dolor que te llegué a causar, tanto por haber terminado nuestra relación, como por no buscarte ni haberte escrito como tu lo hiciste ¿Crees qué puedas perdonarme? —preguntó Lysandro con su rostro completamente ruborizado.

Mis piernas terminaron por fallarme, caí de rodillas y amortigué el golpe con mis palmas. Lágrimas desbordaban por mis ojos, Lysandro se acercó a mi tratando de comprender que me estaba pasando. No podía hablar, mi garganta estaba vuelta un nudo y mis sollozos no me permitían decir nada entendible. Sin decir nada se acercó a mi, me ayudó a ponerme de pie para después sentarme en la cama, se arrodilló frente a mi y comenzó a secar mis lágrimas.

—Toma el tiempo que necesites para tranquilizarte ¿Está bien?—dijo mirandome a los ojos.

Asentí, traté de respirar profundamente y despacio para tranquilizarme, dejé escapar las últimas lágrimas y después de 20 minutos de llanto sin parar, pude hablar.

—No entiendo que me pasó, de verdad, por más que intentaba parar de llorar no podía—expliqué—aun así, gracias por contestar mi carta, realmente no esperaba que fueras a responderla en persona…sobre tu pregunta, no tengo nada que perdonarte, más bien perdóname tu a mi, por no haber podido estar para ti, por no llamarte ni luchar más por nuestra relación, yo también sentía que la vida estaba en mi contra para que te buscase, sin embargo creo que fue porque no era el momento indicado para hacerlo, creo que tenía que pasar todo eso para volvernos a encontrar ahora y empezar de nuevo.

Lysandro sonrió enternecido, solo para después pronunciar las siguientes palabras:

—Si eso es lo que sientes, entonces creo que no hay ningúna razón por la cual no podamos comenzar de nuevo.

Dicho eso, se acercó para besar mi mejilla, se puso de pie, me deseó buenas noches y salió de mi cuarto.

Cambié de ropa, me puse un conjunto de short y blusa de tirantes color rosa y encaje negro de seda. Mientras que estaba preparandome para dormir, pude notar que había olvidado sus cosas, las tomé con cuidado y salí para entregárselas.

Había otras dos puertas más además del baño, mi plan no había llegado tan lejos ¿Cómo se suponía que supiera cual era la nueva habitación de Lysandro?

Coloqué mi oido en ambas puertas para asegurarme si no había voces, pero ambos cuartos estaban en total silencio, entre abrí el que estaba junto a mi cuarto pero parecía ser la habitación de Rosa y Leigh, ambos estaban dormidos. Cerré la puerta y me dirigí a la siguiente habitación, toqué la puerta antes de entrar a lo que Lys contestó

—Pasa

Entré a su habitación para darme la sorpresa de que estaba sentado en su cama, con solo una camisa sin abotonar color blanco de manga corta, sus boxers de color negro, además de su cabello suelto que acentuaba el largo de su rostro y que acariciaba levemente su clavícula, su pecho y abdomen se asomaban un poco entre la camisa, confirmé que sus brazos certeramente estaban más fornidos de lo que los recordaba y ni hablar de sus muslos musculosos, me sonrojé al recordar el comentario que había hecho Alexy.

—O-olvidaste esto en el cuarto—titubié

—Viejas costumbres no mueren ¿Cierto?

—¿Por qué lo dices?—cuestioné

—Porque siempre que olvidaba mi libreta, tu eras quien la hacía llegar de nuevo a mi.

—Pues entonces supongo que no, bueno solo venía a eso, te veo mañana temprano, ya debería irme a dormir, es tarde y necesito descansar

—Que tengas una buena noche—tomó sus cosas, me miró una última vez y se fue a acomodar sus pertenencias en la mesita de noche que tenía junto a su cama.

Salí hecha un tomate y regresé a toda prisa a mi cuarto sintiéndome entre nerviosa y excitada. No esperaba que me afectara tanto, ni siquiera esperaba que se viese tan bueno…sexy en pijama.

Traté de quitar la imagen de mi cabeza para después quedarme dormida, en vano pues no podía dejar de pensar en la imagen que acababa de presenciar, los comentarios de Alexy sobre que tenía que estar preparada si algo pasaba o que Lysandro tenía más de 4 años sin estar con otra persona. Me mordí el labio, me giré en la cama y cerré mis ojos.

Esa noche volví a soñar algo muy extraño, que haría las cosas bastante incomodas para mi y como me llevaría el resto del viaje con Lysandro.