Cuando llegamos nuevamente a la casa Leigh se encontraba colocando los cubiertos en la mesa, lo saludé rápidamente y Rosa me llevó a su habitación, nos encerró con llave y comenzó a explicarme todo lo de la fiesta del día siguiente.

—Si gustas yo puedo encargarme de los aperitivos, y Leigh de las decoraciones, lo que necesito que hagas es que distraigas a Lysandro mientras que todo se prepara. Pídele que te lleve al centro, o algo por el estilo, pero alejalo de la casa y entretenlo lo más posible.

—Pero Rosa...

—¿Qué?

—Desde que llegué aquí no he tenido la oportunidad de contarte nada de lo que ha pasado entre nosotros...Y creo que dejarnos solos mañana después de lo de hoy...No sé me pone muy nerviosa.

—Bueno ¿Qué tanto ha ocurrido entre ustedes en un día? No me digas que su tensión sexual hizo de las suyas y aprovecharon ahora para...

—No—negué avergonzada.

—¿Entonces...?

—Pues...Anoche que se fueron ustedes a dormir, Lysandro me pidió permiso para pasar por unas cosas a mi habitación, todo era normal, algo incómodo por la tensión pero pues algo normal, entonces mientras platicabamos se giró hacia mi, me agradeció el que hubiera venido y me abrazó...

—Ajá—Respondió intrigada.

—Entonces yo comencé a llorar y él me confesó cómo se había sentido después de nuestra ruptura, nos tranquilizamos nos despedimos y quedamos en que sería bueno volver a comenzar...

—Continúa...

—Y pues hoy en la mañana tuve un estúpido sueño que hizo que todo se volviera muy incómodo entre nosotros dos...

—¿Entonces estabas soñando y no hacías otras cosas con Lysandro? Cuando Leigh y yo te escuchamos en la madrugada pensamos que ustedes ya habían roto el hielo...

—¿Q-Qué?—Chillé deseando que me tragara la tierra. —¿Entonces ustedes también me escucharon...?—pregunté con intenciones de reafirmar lo que Rosa me acababa de decir.

—Pues si, se escuchaba un poco, normalmente éstas habitaciones no dejan salir mucho ruido a menos que estés con las ventanas cerradas, y estes justo afuera con una oreja en la puerta.

—Ay no—expresé cubriendo mi rostro de la vergüenza, bastante vergonzoso era haber tenido ese malentendido con Lysandro, pero que también existiera con Rosa y Leigh...sin duda quería desaparecer de la tierra.

—Ya eso no importa, termina de contarme que pasó—respondió Rosa tratando de sacarme de mis pensamientos.

—Bueno—acepté aún ruborizada—el punto es que mientras platicabamos poco antes de que llegaras Lysandro me preguntó si salía con alguien

—A lo que le dijiste que no.

—Ajá, entonces el me respondió lo mismo

—Obviamente, no ha salido con nadie después de ti.

—Y justo cuando tu llegaste él estaba a punto de...

—¿De...?

—Pues no sé—solté frustrada—nos interrumpiste.

—Su...No te preocupes, eventualmente te dirá lo que quieres saber.

—Pues si—respondí—Rosa...

—Dime

—¡¿Cómo que romper el hielo?!—reclamé exaltada—Yo no soy así y lo sabes.

—Pues mira que encontrarse nuevamente después de que por azar del destino fueron separados y ahora se reencuentran con el detalle de que aún tienen sentimientos por el otro además de tener más de 4 años sin verse, no me imagino la tensión sexual que debe de haber entre ustedes. Creo que sería más que natural que algo así pasara.

—Pero...

—Bueno tienes razón a lo mejor Lysandro con su manera de ser no se animaría a tomar ese tipo de atrevimientos, pero no puedo decir lo mismo de ti, especialmente con todo lo que has cambiado en éste tiempo, ya no se sabe contigo.

Quise protestar sin embargo, dada la situación no podía afirmar lo contrario. Ni siquiera se que haría yo de encontrarme en esa situación

—Además, no tendrías porque avergonzarte es algo muy normal, incluso si estuvieses haciendo otras cosas más personales...

—Rosa, detente por favor—supliqué apenada.

—Cómo gustes, solo quiero que sepas que si ustedes llegan a encontrarse en esa situación no se incomoden por nuestra presencia, pues puedo asegurarte que no estaremos aquí.

—¿Qué quieres decir con eso? ¿se van a ir?

—Leigh y yo nos iremos el lunes por la mañana, tenemos que arreglar unos papeles de la tienda y regresamos el jueves. Si todo va bien.

—Rosa...solamente me pones más nerviosa

—No te preocupes Sucrette todo estará bien.

—¿Cómo crees que Lysandro y yo podremos hacer algo mientras que ustedes no están? Me pone nerviosa el solo imaginar que algo así podría pasar...

—Si en dado caso se presentara la oportunidad, ¿La tomarías?—Me preguntó seria.

—Yo...

El sonido de alguien tocando la puerta nos interrumpió, Lysandro llamó a la puerta, salimos de la habitación y nos encaminamos al comedor.

La tarde prosiguió sin más, Lysandro salió con Leigh para terminar sus labores, mientras que Rosa se quedó en su habitación haciendo unas llamadas.

Me quedé sola en mi habitación, disfrutando un poco de paz, me sentí agradecida del tiempo que tenía para pasar tiempo conmigo misma, pues desde que había llegado no había tenido la oportunidad de reflexionar y disfrutar de unos momentos de silencio.

De nueva cuenta había salido el tema sobre el reencuentro de Lysandro y yo, y sobre la posible tensión entre nosotros. Parecía que Rosa y Alexy estaban comploteando en mi contra para convencerme de que tener relaciones con Lysandro era inevitable. La verdad, que no me desagradaba la idea, quiero decir cuando pasas mucho tiempo sin tener relaciones una vez que las has tenido con alguien que tu quieres y confias, después de que éstas se han vuelto un vínculo con la persona, en la cual ambas partes son igual de importantes y el amor por el otro se siente con miradas, caricias o besos. Se extraña esa cercanía que se forma al compartir esa experiencia. Además claro de satisfacer deseos meramente carnales.

Sin embargo, sentía que esos deseos que crecían en mi interior cada que observaba a Lysandro, eran solamente por mi parte.

Lo que tenía completamente claro era que silenciar esos deseos en mi cabeza era muy difícil, al vernos yo sentía un aura de misterio y sensualidad de su parte, cada que mi cuerpo rozaba con el suyo sentía chispas brotar desde mi estómago hasta mi garganta, sus ojos sin duda eran el principal causante de todo, pues a pesar del atractivo de su nueva apariencia, sus ojos seguían teniendo el mismo efecto en mi que siempre.

Entre más le daba vueltas mas ansiosa me sentía sobre todo, no quería esperara nada, sentía que si aumentaba mis expectativas sobre lo que podría pasar solo terminaría decepcionadome al final, si las intenciones de Lysandro terminaban por solo buscar enmendar nuestra relación pero no desarrollar algo más.

Con mi cabeza adolorida de tantos pensamientos, me decidí por salir a pasear un poco. Necesitaba despejarme de todo.

Salí de la casa para encontrarme con un olor que me extrañó, apenas estaba en la puerta y bocanadas de humo de tabaco se elevaban hacia el cielo, desde el costado del pórtico. Bajé los escalones y caminé hacia la parte trasera de la casa lentamente.

Cuando llegué al sembradío de vegetales pude observar a la figura de la que se emanaba el humo, la imagen de Lysandro con un cigarro en su mano, exhalando humo ensimismado con sus ojos cerrados, estaba sentado sobre un banco de madera con una postura relajada, tenía su chaleco desabotonado, su cabello suelto descansando sobre sus hombros.

De todas las personas jamás creí que llegaría el día en el que vería a Lysandro fumando un cigarrillo. Era una de las pruebas de algo que me había esforzado en ignorar y solamente aceptar lo positivo; los problemas con los que él tenía que lidiar día a día.

Sin saber que hacer me decidí por regresar silenciosamente a la casa.

Lysandro comenzó a cantar.

Ahora si me he convertido en ti,

sin trazos que seguir,

ahora si ausente estás aquí,

el diablo de forma en mí.

En ésta montaña habita el silencio

se prende en llamas el cuerpo por dentro

y en estos abismos se pierden los ecos

y en mis lamentos recuerdo tu voz.

Su voz era melancólica, denotaba tristeza al menos hasta el siguiente verso.

Provocas la fiebre desatas el descontrol

estalla la noche.

Provocas la fiebre desatas mi descontrol

estalla mi noche...

Su voz ya no expresaba tristeza, ahora explotaba de erotismo.

Mis piernas rehusaban moverse, Lysandro dejó de cantar.

—Sucrette, puedo ver tu sombra—susurró.

Contuve el aire un momento.

—¿Cuánto tiempo tienes allí?—Cuestionó mientras apagaba su cigarro y se acercaba a mi.

—Ya me iba—respondí

—Espera, Sucrette—imploró

—No, no te preocupes no tienes nada que explicarme, solo salí un momento a tomar aire y me sorprendí de escucharte cantar es todo. Ya me voy a mi habitación.

—Sucrette...—me llamó.

—No pasa nada, de verdad, que pases buenas noches—respondí girándome hacia él.

Necesitaba tranquilizarme, no sabía que me tenía más impactada si el descubrir que ahora Lysandro fumaba o descubrir si la canción era para mi.

Me recosté aun con muchas dudas en mi cabeza, sentimeintos encontrados y dilemas, traté de descansar lo mejor posible a pesar de todo.

La mañana siguiente no pude más que tratar de evitar a Lysandro y estar junto a Rosa.

Por lo menos hasta el mediodía que Rosa nos mandó a ambos a "comprar" unas cosas para la cena en el centro del pueblo.

Lysandro me acompañó al que era su carro, una camioneta de una cabina con caja, color chocolate.

Nos encaminamos al centro del pueblo lo que no tomó mas de unos 15 minutos.

La incomodidad entre nosotros era evidente, no sabíamos ni que decir, con todo lo que había pasado desde el día anterior en la mañana con nuestra conversación interrumpida por Rosa, como por lo que había pasado en la noche. Lo más probable es que él creyera que estaba molesta, yo no sabía ni como romper el hielo de manera que no fuera aún más incómodo.

—Estaba planeando cortar mi cabello ahora, no se si te molestaría acompañarme antes de hacer cualquier cosa—Comentó Lysandro por fin.

Me giré hacia el para observarle mientras hablaba conmigo, su rostro fino, con unos mechones rebeldes sobre su rostro, tenía puesto un sweater color verde y unos overalls de mezclilla desabrochados, además de sus botas negras.

—No tenía intenciones de cortar mi cabello hasta más adelante pero...siento que me estorba un poco que esté tan largo y no quiero verme descuidado.—Respondió un poco apenado.

—E-Está bien, no tengo ningún problema con acompañarte.

Lysandro aparcó la camioneta frente a un salón de belleza, que parecía tener años allí por la pintura desgastada y los diseños dibujados en la pared que asemejaban una peluquería de los 80's.

Entramos, saludó a la mujer encargada de la peluquería, era una mujer de unos 40 y algo, con cabello castaño ondulado corto, tenía una cara redonda y su semblante reflejaba una amabilidad que pocas veces se ven.

La mujer consiguió que le atendieran, y comenzaron a charlar mientras que yo esperaba sentada.

—¿Y bien Lysandrito? ¿Qué te gustaría que hiciera con tu cabello? ¿Lo mismo de siempre?—Preguntó la mujer muy atenta.

—Estaba pensando en dejar mi cabello corto.

—¿Corto?—preguntó extrañada—Pero si nunca has llevado tu cabello corto, al menos no desde hace años.

—Si, lo sé—respondió un poco incómodo.

—Ah ¿no me dirás que quieres parecerte a esos muchachitos coreanos tan populares de hoy en día?—Preguntó con un tono recriminador.

—Pues, me gustaría algo así—respondió mientras que le mostraba una imagen desde su celular.

—Bueno no parece tan exótico, aguarda un momento, iré por la máquina y mis tijeras.

La mujer se marchó un momento para después regresar con todo y su mandil de herramientas, para después ponerse manos a la obra.

—Disculpa señorita pero no la había visto en la ciudad, ¿Es usted amiga de Lysandro?

—S-Si

—¿Cómo se llama?

—¿Yo?, me llamo Sucrette

—¿Sucrette?—preguntó un tanto curiosa—¡Ah esa Sucrette!—Exclamó animada

—¿Perdón?

—¿No eres acaso la novia de Lysandrito?

—N-No señora Madeleine—Negó titubeante Lysandro, quien estaba claramente apenado por la confusión.

—¿Ah no?—Preguntó la señora para después disculparse—Lo siento jovencita, no era mi intención incomodarla.

El resto de nuestra estancia allí la señora se limitó a cortar el cabello de Lysandro. La escena era bastante familiar, por alguna razón entre más veía que su cabello caía al suelo, y como iba quedando su corte, me parecía haberlo visto antes.

Pero no fue hasta que la señora Madeleine terminó que recordé porqué me era tan familiar, su corte era idéntico al de mi primer sueño con el y nuestro reencuentro.

Mi corazón se aceleró y solo me limité a no observarle tan evidentemente embobada.

Lysandro le pagó a la señora, nos despidió y cuando salimos de la tienda me preguntó:

—¿Se me ve bien?

—¿Eh?

—Tienes todo el rato viendome fijamente y con una expresión seria, me gustaría saber si me quedó bien el corte o es realmente malo.

—Se te ve muy bien, es solo que, se me hace extraño verte con el cabello corto, desde que te conozco no lo habías tenido así.

—Bueno, es un alivio, pensé que había tomado una mala decisión al cortarlo así.

—Para nada, te ves muy guapo—Solté sin pensar.

Ambos nos ruborizamos.

—¿Qué te parece si compramos lo que Rosa nos pidió?—pregunté.

—Me parece bien

Realizamos las compras, mientras que yo trataba de entretener a Lysandro lo más posible con cada detalle que pudiese. Mis nervios se volvían más prominentes, entre más se acercaba la noche. No tenía mi idea de cómo iba a resultar la famosa fiesta, ni como tenía que actuar para evitar regresar más temprano de lo que me había encargado Rosa. Llegamos a un punto en que las tiendas comenzaban a cerrar, Lys revisó su celular para darse cuenta que eran las 7.

—Sucrette ya es un poco tarde, ¿Te parece si volvemos? El sol no tarda en ocultarse.

—Ummm, claro está bien—respondí nerviosa.

Caminamos hacia el carro, nos subimos pero ya no podía ocultar mis nervios.

—¿Estás bien?—Preguntó sin encender la camioneta.

Asentí.

Giré mi cara hacia la ventana para tratar de distraerme, al momento en que sentí los dedos de Lysandro tomar mi mano y decir:

—Tranquila, todo está bien, se que tal vez el comentario de la señora Made te hiciera sentir incómoda, pero no había hablado con nadie del pueblo sobre nuestra ruptura, no creí que recordaría tu nombre, de entre todas las cosas.—comenzó—disculpame también por dejarte ver ese lado de mi, no quería que supieras que fumo, se que puedes sentirte decepcionada de mi, pero si me das la oportunidad, me gustaría poder terminar de decirte lo que no pude ayer cuando llegó Rosa.

Mis nervios aumentaron al triple, bastante presión sentía con lo de distraer a Lysandro, como para enfrentarme a todo aquello que nos había incomodado hasta ahora, sus ganas de hablar conmigo de cosas así solo demostraban lo mucho que el había crecido.

—Yo no pude dormir esa noche que platicamos, no podía dejar de preguntarme que significaba volver a...

Su celular vibró violentamente, distrayendolo por completo.

—Volver a...

Su celular volvió a vibrar, distrayendolo nuevamente.

Suspiró—Volver a empezar.

Una última vibración fue suficiente como para acabar con su paciencia, se disculpó un momento y comenzó a leer sus mensajes.

—Dice Castiel que ya llegó al la parada—anunció para mi.

—Si quieres vamos por el—sugerí

—Si, solo quiero saber una cosa, antes de que algo más pase

Nuestras miradas se cruzaron intensamente.

—¿Qué significa para ti volver a empezar conmigo?

—Pues...yo...

—¿Significa que tu y yo podemos volver a estar juntos? o...¿que solo deseas que seamos amigos?

Una sombra detrás de Lysandro apareció para después tocar la ventana para llamar su atención.

Eran Castiel y los amigos de Lysandro.

Lysandro suspiró frustrado, bajó el vidrio de su ventana y saludó a Castiel y a sus viejos amigos, al tiempo que éste me saludaba a mi, Lysandro les indicó que subieran a la caja de la camioneta con todo y sus maletas, se bajó un momento para saludarlos a todos y para que estos le abrazaran, platicaron unos minutos sobre lo cambiados que estaban y finalmente nos dirigimos todos a la granja.

Al entrar a la casa, Rosa dirigió a los muchachos hacia la sala, y Leigh guardó sus maletas en una habitación especial para invitados que estaba en la primer planta.

Todos nos reunimos a cenar en el comedor y comenzaron nuevamente a hablar sobre lo diferentes que estaban todos además de lo felices que se sentían de encontrarse nuevamente.

—Se que no te dije de los muchachos pero creí que te gustaría verlos de nuevo—comentó Castiel.

—No te preocupes, es bueno verlos a todos de nuevo—Sonrió Lysandro

—Los chicos querían verte, igual que yo, teníamos bastante tiempo sin verte, además...—hizo una pausa—tenemos una petición que hacerte.

El rostro de Lysandro se tornó serio, sabía exactamente a donde iba todo eso.

—Queriamos invitarte a cantar como nuestro invitado a un Tour por aniversario de la banda, ya que tu eres uno de los miembros que nos ayudaron a crear Crowstorm, no nos sentimos a gusto tocando sin ti.

Lysandro estaba completamente mudo, no parecía tener intenciones de responderle.

—Es solo un par de conciertos, no planeo pedirte que vuelvas a la banda, me has dejado muy en claro que tienes tus responsabilidades y las respeto, por eso apreciaria mucho que consideraras ésta oportunidad.

—Castiel yo no...—comenzó a argumentar

—Deberías aceptar—interrumpí casi por instinto.

Las miradas se centraron en mi.

—Quiero decir, es una buena oportunidad para que practiques con tu voz el cantar en público, además podría ser divertido, salir un poco, tomar unas pequeñas vacaciones de tus responsabilidades...

—Leigh y yo podemos hacernos cargo de la granja, así que no se quedaría sola—añadió Rosa.

—Es solo durante 3 semanas, no es mucho el tiempo que saldríamos y en dado caso de que ocurriese una emergencia, podrías volver sin problemas—añadió Castiel

Suspiró—Esta bien, no me vendría mal salir un poco—accedió Lysandro para sorpresa de todos.

—¿En serio?—Preguntó Castiel sorprendido.

—Si—confirmó Lysandro.

La alegría invadió la habitación, todos comenzaron a reirse y festejar escandalosamente.

—Te traje un obsequio—dijo Castiel al tiempo que se levantaba por su maleta.

Unos minutos después, regresó con 3 botellas de Vino tinto.

Los ojos de Lysandro se abrieron con sorpresa al ver las etiquetas de las botellas.

—Te traje 3 Merlot de un pequeño viaje a Burdeos que tuvimos, 1 para beberlo en celebración si aceptabas, el otro para beber 2 botellas por si no sabías que responder y el último por si decías que no, al menos embriagarnos un poco después de tanto tiempo. Pero como dijiste que si, las 3 son para ti.

—¿Quieres abrir una?—preguntó uno de los amigos de Lysandro.

—Está bien—accedió—déjenme ir por unas copas.

Se fue a la cocina para después regresar con 7 copas en una charolita.

—Lys, no será necesario que nos sirvas a Leigh y a mi, saldremos a otra fiesta.

—¿A otra fiesta?—preguntó extrañado

—Si, hay una fiesta en casa de los Laforet, y ya nos vamos.

Se fueron justo después de despedirse de todos.

Lysandro comenzó a servir el vino, a sus invitados y para cuando llegó conmigo me preguntó si querría beber un poco, a lo que respondí que si.

El vino tenía un aroma muy rico, y para cuando di el primer sorbo, pude percibir un ligero sabor amargo, la concentración de alcohol en el, una sensación agradable y cálida recorrió mi garganta.

Al finalizar su segunda copa, todos comenzaron a reirse por cualquier cosa, Lysandro los invitó a pasar al porche de la casa, para continuar bebiendo afuera y evitar impregnar la casa a alcohol.

Castiel sacó una cajetilla de cigarros, y ofreció uno a todos los presentes, me negué a tomar uno y Lysandro hizo lo mismo, todos se veían tan contentos hablando de viejas vivencias, que me sentí fuera de lugar, me serví un par de copas más para tranquilizar mi ansiedad.

—Sucrette—me llamó Castiel dejando salir una bocanada de humo—No sabía que tu también vendrías aquí, ¿Cuándo llegaste?—Preguntó tratando de romper con mi aura solitaria.

—Hace un par de días—dije

—¿Eres la famosa Sucrette?—Preguntó uno de los amigos de Lysandro.

—¿Supongo?—Respondí dudosa

—Si, Sucrette la chica que...—Fue interrumpido por un puntapie nada discreto de Castiel.

—Tenias un bicho en el pantalón—se excusó.

—¡¿QUÉ?!—Chilló el muchacho, mientras que brincaba tratando de librarse del insecto imaginario.

Unas risas se escaparon de mi, mientras que observaba a Castiel, quien también sonreía ampliamente ante la escena, con su cabello acompañando la silueta de su cara, me di cuenta que no les había prestado atención desde que llegaron, Castiel portaba una playera sin mangas color gris que exponian los tatuajes de sus brazos, con sus multiples collares y pulseras, un pantalón roto negro y sus botas negras con rojo, los otros chicos tenían la misma pinta, solo que su cabello si era de colores normales como castaño o negro a diferencia de Castiel y Lysandro que eran quienes más se destacaban por la excentricidad de su apariencia.

El resto de la noche los muchachos se esforzaron por hacerme reir, todos terminaron tan ebrios que cuando menos pensamos ya se estaban quedando dormidos, con excepción de Castiel y Lysandro, quienes parecían tener buena tolerancia hacia el alcohol.

—Bueno, nos vamos a dormir, ¿Me ayudas a llevar a estos tontos?—expresó Castiel mientras extendía su brazo hacia Lysandro para que le ayudase a ponerse de pie.

Entre ambos se llevaron a los muchachos. Para luego desearnos una buena noche a Lysandro y a mi.

A como pude, me senté en el columpio que estaba en pórtico. Mi cabeza daba vueltas y el sueño comenzaba a apoderarse de mi.

—¿Quieres que te lleve a tu cuarto?—preguntó Lysandro.

—Querras decir a tu cuarto—corregí.

—Bueno, si es mi cuarto pero de momento tu eres quien lo utiliza—argumentó.

—¿Tú no tienes sueño?—pregunté confundida, Lysandro había bebido unas 6 copas y parecían no haberle afectado en lo más mínimo.

—Si, si tengo sueño, pero ahora es más importante asegurarme de que llegues a tu habitación—Explicó mientras que me acomodaba entre sus brazos.

Caminó lentamente hacia mi habitación, acurruqué mi cabeza en su pecho lo que me permitió escuchar los latidos agitados de su corazón. Ese sonido tan bello solo me inspiraba a dormir más y más.

—Ya estamos en tu habitación—me susurró Lysandro al oído, mientras que me recostaba en la cama.

—Espera—rogué—quédate conmigo—añadí mientras que con mis últimas fuerzas me sujeté de su brazo izquierdo—recuestate a un lado de mi—le pedí.

Mis ojos ya no se lograban abrir pero podía sentir la calidez del cuerpo de Lysandro cerca de mi, así como su aliento chocar con el mio.

—¿Así?—me preguntó.

—Si, sobre tu pregunta de hace rato—añadí

—No tienes porque responderme ahora, se que no te lo pregunté en el mejor momento...

—shhh—lo silencié con uno de mis dedos acariciando sus labios.

Abrí ligeramente mis ojos, y con lo poco de sanidad que me quedaba me acerqué lentamente hacía sus labios y con mis dedos en su nuca me impulsé para terminar con la distancia que existía entre sus labios y los míos. Lysandro respondió al beso y con su mano quitó el cabello de mi rostro, nuestras bocas estaban impacientes por más pero el cansancio hizo de las suyas dejándome completamente dormida y frustrando nuestros planes.