Una vez de regreso, nos bajamos de la camioneta, Lysandro tomó mi mano sonriendo ampliamente, me atrapó entre la puerta del auto y su brazo acercándose peligrosamente hacía mis labios de nuevo. La cercanía de sus labios sin estar besando los míos alimentaba aún más mi ansiedad, lo tomé del cuello y nos fundimos en un beso nuevamente.
Complacido, susurró en mi oído
—Disculpa mi atrevimiento, creo que me he dejado llevar.
Volvimos a unir nuestros labios una vez más antes de entrar a la casa.
Lysandro se dirigió a la cocina para servirnos unos vasos con agua. Me recargué en la mesa junto a él. Lysandro comenzó a beber su agua, mientras que yo le observaba perdida en el movimiento que hacía su garganta al tragar y el movimiento de sus labios. Sus mejillas comenzaron a cambiar de su característico color a una tonalidad rosada y terminó por ahogarse con su bebida.
—¿Estás bien?—Pregunté sorprendida
—Si—tosió—Es solo que es un poco—volvió a toser un par de veces antes de poder terminar la oración—es un poco extraño que me mires de esa manera, me pone nervioso.
—lo siento—me disculpé mientras me mordía el labio.
Nos invadió la risa, parecíamos un par de adolescentes después de su primer beso, nerviosos, sin saber que decir después.
—¿Te parece si tomamos algo para quitarnos los nervios? siento como si mi cabeza hubiera dejado de funcionar—sugerí.
—¿Te apetece un poco de vino? Todavía quedan dos botellas de las que me regaló Castiel.
—Si, me parece bien.
—Si no te molesta, ¿Podrías sacar las copas mientras que voy por una botella?—preguntó.
—si claro, ¿En dónde las guardan?
—En la alacena, junto al refrigerador—explicó mientras salía de la habitación.
Saqué las copas y las coloqué sobre la mesa.
Me senté para esperar a Lysandro, suspiré mientras tanto tratando de tranquilizarme, todo lo que mis amigos habían dicho hasta ahora resonaba en mi cabeza, y en cierta manera me sentía apenada y un poco molesta de que sus burlas sobre nosotros dos terminaran por cumplirse. Casi podía sentir las miradas pícaras de Alex, Rosa y Castiel. Sentía mis mejillas cada vez más cálidas, de verme en el espejo podría apostar que parecían un par de manzanas.
La imagen de Lysandro entrando en la habitación fue lo que me devolvió a la tierra.
—¿Te encuentras bien?—Preguntó desconcertado.
—Si—mentí.
—Tus mejillas están rojas ¿Estás segura?—Observó.
Sonreí derrotada, había veces que sin duda Lysandro veía a través de mí.
—No…No puedo evitar pensar en mis amigos…Alex, Rosa…incluso Castiel—confesé.
— ¿Por qué?
—Bueno, es que…desde que me decidí en venir aquí, tanto Alexy como Rosa se burlaron tanto de mí diciendo que terminaríamos por volver…y que…por ende nosotros…
Lysandro se ruborizó de sobremanera.
— ¿Castiel te dijo algo también?—preguntó claramente nervioso.
—Lo mismo que Alex y Rosa…¿Por qué?—respondí con sospecha.
Lysandro cubrió su rostro con una de sus manos y se dio vuelta tratando de esconder lo apenado que se encontraba.
La escena me enterneció tanto que no pude evitar ponerme de pie y abrazarle por la espalda. Podía escuchar su corazón latiendo agitado, el aroma de su ropa me resultaba cada vez más agradable, guardé una sonrisa para mí. Fuera lo que ocultara…no duraría mucho.
Tragó saliva, sujetó una de mis manos.
— ¿Y qué fue lo que les dijiste?
— ¿Sobre regresar?—pregunté jugando un poco con él.
—No—respondió inmediatamente.
Nos quedamos unos minutos en silencio, Lysandro se volvió nuevamente hacía mí, abrazándome, hundiendo su cabeza en mi cuello, aun evitando mi mirada, podía sentir el calor que emanaban su rostro. Le sujeté con fuerza.
—Qué no me molestaría en lo absoluto si tuviésemos la oportunidad de estar juntos una vez más.
Sus labios comenzaron a jugar con mi cuello estremeciéndome, deslicé mis manos por debajo de su sweater acariciando su espalda con las yemas de mis dedos.
La sensación que me daba disfrutar de la humedad de sus labios, el calor de su aliento además del efecto de su piel erizada por el contacto de mis dedos me regresaba a nuestra primera vez, la emoción, los nervios, la excitación, la vergüenza que sentíamos, todo volvía a mí, pero ésta vez un poco diferente. Era claro para el otro que aunque existía ese sentimiento de familiaridad, ya no eramos un par de niños, ésta vez no era nuestra primera vez y definitivamente no estábamos jugando a amarnos.
Sus labios se paseaban de mi hombro a mi cuello,besandome. Mis piernas no podían mantenerme de pie mucho tiempo más, detuve mis caricias, le tomé de los brazos y nos dirigimos a toda velocidad hacia el sillón. Nos sentamos juntos y comenzamos a besarnos con esa ansiedad que habíamos tenido dificultades de controlar unas horas antes.
Sus manos encontraron camino debajo de mi blusa, acariciando mi espalda me fue recostando poco a poco hasta quedar ligeramente recostado sobre mi, yo solo sujetaba su nuca con el fin de ganar un poco de control sobre la dirección de sus estímulos.
Mi respiración era dificultosa, y la suya ni hablar, estaba absorto en mi piel.
Alzó mi blusa para continuar besándome, Lysandro entonces comenzó a subir peligrosamente a mi pecho, hizo una pausa y me miró a los ojos como si me estuviera pidiendo permiso para continuar, mi respuesta entonces fue quitar su sweater, dejando expuesto su torso que para mi deleite saltaban los músculos de sus brazos con cada movimiento que hacía.
Como respuesta de mi atrevimiento, Lysandro entonces retiró mi blusa. Nos quedamos viendo el pecho del otro durante unos segundos, hasta encontrar nuestras miradas.
—Eres tan hermosa—dijo conmovido.
Acto seguido me abrazó atrayéndome hacía él, irguiendo mi espalda. No pude evitar más que abrazarle de regreso.
El roce de nuestra piel me llenaba de deseos de comerle a besos, de apresurarnos y avanzar a la siguiente etapa.
Lysandro entonces con sus manos acariciando la piel expuesta de mis senos, para después lentamente estimular mis pechos, primero con sus labios poco después con su lengua.
Sus ojos me miraban de vez en cuando para ver mis expresiones, las sensaciones se fueron apoderando de mi cuerpo, mi espalda comenzaba a arquearse poco a poco con cada oleada de placer. Mi nuca se sentía cálida, mi mente estaba en blanco, no podía pensar en nada que no fuera lo que estaba sintiendo.
Lysandro al darse cuenta del arco que se formaba entre el sillón y mi espalda, recorrió con una de sus manos mi vientre hasta llegar a aquella zona donde había estado llenándome de ansias hasta ese momento. Desabotonó mis jeans, y por encima de la ropa comenzó a acariciarme.
Con unas ansias que poco a poco iban consumiendo más y más mi cordura, decidí corresponder a sus caricias, con mis manos separé su rostro de mi pecho un momento y lo acerqué a mi para besarle pero ésta vez, mordisqueando sus labios, jugando con su lengua, para al final atraparle entre mis piernas, acercando su cuerpo al mío.
El palpitar de nuestros cuerpos y su ansiedad ya era evidente. Sus manos se ocuparon de quitar mi pantalón, y las mías de desabotonar el suyo.
Ya sin éstas prendas que solo nos molestaban, obligué a Lysandro a sentarse en el sillón para acomodarme sobre él. Comencé a mover mis caderas, con solo la ropa interior impidiendo el reencuentro tan esperado de nuestro cuerpo. Los gemidos de ambos eran insoportables para el otro.
—Sucrette—me llamó con su voz entrecortada.
— ¿Si?—Respondí mientras seguía aferrada a su espalda aun moviendo mis caderas.
—N-No tengo preservativos—Jadeó.—tengo que salir a comprar unos.
—Yo traigo conmigo—Gemí.
Lysandro se detuvo a verme completamente sorprendido.
—Fue idea de Alexy—confesé apenada—están en mi bolsa, ¿Quieres que vaya por ellos?
Su rostro duró unos minutos con la misma expresión, no sé en qué momento le pareció bien a mi cabeza decirle a Lysandro que los preservativos no los tenía por precaución mía, si no por una broma de Alexy…mientras tanto solo podía maldecir internamente por arruinar ese momento tan ansiado con un comentario tan estúpido.
—¿Lysandro?
—¿Por qué Alexy…?
—¿No preferías que nos cambiáramos a tu habitación?—sugerí intentando cambiar de tema
—Sería más cómodo—respondió—pero…no concibo como fue que llegaron a hablar de eso, y mucho menos como fue que te convenció de traer contigo preservativos…
—Siendo honesta…ni yo sé cómo me convenció, pero creo que era porque yo deseaba que esto pasara…—dije completamente aliviada, había olvidado que Lysandro no sabía absolutamente nada de la broma de Alex.
Esbozó una sonrisa divertida—Entonces, hay que agradecerle por convencerte de traerlos.
Nos reímos juntos una vez más, me besó, tomó nuestra ropa y caminamos juntos hasta su habitación, Lysandro dejó la ropa en el piso y se sentó en la orilla de la cama. Mientras yo corrí rápidamente a mi habitación, para después regresar con mi bolso, mientras sacaba los preservativos Lysandro me abrazó por la espalda y comenzó a besar mi nuca. Me volví hacia él y continué besándole empujándolo hasta la cama. Le di el preservativo para que se lo pusiese y me recosté en su cama.
Aprovechamos para quitar la última prenda que nos quedaba y separando mis piernas Lysandro, comenzó a estimular mi cuerpo con su lengua, haciéndome retorcer.
—Lys—solté un quejido.
Mi cuerpo temblaba, su piel se tornó más cálida, sus ojos brillaban con los destellos de la Luna que atravesaban la habitación, poco después de haberle llamado, fijó sus ojos a los míos, entendiendo que ya era el momento.
— ¿Estás segura?—cuestionó aún en duda.
—Si—afirmé.
Finalmente, acercó su cuerpo al mío, sin dejar de acariciarme, y besándome. Volvimos nuestros cuerpos uno, la sensación era tan placentera como la recordaba, sus dedos se entrecruzaron con los míos, la ansiedad se había ido, sentía mi cuerpo relajarse con cada movimiento. La espera al fin había terminado, en el fondo de mi corazón había ansiado tanto ese momento, me había preguntado tantas veces si era lo que quería, si estaba bien desear por ese reencuentro, si volver a estar juntos era lo indicado, si entregar mi corazón nuevamente al hombre que ahora comprendía nunca había dejado de amar, si emprender este viaje era lo correcto, arriesgarme a abrir nuevas heridas, arriesgarme al rechazo. Tan pronto como recibí el abrazo de Lysandro la primer noche que llegué aquí, así como los intentos suyos por confirmar que sus sentimientos eran correspondidos, mis dudas comenzaron a disiparse y tan pronto como habíamos confesado los sentimientos que nos invadían por el otro, todo lo que me atormentaba, las dudas, los miedos, todo se convirtió en alegría, alivio, seguridad, paz y tranquilidad…el saber que a pesar del tiempo, las personas que se habían cruzado en nuestras vidas, nuestros problemas, los arrepentimientos, los sentimientos que guardábamos el uno por el otro aún permanecían…pero sobre todo…las ganas de seguir aprendiendo del otro, de vivir nuestra relación sin limitaciones y con la esperanza de compartir nuestro futuro. Me llenaban de una felicidad que no podía describir con palabras.
Hicimos el amor lo más que nuestro cuerpo nos lo permitió, después de todo la abstinencia involuntaria por su parte, así como mis ganas de estar con el nos bastó para buscar la unión de nuestros cuerpos hasta saciar el hambre que teníamos, asimismo bebimos un poco de vino entre sesiones, comimos unos bocadillos, nos besamos, exploramos nuestro cuerpo hasta el último rincón, todo como si fuese la última vez que tuviéramos de darnos placer, también hablamos de lo que nos había gustado, sobre las bromas que nuestros amigos nos habían hecho, de cuan felices estábamos por haber regresado, hablamos de todo, hasta el amanecer.
— ¿Qué fue lo que te dijo Castiel? —pregunté somnolienta.
— ¿Sobre qué? —respondió
—Sobre nosotros, me preguntaste si Castiel me había dicho algo, ¿De qué me tendría que haber dicho algo? —curioseé.
—Sobre las ganas que tengo de ti—confesó.
— ¿Le dijiste algo sobre eso?
—No, no tuve que decirle nada, el se dio cuenta. Solo me pidió que me cuidara cuando tuviéramos relaciones.
No pude evitar hacerle una mueca.
—Juro que no hablo de esto con nadie…bueno más que con Leigh…o Castiel…pero solo a veces, no tengo mucha experiencia en estas cosas—Explicó.
—No te preocupes, no puedo decirte nada…Rosa y Alex también me molestan con ese tipo de temas aunque realmente no hable tan abiertamente con ellos de eso, además no eres el único que carece de experiencia.
—Me resulta extraño que estén tan interesados en nuestra vida sexual…me refiero a nuestros respectivos amigos…—opinó Lysandro
—Si bueno…creo que al final solo desean lo mejor para nosotros—expresé.
—Tal vez…—opinó—Sucrette…
—Dime
— ¿Te gustaría ir a la playa mañana? —planteó
— ¿Hay una playa cerca de aquí? —pregunté confundida
—A unas dos horas…Hace mucho que he querido ir allí.
—Me encantaría acompañarte a la playa—susurré mientras me acurrucaba en su pecho.
Mis ojos se cerraban con cada pestañeo que daba, poco a poco me resulto más y más difícil mantenerme despierta.
—Lys…ya está amaneciendo, creo que… —bostecé—creo que deberíamos descansar…
—Estoy de acuerdo con eso…pero antes…me gustaría preguntarte algo más si no te molesta.
— ¿ajá? —entoné
—Una vez que termine el tour, y ambos sepamos que queremos de nuestro futuro, además de haber terminado nuestros estudios…—expuso— ¿Te….gustaría…?
— ¿Si?
Al final terminó por balbucear unas palabras que no pude comprender, había caído rendido era de esperarse, después de todo, lo hicimos tantas veces que perdimos la cuenta. Besé su frente y admiré su rostro lleno de paz hasta caer dormida junto a él.
Ese día terminamos por despertarnos después de mediodía, lys me encargó que preparara un par de cambios para llevar y dormir allá, además de cocinar unos aperitivos mientras que el alimentaba los conejos y revisaba los sembradíos.
Después de preparar los aperitivos y mi maleta, Lysandro regresó con una canasta llena de fresas para comer en el camino. Se bañó y cambió, así como dejó escrita una nota para Leigh y Rosa sobre nuestra ausencia, tomó su maleta así como una cajetilla de cigarrillos, la botella que habíamos bebido la noche anterior y su libreta.
Nos dirigimos a la playa en su camioneta, ocasionalmente Lysandro reposaba su mano en mi muslo, acariciando gentilmente mi pierna, mientras tanto me entretuve comiendo un poco de las fresas que llevabamos, estaban tan jugosas y dulces que no podía evitar dejar escapar de vez en cuando un poco de los jugos de entre mis labios. Lysandro me miraba de reojo como esperando por algo, hasta que en una parada para llenar el tanque de gasolina, aprovecho para besar rápidamente las comisuras de mis labios.
—Tenías algo de jugo de fresas, no pude resistirme—confesó apenado.
Le besé en respuesta, retomamos camino y platicamos un poco más. El clima comenzó a tornarse húmedo y cálido, el aroma de agua de mar era cada vez más prominente.
—Ya casi llegamos—anunció.
—¿En dónde nos quedaremos?—pregunté intrigada.
—Hay una renta de cabañas cerca de la playa, es allí donde me gustaría que nos quedaramos.
—¿Has planeado esto desde hace mucho, cierto?
—Antes solía venir aquí con mis papás y Leigh, y cuando estabamos en el Instituto yo quería tener la oportunidad de que viajaramos juntos de ésta manera, solos tu y yo.
—Mientras que yo puedo evitar recordar aquella vez que nos encontramos en la playa cuando estábamos en el Instituto, ¿Lo recuerdas?
—¿Hablas de la vez que acompañé a Rosa y Leigh?, ¿Qué nos encontramos y llovió casi al final del día?
—Si, recuerdo que esa vez moría por ver tu tatuaje, Rosa me había dicho de el y...no encontraba la manera de pedirte que me lo mostraras sin que sonara extraño.
—¿En serio? ¿Por qué no me pediste verlo?
—Me daba pena tener que pedirte algo así.
—Aún así lo viste después, en los vestidores de la escuela
—¿Cómo recuerdas todo eso? Yo esperaba que no recordaras algo tan embarazoso—chillé apenada.
—Fuiste la primer persona en el instituto a la que le mostré mi tatuaje, además estaba muy nervioso por desvestirme frente a ti.
Nos quedamos en silencio durante unos largos 20 minutos, llegamos a nuestro ansiado destino, Lysandro se encargó de hacer la renta de la cabaña, nos dirigimos a dejar nuestro equipaje.
