Han pasado 84 años desde la última vez que publique (?)

Quiero pediros perdón por la demora espero que disfruten la lectura.

Dedicado a GcMoonPurple y FiraLili las amo. ❤

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Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen sino a Rumiko Takahashi.

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. -indica cambio de escena.

Indica el pasado. –

—indica tiempo actual-

—"Indica diálogo de bestia interna".-

"Indica pensamientos"

Un deseo no tan deseado

Capítulo 8

"Cada corazón"

Kagome, aún procesando todo lo que acababa de suceder, reaccionó muy tarde, trató de gritar pero la voz simplemente no salió quedó ahogada en el silencio.

Cuando menos pensó estaba flotando en la infinita oscuridad.

"Sesshomaru" –repetía una y otra vez como llamado.

Nada pasaba, ella seguía ahí flotando en la nada, la angustia comenzó a consumirla.

"¿Qué es lo que sucede?"-se preguntó mientras se contraía en posición fetal.

Las lagrimas comenzaron a brotar, cada una más amarga que la anterior, se sentía sola, sentía que estaba vacía, que no le importaba a nadie, se atrevía a asegurar que no le haría falta a nadie, eso la deprimió aún más.

Lloró en silencio por horas, aún flotaba en, la que parecía, oscuridad eterna.

Nunca he su vida se había sentido tan miserable, antes nunca le había importado estar sola, ¿Qué era distinto ahora? Limpiando sus mejillas se irguió, tenía que ser fuerte, si es que Sesshomaru la alcanzaba ella no le mostraría que era "débil y patética" como él miles de veces le había dicho.

Las horas pasaron y ella seguí ahí, no sabía el porqué, pero comenzaba a perder las ilusiones de que su caballero de armadura le salvara.

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Sesshomaru estaba desconcertado, no había medido sus palabras, no era la manera correcta de reclamar a alguien, ella se merecía alguien mejor, ahora su prioridad estaba en encontrarla. Tenía que salvarle a como diera lugar.

Desde que entró su esencia se había perdido, no tenía idea de donde se encontraba ella, pero eso no era impedimento para él, el gran Sesshomaru.

Las horas pasaban y él no lograba encontrarla, comenzó a desesperarse y su vista estaba comenzando a cansarse de mirar solo negro, no había nada más, solo oscuridad y vacio. Estaba cansado del vacío, le hacía recordar lo miserable que era su vida sin ella, comenzó a meditar como había cambiado drásticamente su vida desde el primer momento en el que la vio.

Eso también le hacía sentirse miserable, él había intentado matarle aquella vez, ¿qué sería de él si la hubiera matado?

Lo más probable es que nunca se hubiera encontrado con Rin, la pequeña luz de su vida. Con ayuda de Rin se dio cuenta que los humanos eran distintos unos de otros, él pudo comprobarlo cuando comenzó a observar a la mujer de su hermano, era completamente lo contrario a las mujeres humanas con las que se había topado con anterioridad, ella brillaba entre todas, su aura imponía una paz que sentía incluso a la distancia y acariciaba la suya envolviendolo en esa sensación, el carácter decidido y aguerrido le daban un toque diferente, uno que le obligaba mirarla, su dulce esencia acariciaba su olfato placenteramente hasta desearla de manera tan intensa que no entendía. Sin aviso su corazón comenzó a latir por ella, latía fuertemente cuando ella le hablaba -aunque fuera solo para insultar le-y lo que más le gustaba escuchar proveniente de sus carnosos labios era su nombre, sí y muchos creerán que es ridículo pero de verdad escucharla decir su nombre le hacía olvidar él verdadero significado de el.

Con ella los últimos días había olvidado su verdadera naturaleza: matar, sin duda solo ella podía poner su mundo de cabeza de esa manera incluso se atrevía a decir que de todas las hembras que se había topado ninguna le llegaba a los talones a su azabache.

Estos últimos días había hecho cosas por él que nadie más había hecho, ni su propia madre, lo que más le había gustado era el que le cocinara el desayuno diario, se había esforzado mucho en esa tarea hasta dar con su comida favorita sin duda ella era la perfecta para su vida.

Ella debería ser un modelo a seguir de muchas hembras tanto humanas como yokais, tenía más coraje que el de un guerrero, ella luchaba con pasión y sobre todo -como cualquier alpha- cuidando a todos los miembros de su manada, su vida estaba primero que la de ella, innumerables ocasiones había sido testigo de ese hecho ella prefería sacrificarse mil veces antes de que a alguno de sus acompañantes perdieran la vida; recordando la primera vez que vio aquello pensó en que era extrañamente estupida por su condición humana y que equivocado estaba, ella resultó ser mucho más fuerte que los otros tres miembros con entrenamiento en defensa personal, ni la exterminadora o el monje e inclusive Inuyasha hacían lo que la ojiazul, era increíblemente admirable.

Dio un suspiro ya hacia mucho tiempo que flotaba en ese lugar negro y, tenía que admitirlo, deprimente. Lo más seguro era que la chica estuviera llorando e invadida de miedos, porque por primera vez hasta él los tenía.

De pronto un pequeño destello como si se tratase de una luciérnaga apareció frente a él seguido de varios, comenzó a seguirlos cuando de la nada dejaron de aparecer.

"Kagome". -pensó con preocupación.

ー¿Preocupado? - preguntó una voz masculina.

Sesshomaru al instante comenzó a buscar al dueño de ella.

ー No tienes nada que temer. -volvió a hablar pero esta vez una figura masculina apareció frente a sus ojos.

ー Lord Ken. -la sorpresa en el joven lord era mucha.

ー Joven Sesshomaru, creí que nunca le vería en su adultez y kami me ha dado la oportunidad de hacerlo el día de hoy.

ー ¿Qué hace usted aquí? -preguntó tratando de no sonar grosero.

Ken sonrió ー Pues vine a ver a mi hija.

Los ojos del platinado se abrieron como platos.

Una risita escapó de los labios del mayorー, así es, Kagome es mi hija.

Las orbes doradas resplandecieron de curiosidad.

— Cuando atentaron contra mi vida yo la envíe lejos a otro tiempo con el único propósito de que no regresará—ella misteriosamente apareció frente a ellos—, y mírala ahora ahí sufriendo primero por el amor que sentía por tu hermano y ahora por ti, Sesshomaru ella estará en peligro al regresar, es la legendaria Miko Yokai que traerá la paz entre razas.

— Hump.-asintió era más que obvio que la protegería.

— Te confío su vida. -dicho eso el hombre desapareció.

Kagome estaba frente a él llorando y llamándolo.

— Kagome. -la llamo.

— Sesshomaru. -lo llamó pero su llanto no disminuyo ni siquiera le miró.

— Kagome. -volvió a llamar.

Ella le miró y su llanto aumentó.

— Ahora estoy imaginando cosas. -susurro ella.

Ese susurro fue escuchado por el demonio y algo en su interior se quebró al ver a la azabache en ese estado, sin duda la oscuridad le tenía así: débil.

Poso su mano sobre las suyas y volvió a llamarla, está vez su llanto se detuvo y le miró.

Sus azulejos brillaron y comenzó a llorar pero ahora de felicidad.

— Sesshomaru. -sus labios temblaron y sin pensarlo le abrazó.

El platinado correspondió al abrazo sin pensarlo y una sonrisa se formó en los labios de ambos.

— Regresemos a casa, Kagome.

— Si. -contestó ella mientras de manera sorpresiva era levantada en los fuertes brazos del demonio.

Y frente a ellos un enorme vórtice se presentó, sin pensarlo lo atravesaron.

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— Regresamos. -pronunciaron ambos al unísono.

Kagome fue envuelta en una luz, una luz tan potente que hizo que él cerrará sus ojos, una calidez los inundo a ambos.

Kagome dejo de brillar y él por fin pudo volver a g. Un par de líneas adornaban sus mejillas y una estrella de cinco picos se encontraba en su frente. (NA: Las líneas como las que tiene Irasue)

— Kagome, tu padre vino a verme. -hablo por fin.

— Mi padre.

— Sí, tu padre se llamaba Ken Higurashi y era un antiguo Lord, él te sello y envío con tu madre lejos a otra época.

— ¿Conocías a mi padre?

— Tu padre era amigo de mi padre, él murió protegiendo a su familia.

Kagome comenzó a llorar.

— Me hubiera gustado conocerlo.

— En el castillo hay una pintura donde mi padre está con él, eran muy jóvenes.

Los ojos de Kagome brillaron. Esa fue la señal que le indico a Sesshomaru para ir a su castillo.

No tenían idea los cambios que ocasionaron al viajar al pasado y cambiar cosas para después regresar quizá muchos desaparecieron.

— ¿Crees que tu padre siga vivo?

— No lo creo, lo sé mi memoria ha sufrido varios cambios y en ellos está el idiota de Inuyasha.

Ella río —, Quizá sea mejor persona que antes.

— Pues mis recuerdos no dicen lo mismo. -respondió con fastidio.

— Vamos Sessh no puede ser tan malo.

— Hump.

El resto del camino fue en completo silencio.

No faltó mucho para que él castillo se viera a lo lejos.

— Es más bonito que antes. -comentó sonriente.

— Este es mi castillo, yo le hice muchas modificaciones, eso no se alteró.

Bajaron en el jardín principal siendo recibidos por la pequeña Rin que jugaba a unos escasos metros de donde descendieron.

— ¡Señor Sesshomaru! -la pequeña saltó a sus brazos escondiendo su cara en su pecho y llorando—. Creí que no regresaría.

Esa última frase descolocó a ambos.

— Rin pequeña no llores, nosotros nunca te abandonaremos. -calmo la azabache.

— ¿Se…señorita Kagome?-preguntó mientras se limpiaba sus lágrimas.

— Mi pequeña.

La niña sonrió y comenzó a llorar de nuevo.

— ¡Rin tiene familia otra vez! -grito con efusividad.

Los mayores rieron y se abrazaron mientras la pequeña estaba en medio.

Alguien a sus espaldas carraspeo para llamar su atención.

— Es bueno saber que regresaron ahora vamos tengo mucho que informarles. -se era Inu no Taisho, lucia realmente diferente.

Ambos se miraron y con la pequeña Rin en brazos se dirigieron al interior del palacio.

¡Tada!
¿Qué tal les gustó?
Espero sus comentarios y sugerencias.
Felices fiestas.
RT.