Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen sino a Rumiko Takahashi.
.
.
. -indica cambio de escena.
—Indica el pasado. –
—indica tiempo actual-
—"Indica diálogo de bestia interna".-
"Indica pensamientos"
Un deseo no tan deseado
Capítulo 9
Pequeños cambios
En el despacho del general la tensión era tanta que podía ser cortada con un cuchillo.
Estaban todos, Inu no Taisho estaba muy serio, eso era clara señal de que las cosas no estaban tan bien como parecían.
— Seré claro, no voy a mentirles, hemos vencido en la primer guerra pero la que se avecina es peor —Hizo una pausa—, Sesshomaru solo ustedes pueden ganar esta guerra, yo no sé qué tanto cambio este futuro al que ya conocían, lo que si estoy seguro es que esta guerra será la que defina el futuro de todos.
— Esto es más serio de lo que creí.- susurro la azabache.
— Sobre todo tenemos que ser fuertes, no sé cuál es la misión que ustedes tienen. -expreso Irasue que estaba parada a espaldas del general.
— "Solo él fruto de la unión de un demonio y una Miko podrán salvarnos de la destrucción", eso fue lo que dijo la Midoriko de donde veníamos. -explico la azabache.
— ¡Sorprendente, esa mujer está loca, una criatura a así moriría al nacer! -espeto Inukimi.
— Debe haber algo que podamos hacer. -hablo por primera vez Inuyasha.
— Si fuera imposible la Miko Midoriko no habría dicho tales cosas.
— Creo que la Señora Irasue tiene razón. -apoyo Kikyo colocándose al lado de Inuyasha llamando la atención de la pareja.
— Kikyo. -Susurro Kagome con clara sorpresa.
— ¿Nos conocemos? -pregunto de manera engreída.
Sesshomaru frunció el ceño, él sabía la magnitud del impacto que tenía esa mujer en su pequeña Miko.
— Eh yo… yo. -comienzo a ponerse nerviosa.
— Será mejor que tengas respeto, ella será tu futura señora. -escupió Sesshomaru interrumpiendo el hablar de la azabache.
Un toque en la puerta rompió la atmósfera que comenzaba a formarse.
— Amo la cena está lista.
— Deben estar hambrientos y sobre todo cansados. -Tōga hablo poniéndose de pie.
.
.
.
Comenzaba a prepararse para dormir, estaba verdaderamente cansada, iría a tomar un baño aprovecharía el momento para pensar en todo lo que estaba pasando. Estaba tan ensimismada que no sintió la puerta ser abierta como tampoco noto que alguien estaba ahí.
Un grito resonó en la habitación.
— ¡Eres un estúpido! -reclamó ella.
— Mujer imprudente. -contestó a modo de defensa el ambarino.
— ¿Qué es lo que se te ofrece? -inquirió molesta.
Él sonrió.
— ¡Kami! -suspiró ella.
— ¿Sucede algo? -preguntó extrañado.
Ella soltó una risita y tomando una yukata de dormir se dirigió al onsen.
"Vamos ve tras ella"
Y no se lo pensó se dirigió cual perro siguiendo a su hueso.
Ella se encontraba -de nuevo- metida en sus pensamientos, aprovechando esto entró en el agua de manera lenta había poca distancia entre ella y el borde del enorme charco de aguas termales.
Posó una garra en su cintura y su nariz en el cuello haciéndola estremecer.
Una parte de él estaba más que orgulloso de lo que su tacto podía causarle, el saber que era él y no su estúpido hermano. Era la primera vez que tenían un acercamiento como este.
Sin pensarlo le dió vuelta y se besaron.
— ¿En que pensabas? -preguntó él.
Ella comenzó a hacer círculos sobre el marcado abdomen del platinado.
— En todo lo que ha pasado. -contestó con melancolía.
— ¿A qué le temes?
Ella se abrazó a él hundiendo su rostro en su pecho.
— A todo—sollozó—, desde saber que si tengo un hijo quizá muera por mi naturaleza sagrada.
Al instante él la abrazó, nunca creyo que a ella le doliera tanto y de alguna manera él comenzó a sentir una opresión en su pecho. Con ella en brazos salió de las termales le colocó una especie de toalla para secarla un poco para dirigirse a su cama, ella lloraba en su pecho eso le dolía de una manera profunda nunca creyó que su madre fuera tan cruel con Kagome después de todo Inukimi nunca cambio.
Dejó a Kagome sobre la cama y él se dirigió al armario por una yukata para dormir para ella y una para él, de manera delicada la vistió y se acostó a su lado abrazándola, consoladola.
— No tienes porqué temer.
— Y si nuestros hijos son hanyous, ¿los querrás? -pregunto son lagrimas amenazando por salir.
— Los querré, los amaré porque seran mi familia, sangre de mi sangre. -expresó colocando una mano sobre su mejilla y deslizando su pulgar mirándola directo a sus perlados ojos.
Ella parpadeo y las lágrimas comenzaron a recorrer su rostro acabando su paseo al chocar con el pulgar, ella sonrió y lloró, lloró como nunca: de felicidad. Lloró hasta caer en un profundo sueño.
— Gracias. -susurró entre sueños aferrándose más a él.
.
.
.
— ¿Que tramas Irasue? -preguntó Taisho ambos se encontraban en uno de los jardines.
— Nada malo, nada malo. -sonrió con malicia.
Taisho buffo — Espero que esto no traiga malas consecuencias, mujer.
— Oh no te enojes, sabes bien que tu hijo y esa mujer necesitan ser fuertes, siempre esperar lo peor.
— Hay otras maneras.
— Creeme esta es la más efectiva. -sus labios se curvaron en una especie de sonrisa.
Él suspiró — Estás mal Irasue.
Ella soltó una carcajada que le heló la sangre a Taisho.
— Si algo sale mal, tu formarás parte de esto. -dicho esto se encaminó al interior de palacio.
.
.
.
— Fuiste muy grosera con ella. -reprendió Inuyasha.
Ella hizo un mohín — Ella me lo debe a mí, nunca debió hablarme con tal confianza.
El sonido de una cachetada resonó en la habitación.
— Ella será tu señora, entiende que ella será nuestra alpha, tiene todo el derecho de llamarte como guste.
— ¡¿Como te atreves a golpearme?!
Inuyasha frunció el ceño.
— Porque yo soy tu macho y debes acatar mis ordenes. -habló con voz recia y demandante.
El temor en los ojos cafés de ella era demasiado evidente.
— Así son las reglas y si no quieres morir será mejor que las acates. -dicho esto salió de la habitación hecho una furia dejando a su mujer dentro, no quería pasar la noche con ella, estaba mejor fuera.
La pelinegra se quedó dentro de la habitación llevándose una mano a su mejilla que aún ardía, nunca espero que su amado Inuyasha reaccionara de esa manera, nunca creyó siquiera que pudiera pegarle algún día.
Esa noche ella no pudo dormir, lloró, lloró hasta agotar su agua. Le dolía y dolía como si su corazón fuera atravesado con un decidió esperarlo, necesitaban platicar y quería estar despierta para cuando regresara pero, lamentablemente, él no regresó a su lecho esa noche.
"Haz hecho bien" -habló la parte demoníaca de Inuyasha.
"Pero duele". -respondió triste.
"Era necesario, ella necesita comenzar a tomar su lugar, somos betas" -explicó yasha.
Un suspiro salió de sus labios mientras observaba la luna desde uno de los árboles.
.
.
.
Los rayos del sol comenzaron a molestarle haciendo que se removiera en la cama, se sintió chocar con algo a su espalda. De una extraña manera estaba cómoda; se sentía abrigada y protegida.
El rostro de él se acunó en su cuello podía sentir su pausada respiración indicando que él aún dormía así que ella hizo lo mismo.
El gusto de dormir más tiempo no le duró mucho porque justo cuando comenzaba a tomar el sueño llamaron a la puerta.
— El desayuno está listo.
Con pesadez intento salir de la prisión de brazos, sin éxito.
— No te muevas. -le susurro en la oreja rozando sus labios en la sensible zona.
— Tenemos que levantarnos.
— Solo un poco más. -pasó su rasposa lengua por el cuello incitandola.
Ella suspiró — Sessh.
— Nena pídemelo, pídemelo y no salimos de la habitación hasta mañana.
Una risa se escapó de sus labios. — No, debemos bajar ya.
Con un bufido la libero y se giró hasta darle la espalda.
Kagome sonrió estaba comenzando a ver cosas de Sesshomaru que jamás creyó, ahora por ejemplo lo estaba viendo hacer una especie de berrinche.
Se arrodilló sobre la cama y se acercó al macho de manera lenta, pero coqueta. Se agachó sobre su rostro para pasar su lengua por su mejilla, dándole un beso Inu haciendo que él le mirara extrañado.
— Vamos, bajemos a desayunar.
Él no respondió.
— Vamos, anímate. -le comenzó a rascar la panza como si de una mascota se tratara.
Él al instante descubrió algo nuevo, de verdad le gustaba.
"Esto se siente reconfortante" -espeto Yako extasiado con las caricias que estaba recibiendo.
"Ella quiere volverme loco"
"Volvernos" -corrigió Yako.
Con mucho pesar se levantaron y bajaron para ser recibidos por todos esperándolos para el desayuno.
— Buenos días. -arrastro el saludo Inukimi mientras los analizaba con la mirada.
Sesshomaru asintió en modo de respuesta al saludo y tomaron asiento.
— ¿Cuando anunciarán su unión? -soltó de la nada Inuyasha.
— En cuatro días. -respondió Sesshomaru sin mirar a nadie.
— Kagome ¿Qué sabes sobre la unión yōkai?
— Ella sabe lo suficiente y no es necesario que ustedes se metan.
El resto del desayuno fue silencioso, nadie se atrevió a volver a hablar.
En los jardines se encontraba la azabache jugando con Rin.
— Rin ¿Conoces a Shippo? -pregunto mientras tejían flores.
— Rin no conoce a ningún Shippo.
El rostro de Kagome entristeció al instante, su bebé no estaba ahí, lo extrañaba demasiado al cambiar el pasado nunca imaginó que esto fuera tan difícil.
— Rin ¿Cómo conociste a Sesshomaru?
La felicidad de Rin se esfumó — El señor Sesshomaru me rescató de morir quemada.
Un silencio invadió a las dos.
— Él llegó a mi aldea cuando ya estaba en completas llamas, mis papás y hermano murieron atrapados, él señor Sesshomaru me salvó.
— Rin lo lamento tanto. -la abrazo para calmar su llanto.
— El señor Sesshomaru me acogió como su familia y aunque no lo dijera él me quiere y días después el señor Taisho me dijo que pronto sería feliz con una familia que me amaría mucho.
— Oh mi pequeña.
— Una noche él señor Sesshomaru salió dijo que iría por usted, desapareció por dos años enteros.
— Oh a partir de ahora no volverás a sufrir mi pequeña.
Ambas se abrazaron la pequeña había dejado de llorar y él ambiente había cambiado ahora él amor y la tranquilidad era demasiada. Unos fuertes brazos las acunaron integrándose en el abrazo.
— Rin es muy feliz. -susurro feliz.
.
.
.
— Iremos a la aldea de los exterminadores, alistate. -ordenó saliendo de su habitación dejando a la sacerdotisa feliz.
No sé la pensó y comenzó a prepararse quería ver a Sango, si es que vivía.
"No te atormentes antes de tiempo". -se regaño.
En menos de cinco minutos estaban en el jardín listos para partir.
— Te portas bien. -le ordenó mientras abrazaba a la pequeña castaña.
La pequeña asintió sonriéndole a ambos despidiendo los con su mano.
Emprendieron vuelo para ella era extraño volar, aún no lograba acostumbrarse a la sensación de estar metros sobre el suelo.
Ella iba demasiado callada y preocupada, podía olerlo, desprendía un olor amargo que claramente era preocupación.
— ¿Sucede algo?
— Extraño a mis amigos.
— Quieres saber del Kit. -soltó sin tapujos.
Ella asintió asombrada.
— Después iremos a la aldea Kitsune, tenemos que aliarnos con todos los yōkay posibles.
— ¿Crees que él esté ahí?
— Si, a pesar de que su futuro cambio pero sé que él estará bien, después de todo nuestro familia no debió morir.
— Tienes razón, me alegraré al verlo feliz con su familia. -expreso mientras le sonreía.
— No tendrás que preocuparte por ese Kit cuando tengas los propios. -respondió mirándola por el rabillo del ojo.
— ¡Hey! -respondió ella dándole un golpe en el pecho sonrojada.
Él río.
— Llegamos. -anuncio mientras comenzaba a descender.
La gran muralla que protegía a la tan famosa aldea de exterminadores.
Ella tragó saliva nerviosa, vería a Sango de eso estaba segura.
— ¿Quienes son ustedes?
— Somos aliados, soy Taisho Sesshomaru. -respondió con autoridad.
Y las puertas comenzaron a abrirse de manera rápida permitiéndoles la entrada.
— Bienvenido sea, Sesshomaru sama. -los recibió una mujer castaña.
Kagome abrió los ojos cual plato ahí estaba su amiga.
— Tenemos que hablar, comenzar a planear la guerra se acerca.
— Sí, los llevaré con mi padre. -haciendo una reverencia con un ademán pidió que la siguieramos llevandonos a su cabaña.
— Kagome será mejor que me esperes fuera. -pidió el platinado.
Kagome asintió, no discutiria quería intentar hablar con Sango quizá y lograra hacerla su amiga.
— Esta bien, te espero fuera.
Él asintió y entró a la cabaña perdiendose de la vista de ambas mujeres.
— Hola, ¿podrías mostrarme la aldea? -pidió con una sonrisa.
La castaña asintió.
— Claro sígame, por favor.
— Oh puedes tutearme, llamame Kagome.
— Mucho gusto Kagome, yo me llamo Sango.
Ambas se sonrieron, a pesar de la clara diferencia de edad entre ambas comenzaron a llevarse bien desde ese momento, Sango con dos años menos que la azabache y sobre todo feliz y con su familia, como siempre debió ser.
Ese día fue divertido, los lazos entre ambas mujeres se formaron firmes, parecía que se conocían de toda la vida.
Cuando la reunión terminó Sesshomaru se llevó la gran sorpresa de ambas mujeres felices dormidas juntas en al salir de la cabaña.
— Deberían pasar la noche aquí. -sugirió él Taijiya.
El platinado asintió y con tomando a su mujer en brazos siguió al Terrateniente.
— Gracias.
— Es un placer para nosotros tenerlos aquí, no agradezca—sonrió—, que pase buena noche. -corrió la puerta dejando a la joven pareja sola para que descansara.
¡Tada!
¿Les ha gustado?
Espero sus comentarios y sugerencias.
Sayonara
RT
