Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen sino a Rumiko Takahashi.
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. -indica cambio de escena.
—Indica el pasado. –
—indica tiempo actual-
—"Indica diálogo de bestia interna". -
"Indica pensamientos"
Un Deseo no tan Deseado
Capítulo 11
¿Disculpas?
No tenía idea de que había pasado, tenía vagos recuerdos de los sucesos, nada claro. De lo que estaba seguro era que no volvería a hacerle caso a Yako, se sentía mal, por primera vez en toda su vida, se arrepentía de dejarse llevar por su lado salvaje.
Se removió un poco, aún con los ojos cerrados chocando con algo a su lado obligándolo a abrir los ojos, llevándose una sorpresa al ver de quien se trataba. Su Kagome estaba ahí durmiendo a su lado. Una sonrisa se apoderó de sus labios y sin pensarlo mucho abrazó el pequeño cuerpo femenino hundiendo su rostro en el espeso bosque azabache deleitándose.
No recordaba nada y quería recordar cómo es que ella estaba ahí.
"¿Debería pedir disculpas?" –se preguntó así mismo.
Él nunca pedía disculpas, nunca, no le habían educado para andar por ahí pidiendo disculpas, él hacia las cosas ignorando a todos después de todo, él era Sesshomaru lord del oeste no tenía por qué disculparse con nadie, pero ella sería la primera y la única que le escucharía pedir disculpas.
No era muy propio de él, le daba rabia de pensar en el hecho de pedir una disculpa. Era inaceptable.
Sí pedía disculpas, ¿sería como su padre?
No quería ser como su blando y misericordioso padre, él era mil veces mejor y no perdonaba la vida de nadie, no era blando ¿o sí?
"Lo correcto es pedir disculpas" -le hablo Yako.
"Nadie pregunto si era o no correcto" -espeto irritado.
"No seas terco, pídele disculpas" -volvió a hablarle Yako.
Cansado de esa situación decidió que lo mejor era levantarse y salir a despejar su mente.
Con mucho esfuerzo se levantó abandonado la tranquilidad que le traía la Azabache.
La miro al escuchar que bufaba ante su alejamiento, desaprobando el hecho de que él se había levantado.
Escuchándola susurrar su nombre entre sueños hizo que su corazón se acelerara, esa mujer le volvería loco.
No lo pensó más y salió.
Iría por el desayuno mientras meditaba, estaba en el gran dilema de pedir disculpas.
"Yo no voy a humillarme de esa manera"
Comenzaba a exasperarse. Él no era así. Algo malo le estaba pasando.
Entré más se alejaba de la cueva más crecía ese hueco en su estómago, no tenía ni la menor idea de que podría ser, pero, sea lo que sea que lo esté molestando necesitaba quitarlo de la raíz.
Llegó a un rio y pesco unos cuantos peses y tomó camino de regreso.
"Estúpidos sentimientos" –maldijo al aire.
Él era una máquina de matanza, entrenado para no sentir nada, era como una máquina. Ella tuvo algo que ver, esa bruja de la perla le hechizó y ahora se sentía débil.
Después de todo, eso hacen los sentimientos ¿no?
Regreso a la cueva molesto. Molesto por desconocer lo que le sucedía a su cuerpo, su mente e incluso sus poderes.
"El amor me hará débil" –pensó mirando que ella aún dormía.
Bufó dejando los pescados en la cueva para ir a buscar leña.
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El olor de la madera ardiendo la despertó y lo primero que pensó fue en Sesshomaru. De un salto se puso de pie buscando al platinado con la mirada se relajó al verlo asando pescados en la entrada del a cueva.
Se aproximó a él sentándose a su lado.
— Buenos días. –saludó ella.
Él no contestó.
— Ya veo, aún sigues molesto conmigo. –habló con deje de tristeza.
De nuevo él no contestó.
— ¡No tenías derecho a herir de esa manera el bosque, si estabas molesto conmigo debiste venir a mí!
El permanecía callado, no iba a rebajarse.
— ¡Sesshomaru por dios! — gritó con enojo—, Te creí alguien más sereno y mira con lo que me tope, pudiste haber matado a algún inocente, ni el bosque merecía que lo tratarás de esa manera, aquí me tienes ahora puedes desquitar tu enojo conmigo si eso es lo que deseas.
Sesshomaru miraba a Kagome, analizaba lo que decía.
"Si supieras lo que pasó realmente para que me pusiera así"
"Díselo, has que lo sepa" –exigió Yako.
Los ojos de Kagome dejaron de ser azules para ser llenados por un rojo intenso.
— Me decepcionas. –escupió con enojo y enseguida salió dejando al yōkai sorprendido.
"Será mejor que te disculpes"
"Yo no haré tal cosa, no le debo explicaciones"
"Si no lo haces tú, lo haré yo"
"Se te está haciendo costumbre"
"Creo que Inuyasha te pego parte de su idiotez"
Bufó ante la plática con su yo irracional.
Ese tema le estaba cansando.
Estaba decidido.
Pedir disculpas le hacía ver débil.
Él no se rebajaría.
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"Creí que me amaba" –pensaba Kagome con tristeza en la copa de un árbol.
Era imposible el no llorar, lo amaba, más de lo que le gustaría, dolía y mucho.
Las lágrimas salían una tras otra delineando su fino rostro.
Qué importaba si la veían, necesitaba sacar su tristeza y frustración de una manera llorar era lo más inofensivo que se le había ocurrido.
Ella había hecho hasta lo imposible porque se abriera con ella, serían compañeros, lo que menos le importaba era la posición de cada uno, para ella eran iguales, enamorados.
¿Era tan difícil hablarle?
¿La dejaría por aquel beso robado?
Maldijo por primera vez el cambio en la línea del tiempo, quería regresar y seguir estúpidamente enamorada de Inuyasha, aunque también doliera.
Recordando cómo había llegado al Sengoku con un objetivo: traer la perla de regreso a su sitio.
¿En qué momento el destino decidió que su lugar estaba con Sesshomaru?
¿Es que acaso creen que Sesshomaru la puede amar?
Eso era lo único que pedía: Amor. Amar y ser Amada.
¿Era mucho pedir?
Las amargas lágrimas la llevaron a navegar en los sueños, sueños donde todo era felicidad.
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Sesshomaru comenzó a ver que atardecía y decidió ir por ella, aún no tenía ni idea de que le diría, pero eso no lo detendría para ir a buscarla.
Caminó siguiendo su rastro de olor.
"Pendejo, la has hecho llorar"
Ignoró aquel reclamo de su bestia.
Caminó y caminó por largo rato hasta que la escuchó llamarlo.
La miró sobre una copa de un roble, dormía y entre sueños le llamaba.
"¿Seguirás diciendo que no quieres disculparte?"
Exasperado por aquella insistencia en las disculpas decidió que primero hablaría con ella, las disculpas irían como la última opción una que nunca tomaría.
"Es tu compañera, ella puede verte débil y no se burlará de ti"
No respondió.
"Ella te ama, así como eres ¿Qué es lo que te detiene para abrirte a ella?"
Duché, Yako había dado con la pregunta correcta, poniendo a pensar al lord en todo buscando algo que fuera la razón para ser así con ella.
Lo medió por largos minutos cuando por fin le respondió.
"El miedo"
"Ella es nuestra fortaleza, no debes temer."
"Quizá tengas razón, hablaré con ella"
De un salto llegó al lado de ella y tomándola en brazos cual princesa regresó a la cueva.
¡Tada!
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Espero sus comentarios y sugerencias.
Sayonara
RT
