Inuyasha ©Rumiko Takahashi.
Espero que les guste micho este capítulo dedicado a PuniTaisho123
Un Deseo no tan Deseado
Capítulo 12
Después de aquel incidente días atrás en la cueva casi no dirigían la palabra, estaban molestos el uno con el otro y no sabían el motivo.
Sesshomaru siempre iba ensimismado en sus pensamientos delante de ella, con gesto enojado.
Por otra parte, ella iba tranquila, pero esperaba una disculpa de parte de él, ¿era mucho pedir que se disculpara con ella? Ahora se daba cuenta que quizá las disculpas nunca las escucharía de boca de él y siendo sincera no se imaginaba a Sesshomaru disculpándose, pero, ¿Qué tenía de malo soñar con que lo hiciera una vez?
Sesshomaru también iba pensando en lo que pasaría si el llegase a disculparse y lo que pudiera pensar ella de él, sabía que la culpa era suya por haberla juzgado antes de siquiera permitirle explicar lo que pasaba. Con este nuevo futuro sabía que el Kitsune sería completamente diferente al cachorro huérfano de antes. Esa era una de las razones por las que no quería que la chica se viera con el pequeño a solas, era un macho después de todo, y lo que lo empeoraba era su periodo de juventud que donde no importaba si la hembra estaba o no emparejada y mucho menos importaba si eran mucho más débiles que el otro macho siempre peleaba de una u otra manera.
Gruñó molesto llamando la atención de la azabache.
— Sesshomaru, ¿sucede algo malo?
En ese momento él regresó a la realidad.
Su mirada dorada se topó con los zafiros de ella que derramaban preocupación hacia su persona.
— ¿Qué sucede Miko? –preguntó sin dejar de mirarla.
— Es solo que te notas mal, me preocupas y mucho, Sesshomaru.
Por primera vez en días él le sonrió.
Automáticamente su cuerpo se relajó ante aquella sonrisa.
— ¿Te preocupa algo? –preguntó ella sin dejar de mirar los soles que le hipnotizaban.
"Te dije que ella se daría cuenta"
Se aproximó a ella y con su brazo izquierdo le rodeó los hombros y la atrajo a su pecho.
Agachando su cabeza para aspirar su fragancia dijo: — Eres impresionante.
Kagome se sintió feliz ante ese comentario.
— ¿Que pensarías de mí sí me disculpara? –susurró aún en el abrazo.
Ahí fue donde Kagome comprendió todo, una carcajada brotó de sus labios.
— ¡No te burles mujer!
— Lo siento no pude evitarlo, Sesshomaru, yo no pensaría nada malo de ti, y mucho menos haría algo que te avergonzara; soy tu mujer, una disculpa no te hace débil ante mí.
— Kagome –le robó un beso—, ¿Cómo has sabido que algo me preocupa?
Ella soltó una ligera risotada — Eso es sencillo—sonrió—, aprendí a leerte.
— Mujer estás loca.
— Loca, pero por ti. –le lambio la mejilla y se echó a correr.
Sesshomaru sonrió, esa mujer sí que le movía su mundo 360 grados, no lo pensó más y se lanzó tras ella, extrañamente eso le estaba divirtiendo, le hacía sentir como cuando era cachorro y jugaba con su padre a perseguirle.
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Tirados sobre la espesa hierba ella reía mientras miraban las estrellas.
— Mira, esa de ahí se parece a ti. –señaló un conjunto de estrellas que, para ella, parecían un perro gigante.
— Mira, esa se parece a Inuyasha. –señaló otro conjunto de estrellas.
— Mira esa parece una araña. –señaló ella un conjunto más mientras reía.
Se giró sobre la hierba hasta quedar frente a él y sonreírle.
— Sesshomaru—él dirigió su atención a ella—, sabes a veces creo que estoy soñando y con algo muy caro. –suspiró mientras cerraba sus ojos.
Extendiendo su mano hasta rosar sus garras con la delicada piel de las mejillas haciendo que ella le mirara.
— Kagome, puede que no lo creas, pero… —los azulejos de ella brillaron—, a pesar de todo lo que he pasado en mi vida, esta es la primera vez que me siento soñar despierto. Es la primera vez en mis milenos de vida que experimento esto y aún me es difícil acostumbrarme a mi nueva vida y a estás sensaciones nuevas en mi vida…
Kagome no aguantó más y le calló con un tierno beso que él no tardó en corresponder y profundizar más el beso, esa mujer era sorprendente. Le hacía olvidar todo con una facilidad impresionante. Tendría que comenzar a tomar medidas drásticas para no olvidar su compostura como lord.
Minutos hasta que el aire se hizo necesario se separaron, les unía un pequeño hilo de baba y sus alientos chocaban.
La pación adornaba el ambiente.
— Sesshomaru. –susurró ella con un brillo en sus ojos.
— Kagome.
— Nunca creí decir esto, pero… agradezco a la perla por unirnos.
El platinado sonrió y la calló con un beso.
— Tenemos que buscar un lugar para dormir. –habló el al recuperar el aliento.
Y con mucho pesar se levantaron para ir a buscar un lugar seguro para pasar esa noche.
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— ¡General! –entró corriendo un joven Yōkai gritando como loco por los enormes pasillos del castillo.
— ¿Qué sucede Suichi? –preguntó el general al verle irrumpir en su despacho.
— ¡Han matado a tres de nuestros soldados y han quemado nuestra bandera! —hizo una pausa—, nos han declarado la guerra, viene una horda de humanos hacía el palacio, ¡la gran guerra ha comenzado antes!
El general se puso de pie y corrió a la gran torre de vigilancia. —¡Todos estén alerta!
— Inuyasha, estas a cargo de las tropas B, haz tu trabajo.
Caminaba pensativo por los pasillos cuando una figura femenina se cruzó en su camino.
— ¿Qué planeas?
— Iré por nuestro hijo, tiene que venir aquí y apresurar las cosas, todo se ha adelantado.
— No lo arruines Taisho.
— ¿Tienes algo que ver en esto? –preguntó con enojo el hombre.
Ella soltó una elegante risa.
— Digamos que, el hijo primogénito de un terrateniente es más importante que pensar que un Inu yōkai es peligroso.
— Eres una maldita, ¿sabes lo que has hecho? –preguntó con enojo.
Los ojos del general se colorearon de carmín y tomando a la demonesa del cuello y estampándola contra una pared.
— No tientes a tu suerte Inukimi porque no seré responsable de lo que te suceda.
— No… pasará…nada… Taisho.
Al instante el general soltó a la mujer y se dio la vuelta para caminar hacia la salida del castillo.
— Mas te vale Inukimi.
— Suichi, envía a alguien a la aldea de los Taijiya y a otro por los sacerdotes yo iré por mi hijo.
Taisho salió en busca de su hijo, necesitaba que regresaran de urgencia al castillo. Si sus cálculos no le fallaban estarían en la aldea Kitsune o cerca de ella.
Solo le bastó un par de horas para llegar a la aldea de los Kitsunes.
— ¡General Taisho! –exclamó sorprendido uno de los guardias de la aldea.
— Necesito hablar con tu jefe.
El joven zorro asintió y comenzó a caminar con dirección a la cabaña de su líder.
— General Taisho, ¿a qué debo su visita? –preguntó con sorpresa.
— Es completamente necesaria su presencia en el castillo, la guerra ha comenzado y si se quedan aquí correrán peligro.
— ¡Eso es grave!
— Quiero hablar con mi hijo.
— Su hijo y compañera tienen dos días fuera de la aldea.
— ¿Cómo está eso? –preguntó extrañado el platinado.
El jefe zorro explicó lo sucedido con su hijo y que después de eso no los había visto más.
El general soltó una sonora carcajada mientras terminaba de escuchar el incidente.
— Iré a buscarlos ustedes diríjanse al palacio, ya está preparado para que todos los habitantes de tu aldea vivan dentro, protegidos.
Y sin decir más el platinado salió de la cabaña buscando rastro alguno de su hijo y al dar con él apresuró su paso, no quería que se hiciera más tarde, el que todo se adelantara cambiaba los planes, Kagome y su hijo tendrían que consumar su unión lo antes posible para dar paso al ser que les traería la paz a todos.
No tardó mucho en toparse con una aldea en completas ruinas en las que el olor de su hijo resaltaba mucho, buscó más y dio con un rastro de ambos.
Y gracias a su gran olfato dio con ellos en una cueva a unas horas de la aldea.
— ¡Sesshomaru! –gritó mientras ingresaba a la cueva despertando a la pareja.
— ¿Qué haces aquí padre? –preguntó con enojo ante el hecho de que les hubiera despertado.
— Tenemos que regresar al palacio vienen directo a atacarnos, ya he enviado a los kitsunes y he mandado por los Taijiya y los monjes ya deben de estar por llegar al palacio, ustedes son los que deben de tener el mando, yo ahora soy solo un general.
Inmediatamente se pusieron en marcha al palacio, debían apresurar todo.
"Al caño nuestros planes" –pensó Sesshomaru mientras llevaba a Kagome en sus brazos.
"Por fin tendremos que culminar nuestra unión" –celebró Yako.
"Hump"
Y antes de que se hiciera de día llegaron al castillo donde los ya estaban sus nuevos aliados esperándolos.
¡Tada!
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