Un deseo no tan deseado
Capítulo 16
Anuncios Cardinales
Era medio día y a pesar de lo que acontecía en el palacio de Oeste se respiraba paz, vigilaban el avance de los atacantes a diario, ya tenían todo listo para cuando cruzaran la gran pradera, donde iniciaba parte del territorio del palacio fuera de los muros, varias tropas ya preparadas a salir a su encuentro y no dejarlos avanzar más.
Kagome amaba estar en los jardines, pero, comenzaba a aburrirse de estar todo el tiempo sola, y es que, con Sesshomaru como líder la mayor parte del tiempo estaba encerrado en su despacho leyendo tratados y acuerdos.
Con gran pesadez se puso de pie y caminó al interior del palacio, en la entrada fue interceptada por la pequeña Rin.
- Rin, ¿no deberías estar en tus lecciones?
La pequeña bajo rostro apenada y comenzó a jugar con sus dedos.
- Lo siento señorita Kagome, pero me aburrí y me escapé de Jaken. –explico la pequeña.
- Rin, sabes que es importante que tomes esas lecciones, Sesshomaru mismo te lo explico, ahora, regresa a esas lecciones señorita o tendré que informarle a tu padre.
La pequeña iba a protestar pero ante la idea de que el Señor Sesshomaru se enterara le aterro así que sin pensarlo dos veces decidió regresar, la azabache ante la acción de la pequeña soltó una pequeña risita y continuó con su camino.
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Mientras tanto en el dogo de entrenamiento, Inu no Taisho se encontraba dándole una paliza a su hijo menor.
- Lo estás haciendo mal. –regañó el general a su hijo más joven.
- Bah!
- Si no aprendes a manejar correctamente esta espada Tessaiga pasará a manos de tu hermano. –advirtió.
- Pero esta espada es inútil, no hace nada. –reprochó en menor.
Inu no Taisho frunció el ceño con molestia, se aproximó a su hijo y con su diestra le dio un fuerte golpe en el área de la nuca, inmediatamente Inuyasha cayó noqueado al suelo.
"Idiota" pensó el mayor marchándose inmediatamente del lugar.
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Kagome estaba a tres puertas del despacho de Sesshomaru, una enorme sonrisa le acompañaba quería disfrutar de un poco de tiempo de calidad con él, dando un par de golpes en la puerta anunciando su entrada, no espero a que él le respondiera a su llamado e ingresó.
El platinado ni siquiera levantó la mirada de los pergaminos que leía, ella pudo apreciar su ceño fruncido mientras leía.
Caminó hasta quedar a su espalda e instintivamente puso sus manos sobre los hombros de él dándole un pequeño masaje haciéndolo fijar la vista en ella.
─ Hola. –le saludó con una sonrisa.
─ ¿Puedo ayudarte?
Él solo elevo una de sus finas cejas.
─ ¿Sabes algo de política? –preguntó con sorpresa.
Ella le sonrió y asintió, entonces la jaló sentándola en su regazo, río ante la acción del macho.
─ Sesshomaru, ¿no te cansas de hacer esto todo el día tú solo? –le cuestionó curiosa mientras tomaba entre sus manos un pergamino.
─ Este es el trabajo del lord, no se acostumbra que lo ayuden, y aquí la única mujer que sabe de política resultas ser tú. –respondió con simpleza mientras regresaba a tomar el pergamino que minutos antes leía.
Kagome leía atentamente todo lo que escribían en esos pergaminos, uno tras otro haciendo que Sesshomaru fijara su atención completamente en ella.
─ Cuando creas conveniente que uno de esos pergaminos tiene que ser respondido lo haces, la tinta y los nuevos están aquí. –decidió romper un poco la concentración de ella estaba seguro que le ayudaría de más y esto la prepararía para tomar decisiones si él estaba fuera.
Ella le sonrió en respuesta, estaba feliz de que el la tomara en cuenta.
Las horas pasaron de manera rápida, por lo tanto al caer la noche ya no había pergaminos, por ende el trabajo se había terminado.
— Jamás se me habría ocurrido que tuvieras todo este trabajo, los lores cardinales son muy fastidiosos cuando quieren algo y lo niegan. –habló ella mientras se ponía de pie y se estiraba un poco.
— Hump, y deja que veas como se ponen cuando se empeñan en querer emparejar a sus hijos con algún heredero del oeste. –contestó sin mirarla.
— ¡Ah eso sí que no! Nuestros hijos se casaran con quien ellos quieran, nada de uniones políticas. –aseveró con enojo.
Sesshomaru se permitió reír.
— ¿De qué te ríes tonto? –pregunto con una sonrisa.
Él no contestó simplemente siguió riendo ocasionando que ella riera junto a él.
Se puso de pie y la jaló para acercarla a él ocasionando que ella parara su risa, no espero a que ella dijera algo simplemente la besó.
Esa mujer cada día le sorprendía más y más enamorándolo en el proceso cada vez más.
El mágico momento se vio interrumpido por un toque en la puerta, un gruñido proveniente de él se dejó escuchar en el lugar, maldiciendo se aproximó a la puerta para abrirla de mala gana.
─ ¿Qué quieres? –preguntó al yōkai que les había interrumpido su momento.
─ S… su…pa…padre le…le ma…mando lla…llamar, la…la ce…cena e…está li…ista. –informó mientras temblaba de miedo ante la gélida mirada de su señor.
Kagome se aproximó a él con una sonrisa, como pudo lamió su mejilla para calmarlo.
─ Vete, iremos en un momento. –ordenó ella mientras cerraba la puerta detrás suya ─. ¿En que nos quedamos?
Sesshomaru sonrió de lado mientras la jalaba para pegarla a su cuerpo y devorar de nueva cuenta sus labios en un ardiente beso, hasta que faltó el oxígeno en sus pulmones.
─ Vayamos a cenar y continuamos esto en nuestra habitación. –sugirió ella mientras se mordía el labio inferior.
Sesshomaru asintió y bajaron a la cena como se les había llamado.
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Esa noche después de la cena, todos se marcharon a sus habitaciones, Kagome se había marchado preocupada por su cuñado y beta, algo no andaba bien y eso lo había notado desde meses atrás cuando Kikyo dejó de asistir con él a las horas de comedor. Había tenido miedo de preguntar no quería que le dijeran entrometida pero era su amigo y lo quería mucho, y su mirada ámbar gritaba ayuda.
Después de convencer a Sesshomaru de que era buena idea que fuera ella sola bajó a los jardines encontrándolo pensativo mientras miraba la luna casi a punto de desaparecer, eso significaba luna nueva para la siguiente noche.
─ Yasha, te noto últimamente ausente ¿te sucede algo? –preguntó preocupada sentándose a su lado.
El aludido suspiró.
— Cuando estés listo para contarlo, no dudes en llamarme ¿sí? –le regaló una sonrisa y comenzó a ponerse de pie pero una mano se lo impidió.
Ella consternada miró al dueño.
— Kag. –la llamó para lanzarse a sus brazos y llorar.
Estaba roto, algo malo le había pasado.
Guardó silencio solo lo abrazó intentando reconfortarlo.
Los minutos pasaron y él se tranquilizó un poco, aún lloraba.
— Ella se marchó— hizo una pausa—, eliminó mi marca. –apretó sus puños enojado.
Esto me descolocó completamente.
— ¿Por qué hizo tal cosa? –pregunté insegura, no quería hacer la herida más profunda.
La mirada ámbar se apagó.
— Ella quería ser alfa, amenazó con quitarle la vida a mi hermano y a ti para lograrlo y yo… yo le pegué le dije que nuestro lugar era ser beta y no tenía problema con mi puesto, ella se enojó y me gritó varias cosas y con su poder eliminó mi marca y se marchó. –terminó de contar y se miraba mal.
Lo abrace de nuevo.
— Yasha, no sufras, esa mujer no te merecía ni merece que le llores, ya encontraras alguien que te acepte por lo que eres, si ella realmente se fue así… realmente nunca te amo.
Se abrazó más a mí, pobre parecía un cachorro en busca del consuelo de su mamá.
Al poco rato calló dormido y agradecí que Sesshomaru hubiera venido a buscarme porque yo solo no hubiera podido mover ni un centímetro.
Una vez solos en nuestra habitación el no dejaba de mirarme serio, sabía lo que significaba esa mirada quería explicaciones.
— De seguro tú ya lo sabías. –le respondí mientras me deshacía de la ropa.
El alzó una ceja en respuesta.
— Kikyo se marchó, eliminó la marca de tu hermano y se marchó.
— Esa mujer nunca me agradó. –respondió serio.
Solo asentí, apoyaba completamente su punto de vista, a mí tampoco me agradaba Kikyo.
— Tu hermano se siente solo. –volví a hablar mientras me dejaba resbalar dentro de las suaves sábanas.
— ¿Y qué quieres que yo haga? Mujer.
— Sé que no es correcto pero podríamos aceptar una de las manos de las hijas del sur, que venga el lord con su hija, puede estar una semana aquí y si Yasha se convence de que es buena chica que se quede con ella de lo contrario no hay trato.
Espere atenta su respuesta pareció estudiar la situación.
— Está bien, mañana enviaremos un pergamino con el ofrecimiento que tú propones pero, serás tú la responsable y la que tendrá que hablar con Inuyasha.
Sonreí — yo me encargo.
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Los días marcharon con lentitud, la carta del acuerdo para el matrimonio de Inuyasha ya se había enviado y estaban en espera de respuesta.
Kagome ya había platicado con Inuyasha llegando al acuerdo de quedarse con la chica si se enamoraba de ella.
Todo parecía marchar bien, Kagome estaba feliz, ahora ella le ayudaba a Sesshomaru todas las tardes con los tratados y los anuncios que llegaban.
— Sesshomaru, aquí dice que los lobos están bajo ataque y que requieren de tu ayuda. –informó Kagome mientras leía el pergamino.
Se puso de pie enojado.
— Estúpidos lobos no pueden hacer algo bien.
Kagome rió ante el comentario de su compañero.
Y sin perder tiempo se apresuró a salir con su padre como apoyo, dejando a Inuyasha en el castillo por si Kagome necesitaba protección. Tenía un mal presentimiento y esperaba que solo fueran ideas suyas.
Una vez sola Kagome caminaba por los jardines hasta que le llamó la atención mirar a Rin escondiéndose en los jardines.
— Rin Taisho Higurashi. ¿Qué crees que estás haciendo?
La pequeña saltó de susto al verse descubierta.
— Ya me aburrí no quiero estudiar más. –contestó en su defensa.
— Señorita, ¿Qué clase de comportamiento es este?
Rin agachó su cabeza apenada.
— Rin quiere jugar y estar con sus papás.
— Rin, cariño tienes que poner de tu parte por las tardes después de que estudies vas a tener todo el tiempo de estar con mamá y papá.
La pequeña se abrazó a la mayor.
Una fuerte cantidad de yuki se sintió.
— Rin entra al palacio, enciérrate en tu habitación no salgas hasta que yo o Inuyasha vayamos por ti.
La pequeña asintió y se metió corriendo al palacio.
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Kagome llegó a la torre de vigilancia del palacio seguida de Inuyasha.
— ¿También lo sentiste? –preguntó él enojado.
— Sí, es mucha energía demoniaca.
Todos estaban listos por si se trataba de un ataque.
El aire se tensó, los minutos se hicieron eternos.
— ¡Lady Kagome! ¡Lady Kagome! –gritaba con desesperación Jaken que iba entrando a la torre de vigilancia.
— ¿Qué sucede sapo? –preguntó Inuyasha
— La corte yōkai está aquí. –informó.
— ¿Por qué vendrían? Lord Sesshomaru y el general Taisho no están. –observó Suichi.
— No lo sé pero algo me dice que no será nada bueno.
Bajaron a recibir a los yōkai.
— Muy buenas tardes. –saludó Kagome.
— Mira nada más, al menos sabemos que tienes modales. –respondió el más viejo.
Kagome intentó ignorar los comentarios del yōkai.
— Niña, seremos directos. –comenzó a hablar uno de los 6 viejos yōkai.
— Nosotros somos la gran autoridad dentro de los demonios.
— Venimos a poner orden en el oeste.
— Por lo tanto, queremos que te marches, una mujer como tú no puede ser lady del oeste. –terminó de decir otro yōkai parecía ser el más longevo de todos, mirándola con desdén.
Tanto Inuyasha como ella estaban que echaban chispas, se miraron y el asintió ante la petición silenciosa de ella.
— Creo, señores, que están tratando con la persona equivocada. –advirtió Inuyasha.
Los viejos demonios rieron ante tal comentario.
Uno de ellos se aproximó a ella de manera lenta para tomarla de la ropa haciéndola enojar bastante.
— Necesitas que te defiendan, basura…
Más no terminó de hablar porque lo mando a volar metros estrellándose en contra de una de las paredes.
— Soy Kagome Higurashi, señora del oeste. –De un salto llegó al lord que estaba aún tirado en el suelo—, tienen que respetarme. –y sus ojos se tiñeron de rojo y un aura rosada la rodeo por completo y encestando un fuerte golpe en el estómago del viejo matándolo al instante.
Justo en ese momento Sesshomaru arribaba al castillo corrió a auxiliar a su mujer, esos demonios no tenían piedad con nadie. Grande fue sorpresa al ver que ella acaba de demandar respeto y acabar con la vida de uno de esos vejetes.
— Ahora, largo de mi palacio si no quieren morir. –ordenó ella mientras los viejos salían con el fétido aroma del miedo.
— ¡Sorprendente Kag! –felicitó Inuyasha —. Recuérdame, por favor, nunca hacerte enojar.
En ese momento la fuerte carcajada de Inu no Taisho se dejó escuchar avisando que ya estaban ahí.
— Esa es mi chica. –habló Sesshomaru mientras se aproximaba a ella y le robaba un beso.
¿Les gustó?
Este capítulo quedó mucho más largo de lo que tenía planeado xD
Espero sus comentarios y sugerencias!
