Bonjour, aquí reportándome, con sueño pero reportándome jaja.

Alma de Titan: ¡Pero si ustedes son extremadamente importantes! Cualquier historia no tiene valor si no tienes a quien contarla, si no hay nadie que pueda leerla. Los lectores son importantes, gracias a ellos los que escribimos nos animamos a seguir y a compartir nuestras creaciones. Aunque no lo creas los lectores pueden tener un poder increíble, casi tanto como el que el autor puede tener sobre los personajes en su historia. Siempre me ha gustado contestar los reviews porque los considero importantes, porque es lo menos que puedo hacer por aquellas lindas personas que se toman el tiempo de leer lo que escribo y además de comentar, mis lectores son un amor y por eso yo les doy amor ^^

Oh, entonces creo que te dejaré una bolsa de palomitas, una manta y un cómodo cojín para que disfrutes de este capítulo; siempre es bueno tomarse un descanso luego de un día de trabajo, al igual que con los estudios jeje. ¡Ánimos y fuerza! solo queda un día de esta semana y podrás descansar el fin de semana, porque... ¿no te hacen trabajar esos días, cierto :O? Te dejo con este cap. espero que te guste al igual que los anteriores. ¡Besos!

Karen Agreste: Adrien es un romántico empedernido, que siempre sea rechazado por Ladybug es una pena :'v pero en los fics siempre podemos hacer justicia jajaja (¡Justicia, justicia!). Esa es la única forma de comprar a Plagg, el queso es su vida, el queso es su pasión xD Me alegra que te gustara el capi. y espero que puedas disfrutar también de este. ¡Abrazos, besos y montones de quesos (?)!


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Capítulo 7: Cosas de medianoche

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Se había quedado hasta tarde esa noche acabando con una tarea pendiente, si tan solo no la hubiera olvidado ahora podría estar calentita en su cama soñando con que Adrien le pedía matrimonio. Suspiró con cansancio y cerró el libro; finalmente había podría dormir, por suerte ese era el último día de la semana. Dio un rápido vistazo a su reloj y notó que ya pasaban de las doce, definitivamente era muy tarde, aún así sus ojos no pudieron evitar viajar hasta el calendario que colgaba sobre el escritorio, se detuvo un momento y se quedó observándolo con aire pensativo. Técnicamente, era legal si habría otra casilla, después de todo, ya era mañana… ¿no? Lo pensó un poco más y mientras una parte le decía que debía irse a la cama pronto o terminaría quedándose dormida en clases, la otra parte que no podía más con la curiosidad la terminó de convencer.

¿Qué daño podría hacerme leerlo ahora?

— ¿Tomarás el objeto siguiente?

Marinette asintió ante la pregunta de su kwami y sin decir una sola palabra cogió lo que había para ese día. Esta vez se trataba de la típica nota de siempre, pero ahora se encontraba acompañada de un prendedor con forma de galleta de jengibre, algo bastante adorable a decir verdad. Abrió el pasador y tomó la nota…

''En la época de Navidad las emociones y los actos de bondad se ven en cada lugar; hacer algo para los que nos rodean pareciera ser aún más especial. Algo dulce siempre puede alegrar a cualquiera… ''

Alzó una ceja un tanto confundida. Porqué la palabra Navidad estaba subrayada, sabía que se refería a la época en la que estaban, pero… Miró la galleta un momento, luego la nota, la galleta de nuevo y de vuelta a la nota, para finalmente terminar mirando a Tikki.

—Tal vez no era el mejor momento para tomarla…


—Realmente estoy ansioso por esto.

—Creo que esta vez te pasaste un poco.

Adrien miró a Plagg que se había metido en su casillero mientras dejaba las cosas que ocuparía a lo largo de esa jornada de clases y no pudo evitar sonreír; tal vez tenía razón… la verdad, él tenía mucha razón, pero no pudo evitarlo en cuanto la idea le cruzó por la mente.

—Fue imposible resistirse a eso...

Cuando acabó, su kwami volvió a esconderse y él subió rumbo al salón. Poco a poco sus compañeros comenzaban a llegar y empezaban a llenar los asientos vacíos, el ambiente se sentía bastante ameno entre las charlas matutinas que, pese a que aún era temprano, parecían estar más vivas que cualquier otro día; seguramente se debía a que las vacaciones cada vez estaban más cerca. Su amigo Nino ya había llegado y apenas estuvieron cerca se saludaron de forma amistosa. Alya también estaba ahí, pero el asiento de junto estaba vacío; ella aún no llegaba. Pero como si sus pensamientos la hubiesen traído de una forma que no conseguía explicar, la chica apareció en ese momento por la puerta cargando una caja entre sus manos. Fue inevitable volver a sonreír ansioso y a la vez sintiéndose culpable.

En cuanto la maestra llegó un poco después, Marinette le pidió que la dejase repartirle a la clase algo que había preparado el día anterior, por supuesto que ella no se negó y la chica de coletas fue entregándole uno a uno una bolsa con galletas. Había partido por su asiento y tuvo el privilegio de ser el primero en tenerlas entre sus manos… bueno, casi, el primero luego de la maestra, pero aún así podía presumir que fue el primero de entre sus compañeros. Como el gesto había tomado por sorpresa a todo el mundo si lo exceptuaban, les permitieron comer las bonitas creaciones. Una sutil risa se le escapó cuando tomó una galleta con forma de muñeco de jengibre, demasiado conocido para él. Sí, tal vez había sido muy egoísta de su parte proponerle como reto el hornear galletas, pero realmente se moría por probar una creación de las que ella hacía, en especial cuando sabía que tenía tan buena mano. De todos modos se prometería a sí mismo compensárselo de alguna manera.

Tras entregar la última bolsa de galletas Marinette volvió a su asiento y lo primero que sucedió fue que Alya la asaltó con la mirada, esa típica expresión que le hacía sentir que había sido descubierta en cada una de sus acciones, esa que en más de una ocasión le había hecho pasar sustos cuando su amiga hablaba de Ladybug y ella.

—Por qué todo esto de repente.

Alzó una ceja interrogándola mientras se cruzaba de brazos. Imposible de evitarlo comenzó a ponerse nerviosa.

—Y-yo… pues… es una larga historia.

Una larga historia, como la que tuvo que explicar cuando la maestra pidió que entregasen sus tareas y ella se dio cuenta de que había olvidado la suya en casa, aquella que había terminado justo antes de que bajara a la cocina a hornear las galletas y donde luego acabó por quedarse dormida sobre la encimera…