DISCLAIMER: Nada de esto me pertenece. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Twilightholic-Tanya. Yo solo me adjudico la traducción.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)
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Outtake 3
… made so many plans I had to rearrange around you…
Son casi las once cuando mi madre entra a la casa. Sus tacones chocan contra el piso de madera mientras entra en la cocina.
Se sorprende cuando me ve, pero puedo ver el visible alivio que siente al ver que no soy mi padre.
—¿Dónde está Carlisle? —pregunta y ruedo los ojos ante su intento de preocupación.
—Trabajando, supongo.
—Se supone que estaría en casa. ¿Comiste? —pregunta, buscando por su bolsa. Su voz está llena de irritación y desdén. Hago mi mayor esfuerzo para no señalar que se suponía que ella también estaría en casa. Los jueves son nuestras cenas "familiares". Este jueves era especialmente importante dado que ambos saldrán del pueblo por el fin de semana. Viajes separados, por supuesto.
—Sí. Fui a la cafetería —le digo.
—Este hombre. No puedo confiar en él para nada —murmura, finalmente encontrando su teléfono en su bolsa y mirándome a los ojos. Sé qué pasa ahora.
—Me iré a la cama —le digo.
—Sí, de acuerdo. Te veré el lunes, ¿bien? —dice, acercándose y besando mi frente. Asiento y me deslizo del banquillo, dirigiéndome a mi habitación. Voy a mitad de las escaleras cuando la escucho pelear con mi padre por teléfono.
A pesar de que la invité, aún estoy sorprendido de encontrarla en la cocina. Luce perdida y un poco asustada. Es casi enternecedor.
Me acerco, tomando su brazo para evitar que siga vagando.
—Bella, viniste. —Se gira con rapidez, perdiendo el equilibrio y dando un paso al frente para estabilizarse. Nos deja frente a frente. Espero a que hable, pero luce un poco sonrojada y abrumada.
—Me da gusto que estés aquí —digo, dándole tiempo para que se recupere. Y lo estoy. Me ha sorprendido.
Hago las fiestas como una forma de molestar a mis padres, pero supongo que ellos tendrían que darse cuenta para que les importe. La cantidad de gente que viene siempre es más de la que invito, y en realidad no conozco a muchos de ellos. En realidad no me importa siempre y cuando no rompan nada.
Usualmente me paso las fiestas en el sótano con Jay, Seth y las afortunadas chicas que decidimos invitar con nosotros. Al día siguiente hago un pobre intento de limpieza, recogiendo vasos tirados y limpiando los derrames. María usualmente termina el trabajo de limpieza, con una mirada de desprecio hacia mí.
Le ofrezco algo de beber, recordado la última vez que estuve en su casa y queriendo devolver el favor. Acepta, y me apresuro a darle un refresco.
—¿Quieres ir a un lugar más silencioso? —pregunto y ella se encoge de hombros. Tomo ese gesto como un sí y agarro su pequeña mano en la mía.
Sus dedos están fríos mientras se enredan con los míos; hacen que mi piel pique con energía nerviosa. Ella me deja guiarla hacia las escaleras. No sé por qué no la llevo al sótano. Me digo que es porque podemos ser interrumpidos, pero en el fondo sé que esa no es la razón.
Bella no se siente como una chica de sótano, sin embargo, llevarla a mi habitación es aterrador. Duda en las escaleras y me giro. Podría arrepentirme aquí. Podría ofrecerle el estudio o encontrar un espacio en la sala, pero casi quiero verla en mi habitación. Quiero verla en la única habitación que ofrece algo de personalidad.
—¿Vienes?
Sonríe, una sonrisa fácil que parece iluminar su rostro. Asiente una vez y me permite llevarla a mi habitación.
Verla entrar causa que mi pecho se congele y quiero sacarla. Sus grandes ojos marrones escanean mi habitación, y sé que con cada objeto que ve, está presenciando una pista más de quién soy.
Desde la música a los libros a las constelaciones en el techo (que rezo a Dios para que no las vea), todo le dice algo personal sobre mí.
Mantengo mis manos en mis bolsillos para darle la libertad de explorar. De alguna forma sé que ella realmente no juzgará nada. Me siento lo suficientemente cómodo como para dejarla ver, lo que inmediatamente me pone incómodo.
Solamente cuando saca un libro y bromea conmigo es cuando salgo de mis pensamientos. Me sonrojo mientras miro el libro que me regalaron hace dos veranos.
—Fue un regalo —admito, recordando ese verano. La chica que me rogó para que lo leyera con grandes ojos azules y cabello que brillaba al sol viene a mi mente por un segundo.
—Lloré durante todo el libro. Incluso en las partes felices —admite, pasando las páginas. Quiero admitir que yo también lloré. No lo hago. En su lugar critico el libro y ella casi luce insultada.
No le da voz al enojo detrás de sus ojos. Casi quiero escuchar lo que ella tiene que decir. No le digo que tengo todos los libros de ese autor. No le digo que me enamoré de su estilo de escritura. Sé que ella lo entenderá de una manera que me aterroriza. No se supone que me guste esta chica.
—¿Y este? —pregunta, sacando mi menos favorito del mismo autor. Sus ojos están llenos de esperanza mientras esperan por mi opinión.
—El personaje principal era realmente patético. Es difícil sentir algo por él. En general fue difícil de leer —suelto, aún tratando de descifrar la dicotomía de emociones bajo mi piel. Dejo de mirarla, sabiendo que el odio por el personaje es irracional.
—Encuentro su pasión admirable. No tenía miedo de amar, incluso aunque ella no lo amara de vuelta —dice, y desearía poder estar de acuerdo con sus palabras.
No lo hago. Lo encuentro estúpido por no saber el mundo de dolor al que se enfrentaría. Lo encuentro patético por llorar por una chica que no lo quería. La chica que nunca lo haría. Odio que él dejara que ella lo usara cuando él quería ser su todo.
Admito esto en voz alta, y puedo ver que se muerde el labio, tratando de contener la discusión que quiere tener. Me pregunto por qué se contiene. Me pregunto si tiene miedo de demostrar su inteligencia.
Lo dudo. Pero es claro que tiene miedo de algo.
No tengo mucho tiempo de descifrarlo antes de que ella comience a ver mi colección de música.
Me dice que no reconoce mucho de mis gustos, y bromeo acerca de las típicas artistas pop que ella probablemente disfruta. El sonrojo que ilumina sus mejillas confirma mis sospechas.
Dice algo más, pero no lo escucho. Me doy cuenta de que finalmente me las arreglé para tener a esta chica en mi habitación, sin oportunidad de que nos interrumpan. La urgencia de besarla es abrumadora. Quiero saber cómo se siente, cuál es su sabor.
Mi curiosidad me impulsa hacia delante y pronto estoy frente a ella. Su corta estatura me hace sentir fuerte y masculino, ebrio con ese tipo de poder.
La mirada en sus ojos me dice que ella también lo siente. Quizá no el mismo tipo de poder, pero más profundo. Es un poder embriagador que solamente las chicas pueden en verdad poseer. El tipo de poder que les permite tener a los chicos alrededor de sus dedos. El tipo de poder que les permite controlar las cosas detrás de escena.
—¿Puedo besarte, Bella? —Está claro que ella no dirá que no. Puedo ver el deseo en sus ojos. Pero quiero la confirmación.
Quiero la victoria.
Cuando ella lo permite, no puedo evitar pensar en que Jasper y Emmett tienen razón.
No es el mejor beso que he experimentado. No.
Lejos de eso.
He tenido mejores. He estado con chicas que sabían lo que hacían y me enseñaron nuevas cosas. He tenido besos que me hacen sentir como si nunca hubiera besado. Este beso no es así.
Pero hay algo acerca de este beso que en realidad nunca había encontrado en nadie más.
Es el primer pedazo de chocolate después de haber caminado arduamente a través de la lluvia y el granizo en una incómoda máscara y un rasposo disfraz. Siempre sabían mejor cuando venían de la magnífica bolsa decorada que del tazón que descansaba sobre la mesita de café en la sala de estar.
Me he ganado este beso. Me he ganado su primer beso.
Una vez que ella se relaja y se derrite contra mí, es increíblemente fácil olvidar que esta es su primera vez.
Es cálida y suave, y huele increíblemente dulce. Aprende rápido, y su boca es ávida al imitar mis movimientos. Es cuando toma mi brazo y presiona su pequeño cuerpo contra el mío que un involuntario gemido se me escapa. Me pierdo en su esencia y su calor y sus labios.
Es mucho mejor de lo que pensé que sería.
Cuando ella se ha ido y la casa está vacía, su sabor se queda en mi boca.
Como ese primer pedazo de chocolate el 31 de octubre, no puedo evitar desear más.
Gracias a las chicas que dejaron sus reviews:
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