CAPITULO VI: INVASIÓN
Como era rutina, Lucy estaba sentada a la derecha de Jienma en el salón del trono, esperando que algún habitante se acercase a manifestar sus inquietudes. Natsu siempre detrás del trono de la reina, con la mano puesta en la empuñadura de su espada, listo y dispuesto a atacar.
— ¿Cuándo? — preguntó Jienma, sabiendo que Lucy iba a responderle la fecha en que nacería el niño. Ella ni siquiera le miró la cara, solo movió una mano para hacerle saber a su guardia que no quería cruzar palabras con su esposo.
—Invierno— contestó Natsu, para sorpresa del rey. Se sintió ofendido porque a Lucy parecía no importarle la autoridad que él había autoimpuesto.
—No te he preguntado a ti— el hombre se puso de pie y volteó, para encarar al caballero. Sus furibundos y pequeños ojos se encontraron con la mirada serena del hombre de los cabellos rosados, mirada que ardió en adrenalina y se mantuvo desafiante frente al rey.
—Su alteza real no va a conversar con usted, señor. Es lo que ella quiere— contestó el joven, sin temor ni cobardía, la justa medida de coraje para hacer enfurecer hasta al más pacífico de los gobernantes.
Natsu era peligroso, porque no le temía a nada.
Orland tomó uno de los laterales del trono y con una mano lo mandó a volar por la sala, asustando a la reina y haciendo que el joven caballero desenvainara su espada para, velozmente, posicionarse en frente de Lucy.
— ¿Eres un caballero y apuntas tu espada contra el rey? ¿¡Qué clase de insurrección es esta!? ¡TU VIDA ME PERTENECE! — gritó el rey, entrando en un estado de cólera irracional.
—No, su vida no te pertenece— dijo Lucy, poniéndose de pie con gracia. Había notado con el pasar de los días que actuar de manera calmada irritaba mucho a su esposo, y solía aprovecharse un poco de su condición para hacerlo enojar —Y la mía tampoco.
Dicho esto, la reina volteó elegantemente y se dirigió a la puerta lateral a paso tranquilo, ocultando lo angustiada que se sentía respecto a la situación.
Natsu le siguió.
Cuando comenzaron los días nublados y frescos, todos asumieron que se acercaba la fecha del nacimiento del príncipe que llevaba la reina en el vientre. Por eso, cuando notaron que las tardes comenzaban a hacerse más frías y el sol se estaba poniendo mucho más temprano, la servidumbre comenzó a hacer los preparativos para el alumbramiento.
—Las cosas se ven animadas— comentó Natsu, mientras caminaba junto a Lucy por uno de los pasillos del palacio, que en su tiempo estuvo rodeado de cuadros y pinturas de la familia real, pero que ahora solo estaba tapizado por las marcas claras en las paredes donde alguna vez hubo mucha historia.
—Todos están muy nerviosos— contestó la rubia tras un suspiro cansado. Miró disimuladamente su gran vientre y lo acarició con pesar. Se había acostumbrado ya a la idea de tener un hijo, aunque no le gustase. Su madre le había dicho a través de cartas que quizás ese pesar jamás desaparecería, pero que debía ser fuerte, lo que le hizo considerar que quizás ella misma había nacido en esa situación.
— ¿Y tú? ¿Estás nerviosa, Lucy? — de sopetón, la pregunta revolvió todos los pensamientos de la reina; ¿estaba nerviosa? Por supuesto. ¿Quería salir corriendo? Claro. ¿Quería tener al niño? Pues sí, ella no creía que el bebé tuviera la culpa de lo que Jienma le había hecho. ¿Hubiese sido mejor que no lo hubiese tenido? Probablemente, solo debió abortar una y otra vez hasta que su esposo perdiera el interés. Aun así, preferiría no decir todo lo que estaba pensando.
—Claro que estoy nerviosa, Natsu— ella agachó un poco la cabeza, demostrando el pesar que le causaba su situación.
Lo tenía estrictamente prohibido, pero aún así, Natsu tocó el hombro de su amiga.
Desierto rojo, Tierra de Sangre.
Erza Scarlet estaba de pie sobre una mesa, rodeada de una gran multitud. La mayoría de los presentes eran personas musculosas, fuertes, de apariencia macabra. Pero ella estaba en frente y todos la miraban, esperando sus palabras.
— ¡Solo quedan unas semanas para que el bebé de la reina nazca! ¡Vamos a trasladarnos a Crocus dentro de tres días, así que preparen sus cosas! — gritó, para que todos los presentes oyeran. Gajeel, que estaba parado más atrás miraba con atención las acciones de su compañera — ¡En cuanto el príncipe llegue a este mundo, mataremos a Jienma Orland y retomaremos la libertad de Fiore!
El salón, que parecía más una cueva, se lleno de gritos y vítores.
La armada rebelde era un colosal ejército formado por los hombres más fuertes y las mujeres más salvajes. En un contexto diferente, tenerlos a todos en un mismo lugar solo significaría tener una cantidad exuberante de peleas y muertes, pero todas las personas allí presentes tenían un enemigo en común: el hombre que usurpó el trono de Fiore y tomó la corona para demostrar que era el mejor, Jienma.
Ese sólo hombre, acompañado solamente de sus puños y su sed de poder, había matado a familias enteras, exterminó a un sector completo del Desierto Rojo y llevó su matanza hasta la familia real.
Por eso, las personas más capacitadas formaron un ejército que desde las sombras acabaría con aquél demonio; ejercito al que bautizaron como "Las Hormigas".
Actualmente, era liderado por tres cabezas: Erza Scarlet, Gajeel Redfox y… Natsu Dragneel.
La Tierra de Sangre era una ciudad asentada en las cavernas subterráneas que se habían formado naturalmente en el Desierto Rojo, que tenía arenas rojas gracias a la cantidad de metales presentes en ella. No tenían acceso a la educación por ser un lugar demasiado peligroso para los profesores (que en su momento intentaron ejercer allí) y porque tenían una cultura violenta, salvaje y, cuando menos, incivilizada.
Los mejores caballeros del reino y los peores criminales habían nacido allí.
A pesar de la mala fama que este lugar podía poseer, por primera vez estaban comprendiendo lo que era tener un líder y comenzaba a gustarles la idea de tener sus filas organizadas.
O al menos esa era la sensación en general que se transmitía al ver al ejército de las hormigas caminando a través del desierto para llegar a Crocus. Siguiendo las órdenes de Erza, debían llegar a la capital en tres días, y resguardarse allí hasta el nacimiento del príncipe.
Flashback.
Erza y Natsu estaban en los jardines del palacio real, conversando. Ella estaba desencajada desde que se enteró de la existencia de Lucy Heartphilia y del niño que esperaba, puesto que eso significaba que el plan de las Hormigas no podía llevarse a cabo.
—Debemos matar a Jienma y acabar con la monarquía, es la única manera de recuperar Fiore— Murmuró Erza, siendo oída por Natsu —Ese era el único camino, pero ahora está la chica… no podemos asesinarla, es inocente, no corresponde…
Natsu suspiró.
—Pensé lo mismo cuando llegó al castillo— soltó el muchacho —Pero es una buena chica, no será un problema.
Erza no lo entendió.
— ¿No crees que es mejor que ella tome el trono? Las cosas para los trabajadores del palacio han mejorado mucho desde que llegó, ella no permite que Jienma nos pase a llevar. Aún le teme un poco, pero imagínate cómo mejoraría este reino cuando ese monstruo muera— agregó.
Entonces, algo hizo clic en la mente de Erza.
Si bien Jienma Orland no venía de un linaje real, si había usurpado el trono y aclamado que sería el monarca, por ende, era el legítimo rey. El hijo de Lucy era, en consecuencia, el heredero del trono.
Las leyes y protocolos de la monarquía de Fiore establecían que, si el rey regente fallecía, el primer hijo varón debía heredar el trono. Pero, si el príncipe era demasiado menor o estaba incapacitado para tomar la corona, quien debía velar por la seguridad del reino era la cónyuge, la reina.
Erza recordó aquello y la solución vino a su cabeza en un santiamén.
El príncipe debía nacer para que Lucy pudiera tomar el trono.
Fin del Flashback.
Estaban poniendo todas sus cartas a favor de Lucy, para poder recuperar la libertad de un reino oprimido.
Si Natsu, que en general era un imbécil, pero un imbécil muy perceptivo, confiaba en la reina, entonces todas las Hormigas confiaban en la reina.
Luego de tres días de viaje, el ejército se dispersó. Gran cantidad de miembros se asentaron en la periferia de Fiore, manteniendo bajo perfil, mientras que el resto se organizó dentro de la ciudad.
Llegaron por la noche antes del solsticio de invierno.
Muchos habitantes de Fiore se habían unido a las Hormigas como informantes, aliados y proveedores. Uno de ellos era Steve Cheney, un mercader que les cedió una bodega en la que pudieran reunirse llegada la fecha de la invasión al castillo. Allí, Erza se paró sobre una caja de madera y llamó la atención de todos los presentes.
—De acuerdo, este es el plan…
Al otro día, Lucy como siempre estaba a la derecha de Jienma en el salón del trono esperando a que algún habitante se acercase a manifestar sus inquietudes. Natsu, siempre detrás de la reina, emanaba una energía extraña: no estaba para nada tranquilo y se podía ver a metros de distancia que se encontraba en un estado de alerta impresionante.
La reina leía un libro para matar el tiempo y Jienma contaba las baldosas del piso por milésima vez.
Hasta que empezaron a sentir, los tres, como retumbaba el piso por unas constantes explosiones.
Natsu no desenvainó su espada, pero ayudó a Lucy a ponerse de pie. Jienma se paró delante de ella para protegerla en caso de que algo raro pasara, algo raramente humano de su parte.
El ruido era cada vez más fuerte, y la vibración del piso aumentaba conforme pasaban los segundos.
— ¿Qué pasa? — dijo la reina, asustada. La situación la puso tan nerviosa que sintió dolor en el vientre.
Natsu le susurró algo al oído que no alcanzó a entender del todo bien, haciendo que los vellos de su nuca se erizaran. Ambos dejaron a Jienma solo y se dirigieron a la puerta lateral lo más rápido que pudieron.
Entonces, los guardias que protegían la entrada desde fuera comenzaron a gritar advertencias hacia un enemigo que aún desconocían.
La puerta retumbó un par de veces y finalmente fue destruida, enseñando al culpable.
Se trataba de un hombre de cabellos negros, acompañado únicamente de una gran espada. Sus ojos localizaron a Jienma y una sonrisa aterradora se asomó en sus labios.
—Vinimos por su cabeza, mi Rey.
No merezco perdón por dejar los fics tirados, lo sé. Es como la maldición del ficker universitario saben?
Espero que todos tengan un buen 2019, gracias por tenerme paciencia y esperarme todo el tiempo.
Les amo.
