Corrían por el bosque en sus formas de lobo, mientras que unos hombres armados le seguían el paso. Ya habían derribado a tres que los atacaron pero aún así aparecían más y más. No se hubieran metido en ese problema de no ser por cierta chica nueva que el líder insistió en añadir a su manada hace unos meses, para luego comenzar una relación con ella. La loba de pelaje blanco se aseguró de que todos sus compañeros estén a salvo para luego percatarse que la chica nueva, y su compañero de pelaje gris era casi rodeada por los cazadores. Apresuró el paso al ver que uno de ellos le apuntaba con su arma a la de pelaje marrón, dispuesto a disparar, pero lo que más le sorprendió fue ver a su líder y querido mejor amigo adelantarse y lanzándose frente a la otra chica, protegiéndola del impacto al recibirlo él mismo cayendo al suelo, inerte.
"¡Marcel!"
Annie despertó respirando agitadamente. Llevó una mano a la cabeza al sentir una instantánea jaqueca. Miró a sus alrededores, al darse cuenta de que solo fue un sueño. Uno muy malo, por cierto. A nadie le gustaría revivir una noche así ni en sus sueños. Trató de levantarse, pero sintió un peso que la atraía de vuelta a la cama. Fue un quejido lo que la alertó y lograr darse cuenta que unos brazos la rodeaban.
—Mmm... Christa. — murmuró una voz cerca de su cuerpo.
¿Pero qué putas...?
— ¡Ymir! —gritó empujando a la castaña con todas sus fuerzas, logrando tirarla de la cama. — ¡¿Qué carajos?! —
Escuchó un sonido de dolor en el suelo para luego ver a la castaña levantarse mirarla con una expresión molesta. — ¿Cuál es tu puto problema? ¿Por qué me despiertas así?—
— ¡Estabas abrazándome!— gritó para luego llevarse una mano a la cabeza emitiendo un quejido. —Maldición. No volveré a gritar. —
—Sí. Haznos un favor a las dos y cállate.— replicó Ymir. —Me dormí contigo solo porque Pieck me lo pidió. Te apagaste por completo anoche. Así que Reiner y Bertolt tuvieron que cargarte de vuelta al auto y adiós fiesta para mi.—
Annie la miró con interés, queriendo saber más. La castaña captó su mirada y continuó. —Zeke se enojó al ver tu estado. Y le ordenó a Pieck a quedarse contigo, por si acaso. Pero tenía que irse a trabajar con los demás y me pidió que la cubra.—
— ¿Zeke no dijo nada más?— preguntó.
— Claro que nos castigó. Dijo que no quería tener a adolescentes alcohólicos viviendo en su casa. Pero como advertencia solo nos obligó a hacer los quehaceres del hogar.—
— Ughh.— se quejó la rubia, hundiendo su cara en una almohada.
— Por cierto, te estabas moviendo mucho. ¿Acaso tuviste una pesadilla?— preguntó burlona.
Annie la miró seriamente. —Soñé con esa noche.— murmuró. Ymir cambió de expresión rápidamente a una melancólica. — Lo extraño.— confesó.
— Sí. Yo también.— admitió la pecosa. —Todos lo hacemos.— dijo refiriéndose al resto de la manada. —Pero su pérdida nos dio valor.—
Annie asintió, recordando que su muerte la hizo cambiar, y le dio el ánimo para despedazar a los cazadores junto con sus amigos.
—Ah, por cierto.— dijo la pecosa, agarrando un vaso con agua que se encontraba en la mesita de noche y una pequeña pastilla. —Pieck quería que te tomes esto cuando despertaras.—
La rubia agarro la pequeña pastilla en sus manos, examinándola. Era de color amarillo pálido, de forma ovalada. La metió en su boca y bebió el agua para ayudarla a tragar. —¿Para qué sirve esto?—
—Creo que te ayudará con el dolor de cabeza.— contestó la chica, encogiéndose de hombros para luego levantarse. —Bien. Vístete. Tenemos que ir a la tienda.—
Annie se quejó audiblemente, pero se levantó de todas formas.
. . .
Reiner se encontraba limpiando un pasillo cuando escuchó el sonido de la campanilla de la puerta, que indicaba que un cliente había entrado. Soltó la escoba, para recibir a tal cliente cuando se llevó la sorpresa que se trataban de Eren, Jean, Connie y Armin.
—¡Chicos! ¿Qué hacen aquí?— preguntó felizmente.
—Supimos que trabajan aquí y quisimos pasar a saludar.— respondió Connie.
—También porque mañana es el cumpleaños de Mikasa y Eren lo olvidó. Ahora no sabe que regalarle.— dijo Armin.
—¡Oye!— replicó el mencionado.
Reiner rió. —Creo que si utiliza regularmente una bufanda, ¿No deberías regalarle más?— sugirió.
—Es verdad. ¿Por qué no lo pensé antes?—
—Porque eres un cabeza dura.— dijo Jean, ganando una risa por parte de Connie.
—Mira quién habla, cara de caballo.— replicó molesto el de ojos verdes.
—Ahora que lo dices, puedo ver el parecido.— habló una voz detrás de ellos.
Voltearon para encontrarse con Ymir, quien parecía estar examinando a Jean y Annie, quien tenía la misma expresión de "me importa un carajo" de siempre. —Su cara es alargada y los ojos pequeños. Ahora entiendo por qué lo llamaban así.— rió la pecosa.
—Hola Annie.— saludaron al mismo tiempo Eren y Armin, lo que los hizo intercambiar miradas confundidos.
Annie, por su parte, los ignoró y siguió su camino, para ir junto a Pieck quien se encontraba organizando prendas. Todos la vieron irse, confundidos.
—No se preocupen.— habló Reiner. —Ella es así. Eren, ven por aquí, si quieres esa bufanda.—
El castaño fue con él, y el resto de su grupo se dispersó por la tienda. Cada uno con intereses distintos. Armin fue el único que se quedó en su lugar, observando a donde se había marchado la rubia. Se armó de valor y se acercó a ella, que se encontraba con Pieck y Galliard. Estaban charlando animadamente. Claro, la pareja lo hacía, Annie solo asentía de vez en cuando. Se callaron al notar su presencia nerviosa al lado de ellos.
—¿Puedo ayudarte en algo?— dijo Galliard.
Armin tragó saliva. —Necesito hablar con Annie.— dijo rápidamente.
La mencionada suspiró y automáticamente se dirigió a otro lugar, el rubio pisándole los talones. Llegaron al único lugar donde no había nadie: los probadores.
—Escucha Annie...— empezó.
—Arlert.— lo interrumpió. —Si estás aquí por lo de anoche, permíteme dejarte algo claro en un idioma que entenderás. Me encontraba en estado etílico. ¿Sí?— dijo como si no tuviera paciencia. —No tuve control sobre mis acciones. Y déjame decirte que estoy arrepentida.—
La expresión de Armin cambió a una decaída. —¿Lo estás?—
—Claro que si.— dijo lo obvio. — Ese beso ni siquiera tuvo que pasar. Desearía que no hubiera pasado.— continuó, hiriendo aún más los sentimientos del chico.
—Pero...yo he venido aquí para decirte algo importante.—
—Ya no hay nada que decir.— se dio media vuelta para largarse, pero Armin la detuvo, sujetando su mano con ambas suyas.
—Espera.— desesperado, la acercó a él, tomándola de sorpresa. —Annie, me gustas.— confesó. —No puedo dejar de pensar en ti.—
Ella se quedó callada, con una mirada de confusión en su rostro. —Ni siquiera me conoces.— protestó. —¿Cómo puedes amarme así?—
—¿No crees en el amor a primera vista?—
Annie suspiró. —Armin, estás confundido.— liberó su agarre en su mano dando media vuelta para irse.
—¡Por favor, Annie!— volvió a sujetarla. —Dame una oportunidad.—
La rubia se dio la vuelta, sujetando del brazo que la estaba agarrando con una mano, y la otra la llevó a la mandíbula del chico empujandolo hacia atrás. Y para terminar su movimiento dio una poderosa patada a sus piernas, lo que lo hizo caer de espaldas con la cabeza entre las piernas en el suelo. Se acercó a él, viendo que tenía una expresión de shock en su rostro.
—¿Que me dices ahora?
Él, con dificultad, logró mirarla a los ojos. —Eres tan hermosa.
Annie dejó salir un sonido de frustración.
—Lucharé y ganaré tu corazón, ya lo verás.— continuó el rubio. —Verás que valgo la pena, soy una persona llena de compresión y sentimientos.
La rubia parpadeó, confundida. Decidió ignorarlo y se alejó. Connie caminaba por los pasillos, hasta que encontró a Armin tirado en el suelo. Ya se había recuperado de su anterior posición, y ahora estaba boca arriba mirando el techo, solo que esta vez sus piernas tocaban el piso.
—¿Qué rayos haces en el piso?— interrogó.
—Resbalé.— mintió.
—¿Y por qué sigues ahí?
—Estoy meditando.
El chico arqueó una ceja, pero se encogió de hombros, dejando pasar el tema. Lo ayudó a levantarse, y cuando lo soltó, notó una mancha roja en los vendajes de su mano.
—Amigo, tu herida se ha vuelto a abrir.— observó.
Armin bajó la vista hacia su mano. —Es verdad. Cambiaré los vendajes cuando llegue a casa.— dijo, sin prestarle tanta atención.
—Oye, enserio deberías dejar de arreglar los autos de esos niños ricos.— dijo seriamente, Connie. —Te era mejor ganar dinero siendo tutor. Y menos peligroso.—
—Si, pero me mantiene, Connie. Además, realmente no quiero dejar atrás el negocio familiar, ¿Sabes?
El más bajo se le quedó mirando. —Eres muy persistente.
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Annie fue a donde estaban Reiner y Eren, éste último tratando de elegir el regalo perfecto. El rubio la miró con cara de desaprobación e inmediatamente supo que se avecinaba un sermón.
—Vi lo que pasó. ¿Realmente era necesario?—murmuró en voz baja, para que el castaño no escuche.
—Quería hacerlo entrar en razón.— se excusó. —¿Qué están haciendo?
—Está buscando algo para regalarle a Mikasa.— contestó Reiner, para luego sonreír con picardía. —¿Por qué no le ayudas?—
—¿Por qué yo?— protestó con molestia.
—Eres una chica.— se encogió de hombros.
Eren al oir eso volteó. —Me haría bien un punto de vista femenino, de hecho.—
Reiner recargó sus manos sobre los hombros de la chica. —Convéncelo.— susurró. Annie lo entendió al instante. —Bien, los dejaré solos.— dijo para dar media vuelta y dirigirse hacia Bertolt.
Los dos se quedarán en silencio. Ninguno de los dos sabiendo cómo entablar una conversación. Hasta qué Annie habló.
—¿Tienes algo en mente?— al recibir una mirada confundida suspiró. —Me refiero al regalo.
—Oh.— comprendió. —Pues...Reiner sugirió una bufanda, pero como aún no hace frío, no tienen ninguna.— respondió. —Así que estoy corto de ideas. Aunque...— instaló. —¿Qué clase de perfume usas?
Annie tildó la cabeza. —¿Disculpa?
—Sí. Perfume.— repitió. —Es que tu olor...
La rubia podía jurar que se estaba inclinando hacia ella. Aún así permaneció tiesa. —Tu olor es exquisito.— concluyó olfateando el aire alrededor de su cuello
"Oh mierda." pensó, ya que no llevaba puesto ningún perfume. Las feromonas estaban haciendo efecto el. Era él. La persona que estaban buscando. No podía equivocarse.
—Eren.— llamó su atención, haciendo que éste la mire a los ojos. Pupilas dilatadas. Tal como pensaba. Vio que comenzaba a acercarse a su rostro y entró en pánico. —¿Qué estas haciendo?— Eso lo hizo razonar, sacudiendo la cabeza y alejándose de ella a su posición inicial.
—Lo siento, Annie. No se qué me pasó.— dijo llevándose una mano a la nuca. Un gesto nervioso, reconoció.
—Si.— coincidió. —Y respondiendo tu pregunta de antes... Creo que con cualquier regalo se pondrá feliz.— dijo rápidamente, caminando hacia otro lugar, dejándolo confundido. Pero era necesario. Necesitaba alejarse de él.
Su corazón estaba a mil por hora. No podía soportarlo. Primero Arlert y ahora Eren. Aunque esta vez fue diferente. Él estaba hechizado con sus feromonas, en cambio Armin, él no. O eso creía. De ninguna manera podía enamorarse de ella después de un beso. Era absurdo. Las feromonas también hicieron efecto en los humanos.
Estaba atrapada. Tenía a dos chicos detrás de ella: un devoto enamorado, y un hechizado. Ya no le gustaba el plan. Y lo peor de todo era que ambos son mejores amigos.
"¿Ahora qué hago?"
Continuará...
Dafne Uchiha: Gracias :) Lo de Eren o Armin no lo entendí muy bien, pero si te refieres a con quién se quedará al final, creo que es mas que obvio por las etiquetas :D
