Shaman king no es mío.
XVI. DETERMINACIÓN.
Era todo lo que Yoh quería en ese momento: estar junto a ella sin preocupaciones; sin reinos; sin familia; ni nada. Permanecer a su lado era su mayor anhelo, pero aún no comprendía por qué su felicidad no podía ser completa. Peor aún, no quería aceptar que su felicidad no estaría completa hasta que toda la guerra terminara. Aunque, pensándolo mejor, la guerra poco le importaba; no le interesaba el reino, ni las riquezas, ni su estatus como príncipe.
¿Cómo ella había cedido tan fácil? Lo amaba y no le importaba más nada. Yoh Asakura era el amor de su vida; no lo podía cambiar, pero tampoco quería hacerlo.
—¿Qué haremos, Asakura? —Anna hablaba sin mirarlo, pero podía sentir la mirada de él sobre ella.
—Enfrentaremos al rey —Era una afirmación firme, sin duda, pero, más allá de eso, la voz de Yoh permanecía tan tranquila que lograba aturdirla.
Sin embargo, ella ya tenía una decisión tomada.
—Huyamos al reino de los Tao —No había quiebre en su voz, únicamente determinación, seguridad y confianza. Sonaba tan como ella, que el Asakura menor sintió miedo.
—¿Estás bromeando? —Sabía que Anna nunca tomaba decisiones apresuradas; la conocía tan bien que incluso intuía que no la haría cambiar de opinión—. Nunca quisiste huir, ¿por qué de repente quieres hacerlo?
La rubia suspiró pesadamente.
—Lo único que me ataba al reino era Fausto, por eso nunca quise huir. Además, Pilika ya debe estar montada en el caballo de Ren; ambos escaparían a la media noche.
Yoh estaba confundido, mucho, pero poco le importaba. Se llevó la mano a sus oscuros cabellos y sonrió.
—Mañana, al amanecer, lo haremos; seremos tú y yo, y el reino y mi padre se pueden ir al diablo —Y la volvió a besar; necesitaba hacerlo.
Hubieran continuado, pero la puerta de la habitación, que pertenecía a la doncella, se abrió de golpe.
—Soy una imbécil, Anna. —aseguró una voz conocida.
Pilika observó la habitación y, percatándose de que su amiga no estaba sola, se disculpó y salió corriendo. Anna posó sus ojos en Yoh; él entendió la mirada de la rubia de inmediato: tenía que hablar con Pilika; así que la dejó vestirse y marcharse.
…
Era obvio que estaba ebrio.
Le había confesado a Tamao su crimen y su complicidad; por más que él no lo hubiese matado, la culpa era demasiado grande.
Vagaba tambaleante por los pasillos, pensando en una sola cosa: matar a Fudo y al rey, jurando que cuando el sol saliera, los dos cuerpos estarían bañados en sangre.
Desfundando su espada, fue a buscarlos.
…
—Lyserg, las cosas aquí se están volviendo turbias. ¿No crees que debemos regresar a nuestras tierras?
Morphin tenía razón: ambos corrían el riesgo de presenciar una batalla interna en el castillo donde se verían muy perjudicados. Pero, por otra parte, él había prometido ayudar a detener la guerra; definitivamente, Lyserg estaba en una grave situación.
—No podemos irnos —determinó el príncipe.
—Lyserg, lo siento, pero no permitiré que nos maten. ¡Piénsalo! Mikihisa está loco, mataron a Fausto, y Horo-Horo no puede ni ordenar su vida, ¿cómo pretendes que sigamos aquí? No arriesgaré mi vida; mañana me marcho.
—Morphin, has lo que tengas que hacer, pero no me iré —declaró.
—Perfecto. Entonces nos veremos luego, príncipe Lyserg.
…
Anna abrió la puerta del cuarto de Pilika, sin poder evitar preguntarse qué hacía ella en el reino; ¿acaso no tendría que haber huido con Ren?
—Creo que me debes una explicación. Se suponía que debías estar con Ren —acusó Anna.
Pilika estaba acostada, dándole la espalda a la rubia.
—Ya ves que no. He decidido quedarme, pero fue una equivocación muy grande.
—Tu hermano te trató mal, ¿cierto? —Anna se acercó y se sentó en la cama. Quería abrazarla y consolarla, pero algo se lo impedía—. ¿Qué te dijo él?
Se sentó, quedando en frente de Anna; aún había rastro de sus lágrimas en sus mejillas.
—Debes saber que ya no es mi hermano. A partir de ahora, el gran general Usui no tiene familia, ya que según él soy solamente la cocinera y criada de los Asakura.
Anna estaba sin habla. ¿Acaso alguien podría ser tan inhumano?
—Es increíble lo que me dices. Nunca pensé que Horo Horo cambiara tanto.
—Al parecer, las cosas con Yoh están mejor que nunca, eh —Anna volteó su rostro sonrojada, sabiendo que Pilika lo hacía para cambiar drásticamente de tema—. No te avergüences; en verdad me alegro por ustedes —Se quedó mirándola, esperando algún movimiento, pero la rubia parecía una estatua. Una muy sonrojada estatua.
—Yoh y yo tenemos pensado huir al reino de los Tao. Por ahora, es el único lugar seguro, ¿quieres venir con nosotros? —Anna seguía sin verla: no lo haría hasta sentir su sonrojo desaparecer.
—¿Se te olvida que allá está Ren? Estoy segura que debe odiarme. Él no me perdonará el haberlo dejado plantado, Anna. Puedo escapar; quiero hacerlo porque, si tú te vas, no hay ninguna razón por la que deba quedarme; pero no me pidas que vaya hacía el reino de los Tao porque no lo haré.
Y esa determinación marcó el fin de la conversación.
Luego de eso, Pilika no pudo contener su llanto: la culpa de haber dejado ir a Ren le taladraba la cabeza.
Anna se quedó con ella toda la noche.
…
Ren tenía frío.
Se sentía cansado y si sus cálculos no fallaban pronto llegaría al río. Para su fortuna, ya estaba bastante lejos de las tierras de los Asakura; sin embargo, aún le faltaba mucho para llegar a su castillo y aún no quería aceptar que Pilika lo había dejado plantado.
No podía juzgarla: la sangre era mucho más fuerte ante cualquier situación; ella amaba a Horo-Horo por encima de todas las cosas, y eso, él nunca lo podría cambiar. ¿En qué estaba pensando cuando le propuso huir? Fue muy tonto al pensar que Pilika lo escogería a él.
Le dolía dejar el reino; a fin de cuentas, estuvo allí por más de dos años. Casi recordaba con lujo de detalles la primera vez que la vio: con ese delantal sucio, sirviendo la mesa donde estaba él sentado, al lado de su hermana. Luego de eso, le rogó a Jun que lo dejara visitar el castillo de los Asakura. Recordaba que su hermana, con tal de verlo feliz, accedía y ambos inventaban varias excusas para que él pudiera ver a Pilika.
Jun había sido más que su hermana: fue su cómplice, compañera, amiga y madre. No se interpuso nunca entre sus sentimientos y lo apoyó cuando decidió quedarse en el reino Asakura; por supuesto le había dejado en claro que cuando quisiera regresar, las puertas del castillo estaban abiertas para él y también para Pilika.
Estaba regresando al lugar de su infancia y ahora empezaría una vida nueva.
Pilika Usui sería borrada por siempre de su memoria.
…
Marion estaba impaciente.
Por órdenes estrictas, estaba durmiendo en el cuarto que le habían asignado a Morphin, ya que ella había accedido a quedarse en el cuarto de Lyserg; asumía que Mikihisa debía estar muy concentrado en sus asuntos para no percatarse de la situación.
Sin embargo, estaba nerviosa: su encuentro con Hao la había dejado emocionalmente inestable; ansiosa. Juró que sus sentimientos hacia él estaban más que enterrados, pero, al parecer, no fue así. Además, enterarse de todo y saber que él no tuvo la culpa, la tenía al límite de la desesperación.
Tocaron la puerta y eso la terminó de alterar. Le habían prohibido abrir: era muy tarde y era imposible que alguien estuviera despierto.
Empezó a caminar en círculos por la habitación; la persona tras el pórtico de madera era demasiado insistente. ¿Y si era Anna? ¡Eso era! Tenía que ser ella y, por alguna extraña razón que no la dejaba hablar, auto-convenciéndose de su estúpida conclusión, abrió la puerta, encontrándose con el culpable de su ansiedad.
—No quiero ser grosera, pero vete. No puedes estar aquí, Hao.
—Estás loca si crees que me iré; hice malabares para poder llegar hasta aquí sin que nadie lo notara.
La tensión se podía agarrar con las manos: los nervios de Marion estaban al tope y la insistencia de Hao le había elevado la ansiedad.
—Si Anna te ve aquí, nos mata.
—Entonces déjame entrar, estaremos más tranquilos. ¡Tenemos que hablar!
—Ya lo hicimos, ¿se te olvidó? ¡Lárgate, Asakura! No quiero problemas con Anna. Además, ¿cómo hiciste para salir del cuarto? También lo tienes prohibido; alguien puede vernos.
—¿Cuándo dejaste a un lado tu timidez y la forma tan tonta con la que hablabas?
Contó hasta tres y se percató de que era cierto: le estaba gritando a Hao y no hablaba como siempre; debía estar muy ansiosa como para hacerlo.
—Eso no debería importarte, y ya lárgate. Entiende que todo esto es peligroso.
Hao hizo caso omiso y entró.
CONTINUARÁ… (Creo xD)
¡HOLA!
¿Alguien me extrañaba? Por hacerme feliz solo digan que sí (¿?) Debo decir que no tengo una excusa realmente buena… esta vez sí tardé mucho y lo lamento bastante, digamos que mi "vida real" me complicó las cosas y ahora ando en una encrucijada terrible, pero wee, de eso se trata la vida, de caerse y tener el valor suficiente para levantarse. Volviendo al capítulo, ¡PERDÓN POR LO CORTO!, pero es mi forma de expresar que el Fic continúa y ¡no moriré hasta acabarlo! Por otra parte ¿notaron que ahora puse el (—)? ya lo uso y usar el (-) me parecía feo jaja.
Recuerden que cualquier cosa me la pueden decir en un hermoso y sensual review que será contestado en sus respectivas cuentas :3 y si no la tienen, en las n/a del próximo capítulo.
Gracias a todos los que me dejaron review en el cap pasado, y espero que sigan al pendiente de este fic n_n
Debo hacer publicidad, subí un angst en días pasados jaja, si quieren pueden pasar y leerlo (:
Y sin más GRACIAS MELANIE, eres la mejor beta del mundo… este cap está decente gracias a vos :'D
Besos y éxitos.
