Shaman King no me pertenece.

XIX. LOCURA.

—¡Te estaba buscando, Asakura! —Reconocería esa voz aun sordo— ¡Príncipe Yoh!

—¡Vaya! ¿Ahora sí soy el príncipe?

—Su padre ha enloquecido, ¿no hará nada para ayudarlo?

—Fudo, Mikihisa me ha negado toda su vida, no podría importarme menos su salud mental.

—¿Y has visto a mi prometida? —Fudo hizo énfasis en "mi".

—¿Para qué quieres a la doncella?

—Vamos Yoh, ¿no lo viste? Anna ya no tiene nada de doncella.

Segundos después Fudo estaba en el piso con sangre en el labio, la nariz rota y un Asakura fuera de control sobre él.

—¡¿Qué hiciste con Anna?! —Se desconocía. Ese hombre que estaba matando a golpes a Fudo no era él; todo estaba mal.

—¿Te dolió no ser el primero? Si esto te sirve de consuelo, te diré: he estado con mejores.

Y Yoh perdió su poca cordura.

Todo desapareció. Ya nada importaba. Fudo estaba casi muerto en el piso; Yoh seguía golpeándolo; Marco tratando de separarlos; Mikihisa ordenando a los guardias detener a su hijo; Tamao, Marion y Lyserg viendo la escena a lo lejos.

Todo estaba ahí, sin embargo, nada pasaba.

Jeanne llegó al lugar a causa de los gritos y la multitud.

Seis guardias, dos reyes, un príncipe, dos princesas, y una fugitiva vieron el momento exacto en que Fudo perdía la consciencia en el suelo. Si había muerto o no, no era relevante.

Cuando Yoh pudo reaccionar fue tarde. Marco lo ayudó y lo levantó del suelo, dio vueltas sobre sí mismo y contempló el lugar: su padre (evidentemente ebrio) consternado a lo lejos; por un pasillo, su hermana, Lyserg y Marion mirándolo con temor; unos metros más y ahí estaba Jeanne mirando al suelo; y los guardias estaban asustados, dudando si acercarse o renunciar, ¿qué estaba pasando en Antaris?

El mundo le daba vueltas, miró sus manos hinchadas y cubiertas de sangre, la ropa se le pegaba a su cuerpo producto del sudor de la batalla y a sus pies un cuerpo… muerto o algo cercano a la muerte.

—¡Ustedes! —Marco señaló a los seis guardias que aún no salían del asombro— lleven a Fudo a un lugar donde puedan curarle las heridas —no se movieron, el miedo seguía presente en el lugar —¡Ahora!

—Yoh… Yoh por amor a Dios, háblame —Jeanne había tomado al Asakura menor de las manos, poco le importaba la sangre.

—¿Murió? ¿Lo maté?

—Vamos Yoh, hay que sacarte de aquí —Marco lo tomó del brazo y el Asakura comenzó a caminar casi a rastras.

—¿A dónde crees que te llevas a mi hijo, Marco?

Mikihisa se tambaleaba y caminaba apoyándose en las paredes.

—Vamos, Miki, está muy mal, debemos sacarlo de estos pasillos.

—No me digas Miki, Marco, ya no somos amigos.

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—,Muchachas— Habló Lyserg viendo la escena— estamos en problemas.

—¡Doncella Anna! —Anna estaba caminando por el lago y mirando su reflejo en el agua, buscando respuestas concretas a sus preguntas vacías.

—Chocolove, creí que habías entrado al castillo.

—Lo hice, pero pasó algo y consideré prudente decírselo —Estaba agitado. Chocolove era conocido por ser un excelente corredor. Debía ser grave, tenían que ser problemas.

—Nada podría sorprenderme —aún guardaba su compostura— todos estamos enloqueciendo, ¿qué pudo pasar en mi ausencia?

—Los guardias dicen que el príncipe Yoh mató a golpes a Fudo —Anna perdió su foco, su centro, su mente— Anna, ¿estás bien?

—¿Dónde está Yoh? ¡Dónde está!

—Anna no sé más, te juro quiero ayudar pero no sé nada más.

A Kyoyama se le olvidó respirar.

—Debo encontrar a Yoh, ahora.

—¿Qué es ese ruido de afuera? Hao y Horo seguían en el cuarto ideando el ataque perfecto.

—No sé, yo también estoy acá. ¿No los ves? —Horo rodó los ojos— Ve a ver, la guerra pudo haber comenzado y nosotros aquí como cobardes.

Horo atravesó unas cuantas puertas y divisó las espaldas de Lyserg, Marion y Tamao. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, Tamao sintió sus pasos y volteó. Se petrificó al verlo y recordó lo que había ocurrido momentos atrás.

—¿Estás bien?

De inmediato Marion y Lyserg voltearon a verlo.

—Nada está bien Horekeu, nada.

—¿Qué quieres decir con eso, Lyserg?

—Cállate y observa.

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—Es mi hijo, mi reino y mis reglas, te ordeno que lo sueltes.

—¿Hijo? ¿Qué sabes tú de criar un hijo? Uno resultó en la cárcel, a este lo niegas y tu hija te odia.

—Papá, cállate —Jeanne trataba de sujetar a Yoh— vas a empeorar las cosas.

—¡No! Es hora de que Mikihisa se comporte como un hombre.

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—Tamao, no entiendo, ¿por qué Yoh está así? ¿Por qué hay sangre en el piso?

—Marion vio cómo Fudo murió. Marion vio cómo Yoh mató a Fudo.

Lyserg, aún de espaldas a Horo, bajó la mirada; Tamao, por el contrario, lo veía a los ojos, como confirmando las palabras de la rubia.

—No me están hablando en serio, ¿cómo pasó? Es Yoh, el tranquilo y sonriente Yoh.

—Vamos Horo, ¿quién puede ser feliz en Antaris?

—Silencio, siguen hablando.

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—¡Oh, Marco! ¿En serio es tu mejor argumento? Hao cometió un error y está en la cárcel pagando por él, Yoh ni siquiera es mi hijo legítimo y para nadie es una mentira que Tamao nunca debió nacer.

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—Lo mato.

—Cálmate, Horokeu. Todos sabemos eso, no es una sorpresa.

—Pero Tamao…

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—¿En qué te has convertido, Mikihisa?

—Solo diré que seré el hombre más grande de la historia de este reino y nadie podrá detenerme —Suspiró— ¡Suelta a mi hijo!

Mikihisa intentó caminar sin ayuda pero no pudo. El piso lo recibió y no de la mejor manera.

Marco ni se inmutó. Aprovechó el momento y sacó a Yoh de los pasillos, Jeanne lo siguió.

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—Yo me encargo del rey, vayan con Hao. Debemos acabar con esto.

Asintieron y tomaron rumbos distintos.

—¿Qué ha pasado, Marion? Dame detalles, por favor.

En el camino al cuarto para encontrarse con el mayor de los hermanos Asakura, Lyserg había decidido buscar a Pilika. Después del inconveniente entre Yoh y Anna, ella había desaparecido. Tamao, por su parte, había decidido ir a ver a Yoh, por lo que ahora, Hao y Marion estaban sentados en la cama del Usui.

—Marion ha visto la muerte de Fudo.

—¿Fudo? ¿Quién mató a Fudo?

—Señor Hao —las lágrimas de Marion no pudieron ser detenidas— fue su hermano. Fue el príncipe Yoh.

Hao se tiró sobre la cama.

—¿Qué haremos ahora Mari? ¿Qué haremos?

—¡Detente, Anna! ¡Por ahí no encontrarás lo que buscas!

Anna se detuvo en seco cuando iba pisando el cuarto escalón.

—¿Y qué es lo busco, Lyserg?

—A Yoh, ya debes saber lo que pasó.

—No es un asesino.

—Tú no viste el cuerpo, tú no viste nada.

Anna lo encaró.

—Tú no lo conoces, Lyserg.

—Anna, en este punto de nuestras vidas y con Mikihisa suelto, ni siquiera sabemos quiénes somos. Somos nosotros contra él y ya perdimos hace mucho.

—Solo dime dónde está, necesito verlo, Lyserg.

—Con Jeanne y Marco, en mi cuarto. Ve pronto, Anna, eres la única que puede ayudar a Yoh.

La rubia subió a toda prisa, tenía que hablar con él.

—¡Yoh! —Anna había entrado sin tocar— ¿Qué pasó? ¡Dime que es mentira!

—Anna, por favor —intentó calmarla Marco— es muy pronto para esas preguntas.

Por supuesto, la rubia lo ignoró y siguió preguntando.

—Yoh, dime algo.

—Anna, hazle caso a Marco, mi hermano está muy mal aún —Tamao había llegado minutos atrás. Jamás lo había visto así y temía por su hermano.

El Asakura, que aún miraba al suelo, tomó a Anna de las manos y las acarició suavemente.

—¿Yoh? —Las tres mujeres de la habitación se preocupaban por él.

—No te preocupes, Anna; tu futuro esposo estará bien.

Marco y Jeanne suspiraron, por fin el Asakura estaba hablando, eso debía tranquilizarlos, pero no, Anna estaba inquieta con su agarre. Tamao estaba inmóvil.

—¿Qué ocurre Yoh?

Y la miró a los ojos. Había dolor y rabia, mucha rabia.

—Fudo no está muerto, aún respiraba y sonreía. Puedes volver con él cuando quieras, es más, ni siquiera vuelvas.

Yoh soltó las manos de Anna y se levantó de la cama.

—Gracias, Marco —Yoh caminó hacia la puerta y aún de espaldas a ellos terminó su discurso— nos casaremos esta noche, Jeanne. Nadie podrá oponerse.

—Yo me opongo, Yoh. Ya esto lo habíamos hablado, no nos casaremos.

Silencio.

Marco se limitaba a respirar; Jeanne miraba al piso, luego miraba a Yoh y finalmente sus ojos se posaban en Anna que aún seguía de rodillas y mirando hacia la cama.

—¿Qué te dijo Fudo? —Por fin Anna estaba hablando, sin embargo, su voz no era como siempre.

—Que había estado con mejores que tú.

—¿Le creíste?

—Los vi, todos los vimos, Anna.

—Yoh, esto debe ser un error, ¡Anna, defiéndete! —Marco tomó de los hombros a Jeanne, esta conversación era de dos, no tres.

—Eso me convierte en la mala ¿no es así?

—Adiós, Anna.

—Su alteza ¿se encuentra usted bien? —Horo Horo había dejado a Mikihisa en su habitación, le dio agua y lo dejó dormir un rato— ¿está mejor?

—Horokeu, mi único y buen amigo. ¿Por qué no fuiste tú mi hijo?

Seguía un poco ebrio, era evidente.

—Señor, ¿desea comer algo? Ya ha pasado la hora del almuerzo, puedo ordenar que le traigan algo

Sonrió. Mikihisa había sonreído.

—Ordeno que me traigan a Anna.

Problemas. Más problemas.

—¿La…la doncella Anna?

—¿Conoces a otra?

—No me tome por imprudente, majestad, pero ¿para qué quiere a Anna?

Mikihisa se sentó sobre la cama y tomó la cara del Usui.

—Vamos Horo, ya eres un hombre, ya debes saber para qué la quiero, quiero su doncellez, ¡ahora!

—Pe…pero majestad.

—Una hora. Si en una hora Anna no está aquí, despídete de tu hermana.

—¿Dónde tiene a Pilika?

—Te quedan 59 minutos.

Había escapado. Pilika había escapado. No había más alternativas; no estaba en el castillo, en la laguna, en los establos, en el jardín, Pilika había desaparecido.

—¿Su majestad, se le ofrece algo?

—Busco a Pilika, la cocinera.

—Creí que su prometida era la princesa Tamao.

—Lo es, pero la busco a ella.

—Se la llevaron los guardias, la descubrieron robando unos caballos.

—Debe ser una mentira, vengo de los establos; los caballos duermen y todo está en orden.

—Su majestad, soy solo un negro en un traje de lata, hágame caso, esa es la única verdad.

—¿En qué calabazo está?

—Vaya a casa, su alteza, ya nada puede hacer en Antaris.

—Anna.

—Estoy bien, Tamao, Yoh puede pensar lo que quiera.

—Piensa que eres una cualquiera.

—¿Por qué mejor no sigues a tu padre, Jeanne?

—Porque estoy de su lado, ¿por qué no podemos superar lo que pasó y trabajar juntas? Todos queremos que Mikihisa caiga, empecemos a cooperar.

Tocaron la puerta con fuerza.

—¿Quién es?

—Tenemos la orden de Su majestad, el rey Mikihisa.

—¿Qué buscan?

—El rey quiere a la doncella, todos los guardias la buscan, el General Horokeu ordenó la búsqueda.

—¿Que Horo hizo qué? —Tamao se asustó, algo malo estaba pasando afuera.

—¡Escóndete! —Le habló Jeanne— No es difícil adivinar para qué te quiere.

—No le tengo miedo, si él me quiere, accederé a sus deseos.

—Anna, tú no eres tonta. Después de usarte, te matará.

—O te hará su esposa y no sé qué es peor, si tenerte como cuñada o como madrastra.

Anna suspiró se escondió en el armario y Jeanne abrió la puerta.

—No tenemos lo que buscan. Ya pueden retirarse.

—El general dio la orden de desbaratar el castillo si era necesario y usted no manda en este reino, princesa.

Tamao, que se había mantenido ajena a la situación, decidió atacar.

—Pero yo sí, y ordeno que se vayan.

—Princesa, el general ordenó…

—Horokeu puede hacer lo que le venga en gana siempre y cuando acate las órdenes de sus superiores y yo soy la princesa y posible heredera al trono, más le vale que me obedezca y se marche.

Los guardias dejaron el cuarto y Anna salió de su escondite.

—Te prefiero como cuñada, Tamao. Como hija serías una niña problemática —Las tres rieron— Busquemos a Hao, necesitamos alternativas.

¿CONTINUARÁ?

Por supuesto que yes.

Hola gente, soy el colmo del descaro, lo sé, pero no me maten.

Quedan dos caps más el epílogo, picos pa todos/as.