Shaman King no me pertenece.

XX. ENTRE LA SANGRE Y LA PARED.


—¿¡Por qué me están encerrando?!

—Órdenes de Mikihisa. Guarde silencio.

—¿Se les olvida que soy la hermana del general de este estúpido reino? ¿Acaso quieren meterse en problemas? ¡Les ordeno que me suelten!

La golpearon. Los guardias aprovecharon y empezaron a lastimarla. Los gritos de la Usui eran inútiles. Estaba vencida.

—¡Yoh! ¡Príncipe!

Ignoró a Lyserg, lo que menos quería era hablar.

—¡Maldita sea, Asakura! ¡Sé hombre!

Yoh reaccionó.

—Tu padre encerró a Pilika. Debemos detenerlo, Yoh. Ahora.

—Anna…

—¿Anna? ¿Anna sabe dónde está? Yoh no podemos separarnos. Tu padre está jugando con nosotros.

Yoh no pudo decir gran cosa, los guardias los habían rodeado.

—Tenemos órdenes del rey Mikihisa, si no nos dicen la ubicación de la doncella Anna serán juzgados de traición al reino.

Yoh y Lyserg se miraron entre sí, las cosas se complicaban; con un plan o no, el ataque a Mikihisa tenía que comenzar.

—¿Qué hizo con Pilika? ¿Dónde tiene a mi hermana?

Horo quería perder la cabeza y golpear al hombre que tenía al frente pero no podía, no era momento de arriesgarse y complicar la situación.

—¿Crees que soy estúpido? ¿Crees que no sé que Hao escapó de la cárcel? Puedo ser un viejo borracho, querido Horo-Horo… pero no soy un imbécil.

Era el fin.

—No sé de qué está hablando, majestad.

—Tráeme a Anna, Horo, y serás el mejor general de la historia. Tu hermana quedará libre y ninguno de los dos será acusado de traición. Tienes mi palabra.

—¿Por qué Anna? ¿Qué obsesión tiene con ella?

—No pierdas más el tiempo, Horo. Pilika no será un buen alimento para mis ratas.

Cuando Fudo despertó alcanzó a distinguir la figura de uno de los Asakura, sonrió.

—La seguridad de este reino apesta. Mira que tener tantos guardias solo para ti y aun así logras huir… eres un maldito, Asakura.

—¿Qué le dijiste a mi hermano?

—La verdad

—Tu verdad no tiene validez.

Fudo no podía moverse, Yoh se había desquitado con él y en el fondo sentía que lo merecía.

—Tal vez… modifiqué la historia a mi favor. Ya sabes, hay que demostrar la hombría.

—¿La tocaste?

—Vamos, Hao, sabes que años atrás Anna hubiera accedido sin mayores ruegos, esas mujeres nunca cambian.

La poca compasión que Hao le tenía se fue a la basura, le dio otro golpe en la cara y eso sentenció la agonía de Fudo.

—Lárgate de mi reino y asegúrate que tus hombres no pisen mis tierras. Te acuso de traición a los Asakura.

—No eres el rey, Hao. No eres nadie.

—No necesito el título, Fudo, y puede que tal vez no sea rey, pero por lo menos soy más hombre que tú.

Hao dejó el lugar y fue a buscar a Marion.

Anna estaba en la cocina detrás de las chimeneas buscando algo de comer.

—¿Qué haces acá?

La rubia se sobresaltó. Conocía esa voz.

—¿Piensas delatarme? No ganarías nada con eso, Shalona.

—Esperaste mucho para huir. No le debes nada a este reino, Anna.

—Son palabras muy amables viniendo de ti, ¿segura que no vas a traicionarme? —Shalona sonreía mientras se acercaba a la rubia; esta, por su parte, comenzaba a retroceder— No sé qué pretendes, pero sabes de sobra que no confío en ti.

Anna se estrelló con la pared y Shalona acortó por completo las distancias abrazándola.

—Vete. Los guardias están afuera buscándote. No corras con la misma suerte que tu madre.

Anna se asustó.

—¿La conociste?

—Fue la mujer más valiente que vi. Ella me sanó hace muchos años y juré que le devolvería el favor. Murió antes de poder cumplirle esa promesa. Ahora tengo la oportunidad de saldar mi deuda. Huye, Anna, ve por detrás de la cocina, tú ya sabes el camino.

—Shalona, lo siento pero no puedo dejar a Yoh ni a Pilika.

—¿Sacrificarías tu vida por amor?

—¿Tú no?

—No sabemos dónde está la doncella.

—Discúlpenos, príncipe Lyserg, pero ya todos en el castillo sabemos que la señorita Anna le entregó su virginidad al joven Fudo.

Yoh no ocultó su enojo y golpeó al guardia, provocando que los otros se pusieran en posición de ataque.

—Ten más cuidado con lo que dices, puedo expulsarte del castillo si me da la gana.

—Príncipe Yoh, solo cumplimos ordenes de su padre. Le ruego que nos entienda.

—Señores, les repito, no sabemos dónde está la doncella. Si es cierto lo que dicen debe estar con Fudo curándole las heridas o en el peor de los casos ya tuvo que haber abandonado el castillo. ¿No creen que Mikihisa se molestará mucho si Anna logra huir del reino? —Yoh se mostraba nervioso ante esa nueva perspectiva. ¿Y si era cierto que lo que Lyserg decía? ¿Anna sería capaz de abandonar esas tierras y olvidarse de él?— Vamos Yoh, ayúdame, di algo.

Sintió el susurro de Lyserg a su derecha.

—Anna conoce este castillo mejor que nadie. El príncipe Lyserg tiene razón, ya debe estar en la aldea buscando la forma de mezclarse con las personas de ese lugar. Si yo fuera ustedes estaría registrando las calles.

Los guardias bajaron las armas y agacharon la cabeza en símbolo de resignación.

—Príncipe Yoh, proteja a la señorita Anna si la encuentra antes que nosotros. No queremos hacerle daño a la hija del general Fausto, pero nuestras vidas están en juego. Detenga la masacre que se avecina.

El Asakura menor asintió y los guardias se fueron.

—Andando. Anna nos necesita.

—La hermana del nuevo general de este reino en prisión, ¿qué está pasando afuera?

—No te ofendas, pero no produces confianza.

Pilika había ido a parar a la antigua celda de Hao.

—¿Tú eres la amiga de Anna?

—¿La conoces?

—Mejor de lo que crees —A pesar de la poca luz que entraba, Silver notó que estaba lastimada— Si me dices qué está ocurriendo afuera podría ayudarte.

—Mikihisa enloqueció. Por lo que escuché y el rastro de intuición que me queda, desposará a Anna y aprovechará que Fudo no está en sus tierras para atacar. Solo espero que Marco no se le una.

—¿No liberaron a Hao para prevenir esto?

—¿Conoces al príncipe?

—Fue mi compañero de celda.

Pilika enmudeció.

—¿Silver?

—Podemos salir juntos de esta, pero necesito que confíes en mí. Quiero ver muerto al rey.

—¿Qué te hizo Mikihisa?

—Me arrebató a mi hijo y a mi reino.

—Detén la búsqueda de Anna, Mikihisa. No ganarás nada.

—Mi buen amigo, ya te enteraste, qué eficaces son los guardias de este lugar. Cuando invadamos el otro reino serán de gran utilidad.

—No habrá ninguna invasión. Esto termina ahora.

—Hemos llegado muy lejos, Marco. ¿En serio vas a dejar que tu consciencia te gane? Piensa en el honor y la reputación que ganaremos. Piensa en el poder, en las tierras, el oro. Piensa todo lo que podremos obtener atacando ahora al reino de Fudo. Debemos aprovechar que el estúpido de Yoh lo dejó casi inerte. No tengas miedo, Marco. Esta guerra es nuestra.

—¿Eso qué tiene que ver con Anna?

—Es hermosa, joven, inteligente y obediente, las cualidades necesarias de cualquier mujer. Además, aún puedo embarazarla; aún puedo engendrar a un heredero digno de los Asakura.

—Es la hija de Fausto.

—Que no se te olvide que él murió.

—No me tomes por tonto. Sé que lo asesinaron. Fausto no era ningún cobarde como para irse por el camino fácil. Además, no dejaría a su hija.

—¿Qué tienen que ver las decisiones de él con Anna?

—Para una persona como tú que no sabe lo que es el amor de un padre hacia su hijo, estoy seguro que nunca has considerado la idea de pensar más allá de tus ambiciones. ¿Quién mato a Fausto, Mikihisa?

—Fudo. Fudo es el asesino.

Jeanne y Tamao seguían en la habitación. Por una parte, querían salir y ayudar, prevenir más muertes e injusticias, sin embargo, la parte racional de Jeanne las detenía.

—No ganaremos nada con salir. No sabemos cómo están las cosas afuera.

—¿Y ganamos algo acá adentro? Jeanne, por favor, son mis hermanos los que están afuera. Es mi reino el que está en peligro y es mi padre el que quiere acabar con todo esto.

—¿Y cuál es tu plan? ¿Salir y que los guardias nos rodeen? Ya nos libramos una vez de ellos, no será tan fácil hacerlo de nuevo.

—¿Planeas esperar el retorno de Marco? ¿Quién te asegura que mi padre no lo mandó a prisión? Todos le temen en estos momentos. Estamos indefensos.

—No podemos hacer nada, Tamao. Las buenas mujeres esperan el regreso de sus hombres.

—¿Y si ya encontraron a Anna?

—Ella no es tonta, lo sabes. Además, conoce este castillo mejor que nadie; sabe cómo esconderse y acortar el camino para llegar a donde necesita. Nuestra preocupación no es Anna.

—¿Realmente solo… —Tamao no alcanzó a terminar pues los insistentes golpes a la puerta la detuvieron— ¿Quién es?

—Solo soy un viejo amigo.

—¿Ren?

—Abran rápido. Anna se entregó.

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Continuará

Hola, amiguitos, ¿se acuerdan de mí? ¡Volví en forma de fichas! (¿?)

¿Por qué no actualicé antes? No voy a mentirlesss…

¿Qué creen que pasará? ¿Qué hará Mikihisa? ¿Qué hará Anna? ¿Por qué volvió Ren? ¿Qué le pasa a Lupita?

Ya, fuera de broma, espero que hayan disfrutado el cap, prometo terminar el fic y esta vez hablo en serio (L) Muchas gracias por leer. ¡No olviden comentar!