El sermón continuaba y por un momento deseó ser sorda ya que aquel hombre no cerraba la boca, miró sus opciones y la ventana estaba muy alta para saltar por ella así que él la atraparía antes de que llegara. Sintió un cosquilleo en sus piernas y supo que tampoco saldría corriendo.
-. ¿Me estás prestando atención? - preguntó con clara molestia en su voz.
-. Nadita. - dijo como niña pequeña, el teléfono vibró en sus manos y la pantalla se iluminó. Se concentró en su mensaje.
-. ¿Por qué no dijiste los problemas de tu Kosei?
-. Porque no - se encogió de hombros.
Ella continuó en su teléfono y Aizawa envuelto en su saco de dormir la miraba teclear frunciendo el ceño en ocasiones. La hermana menor de Bakugou Katsuki. ¿De donde había salido? Eso era lo que el azabache se había preguntado desde el primer día de clases. Él había estado en su casa luego de que lo secuestraran y jamás hubo señales de tener una hermana menor, jamás la mencionó.
-. ¿De donde saliste?
Katsumi sonrió -. De una vagina - cada vez que sonreía era un mal presagio. Ella tenía la sonrisa del diablo.
Lo sacaba de quicio la forma en que siempre daba una mala respuesta y quería estar por encima de todos todo el tiempo, incluyéndolo a él que era sus superior. Estaba para enseñarle y ella no se dejaba enseñar.
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Saori era la no.1 de la clase como era claro, le hacía honor a su apellido al igual que la revoltosa de Katsumi. Con el tiempo había bajado un poco la guardia, seguía con un millón de castigos acumulados pero por el momento tenía una pausa de agregarle más.
Caminaban sin perder a Aizawa de vista ya que estaban caminando en otra ciudad buscando una gasolinera porque no tenían combustible y él decidió llevarse a 5 de sus más revoltosos estudiantes para que no causaran problemas y así vigilarlos. Cada quien tomó el galón que le correspondía y emprendieron su camino. Llenaron el tanque y se disponían a irse.
-. ¡Aizawa-sensei! - llamó la albina - No encuentro a Katsumi.
Él azabache miró a su alrededor, la rubia ceniza no estaba en ninguna parte.
-. ¡Kuna, Inoue! ¿Donde está? - preguntó a los chicos frente a él, el de ojos dorados miró a su amiga de ojos Zafiro. Se encogieron de hombros indicando que no sabían - ¡estaba junto a ustedes!
-. Se detuvo un momento a atarse los cordones... luego de eso no la vi más - se defendió la rubia antes de cualquier cosa, Saori se acercó a ella y con su mano congelada le dio un puñetazo en la cara.
-. ¡Y tan normal lo dices! - gritó una vez que le tuvo en el suelo. Aquella chica nunca le calló bien y siempre se pegaba a Katsumi aunque la apartaba.
Tomó su teléfono y marcó el número de su amiga, conocía los límites de Katsumi y ella no se perdería solo por molestar a su maestro... al menos no sin decirle a ella. La llamada fue contestada y se escuchó una explosión. De igual forma las personas corrieron en dirección contraria mientras los alumnos se dirigieron a ella.
Aizawa detuvo a la mayoría pero no a Kuna ni a Yukimura quienes se adelantaron al encuentro, llegaron a un callejón de donde salía humo y ahí estaba la rubia ceniza frente a un chico más alto que ella con el pelo negro y alborotado, también tenía algunos extraños parches adheridos a su piel. Mientras que Katsumi tenía media explosión en su mano, él tenía una llama azul encendida, Saori conocía a ese chico, su hermana se lo había descrito y era de la liga de villanos. Lanzó una bola de fuego a la chica de ojos grises que nunca llegó pues había frente a ella una muralla de hielo.
-. Así que tienes compañía - susurró el chico. Katsumi agradeció internamente que hubiesen llegado a tiempo.
Esta vez aquel chico de los parches atacó a sus amigos pero el fuego no llegó pues ella hizo una pequeña explosión controlada en él. Aquello se le hacía difícil y le hacía gastar muchas energías.
-. ¿¡Donde diablos está Eraser!? - gritó a su compañeros, ellos también se preguntaban lo mismo.
-. Estoy seguro que EraserHead tiene sus propios problemas. - Katsumi lanzó una explosión que por fin acertó. Pero no fue de mucha ayuda. Dio la espalda un momento para ayudar a Kuna a reincorporarse pero nunca llegó. El chico la tomó por el cuello y pegó a la pared - ¿tú maestro no te dijo que no des la espalda en la lucha? - prendió fuego al suelo para que los demás no se acercaran.
-. ¡Apaga ese maldito fuego, rápido! - escucharon como gritaba Saori al chico con peculiaridad de agua.
-. Suéltame...
-. No estás en posición de hacer exigencias. - Katsumi no respondió. El aire casi se acababa y aquel chico de ojos azules sonreía al verla quemada y sucia.
-. ¿Que quieres? - preguntó como ultima salida. Él sonrió de medio lado y la miró a los ojos mientras que soltaba un poco su agarre. Katsumi vio el momento y explotó todo su cuerpo haciendo que él chico se desintegrara.
Ver aquello le causó una enorme repulsión haciendo que vomitara. Sintió una mano en su espalda y era su albina amiga brindándole una sonrisa. Estaba sucia y algo quemada, miró hacia adelante y notó que había atravesado el fuego cuando notó la explosión. Katsumi se desmayó en las piernas de la albina. Saori se sentó ahí con ella y con su ultimas fuerzas las cubrió a ambas en hielo.
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Horas después de que las quemaduras habían sido curadas las chicas aún no despertaban, fueron llevadas al hospital más cercano y llamaron a sus hermanos mayores, en aquella habitación la primera en despertar fue Katsumi que al abrir los ojos se encontró a Airi queriendo golpear a su maestro mientras era sostenida por Kirishima.
-. ¡Duerme con un ojo abierto! - fue lo último que dijo al hombre, aún nadie se había dado cuenta de que ella había despertado.
-. Tienes problemas de ira, Hayashi.
-. Se irán cuando pueda golpearte, tenlo por seguro Aizawa.
Un quejido salió de la boca de la rubia ceniza al intentar moverse, las vendas que tenía el el estómago eran molestas y le rozaban al moverse. Rápidamente se acercaron a su cama.
-. ¡Perra, deja de preocuparme!
-. ¡Cállate, hermano tonto!
-. ¡Dejen de pelear!
-. Lo sentimos Shiori - dijeron los hermanos al unísono. Rieron por el parecido que los rubios tenían en casi todo.
-. Hace demasiado calor - dijo Saori despertando. Su hermana la abrazó junto a Izuku.
La Yukimura mayor tomó la mano de su hermana para así con ayuda de su Quirk bajar su temperatura. Shiori con ayuda de Airi y con regaños de Aizawa entraron algo de comida a la habitación de las chicas.
-. No jodas Shōta. No estamos en la escuela, sería mejor que te fueras - Shiori le dio un pequeño golpe con el codo y el rodó los ojos al escudar a Airi llamarlo por su nombre en la privacidad.
-. Yukimura y Bakugou son mis alumnas. Me quedo. - la pelirrosa entrecerró los ojos con ira. Nunca soporto la forma tan tranquila de aquel hombre.
-. Shōta... déjala descansar.
-. Que deje de hacer desastres - se encogió de hombros - ella camina sobre tus huellas.
Shiori dejó a su amiga y a su antiguo maestro solos en el pasillo, no se quedaría ahí como tercera rueda mientras ellos discutían en pleno hospital.
-. Nunca cambiarás.
-. Tu tampoco, Hayashi.
-. ¿Ahora soy Hayashi? - preguntó con media sonrisa y una ceja levantada.
-. Pequeña Airi - susurró el hombre mientras colocaba una mano en la cabeza de la chica. Ella se sonrojó y le dio media sonrisa.
-. Eres un idiota...
Ambos entraron para ver a las chicas que estaban gustosas comiendo sus dulces, ya habían dado sus declaraciones y casi acababa la hora de visita, el maestro las cuidaría por orden de la escuela así que sus hermanos y amigos se irían pronto. Aizawa se metió en su saco de dormir mientras las menores se despedían. Las cuatro personas prometieron regresar temprano antes de irse.
La rubia ceniza y la albina continuaron hablando animadamente mientras el hombre dormía. Horas más tarde decidieron dormir y así lo hicieron aunque sólo una lo logró. Katsumi no dormía por el dolor de aquellas quemaduras que le causó aquel chico más las de su propio kosei fuera de control. Estaba sentada en la cama jugando en su teléfono para así distraerse de aquel casi insoportable dolor.
Puso los pies en el frío piso, se levantaría a tomar un poco de ahí y se recostaría en el piso para así calmar el ardor. Justo en el momento en que se puso de pie una voz la asustó.
-. ¿Que haces? - le dijo su maestro. Acababa de levantar así que la voz del azabache estaba más ronca de lo normal lo cual hizo que la piel de la rubia se erizara.
-. A buscar agua, no quería molestarte.
-. Siéntate, yo te la llevaré - y así lo hizo, bajo la tenue luz que se escapa de la puerta entreabierta del baño ella observaba cada perezoso movimiento de Aizawa. Le entregó el vaso con el liquido dentro.
-. Gracias - dijo casi inaudible. Odiaba tener que ser una carga. Él no dijo nada y ella tomó todo el vaso de un sorbo. -. ¿Puedes traerme otro?
Aizawa repitió el mismo procedimiento de antes.
-. Gracias por cuidarnos...
-. Es mi obligación como maestro, no agradezcas.
-. No es verdad. Tu deber es estar al tanto, no estar aquí... Pido disculpas por Saori y por mi por ser una molestia - ante esas palabras Aizawa sonrió y sabía que ella no podía verlo.
-. No son débiles. Ojalá todos mis estudiantes fueran tan fuerte como ustedes. Ahora duerme, debes descansar.
