Shaman King no me pertenece.


XXI. HUYE.


—¿Por qué estás acá, Ren? Los rumores afirmaban que habías vuelto a tu reino.

El Tao suspiró. Lo que pasaba en el castillo era mucho más importante que sus acciones. Además, era obvio su regreso.

—No dejaré a Pilika sola en este lugar… no después de lo que acabo de ver.

—¿En serio Anna se entregó?

Afirmó con la cabeza.

—No sé qué ha pasado desde que me fui y tampoco quiero los detalles, pero tenemos que liberar a Anna.

—No podemos, Ren. No sin antes idear la forma de no correr con la misma suerte que ella.

—¿Desde cuándo eres tan cobarde, Jeanne?

—No ganaremos nada exponiéndonos. —Tamao, que hasta el momento había estado ajena a la conversación, intercedió a favor de Jeanne.

—Te recuerdo que es tu reino el que está pudriéndose.

—Y como princesa te ordeno que te sientes. No quiero más muertos, Ren. Con Fausto fue suficiente.

—Entonces acúsame de traición, deshonor o irrespeto a la hija mimada del rey, pero no dejaré que Anna muera a manos de tu padre. —Ren dio dos pasos y llegó a la puerta. Ninguna lo detuvo— nos encerraron. La puerta no abre.

Las dos mujeres se levantaron y empujaron con todas sus fuerzas.

—Bueno, princesas: estamos en problemas.

—Shalona, soy incapaz de creerte. ¿Qué hizo mi madre como para que quieras ayudarme?

—Ya te lo expliqué. Anna, solo huye. Si te atrapan serás la esclava de Mikihisa y nunca estarás con Yoh.

—Basta, no puedo pensar.

—¿Pensar? Anna eres joven aún. No desperdicies tu vida en este lugar. ¡Huye!

—¿Qué pasará con Pilika? Yoh es príncipe, tiene algo más de libertad y poder. Pilika no. Ya no tiene el apoyo de su hermano.

—Yo cuidaré de ella.

—No te ofendas, Shalona, pero no te creo. Yo he visto cómo la maltratas y la humillas.

—Dame el beneficio de la duda. Anna, vete, no tienes nada que hacer aquí.

Los golpes de los guardias aumentaron. En cualquier momento la puerta caería.

—Si a Pilika le pasa algo te juro que volveré y lo lamentarás.

Shalona le sonrió y Anna emprendió su huida.

Pero fue tarde.

La puerta cayó y, por lo menos veinte guardias, entraron al lugar. Anna no miró atrás, sabía que si paraba sería capturada.

Caminó entre los almacenamientos de comida y los gritos de Shalona la atemorizaban, y cuando estos cesaron se permitió dar vuelta.

Tres guardias se abalanzaron sobre ella y otros dos bloquearon la entrada trasera. Anna forcejeó pero cuando vio las espadas en su cara supo que todo estaba perdido. No se resistió más y empezó a caminar. Tenía que afrontar la situación con la frente en alto.

Volvió en sus pasos y divisó la puerta por la que entró. Otros diez guardias, dispuestos a atacar, estaban allí. Siguió caminando hasta que tropezó con algo.

No lloró. No iba a doblegarse de esa manera.

Se agachó y cerró los párpados de Shalona. A pesar de la poca luz, podía ver el cuerpo cubierto de sangre.

Anna susurró un perdón y caminó hacia la puerta. La amarraron y la rodearon.

—¿Creen que el rey se moleste si empezamos el festín sin él?

—La orden fue capturarla y entregarla a Mikihisa. Hay decenas de prostitutas en el pueblo. Dejen en paz a Anna.

—Siempre has sido un aguafiestas, Chocolove. —Replicó otro guardia— pero tiene razón. Quiero conservar mi empleo.

Anna miró a Chocolove y este alcanzó a leer un "gracias" de sus labios. Asintió y se fue.

Atada de pies y manos, Anna caminaba al ritmo de sus captores. Atravesaron todo el jardín hasta llegar a la entrada principal del castillo Asakura. Era el fin y ella lo sabía, sin embargo, como último escape decidió inspeccionar por última vez el lugar y, como si de un milagro se tratara, Ren estaba con los ojos puestos en ella. Se le veía alterado y furioso.

En un vano intento por calmarlo le sonrió. Ren bufó y Anna sonrió.

La empujaron y siguió caminando.

Ren miraba el panorama a lo lejos y se sentía impotente. ¿Qué debía hacer? ¿A quién buscar? Además que Anna estuviera amarrada y forzada, no le daba buena espina. Se llenó de ira cuando vio cómo la empujaban y lo obligaban a entrar. Sin embargo, los gritos de la rubia se hicieron presentes.

—¡Jeanne!

Ren no entendía.

—¡Busca a Jeanne!

Sintió como los guardias la trataban de loca y la halaron de la cuerda.

Eso era: tenía que buscar a Jeanne.

—Tenemos que separarnos y encontrar a Anna —Yoh observaba el gran salón del castillo. Ahora, ese lugar de rocas y barro le parecía absurdamente gigante.

—¿Y encontrarla va a prevenir que tu padre arme una guerra? —Lyserg también estaba asqueado con la situación. Este no era su reino, ni su gente.

—¿Lyserg, de qué lado estás? —Yoh alzó su voz y eso fue suficiente para que la paciencia de Diethel llegara al límite.

—¿Vas a desconfiar de mí?

—¿Tengo razones para hacerlo?

Lyserg no alcanzó a responder. Su mirada dio con una de las tantas entradas del salón y automáticamente quedó de piedra.

—Yoh, voltea.

El Asakura vio el miedo en los ojos de su amigo y dio vuelta. Una parte de su vida acababa de morir.

Anna estaba herida, había sangre en sus brazos y piernas. Además, sus manos y pies ya tenían las marcas de las sogas.

—¡Suéltenla! —ordenó Yoh— ¡He dicho que la suelten!

Recorrió el salón dispuesto a enfrentarse a los guardias. Tres espadas en su cara lo recibieron.

—Lo sentimos, príncipe Yoh. Son órdenes de su padre.

Lyserg se acercó y agarró al Asakura de los brazos.

—Cálmate, Yoh.

Anna estaba ausente de la situación. Estaba cansada y sus brazos y piernas ya no respondían.

—¡Mi padre se puede ir a la mierda! —Yoh se safó del agarre de Lyserg y enfrentó a los guardias— si no la sueltan ahora mismo, todos pueden ir olvidándose de este reino.

Los guardias, aunque retrocedieron, no bajaron las espadas.

—Siguen mis mandatos y los de tu padre. Tú no tienes poder ahora, Yoh. —Esa voz provenia de las escaleras, incluso la reconocían a la perfección— dejen a Anna pero no le quiten las sogas, yo me encargaré de llevarla con Mikihisa.

—¿En serio eres tan miserable, Usui?

—No entiendo qué haces acá. Este no es tu reino, Lyserg.

—Pensé que estabas de nuestro lado —Yoh estaba con la mirada en el suelo.

—Lo estoy Yoh, pero no pienso arriesgar a mi familia. ¡Vayanse! —Le ordenó a los guardias— su misión ha terminado.

Horo terminó de bajar a las gradas y quedó enfrente de Anna.

—Perdóname —Anna sonrió y dejó que su amigo llorara.

—Todo saldrá bien —esas tres palabras hicieron eco en todo el lugar. Yoh levantó la mirada y se encontró con la de Anna— ¿Verdad? —Yoh no pudo decir nada y Lyserg estaba con la mente en otro lugar. —Llévame con el rey, Horo Horo, y terminemos con esto.

No sabía en qué estaba pensando cuando decidió entrar a esa cuarto, y que Fudo siguiera balbuceando cosas no ayudaba a la situación.

Estaba tenso.

Maldijo mil veces sus decisiones equivocadas. Ahora tenía que quedarse allí y recibir señales de alguna parte. Lo poco que escuchaba a través de la puerta, se resumía a la rubia.

—Solo espero que no hayas hecho alguna estupidez, Anna.

—¿Sigues preocupado por esa?

—Y tú sigues vivo. ¿Por qué no simplemente cierras los ojos y mueres?

—No moriré hasta ver a los Asakura destruidos.

—Es tu reino el que está desprotegido. No seas ingenuo, Fudo.

—Sabes que si muero Yoh tendrá problemas muy graves.

—A nadie le importas.

La plática pudo continuar pero las cosas en el exterior habían empeorado.

"Se entregó" "Ya la doncella está con Mikihisa" "El general Usui la estaba arrastrando" "Están encerrados ahora"

—¿Quieres huir? Siempre te estás escondiendo, eres como una rata, Hao.

—No busques tu muerte en mis manos.

Empezó a dar vueltas por la habitación. Se asomó por la ventana y supo que era una pésima idea. Solo le quedaba esperar. Golpeó la pared y gritó.

Hao perdió la poca paciencia cuando la puerta de la habitación empezó a moverse. Estaba acorralado.

Fudo aprovechó y con sus escasas fuerzas comenzó a gritar. Hao se abalanzó sobre él y logró callarlo un poco.

—Tienes miedo. Sabes que si te atrapan eres hombre muerto y todos tus planes se irán al carajo.

Un sudor frío pasó por la espalda del Asakura cuando la puerta fue derribada. Dos guardias estaban de pie y temió lo peor. Sin embargo, seguían de pie en la puerta. No hablaban ni se movían. Algo andaba mal.

—Hao se ha escapado de prisión, regrésenlo a la celda.

Silencio.

—Ustedes no son guardias de este castillo —Los dos sujetos se quitaron los yelmos y por el cuerpo del Asakura pasó un viento de tranquilidad— no vuelvan a jugar así.

Morphin y Marion rieron.

—Señor Hao, los verdaderos guardias capturaron a Anna.

—Tenemos que salvarla.

Los tres dejaron el lugar y dejaron a Fudo sobre la cama, el destino de él, poco o nada importaba.


Continuará.

Holissss.

El cap siguiente ya lo tengo escrito hasta la mitad, así que espero que la próxima actualización no demore tanto. Muchas gracias a todos lo que leen. Un abracito.