Shaman King no me pertenece.
XXII. Nos rendimos
Era el día perfecto para una boda. Los guardias se ubicaron según lo acordado y rodearon todo el castillo. Las sirvientas terminaron de preparar y acomodar los diferentes platillos que se ofrecerían a los invitados y las demás criadas y doncellas recogían cualquier elemento que no hiciera juego con la decoración del lugar. Los caballeros dejaban sus animales en los establos y compartían algunas palabras sobre las batallas y sus posibles cruces en su dinastía. Otros más osados y reconocidos, mostraban con orgullo los premios que habían obtenido en las diferentes cruzadas. De vez en cuando, una que otra muchacha se escondía por los diferentes pasillos para observarlos; nunca se sabía cuándo uno de esos hombres de alto renombre podría estar buscando una esposa. Los reyes acababan el vino mientras sus esposas aguardaban las órdenes de ellos. Los músicos seguían el ritmo que el viento les pedía y los novios no querían esperar un minuto más para estar casados bajo el mandato de Dios.
—En estos tiempos te casas por dos razones: por amor o por mantener el linaje de tu familia y qué bueno que esta boda tenga estos dos elementos.
—No tienen ni qué decirlo. Qué bueno por el rey Miki, su hijo mayor es un caballero que ha ganado todos los torneos nacionales, su hija menor está comprometida con el príncipe Lyserg, futuro heredero de casi media Inglaterra y Yoh, a punto de darle el sí a la hija del soberano de Francia. Los Asakura son personas astutas y envidiables.
—Bueno, bueno, podrá ser la hija del dueño de Francia, pero eso no garantiza que Yoh sea un buen dirigente. Todos sabemos lo vago que es.
—Deja la envidia, Fudo. Tus terrenos son grandes pero no se comparan con un reino entero, quizá te falta un buen cruce.
—Vamos, Ren, no hablemos de lo que me falta porque acá entre nos es evidente que tu Dinastía viene en decadencia. Tu hermana escogió un mal marido. ¿Un guardia? Esperaba más de ella.
—No me importan las decisiones de Jun, solo me interesa que el castillo no se derrumbe y de eso me encargo personalmente.
—¿Seguro? Algunas familias comentan que últimamente solo te la pasas recorriendo los países compitiendo en justas de medio pelo y ganando trofeos de metales débiles. Deberías aprender de mí. Soy joven y ya dirijo y sostengo un reino. Puedo darte algunas clases.
Ren no caería en las provocaciones. Él valía mucho más que eso.
—¿Más vino? —Una criada se había acercado a los dos hombres. Lucía débil y era evidente que no se alimentaba bien —. Ya casi comienza la boda ¿conocen sus asientos?
—Ya era hora. Típico de Yoh, hacernos esperar —Fudo fue a buscar su asiento y el Tao aprovechó la oportunidad.
—Sigo sin encontrar a tu hermano. Lo siento, Pilika.
—Agradezco mucho lo que haces pero siento que seguir buscándolo es caso perdido. Déjalo, Ren. Ya regresará.
—También lo hago por mí, sabes lo mucho que lo aprecio.
La mujer asintió con su cabeza y dejó al Tao solo.
Todo ocurrió según lo planeado. Jeanne y Yoh se habían casado y en ambos reinos la fiesta duró varios días. El pueblo también disfrutó la celebración y pudieron descansar de sus obligaciones.
—Qué bueno que pertenecemos al pueblo y no a la realeza. ¿Verdad, Anna?
—Me gustaría vivir en un castillo y tener una que otra persona trabajando para mí, pero tienes razón: no imagino mi vida rodeada de tantos engaños y mentiras. Además, por fortuna no soy ofrecida a ningún caballero extranjero o algún príncipe con ansias de agrandar sus tierras.
—¿Eres feliz? Aquí en la mugre y la pobreza nunca sabrás si tu verdadero amor es uno de esos príncipes.
—Prefiero no averiguarlo.
.
.
.
—Llegamos, Anna.
La rubia abrió los ojos y lo primero que vio fue la puerta de Mikihisa. Qué fácil habría sido su vida si tan solo su madre no hubiera muerto y Fausto nunca hubiera aparecido. Yoh estaría casado, Hao libre, Ren en su reino, Horo recorriendo el mundo y Pilika (con menor suerte) al menos no estaría metida en un lío de reyes. Anna estaría en su casa, con su pueblo y lejos de ese mundo de traiciones.
—Me estás entregando al diablo. ¿Estás consciente de eso?
—Tengo un plan, entraremos juntos y apenas Mikihisa me diga el paradero de mi hermana lo atacaré, si es necesario lo mataré y así escaparemos.
El Usui seguía siendo bastante inocente aun con toda la mierda que tenía encima.
—No dejes a Pilika, te necesita ahora más que nunca.
—Tampoco pienso dejarte.
—Es tarde para eso.
Cuando Horo iba a abrir la puerta, el causante de todos sus problemas apareció bajo el umbral.
—¿Por qué la tardanza?
—Se puso un poco difícil. ¿Ya podemos pasar?
—¿Podemos? Tú ya puedes irte. De ahora en adelante Anna es mía.
—Ese no era el trato. Además no pienso dejarlo solo con ella.
El rey rodó los ojos y chasqueó sus dedos. Segundos después, cinco guardias salieron del cuarto y apuntaron con sus espadas al Usui. Por un movimiento casi autómata protegió a Anna con su cuerpo.
—Sobre mi cadáver, su majestad.
—Como quieras.
.
.
.
—Debiste buscarnos.
—¿Crees que no lo hice? No pude ni cruzar el pasillo y tuve que volver, no es por gusto que esté compartiendo aire con el moribundo.
—Sé un poco más cordial, Hao.
—A la mierda. Fudo puede morirse en esa cama y a nadie le importará, ni siquiera a su gente.
—Si lo analizas un poco ¿no crees que es algo triste? Tú tienes a tus hermanos y a Marion, yo tengo a mi familia en el castillo y a… —Morphin tuvo que callar pues no quería ser imprudente.
—Y a Lyserg —completó Marion.
—Y al príncipe, sí.
—Afuera hay una guerra y ustedes prefieren quedarse a ver la muerte de una persona. ¿Qué tan enfermos están?
—No me hagas matarte, Fudo —Hao se alejó de la ventana y se acercó a la cama.
—Si quisieras matarme ya lo habrías hecho.
El Asakura iba a responder las provocaciones pero el ruido de afuera lo interrumpió.
—¿Qué ocurre? —Marion dejó el suelo y asomó con cuidado— Los guardias… los guardias están incendiando el jardín.
Morphin también se asomó y corrigió la información dada por la rubia.
—Es Chocolove. Chocolove está quemando los jardines.
—¿Una distracción? ¿Será posible? —Hao se olvidó de Fudo y se acercó a las mujeres— No quiero quedarme aquí.
—Chocolove es muy amigo de Anna y si está arriesgando su vida es porque algo está pasando afuera. Tenemos que salir. Debemos tomar una decisión. —Marion terminó de hablar y volvió a mirar hacia los jardines— ¿Esa es Pilika?
Los tres no apartaron la vista de las afueras del castillo. Como si de una cámara lenta se tratara, todos los presos habían abandonado las celdas y corrían lo más rápido que podían para no dejarse atrapar. La Usui, presa del miedo, no tenía un rumbo fijo, pero no pasó mucho tiempo para que se uniera a Chocolove y ayudara a expandir el fuego por los matorrales. Los guardias que rodeaban la estructura no daban abasto con la fuga y en cuestión de segundos varios más salieron del castillo.
—Eso pretende. Quiere que el castillo quede vacío, es nuestra oportunidad de atacar a Mikihisa. —La euforia con la que Hao había hablado se esfumó cuando sintió una de las manos de Marion sobre su hombro. Miró a la cama y, como era de esperarse, Fudo ya no estaba con ellos.
.
.
.
No tenía nada qué perder. Tomó uno de los leños y dejó que las llamas consumieran la hierba seca del suelo.
—Nos meteremos en problemas ¿Estás segura de correr el riesgo? —Pilika le asintió a Chocolove y con ayuda de unos cuantos presos más, el castillo de los Asakura pronto sería escombros.
Todo era un caos allí abajo. Entre tantas personas y guardias no se sabía quiénes pertenecían al motín y cuáles seguían venerando a Mikihisa.
—Silver —Intentó hablar Pilika— quiere matar al rey. Organizó el motín desde adentro, al parecer esperó este momento por años.
—Créeme, todos hemos esperado por eso.
Cuando notaron que todo estaba saliendo de control, supieron que era el momento de parar el fuego. Ya con el que había sería suficiente para llamar la atención y obligar a todos a salir del castillo. Corrieron y se refugiaron en las caballerizas.
—¿Todo saldrá bien, verdad?
.
.
.
—Eras la prometida del estúpido de Yoh y no te dieron una maldita habitación decente.
No sabía cuánto tiempo llevaban encerrados pero todo era desesperante. De afuera solo se escuchaban gritos de auxilio, fuego y locura. Ren seguía desbaratando el cuarto buscando la manera de encontrar alguna herramienta lo suficientemente fuerte como para romper una puerta.
—Por ser tan impulsivo es que nunca serás rey.
—Vamos, Jeanne, ¿en serio quieres hablar de esto ahora?
—Esto está mal, muy mal— Tamao se levantó de la cama y empezó a buscar con el Tao.
—No hay nada. Conozco la habitación mejor que nadie.
—¿Y pretendes que nos quedemos aquí sin hacer nada? Eres la más inteligente de los tres, ayúdanos a pensar.
Tamao detuvo su búsqueda cuando sintió que un ligero humo entraba a la habitación. Se asomó por la ventana y lo único que veía era guardias atacándose entre ellos, gente que nunca en su vida había visto y algunos pastizales quemándose.
—Hazlo caso a Ren, Jeanne. O lo lamentaremos.
.
.
.
—¡Hay fuego afuera y ustedes siguen protegiendo al loco de mi padre! ¿Acaso quieren morir?
Yoh y Lyserg se habían separado; el primero había corrido directamente a la habitación de su padre mientras que el segundo quiso recorrer los pasillos para encontrarse los demás. Mientras más aliados tuvieran, mejor.
—Usted nunca tuvo poder en este lugar. Le rogamos que se vaya o lo mataremos. El rey Mikihisa nos dio el permiso para hacerlo.
El Asakura no podía hacer nada. Eran tres guardias y él ni siqueira tenía una espada.
—Anna está con mi padre, debo sacarla de ahí.
—La doncella se entregó voluntariamente y en esto momento debe estar consumando el futuro matrimonio con el rey. La rogamos que no se interponga.
Yoh no pudo controlar sus emociones y simplemente golpeó a uno de los hombres que obstruía el paso. Instantes después, los otros habían sacado sus espadas y apuntaban a su rostro.
—No nos obligue, por favor.
Era el fin.
Continuará.
Holasssssssss, ¿cómo les baila la cola? Solo paso a decir que sigo viva y que no sé cómo ni cuándo seguiré actualizando y poniéndole un fin decente a este y al otro LongFic que tengo por ahí.
Sin más que decir, salvo que ofrezco disculpas a todas las personas que seguían(¿siguen?) este fic por haber tardado tanto. Os aprecio mucho.
Muchas gracias por siempre estar. Un beso.
