Shaman King no me pertenece.
XXIII. El diario de Elisa.
Mikihisa se lo había robado todo años atrás y era su turno de vengarse. Recorrió cada pasillo de memoria, cruzó habitaciones y lugares secretos que él conocía muy bien. Cada guardia que se le cruzaba palidecía y temblaba de miedo. Sabía que lo habían dado por muerto y ahora más que nunca lo agradecía. Venía a reclamar su trono, su honor y a su hijo.
Llegó a la puerta que lo separaba del cuarto de Miki. Tendría que atravesar un pasillo y llegaría con el causante de su desgracia, sin embargo, el olor a sangre lo desconcertó por un momento. Pensó lo peor. No quería ni creer que había llegado tarde y que su plan de años había fracasado. Avanzó por el pasillo y se tropezó con el cuerpo.
Ahora tenía que buscar la manera de decirle a Jeanne que su amado padre había muerto.
...
Por alguna extraña razón el cuarto de Mikihisa olía horrible. Anna casi quiso vomitar, pero en su condición lo menos que podía hacer era mostrar debilidad ante el Rey.
—Mira nada más, cuánto tiempo sin vernos y esta vez no habrá interrupciones.
—Sigo sin saber qué quiere de mí. Mi virginidad se la entregué a Yoh así que usted ya no tendrá ese privilegio.
—No me importa si te acostaste con Yoh, con Fudo, con Ren en las mazmorras o incluso con el negro. No te quiero para eso.
Anna no trataba de huir, solo quería hacer tiempo para que la ayuda llegara. Dentro de sí sabía que Yoh no la dejaría sola y que iría a rescatarla, pero ahora Mikihisa había despertado en ella una extraña curiosidad.
—¿A qué se refiere? —Mikihisa se acercó a uno de los libreros y tomó un cuaderno que Anna conocía muy bien— Eso no le pertenece. ¡Era de mi madre!
—Imagino que no lo has leído. Por mi parte, querida Anna, lo he leído tantas veces que puedo recitarlo de memoria —Dicho esto lo arrojó a los pies de la rubia— Léelo para mí.
Estaba confundida. ¿Qué tenía que ver su madre con Mikihisa? De cualquiera manera no tenía forma de rechistar.
—¿Desde qué punto debo comenzar a leer? —Anna comenzó a ojear las notas pero no encontraba un punto o un hecho clave —Es muy largo y no tenemos tiempo. Como sabrá hay un incendio afuera.
—No vamos a morir si es lo que te preocupa. Y si lo hacemos, debes saber la verdad. Por la mitad hay unas páginas marcadas. Lo que hay antes puedes leerlo si sobrevives, no me interesa —Anna siguió la indicación y notó que la fecha era anterior a su nacimiento— Pronto entenderás.
Mikihisa vino a verme. No sé si sabe lo que hace pero es evidente que no. Si los guardias o su padre lo descubren pronto los dos estaremos en problemas.
—¿Mi madre y usted se conocían?
Mikihisa desenfundó su espada y apuntó al cuello de la mujer.
—Solo pararás cuando yo te lo pida.
Hoy Silver lo acompañó. Él no entró a la casa, solo se quedó en el pueblo hablando con los pescadores. Los dos son tan diferentes. Miki es el mayor pero es el más tranquilo, es una lástima que él sea el futuro rey y no Silver que es el más preparado de los dos.
¿Acaso era el mismo Silver que ella conocía?
La gente en el pueblo sospecha de ellos. Si bien Yohmei nunca ha presentado a sus hijos al reino, es evidente que ellos no pertenecen aquí. Sus ropas y sus modales no calzan con nuestra gente y mucho menos con nuestras costumbres, aunque he de admitir que se camuflan muy bien entre las personas del mercado.
El olor la comenzaba a marear ¿o era la historia de su madre?
Miki me trajo flores y se atrevió a besarme. No era mi primer beso pero no pude corresponderle. Eso estuvo mal. Es el príncipe y yo una simple campesina con conocimientos médicos. Su padre nunca permitiría que su sangre se mezclase con la mía. Además, él ya estaba comprometido con una doncella del reino. Keiko, según escuché de Silver era una mujer tan blanca y tan pura que podía enamorar a cualquier hombre con tan solo una sonrisa.
—¿Mi madre y tú estuvieron juntos? —Sintió el frío metal en su carne— ¡Tengo preguntas!
—No. Ahora sigue y no vuelvas a parar.
Mikihisa hoy vino con un hombre de nombre Fausto, era su guardia de confianza. Era bastante atractivo si me lo preguntan. Silver había dejado de venir y ahora pasaba más tiempo en el castillo. Al parecer debía encargarse de algunas cosas de príncipes. Lo extraño es que el cargo de rey era para Miki. Él me dice que no hay de qué preocuparse.
—Debiste confiar mucho en mi padre.
—No valoras mucho tu vida ¿verdad? —No fue amenaza. La punta de la espada hizo un corte en una de las mejillas de la rubia.
El rey murió. El reino entero está sin habla. Nadie tenía una queja de él ni de su mandato. Siempre veló por nosotros y jamás nos negó nada. Pensé que Miki vendría pero ni siquiera mandó un mensaje. El que sí vino fue el guardia, al parecer tenía el día libre y al no tener familia decidió venir a mi casa. La pasamos bien esa tarde.
Vio algunas lágrimas en el rostro del Asakura pero no decidió no hablar.
Vino Miki. Me dijo que el matrimonio se había adelantado porque el reino necesitaba un mandatario así que era su última visita. Me besó y esta vez sí lo correspondí. Cuando cruzó mi puerta supe que lo había perdido para siempre y me permití llorar. Lo quería, quería a ese hombre con todo mi corazón.
No supo en qué momento pero ella también había comenzado a llorar.
El guardia volvió, de hecho volvió muchas veces. Venía muy seguido e incluso se quedaba algunas noches aquí. Decir que la paso mal con él sería mentir. Es bastante agradable, divertido y cortés. Un poco loco si me lo preguntan pero encantador. Algunas tardes me sorprendo a mí misma mirando por la ventana esperando por su llegada.
Conocer la historia de sus padres nunca estuvo entre sus planes. Notó la cara de Mikihisa y la tristeza se había convertido en rabia.
Me entregué a Fausto y no me arrepiento en absoluto. Pueden condenarme después si lo desean. Puede venir el mismo rey a cortarme la cabeza porque no me importaría nada. El cariño que sentí por el Asakura no tiene comparación con el amor que Fausto me despierta. Con él no tengo dudas, temores o preocupaciones. Sé que está para mí en todo momento y yo también lo estaré para él. Siempre.
Anna recordó las palabras de su padre la noche de su muerte y sabía que de ahora en adelante la historia comenzaría a tener relación con ella.
Fausto me ha pedido matrimonio. Me dio un anillo de plata. Es la primera vez que tengo algo de plata en mis manos pero no puedo aceptar su propuesta. Ha llorado frente a mí y le pido que entienda mis razones: no puedo vivir en el castillo, no con Mikihisa Asakura viviendo allí.
Ha malinterpretado mis palabras. Lo veo en sus ojos.
Su padre no había mentido.
No lo he visto en semanas. La última vez que vino ni siquiera pude decirle que estaba embarazada. Pude abortar pero no fui capaz. No quería desprenderme del único recuerdo que me quedaba de Fausto.
—Tu madre quiso matarte. ¿Cómo te sientes con eso?
—Si lo analizamos bien, Su majestad, mi muerte hubiera simplificado muchas vidas.
Hoy anunciaron el nombre del segundo príncipe: Yoh Asakura. Dicen que es la viva copia de Mikihisa. Eso me alegra. Últimamente pienso mucho en él, en Silver, sobre todo en Silver. Hace años dejé de verlo y ni siquiera se anunciaba una boda o un posible compromiso. Temo por él.
—Pronto nacerás —Mikihisa había abierto una botella de vino y vertió un poco sobre una copa— Toma, créeme Anna, necesitarás de esto.
Bebió un sorbo y siguió.
Es una niña hermosa. Sana y hermosa. Me arrepentí de mis pensamientos de abortarla meses atrás. Las parteras de la zona estaban tan felices como yo. Otra médica para la aldea sería muy provechosa por si se avecinaba otra guerra.
—Sigue bebiendo. Ya viene lo fuerte.
Fausto vino a mi casa con algo de afán. Me ordenó recoger mis cosas y salir del pueblo por los puertos, dijo que me alcanzaría después. Ni tiempo me dio para contarle sobre mi hija. Nuestra hija.
—Yo ordené la captura de Elisa recién me enteré de tu nacimiento. No quería lastimarla, solo quería verla y que me explicara las cosas. Fausto siempre fue más astuto que yo y alcanzó a embarcarla a tiempo.
—Pero no entiendo, mi padre dijo que la atraparon. ¡Ella fue capturada!
—Yo le mentí. Elisa huyó. Alguien la ayudó a escapar.
—¿Quién? ¡¿Quién ayudó a mi madre?!
—Silver también escapó esa noche del castillo. Juntos tomaron el barco y zarparon. No supe más de ellos. No supe nada hasta después de unos años.
—¿Cómo murió mi madre? ¿Por qué Fausto supo de mí después de años? —Anna no lo soportó y bebió el contenido de la copa de un solo golpe— No entiendo nada Mikihisa. Me pidió que leyera el diario de mi madre pero ahora tengo más preguntas.
Mikihisa dejó la espada en algún lugar de la habitación y se acercó a Anna.
—Te pareces tanto a mi Elisa —Lágrimas cayeron de ambos rostros— Yo mandé a matarla; lo supo y por eso te dejó a cargo de alguien más esa noche. Presentía su muerte. Silver se comunicó con Fausto tiempo después y él mismo se encargó de traerte aquí. Cuando te vi en el castillo fue como verla a ella y perdí la cabeza. Me traicionaron, Anna. Mi mejor amigo se quedó con la mujer que amaba y mi hermano… ese miserable debe estar pudriéndose en prisión.
—¿Su hermano? ¿Quién es su hermano, majestad?
—Yo soy su hermano.
Una tercera voz se unía al cuarto. Una voz que Mikihisa jamás pensó escuchar de nuevo y que Anna conocía muy bien.
—¿Cómo escapaste de prisión, Silver?
...
Tuvieron que volver, avanzar por los pasillos del castillo Asakura era imposible y más para el prisionero favorito del rey.
—Estamos perdidos.
—No empieces con tu pesimismo, Morphin.
—¿Y acaso miente, Hao? Anna puede estar en cualquiera de las decenas de habitaciones que tiene este castillo. Fudo escapó y en este momento puede estar con Mikihisa haciéndole quién sabe qué cosas. Hay un maldito incendio afuera y si no salimos o hacemos algo nos haremos cenizas con todo y ladrillos. No sabemos dónde están los demás y lo único que tenemos son unos malditos trajes de lata que no nos dejan respirar y a un fugitivo.
—Eso es —Morphin al parecer había ideado un plan— tenemos estos trajes, podemos hacernos pasar por guardias y fingir que atrapamos al príncipe…
—Futuro rey —Interrumpió el Asakura
—Hao —terminó Morphin— es la única alternativa.
—Hagámoslo.
Entre las dos tomaron a Hao y empezaron a recorrer los pasillos, sin embargo, la situación era notoriamente distinta: no había guardias. Todo apuntaba a que habían escapado.
—Tenemos ventaja —Habló el Asakura— no podemos perder el tiempo. Debemos ir con mi padre ahora mismo.
—¿Y sabes dónde está? Porque te repito que este maldito castillo es inmenso.
—Solo síganme.
...
—¿Están conscientes de lo que hacen? Es la hija de Fausto la que está ahí dentro. Anna los defendió muchas veces, no pueden pagarle de esta manera —Los guardias seguían con las espadas en alto— Por favor, tengo que salvarla. ¡No tienen por qué hacer esto!
Perdió el control. Sacó la espada de su funda y los enfrentó. Hicieron una fila para que la batalla fuera uno contra uno.
—Les advierto que fue Fausto el que me enseñó a usar esta arma y no tendré misericordia con ninguno.
El primer guardia se puso en posición y el filo de ambos metales entró en contacto. Sin el menor esfuerzo, el Usui lo dejó sobre el piso pero cuando tuvo que darle el golpe final se detuvo.
—¿Qué le ocurre, general? Pensé que no tendría piedad —habló el hombre en el piso— tan cobarde como siempre.
Horo recordó el cuerpo de Fausto en el piso y empezó a llorar.
—No soy un asesino.
El hombre se puso de pie y lo apuntó con la espada. El Usui cerró los ojos y esperó el ataque.
—Nosotros tampoco.
Horo iba a hablar pero más hombres llegaron al pasillo.
—Hay mucho, mucho fuego y si no salimos ahora pronto moriremos. General, por favor, dé la orden de evacuación necesitamos a todos nuestros hombres en el jardín. Es la única manera.
El general asintió. Era hora de sentirse en el cargo.
—Quiero que todos evacúen. Cada persona que habita este castillo debe salir de inmediato y ayudar a disminuir el fuego. No me importa cómo ni con qué pero detengan esas llamas. Yo me quedaré en este piso, los príncipes y las princesas deben estar en alguna habitación. Encárguense ustedes del resto.
Los hombres de lata abandonaron el pasillo y el general Horokeu Usui acarició la madera de la puerta que lo separaba de la rubia.
—Volveré, Anna, te lo prometo.
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Corrió por todas las habitaciones pero no había rastro de sus amigos ni de Pilika. Maldijo todo lo que pudo y lloró de la frustración; siguió abriendo puertas y tumbando armaduras vacías y cuando llegó al final del pasillo vio la última habitación que le faltaba. Cortó la traba con su espada y tras la madera vio por fin un rastro de esperanza.
Sin pensarlo ni un momento cruzó el pórtico y abrazó a su amigo. El Tao le correspondió el gesto.
—Tenemos que salvarla. Ahora.
La mujer de cabellos plateados asintió y fue la primera en salir de la habitación. Ren la siguió y Horo y Tamao se quedaron atrás.
Ellos tenían algo pendiente.
...
Estaba caminando en círculos. Invocó a todos los demonios existentes y maldijo mil veces a la familia Asakura por haber construido un castillo con tantos secretos y habitaciones. Golpeó la pared y se lamentó de no haber seguido a Morphin cuando esta se lo propuso. De haberle hecho caso estarían en el castillo planeando una boda y no una emboscada para el rey. Limpió su rostro y siguió recorriendo las habitaciones. No sabía ni a quién buscar ni cómo pedir ayuda.
—¿Buscas a alguien?
El peliverde volteó y frente a él estaba Hao Asakura acompañado de dos guardias.
Lyserg suspiró un poco más aliviado aunque aún su cabeza daba vueltas. No pudo ni terminar de calmarse cuando uno de los guardias se quitó el yelmo y lo abrazó —Perdón por amenazar con irme— reconoció la voz y la abrazó de vuelta.
Hao se conmovió con la escena y Marion alcanzó a escuchar gritos a lo lejos. Siguió las acciones de Morphin y lanzó el casco de lata al piso.
—Es Yoh. Yoh está en problemas.
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El Asakura menor estaba en el piso. Tres guardias ya habían sido derrotados pero dos más seguían en pie.
—Anna está cruzando este maldito pasillo y no me detendré hasta dar con ella.
Vieron la escena a lo lejos y Hao se había hartado de ser un observador. Tomó la espada de Lyserg y corrió para proteger a Yoh.
—Señor Hao.
—Veo que me recuerdan, lo que significa que lo dejarán en paz y se irán.
—Tenemos órdenes directas de su padre: nadie puede interrumpirlo mientras esté con la doncella Anna.
—Pues no importan las órdenes de Mikihisa, el general Usui dio la orden de evacuar y en estos momentos le obedecemos a él —Los hombres que habían combatido con Horo Horo habían llegado a la escena— Debemos cumplir los mandatos de nuestro jefe.
—Le debemos lealtad al rey, no al general.
Hao puso la espada en el cuello del guardia.
—Pues qué bueno que lo tengas claro, porque cuando sea rey me acordaré de tu rostro y sabré a quien mandar a la horca por ir en contra de mis peticiones.
Los guardias les hicieron una reverencia a los presentes y se fueron del lugar. Por el otro extremo del pasillo vieron que los demás se acercaban a la puerta de Mikihisa. Ahora que todos estaban reunidos nadie podía detenerlos.
Frente a frente con la entrada de la habitación del Rey comenzaron a empujarla y a destrabarla con sus respectivas espadas. La adrenalina se había apoderado de todos y el deseo de proteger a Anna estaba en el ambiente.
Sin embargo, la imagen que les devolvió el cuarto de Miki estaría por siempre en su memoria: dos cuerpos desangrados en el piso y a Anna abrazando a uno de estos.
Continuará.
Hola, gente de fanfiction: seis años lleva esto en línea y sigo sin creer que no esté terminado. No sé si aún mis antiguos lectores estén por aquí y se emocionen con el capítulo, de ser así puedo asegurarles que para antes de año nuevo el fin de esta historia estará en sus buzones. Si gracias a este capítulo gano lectores nuevos pues me presento: mi seudónimo en FF es Geki y para mí es un placer darles la bienvenida a este espacio. Nuestro espacio.
Espero me acompañen en el final de esta aventura y me dejen saber sus opiniones por cualquier medio.
Nos estamos escribiendo y muchas gracias por llegar hasta aquí.
