Shaman King no me pertenece.


Hola, gente bonita:

Releyendo la historia noté errores de continuidad que intenté remediar en el capítulo anterior y en este. Si no los notaron, mejor para mí jajaja. Este será el complemento del capítulo pasado, es decir, el incendio en el jardín, lo que pasaba en el cuarto de Jeanne, la muerte de un rey y, por último pero no menos importante, el enfrentamiento entre Silver y Mikihisa (por algo el título). Nos leemos al final.


XXIV. El verdadero rey Asakura.


Nunca debió volver. Todo hubiera sido más fácil si tan solo su conciencia no pesara tanto. Es más, sus errores iban desde atrás; desde hace muchos años ahora que lo pensaba bien. Era un Tao y no uno cualquiera. Era el príncipe, el heredero, el orgullo de su gente, de su familia, de sí mismo y dejó eso en su castillo. Creían que era miedo a dirigir el reino cuando pidió quedarse en la casa de los Asakura tras la muerte del rey En. Se equivocaban. Él nunca quiso el trono, era el sueño de otros no el propio. Por eso prefirió empezar de ceros en una tierra donde nadie lo conociera. Mikihisa le ofreció la oportunidad de hacerlo en los establos, como un peón más y él no se negó. ¿La condición? Que se olvidara de su apellido y sus antepasados; mientras viviera con ellos no sería el príncipe sino el criado.

Su plan funcionaba según los cálculos, el único problema fue su amistad con Anna y por lo tanto su cercanía con Fausto; a eso vino su amistad con los Usui y posteriormente su relación con Pilika (aunque ella fue un gran motivo para quedarse, en primer lugar). Ellos cumplieron con su deseo: nunca mencionar su origen y tratarlo como un empleado más del castillo. Caso contrario a los demás habitantes del lugar; ellos sabían quién era Ren Tao e incluso que estuvo comprometido con Jeanne y posteriormente con Tamao.

Matrimonios cancelados por el carácter del Tao menor y por la muerte de En, respectivamente; además el casamiento sorpresa de Jun cayó mal para todos los hombres de la nobleza. Ella había dejado bastante claro que su hermano solo se desposaría cuando este quisiera y con la persona que él escogiese. Ese mandato de la Tao dejó sin muchas alternativas a los reyes.

Le debía tanto a su hermana y le había pagado de la peor manera.

Ren Perdió los estribos y comenzó a golpear cada pared del cuarto. Derribó los adornos y gritó todas las maldiciones conocidas.

Las dos mujeres de la habitación sabían que no podrían detenerlo pero hacían lo posible para intentar tranquilizarlo; quisieron agarrarlo pero la fuerza de Ren era superior a ellas.

—¡Buscaremos una salida! ¡Solo intenta calmarte!

—¿Qué no lo ves, Jeanne? Hay un incendio afuera y Anna está en peligro. No sé dónde está Pilika y el idiota de Horo Horo no es capaz de hacerse cargo de su posición.

Tamao ignoraba la discusión mientras golpeaba la puerta desde adentro. Quizá algo de ruido llamaría la atención.

—Si nos encerraron es porque pretenden mantenernos alejados. En estos momentos todos los guardias deben seguir indicaciones del Rey así que no pierdas tus fuerzas. Nunca saldremos de acá.

El Tao volvió a su caos interno y siguió desquitándose con cada objeto del cuarto.

Jeanne se seguía lamentando internamente mientras pensaba en su padre. Algo dentro de ella sabía que algo terrible le había pasado.

Tamao, por su parte, seguía mirando a la puerta; y llámenlo telepatía o suerte pero cuando ella estuvo a punto de rendirse alguien empujó tan fuerte la madera que Jeanne levantó su rostro del piso y el Tao inmediatamente se calmó. Luego sintió el abrazo del Usui y sintió como la fe volvía a su cuerpo.

—Tenemos que salvarla, ahora.

Ren no supo si Horo se refería a Anna o a Pilika pero de cualquier manera tenían que salir de ahí.

La primera en irse fue Jeanne, el Tao la siguió y cuando el general iba a seguir sus pasos sintió la voz de Tamao.

—Horo…

—Ahora no, tenemos que hacer algo urgente. Ya tendremos tiempo después.

La princesa asintió y corrieron al cuarto de Mikihisa.


—Fudo es el asesino.

Mikihisa hablaba con tanta calma que Marco tuvo que sentarse en alguna silla cercana.

—¿Ese niño ni siquiera sabe dirigir su pobre castillo y ordenaste que matara a Fausto? ¿¡Qué te hizo Fausto?!

—Tú sabes muy bien lo que me hizo.

—¡Tú renunciaste a ella! Silver iba a tomar el trono con tal de que volvieras a buscarla. ¡Tú preferiste el trono!

—Yo era el mayor. ¡Era mi responsabilidad dirigir el reino!

—¡Mientes! —Marco se levantó de la silla y la pateó tan fuerte como pudo para canalizar su ira— ¿A quién tratas de engañar? Yo estuve presente, ¿recuerdas? Silver quiso sacrificarte por ti. Él hubiera hecho cualquier cosa por ti.

—¡Huyó con ella! Sabía de Anna. Supo de ella y nunca me dijo.

—Porque tú ibas a matarla si te enterabas de que estaba embarazada. Y al final la mataste. Dejaste a esa niña sin padres.

—Mi estimado, ambos coincidimos en que ya no es una niña.

Marco mandó a la mierda sus modales y golpeó con su puño el rostro de Mikihisa.

—Puedo que tú no respetes a nadie, ni nada te importe pero yo todavía valoro la honestidad y la familia —Marco desenfundó su espada y esperó que el hombre se levantara del suelo— Alguno de los dos tendrá que morir esta noche.

—¿No te importa Jeanne? Ella tampoco es una niña —El filo de la espada fue a parar a la mesa y alcanzó a cortar algunas hojas

— A muerte.

Mikihisa tomó su espada y miró a su amigo.

—A muerte.

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.

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Marco había perdido técnica. Desde la muerte de su esposa no tocaba una espada y esa falta de práctica le estaba costando la vida.

—Tú lo quisiste así —Miki clavó su espada en el vientre de Marco mientras este luchaba por levantarse del suelo— Prometo no tocar a Jeanne, pero debo vengarme de Silver, de Keiko, de Fausto y sobre todo de Elisa.

Marco, con sus últimas fuerzas miró a Miki a los ojos.

—Antes de tocarla morirás. Hao y Yoh no son como Silver y tú. Preferirán renunciar al trono antes de traicionar al otro, por eso triunfarán.

Mikihisa no lo soportó y cortó el cuello del rubio. Se arrodilló al lado del cuerpo y lloró como no lo había hecho en años. Luego lo tomó de las piernas y arrastró a su amigo hasta uno de los pasillos secretos de su cuarto.

Ya habría tiempo para darle un entierro digno de un rey.


Eso pintaba para mal.

El fuego se había salido del control y lo que empezó como unos simples matorrales secos ahora se estaban trasladando a los jardines de la entrada.

—¡Chocolove! Debemos parar esto.

—Si el castillo se destruye no me importa.

—Mi hermano, Anna y los demás siguen adentro. Puede que tú no tengas a nadie pero todo lo que me queda está ahí dentro. Ya dejé ir a Ren y no pienso abandonarlos a ellos.

Chocolove suspiró y vio el castillo.

—Ren volvió y puedo jurarte que está adentro buscando la manera de ayudar.

Pilika solo parpadeaba.

—¿A qué volvió?

—La pregunta que debes hacerte es "¿Por quién volvió?" y los dos sabemos muy bien la respuesta. Si quieres mi consejo entonces ve y sácalos, puede que no podamos detener las llamas pero sí salvaremos sus vidas.

Pilika no avanzó ni dos metros cuando el resto de los guardias que quedaban en el castillo salieron despavoridos.

—¡El rey Silver sigue vivo!

Los dos amigos se miraron entre sí y avanzaron hacia los hombres.

—¿Rey Silver?

Un guardia de una edad avanzada se acercó a ellos.

—El hermano de Mikihisa —les dijo— pensamos que estaba muerto.

—¿Mikihisa tiene un hermano? No es posible, nunca hemos sabido de él.

—Yohmei nunca presentó a sus hijos al pueblo. Solo los de la nobleza sabían su origen —Chocolove hablaba como si se quitara un gran peso de los hombros— Cuando Miki tomó el trono dejó que Silver siguiera su voluntad, por eso se convirtió en caballero y dejó el reino. Solo venía de visita. Sin embargo, escapó una noche.

—Y lo capturaron —completó Pilika— por eso Anna dejó de verlo y nunca más supo de él.

—Eso pasó tiempo después —corrigió— pero al no ser conocido como de la realeza pudieron encerrarlo en prisión. Entre los nobles se corrió el rumor de que había muerto en los bosques, pero seamos honestos nadie creyó eso.

—¿Pero por qué escaparía? ¿Y tú? —Señaló a Chocolove— ¿Cómo sabes todo eso?

—Porque su abuelo trabajó acá durante el mandato del rey Yohmei —respondió el guardia— además siempre ha sido un negro curioso.

—Nunca se lo comenté a Anna y me siento muy mal por eso —Pilika colocó su mano en el hombro de Chocolove.

—Ya habrá tiempo para pedir disculpas, ahora nos corresponde disminuir las llamas. Entre todos podremos lograrlo y, si es cierto que Silver es el verdadero rey, pues con más motivos debemos proteger este lugar.

—¿A qué te refieres?

—A que pronto tendremos un nuevo comienzo en el reino.


—Yo soy su hermano.

Mikihisa se alejó de Anna y esta corrió hacia donde estaba la voz.

—¿Cómo escapaste de prisión, Silver?

—Tantos años sin vernos y me recibes de una manera tan soez.

—Estabas pudriéndote en una celda. ¿Cómo llegaste hasta aquí?

—Desde adentro preparé un motín, sabrás que entre algunos prisioneros era bastante popular. Siempre me causó curiosidad que enviaras a Hao a compartir celda conmigo.

Mikihisa cogió su espada y apuntó directamente a Silver.

—No te atreviste a contarle.

—¿Contarle qué? Que mandaste a tu hermano menor a prisión porque prefirió proteger a una niña indefensa que a un maldito título de la nobleza.

—No era cualquiera niña. ¡Era la hija de Elisa!

—¡Basta los dos! —Anna se puso delante de Silver y miró directamente a Mikihisa— Estoy en medio de esto y quiero respuestas ¡ahora!

—Al igual que Hao, Mikihisa escapaba del castillo y se mezclaba con la gente de la aldea— Anna, sin voltear, escuchaba el relato de Silver— Yo me le uní cuando me enteré de lo que hacía. Uno de esos días conocimos a Elisa, tu madre —Lo escuchó suspirar— Era una médica excepcional y el hombre que tienes al frente se enamoró de ella.

Hasta al momento no tenía información nueva y el rey no tenía intenciones de detener la historia.

—Nuestro padre notó que Miki no tenía intenciones de tomar el trono, por lo que me pidió que tomara el reino tras su deceso. Así dejé de ver a tu madre —Bien, eso coincidía con el diario— y cometí otro error: me enamoré de Keiko.

—Por eso no te negaste cuando te ofrecieron el reino. No querías el poder, la querías a ella —Mikihisa por fin hablaba— sabías que Keiko tendría que casarse con el próximo rey, sin importar cuál de los dos fuese. Tus intenciones fueron muy dobles, hermanito.

—¿Dobles? Tú no querías a Keiko y ella tampoco te quiso.

—¿Seguro? Tuvo tres hijos conmigo.

—¿Estás seguro de que son tuyos? —Silver alejó a Anna y apuntó con su espada al rey— Cuando tomaste el trono no pude seguir viviendo acá, no soportaba ver a Keiko contigo. Me convertí en caballero y empecé a visitar esporádicamente este castillo. Por esa razón te conocí, Anna. En uno de mis viajes decidí visitar a Elisa y supe que había tenido una hija. No pude hablar con ella ese día pero prometí que iría pronto a visitarla.

—Qué curioso que esa noche escapaste.

—No sabía que era hija de Fausto. Eso lo supe después, cuando logramos escapar de la aldea.

—Entonces tú le avisaste al general de la captura de Elisa.

—Tú lo obligaste. Le diste la orden. Sabías que aún la amaba y que haría cualquier cosa por protegerla.

Anna estaba mareada, confundida y triste. Su cabeza era un caos y no lograba procesar tanta información.

—Quiero entender la situación. Mi madre y tú —señaló a Mikihisa— se enamoraron hace muchos años. Luego el rey murió y Silver quiso tomar el trono para que tú no tuvieras la obligación de casarte con Keiko; aun así preferiste dejar a mi madre antes que soltar el poder que te otorgaba la tradición. En ese tiempo mi madre y Fausto se enamoraron y Silver quiso viajar por los reinos para no ver cómo desposabas a la mujer que él amaba. Le ofreciste a mi padre ser general y mi madre lo rechazó porque no quería verte de nuevo.

—Es un excelente resumen hasta el momento.

—Cállate, Silver —Anna tomó aire y siguió ordenando su cabeza— Fausto no supo de mi nacimiento sino hasta que Silver volvió en uno de sus viajes y supongo que usted, majestad, espió esa conversación. Silver planeó el escape para que mi madre huyera conmigo y con mi padre pero las cosas salieron mal y mi padre no pudo venir con nosotras. Nos escondimos en otra aldea y cuando usted dio con nuestro paradero mandó a matar a mi madre. Ella prefirió dejarme con la gente del pueblo antes que entregarme a usted. Mi madre murió y Silver fue capturado.

—Cuando volví me comuniqué con Fausto para indicarte dónde tenía que buscarte. Ahí fue cuando se enteró que él era tu padre.

—¿Con "él" te refieres a Fausto o al rey?

—A ambos —intervino Mikihisa— calcula qué tanto amaba tu padre a Elisa que no le importaba que fueras hija de otro con tal de protegerte y protegerla a ella.

—¿Por qué? —Anna encaró a Silver— ¿Por qué lo ocultaste? ¿Y Por qué Fausto nunca me lo contó?

—Eras muy pequeña, no lo hubieras entendido; además Elisa y yo queríamos protegerte y alejarte de este lugar. Alejarte de él.

—Y yo amenacé a Fausto. Lo juzgaste durante años, Anna. Nunca notaste que él hubiera hecho cualquier cosa por ti. Quiso ser el mejor padre para que estuvieras a gusto aquí.

Anna no podía moverse. Ni siquiera era capaz de idear una frase completa y la suciedad del lugar era algo que no podía seguir soportando. Sintió el abrazo de Silver y se recostó en su pecho.

—Ahora yo me quiero vengar. No solo me arrebataste mi libertad, hermano. También a Keiko y a mi reino —separó a Anna de su cuerpo y enfrentó al rey— a muerte.

—¡No! No quiero perderte a ti también.

Mikihisa empujó a la rubia y esta fue a parar a alguna pared golpeándose la cabeza.

—Serás un gran botín, hermanito.

Contrario a Marco, Silver nunca perdió su técnica con la espada; sin embargo, aún estaba en desventaja. Mikihisa, por su parte, estaba agotado y su rendimiento durante la batalla era inferior al habitual. Anna, aún consciente, intentaba ponerse en pie para prevenir otro asesinato.

—Siempre fui mejor que tú en la espada —Silver arrinconó a su hermano contra la pared— esta vez no será la excepción— a punto estuvo de clavar su espada en el cuerpo del rey pero algo lo detuvo.

Mikihisa aprovechó el momento de debilidad y logró quitárselo de encima —Siempre fuiste débil— El rey había clavado la punta de su espada en el pecho de Silver. Una herida no tan profunda pero sí mortal. Anna gritó a lo lejos y Silver aprovechó la distracción de su hermano para provocarle la misma herida, solo que esta sí logró atravesar el pecho del rey. Mikihisa soltó la espada, cayó al piso y antes de morir pudo mirar a su rival a los ojos —Esta vez no pudiste ganar.

Anna corrió hasta la escena y ayudó a que Silver aún se mantuviera en pie. La sangre no paraba.

—Tenemos que sacarte de acá.

—Es inútil, Anna.

—¡No! Buscaremos al mejor médico del castillo. De la región, del reino. Del mundo si es necesario pero no puedes irte, no puedes dejarnos —No pudo soportar el peso del cuerpo y poco a poco fueron cayendo— Por favor, no me dejes, no otra vez.

Silver le sonrió y por un momento Anna sintió esperanza.

Esperanza que se vio opacada por una espada que sentenció la agonía del Asakura.

—Ahora sí es inútil —Anna dirigió su vista al lugar de donde provenía la voz y vio a un hombre que dio por muerto.

—Fudo.

—¿Esperabas a alguien más, querida? —Silver cayó al piso y el espíritu de Anna cayó con él— Te hice un favor. Un traidor jamás podrá dirigir un reino.

—Y un asesino tampoco —sacó fuerzas de donde no tenía y lo empujó lo más lejos que pudo.

Fudo al estar malherido por su batalla con Yoh, no tuvo el equilibrio suficiente para sostenerse y cayó al piso de donde nunca más podría levantarse aunque todavía respirase.

Anna se arrodilló y tomó el cuerpo de Silver en sus manos no sin antes sentir que la puerta de la habitación se abría.

Continuará.


Cuánta intensidad.

No se me da narrar escenas de acción así que espero se hayan imaginado las peleas con mucha sangre y dolor x)
Agradecida estoy con ustedes, tanto por leer como por comentar.

Resta decir que con la muerte de nuestro Rey, este fic llegará a su fin en el próximo capítulo. El cual espero publicar para antes de navidad.
Espero sus comentarios con ansias.
Besitosbesitoschauchau.