Shaman King no me pertenece.


XXV. El nuevo Rey.


A Yoh no le importó en absoluto derribar la puerta de la habitación de su padre. Cuando vio a la mujer en el piso lo único que pasó por su mente fue acercarse a ella y abrazarla. Anna sujetaba el cuerpo del hombre como si su vida dependiera de ello mientras las lágrimas caían en la herida mezclándose con la sangre. El príncipe nunca había visto a ese sujeto en su vida pero tenía un parecido muy grande con su padre. Con él y con Hao.

—Un Asakura —atinó a decir sin soltar a Anna

—¡Silver! —El grito de Hao retumbó por toda la habitación— ¡No! ¡No puede ser! —Hao se arrodilló y no le importó mancharse de sangre. Tomó las manos de su compañero de celda y lloró sobre ellas.

Tamao fue la siguiente en entrar y se detuvo frente al cuerpo ensangrentado de su padre que aún luchaba por moverse.

—Me gustaría decirte que tu muerte me entristece pero en verdad me alivia —Mikihisa ni siquiera tenía fuerzas para responderle, solo la miró directamente a los ojos para transmitirle todo el rencor que sentía por ella— Nunca supe por qué me odiabas, supongo que por ser mujer ¿y por qué no? Quizá también sospeches que no sea tu heredera —el rey cerró los ojos en un vano intento de prolongar su deceso— pero te perdono así como mi madre alcanzó a hacerlo antes de morir.

Todo parecía terminar para los Asakura sobrevivientes pero esta guerra había tomado la vida de alguien más. Jeanne siguió el ejemplo de sus amigos y comenzó a inspeccionar la habitación para buscar a su padre. Olía tanto a sangre que casi podía vomitar y fue en ese momento que un pasillo se mostró ante sus ojos; se acercó y reconoció el cadáver. Todo había acabado para ella. Lyserg la abrazó y eso fue suficiente para que la princesa perdiera la compostura.

—¡Confiesa! —ahora la voz del general era la protagonista— es tu oportunidad de decir la verdad.

Anna se levantó y se acercó a Horo. Ren la detuvo porque algo dentro de él sabía que debía estar alerta a los movimientos de la rubia.

—¿Qué quieres que diga?

—No te pases de listo conmigo —desenfundó su espada y puso la punta en el pecho de Fudo— no me obligues a matarte.

—No te sirvo muerto.

—Tampoco sirves vivo.

Fudo miró a la rubia directamente a los ojos y habló.

—Yo maté a Fausto. Fue muy fácil y no me arrepiento en lo absoluto.

Anna tomó la espada de Silver del suelo y Ren se separó de ella. Horo se hizo a un lado y ella quedó enfrente del asesino de su padre. Todos sabían lo que pasaría.

—¡No, Anna! —Marion gritó y Morphin interrumpió sus pasos.

—Debe hacerlo. Él lo merece.

Colocó la punta de la espada en el cuello de su antiguo prometido y le hizo un corte bastante superficial.

—Mataste a mi padre… a mis padres —corrigió recordando a Silver— es mi obligación vengarlos.

El hombre en el piso ni siquiera se movía. Ya había aceptado su destino.


Con el fuego bajo control gracias al resto de los guardias, Pilika ya tenía una preocupación menos.

—Ya pasó mucho tiempo, ¿por qué no salen, Chocolove?

—Quizá la batalla se prolongó. El rey es un hueso difícil de roer —Notó que sus palabras la habían alterado más— Pero estoy seguro de algo: nuestro bando fue el ganador.

—Debo entrar.

—No. No te lo puedo permitir. Horo me mataría si te pasa algo y se entera que estabas conmigo.

—Entonces entremos juntos.

—Oh, no. Ni lo sueñes. Soy un negro curioso, no un negro suicida.

—Eso se llama cobardía no precaución. Y prefiero morir antes que quedarme acá y esperar.

Chocolove gruñó y no le quedó más remedio que ir con ella.

Atravesaron los pasillos y no podían creer lo que veían: no había un solo lugar en todo el castillo que conservara su orden, ni sus joyas o cuadros. Era evidente que los guardias habían aprovechado para robar y destruir, eso como un acto de venganza por todas las injusticias sufridas por el último rey Asakura. Las pinturas tenían garabatos y todos los recuerdos de los anteriores mandatarios estaban manchados de sangre. Por la mente de la Usui no pasaba ningún pensamiento positivo e incluso las lágrimas empezaban a salir. Subió las gradas lo más rápido que pudo mientras Chocolove estaba a sus espaldas.

Llegó al pasillo del cuarto de Miki y al ver la puerta la puerta abierta quiso sentir alivio pero por el contrario presentía que la tragedia había alcanzado al lugar.

Automáticamente detuvo su carrera y comenzó a caminar con pasos cortos, como si no quisiera ver lo había allí.

Y era verdad, no quería verlo.

Ahí estaba Anna apuntando con una espada el pecho de Fudo y al ver tantos espectadores supuso que nadie pensaba detenerla.

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—¿Qué se supone que harás?

Todos los de la habitación dirigieron su mirada a la nueva voz que se les unía.

—Cobrar venganza —Respondió Hao que aún seguía aferrado a las manos de Silver.

Horo y Ren se miraron entre sí aliviados al saber que la mujer estaba sana y salva.

Jeanne por su parte seguía destruida en el piso. Lo que pasara o no con esa familia no era importante.

Lyserg que aún seguía al lado de la peliplateada no despegaba sus ojos de Morphin y esta tampoco lo perdía de vista.

Marion volteó a ver a Pilika como buscando apoyo.

—Dile que no lo haga. Ambas sabemos que no es una asesina.

Anna aún mantenía la espada en alto y la punta no se alejaba del pecho de Fudo. Solo bastaba un ligero impulso para atravesar la carne.

—Fausto también dudó y eso le costó la vida.

La rubia sintió la ira en su rostro y una mano la detuvo cuando estuvo decidida a atravesarlo.

—No debes convertirte en lo que odias. Anna, suelta la espada, ya nos encargaremos de él.

—Hazle caso a Yoh—Pilika había entrado al cuarto y puso una de sus manos en el hombro de su amiga— eres más que esto.

Anna soltó el arma y dejó que los brazos de Yoh la recibieran, acto seguido sintió el abrazo de Pilika a sus espaldas. Todo había terminado.

El sujeto del piso quiso moverse pero una fuerte patada en su vientre se lo impidió.

—Como el nuevo rey de las tierras Asakura te nombro persona no grata en mi reino. Además, te acusamos de asesinato al rey Mikihisa y del caballero Silver.

—Príncipe —corrigió Anna— príncipe Silver.

Todos en la habitación se quedaron mirando directamente a la rubia.

—Mi padre no tuvo hermanos ¿de qué hablas, Anna? —Tamao se había levantado del suelo para verla a los ojos.

Anna se separó de los brazos de Yoh y Pilika y tomó el diario de su madre del suelo.

—Yo tampoco lo sabía pero aquí lo dice.

—Es verdad. Chocolove me lo dijo y algunos guardias también conocían el secreto. Mikihisa los tenía amenazados.

Esta vez fue el turno de Yoh de caer de rodillas al cuerpo inerte de su tío. Tamao lo siguió.

—Por eso me protegió tantos años en prisión. Por eso se acercó a mí. ¡Por eso estuvo dispuesto a iniciar el motín y ayudarnos!

Hao perdió la cabeza y esta vez fue el turno de Marion de calmarlo.

—Sé que Mikihisa nos hizo mucho daño, pero es nuestra oportunidad de empezar de cero. Tú serás un gran rey, el mejor de la historia. Volverás a unir los reinos y entre todos mantendremos la paz —Yoh y Tamao se acercaron a su hermano mayor y lo abrazaron. Por primera vez en muchos años sentían que su familia estaba unida.


Los guardias aún presentes en el castillo ayudaron a organizar lo que quedaba de él. Por su parte, los príncipes habían sacado los cuerpos de la habitación. Estaban decaídos: la guerra se había prevenido pero a costa de vidas inocentes. ¿Acaso era un pago justo por la tranquilidad de miles de personas?

Por otro lado, Chocolove y sus guardias de confianza encerraron a Fudo en una de las habitaciones. Su destino era obvio: morir en una torre que estaba al límite de todos los reinos. Allí iban a parar los peores criminales de cada región. El destino de su gente ya sería evaluado con más calma.

Hao bajó a la sala donde estaba el trono y lo miró de lejos.

—Naciste para ser rey —habló su hermano a sus espaldas.

—¿Seguro que no quieres tomar tú el lugar?

—Con Yoh en el trono este castillo no duraría ni tres días —Horo Horo que observaba la escena desde una columna sonreía agradado por la situación— además prometiste que seguiría siendo tu general cuando todo esto acabase.

Hao suspiró y se sentó en el trono y, sin la presencia de un sacerdote presente, tuvieron que recurrir a un rey.

Lyserg si bien no estaba coronado aún, había tomado las riendas de su reino desde hacía mucho tiempo, además, se lo debía a Hao. Tomó la corona de oro de los Asakura y la antigua espada de Mikihisa.

—Por el poder que los presentes me han otorgado, yo, Lyserg Diethel te nombro nuevo soberano de esta tierra.

Todos los presentes en el lugar aplaudieron la noticia.

El verdadero rey había vuelto a casa.


Hao Asakura colocó su capa en el trono cuando la pintura que inmortalizaba su legado en la familia estuvo terminada. Suspiró y reacomodó la corona de su cabeza.

—Se ve cansado, su majestad.

Hao le pidió al pintor que saliera de la habitación pues aún tenía muchas cosas que arreglar con aquella rubia de ojos verdes.

—Tú puedes decirme "Hao"

—Prefiero seguir manteniendo las distancias.

—Ya pasó de un mes desde esa noche. El orden en el castillo se ha restaurado y ya los libros de historia de mi familia tienen el nombre de Mikihisa, Silver y Fausto en ellos. Ya te pedí perdón millones de veces y he tratado de restaurar mi error. ¿Qué más quieres que haga para que vuelvas a confiar en mí, Marion? ¿Para que seas mi reina?

La mujer suspiró y se acercó a él.

—Es solo que no me acostumbro —contestó— yo me enamoré de otra persona, no de un príncipe. Nunca soñé con ser reina y ahora todo me parece irreal. Hao, por años estuve aislada de todos. No puedes culparme por tener miedo. Dame más tiempo.

—¿Me amas? ¿Aún me amas, Marion?

—Sí. Sí te amo —el rey dejó su trono y tomó las mejillas de Marion en sus manos. Ella lo recibió e incluso fue la que acortó la distancia entre sus rostros. Cuando se separaron rio— mientras me das tiempo podemos seguir haciendo esto.

El Asakura sonrió y la besó de nuevo con mayor intensidad. Al sentirse correspondido no pudo evitar pensar en la noche de su separación. Aquel día en el que Marion quería darle todo de ella y él gustoso iba a recibirlo. Sin pensarlo demasiado la tomó de la cintura y la acercó más a sí. La rubia agradeció el gesto y pasó sus brazos por el cuello del hombre.

Y al parecer ella también recordó el momento porque fue la que interrumpió el beso mordiendo los labios del rey.

—Creo que ambos recordamos algo —volvieron a unirse y Hao tuvo que apoyar la espalda de Marion en una columna— ¿Tenemos tiempo?

La mujer asintió y recibió gustosa las caricias del soberano.

—Y yo que pensé que iban a esperar hasta la boda. Por lo menos vayan al cuarto, respeten el lugar —El rey rio y la rubia escondió su rostro sonrojado en el pecho de él— lo estamos esperando afuera, su majestad. Hoy es el gran anuncio.

—Gracias, Anna. Ya lo había olvidado.

—Qué suerte que vine. Marion, te espero afuera —Anna dejó el cuarto y Hao levantó el rostro de la ojiverde.

—Ve con ella, nos veremos luego.

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El Asakura mayor salió con un pergamino a uno de los balcones de su castillo. A su mano derecha estaba Yoh sonriéndole como nunca y, a su izquierda, Tamao que no separaba su vista del jardín. Era obvio que buscaba a alguien. Tomó impulso y su discurso comenzó.

—Habitantes del reino e invitados: aunque toda esperanza parezca perdida recuerden que si confían en sus capacidades nada puede salir mal y si tienen a su lado a personas que los amen, ni la inevitable muerte será un obstáculo. Como su nuevo rey prometo trabajar para ustedes y para el beneficio de todos; por eso es grato recordar las alianzas. La reina Jun, la futura reina Jeanne, el rey Lyserg y yo, Hao Asakura, llegamos a un acuerdo de paz y solidaridad entre las fronteras. Nunca más serán forajidos en esas tierras. —La gente del pueblo que estaba presente aplaudió ante el anuncio— Con mis hermanos aquí presentes y mi demás familia, doy la bienvenida a esta nueva etapa y al renacimiento de este reino.

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Mientras la fiesta continuaba en el castillo, un guardia le entregó una carta al Asakura menor. Al reconocer el sello la abrió de inmediato.

Querido Yoh,

Sé que es grosero de mi parte no asistir a la coronación de Hao pero espero entiendan mis razones: es muy duro ser la única mujer en medio de hombres nobles que pretenden tomar las decisiones de este reino. Primero tendrán que matarme antes de pasar por encima de mí. Aclarado este punto, quiero que sepas que el entierro de mi padre transcurrió con tranquilidad y consternación. Era muy querido y admirado y no hubo ni una sola persona que no lamentara su muerte. Me llené de orgullo porque comprendí que hizo un buen trabajo tras el deceso de mi madre pero a la vez sentí pánico al no sentirme capaz de continuar su legado. Sin embargo, tomé el cargo con la frente en alto y con confianza plena en mis capacidades.

Escribo esto para que sepas que estoy bien y que pronto espero visitarlos. Ya no seré la princesa, sino la reina, pero no te preocupes, ustedes pueden seguir llamándome Jeanne.

Respecto a la boda obligatoria debo decir que ya no lo es. No es necesario casarme para tomar el trono y por ahora considero que no quiero hacerlo. La noticia no agradó entre los hombres del concejo pero al final tuvieron que aceptar. Espero que esa decisión trascienda por generaciones.

Sin más que añadir, dile a Hao que le deseo lo mejor en su gobierno y que pronto cenaremos para concluir con las alianzas y la protección de nuestra gente. En cuanto a ti, sé que serás feliz con Anna y la ayudarás a canalizar todo su sufrimiento.

Con cariño, Jeanne.

El Asakura terminó la carta con una gran sonrisa en su rostro. La época de la bienaventuranza llegaría para todos.


—Al parecer ya se ha ganado algo de respeto, general —Ren, con su bolso al hombro intentaba animar a un decaído Horo Horo— eso significa que cuando vuelva ya tendrá un ejército completo jurándole lealtad.

—Sí, respecto a eso ¿en serio dejarás el reino? Ya Mikihisa no está así que puedes tomar tu lugar como príncipe y pedir mejores tratos. Estoy seguro de que más de uno se alegrará de tenerte cerca.

El Tao ya lo había pensado suficiente y su conclusión era la misma: tenía que volver y reencontrarse consigo mismo si realmente quería saber quién era en realidad. Además, no se iría por mucho tiempo pues le había prometido a Pilika que volvería por ella en unas cuantas semanas y, aunque le dijo que fuera con él, ella no había cambiado de decisión y menos ahora cuando el reino Asakura comenzaba su reestructuración.

—Sí, además Jun y la gente de mi castillo está preparándose para mi regreso. No todos los días el príncipe Tao vuelve a su tierra.

Aún con la mirada al frente, el Usui metió una de sus manos en el bolsillo y sacó el botón que lo identificaba como el general del reino Asakura.

—Toma —le ofreció— cuando regreses este cargo tiene que ser tuyo. Esa era la voluntad de Fausto y no pienso ir en contra de ella —El Usui agarró una de las manos de Ren y puso la medalla en su palma— lo mereces más que nadie en esta tierra.

El Tao observó el medallón por unos momentos y suspiró.

—Eres un idiota —abrió el broche y lo aseguró en la ropa de su amigo— ahora más que nunca es que Hao necesita a alguien que conozca este lugar. Tú luchaste por esto y lo ganaste. No pierdas tus triunfos por querer remediar tus culpas. Esto no es para mí. —Lo abrazó y sintió correspondido el gesto—cuida de Pilika porque cuando vuelva le preguntaré si aún quiere casarse conmigo y no quiero sorpresas. Horokeu asintió y vio al Tao montar su caballo. Instantes después ya se había perdido en el horizonte.


Aun con la cantidad de gente que había en el castillo y desde su ventana, Anna logró ver cómo Ren salía del lugar. Aprovechó su soledad para abrir la carta que Lyserg le había enviado hace algunos días y hasta hacía unas pocas horas había llegado a sus manos.

Anna,

Seré breve ya que los detalles planeo darlos en una próxima reunión de reyes cuando Hao ya esté realmente posicionado en el trono, es más, espero que cuando esta carta llegue al reino, él ya tengo el nombramiento oficial y no ese simbólico que tuvimos que hacer a la fuerza.

Sé que debí avisar con anterioridad pero me place anunciar que Morphin y yo no casamos hace algunos días. Ya imaginarás el escándalo que hubo, sin embargo, creo que como rey es la mejor decisión que tomaré en mi vida.

Por ahora, lo mejor que podemos hacer es esperar que el reino Asakura y se levante y Hao recobre el ritmo habitual del lugar.

Les mando saludos, y espero su visita.

El rey Lyserg Diethel.

—Tan cortés como siempre— Anna dejó la carta sobre una mesa y se terminó de preparar para bajar a la celebración.

—¿Por qué tardas tanto? —Pilika entró sin avisar y sobresaltó a la rubia— el nuevo rey es tu cuñado y tú ni siquiera estás con Yoh en la fiesta.

Anna suspiró y se terminó de colocar sus zapatillas.

—Creí que estarías despidiendo a Ren. Acaba de irse.

—Nos despedimos anoche —le picó un ojo a la rubia y esta entendió de inmediato el comentario. Rodó los ojos y la Usui rio— Por cierto, Anna: llegaron noticias de la prisión. Al parecer ya lograron ubicar a Fudo. Lo aislaron y está en el pabellón de potenciales amenazas.

Lo que parecía un mensaje tranquilizante, solo logró que los nervios de Anna se alteraran. Pilika se percató de esto y únicamente atinó a abrazarla. Aún era difícil para ella asimilar que el mismo sujeto había asesinado a sus figuras paternas.

—¿Y su reino?

—Al parecer los monarcas se disputarán el trono según las normas de sus tierras. Pronto tendremos más noticias.

Dejó que el abrazo de su amiga la acogiera y cuando sintió tranquilizarse se separó y abrochó su calzado.

La Usui sintió que era una excelente señal y le tendió la mano para salir de la habitación, sin embargo, alguien les interrumpiría los planes.

—Yo llevaré a la doncella a la fiesta, Pilika. Si no te molesta —Yoh entró a la habitación a la par que la mujer salía— No te ves nada bien. ¿Segura quieres bajar? Hao lo entendería.

—Sí. Hace mucho no nos divertimos y me vendría bien un poco de normalidad en mi vida.

El Asakura se rio y la tomó de las manos mientras la veía directamente a los ojos.

—A partir de ahora todo estará bien, Anna.

Y por primera vez en mucho tiempo sentía que las palabras de Yoh podrían hacerse realidad.

—Lo sé.

Se besaron y salieron de la habitación rumbo a la gran fiesta del nuevo y verdadero Rey Asakura.

Fin.


Antes que nada, quiero ofrecerles disculpas por este día de retraso: prometí que para navidad entregaría el capítulo final pero me salió trabajo para estas fechas y llegaba tan cansada que lo que menos quería era encender el computador. Sin embargo, aquí lo entrego con todo el amor que puedo manifestar.

La palabra "gracias" queda corta al sentir toda la buena vibra que me han enviado desde que decidí retomar esta historia. Si bien entré con miedo porque el fandom de Shaman King está estático desde hace mucho, era para mí una dosis diaria de felicidad cada review o notificación que recibía.

Hay muchas personas que están detrás de este final pero si tengo que escoger a una en específico es a mi beta, mi consejera y, principalmente, mi amiga Abril (AbrilStylinson). Sin ella "El heredero" hubiera quedado en el olvido y en el hiatus eterno.

Gracias por estos seis años de tropiezos. Un abrazo gigante y espero, de todo corazón, saber sus opiniones.

Pd: hay un epílogo en proceso de edición así que es muy probable que lo suba por estos días.
Pd2: para los que siguen "El inquilino" o "El taxista" (mi fic Ooc dedicado a Manta) deben saber que esos también serán terminados el otro año, así que por ahora no se librarán fácilmente de mí (?) x)

Con cariño, Angélica.
Felices fiestas.