Shaman King no me pertenece
XXVI. Epílogo
Desde la ventana, Hao Asakura veía cómo su hijo corría para alcanzar una de las espadas de madera que habían quedado sobre el pasto. Tras él, su sobrino trataba de seguirle el paso. Unos metros más allá, su hija menor pescaba en el lago con Chocolove.
Diez años habían transcurrido desde su coronación y nunca en la historia las tierras de los Asakura habían sido tan fértiles y prósperas. Su reinado era tema de alarde entre los aldeanos y los reyes de los otros lugares. Nunca un rey había marcado la historia con tan pocos años en el mandato. El éxito estaba en las personas a su alrededor. Su esposa, principalmente.
Yoh tampoco lo había dejado solo en ninguna decisión y más que el sucesor del trono era su consejero, su cómplice, su amigo. Con el tiempo llegó su primogénito y fue motivo de alegría para todo el reino. Luego vino su sobrino y la alegría se multiplicó cuando nació su princesa. Y al parecer su hermano le tuvo envidia porque hacía algunos cuantos meses, Anna había dado a luz por segunda vez. Pero sin duda, Hao Asakura alcanzó la felicidad total cuando se enteró que Marion estaba embarazada de nuevo. Si las cuentas no fallaban, en tres meses otro bebé estaría en el castillo.
Era inmensamente feliz.
—Pensé que tomarías un descanso —su esposa había entrado al lugar— llegó una carta de Jeanne y asegura que llegará a la boda y al parecer no vendrá sola.
—Por fin conoceremos al próximo rey.
—Estoy segura de que Jeanne escogió a un gran hombre para acompañarla durante su gobierno. Fue difícil para ella pero ha hecho una gran labor como reina.
Hao asintió y se acercó a la mujer para darle un beso en la frente. Acto seguido, se agachó y besó el vientre abultado de ella.
—Crecerás en una hermosa familia, te esperamos con ansias.
Marion, enternecida, besó los labios de su esposo cuando este recobró su postura.
Por la ventana notaron cómo dos carruajes entraban por las puertas del jardín.
—Al parecer los Tao y los Diethel decidieron venir con anticipación.
Marion rio sobre el pecho del hombre
—No te hagas el indignado. Será un gran día para todos y merecemos compartir con ellos.
—Quizá solo quieran algunos consejos para gobernar.
—Seguramente.
Y así, los reyes bajaron a recibir a sus amigos
Los adoraba, en serio, pero también necesitaba un momento de soledad en la gran biblioteca del castillo. Ya los demás reyes llevaban tres días en el lugar y habían prometido esperar a Jeanne para iniciar la celebración. Recorrió los estantes y se sorprendió al ver uno con una portada idéntica al diario de su madre. Lo separó del resto y la primera página tenía la firma de la escritora.
—Keiko.
Con curiosidad y miedo, Anna comenzó a leer algunos apartados o notas sueltas, sin embargo, se detuvo en las que hablaba de Silver.
Me han comprometido y no puedo estar más enojada con la situación. ¿Por qué las mujeres no podemos decidir con quién casarnos? ¿Por qué debemos obedecer los deseos de los hombres? Si pudiera me iría de este lugar y de este reino. Me gustaría ser una persona sin obligaciones nobles pero nací con la desgracia de ser doncella.
Saber que seré reina me pone nerviosa. No me agrada Mikihisa, hay algo en su mirada que no me termina de gustar. Sin embargo, Silver es… especial. Daría lo que fuera para que él tomara el trono y no su hermano.
Mikihisa deja el castillo con frecuencia y eso me permite esconderme de los guardias para conversar con Silver. Es muy caballeroso y tierno. Creo que me gusta.
Me besó. Nos besamos. Me prometió que tomaría el trono con el único fin de casarse conmigo y nunca había tenido tanta fe ciega en un hombre.
Fue imposible. Silver me comentó que sin importar lo que pasara, Mikihisa sería el próximo rey e inevitablemente yo sería su esposa. Odio este maldito castillo y mi ridícula vida.
Es mi noche de bodas y el rey a mi lado ha quedado dormido por tanto vino pero se supone que debería ser especial y haré que lo sea. Silver estará esperando por mí, lo sé.
Silver dejó el castillo a la mañana siguiente de la boda. Dormimos juntos y Mikihisa ni siquiera sospechó lo que pasó entre su hermano y yo.
Hao ha nacido y Silver vino a su bautizo. No tuve el coraje de decirle que este niño era de él, que él era su verdadero padre.
El diario cayó de sus manos y ella quiso tomar aire mientras asimilaba toda la información.
—¿Hao es Hijo de Silver? Entonces ¿Yoh es el verdadero heredero? —levantó el cuaderno y siguió leyendo.
No lo veo con regularidad. Cada vez que Silver vuelve de sus viajes es para disgustos. Lo escucho discutir tanto con Mikihisa que no dudo que algún día terminen enfrentándose a muerte. Por otra parte, mi matrimonio es soportable. No soy feliz, claramente, pero podría ser peor ¿no?
Me ha violado, mi esposo en una evidente embriaguez me ha hecho daño. Estoy increíblemente rota.
Estoy embarazada. Mi próximo hijo es fruto de una violación. He querido hablar con Silver pero hace meses que no viene y para colmo de males, Mikihisa cree que este hijo es producto de una infidelidad. Este niño conocerá la desgracia.
Anna sintió asco al recordar los abusos de Mikihisa. Abusos que nunca comentó, ni siquiera a Yoh, sería un secreto que llevaría a la tumba. Limpió sus lágrimas y siguió las letras.
Es hermoso. Es idéntico a Hao pero sus ojos son más inocentes. No merece el desprecio de su padre, Yoh merece y necesita todo el amor que solo yo puedo darle.
Mikihisa no soporta a Yoh y cree que no es su heredero; por el contrario, Hao es su favorito y solo comparte tiempo con él. Debería hablar y decir la verdad pero no me creerían y, además, Silver se metería en problemas y lo que menos quiero es perjudicarlo. Aún considero que él es el hombre de mi vida.
Ha llegado una niña a esta casa. Tamao si bien no fue producto de una violación, tampoco puedo decir que disfruté la noche en que Mikihisa me reclamó como su mujer. Espero que ella tenga un mejor destino que el mío y si aún vivo para cuando sea toda una dama, rogaré para que se case con un buen hombre y no como el tipo que tengo como esposo.
Silver ha sido capturado y ejecutado, yo misma vi cómo le cortaban la cabeza. Mikihisa es el hombre más miserable que existe sobre la tierra y lo maldigo con todo mi dolor.
El cuaderno tenía más hojas en blanco y otros garabatos indescifrables. Al parecer Keiko se había cansado de compartir su dolor. Sin pensarlo dos veces, Anna salió de la biblioteca y corrió a buscar el rey. Hao merecía la verdad.
—Me agradabas más cuando me respetabas, cuñada.
La rubia había entrado sin avisar al cuarto del Asakura.
—Tenemos que hablar.
—¿Esos comentarios no se le dicen a la pareja?
La rubia bufó y le mostró el cuaderno a Hao.
—¿Sabes qué es esto? Era de tu madre y tiene mucha información.
Hao no se mostró sorprendido ni intrigado.
—Así que encontraste el diario de mamá. Yoh es un idiota, juró que lo destruiría.
—¿Entonces lo saben? ¿Sabes que tu hermano es el verdadero sucesor y tú eres el hijo de Silver?
—Sí, hace años lo sabemos, incluso fue mi hermano el que propuso destruir ese cuaderno. Le iba a entregar el reino porque legalmente le pertenece pero declinó. Dijo que sin importar nuestra sangre éramos hermanos y que lo más importante era traer la tranquilidad y la paz a este lugar. Yoh trajo la esperanza a nuestras tierras. Aunque no tenga corona, es el verdadero soberano.
—Eso suena muy a Yoh. Además, no solo trajo esperanza a nuestro hogar, sino a todas las personas que lo rodean—Anna se acercó a la chimenea con el cuaderno en manos— tú y él han quedado en la historia de esta familia— la rubia arrojó el diario al fuego y Hao la miró con aprobación.
—Bajemos a cenar y luego descansemos. Mañana nos espera una gran boda.
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En el jardín, Tamao vestía de blanco mientras el hombre que estaba a su lado lucía su traje militar.
En los asientos, todos los soberanos de los reinos lejanos y cercanos presenciaban el momento. Hao, como rey Asakura, estaba en la primera fila mientras su esposa intentaba tranquilizar a sus inquietos hijos. Unos metros a su derecha, Yoh, su subrino y Anna con su otro hijo en brazos, miraban con felicidad genuina la escena. Asientos atrás, estaban los Tao: Jun con sus dos hijos al lado de Payron y Ren con Pilika que aún no se decidía a tener hijos; Lyserg con sus tres hijos y una embarazada Morphin; y Jeanne de la mano con un noble caballero que estaba más que listo para asumir la responsabilidad de ser rey.
Cuando el sacerdote llegó al altar, Horo y Tamo se tomaron de las manos y ante la mirada de todos, se juraron amor eterno.
Notas de la autora:
No tengo palabras para manifestar tanto amor hacia este fic y agradecimiento a cada persona que se ha pasado por este lugar para leer o para comentar.
Espero que este 2019 nos sigamos leyendo y manteniendo a flote este hermoso fandom.
Recuerden que pueden enviarme sus comentarios y apreciaciones. Además pueden seguirme en twitter o Tumblr. Los enlaces están en mi perfil.
Buenas vibras para todos.
