Nota I: Turno de Eowyn, este relato surgió por un dilema acerca de sus decisiones, sé que en el libro ella renuncia a la espada, pero ¿realmente le fue fácil?, creo que ella, como todos, también tuvo sus dudas.
Nota II: Ningún personaje, lugar o nombre son míos, todos pertenecen al maestro JRRTolkien y su obra. Esto solo es un fanfic cuya única finalidad satisfacer esa necesidad de escribir que a veces le da a uno.
Ya no deseo ser una reina
Eowyn
3019 TE
-El Señor Faramir le pide sus más sinceras disculpas por no poder acompañarla el día de hoy, ha partido a Osgiliath a cumplir una diligencia y regresará en un par de días-le anunció Beregond a Eowyn cuando ésta se encontraba sentada ante la mesa donde solía almorzar con el Senescal.
-Agradezco el mensaje, Beregond-repuso la Dama de Rohan.-Te pido le digas que lo comprendo, pues yo también tengo menesteres que atender.
Desde la llegada de los capitanes a Minas Tirith Éowyn se reunía con su hermano durante algunas horas, pues debían organizar su regreso a Edoras; por otro lado había un asunto la tenía ocupada, el tiempo se agotaba y no podía demorar en tomar una decisión.
Aquella mañana la Dama de Rohan al terminar su almuerzo pidió que se le informará a su hermano que lo vería hasta después del mediodía. Regresó a su dormitorio y al pasar frente a una de las ventanas desde donde alcanzaban a verse los campos de Pelennor la asaltó una enorme tristeza, el recuerdo de la batalla aún seguía vivo dentro de ella, no olvidaba el olor a sangre que inundaba el ambiente, los gritos desgarradores de los hombres que eran atravesados por las flechas de Mordor, ni la figura del rey Theoden, herido de muerte, cayendo de su caballo.
-Tío-dijo tratando de contener el llanto, no pudo, el dolor de haber visto al hombre que amaba como a un padre morir frente a ella le seguía invadiendo; sus manos apretaron con fuerza el vestido.
-Mi Señora-escuchó la voz de Fíriel, la doncella acomodaba la ropa recién lavada en el enorme mueble de madera.-¿Se encuentra bien?
-No-confesó.-Me asaltó un recuerdo terrible, vi morir a mi tío y eso aún me causa un gran dolor, temo que esta herida jamás sane-por sus mejillas rodaban algunas lágrimas.
-Señora Eowyn, aún es muy pronto para su herida sane-dijo Fíriel poniéndole una mano en el hombro como en señal de apoyo.-Puede que tarde mucho tiempo, pero su dolor sanará.
Eowyn se enjugó las lágrimas con un pañuelo y se volvió a la doncella, en los ojos de Fíriel encontró un dejo de tristeza, ella había perdido a su esposo en la toma de Osgiliath y aún así siempre se mostraba alegre.
-Agradezco tu apoyo y amistad, Fíriel-repuso la Dama de Rohan.-Yo no debería agobiarte con esto, han sido días muy difíciles para todos.
-Mi Señora, despreocupese por eso. Yo estoy dispuesta a escucharla, no importa si me habla de sus penas o sus alegrías.-dijo la doncella amablemente.
Eowyn sonrió, se dio cuenta que Fíriel le ofrecía una amistad sincera y se alegró.
-Y yo estoy dispuesta a hacerlo también-repuso a la doncella.
Fíriel sonrió tímidamente.
-Debo reconocer, querida amiga, que algo más me preocupa.-dijo Éowyn tras un largo silencio.-Y es que a veces dudo de la decisión que tomé hace días.
-La curación es un oficio hermoso, y si ha decidido aprenderlo no dude en que encontrará en él la belleza de la vida.-las palabras de la doncella le hicieron recordar lo que había dicho al Senescal.
-Lo sé-repuso la Dama de Rohan-mi decisión de ser curadora no la pongo en duda, aunque he de confesarte que me asusta un poco-y entonces dirigió su mirada hacia la espada que yacía a unos metros de la cama, con la que derrotó al rey Brujo de Angmar y ganó la gloria.-Toda mi vida soñé con ser un guerrero rohirrim, con ser parte de las filas del rey-dijo con tristeza.-La espada para mi fue un escape de mi dolor e incluso de una realidad que me atormentaba.-suspiró de nuevo.-Tal vez dije que renunciaría a ella, pero es un asunto que me sigue dando vueltas en la cabeza.
-Pienso, mi Señora, que el mejor consejo sobre esto se lo dará el mismo Mayoral-dijo Fíriel con sinceridad.
-Entonces-se dirigió a la doncella-es menester que hable con él antes de regresar a Rohan.
-Iré a buscarlo, Señora-dijo Fíriel.
-Dile que lo encontraré cerca de los muros que dan al Este-dijo antes de que la doncella saliera de la habitación.
Eowyn entonces tomó el manto azul que Faramir le había regalado y se lo colocó sobre los hombros, salió del dormitorio y se dirigió hacia los jardines. El cielo estaba algo nublado y una fina lluvia caía suavemente sobre la ciudad. Cuando llegó hasta los muros, la Dama de Rohan sonrió al ver al Mayoral aproximarse a ella.
-¿Hay algo que pueda hacer por usted, mi Señora?-dijo a modo de saludo el Mayoral.
-Ha hecho bastantes cosas por mi, señor-repuso y sonrió agradecida.-Sin embargo lo necesito nuevamente, quiero solicitarle algo y si no es mucho abuso de mi parte pedir su consejo.
-Entonces he de escucharla, mi Señora-el Mayoral la miró con atención.
-Estos últimos días me han traído sorpresas y enormes dichas, una de ellas fue darme cuenta que la curación es un oficio que deseo aprender, e incluso hace días se lo expresé al Senescal-miró al Mayoral unos segundos.-El Señor Faramir me dijo que no hay mejor curador que usted en toda la ciudad-guardó silencio unos segundos-¿aceptaría ser mi maestro?-preguntó con cierta timidez.
El Mayoral sonrió.-Será un honor ser maestro de la Dama de Rohan-respondió.-Únicamente le pediré tiempo, no puedo dejar Minas Tirith de un día para otro, por lo que cuando usted y mi Señor Faramir estén instalados en Ithilien y yo haya dejado todo ordenado aquí, iré con ustedes.
Éowyn sonrió.-Hay mucho tiempo para organizar su viaje, maestro-repuso.-Yo personalmente hablaré con el Señor Faramir y me encargaré de todo.
El Mayoral la miró orgulloso.-Me alegra que haya encontrado la felicidad en este lugar, mi Señora, y que haya tomado la decisión de ser curadora.
-Y sin embargo he de confesarle que hay algo que aún me aqueja-dijo Eowyn con cierta tristeza.
El Mayoral la miró algo confundido.
-Tengo claro que ser curadora es algo que deseo y que me traerá mucha dicha,-sin embargo estoy dudosa de otra decisión que tomé.
-¿Renunciar a la espada?-acertó el Mayoral. Eowyn asintió en silencio.-Si bien vienen tiempos de paz eso no significa que deba renunciar a algo que ha sido parte de su vida por años, estará incompleta si decide dejar el arte de la esgrima.
-Tal vez algún día renuncié a ella, pero no quiero hacerlo ahora.
-Su vida está cambiando, pero eso no implica que usted deba dejar atrás todo lo que es.
Esto último hizo que Eowyn se replanteará las cosas, posiblemente la esgrima no sería tan importante como lo fue antes pero la seguiría practicando al tiempo que aprendería el arte de la curación. Sin darse cuenta sonrió agradecida.
-Cada día que pasa, Señora Éowyn, la veo más repuesta, más feliz-le dijo el Mayoral sacándola de sus pensamientos.
-Aquí me di cuenta de que la pena que albergaba mi corazón me tenía confundida-repuso Eowyn con sinceridad.-Me alegro no haber muerto en batalla y que la oscuridad haya aclarado.
-Usted y el señor Faramir estaban destinados a estar juntos-dijo el Mayoral.-Cuando los vi por primera vez charlando en los jardines mi corazón se alegró, sin que se dieran cuenta se necesitaban el uno al otro para curar.
¡Gracias por leer hasta acá!
Saludos, y nos leemos pronto.
