Nota I: Faramir ante el inicio de lo que sería su carrera como miembro (y Capitán) de los montaraces de Ithilien.
Nota II: Ningún personaje, lugar o nombre son míos, todos pertenecen al maestro JRRTolkien y su obra. Esto solo es un fanfic cuya única finalidad satisfacer esa necesidad de escribir que a veces le da a uno.
Faramir
3000 TE
Fue a sentarse debajo de la sombra que daban los árboles en los jardines de las Casas de Curación, con él llevaba uno de los libros que fueran de la biblioteca privada de su madre, el de las historias de Numenor, su favorito; ella siempre le leía aquellos cuentos antes de dormir, Faramir no lo olvidaba; fue así como nació, a tan temprana edad, su amor por aprender la historia de su pueblo. Levantó la vista del libro y suspiró, esta vez no estaba Finduilas para acallar sus temores con sus dulces palabras. Estaba asustado con lo que pasaría, y es que por la tarde su padre le había informado que sería enviado a Ithilien, con los montaraces del Sur. Le aterraba la idea de no cumplir con las expectativas de su padre o de fallar en algún momento y regresar derrotado a Minas Tirith, de hacer el ridículo y entorpecer al grupo, de no ser útil. Tanto tiempo el Senescal le repitió que era mediocre que empezaba a creérselo a pesar de que sus compañeros e incluso algunos soldados decían lo contrario. Dejó el libro a un lado y abrazó sus piernas, pensó entonces en su hermano, quien le había entrenado desde hacía más de cinco años; a Boromir le admiraba mucho, era el mejor guerrero de su generación y por eso le nombraron Capitán del ejército de Gondor teniendo veinte años, en cambio él, Faramir, tenía diecisiete años y se sentía el muchacho más inútil de Minas Tirith.
-¿Qué haces aquí?-preguntó detrás de él una voz conocida que lo sacó de sus pensamientos.-Se supone que debes estar preparándote para salir a Ithilien.-Era Boromir, a quien no esperaba ver tan pronto, ya que se encontraba en el frente de Osgiliath.
-Quería estar solo-musitó sin quitar la vista del horizonte que alcanzaba a verse más allá de las murallas.
Su hermano no contestó y se sentó junto a él, por unos minutos guardó silencio hasta que vio el libro que descansaba al lado de Faramir.
-¿Éste no es el que a madre le gustaba leernos?-preguntó Boromir tomando el libro.-Lo creí extraviado.
-Lo guardé poco después de que ella murió-repuso volviéndose a su hermano.-Un día logré burlar la seguridad que nuestro padre puso a la biblioteca que era de madre.
-Eso lo creería de mi, no de tí-sonrió el mayor de los hermanos.
-Tú hubieses hurtado la daga del abuelo-contestó Faramir un poco más animado.-Estoy seguro.
-O el Cuerno de Gondor-dijo Boromir.-Espero de verdad que algún día sea mío.
-Eres el Capitán de Gondor, no dudo que padre te lo dé algún día.
Boromir sonrió sin decir nada.
-¿Por qué regresaste tan pronto?-preguntó Faramir a su hermano después de un largo silencio.
-Padre me quiere en el consejo, vendrán todos los capitanes de Gondor, incluídos Thingol y nuestro tío Imrahil-explicó el muchacho.-Discutiremos la defensa de la ciudad y de Gondor, ha habido rumores de que hay grupos de orcos acechando en las fronteras.
Faramir no contestó, lo que escuchó hasta cierto punto le crispó los nervios.
-Thingol es el capitán de los montaraces, ¿cierto?-preguntó tras unos minutos aunque sabía perfectamente la respuesta.
-A él acompañarás en su regreso a Ithilien-respondió Boromir dándole una palmada en la espalda.
Faramir suspiró con tristeza y nuevamente bajó la mirada, tragó saliva.
-¿Sucede algo?-preguntó su hermano mayor.
El muchacho negó moviendo la cabeza a ambos lados, no quería decirle a su hermano que se sentía asustado.
-Yo también tuve miedo cuando partí a Osgiliath la primera vez, aún lo tengo. No es fácil estar en el frente, no es fácil saber cuando no volverás-confesó Boromir de pronto.-Pero debemos luchar por nuestro país, por Gondor, no dejar que destruyan nuestra hermosa ciudad-guardó silencio unos segundos.-Tú irás con los montaraces, así lo elegí, eres demasiado analítico para estar entre las filas que defienden Osgiliath-Faramir iba a decir algo pero su hermano le hizo una señal de que guardara silencio-, por eso prefiero que estés apoyando a Thingol, tú tarea es defender Ithilien, organizarte con los montaraces y no permitir que pase el enemigo.
En el rostro de Faramir se dibujó media sonrisa, su hermano casi siempre encontraba palabras para animarlo.
-¿Qué si fallo?
-Eso no es una opción, recuerda todo lo que está en juego-respondió Boromir con seriedad.
Faramir asintió.-¿Cuándo volveremos a vernos?
-Espero sea pronto-repuso Boromir.
Los dos hermanos entonces guardaron silencio, cada uno sumido en sus pensamientos mientras el sol lentamente se ocultaba detrás de ellos.
Faramir volvió a suspirar, sujetó el libro con cuidado y se puso de pie.
-Iré a prepararme entonces-un poco más animado.
-Me alegra escuchar eso, vamos-Boromir también se puso de pie también.
Faramir apenas si podía dormir, no dejaba de pensar en lo que vendría, con la mirada fija en el techo intentó no pensar en nada pero le era imposible. Cuando por fin empezaba a conciliar el sueño las dudas le asaltaban, entonces decidió salir a tomar un poco de aire.
-¿Mithrandir?-dijo al ver la silueta del mago gris en medio de la noche.
-Has crecido bastante desde la última vez que estuve aquí-le saludó Mithrandir con una sonrisa y lo estrechó en un caluroso abrazo.
-Te creía en las tierras del norte, no han llegado muchas noticias tuyas-dijo Faramir sin ocultar su felicidad, para él el viejo mago gris era casi como su mentor.-Me alegra verte, ¿qué te trae a Minas Tirith?
-Noticias que debo hablar con tu padre y algunos asuntos que debo investigar para asegurarme que mis temores son falsos-respondió el mago.
-Ojalá encuentres las respuestas que buscas-Faramir hubiera querido preguntarle de qué se trataba pero conocía Mithrandir y éste no le diría nada.
-Eso espero, querido amigo,-Mithrandir guardó silencio por unos segundos-porque estos últimos años la oscuridad nos ha nublado las esperanzas.
-Mientras Gondor resista habrá esperanzas-dijo Faramir seguro de sí mismo.-Y mientras esté en mis manos no permitiré que esta ciudad caiga ante el enemigo.
-¡Vaya! Quién iba a creer que el joven Faramir de Gondor me diría esto-sonrió el mago.-Parece que en los años que dejé de verte te convertiste en un adulto.
-A pesar de que cuando era más joven me resistía a asistir a los entrenamientos, me di cuenta de que si no defiendo a Gondor es como si no defendiera todo lo que amo.
-Lo sé, querido amigo-Mithrandir lo miró con cierto orgullo.-Y sé que lo harás bien, serás un buen Capitán en Ithilien.
-¿Capitán?
-Eres el hijo del Senescal, a pesar de las diferencias que tienes con tu padre, él no le dará ese puesto a nadie que no sea de su familia o de su confianza-repuso el mago.
-Están Thingol y el Príncipe Imrahil…
-Thingol no tarda en retirarse-lo interrumpió Mithrandir-, supe que quiere prepararte para que quedes al frente de los montaraces, y tu tío, bueno, tiene bastantes problemas en el sur como para ocuparse de Ithilien.
Faramir no respondió, estaba seguro de que Boromir había intervenido en esa decisión. Suspiró.
-Aunque dudo que mi padre deje de buscarle errores a todo lo que hago-sabía que Denethor no cambiaría su opinión con respecto a él.
-Entonces haz todo lo posible para impedirlo-sonrió el mago.-Faramir, lo que diga tu padre no importa, conociéndote sé que darás todo para defender tu país.
El muchacho sonrió.-Ojalá algún día termine esta guerra-dijo después de unos minutos.-No quiero pasar el resto de mis días entre tanta oscuridad porque entonces sí me derrumbaré-la verdad es que le angustiaba que su vida girara en torno a la guerra.
-Estoy seguro de que los Valar tienen para tí otros planes.-repuso Mithrandir.-Ahora ve a descansar, querido amigo, lo necesitas porque mañana te espera un largo día.
Faramir asintió en silencio.-Por favor, Mithrandir, no dejes de enviarme noticias tuyas, puede que con esta nueva responsabilidad necesite consejo-dijo a modo de despedida.-¡Que Eru te guarde!
-A tí también. Intentaré mantenerme en comunicación mientras me sea posible-se despidió el mago agitando la mano y dirigiéndose a la residencia de invitados que se encontraba unos niveles más abajo de la ciudadela.
¡Gracias por leer hasta acá!
