Nota I: La muerte de Théodwyn y Eumund parece pasar desapercibida en muchos fanfics, no he encontrado mucho que hable de esta etapa de la vida de Éowyn y la manera en cómo lo enfrentó, pienso que para ella fue bastante difícil. La imagino como una niña que forjó un carácter fuerte por el medio en el que creció. Por otro lado, pienso en la relación que tuvo con su primo y con su tío, el primero siempre he imaginado que fue su cómplice (sino ¿cómo aprendió a blandir la espada?) y el segundo debió haber sido estricto con ella y Éomer; el rey Théoden siempre se me figura un hombre de carácter bastante fuerte, pero que durante su vida les profesó bastante amor a sus sobrinos. Espero haberme hecho entender.

Nota II: Ningún personaje, lugar o nombre son míos, todos pertenecen al maestro JRRTolkien y su obra. Esto solo es un fanfic cuya única finalidad satisfacer esa necesidad de escribir que a veces le da a uno.

Eowyn

3003 TE

Estaba de pie en el pasillo con la mirada fija en la puerta del dormitorio de su madre, se sentía asustada por lo que pudiera pasar y hubiera querido entrar para acompañarla sino fuera porque tenía ocho años y el curador se lo prohibió. Tenía el rostro inundado en lágrimas pero intentaba ser fuerte y mantenerse ahí queriendo entender todo.

Su madre hacía meses había caído enferma, justo después de la repentina muerte de Eomund, su padre. La niña de cabellos dorados no olvidaba aquel día soleado en el que un mensajero llegó con las malas noticias, de su memoria no se borraba el grito desgarrador de Théodwyn segundos después de escucharlo. Fueron días difíciles para todos, pasado el funeral del Mariscal de la Marca, la mujer se sumergió en una tristeza tremenda dejándoles solos a ella y a su hermano mayor, Éomer. Fue cuando por órdenes del rey Théoden, hermano de su madre, se mudaron a Edoras.

-Podré cuidar mejor a su madre y encargarme de ustedes-dijo el rey antes de que partieran a la capital de Rohan. A Éowyn no le había hecho mucha gracia el mudarse, extrañaba su antigua casa que era enorme y se encontraba al pie de las Montañas Nevadas.-Estoy seguro de que tu madre sanará y pronto volverán a su hogar-la animó su tío.

Théodwyn no mejoró, al contrario, día con día su salud decaía y una mañana las cosas empeoraron. De pronto la hermosa mujer cayó de bruces en medio de la casa perdiendo el conocimiento. Éowyn estaba sola con ella, pues Éomer había ido a su entrenamiento; sin pensarlo dos veces corrió al palacio a buscar ayuda, afortunadamente encontró a Morwen, quien a veces le cuidaba. Llamaron a un par de curadores, llevaron a su madre al dormitorio y cerraron la puerta.

-Éowyn, tú no deberías estar aquí-dijo una voz familiar junto a ella, era Théodred, su primo e hijo del rey de Rohan. El muchacho le sujetó su mano, la niña la apretó con fuerza al tiempo que empezaron a caminar por el pasillo hasta llegar a la estancia de la casa.-Esta noche dormirán en el palacio.

-Pero…-iba a protestar pero Théodred le hizo una señal de que guardara silencio.

-Mi padre así lo ha dispuesto, allá estarán mejor-dijo el muchacho.-Al menos hasta que tía Théodwyn mejore.

Éowyn asintió en silencio e hizo una mueca.

-Esta vez no quiero que escapes-la miró fijamente el príncipe.-¿Lo prometes?

-Solo quería estar con mi madre-dijo bajando la mirada. Era verdad, las noches que ella y su hermano habían dormido en el palacio escapó, logró burlar la seguridad de los guardias para regresar a ver a casa.-No quiero estar lejos cuando ella muera-y es que a pesar de sus ocho años entendía muy bien lo que pasaba.

Théodred suspiró y la miró.

-Hablaré con el rey de Rohan, si es necesario me quedaré esta noche con ustedes-dijo el muchacho.

Esa noche el rey de Rohan y su hijo Théodred la pasaron en aquella morada acompañando a sus sobrinos, pues la vida de Théodwyn menguaba y sus hijos no querían abandonarla.

-¿Iremos a vivir al palacio?-preguntó sorprendida Éowyn tras escuchar a su hermano quien tenía pocos minutos de haber llegado de su entrenamiento.

-Nuestro tío me lo dijo cuando veníamos hacia acá, creo que al menos ahí estaremos bien-el chico no parecía muy convencido.

-La extrañaré-Éowyn apretó los labios y se contuvo de llorar.

Éomer no contestó, la miró de soslayo y dirigió su vista a la ventana.

Así transcurrieron algunos minutos, en un silencio que estaba inundado de tristeza e incertidumbre, de dolor, pues ambos hermanos se preguntaban qué sería de ellos, porqué debían soportar pérdidas tan dolorosas a tan corta edad.

-Yo te voy a cuidar, hermana-dijo de pronto el niño de ojos claros y cabellos rubios.-Eso le prometí a mi padre cuando se fue al combate-Éowyn notó en los ojos de su hermano una tristeza inmensa. Tragó saliva y lo abrazó.

Pasaron las horas y la pequeña Éowyn se quedó dormida esperando noticias de su madre, pero no las hubo al menos hasta la madrugada del día siguiente cuando la despertó Théodred.

-Tu madre quiere verte-dijo su primo y la llevó, aún somnolienta a los aposentos donde yacía la hija de Thengel. Cruzó la puerta y empezó a sentir un miedo terrible, un nudo se le formó en la garganta y los ojos se le llenaron de lágrimas.

Cuando se disponía a acercarse al lecho de su madre sus piernas no le respondieron y apenas pudo dar un par de pasos, entonces su hermano le puso las manos en los hombros y ambos se detuvieron junto a la cama.

Théodwyn no era ni la sombra de la mujer radiante que había sido hacía unos años, estaba más pálida que nunca, con los ojos hundidos en medio de ojeras enormes y la piel pegada a los huesos.

Éowyn apretó la mano de Éomer al ver a su madre.

-Mi pequeña-dijo Théodwyn con voz débil e intentó llevar su mano al rostro de la pequeña.-Perdóname por dejarte sola-Éowyn comenzó a sollozar, sujetó la mano de su madre.

-Te prometo que estaré bien, mamá-dijo con la voz entrecortada.

-Sé que tu hermano y tu primo te cuidarán-la hija de Thengel apenas podía hablar.-Y que tu tío sabrá criarte-tomó aire y por unos segundos guardó silencio.-Por favor, sé feliz, muy feliz, a pesar de estos tiempos.

Éowyn asintió sin soltar la mano de su madre.-Sí…-dijo susurrando aunque no tenía idea de cómo iba a lograr ser feliz con una pena tan grande.

Después de la muerte de Théodwyn, los hijos de Eomund fueron a vivir al palacio como el rey había dispuesto, se mudaron aquella misma mañana. Se dieron órdenes de prepararlos para el funeral.

Éowyn no protestó como tantas otras veces, se dejó llevar al palacio por Morwen, quien se haría cargo de ella.

-Es hora-dijo su primo sentándose a lado de ella, ni siquiera lo miró. Éowyn estaba sumida en sus pensamientos, atormentada por lo que estaba pasando y sin saber cómo reaccionar. No lloraba, sus ojos ni siquiera estaban húmedos, simplemente estaba sentada en la orilla de la cama observando sus zapatos en silencio. Tragó saliva y aquel día fue la primera vez que sintió la amargura de estar completamente sola. Por su cabeza pasaban un montón de cosas, recuerdos de su corta infancia al pie de las Montañas Nevadas.

Théodred la abrazó, y ella sin poder resistir más se soltó a llorar, no podía si quiera controlarse, la tristeza que sentía era demasiada para su edad, era como si de pronto se diera cuenta de la crueldad del mundo. Se aferró a su primo y lloró sus pérdidas, la de sus padres, la de su hogar.

-Lo siento-dijo minutos después. Su voz sonaba apagada, triste y queda.

-No, nada de pedir disculpas-el muchacho le sonrió animándola.-No entenderé jamás tu pena, pero tú eres una muchacha fuerte-era la primera vez que alguien le decía aquello, la niña de cabellos dorados sonrió con timidez.-Y llorar no está mal-la interrumpió su primo antes de que ella pudiera decir algo.

Los dos se quedaron en silencio durante algunos minutos, asimilando su pena. Éowyn sintió menos peso en su corazón al saberse apoyada por su primo.

-No me dejes sola, Théodred-dijo tomándole la mano.

Él suspiró.-Haré todo lo posible, mi querida Éowyn.

Y se dispusieron a salir de la habitación, el funeral iniciaría en unos minutos y el rey les esperaba junto con Éomer en el vestíbulo. Sin pensarlo, sujetó a su hermano de la mano, jamás le había visto tan triste.

En los meses siguientes empezaba todo a tornarse normal, su hermano apenas dos días después del funeral regresó a sus prácticas de esgrima, mientras su primo salía algunas veces de Edoras para organizar las defensas del reino; esto a Éowyn la fastidiaba, y es que debía quedarse sola, pues su tío igualmente se ausentaba largas horas. Lo único que hacía era soportar las lecciones de bordado con las mujeres del palacio o escabullirse a su dormitorio y soñar que tenía grandes aventuras, la mayoría de las veces optaba por lo segundo.

-¿Dónde te habías metido?-le preguntó Theodred al verla llegar al salón principal donde la esperaban para cenar. Y es que aquel día se había aventurado a ir a la armería, quería saciar su curiosidad y saber qué se sentía blandir una espada o portar un yelmo, entretenida no se dio cuenta que oscureció.

-Estaba aburrida-dijo despreocupada, sin embargo se dio cuenta que nadie dejaba de mirarla, el rey incluso dejó a un lado el tarro de cerveza, Éomer frunció el ceño y Théodred sonrió como si supiera que había pasado.

-Traes el vestido sucio, los zapatos llenos de lodo y el cabello más despeinado que de costumbre-dijo su tío sin dejarla de ver.-¿En dónde te metiste?

-Además no ha protestado porque se aburrió en sus lecciones de bordado…-dijo Eomer atento a sus movimientos.-Y no estabas en tu habitación, lo sé porque te fui a buscar.

-Ayudé a Morwen a llevar unas cosas a las bodegas-mintió, temía que si decía la verdad sería castigada.

El rey Théoden pareció satisfecho con la respuesta.

Éomer le dio un golpecito en el hombro.

-No mientas-le susurró a lo que Éowyn respondió con un codazo, pero su hermano le dio un tirón en el cabello.-Tú no estabas en la bodega.

-¡No hagas eso!-exclamó la niña enojada y dio un fuerte empujón a Éomer.

-¡Hey! ¡Basta!-exclamó su tío al verlos.-No estamos entre orcos o criaturas salvajes para que se comporten de esa manera-les regañó.-¿Y tú, Éomer? ¿Por qué dudas de tu hermana? ¿Acaso no les he enseñado que deben confiar en la palabra del otro?-el muchacho iba a protestar pero una señal del rey le hizo detenerse.-Y, Éowyn, no quiero que vuelvas a salir del castillo sin que yo esté enterado-la niña asintió en silencio.

-Ya escucharon a rey, por favor, no más peleas-comentó Théodred.-Deben aprender a apoyarse porque son hermanos, me sorprende que después de la muerte de su madre empezaran a tener conflictos.

Era verdad, desde la muerte de Théodwyn ambos hermanos empezaron a pelear la mayoría del tiempo. El resto de la cena transcurrió en silencio, si acaso Théodred y su padre intercambiaban algunas palabras referentes a la administración del reino.

Castigada por lo que sucedió le enviaron a su dormitorio al igual que a su hermano, su tío había dispuesto que las lecciones de equitación se suspendieran al menos una semana.

-¡No es justo!-protestó Éowyn, quien lo único que esperaba eran esas lecciones, pues había cumplido nueve años y su tío dispuso que debía aprender a dominar los caballos como todas las mujeres de la Casa de Eorl.-Ni siquiera he iniciado.

-¿Quieres que sean dos semanas?-preguntó su tío con seriedad.

Éowyn resopló molesta cuando el rey salió de su habitación. No, no querían que fueran dos semanas de castigo, que retrasaran sus lecciones, las únicas que seguramente valdrían la pena, porque el bordado era bastante aburrido.

-Tal vez mi padre te creyó, pero yo no, Éowyn-escuchó de pronto la voz de Théodred en medio del silencio que reinaba en el dormitorio. Ella que se encontraba sentada en el piso junto a la puerta que daba a la terraza alzó la vista.-¿En dónde estuviste?

-En las bodegas-respondió al tiempo que Théodred se sentaba a su lado.

-Hablé con Morwen, dijo que desapareciste después del medio día.

Hizo una mueca y suspiró, no sabía si decir la verdad y, sin embargo, estaba ahí su primo, la persona en la que más confiaba. Se armó de valor, tarde o temprano la descubrirían.

-Estuve en la armería-dijo en voz baja, como pidiendo disculpas.

-¿Haciendo?-Théodred alzó las cejas sorprendido.

-Quería jugar a ser un rohirrim, a blandir la espada en batalla-tragó saliva. Para su sorpresa el muchacho sonrió.

-Odias las lecciones de bordado, ¿cierto?

-Son bastante aburridas-torció la boca.-Yo no quiero aprender a bordar, no me servirá de nada cuando Rohan esté en problemas-dijo preocupada.

-En eso estoy de acuerdo-repuso su primo.-Te propongo algo-hizo una pausa-Te enseñaré a blandir la espada, a utilizar el escudo y la lanza, incluso la ballesta-Éowyn abrió los ojos sorprendida-,con una sola condición.

-¿Es en serio?

-Sí, lo único que te pido es no pelear de esa manera con Éomer e intentes hacer las paces con él-explicó Théodred.-A mi padre y a mi nos duele verlos así.

-Lo haré-dijo animada.-Le pediré disculpas…

-No solo pedirle disculpas, quiero que los dos estén bien, que no se repitan escenas como la de la cena.

Éowyn guardó silencio unos minutos.-Sí-dijo resignada.

Théodred se puso de pie.-Iniciaremos en una semana.

-Pero…

-Estás castigada-dijo Théodred antes de salir y cerrar la puerta tras él.

Ni siquiera respondió, simplemente sonrió feliz, era vez que se sentía así en meses.

¡Gracias por leer!