Nota I: Confieso que éste ha sido uno de los capítulos que más trabajo me han costado, lo reescribí varias veces hasta que me convencí. Casi podría decir que me inspiré con "Amo dejarte así" de Gustavo Cerati y "Fusión" de Jorge Drexler, si no las han escuchado deben hacerlo. En fin, no se diga más, aquí la celebración de la boda y la noche de bodas. Espero sus críticas y comentarios.

Nota II: Ningún personaje, lugar o nombre son míos, todos pertenecen al maestro JRRTolkien y su obra. Esto solo es un fanfic cuya única finalidad satisfacer esa necesidad de escribir que a veces le da a uno.

Nota III: Mil gracias a los que leen y comentan.

Faramir

3019 TE

Jamás se imaginó aquello, en toda su vida nunca se había detenido a pensar si se casaría o no, fue un tema que en ningún momento habló con sus amigos más cercanos, vaya, ni siquiera con Boromir. Lo único que le había preocupado hasta entonces era salvaguardar Gondor. Y a la gente en Minas Tirith parecía importarle muy poco que su Capitán se refugiara en los libros y en el estudio, en vez de cortejar doncellas como solían hacerlo el resto de los soldados; después de todo el hijo menor de Denethor siempre había sido así. Por eso, cuando Faramir anunció su boda, algunos de sus compañeros de armas se sorprendieron por la premura de sus decisiones, pues el joven Senescal siempre solía tomarse su tiempo para poner en marcha sus planes. Sin embargo todos le apoyaron y estaban felices por él.

Los funerales del rey Théoden ya habían pasado y el nuevo rey de Rohan, Éomer, anunció la unión de Faramir y Éowyn, y los presentes, entre los que se contaban amigos y parientes de ambos, organizaron una maravillosa fiesta en la que los cantos, el baile y las risas inundaban todo.

La celebración se prolongó hasta tarde. Faramir, animado por los hobbits y algunos de sus hombres, bebió algunas cervezas, él mismo se extrañó, no solía tomar más de dos pintas, sin embargo esta vez ya iba por la quinta. Relajado y algo mareado por el efecto del alcohol sobre su cuerpo, se detuvo y se quedó contemplando el ambiente del lugar; la música había empezado a sonar, algunos soldados de Gondor y Rohan se levantaban e iban a buscar a las doncellas para invitarlas a bailar, incluso el rey Éomer bailaba con la hija del Príncipe de Dol Amroth y el Señor Aragorn hacía lo mismo con la dama Arwen. Fue cuando buscó a Éowyn con la mirada, y la vio a lo lejos entre tanta gente, la acompañaban Fíriel y Morwen, parecía que hablaban de algo relacionado con él porque de vez en vez señalaban hacia donde estaba.

-Ve, Faramir,-lo animó Sam que lo había estado observando- ó te arrepentirás de no hacerlo-parecía que el hobbit sabía de lo que hablaba.

Asintió dudoso y se puso de pie, fue a buscar a la Dama de Rohan. Atravesó el salón dando algunos traspiés y se prometió no volver a tomar más de tres pintas de cerveza al notar que Éowyn lo miraba fijamente con una sonrisa en el rostro. Llegó hasta ella.

-¿En verdad soy tan gracioso?-le preguntó sin evitar reírse de sí mismo y sentirse algo avergonzado por el estado en el que se encontraba.

-Un poco, sí-repuso ella tomando su mano y viéndolo a los ojos.

-No debí hacerle caso a esos hobbits-se excusó con las mejillas coloradas.-Me… me apena esto-inclinó un poco la cabeza.

Entonces la Princesa de Ithilien le tomó con suavidad el rostro.

-Es tu fiesta de bodas, mi Señor, no debes avergonzarte-dijo.

-En todo caso, es la fiesta de ambos-sonrió tranquilo poniendo su mano sobre la de Éowyn.-Y vine hasta aquí para invitarte a bailar.

La Dama de Rohan asintió.-No sé hacerlo muy bien-dijo.

-Yo soy bastante malo-le colocó la mano en la cintura.

Tras una leve sonrisa y sin decir nada más, ambos empezaron a moverse tratando de seguir el ritmo de la música; entre pisotones y traspiés libraron algunas piezas. De pronto, uno de los soldados tomó el laúd y comenzó a tocar una melodía suave, algo más lenta que las demás, algunos de los presentes se sentaron y en el centro del salón principal quedaron pocas parejas.

-La balada de Nienor Níniel-comentó Faramir al escuchar los primeros versos de la canción.

-Fue una mujer valiente con un destino desgraciado-la muchacha de cabellos dorados hizo una mueca.

-Quizás lo más bello de su vida fue encontrar el amor a lado de Turambar-repuso el Senescal colocando ambas manos en la cintura de su dama.

Éowyn le rodeo el cuello con los brazos y lo miró fijamente.-Y el final de ambos fue terrible.

-Agradezco que el nuestro no haya sido así-sonrió Faramir antes de que ella recargara la cabeza en su hombro.

Y así bailaron, en silencio, sin prestar atención a lo que sucedía alrededor. En ese momento solo eran ellos dos. El Príncipe de Ithilien cerró los ojos y se dejó llevar por la música, abrazado a su dama, se sentía el hombre más feliz de la Tierra Media.

Los invitados se retiraron poco después de que las canciones se terminaran; la Compañía del Anillo se despidió de ellos, y el rey Elessär le dijo a su Senescal que se tomara algunos días de descanso, ya que partiría a encaminar a sus amigos hasta Isengard. Los únicos que se quedaron fueron el Príncipe Imrahil, su hija y la reina Arwen, que fueron llevados a los aposentos de invitados; mientras tanto, Faramir esperó en el salón principal hasta que Morwen, una doncella del palacio, le dijo que la Dama Éowyn le esperaba.

El Príncipe de Ithilien caminó por el pasillo hasta llegar al dormitorio que en los próximos días compartiría con la Dama de Rohan, entró en silencio y la encontró de pie frente a la ventana. Se paró detrás de ella para abrazarla, besó su mejilla y aspiró su aroma. Poco después Éowyn se giró hacia él y lo besó con suavidad.

El Senescal respondió aquel beso, primero con besos tímidos, recatados, que fueron convirtiéndose en desesperados, como si su vida dependiera de eso. Se dejaron llevar por todo lo que se habían guardado tanto tiempo. Los besos se mezclaron con mordidas en los labios, en el cuello, en las orejas, se escucharon suspirar.

Por todo su cuerpo Faramir sintió como si un montón de rayos le atravesaran; quiso controlar impulsos, pero sus manos ya estaban buscando la forma de desnudar a Éowyn, para contemplarla, para besarla, para acariciarla y sentirla. Se asustó de sí mismo, no quería enloquecer tan pronto y con delicadeza desabrochó el vestido de su Dama, deshaciendo los nudos uno por uno. Notó que su respiración se aceleró al igual que su corazón, la temperatura de su cuerpo aumentaba, empezaba a sentir finas gotitas de sudor en la nuca y en la frente. Suspiró después de sentir como la Princesa de Ithilien también luchaba por quitarle la camisa. Retrocedió, se dio cuenta que en cualquier momento su razón iba a dejar de funcionar, que todo lo que le pasaría no iba a poder controlarlo. Ella también dio un paso hacia atrás.

Faramir la contempló.

La muchacha tenía respiración agitada, las mejillas sonrojadas y parecía desconcertada.

-Lo siento yo... -no tenía idea de qué decir, su mente ya no le estaba funcionando en aquel momento.

-¿Hice algo que te ofendiera?-preguntó Éowyn preocupada sin siquiera acomodarse el vestido.

Negó moviendo la cabeza.-Nada, mi amada Èowyn-repuso Faramir.-Es solo que jamás había sentido esto,-buscó sus ojos-y temo perder el control de mi persona.

-Deseo esto tanto como tú, Faramir-respondió ella con seriedad.

Esas palabras le bastaron al Senescal para acercarse a ella y empezar a quitarle poco a poco el vestido; le besaba todo el cuerpo y con los dedos repasaba cada centímetro de éste. Se hizo adicto a ella, al sabor de sus pezones, los cuales besó y mordió a su antojo; bajó hasta su vientre y llegó a su sexo, se sumergió en él sintiendo como se estremecía el cuerpo de la muchacha, y la escuchó gritar su nombre entre jadeos y gemidos. Se detuvo cuando las piernas de la Dama de Rohan flaquearon, la sostuvo entre sus brazos.

Después de unos minutos de silencio la Princesa lo besó, le quitó la camisa y se hundió en su cuello al tiempo que sus delicadas manos le acariciaban el pecho. Faramir suspiró empezando a perder nuevamente todo sentido de la razón. La Dama de Rohan recorrió su pecho entre besos y pequeñas mordidas para volver a sus labios, en ese momento sintió como ella perdió las manos dentro de su pantalón, no pudo reprimir algunos gemidos. Agradeció que Éowyn le quitara los pantalones, ya le estorbaban. Y perdió la cordura cuando los labios y las manos de su dama recorrian su cuerpo desnudo.

Por unos minutos su cuerpo agitado le pidió una pausa, unos minutos de sosiego y sus ojos buscaron la mirada de la Dama de Rohan.

-Te ves hermosa-susurró sin dejarla de ver.

Amaba a aquella mujer.

Se acercó a ella para sostener su rostro y besarla nuevamente, para abrazarla y sentir su piel desnuda contra la de él. La temperatura de los besos aumentó nuevamente, y sin pensarlo la sujetó de los muslos para colocarla a horcajadas sobre él, ella rodeo su cuello con las brazos.

-Me estás volviendo loco-le susurró antes de recostarla sobre el lecho y acomodarse entre sus piernas.

Faramir recuperó la cordura por unos segundos.

-No lo haré si no estás segura-dijo incorporándose un poco.-Si quieres que me dete…

No pudo seguir hablando, Éowyn lo besó, y él entendió todo. Entró en ella con sumo cuidado, despacio, sin dejarla de mirar. La besó antes de continuar. Sus movimientos iniciaron lentos pero poco a poco aceleró el ritmo; le excitó escucharla murmurar, gemir y jadear en su oído, que le enterrara los dedos en la espalda, que ella se arqueara para unirse más a él. Faramir pensó que alguna fuerza ajena a él lo controlaba porque sentía su cuerpo estremecerse, y se escuchó jadear, gemir, incluso gritó quedamente en el oído de la Dama de Rohan. Entonces de un momento a otro la vio a los ojos, se sonrieron. Habían consumado su amor.

El Senescal se incorporó un poco, solo para mirarla, para observar esa expresión de ella después del acto amoroso.

-Amo dejarte así-dijo sonriente.-Amo quedarme así-la besó con suavidad.

Y de pronto sintió un cansancio tremendo; sin más, se dejó caer sobre el cuerpo de Éowyn. Se abrazó a ella, cerró los ojos y sin proponérselo, en medio del silencio que ahora inundaba el dormitorio, poco a poco se quedó dormido.

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Gracias por leer hasta acá.