Nota I: Si bien siempre he sostenido que Théodred apoyó y entrenó a Éowyn, creo que su hermano también lo hizo, y pienso que el mismoimo Théoden tuvo que lidiar con ello y, tarde o temprano, aceptar las inquietudes de su sobrina.

Nota II: Ningún personaje, lugar o nombre son míos, todos pertenecen al maestro JRRTolkien y su obra. Esto solo es un fanfic cuya única finalidad satisfacer esa necesidad de escribir que a veces le da a uno.

Eowyn

3007 TE

En cuanto escuchó el anuncio de la llegada de los jinetes de Rohan se inventó una excusa y sin hacer caso de los gritos de Morwen, salió corriendo del palacio. Esperaba que entre los jinetes estuviera Théodred, quien le había prometido una espada.

-Creo que es momento de que empieces a practicar con una espada de verdad-le había dicho su primo aquella tarde que se despidieron.

-¿Es enserio?-no daba crédito a sus oídos.

-Te has esforzado bastante-sonrió el joven príncipe.-Y no es mala idea que tengas tu propia espada.

-Pero… ¿y tu padre está de acuerdo?-temía que su tío la reprendiera pues desde hacía años en se prohibía que las mujeres que habitaban el palacio portaran un arma.

-Eres la hija de Eomund, no cualquier mujer del palacio-la animó su primo.-Además perteneces a la Casa de Eorl y todas las mujeres de nuestro linaje han esgrimido una espada.

Sonrió ampliamente tras escucharlo y desde ese día estuvo esperando al príncipe de Rohan con ansiedad.

Cuando escapó de la vista de Morwen lo primero que hizo fue correr a la armería pero desistió al suponer que todos la verían ahí y podía meterse en problemas, entonces se mezcló en el grupo de personas que recibieron a los jinetes y se abrió paso entre los soldados, mirando aquí y allá con atención, esperando que apareciese el hijo del rey pero no lo veía por ningún lado.

-¿Éowyn?-una voz detrás de ella que la hizo brincar, había estado tan concentrada buscando a Théodred que no se dio cuenta que entre el grupo de jinetes se encontraba también su hermano.-¿No se supone que deberías estar en el palacio?-Éomer parecía asombrado de ver a su hermana en aquel lugar.

-Vine a entregar un mensaje para Théodred-alzó los hombros.-¿Lo has visto?-preguntó.

-Tengo entendido que llegará en un par de semanas más, al parecer hubo problemas cerca de las fronteras-respondió Éomer.

-¿Qué?-preguntó decepcionada tras escuchar a su hermano.

-Mandó un mensajero al palacio con esas noticias-respondió el muchacho.

-No… no lo sabía.

-Podemos enviar el mensaje con alguien-sugirió Éomer intentando ayudar.

-¡No!-exclamó Éowyn.-Es que yo tengo que verlo.

Su hermano la miró incrédulo y después pareció entender todo, la tomó del brazo y la llevó a un lugar alejado del bullicio de la gente.

-¿Ahora qué loca idea te metió en la cabeza?-parecía molesto.

-Me prometió una espada.

-¿Qué dices?-pareció sorprendido el muchacho-Tú no puedes portar una espada.

-Las mujeres de la Casa de Eorl siempre han portado una espada-dijo alzando la voz.-Y muchas otras mujeres lo han hecho, ¿acaso no has aprendido nada de los cuentos del viejo Fastred?-si algo le gustaba de esas charlas, a las que su tío les enviaba en la biblioteca de Edoras, eran las historias que relataban las hazañas de mujeres en la Tierra Media, como Haleth ó Lúthien, entre muchas otras por las cuales Éowyn sentía mucha admiración.

Éomer abrió la boca para decir algo, sin embargo guardó silencio, sabía que no podía contradecir aquello.

-Eres odiosa-le dijo el muchacho-y necia-le revolvió el cabello con cariño.-No sé realmente qué esté pensando Théodred con esto, pero si quieres aprender deberías empezar a practicar con algo menos peligroso.

-Las espadas de madera son para niños-protestó.-He practicado hace tiempo con ellas.

-¿Y por qué jamás me lo dijiste?-replicó su hermano.

-Estabas muy ocupado entrenando-contestó de mala gana.

-Ya decía yo que Théodred estaba detrás de todo esto-dijo con seriedad el muchacho.

-Por favor no digas nada a nuestro tío-le suplicó a Éomer.

-¿Decirle algo?-sonrió despreocupado.-Y aunque le dijera algo, tú eres tan necia que encontrarías otra forma de aprender.

Éowyn frunció el ceño.-Yo no soy necia.

-¿Ah no?-Éomer sonrió burlonamente.-Si no lo fueras no estarías insistiendo tanto con lo de la espada.

-Al menos Théodred me apoya.

Éomer se puso serio.-No es que no quiera apoyarte, pero eres una niña-hizo una pausa-, ni si quiera tienes la fuerza necesaria para cargar una espada.

-La tendré, por eso estoy practicando-dijo Éowyn con cierta molestia.

Su hermano no pareció muy convencido pero finalmente cedió.

-En la armería hay espadas cortas, puedo conseguir una para ti-se quedó en silencio por algunos segundos-sin filo.

-¿Y de que me servirá?-preguntó seria, aunque la idea de Éomer le parecía mejor que robar una espada a los guardias de palacio.

-Créeme que son de mucha ayuda, ¿o quieres perder un brazo?-el muchacho alzó una ceja-uno practica con armas sin filo por seguridad-le explicó.-Es eso o esperas a Théodred.

-Promete que no te burlarás, ni dirás nada.

-Lo primero no sé si pueda hacerlo-soltó una carcajada como recordando algo.-Y lo segundo dependerá de ti, pero creo que nuestro tío debe saberlo.

-Tengo miedo de que me impida seguir con esto.

-Tienes el apoyo de Théodred, seguro si le pides a él que intervenga las cosas saldrán bien.

-Lo intentaré-no estaba muy convencida.

Éomer sonrió dándole una palmadita en el hombro.

-Regresa a casa, yo debo hacer algunas cosas antes.

-¿Irás por la espada?-le preguntó Éowyn.

-Confía en mí, ¿sí?-dijo el muchacho.-Te veré más tarde-y se alejó siguiendo a los demás eorlingas, quienes ya se dirigían a las caballerizas o la armería.

Pasaron un par de días antes de que su hermano logrará conseguir la espada que le había prometido, y cuando la vio se llevó una gran desilusión, no medía ni la mitad que la espada del rey, el acabado de la empuñadura era de lo más sencillo que se pudiera encontrar en Rohan y, además de todo, parecía que la hoja estaba oxidándose.

-Lo siento, fue la única que pude encontrar-se excusó Éomer al notar la reacción de su hermana.

No tuvo más remedio que practicar con aquella espada; estaba más pesada de lo que había imaginado y las ampollas en las manos no se hicieron esperar.

-¿Qué te sucedió?-preguntó su tío durante la cena al notar que llevaba las manos envueltas en vendas.

-Me pinché con las agujas cuando ayudaba a Morwen-mintió sin enseñar las manos.

El rey Théoden la miró severamente, era imposible mentirle.

-Morwen me dijo que dejaste de acompañarla desde hace un tiempo-respondió con seriedad.

-Me lastimé intentando levantar la espada de Éomer-dijo sin pensar.

-¿Por qué tomaste el arma de tu hermano?-y miró a Éomer quien acababa de sentarse en la mesa.

-Solo estábamos jugando-contestó nervioso el muchacho.

-¿Jugando? Un arma no es un juguete, Éomer-se dirigió a su sobrino.-Creí que tenías la madurez suficiente para portar un arma-le regañó.

-Tío, yo no…

-Silencio-ordenó el rey al muchacho.-Regresarás las armas y estarás suspendido por dos meses.

-Sí-repuso Éomer con un hilo de voz.

Un silencio incómodo inundó la habitación. Éowyn se sintió culpable, tragó saliva y vio de reojo a Éomer.

-Tío, fue mi culpa-dijo Éowyn rompiendo el silencio.

El rey Théoden la miró duramente por unos segundos.

-Tú también recibirás un castigo, jovencita.

-No, Éomer no merece ese castigo-repuso y suspiró.

-¿Qué dices?-el rey frunció el entrecejo.

-Yo tomé el arma de Éomer sin permiso-dijo nerviosa mirando a su tío.-No solo la de él, encontré una en la armería-hizo una pausa.-Quería probar mis habilidades.

-En realidad yo le ayudé a conseguir la espada-intervino su hermano.-Y mi arma jamás la tomo.

El rey Théoden los miró detenidamente antes de levantarse y suspirar, se llevó una mano al rostro y sonrió unos segundos antes de volverse a ellos con seriedad.

-En ese caso están castigados los dos-dijo.

-Tienen hasta mañana a primera hora para regresar esa espada-explicó el rey.-Y tú Éowyn te quedarás con Morwen, y me aseguraré de que así sea, le ayudarás-y miró a Éomer.-Y tú, muchacho, irás a ayudarle al herrero, tiene mucho trabajo y necesita una mano.

-¡No es justo!-saltó Éowyn de su silla.

-No, no es justo lo que hicieron-la regañó su tío.-Y lo van a hacer sin pretextos.

Éowyn estaba tan furiosa que se encerró en su dormitorio y no salió ni siquiera a escuchar las historias que solían contar los ancianos en la biblioteca de Edoras, cosa que le fascinaba. Al día siguiente se levantó muy temprano y junto con su hermano regresaron la espada, después cada uno fue a cumplir su castigo.

-Ya puedes irte, Éowyn-dijo Morwen después de que terminaron de escribir el inventario de lo que se tenía en la cocina del palacio.

-¿En serio?-no pudo evitar sonreir.

-Sí, mi Señor Théoden me dijo que estarías conmigo hasta una hora después del mediodía-respondió la mujer con tranquilidad.

Se levantó dando un salto.

-Antes una cosa-la detuvo Morwen-, el rey ha pedido que vayas a verlo a su despacho, me parece que quiere hablar contigo.

Asintió desanimada, tal vez su tío la regañaría de nuevo, pero no quedaba otra opción. Llegó hasta el despacho del rey y entró en silencio, su tío alzó la mirada y sonrió.

-Siéntate-le indicó. Éowyn obedeció.-Antes de morir tu madre me pidió encargarme de tu educación-empezó a hablar.-A decir verdad, ha sido más complicado de lo que esperaba; heredaste el carácter de tu padre, y creo que por más que lo intente seguiras resistiéndote a la educación que, creo, una mujer debe tener.

La muchacha no contestó, miraba fijamente a su tío.

-Así que me di por vencido, serás la única mujer en el palacio que tome lecciones de esgrima y, por Eru, espero no estar haciendo mal-la miró con cariño.-Después de todo en la Casa de Eorl se han contado valerosas mujeres guerreras.

En el rostro de Éowyn se dibujó una sonrisa tímida.

-Sin embargo este privilegio no será gratis-siguió hablando el rey.-Eres la única mujer de esta pequeña familia, lo sabes, y tienes deberes que cumplir-hizo una pausa.-Llegará un momento en que tú tengas que tomar decisiones importantes, y una espada no servirá mucho.

-Podría ir con ustedes a la guerra-sabía de lo que hablaba su tío.

-¡No!-exclamó el rey de Rohan.-La guerra no es lugar para ti, y si puedo evitar que te alcance lo haré-en los ojos del rey se reflejó un dejo de tristeza.-Te quedarás a cargo del palacio, y para eso es necesario que aprendas de Morwen todo cuanto puedas, te guste o no.

No protestó, era inútil.-Sí, mi Señor-respondió.

-Si llego a enterarme que has huído de tus deberes te olvidarás del esgrima, ¿entendiste?

-Sí-contestó sin contener la emoción.

-Bien, ve a la armería, alguien te está esperando.

Se levantó de la silla más sonriente y feliz que nunca, ni siquiera se despidió de su tío y no escuchó lo último que le dijo. Corrió a la armería lo más rápido que pudo, cruzó la puerta y se encontró con Théodred sentado sobre unos taburetes de madera.

¡Gracias por leer hasta acá!