Nota I: Según el libro, Faramir se quedó en Édoras después de que Aragorn y el resto de la Comunidad del Anillo partieran al norte, quiero imaginar que tuvo ahí una especie de vacaciones o de descanso. Aquí un poco de lo que imagino pasó.

Nota II: Ningún personaje, lugar o nombre son míos, todos pertenecen al maestro JRRTolkien y su obra. Esto solo es un fanfic cuya única finalidad satisfacer esa necesidad de escribir que a veces le da a uno.

Faramir

3019 TE

El sonido de la lluvia golpeando la ventana del dormitorio lo hizo despertar, abrió los ojos con pereza y, por unos segundos, se quedó mirando el techo sin pensar en nada; fue la primera vez en mucho tiempo que no repasó todo lo que haría durante el día. Sonrió volviéndose a la muchacha que dormía acurrucada a su lado y la abrazó besando suavemente su mejilla. Suspiró antes de recargar su cabeza en la almohada y quedarse contemplando a Éowyn en la penumbra de la madrugada.

La Princesa de Ithilien dormía profundamente con la respiración mesurada, una leve sonrisa se le dibujaba en el rostro y el cabello despeinado caían cerca de sus mejillas. Faramir entonces retiró un mechón de cabello del rostro de la Dama, casi en seguida, acarició su rostro con las yemas de sus dedos.

-No me va a alcanzar la vida para agradecer a los Valar haberte conocido-dijo en un susurro.

-Ninguno de los dos esperaba que nuestras decisiones, tan funestas, trazaran este hermoso destino-repuso entonces la Dama de Rohan con voz somnolienta abriendo los ojos. Buscó la mirada de Faramir.

El Príncipe de Ithilien sonrió ampliamente, aún sin dejar de acariciar el rostro de su esposa.

-Si te desperté, perdona mi imprudencia-dijo.

Éowyn acarició su mejilla con suavidad.

-Nunca me había alegrado tanto de que alguien interrumpiera mi descanso-se acercó para besarlo.

-Puedo hacerlo por el resto de nuestra vida-fue un beso dulce-, si así lo deseas, Éowyn-ambos rieron.

-O tal vez, mi Señor, quieras descansar un par de horas más-Éowyn volvió la vista a la ventana.

-Me parece un consejo sensato, mi Señora-se acurrucó junto a ella.-Pero sugeriría que me contaras algún cuento de tu pueblo.

La Dama de Rohan asintió y empezó a cantar con suavidad unos hermosos versos sobre la llegada de Eorl el Joven a las tierras de la Marca. El Senescal de Gondor cerró los ojos y hundió la cabeza en la almohada, se concentró en escuchar la voz de su esposa y el rumor de la lluvia matutina. Sin darse cuenta se quedó dormido.

Despertó con pereza, no supo cuanto tiempo había pasado. Éowyn no estaba junto a él, la buscó por unos segundos y la encontró de pie mirando por la ventana, envuelta en una bata azul pálido, el cabello recogido y sobre los hombros una manta con la que se cubría del frío.

-Éowyn-susurró sentándose en la orilla de la cama y no apartó la mirada de su Dama.

Ella sonrió volviéndose a él.

-Te amo-dijo Faramir, acto seguido se levantó para acercarse a ella y abrazarla por la cintura. Besó su mejilla con ternura. Ella lo abrazó.

-¿Hace cuánto amaneció?-preguntó Faramir mirando por las ventana. La lluvia había arreciado pero entre la nubes unos rayos de sol alcanzaban a colarse.

-Unos minutos apenas-repuso ella.-Parece que será un día gris.

-¿No dicen que la lluvia borra la maldad y lava las heridas del alma?-aquellas palabras las había escuchado de su madre, o al menos así lo recordaba.

-Será un verano lluvioso entonces-y la Dama de Rohan sonrió justo antes de que a lo lejos se escuchara un toque de trompeta.

-¿El cambio de guardia?

-Y la señal de que el baño está listo-dijo Éowyn tomándolo de la mano.-Vamos. El Príncipe de Ithilien se dejó llevar por su esposa.

Caminaron por los pasillos desiertos del palacio hasta llegar a unas escaleras. Los baños del palacio de Meduseld se encontraban en una habitación debajo de los salones principales. En el lugar había una hermosa tina sostenida con patas de oro que tenían la figura de un caballo y a solo unos pasos alcanzó a ver una hermosa puerta de madera que, Faramir supuso, daba al vestidor.

El vapor del agua hirviendo lo abochornó. Sin soltar la mano de Éowyn dio un par de pasos hacia donde estaba la bañera. El Senescal besó a su esposa antes de que ella fuera a buscar los aceites para el agua. Entonces se desnudó con lentitud, acomodó su ropa en uno de los taburetes que allí estaban y se dispuso a meterse al agua.

En silencio la Dama de Rohan se sentó en un taburete, vació en la tina un frasquito de agua apenas amarilla. Metió la mano al agua y empezó a revolverla.

-Relájate, mi Señor-dijo.-Hoy no tienes deberes que cumplir.

-Ven aquí, mi Señora-repuso Faramir volviéndose hacia ella.-Que tú tampoco tienes ningún deber esta mañana.

Éowyn se puso de pie y descubrió su cuerpo dejando caer la bata al piso antes de acomodarse a lado de él.

Lo que pasó después transcurrio en total silencio, si acaso se escuchaba cuando el agua escurría de la esponja o cuando salpicaba y caía fuera de la tina. Se asearon con parsimonia, con roces y caricias suaves, con miradas y gestos llenos de complicidad. Finalmente se quedaron abrazados en medio de aquella habitación vaporosa y perfumada.

El Senescal cerró los ojos y recargó su cabeza en el filo de la tina, sentía el cuerpo de Éowyn sobre el suyo, jugaba con su cabello. Afuera apenas se escuchaba el ajetreo matutino.

Faramir fue el primero en salir del agua, se colocó la bata y fue a por un par de toallas que estaban en el vestidor. Ayudó a Éowyn a secarse y a vestirse, guardando para él esa dicha que tenía al rozar su piel; cuando terminó de anudar el vestido beige, le puso sobre los hombros un manto con los colores de la Casa de Eorl.

Un instante después la Dama de Rohan hizo lo mismo, tomó una camisola de color vino con finos bordados dorados en las mangas y el cuello.

-La mandé a hacer para ti, mi Señor-dijo la Dama al tiempo que la abrochaba.-Es mi regalo de bodas.

Cuando estuvieron listos se dirigieron al salón principal donde ya los esperaba el rey de Rohan, los recibió con una sonrisa y les invitó a sentarse a la mesa. Poco después llegaron el Príncipe Imrahil y su hija, seguidos de la Dama Arwen.

El almuerzo transcurrió alegremente, el Señor de Rohan hablaba entusiasmado de las historias de Eorl el joven y la fundación de su país.

-En verdad que Rohan es un hermoso país, mi corazón ha quedado maravillado-dijo la hija del Príncipe Imrahil mirando con admiración a Éomer.

-Y su gente es admirable, tienen un coraje tremendo y un amor por los caballos que no he visto en ningún otro lado-dijo la Señora Arwen.-Además sus mujeres son realmente valientes, blanden espadas y van a la batalla como lo dicta el deber-fijó la mirada en Éowyn.

Faramir sonrió al ver como su esposa se sonrojaba un poco por el comentario.

-Y mi sobrino ha quedado fascinado por esas cualidades-Imrahil miró al Senescal.-No lo había visto tan feliz en años-dijo el Príncipe de Dol Amroth con cariño.

El joven Senescal asintió con las mejillas coloradas.

-Me alegra ver tan feliz a mi hermana-comentó el rey viéndolos a ambos.-De verdad les deseo mucha dicha.

Terminado el almuerzo, la reina de Gondor y la Princesa Lothiriel pidieron a Éowyn llevarlas a conocer los jardines de simbelmynë.

-Será un gran honor mostrarles los jardines de mi ciudad. Y es buen momento para ir, pues el cielo a escampado-repuso la Dama de Rohan.-Mis Señores, ¿desean acompañarnos?-dijo viendo a Faramir e Imrahil.

-Yo he de negarme, Señora. Debo organizar mi partida a Dol Almoth-dijo el Príncipe Imrahil.-Le pido mil disculpas.

-Yo te veré más tarde, Dama mía-respondió el Senescal-La verdad es que deseo quedarme en el palacio por ahora.

-Entonces les veré después, amigos míos-dijo la Dama de Rohan abrochándose la capa verde. Faramir cruzó una mirada con ella y se sonrieron.

Cuando las tres mujeres salieran del palacio, Faramir se despidió de su tío y del rey para dirigirse a sus aposentos. Deseaba estar tranquilo, no quería salir y encontrarse con los ajetreos propios de un reino, ni escuchar a nadie hablar sobre organizar algo. Por primera vez en mucho tiempo no tenía que estar a la prisas o yendo de un lado a otro cumpliendo órdenes.

Fue a sentarse en una de las sillas de descanso que había en el pequeño estudio adjunto al dormitorio y tomó uno de los libros de la mesita. Sin prestarle mucha atención empezó a ojearlo, notó que en sus páginas había dibujos y diagramas de diversas plantas; encontró algunas anotaciones en los bordes y en la última página el nombre de Éowyn.

-Me alegra que haya decidido el camino de las artes de la curación-dijo la voz del rey de Rohan. Estaba frente a él.

Faramir estuvo a punto de ponerse de pie cuando el rey le indicó que no se levantara.

-La verdad no me sorprendió cuando me lo dijo-continuó hablando el rey después de sentarse frente a él.-Es algo que le ha gustado desde pequeña.

-Tiene madera de curadora-dijo el Senescal dejando el libro en la mesita.

-Cuando volvimos de Minas Tirith me comunicó su decisión, no podía estar más feliz por ella-el rey de Rohan tomó el libro.-Tampoco pensé que fuera a casarse tan pronto-y lo miró por algunos segundos.

Faramir no respondió, bajó un poco la mirada.

-No te reprocho nada, Faramir-dijo el rey.-Pero he de confesarte que tengo miedo de perderla, desde pequeños hemos estado juntos y es mi única familia.

-Ella te ama, Éomer-dijo el Senescal.-No se alejará de ti-tragó saliva.-Y yo no pretendo ser como mi padre-guardó silencio por unos segundos, era la primera vez que hablaba con alguien acerca de Denethor.-Él alejó a mi madre de los suyos, ella enfermó de tristeza…-respiró hondo antes de seguir hablando.-No pretendo tomar decisiones por Éowyn, ni alejarla de ti. Nadie merece eso-dijo tras un suspiro.

-Y aunque lo intentaras, ella no lo permitiría-rió Éomer.

El Príncipe de Ithilien alzo los hombros resignado.

-Desde la primera vez que crucé palabra con ella lo supe-repuso sonriendo.

Poco después un hombre fue buscar al rey de Rohan, éste se despidió de Faramir con una disculpa.

En tanto, el Senescal puso de pie y salió a la terraza al tiempo que el viento frío le golpeaba el rostro. Sonrió para sí mismo y contempló el paisaje que se extendía ante sus ojos, las enormes Montañas Nevadas que se alcanzaban a ver, los extensos campos del país de los eorlingas y el cielo iluminado por el sol del verano. Hizo repaso de toda su vida, sabía que muchas de sus penas no las lograría superar tan pronto, pero ahora tenía toda la vida por delante, y eso le hacía inmensamente feliz.

¡Gracias por leer hasta acá!