Nota I: De la juventud de Éowyn no hay mucha información, salvo que sus padres murieron y tuvo que mudarse a Édoras. Tampoco sabemos cómo es que llegó Grima al palacio. Lo que se tiene claro es que él influyó en muchas decisiones que afectaron, no solo al reino, sino a la Dama de Rohan. Debo confesar que hubo cosas que casi tuve que inventarme. No me maten. :).
Nota II: Ningún personaje, lugar o nombre son míos, todos pertenecen al maestro JRRTolkien y su obra. Esto solo es un fanfic cuya única finalidad satisfacer esa necesidad de escribir que a veces le da a uno.
Éowyn
3010 TE
Aburrida en el palacio de Meduseld, Éowyn se dejó caer en una de las sillas de su pequeño estudio y suspiró mirando su alrededor, no había mucho qué hacer. Hubiera querido ir a la biblioteca de Edoras pero desde hacía semanas el viejo Fastred estaba enfermo y el rey, por consejo de su nuevo ministro, optó por cerrar el lugar. Practicar esgrima tampoco era una opción, su tío le había solicitado dedicarse más a los deberes del palacio y cada vez más difícil encontrar sola la armería, pues desde la llegada de rumores de ataques en el Folde Oeste se habían dado instrucciones de entrenar más compañías de rohirrim. Lo único que le quedaba por hacer en su tiempo libre era encerrarse en sus aposentos y aparentar que el mundo no existía.
Decidida tomó su espada e hizo un par de movimientos, imaginó que estaba en alguna batalla enfrentando a un enemigo en tierras lejanas. No era la primera vez que lo hacía, siempre había deseado partir a las fronteras del Folde Oeste en una de las tantas compañías que partían diariamente. Quería demostrar, o quizás demostrarse a sí misma, que podía hacer más cosas que las que el deber le dictaba. Estaba aburrida de ser siempre quien ayudara a organizar los banquetes para las visitas que recibía el Señor de Rohan o de ocuparse de que las tareas domésticas del palacio se cumplieran. No, Éowyn no estaba hecha para eso, siempre se lo había dicho; no tenía ni el temple ni la paciencia necesaria para sentarse en un rincón, tomar una tela y comenzar a bordar mientras escuchaba conversaciones que a ella le parecían poco relevantes.
Entonces Morwen abrió la puerta de su habitación.
-Mi Señora, es hora. El rey la espera-anunció la doncella.
Éowyn hizo una mueca y dejó caer la espada sobre la cama.-Dile que estaré lista en un momento-repuso. Morwen asintió cerrando la puerta tras ella.
La joven Dama de Rohan suspiró mirándose en el espejo, tragó saliva y se dispuso a arreglarse un poco la ropa y el cabello. Tenía un mal presentimiento desde hacía días, y es que el rey Théoden últimamente parecía escuchar más a su consejero que las palabras de Théodred.
En el salón principal le esperaba su tío acompañado de Grima, el consejero. Ambos estaban sentados ante una mesa mediana en la que se podían observar un montón de papeles, mapas y algunas plumas en su tintero.
-Siéntate, Éowyn-dijo Grima quien desde que la vio no apartaba la mirada de ella.
-Hija, hay algo que debo hablar contigo-dijo el rey con voz seria y sin siquiera verla.-Es un asunto que me ha dado vueltas por la cabeza.
Éowyn lo miró confundida intentado adivinar qué quería decirle su tío. Hasta la fecha todo iba marchando bien en el palacio y no se había metido en ningún problema, ayudaba a Morwen con las tareas que le encomendaban.
-Sé que anteriormente fui flexible contigo y he cumplido tus caprichos en medida de lo posible-la miró fijamente.-Has aprendido a esgrimir una espada y a montar a caballo, evité que te criaras como una mujer de la corte, salvo por la poca instrucción que has recibido de Morwen-y el rey intercambió una mirada con Grima, quien asintió con una sonrisa.-Sin embargo, ya estás en una edad en la que debes empezar a ser un poco más consciente de lo que son tus deberes.
-¿Mis deberes?-no entendía nada.
-Sí-el rey hizo una señal a Grima.
-Ya eres una mujer, una jovencita que debe empezar a prepararse y a educarse debidamente-las palabras del consejero no le gustaron.
-¿Qué deberes?-preguntó frunciendo el ceño.
-Debes empezar a educarte para los deberes del hogar y dejar de contradecir a tu señor-dijo Grima mirándola fijamente.-Él se preocupa por ti.
-¿Él?, en todos estos años jamás me había dicho algo semejante-repuso alzando la voz.-Se me permitió aprender a esgrimir la espada por ser yo hija de la Casa de Eorl, la educación que he recibido me ha alcanzado para saber cómo se administran las cosas aquí-y volvió la vista a su tío.-¿pretendes que tu sobrina se quede sin voz no voto cuando tú mismo dijiste que debía ser educada para tomar decisiones importantes?
-Y me equivoqué-el rey suspiró.-Una mujer no debe llevar una carga tan pesada-y volvió su mirada al hombre de tez blanca.-Grima me hizo ver mi error.
Éowyn sintió un nudo en la garganta, no podía creerse lo que estaba escuchando. Era verdad que su tío la limitaba en algunas cosas, sobre todo cuando se trataba de temas delicados, pero generalmente la tomaba en cuenta y la mantenía informada.
-Aprenderás a comportarte como una mujer y a no contradecir a tu Señor-dijo Grima antes de que ella pudiera decir algo.-También regresarás tu espada, estamos en el palacio de Meduseld donde las mujeres no necesitan una espada sino estar atentas a lo que se les solicite.
-Pero…-y se volvió a su tío, apenas si la miraba.-¿Es enserio?-tomó la mano del hombre a quien quería como un padre.
-Es por tu bien, Éowyn-fue lo único que dijo el rey.-Retírate por favor.
La muchacha tragó saliva.-¿es lo único que tienes que decir?-su voz empezaba a quebrarse.
-Has escuchado ya a mi señor-intervino Grima.-Retírate.
Éowyn lanzó una mirada fúrica al consejero, asintió haciendo una pequeña reverencia y se dio la media vuelta intentando no llorar. Fue la primera vez en su vida que sintió como si la hubieran condenado a permanecer atada de manos mientras su felicidad le era arrebatada. Se encerró en su habitación y lloró amargamente; sentía coraje, nunca había estado tan decepcionada, tan desilusionada. No esperaba eso de su tío, no de quien la había criado y le había enseñado a valerse por sí misma.
El resto de la tarde estuvo en su habitación hecha un ovillo en la cama, ni siquiera prestó atención al toque de trompeta que anunciaba la partida de los éored. Suspiró limpiándose las lágrimas del rostro y preguntándose porqué su tío le había hecho eso, porqué permitía que un hombre ajeno a ellos tomara decisiones sobre su vida. Aún con los ojos llorosos se quedó dormida.
Despertó un poco más animada, pensó incluso en hablar con su tío a solas y quizás la escucharía. Así que en cuanto terminó de arreglarse salió al salón principal a buscar al rey, si lo encontraba antes del almuerzo seguramente Grima no estaría con él. Grande fue su desilusión cuando un hombre de la guardia le dijo que el Señor Théoden había salido de Édoras con rumbo a El Sagrario.
-El Señor Grima está a cargo-dijo el guardia.-¿Quieres que lo mande llamar?
-No-respondió inmediatamente.-Iré a buscar a Morwen-y corrió hasta la cocina donde la doncella y otras mujeres se alistaban para almorzar.
-Mi Señora, ¿desea algo?-una de las mujeres se acercó a ella.
-¿Puedo almorzar con ustedes?-preguntó y se dirigió a Morwen.-No deseo hacerlo sola-ni tampoco quería cruzarse con el consejero.
-Por supuesto-asintió Morwen.
Éowyn sonrió agradecida. A pesar de las diferencias con la doncella la estimaba y entre ellas había surgido una amistad sincera. La joven Dama de Rohan tomó asiento entre las demás mujeres. Sumida en sus pensamientos apenas prestó atención a la alegre charla que se desarrollaba a su alrededor. Sin embargo estar allí le reconfortó un poco. Poco después de que terminaran ayudó con algunas tareas de la cocina y acompañó a Morwen hasta la despensa del palacio.
-Morwen, ¿crees que yo podría hacerme responsable del reino algún dìa?-preguntó mientras terminaba de ordenar unas cajas de semillas en la estantería.
-¿A qué te refieres?-preguntó Morwen.
-Si un día mi tío y todos marchan a la guerra, ¿crees que me deje a cargo?
-No veo porque no-respondió la mujer dejando a un lado unos costales llenos de vegetales.-Eres una mujer bastante capaz, además de lo que te he enseñado, tú has aprendido otras cosas que te hacen una hija digna de la Casa de Eorl.
Éowyn sonrió ligeramente.
-¿Por qué me lo preguntas?
-No lo sé-alzó los hombros.
Morwen sonrió con cariño.
-Es hora de irnos y estás a tiempo de librarte de mí-dijo la doncella guardándose un par de manzanas en el bolsillo.-O tendrás que seguirme a casa de Fastred y es probable que te aburras.
-¿Puedo acompañarte?-Éowyn no deseaba quedarse sola aquel día.
Morwen la miró sorprendida.-No tengo inconveniente alguno, quizás hasta pueda interesarte la curación.
-¿Eres curadora?-le preguntó la muchacha después de que salieran de la despensa.
-No, qué va-repuso Morwen mientras cerraba la puerta.-Ayudo un poco a mi hermano, es curador.
Ambas caminaron hasta la puerta principal del palacio para después salir de éste y dirigirse a la pequeña ciudad al pie de la colina. Apenas habían cruzado el umbral cuando una mano fría sujetó el brazo de Éowyn que la hizo estremecerse.
-No tienes permiso para salir del palacio-dijo la voz de Grima detrás de ella. El consejero la jaló hacía él al momento que Éowyn tomó la mano de Morwen y la miró como pidiendo ayuda.
-Mi Señora tiene permiso de salir del palacio siempre que sea conmigo-dijo la mujer dando un paso al frente y retando a Grima con la mirada.-Pues soy la encargada de su educación y ahora la llevo a la casa de mi madre a sus lecciones de bordado-mintió.
Grim soltó el brazo de Éowyn no muy convencido.
-Vamos, es tarde-dijo la mujer sin soltar su mano y comenzaron a caminar con paso rápido colina abajo. Pasados unos minutos, y cuando Morwen se aseguró que estaban a salvo de la mirada del consejero, se detuvieron. La doncella entonces se volvió a la joven Dama de Rohan.-Aún no entiendo cómo es que ese sujeto terminó siendo parte de la corte-dijo tras un suspiro.-Casi siempre estoy de acuerdo con las decisiones de mi Señor Théoden, es un hombre sabio, pero hizo mal en darle tanta confianza a Grima.
Éowyn hizo una mueca, estaba de acuerdo con Morwen.-Me asusta un poco.-dijo en voz baja.
-¿A quién no?-y empezaron a caminar más mesuradamente entre las calles de Edoras buscando la casa de Fastred.-Ten cuidado con él-dijo la doncella antes de tocar la puerta de una pequeña casa que estaba a unos metros de la biblioteca.
No volvieron a hablar del tema después de que entraron a la casa y las recibiera el curador. Éowyn se quedó sentada en una de las sillas que estaban a un lado de la cama observando con atención lo que sucedía en aquella habitación. Fastred había empezado a tener fiebres hacía casi dos meses, al parecer accidentalmente se cortó con el filo de su espada, y eso le había traído problemas. El hermano de Morwen sacó unas hierbas de un par de frascos que estaban en la mesita, las machaco y mezcló con agua hirviendo.
-Necesitaré más paños limpios-dijo el curador a Mowen.-Y un par de vendas.
La doncella asintió, hizo una señal a Éowyn y ambas salieron de la habitación; cruzaron la casa y llegaron al pequeño patio, allí colgado sobre lazos había algunos paños.
-Llévalos-le dijo Morwen descolgando los paños.-Los alcanzaré en cuanto tenga listas las vendas.
Asintió y regresó a la habitación donde Fastred se debatía con las fiebres. El hermano de Morwen recibió los paños y pidió ayudarle a mezclar algunas hierbas en un ungüento. Éowyn obedeció y siguió las instrucciones del curador. Poco después llegó Morwen con las vendas que finalmente colocaron en la pierna herida del viejo.
Más tarde, un par de horas antes del crepúsculo, regresaron al palacio. Éowyn se sentía un poco más animada y no dejaba de hacerle preguntas al curador. Sobretodo le llamaba la atención el uso de las hierbas.
-¿No has pensado estudiar el arte de la curación?-le preguntó Morwen luego de que ambas se dirigieran a los aposentos de la joven Dama de Rohan.
-No-respondió sentándose en la cama.
-Tal vez pueda interesarte.
-No lo sé-guardó silencio. Quizás años atrás el arte de la curación hubiese sido una opción, lo había pensado más de una vez, pero ahora que la guerra era casi una realidad no necesitaba distracciones-pensó.-Sino cómo iba a hacerse cargo de las cosas, debía ayudar a su tío-suspiró.-Primero están los deberes del palacio-dijo en voz alta. Porque se prometió que a pesar de los impedimentos de Grima ella seguiría teniendo voz y voto ante el rey, le apoyaría en lo que fuera necesario y se prepararía para enfrentar a los enemigos.-Y practicar esgrima, no pienso darle gusto a ese hombre-miró a Morwen.
-Si esa es tu decisión tendrás en mí alguien en quién confiar.
-Lo sé, Morwen-sonrió la muchacha.
Minutos después la doncella se despidió de ella y salió del dormitorio.
Éowyn miró entonces por su ventana que daba a las Montañas Nevadas recortadas bajo el tono anaranjado del cielo. Pensó en su primo y en su hermano, les extrañaba, ya hacía casi tres meses habían partido al desfiladero de Helm; ella le había rogado a su tío dejarla acompañarlos, al menos unas semanas, pero éste se negó rotundamente.
-No es lugar para una jovencita-le dijo el Señor de Rohan aquella vez.
Suspiró. Se sentía sola a pesar de la compañía de Morwen, sabía que con ella jamás podría entablar una charla que no fuera más allá de sus deberes o temas cotidianos. Necesitaba a Théodred y Éomer para desahogarse, para poder sacarse ese sentimiento de impotencia que últimamente la atormentaba, quizás para saber que aún los tenía a ellos. Lo único que le quedaba por hacer para despejarse era salir a caminar así que se colocó la capa verde sobre los hombros y salió de sus aposentos. Por suerte no encontró a nadie en el salón, no hubiera sabido qué hacer si se topaba con Grima, últimamente no le gustaba cómo la miraba, incluso la hacía sentirse incómoda.
Sin embargo, apenas unos pasos fuera del palacio una voz fría le habló. A Éowyn se le detuvo el corazón por unos segundos, tomó aire y lo encaró.
-Mi estimada Dama-Grima se acercó a ella.-Al fin la encuentro desocupada-sonrió con cierta maldad y la tomó por el brazo.
La joven Dama de Rohan instintivamente dio un paso hacía atrás.
-¿Será que me conceda la dicha de acompañarme durante la merienda?-le preguntó.
-Yo…-Éowyn asustada miró hacia los lados esperando que Morwen o alguien más apareciese.-Lo siento, Señor, debo cumplir una tarea que me fue encomendada-fue lo único que pudo decir antes de zafarse de Grima.
-¿Puedo saber a dónde se dirige a estas horas?-preguntó el hombre pálido mirándola con ojos penetrantes. Su tono de voz se tornó más agresivo.
-Son asuntos que no le incumben-sintió temblar sus piernas. No esperó la respuesta del consejero, se giró sobre sí misma y caminó con paso rápido sin rumbo fijo.
Se detuvo casi llegando a los jardines que se encontraban en la cara Este de la ciudad, entonces respiró profundo. Intentó convencerse de que quizás aquel hombre habría tratado de ser amable y ella había exagerado las cosas, pero no, el simple hecho de recordar cómo la trataba le decía que ese hombre tenía otras intenciones. Se sentó en los escalones que bajaban a las tumbas de los antiguos reyes de Rohan, y se abrazó a sí misma, necesitaba saberse protegida. Sin planearlo comenzó a llorar desconsolada.
-¿Éowyn?- escuchó entonces una voz familiar detrás de ella.
Se enjugó las lágrimas con las mangas de vestido y levantó la vista intentando parecer tranquila. Théodred, quien se sentó junto a ella, le sonrió.
-No creí que llegaras hoy-dijo a su primo.
-Ni yo-dijo el muchacho alzando los hombros y la miró por unos segundos.-¿Estás bien?
La joven princesa de Rohan torció levemente los labios y suspiró, pero no dijo nada. Decidió callar, no supo si por miedo o por vergüenza; tal vez Thèodred no la entendería. Jamás le había pasado algo similar y ni siquiera ella sabía cómo enfrentarlo
-¿Éowyn? ¿Estás bien?-volvió a preguntar su primo.
-Sí-intentó sonreír.-Quería estar sola, eso es todo-repuso.
-Grima me dijo que te había visto salir del palacio-Théodred miró el paisaje que se extendía ante ellos. Los hermosos jardines de Rohan tapizados de blanco y verde, era primavera.-Dijo también que fuiste algo cortante con él.
-Sí, bueno, tenía prisa-la muchacha tragó saliva.-No lo escuché.
-Sé que no es de tu agrado, pero debes obedecerlo-suspiró el hijo del rey-, es el Consejero de mi padre después de todo.
Éowyn quiso decirle a su primo todo el miedo que ese hombre le inspiraba, pero no pudo.
-A veces es demasiado entrometido-fue lo único que pudo decir.
-Se siente responsable de lo que pasa en el palacio-Théodred se puso de pie.-Me imagino que está preocupado por todos los rumores que actualmente se están escuchando.
-¿Qué hay de cierto en eso?-prefirió cambiar el tema.
-Hemos encontrado orcos en nuestras tierras, ya no es muy seguro viajar de noche por La Marca-contestó el príncipe.-Y en Gondor hay rumores de que una sombra está extendiéndose sobre Ithilien.
Después de escucharlo, Éowyn, guardó silencio por unos minutos; no se asustó por las noticias de Théodred, pues había crecido escuchando aquello. Siempre se preguntó cuándo llegaría la guerra a Rohan, y si ella sería capaz de enfrentar al enemigo.
-Defendería Rohan con mi vida si fuera necesario-dijo.
Théodred la miró con cariño.-Sé que serías capaz de un hazaña gloriosa, y que como aquellas mujeres de los días antiguos irías a la combatir sin pensarlo.
Éowyn sonrió con timidez. Por unos segundos todo el asunto de Grima fue olvidado. Charló con Théodred como hacía años no lo hacían y se sintió tranquila cuando el muchacho le comunicó que se quedaría en Edoras por unos meses.
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