Nota I: El rey Théonden, según mis cuentas, cayó enfermo unos años antes del 3019 (año en que Gandalf le quita el embrujo de Sarumán), entonces aquí dejo un pasaje de cómo Éowyn pudo haber enfrentado aquello, los inicios de la enfermedad de su tío, los problemas en el reino y sus propios problemas. Ah sí, tuve que adelantar un poquito el año en el que Eomer es nombrando mariscal, sino no me salía esto.

Nota II: Ningún personaje, lugar o nombre son míos, todos pertenecen al maestro JRRTolkien y su obra. Esto solo es un fanfic cuya única finalidad satisfacer esa necesidad de escribir que a veces le da a uno.

Eowyn

3015 TE

Aquel invierno Edoras se cubrió de nieve y el clima fue más frío que en otros años. A la gente se le veía vestida con ropas gruesas y capuchas, y en palacio dorado de Meduseld se mandaron poner cortinas más gruesas en las ventanas, más mantas en las camas y el rey mandó confeccionar para su sobrina un abrigo de hermosas pieles.

Éowyn, que nunca había visto nevar, estaba sorprendida; se pasaba largas horas frente a la ventana mirando el paisaje, le fascinaba ver las huellas que quedaban atrapadas en la nieve y cómo éstas iban desapareciendo tras la tormenta. A ella le hubiera encantado disfrutar más de aquel invierno, sin embargo pocas veces salía del palacio, solo cuando sus deberes se lo permitían; además de que su tío había caído enfermo. El rey empezó a sentirse débil y más agotado de lo normal, llevaba poco más de dos semanas en cama y los sanadores no podían determinar qué tenía. El hermano de Morwen le dijo que posiblemente alguien quería embrujarlo, fue entonces cuando Théoden mandó llamar al mago blanco.

-El Señor Saruman sabrá qué hacer con mi Señor-le dijo Grima cuando la encontró en uno de los pasillos del palacio.

Éowyn acababa de terminar sus tareas y se disponía a ver a su tío cuando se topó al hombre de rostro pálido.

-Dama Éowyn, no debe preocuparse, estoy seguro de que el mago blanco sabrá qué hacer-y la tomó de las manos sin quitarle la mirada de encima.-Lo mejor es que usted, mi Señora, descanse-Grima la acarició con sus fríos dedos-.

La muchacha apretó los dientes y contuvo la respiración, estaba temblando de miedo. Se sintió terrible, quería salir corriendo de allí pero no lo hizo, hacía años que tuvo que aprender a tragarse esos sentimientos, a no decir nada y a fingir que todo estaba bien, ni siquiera se atrevía a contárselo a Morwen.

-No iré a descansar hasta ver a mi tío -contestó cortante soltándose bruscamente de un par de días no se me ha permitido visitarlo-era el consejero quién había impedido más de una vez visitar al rey.

-Pero mi Señor Théoden desea descansar, no quiere ser molestado-el tono de voz de lengua de serpiente se tornó más duro.

-Si es así preferiría que él me lo haga saber-Éowyn le sostuvo la mirada por unos segundos al consejero. No iba a ceder ante aquel hombre que había venido a hacerle la vida miserable-. Además tengo entendido que usted partirá en un par de horas a Isengard-le dijo-, por lo tanto creo que de esto el rey debe estar que su consejero estará ausente por unos días.

Grima asintió-. No es por capricho, Señora Éowyn, el haber decidido que iría yo-la miro furioso-. Pero ningún hombre conoce tanto a Saruman, y no recibiría a cualquiera.

-Entonces dese prisa, Señor-replicó la muchacha pasando a su lado e ignoró lo último que dijo.

Éowyn llegó hasta los aposentos de su tío, antes de entrar respiró ondo y tocó la puerta. Estaba asustada, siempre había visto a su tío como un hombre de buena salud al que nunca le pasaría nada, un padre que viviría por muchos años; pero verlo en ese estado le entristecía, le traía oscuros recuerdos de su infancia. Rogaba a todos los valar por la salud del rey Théoden.

-Éowyn-la saludó Morwen tras abrir la puerta-. Te hacía aún ocupada-y la dejó pasar-, el Señor Girma dijo al rey que no deseabas ser interrumpida.

-Únicamente ayudé a Haleth con la despensa, pero he estado esperando ver a mi tío todo el día-repuso la muchacha.-¿Sigue en cama?

-No, se encuentra en su dormitorio-dijo Morwen.-Se ha levantado y se le ve más repuesto.

Éowyn sonrió.-Los remedios que le recetò tu hermano ayudaron, supongo-alzó los hombros.

-Aún así, su Majestad desea consultar al mago blanco-Morwen hizo una mueca.-Es preocupante que alguien haya querido hacerle daño-.

-Grima irá a buscar al mago blanco, decidió no mandar a ningún mensajero-comentó la joven Dama de Rohan a quien también le preocupaba el hecho de que Grima estuviese tomando cada vez más el control del reino-. Mientras tanto nosotras nos haremos cargo de lo que podamos-le dijo a la doncella.

-¿Y el Señor Théodred?-preguntó Morwen.

-No lo sé, espero ya hayan recibido el mensaje y lleguen pronto-pero no había noticias de ellos desde que partieran hacia un par de meses a pesar del mensaje que les fue enviado para comunicarles el estado de salud del rey.

-Hija mía-escuchó de pronto la voz paternal del rey. El Señor Théoden estaba de pie apoyándose con un bastón, acababa de salir de su dormitorio.

-¡Tío!-exclamó contenta la muchacha-. Qué alegría verte de pie-fue hacia él, lo tomó de las manos y le ayudó a sentarse en uno de los sillones que daban a la terraza.

-Me siento un poco más repuesto, Éowyn-respondió el rey-. Y creo que charlar contigo me hará sentir mejor-la invitó a sentarse a su lado-. Morwen, podrías servirnos un par de vasos de vino, por favor-Théoden se dirigió a la doncella-.

Morwen asintió, sirvió los vasos y los dejó en la mesita que estaba entre los dos sillones-.

-Gracias, mujer-dijo el rey-. Puedes retirarte, estaré bien con mi sobrina.

-Si me necesita, Señor, no dude en llamarme-hizo una reverencia la doncella antes de salir de los aposentos del rey.

-¿Estás bien, tío?-Éowyn de pronto notó a su tío algo decaído.

-No te voy a mentir, Éowyn-suspiró el rey-. Me preocupa que no tengamos noticias de Théodred ni de Éomer.

Éowyn hizo una mueca-. Pedí que les informaran de tu estado de salud, eso fue hace más una semana-. Ella también estaba preocupada, según sus cálculos, ellos debieron haber llegado hace uno o dos días.

-Tal vez tuvieron algún contratiempo-dijo el rey y sacudió la cabeza como para quitarse esa pesadumbre-. ¿Sabes?, es bueno tenerte aquí, ya me había aburrido de escuchar a los curadores-Théoden tomó un poco de vino.

Éowyn sonrió, tomó la mano de su tío y la apretó con cariño.

-Morwen me dijo que le pediste prestados a su hermano un par de libros de herbología-comentò el rey rompiendo el silencio.

-Digamos que se me acabaron los libros-alzó los hombros la muchacha.

-¿Quieres ser curadora?-le preguntó su tío.

Éowyn suspiró, aún le costaba trabajo admitirlo, se negaba a estudiar abiertamente las artes de la curación porque, se decía, las cosas en el palacio no estaban bien. Había jurado estar a lado de su tío, aún si eso significaba sacrificar sus propios intereses, incluso practicar esgrima.

-No-repuso en voz baja.-Prefiero seguir aquí, ocupándome de lo que me corresponde.

-Hay más libros de curación en mi estudio, cuando quieras puedes ir allí a estudiar-dijo el rey en modo paternal.

-Gracias, mi Señor-sonrió antes de dar un sorbo a su vino.

Minutos después el rey Théoden, se quedó en silencio contemplando el paisaje que alcanzaba a verse través de la ventana, parecía estar recordando algo. Y de pronto empezó a relatarle recuerdos de su infancia, incluso historias de Théodwyn que la muchacha no conocía. Lo escuchaba con atención, por primera vez en muchos años se sentía amada y protegida, era como si volviera a vivir sus primeros días en el palacio de Meduseld.

-Mi Señor-la voz de una mujer los interrumpió.

Éowyn volvió la vista, era Morwen quien traía en una charola lo que parecía ser un brebaje color verde. Inclinó un poco la cabeza en señal de respeto y entró.

-No sé qué haría sin ti, mujer-el Señor Théoden tomó el vaso y de un trago tomó todo el brebaje.-Es espantoso-dijo a Éowyn.

-Menos espantoso que estar en cama, tío-dijo riendo la muchacha-.

-O que viajar bajo una tormenta de nieve-el corazón de Éowyn saltó de emoción al escuchar aquella voz. En el marco de la puerta estaba su primo, Théodred, con la capa sucia y el cabello despeinado, el rostro cansado y un poco más delgado que la última vez.

-Tuvimos que viajar más lento de lo normal-Éomer acababa de entrar.

-Éomer, es que siempre tienes que buscar una excusa para justificarte-dijo la joven Dama de Rohan feliz por ver a su hermano.-Todos sabemos aquí que eres el jinete más lento de todo Rohan-se puso de pie y fue a abrazarlo.

-Hace un par de días recibimos la noticia-dijo Théodred después de que Morwen se retirara-. El mensajero alegó que nos buscó por mucho tiempo. En cuanto nos lo comunicó cabalgamos hasta acá sin descansar.

-Al menos ya están aquí-dijo el rey.-Estábamos preocupados, Éowyn mandó al heraldo hace más de una semana.

-Espero no haya intervenido nadie-dijo Éowyn para sí.

-¿De qué hablas?-Éomer que estaba a su lado la había escuchado.

-Nada-la muchacha negó moviendo la cabeza.

Su hermano iba a decir algo pero Théodred lo interrumpió y de un momento para otro cambiaron el tema. Cuando se dio cuenta, los cuatro se encontraban charlando entre risas y algunas bromas; por unas horas se olvidaron de sus preocupaciones, hasta el Señor Théoden parecía más joven. Poco después de que Morwen y una de las mucamas del palacio se llevaron los trastos sucios de la cena, Éowyn y su hermano se retiraron.

-Théodred debe hablar con él-dijo Éomer cuando caminaban por el pasillo.-Sospecha que alguien ha estado retrasando todos los mensajes y los trabajos.

-Pues yo también pienso lo mismo, hermano-contestó la muchacha haciendo una mueca.-Y no solo eso, está entorpeciendo las cosas aquí.

-¿Y dónde está?, se supone que debe cuidar del reino mientras el rey se encuentra convaleciente.

-Salió por la tarde a Isengard-respondió Éowyn-, es por eso que pude ver a nuestro tío, de otra forma me lo hubiera impedido.

-¿Hablas en serio?

-Sí-Éowyn se detuvo ante la puerta de sus aposentos.-Sospecho que Grima tiene algo que ver con la enfermedad del rey-dijo torciendo la boca.

Éomer la miró pensativo-. A mi me parece un sujeto desagradable y algo oportunista pero, ¿querer hacerle daño a su Señor?

-Espero equivocarme, de verdad-repuso la muchacha-.

El joven jinete de Rohan suspiró preocupado-. Sólo espero que nuestro tío mejore. Théodred quiere que nos quedemos en Édoras algunas semanas-sonrió-. Así que no hay de qué preocuparse.

-Esas son buenas noticias, Éomer-aquella noticia la tranquilizó-. Entonces no me aburriré-le dio un golpecito en el brazo al muchacho.

-Espero que hayas practicado lo suficiente-Éomer le dio un tirón en el cabello-.

-¡El cabello no!-le dio un manotazo y ambos empezaron a reír.

-Si Théodred o el rey nos llegan a ver seguro nos castigan-dijo Éomer entre risas.

-Los eché de menos, a ti y a Théodred-le dijo.

-Estoy feliz de haber vuelto, Éowyn-repuso Éomer y bostezó.

-Ve a descansar, habrá sido un viaje bastante duro.

El muchacho asintió-. Por cierto-dijo de pronto-, mañana te demostraré que no soy el jinete más lento de Rohan.

-Eso si no cae otra tormenta-abrió la puerta y se despidió de su hermano.

Los siguientes días para Éowyn fueron como volver a vivir sus primeros días en Edoras, de nuevo estaban juntos los cuatro, y a pesar de sus obligaciones solían verse y charlar durante la merienda; cuando tenían oportunidad la joven Dama de Rohan y los dos muchachos iban a la armería o a cabalgar.

-¿Hace cuánto no practicabas?-le preguntó Éomer después de haber salido de la armería.

-Meses-repuso ella cubriéndose del frío con la capa color verde olivo-, no lo sé-alzó los hombros-. Desde que mi tío enfermo, incluso antes. Con Grima en el palacio no puedo descuidarme demasiado-dijo torciendo la boca.

-Ponlo en su lugar-repuso el muchacho-.

-No, el rey ya tiene bastantes problemas-dijo Éowyn-.

-Uno es no saber en dónde está su consejero, no ha habido ni una noticia de él.

-Ojalá que al menos haya ido a buscar al mago blanco-repuso-. Aunque creo que estos días sin él han sido bastante tranquilos.

Desafortunadamente esos días no duraron más, cuando llegaron al palacio su tío les comunicó que el consejero no tardaría más de un par de días en llegar. Tras escuchar la noticia Éowyn se desanimó un poco.

-Una vez que llegue, ustedes dos podrán regresar a su compañía-dijo el rey después de que terminaran de merendar.

-Padre, aún no estás recuperado del todo-Théodred parecía molesto-. Prefiero quedarme aquí hasta que el sanador nos dé la certeza de que te has recuperado.

-¿Y quién custodiará mi reino?

-Éomer está bastante capacitado para ser mariscal-dijo Théodred.

Éowyn abrió los ojos sorprendida y volvió la vista a su hermano, éste se había quedado mudo.

-¿Yo?-fue lo único que pudo decir el hijo de Eomund.

-Sí, muchacho, ¡tú!-dijo Éowyn que parecía desesperada porque su hermano reaccionaba.

-En ese caso, Eomer de Rohan serás Tercer Mariscal de la Marca-dijo el rey sonriente-. En unos días lo anunciaré y te asignaré a tu propio eodred.

Éowyn no podía estar más feliz por su hermano, él siempre había soñado con estar al frente de una compañía de jinetes y lo había conseguido. Sin embargo la partida de su hermano le pesaba. Ella hubiese querido ir con él, que su tío le permitiera siquiera cabalgar fuera de los límites de los campos de Édoras pero era imposible, la Dama de Rohan debía quedarse a cumplir sus obligaciones como mujer de la corte, debía quedarse a soportar al consejero y a intentar no derrumbarse de nuevo. Lo único que la animaba era que Théodred aún se quedaría un tiempo, o al menos eso había pensado porque después de que llegara Grima con el mago blanco el rey le pidió a su hijo partir a las fronteras, el muchacho accedió a regañadientes.

-Lo siento en verdad, Éowyn-dijo el príncipe de Rohan la víspera de su partida-. No puedo oponerme a mi padre, no cuando hay riesgo de que nos invadan.

-Eso no lo decidió tu padre-replicó con tristeza-. Él te necesita a su lado.

Théodred hizo una mueca-. Si desobedezco empeorarán las cosas-repuso-, sé qué Grima no es el mejor consejero para mi padre, pero le es leal.

Éowyn tragó saliva-. Es un manipulador-frunció el ceño.

-Tal vez espera sacar provecho de todo esto-dijo Théodred y suspiró-. Pero por ahora estoy atado de manos, no me queda más que obedecer a mi Señor. Y será mejor que tú hagas lo mismo-la miró-. Y cuida cada movimiento de ese hombre, si ves algo manda un mensaje a cuernavilla y en cuanto pueda volveré.

-Lo haré, haré todo lo que esté en mis manos-estaba se quedaría sola entre las paredes de ese enorme palacio. Odiaba no sentirse segura ni en su propio hogar, había días que se sentía presa en una cárcel cuyos barrotes eran el miedo y la rutina.

Esa noche no pudo conciliar el sueño, el solo pensar que quedaría -no sólo ella sino el reino entero- a merced del lengua de serpiente le asustaba. De su cabeza no podía quitarse esa sensación de terror que la asaltaba cada vez que el hombre de tez pálida la abordaba, Éowyn conocía cuales eran sus intenciones. Se levantó de su cama para asegurarse de que la puerta de su dormitorio estuviera bien cerrada, después dio un par de pasos y se dejó caer al suelo en medio del llanto.

-Mi Señora-escuchó la voz de Morwen.

La doncella la había escuchado sollozar e intentaba abrir la puerta del dormitorio. Éowyn no respondió, no quería causar un escándalo. Sentada en el frío piso de la habitación lloró en silencio ignorando a la doncella, quien después de unos minutos desistió. La joven Dama de Rohan pudo dormir hasta la madrugada cuando el cansancio y la tristeza la vencieron, al día siguiente despertó más tarde de lo normal, cuando fue a buscar a su primo a las puertas de la ciudad, éste se había ido. Regresó al palacio con cierta congoja, buscó a Morwen y se dedicó a sus deberes.

¡Gracias por leer hasta acá!