Nota I: ¿Y qué pasó después de llegar a Minas Tirith?, aquí un pequeño relato.

Nota II: Ningún personaje, lugar o nombre son míos, todos pertenecen al maestro JRRTolkien y su obra. Esto solo es un fanfic cuya única finalidad satisfacer esa necesidad de escribir que a veces le da a uno.

Faramir

3019 TE

Después de un viaje de poco más de una semana, llegaron una mañana lluviosa a Minas Tirith. El sol apenas salía cuando se escuchó a lo lejos la trompeta que anunciaba el arribo de la comitiva.

Faramir, que apenas si podía tener los ojos abiertos, alzó la mirada y a lo lejos alcanzó a ver la ciudad en la que creció. Sonrió, ni la llovizna que caía podía minar su ánimo.

-Éowyn-dijo extendiendo el brazo para alcanzar el hombro de su dama que cabalga a su lado. Ella lo miró por unos segundos.-La ciudad blanca.-Faramir hizo un gesto señalando hacia Minas Tirith.

La Dama de Rohan sonrió.-No la recordaba tan hermosa-dijo mirando la ciudad que se alzaba ante ellos.

-Estoy feliz de volver-dijo Faramir sin evitar esbozar una sonrisa.-Y de que estés conmigo.

Éowyn sujetó su mano y la apretó con cariño.-Van a ser días venturosos, mi Señor.

Un par de horas después cruzaron las puertas de la ciudad. Entre vítores, gritos de alegría y música cabalgaron por los siete círculos hasta llegar a la Ciudadela, donde los recibió la guardia de la Torre y algunos ancianos del Consejo, el Mayoral e Ioreth.

-Me permití organizar un pequeño banquete-dijo el Mayoral al rey cuando entraban a la Torre de Ecthelion.

El Señor Aragorn sonrió agradecido y tomado de la mano de su esposa se volvió a los Príncipes de Ithilien que caminaban unos pasos atrás de ellos.

-Nos caería de maravilla un poco de comida y descanso-dijo el soberano de Gondor.

-Después de un viaje tan cansado, es fantástico este recibimiento-sonrió el Senescal.

Y es que, a decir verdad, había sido un viaje bastante duro. Cuando salieron de Rohan jamás imaginaron que la lluvia veraniega fuera a alcanzarlos tan pronto y los hiciera demorarse; tuvieron que detenerse cerca de Anórien, justo después de cruzar la corriente de Mering. Por la noche los sorprendió una tormenta, apenas tuvieron tiempo de levantar el campamento, aunque no sirvió de nada porque todas las cosas se empaparon. Tuvieron que buscar un refugio seco e improvisar dormitorios y algunos espacios que les permitieran estar a salvo de la lluvia.

Tras un gesto del rey, todos se sentaron en la mesa que estaba dispuesta en el salón principal.

-Mi Dama Arwen, tuve noticias de que enfermó en el camino-el Mayoral se dirigió a la reina de Gondor.

-Afortunadamente me encuentro mucho mejor por los cuidados de Éowyn y Morwen-repuso la hermosa dama.

El Mayoral sonrió mirando a la Dama de Rohan.-La Señora Éowyn está preparada para ser una excelente curadora.

Faramir miró de reojo a su esposa, sus mejillas estaban sonrojadas.

-Más que preparada, señor-intervino-. Sé por su hermano, el rey de Rohan, que la Señora Éowyn estudiaba lo referente a las plantas medicinales y cuidados cuando era apenas una niña.

-Mejor aún, nuestra Dama Éowyn nos ayudará mucho en las Casas de Curación-dijo el rey.-Podremos aprender mucho de las técnicas de curación rohirrim.

-Morwen es de quien lo aprendí-repuso Éowyn con timidez.-Ella ayudaba a su hermano, que era sanador, y yo les acompañaba.

-Si la señora Morwen lo desea, también podrá venir a las Casas de Curación-dijo Ioreth. La muchacha asintió.

El almuerzo continuó entre charlas referentes al viaje y algunos pormenores que hubo en Minas Tirith. Casi dos horas después, Éowyn y Faramir salieron de la Torre de Ecthelion para ser conducidos a lo que sería su residencia temporal, la Casa de los Senescales situada en el sexto círculo y con las ventanas apuntadas en dirección a Belfalas. Anteriormente era conocida entre los habitantes de la ciudad como la Casa de Visitas, ya que después de un tiempo, los Senescales desistieron de que el rey regresaría y cambiaron de residencia a la que estaba detrás de la Torre de Ecthelion.

Había pasado casi un mes desde el día que llegaran a Minas Tirith y el trabajo parecía que no iba a terminar nunca; el Senescal se encontraba atareado por tantos asuntos que atender y la Dama Éowyn estaba bastante ocupada en las Casas de Curación, por lo que aprovechaban lo mejor que podían las pocas horas libres que les quedaban, generalmente las dedicaban a organizar su partida a Ithilien y a hacer planes para la pequeña ciudad de Emyn Arnen. Al final del día terminaban exhaustos, sin embargo algunas veces se les veía caminando por los jardines de las casas de curación.

Aquella tarde, Faramir se había desocupado un poco más temprano y decidió ir a buscar a su Dama a las Casas de Curación, estaba por llegar cuando uno de los guardias de la Ciudadela lo llamó.

-Señor Faramir-escuchó.

-¿Sucede algo?-preguntó deteniéndose y dando media vuelta.

El guardia asintió y también se detuvo.

-El rey desea verlo, es algo urgente-repuso el hombre.

El tono del mensaje le dio mala espina.

-Bien-Faramir miró hacía atrás.-Por favor que alguien informe a la Dama Éowyn que me será imposible verla hoy en las Casas de Curación-ordenó.-Y que la veré más tarde.

El guardia hizo un gesto afirmativo.

Con el cielo iluminado en tonos naranjas, el Senescal, caminó con paso rápido hasta llegar a la Torre de Ecthelion, cruzó la puerta y para su sorpresa se encontró con un par de hombres que parecían regresar de alguna batalla.

-¿Está todo bien?-preguntó mirándolos. Reconoció inmediatamente a Barahir, amigo y compañero suyo en Ithilien.

-Han atacado la guarnición de Cair Andros-respondió el rey con seriedad.-Orcos solitarios al parecer.

La noticia le alarmó, la última vez que vio a Barahir y a los demás todo estaba bajo control.

-No había ningún orco rondando cuando salimos de Minas Tirith a Rohan-dijo.

-Al parecer esperaron un tiempo para volver a organizarse-dijo Barahir.-Sabíamos que esto ocurriría, destruimos el mal mayor pero el país sin nombre aún tiene muchos habitantes.

-Debemos impedir que crucen el río.

-Es una situación bastante delicada, más a sabiendas de que muchas de las personas que huyeron de la guerra están regresando a Minas Tirith y otras tantas se preparan para ir a Ithilien, incluyéndote a ti-dijo el Señor Aragorn.

-Si damos el aviso es posible que todos entren en pánico-repuso el Senescal.-Lo más sensato que se me ocurre es mandar grupos de exploración a lo largo del río y otros tantos del lado Este. De esa manera podremos hacerles frente.

-No hay suficientes hombres, no ahora que regresamos a los tiempos de paz-Barahir los miró a ambos.-Muchos no quieren volver a la batalla, desean recuperar su vida.

El Senescal suspiró preocupado. Lanzó una ojeada a Aragorn quien tenía el semblante serio y la mirada clavada en el piso.

-Faramir-dijo de pronto el rey de Gondor mirándolo.-Estuviste mucho tiempo en Ithilien por lo que tengo entendido.

-Sí, mi Señor-asintió.

-Tú podrías dirigir un grupo de hombres del otro lado del Anduin, mientras Barahir se encarga de Cair Andros y la parte Norte-continúo hablando el Señor Elessar.-Busquen a sus hombres de confianza, en no más de tres días deben partir. Enviaremos un mensaje a Rohan también- guardó silencio por unos minutos y vio a Faramir.-Trataré de encargarme de los asuntos que conciernen al reino. Despreocupate.

Faramir hizo un gesto afirmativo con el ánimo por los suelos.

-Enviaré un mensaje a Beregond, él se encuentra en Ithilien y puede reunir algunos hombres.

-Barahir, descansa un par de días y cuando esté todo listo regresa con tus hombres-el rey se dirigió a Barahir.

-Así lo haré, Señor-el soldado inclinó la cabeza en señal de respeto. Se despidió de ambos con un ademán y salió junto con su compañero del Salón del Trono.

-Lamento que tengas que retrasar tu partida a Emyn Arnen-le dijo el rey cuando estuvieron solos y comenzaron a caminar hacia la puerta.

Faramir negó moviendo la cabeza.

-Creo que sería peor arriesgar a todos.

-Es cierto, querido amigo-repuso el rey.-Nuevamente agradezco tu apoyo y consejo.

-Es un honor servirle, mi Señor-se detuvieron en las escalinatas que bajaban a la parte posterior del sexto círculo.-En tres días todo estará preparado.

-Descansa, Faramir-le dio unas palmaditas.

-Buenas noches, mi Señor-hizo una reverencia.

Al llegar a la Casa de los Senescales, Faramir se sorprendió de ver luz en el salón principal, era bastante tarde para que alguien estuviera despierto. Cruzó el umbral y se dio cuenta que en la chimenea el fuego se extinguía iluminando apenas el lugar.

-Éowyn-dijo en voz baja al ver a la Dama de Rohan recostada en el diván. La muchacha, que parecía haber estado esperándolo, dormía profundamente acurrucada bajo el manto estrellado que tiempo atrás fuera de Finduilas. El Senescal sonrió al verla, caminó hacía ella y se sentó en la orilla del diván. La besó en la mejilla con suavidad y le acarició el cabello.

-Ya estoy aquí-dijo en un susurro-, siento haber tardado.

La Dama de Rohan abrió los ojos somnolienta.

-No son éstas horas propias para llegar a casa-le sonrió también y se movió un poco para que él se recostara.

-¿No?-Faramir se acomodo a su lado y la abrazó.-Tampoco son horas para que una princesa esté fuera de la cama-dijo seguido de un beso en los labios.

-Creí que tardarías menos.

-Llegaron noticias urgentes de Cair Andros.

-¿Sucedió algo?

El Senescal suspiró.

-Éowyn, tendré que partir-dijo con cierto pesar.-No solo en Cair Andros hay problemas, del otro lado de Anduin aún hay dispersos grupos de criaturas malignas y han estado atacando nuestras guarniciones-continuó.-El rey me encomendó ir a Ithilien-suspiró nuevamente.-Temo que nuestra partida a Emyn Arnen tendrá que posponerse.

Éowyn apretó su mano.

-¿Cuándo partirás?-la voz de la muchacha sonaba con cierta desazón.

-En tres días-él también se escuchó desaminado.-Buscaré algunos hombres y partiré junto con Barahir, fue quien trajo la noticia.-Te echaré de menos-dijo Faramir antes de girarse sobre ella y llenarla de besos.

Entre los jugueteos el Príncipe de Ithilien perdió el equilibrio y cayó del diván, después de unos segundos soltó una carcajada.

-Ten más cuidado, mi Señor-dijo la muchacha entre risas y dejándose caer sobre él.-No es seguro que viajes con algún hueso roto-lo besó y recargó la cabeza en su pecho.

-Después de instalarnos en Emyn Arnen y que todo esté en orden tengo planeado que vayamos a Belfalas-Faramir enredaba sus dedos en el cabello de su Dama.

-Antes debemos cultivar nuestro jardín-dijo ella.

-Eso no lo olvido-sonrió el Senescal para sí, recordando el día en el que le pidió casarse con él.-Será un hermoso jardín, estoy seguro.

-Tendremos mucho trabajo apenas lleguemos a Ithilien.

-No lo dudo. Me alegra que estemos juntos en esto-dijo Faramir.

Los siguientes dos días el Senescal de Gondor buscó y organizó a los hombres que lo acompañarían a Ithilien, al final juntó un grupo de no más de una veintena. La mayoría de los que irían con él habían sido compañeros suyos en Ithilien y eso le hizo sentirse más seguro. Los reunió a todos en la vieja hostería que estaba en el tercer círculo de la ciudad y discutieron cuál sería la mejor forma de deshacerse de los grupos de orcos que aún deambulaban. Fue casi hasta el anochecer cuando el Príncipe de Ithilien regresó a casa.

-¿Bergil?-dijo al ver al muchacho de doce años en el jardín de la Casa de los Senescales. Habría estado hablando de algo con Éowyn porque en cuanto lo vieron ambos sonrieron.

-Mi Señor-el muchacho hizo una reverencia.-He venido a buscarle-dijo.

Faramir intercambió una mirada con Éowyn.-Desea que le entregues un mensaje a su padre.

-Con gusto entregaré tu mensaje, pero debo advertirte que un heraldo será de más utilidad-el Senescal se sentó junto a la Princesa de Ithilien.-Demoraré algunos días en Osgiliath.

-Preferiría que usted sea el mensajero, si eso no es un atrevimiento de mi parte-Bergil se mordió el labio.-Es algo importante y creo que escucharlo de usted

Faramir esbozó una leve sonrisa.-¿Qué mensaje le daré?

-Dígale a mi padre que no deseo ser un guardián de la Torre de Ecthelion, ni de la Compañía Blanca-curiosamente esas palabras hicieron que el Senescal se recordará a sí mismo.-Deseo ser un curador.

Faramir guardó silencio por unos minutos.-No puedo hacer eso, Bergil-el muchacho lo miró desilusionado.

-Pero…

-Créeme que entiendo a la perfección lo que te pasa-le hizo una señal para que guardara silencio.-Al igual que tú, a tu edad hubiera preferido no tener nada que ver con el ejército de Gondor; pero a diferencia de ti, fui obligado por mi padre.-Faramir suspiró.-Beregond no te obligará a nada que no quieras hacer-hizo una pausa.- Si estás seguro de que eso es lo que quieres será mejor que lo enfrentes.

Bergil guardó silencio pensativo.

-Pero si en verdad te interesa la curación, les tengo una propuesta a ambos.

-Podrías ser su tutora-dijo Faramir a Éowyn.-Ayudarlo a estudiar los libros, los escritos, todo lo que debe saber antes de ser curador.

-Lo apoyaría con gusto-sonrió la muchacha.

Faramir también sonrió.-¿Estás de acuerdo?-le preguntó a Bergil.

El niño asintió con el rostro lleno de alegría.

-Mañana búscame en las Casas de Curación-le dijo Éowyn a Bergil-, un par de horas antes del mediodía.

-Les agradezco, mis Señores-hizo una reverencia.-Veo que mi madre tenía razón cuando hablaba de los amigos de mi padre, son generosos y nobles-el chico se despidió de ellos y se alejó hasta perderse en el sendero que llevaba a las escaleras que bajaban al quinto círculo.

-He estado pensando que en Emyn Arnen hará falta una Casa de Curación-dijo Faramir mirando a Éowyn-, y alguien que se haga cargo de ella-sonrió.

-¿Pretendes que yo?-preguntó la muchacha sorprendida.

-Bergil podrá ayudarte-dijo el Senescal antes de besarla con suavidad-. El Mayoral está dispuesto a ir a Ithilien por un tiempo, pero cuando vuelva a Minas Tirith alguien debe hacerse cargo.

La Dama de Rohan no contestó, sonrió ampliamente y lo abrazó.

-Si ésa es la responsabilidad que me encomienda el Señor de Emyn Arnen entonces estoy más que dispuesta a aceptarla-le dijo ella cuando se separaron.

Faramir buscó la mano de su Dama, y la tomó entre las suyas. Suspiró y se dio cuenta de que esta vez sería mucho más difícil separarse de ella.

-Éowyn-dijo en un susurro antes de besarla y tomarla entre sus brazos. No quería soltarla. Ella también parecía estar dispuesta a no separarse de él.

Llegaron hasta su dormitorio sin siquiera reparar si alguien los había visto enredados entre besos desesperados y caricias torpes. En la oscuridad de la habitación la intensidad de los besos aumento, los suspiros dejaron de ser reprimidos y las caricias menos discretas. Faramir la desvistió con delicadeza y le besó todo el cuerpo mientras acariciaba con las yemas de sus dedos cada centímetro de éste, quería llevarse el recuerdo de ella en su tacto. Poco después se dejó desnudar por Éowyn, las delicadas manos de la muchacha recorrieron su cuerpo como queriéndolo guardar en su memoria. Aquella noche dieron vuelo a sus arrebatos, a sus deseos y a todo el amor que se tenían hasta terminar exhaustos y abrazados entre las sábanas. Esta vez la Dama de Rohan fue la primera en quedarse dormida acurrucada entre los brazos de su esposo.

Todavía era de madrugada cuando el Senescal de Gondor despertó, abrió los ojos de golpe y sintió un hueco en el estómago. Espero unos minutos antes de levantarse cuidando no despertar a Éowyn. Salió de sus aposentos, el baño ya estaba preparado como lo había ordenado. Cuando terminaba de vestirse vio entrar a Éowyn. La muchacha en silencio se acercó, llevaba en las manos un manto color verde olivo.

-Era de mi padre-dijo ella desdoblando la capa cuidadosamente.-No tardes, Faramir-se la puso sobre los hombros.

El Senescal la abrazó con fuerza.-Estaré aquí pronto, Dama mía-y la besó en la frente.

Un par de horas más tarde Faramir cabalgaba en silencio seguido de una veintena de hombres. Amanecía en el Este cuando atravesaron los campos Pelennor y la compañía apenas si alcanzaba a verse a lo lejos desde Minas Tirith. Nadie en la ciudad había notado su partida salvo Éowyn de Rohan, que miraba el vasto horizonte desde las murallas que daban al Este, esas mismas donde conoció al hijo de Denethor.

¡Gracias por leer! :)