Nota I: Pues quería ponerle un poco de drama a esto, jaja. Aquí un relato de Éowyn en Ithilien. Leí por algún lado que en los años siguientes hubo algunas batallas para reestablecer completamente la paz en la Tierra Media.
Nota II: Ningún personaje, lugar o nombre son míos, todos pertenecen al maestro JRRTolkien y su obra. Esto solo es un fanfic cuya única finalidad satisfacer esa necesidad de escribir que a veces le da a uno.
Éowyn
18 C.E.
Escuchó la llamada del cambio de guardia justo cuando terminaba de guardar los pergaminos dentro de la estantería, había estado revisando rigurosamente cada uno de ellos para asegurarse de que todo en las Casas de Curación estuviera en orden. Echó llave al mueble y suspiró mirando el atardecer enmarcado por su ventana, le recordó a Édoras; el cielo anaranjado salpicado por unas cuantas nubes le hizo pensar con nostalgia en su país, al que había dejado hacía casi veinte años. A pesar de que solía ir a Rohan de vez en vez, a veces era complicado hacerlo; y es que desde que el Señor Aragorn le otorgó la responsabilidad de dirigir las Casas de Curación su tiempo se consumía más rápido de lo que esperaba, aunado a sus responsabilidades como Princesa de Ithilien y como madre.
Guardó la llave en su cajón, tomó un par de capas que estaban dobladas y se puso encima la más grande, la otra la extendió sobre el respaldo del sillón donde un niño de apenas unos cinco años dormía. Elboron había insistido en acompañarla, apenas tuvo tiempo de estar con él; el niño había pasado casi toda la tarde con Bergil en el huerto ayudándolo a recolectar algunas hierbas. No podía estar más feliz, la presencia de Elboron en las Casas de Curación traía a todos alegría, incluso a lo más enfermos; y es que el niño, al igual que su padre, adoraba escuchar las viejas historias que aún se contaban entre los gondorianos.
-Elboron, es hora de irnos-susurró Éowyn acariciando las mejillas de su hijo.
El niño hecho un ovillo se quejó, abrió los ojos con pereza y la miró por algunos segundos antes de bostezar.
-Mamá, tengo hambre-dijo
Éowyn sonrió.
-Menos mal, en casa nos espera la cena-repuso despeinando su cabello y contemplándolo, era increíble el parecido que tenía con Faramir. Sonrió pensando en el Senescal, le extrañaba, hacía más de un mes había partido a las tierras del Norte.
Éowyn tomó la capa para colocarse al niño.
-¿Puede Bergil cenar con nosotros?-preguntó una vez que la Dama Blanca terminó de abrochar todos los botones.-Es importante que venga, prometió contarme cómo conoció al mediano-insistió. Con el paso de los años el hijo de Beregond se había vuelto un amigo muy cercano a los Príncipes y compañero de juegos de Elboron, a quien amaba como si fuese su propio hermano.
-No lo sé, Bergil tiene trabajo que hacer pero si está libre seguro nos acompaña-repuso la Dama de Rohan mirando al niño que estaba envuelto en la olivo, regalo del rey de Rohan.
-¿Podemos buscarlo?-le rogó Elboron.
-Lo más seguro es que esté en los jardines del lado norte-Éowyn terminó de abotonarse la capa que hacía años el Príncipe de Ithilien le había regalado y salieron del despacho. No tardaron mucho en encontrar al joven curador, caminaba de un lado a otro de los jardines.
-¡Bergil!-gritó emocionado Elboron corriendo hacia él.
-Mi Señora-el muchacho se detuvo en cuanto los vio.-Creí que habían marchado a casa.
Éowyn sonrió.-Me parece que alguien no piensa irse sin ti-señaló a Elboron con la mirada.
-¡Ven a casa a cenar!-el hijo de los Príncipes tiró del brazo de Bergil.-Prometiste contarme la historia del mediano.
-Aún hay mucho por hacer-se refería a un trabajo en concreto, la clasificación de las plantas curativas que llegaban del Sur. Bergil y Éowyn las habían estado estudiando.
-Vamos, Bergil-dijo Eowyn a su pupilo.-Has trabajado todo el día, te mereces un descanso.
-Anda-Elboron volvió a tirar de su brazo.-Vamos.
-Agradezco la invitación, mi Señora-inclinó la cabeza en señal de respeto.
Elboron sonrió.-Andando-dijo jalando al muchacho del brazo.
Los tres salieron de las Casas de Curación cuando empezaba a nevar, el viento arreció y se tornó helado, las pocas antorchas que iluminaban la ciudad se apagaron. Éowyn se cerró un poco más la capa y lo mismo hizo con la de su hijo, Bergil cargó entonces al niño y aceleraron el paso. Llegaron al palacio justo a tiempo, después de que cruzaron la puerta se desató una tormenta.
-Mi Señora, ¿qué noticias hay del Senescal?-le preguntó Bergil cuando atravesaban el salón principal después de que Elboron se echara a correr hacía el interior.
Tras escuchar la pregunta Éowyn sintió un pinchazo en el corazón, no había noticias del grupo de Faramir desde hacía días.
-No hemos tenido ningún mensaje de ellos desde que anunciaron su llegada Cair Andros-repuso con cierta preocupación.-Supe que partieron al Norte por el antiguo camino de Ithilien.
-Mi padre me dijo que irían al Norte, pretendían llegar a las tierras pardas porque había rumores de un conflicto-Bergil torció la boca.
-Hombres del Este siguen atacando las fronteras-dijo Éowyn.-Tu padre y Faramir fueron por órdenes del rey a llevarles un mensaje, a hacer una negociación-explicó.
-¿No deberíamos tener ya noticias de ellos?-le preguntó el joven curador.
La Dama de Rohan tragó saliva, claro que ya deberían tener noticias de ellos, Faramir solía enviar mensajeros para mantenerse en contacto por cualquier eventualidad que pudiera pasar. Si su cálculo no le fallaba, el Senescal ya habría tenido el encuentro con los hombres del Este en el lugar acordado.
-Imagino que las negociaciones duraron más de lo que esperábamos-dijo intentando convencerse a ella misma.
Bergil alzó los hombros desanimado.
-Vamos, Bergil, mejor será ocuparnos de lo que pasa aquí-intentó cambiar el tema porque ella misma se asustó al pensar que algo le pudo haber pasado a su esposo. Tras unos segundos sacudió la cabeza como para alejar los malos pensamientos y buscó a Elboron, el niño estaba asomado en una de las ventanas del comedor viendo nevar.
Éowyn estaba a punto de sentarse cuando Morwen apareció por el pasillo, venía apresurada y algo desconcertada.
-¿Sucede algo, Morwen?-le preguntó al tiempo que acomodaba su capa en uno de los percheros junto a las de Elboron y Bergil.
La mujer asintió.-Uno de los guardias de palacio ha anunciado que llegó un mensajero con noticias urgentes-repuso.
El corazón de Éowyn se aceleró e intercambió una mirada con Bergil, el muchacho parecía expectante.
-¿Ha entrado a la ciudad?-la Dama de Rohan tomó nuevamente su capa.-Da indicaciones de que pase a palacio para que coma y descanse-dijo tras la negativa de Morwen.
-Antes debemos hablar con él-intervino Bergil poniéndose de pie.
-Ha solicitado ver únicamente a la Princesa de Ithilien-Bergil estuvo a punto de protestar.
-Hazlo pasar a la biblioteca-le ordenó a la doncella.-Lleven comida caliente y agua fresca, seguro lo agradecerá-Morwen asintió y se retira a buscar al mensajero
-No puedo permitir que lo vea a solas, Señora Éowyn-el joven curador protestó.
-Bergil, soy responsable de Ithilien hasta que el Señor Faramir vuelva, te ordeno no te entrometas en esto. Entiendo tu preocupación por tener noticias de tu padre, pero no puedo permitirte que intervengas, mucho menos esperes que comparta contigo información que puede ser delicada-dijo la Dama de Rohan con voz dura mirándolo a los ojos.
El muchacho asintió en silencio.
-Ahora, tú y Elboron esperen aquí-le ordenó.-Espero no tardar-besó al pequeño niño en la frente y salió en dirección a la biblioteca para encontrarse con el mensajero.
-Morwen, por favor no permitas que se acerquen-y se refería a ambos, conocía bastante bien a su alumno como para imaginar que podía enviar a Elboron a espiar.-Dile a Fíriel que se mantenga cerca-hizo una mueca-, sólo por precaución.
-Así lo haré, mi Señora-Morwen le dio un apretón en el brazo.-Esperemos que sean buenas noticias-la animó.
Éowyn agradeció el gesto de la mujer.-Yo también así lo deseo-suspiró antes de cruzar el umbral.
La biblioteca del palacio de los Príncipes de Ithilien no era muy grande, era apenas una cuarta parte de la de Minas Tirith, sin embargo resguardaba una cantidad brutal de libros entre los que se encontraba la colección personal de Éowyn y Faramir, que incluía títulos relacionados con la historia de Rohan y Gondor, con herbología, artes y ciencias curativas. Los estantes de madera eran tan altos como el techo del lugar y un par de escritorios en los que los solían estudiar los príncipes y los eruditos de Emyn Arnen.
Junto a uno de los escritorios Éowyn vio a un hombre de pie, apenas lo iluminaba la luz de las velas, estaba cubierto con una capa gris muy parecida a la que vestían los montaraces de Ithilien. Apenas la vio hizo un gesto para saludarla.
-Debe estar cansado-Éowyn le tendió la mano.-Por favor tome asiento, he mandado traer comida y agua fresca para usted, y pedí que le preparan una cama.
-Le agradezco las atenciones, mi Señora, pero debo continuar mi viaje-dijo el mensajero.
A Éowyn se le paralizó el corazón cuando lo escuchó, esa voz, estaba segura, era la de Faramir. Trató de mantener la compostura, si fuera el Senescal las cosas serían diferentes.
-No permitiré que se marche sin antes atenderlo, se le ve cansado y maltrecho-intentó ver el rostro del hombre bajo la capucha.-Si no lo hago, ¿qué clase de anfitriona sería?-entrevió entonces el rostro del mensajero, era Faramir. La Dama de Rohan sintió un nudo en la garganta.-¿Faramir?-quería estar segura.
El hombre se quitó la capucha e intentó sonreír.-Estoy feliz de verte-dijo con voz débil y le tomó las manos.
Éowyn lo contempló, el Senescal tenía algunos moretones en el rostro y sangre seca cerca de la sien.-¿Estás bien?-no, no estaba bien, cuando acarició su rostro notó que ardía en fiebre.
El Príncipe de Ithilien asintió.-Fue un desafortunado regreso-dijo con los ojos sumidos en la tristeza, además lucía pálido y sin fuerzas. De un momento a otro perdió el conocimiento.
Éowyn alcanzó a sostenerlo para evitar que se golpeara por la caída.-No, Faramir-dijo intentando levantar el cuerpo de su esposo para llevarlo a uno de los sillones que estaban a unos metros. Cuando por fin logró acomodarlo en el sillón le quitó la capa y le desabrochó la camisola, se percató de que las ropas del Príncipe estaban ensangrentadas.-Ay, no-dijo intentando mantener la calma y más asustada que nunca.-¡Fíriel!-gritó a la doncella, necesitaba ayuda, el Senescal tenía un par de heridas en el abdomen, eran profundas y aunque parecían tratadas, ambas estaban infectadas.-¡Fíriel, por favor, necesito ayuda!-volvió a gritar.
-¿Ha pasado algo, mi Señora?-Firiel acababa de cruzar la puerta.
-Sí-dijo É mensajero…-sacudió la cabeza, no estaba para explicaciones.-Necesito que traigas paños húmedos-ordenó.-Llama a Bergil.
Fíriel asintió y con paso apurado fue a buscar al joven curador y los paños húmedos. No pasaron muchos minutos antes de que el muchacho apareciera en la puerta de la bibliteca.
-Vine lo más rápido que pude-dijo.-¿Qué ha…-Bergil vio a Faramir recostado en el sillón.
-Ni siquiera yo lo entiendo-repuso la Dama de Rohan.-Pero arde en fiebre y tiene un par de heridas que no sanaron.
-Los trapos húmedos, mi Señora-era Morwen.
Lograron estabilizar la temperatura del Senescal y librarlo de las infecciones, las heridas la limpiaron y curaron con ayuda de los ungüentos que Éowyn guardaba en casa. Finalmente llevaron a Faramir hasta sus aposentos para que descansara.
-¿Qué sucedió?-le preguntó Bergil algo desconcertado cuando estaban en uno de los salones del palacio.
-No lo sé-la voz de Éowyn estaba entrecortada.-No sé qué pudo haber pasado-se levantó de la silla y salió a la terraza, necesitaba aire fresco. Suspiró, se recargó en la barandilla de metal y vio la ciudad apenas iluminada por las lámparas de aceite entre las calles, escuchó un alboroto que venía de las puertas de la ciudad.
-Señora-era uno de los guardias de Ithilien.-Llegó el Señor Bergil junto con algunos hombres que partieron al norte.
-Hazlos pasar-le ordenó la Dama de Rohan-los veré en la sala de consejo.
Cuando vio a Beregond supo que no iba a recibir buenas noticias, el hombre también se veía maltrecho.
-Lamento traer malas noticias, Señora-Beregond la miró con tristeza.-Fuimos atacados en el camino, apenas tomábamos rumbo al Norte cerca del viejo camino de Ithilien cuando nos sorprendió un grupo de hombres y orcos-le dijo.-Perdimos a mi Señor Faramir, lo tomaron prisionero, y lamentablemente algunos miembros de nuestra compañía resultaron muertos-el rostro de Beregond estaba ensombrecido.-Huímos, pues no teníamos ventaja ante ellos.
Éowyn escuchó con atención, supuso entonces que Faramir había logrado huir de sus captores y viajado solo hasta Emyn Arnen. Pidió a los demás hombres que salieran y la dejaran sola con Beregond.
-Vayan a asearse y a tomar un descanso, ha sido un viaje difícil-les dijo la Princesa de Ithilien.-Yo debo hablar con Beregond sobre las acciones que hay tomar a partir de hoy-los hombres tras una reverencia salieron de la sala del consejo.-El Señor Faramir no fue hecho prisionero, querido Beregond-sonrió Éowyn ante el rostro sorprendido del gondoriano.-Ha llegado hace unas horas, mal herido, pero vivo. Le atendí junto con tu hijo-guardó silencio unos segundos.-No queda más que esperar a que despierte, hasta entonces te ordeno descansar y tomar un poco de aire.
El rostro de Beregond se cubrió de lágrimas de alegría.-No sabe lo bien que hace escuchar esto-le dijo con la voz entrecortada.-Pero a la vez me apena, no lo protegí lo suficiente, no tuve oportunidad de ayudarlo ni de hacer algo.
-No, Beregond-interrumpió la Princesa.-No debes sentirte culpable por nada, nadie esperaba el ataque-la muchacha lo miró a los ojos.-Anda a descansar y a buscar a tu hijo, está bastante preocupado.-dijo por fin.
Beregond asintió haciendo una reverencia y salió de la sala de consejo. Éowyn en cambio, se quedó sentada mirando hacia la nada, le preocupaban las noticias que habían llegado y temía que estallara una guerra contra los hombres del Este. Tragó saliva.
-Mamá-la voz del pequeño Elboron la sorprendió en el silencio. Vio al niño caminando hacia ella.
-Mi amor-la Dama de Rohan se puso de pie para ir hacia él y cargarlo.-¿Qué sucede?
-No puedo dormir-se recargó en su hombro y la abrazó.-Tuve una pesadilla.
Éowyn besó la frente del niño.-¿Quieres que duerma contigo?-Elboron asintió abrazándose más a ella.
En silencio, y con su hijo en brazos fueron hasta los aposentos de éste donde lo arropó, lo abrazó por unas horas hasta que se quedó dormido. La Dama de Rohan entonces salió del dormitorio en silencio, iría a descansar también.
-No sé qué haría sin ti, Éowyn-escuchó la débil voz del Príncipe de Ithilien al cruzar el umbral.
-¡Has despertado!-dijo yendo directo a sentarse en la orilla de la cama junto a Faramir. En la oscuridad alcanzó a verlo, ambos se sonrieron. El Senescal se incorporó con algo de trabajo y la abrazó con fuerza. Éowyn dejó escapar algunas lágrimas.
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