Nota I: Me tardé un montón con éste porque no sabía cómo manejar lo que posiblemente vivió Faramir en vísperas de mudarse a Ithilien. Espero no haber abusado de la melancolía del personaje.

Nota II: Ningún personaje, lugar o nombre son míos, todos pertenecen al maestro JRRTolkien y su obra. Esto solo es un fanfic cuya única finalidad satisfacer esa necesidad de escribir que a veces le da a uno.

Faramir

3020 T.E.

La calidez del verano empezaba a sentirse en la capital de Gondor, lo que significaba que había pasado casi un año desde que los Príncipes de Ithilien se casaran. Desde entonces todo había sido trabajo y estudio para ambos; a Faramir de Gondor le fue encomendada la responsabilidad de expulsar las huestes de orcos y criaturas oscuras de Ithilien, lo cual le llevó más tiempo del que se imaginó pues a pesar de que Sauron había sido derrotado, miles de orcos huyeron a refugiarse a los bosques; mientras tanto Éowyn se dedicó al estudio de las artes de la curación bajo la tutela de el Mayoral, dejándole apenas tiempo libre.

Fue una tarde lluviosa cuando Faramir anunció al rey Elessär su decisión de partir a Emyn Arnen. Las fronteras ya estaban aseguradas y muchos ithileanos comenzaban a mostrarse inquietos, pues la estancia de los príncipes en Minas Tirith empezaba a prolongarse. El soberano de Gondor dio su consentimiento y le recomendó preparar el viaje con sumo cuidado, pues en la caravana irían familias completas, entre los que se contaban niños, ancianos y mujeres que nunca habían atravesado los campos del Pelennor.

-Tómate el tiempo que sea necesario-dijo el rey tras una pausa.-Y olvídate de los asuntos de Minas Tirith, has trabajado bastante dejando de lado tu partida a Ithilien.

-Seguiré atendiendo los asuntos que a mi cargo de Senescal corresponden, mi Señor-dijo Faramir.

-Ithilien será tu responsabilidad, ahora ve y habla con tus hombres, organizalos, a ellos y a sus familias, y asegúrate de devolverle la gloria a Emyn Arnen-sonrió Aragorn.

Faramir sonrió e hizo una reverencia.-Así lo haré-repuso antes de salir del enorme despacho del rey.

Bajo la lluvia, y envuelto en la capa verde olivo, caminó hasta las Casas de Curación para buscar a Éowyn e ir a casa.

-Mi Señora Éowyn está aún con el Mayoral-dijo Ioreth al verlo cruzar el pasillo principal.-¿Desea que vaya a buscarla?

-No… No, Ioreth-Faramir alzó los hombro-, la esperaré-dijo.

La anciana mujer le sonrió con ternura, hizo una reverencia y continuó su camino. El Senescal caminó por el pasillo que daba a los jardines y, en el umbral, se detuvo para contemplarlos; estaba seguro de que extrañaría caminar por entre los árboles que ahí crecían y detenerse a observar el cielo del Este. Hasta antes de partir al frente de batalla, solía pasar días enteros ahí. No olvidaba cuando, estando aún pequeño, su madre se sentaba con él a la sombra de un árbol y le contaba las historias más maravillosas que jamás escuchó. Suspiró sin dejar de mirar la lluvia, una tarde así Finduilas pereció, lo que más recordaba de aquel día era que su padre lo reprendió por no querer irse a casa.

Se perdió en sus pensamientos sin darse cuenta que la Dama de Rohan acababa de detenerse a su lado.

-Faramir-dijo ésta con suavidad. El Senescal entonces volvió su vista y al verla sonrió.

-Buenas tardes, querida Éowyn- la saludó antes de besar su mejilla.-Te propondría caminar en los jardines pero la lluvia ha arreciado-dijo.

-Entonces no saldremos de aquí hasta dentro de un rato-lo tomó de la mano.-¿Qué deseas hacer, Señor mío?

Faramir sonrió, la tomó por la cintura y la besó.-Hablar con la Señora Éowyn a solas, hay noticias que debo darle.

Con las mejillas sonrojadas la Dama de Rohan lo guío hasta el estudio que compartía con el Mayoral. Después de que Ioreth les llevará un par de copas de vino y algunos bocadillos, Faramir le comunicó a su esposa que debían planear su partida a Emyn Arnen.

-He concluido aquí mis tareas-dijo.-El rey nos ha dado su consentimiento.

Éowyn lo miró sin hacer ningún gesto, sin decir palabra alguna. Suspiró después de varios segundos.

-Faramir yo…-tragó saliva.-Estoy feliz de escucharlo, y nada deseo más que ir contigo a Emyn Arnen-bajó un poco la mirada.-No creo estar lista para dejar mis estudios con el Mayoral.

-No los dejarás-repuso Faramir.-Él irá con nosotros. Aceptó ir a Emyn Arnen por un tiempo-la miró a los ojos.-Te preparará para hacerte cargo de las Casas de Curación de Ithilien-ante la mirada atónita de la chica Faramir sonrió.

-¿yo?, mi Señor, yo no…

-Lo que te propuse cuando llegamos a Minas Tirith no fue ninguna broma-dijo con seriedad.-Éowyn, he hablado con el rey y con el Mayoral. Serás la primera mujer en Gondor que dirija un sanatorio-la tomó de la mano.

Sin esperarlo ella se abalanzó sobre él, con lágrimas en los ojos, lo abrazó y le besó los labios.

-Me esforzaré para estar a la altura-dijo después de que se separaran.

-Lo estás, mi Señora-le acarició el rostro.

Entonces se quedaron abrazados en silencio. Faramir se percató de que la lluvia había cedido, el golpeteo del agua contra las ventanas cesó.

-Es hora de ir a casa-le dijo sin soltarla-, me parece que ya no llueve.

Éowyn asintió.

Cuando salieron de las Casas de Curación hacia la calle que los llevaba al sexto círculo, ya había oscurecido. La ciudad, allá abajo, se veía iluminada con antorchas y lámparas de aceite y a pesar de la hora aún podía percibirse mucho movimiento. Los Príncipes llegaron a casa donde los esperaba una cálida cena.

Organizar su partida a Ithilien fue más difícil de lo que imaginaron, Faramir no esperaba que un número considerable de ciudadanos estuvieran dispuestos a seguirlos, y es que muchos deseaban regresar a Emyn Arnen para retomar la vida que la guerra les había arrebatado, otros tantos apreciaban y amaban al Senescal y deseaban servirle. Entre tanto alboroto el Príncipe apenas tenía tiempo para sí, a veces el trabajo lo aturdía tanto que terminaba por salir de su despacho y refugiarse en los jardines de las Casas de Curación.

-No ha cambiado en nada, mi Señor Faramir-escuchó una voz tras él. Faramir había huído aquel día de sus deberes y no pensaba continuar hasta tomar un poco de aire.

-Necesitaba un respiro-repuso sonriendo a la mujer de edad avanzada que acababa de sentarse a su lado.-Extrañaré este lugar, Ioreth-dijo suspirando.-Toda mi vida la pase aquí.

Ioreth le sonrió.-Aún recuerdo cuando su madre le traía y por horas se sentaban en la hierba. Le escuchaba atento cuando le hablaba de aquellas viejas historias.

-Creo que por ella me volqué al estudio-sonrió con melancolía.-Y he pensado que también tuviste algo que ver, Ioreth-la miró. Amaba a aquella mujer como si fuera su abuela, Faramir no olvidaba que ella fue quien prácticamente lo crió después de la muerte de Finduilas.-Eras muy buena inventando historias para saciar mi curiosidad.

-Una forma debía encontrar para animarlo-se ruborizó un poco Ioreth.-Y Mithrandir me encomendó cuidar que usted no perdiera el interés por su pueblo.

-Lo lograste, Ioreth-dijo.-A la fecha no he perdido el interés de seguir instruyéndome en la historia de Gondor-guardó silencio.

-No dudo que escribirá libros y tratados sobre todo lo que ha pasado-la mujer lo miró orgullosa.

Faramir sonrió-. Y pienso contar a todos sobre la mujer que ayudó al rey a curarme y que advirtió las buenas nuevas.

-Lo único que hice fue mi deber como enfermera de esta casa, mi Señor-se puso de pie e hizo una reverencia.

-Ioreth-Faramir también se levantó-, en verdad agradezco bastante todo lo que hiciste por mí-se acercó a ella para tomarla de las manos-. Te echaré de menos.

La mujer sonrió con los ojos llenos de lágrimas, abrazó al Senescal y besó su frente.

-Que la gracia de Ilúvatar te proteja, y que los Valar guíen tu camino-le dijo Ioreth.-Te esperan días venturosos en Ithilien.

Por primera vez Faramir se dio cuenta de lo mucho que la echaría de menos, después de todo Ioreth siempre había estado a su lado y lo cuidaba cuando nadie más lo hacía. De pequeño solía contarle historias o escucharlo relatar sus propios cuentos. Además de su madre, Ioreth había sido una de las mujeres más importantes en su infancia, si bien dejó de frecuentarla por mucho tiempo, no olvidaba sus cariños. Se despidió de ella sabiendo que quizás sería el último día que la vería, habría querido que le acompañara a Ithilien pero era imposible.

-Ioreth no puede viajar-le había dicho el Mayoral anteriormente.-Su edad y su salud no se lo permiten-y suspiró-. Es una mujer fuerte a pesar de todo, ha sabido sobrellevar su enfermedad, pero temo que un viaje tan largo termine por agotarla.

La vio desaparecer por los pasillos que comunicaban a los dormitorios de los enfermos mientras el sol se ocultaba tras él. Regresó a su despacho sin esperar a la Dama Éowyn, ella debía quedarse por más tiempo en las Casas de Curación y acordaron verse en casa. Se sentó ante su escritorio y se dispuso a revisar una cantidad considerable de pergaminos, entre los que se encontraban los decretos del rey Elessär para su partida a Ithilien, los registros de las personas que viajarían con él y algunos documentos relacionados con la geografía de Emyn Arnen. Suspiró y se talló los ojos luego de un rato. Levantó la mirada hacia su ventana y se dio cuenta que estaba oscureciendo.

-Faramir, amigo mío-dijo una voz al tiempo que se abría la puerta. Era el señor Aragorn.

-Mi Señor…-se levantó inmediatamente e hizo una reverencia.-¿Desea que haga algo por usted?

-Relajarte un poco quizás-el soberano de Gondor se sentó frente al escritorio y Faramir lo imitó.-Es bastante tarde y llevas días enteros trabajando a este ritmo.

-No me permitiré dejar asuntos pendientes, mi Señor-respondió.-Planeo marcharme en tres semanas a lo mucho.

-Cuando me anunciaste tu partida te ordené que dejaras de ocuparte de las cosas que competan a la ciudad-dijo Aragorn- y que te dedicaras únicamente a organizar tu partida, una vez que estés instalado en Emyn Arnen podremos discutir los asuntos del reino.

-Pero, mi Señor, yo…

-Pediré a Húrin que se encargue de los asuntos de la ciudad-lo interrumpió.-Tú ya has hecho demasiado todo este tiempo, y te lo agradezco, Faramir.

-No he hecho más lo que es mi deber.

-Ahora te ordeno dejar esto e ir a casa-Aragorn se puso de pie.

Faramir asintió un tanto aliviado, se levantó de la silla y salió detrás de su Señor. Ambos caminaron en silencio por los pasillos de la torre de Ecthelion hasta salir a la Ciudadela donde el árbol blanco del rey contrastaba con la noche oscura. Se quedaron de pie contemplando la oscuridad que se extendía en el horizonte.

-Nunca pensé que me marcharía de aquí-dijo después de un suspiro-. Demoré mi partida a Emyn Arnen porque en el fondo me resisto a irme-confesó-, aquí está toda mi vida, dejarla atrás me asusta.

El Señor Aragorn que estaba junto a él suspiró también, alzó la vista al cielo.

-No dejes que la nostalgia te gane, querido amigo-dijo sin apartar su vista del cielo estrellado-. Ésa ha sido la debilidad de muchos pueblos, no permitas que te impida disfrutar todo lo que aún tienes que vivir-.

Faramir asintió en silencio-. Deseo tanto tener la fuerza de Éowyn, ella dejó Rohan sin chistar, sin poner pretextos o alguna excusa-dijo luego de unos segundos-. Es tan determinada-suspiró pensando en ella-.

-Lo sé, y a ambos Ithilien los espera. Su vida allá será venturosa-repuso el rey-. Amigo, no me queda más que aconsejarte que seas fuerte y que no permitas que tu pasado te abrume.

Intento sonreír-. Gracias por sus palabras, mi Señor-dijo al tiempo que la brisa nocturna se dejó sentir.

-Será mejor descansar-. El rey hizo un gesto de despedida.

Faramir hizo una reverencia y después de despedirse del soberano de Gondor caminó en dirección al sexto círculo. En el umbral lo recibió Éowyn, se abrazó fuerte a ella y dejó caer algunas lágrimas.

-Lo siento-dijo ante la mirada de la Dama.

-Estaremos juntos en esto, Faramir-secó sus lágrimas-. Sé lo difícil que es marcharse de casa.

El Senescal agradeció las palabras de Éowyn, volvió a abrazarse a ella y cerró los ojos.

-Gracias, dama mía-dijo en su oído. Y supo que a pesar de todo ella siempre estaría a su lado y con eso era suficiente.

¡Gracias por leer hasta acá!