22 de abril, 1941.
Un pueblo cercano a Trondheim, Noruega.
En una pequeña casa insípida, esencialmente igual a las demás en el pueblo, estaban poco menos de veinte hombres pertenecientes a la resistencia, discutiendo cada quien temas completamente diferentes. No eran especialmente ruidosos, pero que susurraran todos al mismo tiempo estaba empezando a molestar a Lukas Bondevik, un joven rubio de facciones finas y expresión estoica. Llevaba en el cabello un broche en forma de cruz, que le sostenía unos mechones de caer directo en su cara. Era el único entre ellos que no hablaba para nada.
"Estamos teniendo problemas para mantener el número de unidades que debíamos terminar para mañana," Comentó Niels Hansen, un hombre en sus treintas con un enorme bigote. Era uno de los encargados de la producción de octavillas con mensajes nacionalistas, para distribuirlas en la ciudad vecina. "Reidar no se ha comunicado. Tememos que se haya quedado en la pacífica tierra sueca," Al hablar, soltó una risa amarga. "No lo culpo por eso."
Su hijo, llamado por todos «joven Niels», comentó indignado: "¡Él nunca nos traicionaría! Seguro pasó algo fuera de su poder..."
"Esto no es bueno," Arne Blom, un muchacho de apenas dieciocho años, ponderó con una mano en la barbilla. "Con la toma de la sinagoga ayer, necesitamos esas octavillas."
"Es una oportunidad que no debemos ignorar," Coincidieron algunos. Entre sus diversas pláticas sobre el incidente del día anterior en la sinagoga de Trondheim [1], uno de ellos intentaba tener su atención de forma desesperada, pero nadie le entendía ni tampoco le tomaban importancia.
"Eirik, cálmate," Dijo Lukas, en su voz calmada y neutral de siempre. Al escucharlo, todos guardaron silencio. "No puedo entender lo que dices si no hablas despacio."
El muchacho, Eirik Solberg, tomó aire, y empezó a decir palabras con poco sentido. "El avión, Lukas, el que vimos; la SS fue ayer en la noche a donde se había estrellado, y resultó ser danés, pero no encontraron al piloto," Todos se soltaron en repentinos murmullos y expresiones asombradas.
"¿Danés?" Preguntó Lukas, incitándolo a continuar. Aprovechando que todos guardaron silencio por segunda vez, Eirik continúo.
"¡Sí! El loco al que se le ocurrió sobrevolar territorio ocupado ayer, es muy seguramente un loco danés, y lo que es más, en un avión de caza Fokker DXXI—" De nuevo, los murmullos estallaron entre los hombres, incrédulos.
"¡Pero todas las fuerzas armadas de Dinamarca fueron neutralizadas hace un año—!"
"¿Y quién dice que sea de las fuerzas armadas? Seguro solo es otro Fokker y ya, puede ser alemán también—"
"¿Entonces por qué estaría volando solo por aquí? Eirik dijo que la SS—"
"También pudo tener mal la información…"
"¿No hubo un chiflado que escapó a la invasión el año pasado?" Emil Steilsson, un muchacho que usualmente estaba distante de las conversaciones frente a él, preguntó despacio dirigiéndose a Lukas.
"No se escapó, anunciaron que estuvo a punto de escaparse," Afirmó el joven Niels, que estaba cerca de ellos.
"¿No creen que sería obvio para los alemanes difundir que sí lo atraparon aunque no fuera así?" Intervino entonces una muchacha que acababa de entrar a la habitación. "Cuando Selma vino, me habló de los rumores andando por Estocolmo…"
"Inger, ya te he dicho que no entres aquí," Exclamó Rolf Vinter, el padre de la joven y dueño de la casa.
Lukas interrumpió antes de que la chica diera media vuelta y se fuera. "¿Qué rumores, Inger?" Preguntó tranquilamente. Rolf se guardó cualquier protesta, y permitió hablar a su hija.
"Sobre cómo escapó de los alemanes el teniente danés," Respondió inmediatamente. "Dicen que su nombre es Densen, y que se pasea por Suecia sin un rumbo definido."
"Información inútil sin fundamento," Afirmó Johan Agotness, siempre severo con sus palabras.
"Yo también escuché sobre el asunto," Lukas se puso de pie lentamente, recargándose un poco en su pierna izquierda con una mano.
"Lukas, no creerás eso…" Bufó Jan Munch, el encargado de administrar sus armas, mientras cruzaba los brazos. "No es posible que un Fokker le ganara a los Messerschmitt," Se escucharon algunas exclamaciones que coincidieron.
"Uno nunca está completamente seguro de nada, mucho menos en la guerra," Dijo en su tono siempre falto de emociones. "Pero eso no nos importa por ahora. Mañana actuaremos con las octavillas que tengamos a mano; se lo dejo a usted," Asintió hacia el mayor de los Niels. "Los demás ya saben su papel. Ahora todos a casa."
El tono de Lukas no era nunca uno de alguien que demandara ser escuchado, ni exigiera el seguimiento de sus órdenes. Solo hablaba, lento y sin prisa, cuando lo creía necesario. Él no se consideraba alguien esencial, pero los hombres a su alrededor siempre le mostraban respeto. Lo consideraban su líder, por razones que no se expresaban, sin embargo nadie cuestionaba ese hecho. Muchas cosas habían pasado desde el inicio de la invasión alemana, después de todo.
La diminuta habitación que había estado llena de hombres, quedó prácticamente vacía en cuestión de segundos. Lukas detuvo a Eirik e Inger dentro, y le dijo a Emil que esperara afuera.
"Ustedes dos van a trabajar aparte," Explicó Lukas rápidamente. "Necesito que investiguen sobre éste danés y confirmen un nombre. Espero que recuerden todas las precauciones que deben tomar."
Inger asintió, entusiasmada, mientras Eirik aceptó con un poco de aprensión. Satisfecho, Lukas les indicó que se esfumaran, y salió para encontrarse con Emil afuera.
"¿No crees que es muy peligroso para esos dos?" Comentó Emil en cuanto el otro miembro de la resistencia se reunió con él.
"Todos corremos peligro en estos días."
Caminaron lento por la calle desierta mientras se acomodaban los abrigos, y al doblar en la primera esquina ya se habían enredado sus bufandas al cuello. Recorrieron unas cuantas calles antes de llegar a su casa, una pequeña construcción rodeada de plantas que Emil regaba todos los días sin falta, a menos que fuera un usual día lluvioso. Abrieron el débil cerco de madera que rodeaba el terreno, y pasaron por un pequeño pasillo hasta la puerta. Se quitaron las bufandas al entrar.
Emil prendió unas velas que estaban en la cocina, la única luz que se permitían ellos mismos tener al anochecer, y empezó a buscar algo para la cena. Lukas puso una de las velas en la estancia, y se agachó junto a un librero. Luego, levantó unas cuantas maderas del piso, y sacó un montón de papeles: algunos tenían palabras normales escritas en ellos, mientras otra gran mayoría contenían códigos que muchos de la resistencia no sabían descifrar.
"He estado pensando que de verdad deberías irte a Suecia," Comentó Lukas, mientras acomodaba hojas por aquí y por allá, arriba de una mesa en la estancia.
Emil asomó la cabeza desde la cocina. "No tendré esa discusión de nuevo."
"Puedes ayudar desde ahí," Continúo Lukas. "Junto a Einar y Stian, en la frontera. Es más seguro allá." [3]
De repente, Lukas se encontró con un pan frente a él. Emil se lo estaba ofreciendo. "Cortesía de Knut. Me dio un buen sermón sobre lo delgado que estoy."
"Y tiene razón. Cómetelo tú," Respondió, ignorándolo.
Emil entonces tomó a Lukas de la quijada, y metió el pan en su boca. "Aquí tengo el mío, no te hagas el difícil," Afirmó, enseñando su propio pedazo de pan. "Mañana iré por unos cuantos pescados mientras ustedes juegan," Arrastró la palabra final mientras consideraba cómo decir aquello.
"Me han dicho que los suecos son muy reservados," Al final, Lukas dio un mordisco al pan y lo sacó de su boca. "¿Eso te gusta de las personas, no?"
Emil se quedó de pie junto a la mesa, hasta que Lukas volteó a verlo. "No me iré," Afirmó entonces con una mirada determinada, y se sentó en una silla cercana. "No intentes convencerme."
Lukas volvió a los papeles en la mesa, y trazó algunas líneas sobre un mapa. "Es peligroso. Estás arriesgando tu vida al quedarte aquí."
"Todos corremos peligro en estos días," Emil citó lo que antes el mismo Lukas había dicho. "Si todo sale bien, Ole y Reidar llegarán pronto, y tendremos esas bombas por fin," Dijo después, cambiando el tema.
Lukas suspiró exasperado. "No puedo esperar a que Jan se calle sobre eso, ya no lo soporto," Dijo, y volvió a concentrarse en hacer garabatos sobre las hojas en la mesa.
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Andar por Trondheim era una tortura. Había banderas rojas con esvásticas luciéndose en cada construcción. La gente no podía agacharse un poco a verse los zapatos, porque ya estaban siendo interrogados de forma grosera por soldados alemanes. Uno presenciaba cada cosa desagradable en la calle, mucho más si la SS estaba involucrada. Lo peor, era que nadie podía decir nada, o estarían contando barrotes en una celda a las afueras de la ciudad.
"Identificación," Prácticamente ladró un soldado alemán frente a la cara de Lukas. El muchacho se esforzó en no fruncir el ceño, pues incluso le había caído saliva en una mejilla. Asqueroso.
Delicadamente metió una mano a los bolsillos internos de su abrigo, y sacó lo que el soldado le pedía. Se lo entregó en silencio. El hombre leyó en voz alta: "Lars Olhouser," y rápidamente regresó la cartilla. Analizó el traje gris del supuesto Lars con detenimiento, y con una última mirada a su cara le permitió irse.
Lukas asintió, aún sin cambiar de expresión facial, y se alejó de inmediato. En el camino memorizó los rasgos faciales del soldado, y la cartilla falsa que le había entregado; siempre debía tener cuidado con esos detalles. Sin reparar mucho en los ciudadanos, se apresuró a llegar al café donde se encontraría con Johan Agotness, el hombre de la resistencia que nunca cuidaba sus palabras.
"Buen día," Saludó Agotness al verlo acercarse a su mesa. "¿Con quién tengo el placer hoy?"
"Lars," Dijo Lukas, mientras se quitaba el abrigo. Pidió un café en el mostrador, y fue a tomar asiento.
"¿Ya ni siquiera el clip, Lars?" Preguntó con recelo luego de inspeccionar con la vista las solapas en el traje de Lukas.
"Prefiero no destacar de ninguna forma posible," Bondevik levantó ligeramente el brazo derecho, y en el puño de su camisa se alcanzó a ver un clip metálico. "Puedo usar el ridículo gorro rojo, si eso te hace feliz." [2]
Johan rió, y negó con la cabeza. "El joven Niels y Arne fueron a la universidad," Dijo mientras distraídamente batía su café. "No falta mucho para su receso."
Lukas acababa de recibir su café cuando se escuchó una estrepitosa explosión cercana, y gritos desesperados. Al poco rato pasaron montones de soldados alemanes con rumbo a la universidad, mientras civiles corrían en dirección opuesta, aterrados. Lukas y Johan salieron a la calle junto a las demás personas, y vieron el humo que se abría paso al cielo en la distancia. Luego de un rato más, los dos hombres de la resistencia se retiraron a su nuevo punto de reunión: la panadería de Knut Naess.
Las personas escandalizadas eran empujadas bruscamente por los soldados, y algunos lejanos ruidos de bala se alcanzaron a escuchar entre el barullo; personas lloraban mientras se quitaban pedazos de vidrio de los brazos. En la calle, estaba el mismo Knut admirando el humo que salía del edificio donde estaba el campamento alemán destinado a supervisar la universidad.
"Qué horrible acontecimiento, ¿no lo creen, señores?" Saludó Naess, para luego dejarlos pasar a su tienda. "Estos jóvenes están cada vez más desatados."
Johan se excusó, y no entró a la panadería para seguir su camino como estaba planeado. Lukas entró, haciendo una pequeña reverencia para mostrar que coincidía con su afirmación.
"Esperaba algo más pequeño," Dijo Naess, bajando la voz. "Varios civiles salieron heridos."
"Estaba planeado algo pequeño," Afirmó el falso Lars, algo preocupado por la magnitud de la explosión. "Se supone que no tenemos—" Lukas se quedó paralizado, al escuchar la puerta abrirse.
"Buen día," Saludó un hombre, casi cantando. "¡Sí que hay una conmoción afuera!" Exclamó, en tono alegre, y con acento ligeramente extraño. Knut sonrió incómodo por la actitud de aquella persona.
Lukas pasó su mirada por las escasas dos piezas de pan en las enormes vitrinas, mientras escuchaba la plática despreocupada del hombre con Naess. Cuando vió la oportunidad, Lukas volteó hacia el extraño. Era rubio; tenía parte de su cabello hacia el lado derecho de su cabeza, tan despeinado que los mechones estaban en punta para arriba. Tenía largas patillas, cejas un poco gruesas, y el cabello en la parte trasera de su cabeza estaba tan despeinado como lo demás. Sonreía amplio y de forma deslumbrante, como si no estuviera viviendo en medio de una guerra.
El hombre volteó hacia él repentinamente, y lo sorprendió un poco. Sus ojos eran de un tono azul fuerte, parecido al color del mar en el horizonte. Al escanearlo rápido, sonrió de nuevo. "¡Buen día!"
Lukas solo asintió, y apartó la vista. Le parecía que si lo veía fijamente por mucho tiempo, se iba a quedar ciego; parecido a los efectos del sol contra los ojos humanos.
"Soy Andersen, disculpen que no me presentara," Dijo el hombre, hacia ambos Lukas y Knut. "En realidad no tenía pensado comprar nada, ¡pero no pude evitar sentir curiosidad al ver esta tienda! Es la primer panadería abierta que veo por aquí."
"No lo estará por mucho," Sonrió Knut, intentando seguirle la corriente al tal Andersen. La plática murió al escuchar más gritos afuera, seguidos de varios disparos, y los tres hombres dirigieron su mirada a la ventana de la panadería. Vieron montones de hojas de papel amarillas caer, meciéndose con el viento. Las personas empezaron a levantarlas cuando los alemanes se acercaron gritando, y arrebatando los papeles de las manos de los curiosos.
Andersen no parecía muy interesado. "¡Vaya! Qué cosas pasan estos días," Sonrió de forma estúpida, para luego tomar la bolsa con el pan que Naess le entregó. Se escuchó un ruido en la parte trasera de la tienda, y Andersen continuaba sonriendo al despedirse, sin tomarle importancia.
Salió de la tienda sin otro comentario, y Lukas no sabía qué pensar: Si aquel hombre era muy despreocupado de la vida, o si en realidad solo fingía ser un estúpido y sabía perfectamente lo que pasaba frente a él. Memorizó sus rasgos faciales y su nombre; nunca estaba de más ser precavido.
Mientras los alemanes levantaban de prisa los papeles en las calles, las personas entraban a la panadería a distraerse un poco y contar chismes sobre los acontecimientos. Lukas se quedó observando la situación junto a Knut, hasta que por fin los soldados se dispersaron a continuar buscando culpables y sospechosos. No entraron a la tienda, como estaba previsto.
Lukas pidió usar el baño, aprovechando que un grupo de señoras había entrado para calmar a una de sus amigas que estaba hiperventilando, «por culpa de un alemán irrespetuoso», habían dicho.
Pasó junto al mostrador, y abrió una puerta que llevaba a la cocina. En la parte trasera de la tienda, estaba recargado en una esquina el joven Niels, mientras se apretaba en un costado con la tela de su abrigo para no manchar nada de sangre. Lukas se apresuró a sacar el botiquín de los estantes, y se acercó al hombre que respiraba con dificultad.
"Estoy bien, Lukas," Suspiró. "Solo me ha rozado un poco. El desgraciado ni siquiera se dio cuenta de que alcanzó a darme."
Lukas le indicó que se volteara un poco, y le trató rápidamente la herida para que dejara de sangrar. "¿Podrías explicarme de dónde salió esa explosión?" Inquirió, mientras cortaba un poco de cinta con los dientes.
Para su sorpresa, Niels tuvo un ataque de risitas vergonzosas. "¡Reidar!" Exclamó, con una enorme sonrisa en su rostro. "Ayer en la noche lo encontramos a él y a Ole en casa. Yo sabía que no nos dejaría—"
Lukas le pidió que guardara silencio al mismo tiempo que terminaba de colocarle una gasa en la herida. Tomó el abrigo ensangrentado y lo dobló cuidadosamente, para después pasarle a Niels uno de los abrigos de reserva que tenía Knut en un perchero.
"¿Puedes levantarte? Debemos encontrarnos con Johan." El joven Niels asintió, y se puso de pie rápidamente. Lukas salió a la tienda, y le pidió a Naess una bolsa grande para meter el abrigo. Una vez listo, salió a la calle y caminó hasta encontrarse en la siguiente esquina con el joven Niels de nuevo. Luego caminaron juntos, sin preocupaciones, hasta su siguiente punto de reunión. Tenían mucho por recorrer, y Lukas esperaba que su compañero pudiera seguirle el paso.
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La puesta de sol estaba sobre ellos, y todo había ido aparentemente según el plan. Luego de reunirse con Johan en las afueras de la ciudad, los hombres regresaron a su pueblo en la pequeña camioneta que los esperaba. Fueron directo a la casa de Jan Munch. Al abrirse la puerta de la residencia, el joven Niels dejó caer sus rodillas al suelo. Todo el recorrido lo había soportado sin decir una palabra, pero el dolor en su costado lo había estado perturbando. Inmediatamente se acercaron todos los que ya estaban adentro, y junto al herido se inclinó un hombre que no había estado el día anterior con ellos.
"¡Niels! Niels, ¿estás bien?" Preguntó desesperado Reidar Holt, uno de los miembros de la resistencia que viajaba a Suecia con fin de traerles armas y cualquier cosa que pudieran necesitar en Noruega. Pasó sus manos por la cara y cuello del otro, en busca de heridas.
El joven Niels sonrió, y sacudió la cabeza. "No es nada… solo necesitaba descansar un poco."
Reidar suspiró, dejando la tensión irse de sus hombros, y volteó hacia Lukas. "Qué tal, Bondevik," Saludó. "Siempre con la misma expresión tenebrosa, por lo que veo."
"Y tú siempre llegando tarde. Te esperábamos desde hace semanas," Lukas estiró una mano. Reidar la tomó, y se acercó para estrechar entre sus brazos a uno de sus mejores amigos de la infancia. Lukas no se mostró sorprendido ante la repentina acción, y dio unas palmaditas en la espalda de Reidar para darle a entender que, a pesar de no decirlo, en verdad estaba aliviado al verlo ahí junto a todos.
El reencuentro emotivo no duró mucho. Rápidamente ayudaron al joven Niels a sentarse, y la esposa de Jan se encargó de darle la atención adecuada mientras los demás discutían los acontecimientos de ese día.
El viejo Niels explicó lo que su hijo había intentado decir en la panadería sobre la llegada de sus compañeros, para después permitir a Reidar Holt y Ole Landvik explicar ellos mismos cómo les había ido en su viaje. Ole y Jan Munch se enfrascaron en una animada plática sobre las armas que uno de sus compañeros les había conseguido en Suecia, mientras Reidar hablaba con los demás sobre información filtrada de la policía secreta alemana, y de sus contactos en Gran Bretaña. Ya habían empezado a hablar sobre la siguiente llegada de submarinos alemanes al fiordo de Trondheim, cuando Lukas interrumpió.
"Esa explosión no estaba planeada," Dijo refiriéndose a lo que había pasado unas horas atrás. "Solo queríamos algo pequeño para distraerlos, no lastimar a los civiles."
"Reconozco que me emocioné un poco," Asintió Reidar, sonriendo. "Pero ahora tenemos cinco alemanes menos de los cuales preocuparnos." Los hombres rieron y silbaron, animados.
"Ah, casi lo olvidaba," Ole tomó la atención de todos, y explicó lo mismo que Eirik había dicho el día anterior sobre el piloto danés. "Al parecer sí es el mismo que escapó el año pasado, el teniente Simon Densen. Los de la SS están como locos buscándolo."
"El hombre perdió un tornillo," Rió Reidar, mientras hacía ademanes junto a su cabeza. "Estuvo viviendo en Suecia, lejos del peligro, y se le ocurrió venir a Noruega para que los alemanes lo atrapen."
"¿Están seguros?" Lukas volteó hacia Eirik lo suficiente para que el muchacho asintiera, afirmando que aparentemente la información era cierta.
"Mucho, sí," Reidar se cruzó de brazos. "Einar me habló de él. Su relato de cómo escapó de los alemanes era la sensación en Estocolmo, e incluso presumía su avión, que tenía escondido en el granero de unos ancianos."
Einar Falk era uno de sus compañeros más confiables. Vivía en Suecia, muy cerca de la frontera, junto a Stian Lange, otro de sus compatriotas. Ambos frecuentaban campos suecos donde entrenaban a los jóvenes noruegos que querían ayudar a la resistencia, y eran los encargados de filtrar información y conseguirles armamento, que mandaban principalmente con Reidar y Ole cada vez que les fuera posible ir a Suecia. Claro que entre ellos, había una cadena enorme de personas transportistas y cómplices en la causa. [3]
"¿Pero eso importa?" Interrumpió Arne, desesperado en planear su siguiente misión. "El hombre escapó, y ya."
"Yo supongo que nos está buscando," Ole continuó sin prestarle atención al muchacho impaciente. "¿Para qué otra cosa arriesgaría su cuello aquí? Seguro quiere ayudar en algo..."
Johan Agotness rió desde el fondo de la habitación. "¡Ayudar! Sí, claro. El hombre escapó de su país para salvarse el pellejo. No creo que tenga mucho nacionalismo en sus venas, ni de un tipo, ni de otro."
"Coincido con Arne," Dijo el viejo Niels, para evitar que una discusión invadiera la habitación. "Debemos concentrarnos en lo nuestro. Olvidemos a Densen." Sus compañeros asintieron, pero Johan y Ole se seguían viendo con miradas furtivas, así que Lukas se puso frente ellos y les tapó los ojos a cada uno con sus manos. Algunos hombres rieron un poco.
"Deberíamos quedarnos con el perfil bajo por un tiempo," Dijo tranquilamente. "Esperar a que los submarinos lleguen, quizás."
Algunos protestaron con gruñidos leves, y Reidar tomó la palabra. "Pero Lukas, no tenemos seguro cuándo llegarán."
"Podrían incluso tardar meses," Agregó Ole.
"Sus instalaciones, los sindicatos, sus redes de comunicación… podemos hacer tanto—"
"Es una sugerencia, quedarnos con el perfil bajo," Explicó Bondevik, interrumpiendo a Reidar. "Si no les agrada la idea, no tienen por qué seguirla."
Lo decía enserio; no planeaba imponerles órdenes ni obligarlos a seguir sus decisiones. Todos lo sabían muy bien. Y aún así, nadie volvió a quejarse, ni con gruñidos ni con malas caras.
"Ya que estaremos de inútiles por un rato," Exclamó Johan, poniéndose de pie. Podía ser el más quejumbroso de todos, pero era uno de los más leales a las decisiones que se tomaban. "¡Deberíamos ir al bar a celebrar!"
Jan alzó una ceja. "¿Celebrar qué?"
Agotness, quien ya estaba junto a la puerta, volteó y respondió con una enorme sonrisa. "Que estamos vivos, ¿qué otra cosa?"
No les quedaron más protestas. Los hombres sonrieron entre ellos, y se pusieron de pie para colocarse los abrigos de nuevo, y salir con rumbo al bar más cercano.
Notas:
[1] El 21 de abril de 1941, los nazis confiscaron toda actividad de la sinagoga de Trondheim (la iglesia judía, pues), y la empezaron a usar como cuarteles militares y ese tipo de actividades. El descontento de la población claro que fue usada como símbolo de nacionalismo por la resistencia.
[2] Durante la ocupación alemana, cualquier tipo de símbolo nacionalista fue prohibido. A pesar de esto, los jóvenes empezaron a portar diferentes prendas con las iniciales del rey Haakon VII de Noruega (que escapó durante la invasión y había formado un gobierno exiliado en Inglaterra) para demostrarle su apoyo. Una de ellas era un gorro rojo, y al resultar obviamente muy llamativo, se optó por portar un clip en la parte delantera de la ropa que se usase, como símbolo de solidaridad y unidad.
[3] No fue hasta después de la guerra cuando se supo que en Suecia se apoyaba a la resistencia Noruega, con una serie de campos de entrenamiento a lo largo de la frontera. Muchos hombres de la resistencia fueron entrenados en estos campos, y se les apoyó proporcionándoles equipamiento adecuado.
¡Bien! Hasta aquí llegó la clase de Historia Universal de hoy. Si tengo alguna información errónea, o les gustaría compartir algún dato curioso, no duden en dejar sus comentarios.
También, lo siento por el montón de nombres desconocidos... son muchos los miembros de la resistencia, pero solo se mencionan los más relevantes. Ninguno de ellos fue basado en alguna persona real, por cierto.
