El dueño del bar al que fueron era Rolf Vinter, el hombre que había sugerido su casa para la reunión que tuvieron el día anterior. Se localizaba en el centro del pueblo, junto al mercado, y usualmente no había muchos soldados alemanes de los cuales preocuparse. Al llegar, se separaron en grupos de tres o cuatro, relativamente lejos entre ellos.
Lukas había considerado irse directo a casa, donde Emil lo esperaba, pero decidió seguir al joven Eirik Solberg a la barra. Rolf estaba atendiendo esa tarde, y Lukas lo saludó con un ademán. El hombre entonces le señaló al fondo del bar, donde estaban dos soldados alemanes bebiendo cerveza y riendo despacio. Lukas se llevó una mano a la cabeza y se quitó el broche que llevaba en su cabello, solo para evitar posibles malentendidos, ya que tenía la forma de la cruz que estaba en las banderas escandinavas. [1]
"Buena tarde, señor…" Saludó Vinter, dudando un poco el nombre que debía usar.
"Olhouser," Aclaró, mientras se sentaba junto a Eirik. "Solo estaré aquí un rato. Me esperan en casa."
"Es natural. Todos tenemos un deber con la familia en estos tiempos difíciles." Rolf sirvió bebidas a los dos hombres frente a él sin que pidieran nada.
Se extendió un pequeño silencio entre ellos, mientras daban pequeños sorbos a sus tarros. En alguna situación normal, Lukas habría notado la vajilla que Rolf se había negado a sacar años antes por miedo a romperla, o habría hecho al menos un comentario sobre el clima. Lástima que desde hacía ya tiempo, Bondevik no se había permitido ningún momento libre para pensar en cosas tan triviales. Cuando no estaba hablando con alguien, todo lo que pensaba estaba relacionado con la resistencia de alguna forma, y gracias a eso se volvió más reservado con sus palabras de lo que ya era en el pasado.
"Lo siento," Dijo Eirik despacio, desde un costado. Lukas esperó un poco, por si continuaba, pero al parecer no tenía muchas intenciones de ello.
Sin voltear a ver la expresión del otro, Lukas respondió. "No te preocupes. Ole y Reidar se te adelantaron con las noticias, es todo."
Lukas pudo ver cómo su acompañante apretaba un puño sobre la barra. "Soy tan inútil," Dijo el muchacho, aún despacio, y con un tono de desdén hacia él mismo. "Me pides solo una cosa, y no puedo…"
Eirik se detuvo al sentir un ligero dolor punzante en su sien derecha. Al voltear, se encontró con la indiferente expresión de Lukas, y una de sus manos levantadas a la altura de su cabeza. Evidentemente él lo había golpeado. Aquella vista le recordó a Eirik los días antes de que se desatara la guerra: sus amigos pasándola bien en el pueblo, riendo por cualquier tontería en sus ratos de ocio, Lukas golpeándolos a él y a su hermano cuando se molestaba. Su hermano.
Ante los agridulces recuerdos, Eirik torció la boca. "Recuerda que ya no tomaremos ese tema en cuenta. Debemos concentrarnos en lo nuestro." Dijo Lukas, mientras ponía unas monedas en la barra. "Me voy."
Bondevik se puso de pie al mismo tiempo que arreglaba los botones de su abrigo. Al encaminarse a la puerta, Eirik lo llamó por su nombre falso. Volteó hacia la barra, para encontrarse con la mirada del muchacho. Eirik no dijo nada; solo asintió, la determinación fluyendo por sus irises. Aquella mirada era muy familiar para Bondevik. La pequeña insinuación de una sonrisa llegó a la cara de Lukas antes de salir del bar rumbo a casa.
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No era nada del otro mundo mantenerse alejados de Trondheim luego de ese tipo de misiones tan llamativas. La razón por la que los hombres habían estado en contra de la idea en esa ocasión, era la presencia de Reidar Holt y Ole Landvik entre ellos. Ambos eran una gran influencia entre los que colaboraban con la resistencia en su pueblo, y cuando llegaban de Suecia era un alboroto por todos.
"¡Muchas gracias!" Escuchó Lukas una exclamación alegre. Se detuvo y volteo hacia la fuente del sonido, que era la casa de los Raske. Frente a la casa, estaba la silueta de un hombre alto hablando con la señora de la casa y asintiendo repetidamente. La señora Raske había estado sonriendo, pero al ver a Lukas inmediatamente se despidió y cerró la puerta en la cara del hombre.
"Oh, claro, ¡muchas gracias de nuevo!" Exclamó el hombre, sorprendido, pero aún así con un tono alegre. Al dar vuelta y empezar a caminar hacia la calle, Lukas pudo ver una pequeña caja en sus manos cubiertas de vendas. La manejaba entre sus dedos como si fuera lo más valioso en el mundo.
"¡Buenas tardes!" Saludó al darse cuenta de la presencia de Lukas. Era el hombre que había visto en la panadería de Knut Naess ese mismo día. Se veía muy exhausto, pero aún así, continuaba con una sonrisa en su cara. "Nos volvemos a encontrar. ¿Cuál me había dicho que era su nombre?"
"No te lo dije," Respondió.
"Oh," Andersen volteó hacia el cielo, y pensando posó una mano en su barbilla. Después empezó a reír nervioso, y movió su mano a la parte de atrás de su cabeza. "Claro, solo llegué, me presenté y me fui…" Volteó hacia Lukas con una sonrisa dubitativa. "Empecemos de nuevo. Soy Andersen."
Lukas se quedó viéndolo sin decir nada. Andersen entonces estiró su mano derecha hacia enfrente, exigiendo ser estrechada. "Soy Andersen," Repitió, con una sonrisa más segura.
"Olhouser," Respondió, sin mostrar intenciones de levantar alguna mano. Al hombre frente a él pareció no importarle, y apartó su mano sin más. Continuaba sonriendo.
"El atardecer aquí es hermoso. La nieve le sienta bien," Dijo, viendo a su alrededor. "Pero supongo que debe sentarle bien," Rió un poco ante su propia broma, y al voltear hacia Lukas pudo ver que el noruego tenía especial interés en la caja que Andersen llevaba en las manos. "¡Aunque no lo parezca, hay un gran tramo de Trondheim hasta aquí! Me cansé mucho, y el hambre me está matando. La señora muy amablemente me recibió y me dio unos cuantos pescados," Señaló a la caja entre sus manos. "Pero no le he podido preguntar…" Se detuvo un momento, y luego vio a Lukas con un extraño brillo en los ojos. "¡Tú podrías ayudarme, Olhouser! Estoy buscando la casa de mi amigo, Tore Sørensen. ¿Vives en este pueblo, cierto?"
Los ojos de Lukas se entrecerraron con recelo ante la pronunciación un tanto curiosa del nombre de su vecino. Respondió ignorando la última pregunta. "¿Para qué?" [2]
"Quiero dormir," Dijo suspirando, como si eso resolviera todas las dudas del mundo. Por el silencio del supuesto Olhouser, Andersen supo que no se había explicado. "Esperaba poder entrar, prepararme estos pescados y dormir."
Lukas juntó las cejas. Las razones de Andersen aún no tenían sentido. Decidió ignorarlo, y empezó a caminar rumbo a su casa. Escuchaba las pisadas de Andersen detrás de él, pero el hombre no volvió a dirigirle la palabra. Anduvo pendiente de cualquier ruido que indicara que aquel rubio seguía pisándole los talones, cuando de repente dejó de escuchar cualquier fricción de tela o botas rechinantes siguiéndolo. Al volverse, no había rastro de Andersen cerca.
Lukas reanudó su andar mientras ponderaba con cuidado las palabras y acciones de aquel hombre. El uso del apellido Sørensen había indiscutiblemente sorprendido al miembro de la resistencia, pues su vecino se había ido a Suecia desde el inicio de la guerra, pero apenas y les había dicho a sus allegados sobre su escape. Era evidente que Andersen había caminado toda la tarde desde Trondheim hasta su pueblo, y la señora Raske aparentemente sintió pena por él y su apariencia desgastada. Lukas podía entender su bondad; la sonrisa estúpida del hombre seguro la había conmovido de alguna forma que solo una mujer que ha perdido un hijo entendería.
Por las calles del pueblo las únicas luces que iluminaban el camino a casa de Lukas, eran las débiles flamas de vela que de repente se asomaban por las ventanas abiertas de sus vecinos. Si se encontraba a alguien fuera de casa, era normal que quien fuera se alejara de inmediato para refugiarse de su mirada. Tuvo una urgencia de apartar la vista de las piedras en su camino y de las pequeñas chozas a sus alrededores, para apreciar de verdad lo que estaba frente a sus ojos. Arriba, unas cuantas nubes intentaban esconder la luna apenas visible en el cielo anaranjado. Reparó en la blancura que adornaba el paisaje de su niñez, y recordó las palabras de Andersen.
«El atardecer aquí es hermoso. La nieve le sienta bien.»
Desde que había iniciado la guerra, Lukas no se había detenido a considerar qué tipo de belleza se tendía frente a sus ojos. Simplemente no parecía haber tiempo suficiente para ello.
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Al momento de cerrar la vieja puerta de su hogar, se escuchó un ruido en la cocina y de repente Emil estaba frente a él, con los ojos muy abiertos y una mano en su pecho apretando ligeramente su holgada camisa.
"Estás aquí…" Su expresión poco a poco se fue calmando, para volver a su normal estado de indiferencia fingida. "¿Y los demás?"
"Lo siento si he tardado," Entró sin quitarse su abrigo. Fue directamente al lugar junto al librero, donde tenía montones de papeles acumulados en el escondite bajo las tablas. "Todo ha ido como lo planeamos. La panadería sigue siendo segura. Al joven Niels le dieron en un costado, pero no es nada grave."
Emil escuchaba atentamente mientras Lukas acomodaba de rodillas algunas hojas en el piso, aparentemente buscando algo en especial. "La explosión se ha escuchado hasta acá," Dijo el joven con voz ligeramente trémula. "¿Cómo han hecho eso?"
"Reidar y Ole," Asintió, encontrando lo que buscaba, y guardando los demás papeles en el escondite. "Llegaron ayer a la casa de los Niels. Se han emocionado más de la cuenta."
La alegría de Emil duró pocos segundos reflejada en su rostro. "¡Fue muy descuidado!" Exclamó, se forma queda, como un grito ahogado. "Han llamado mucho la atención, siendo que era algo pequeño—"
"Ninguna de nuestras misiones es pequeña." Afirmó Lukas, interrumpiéndolo, y volteándolo a ver de forma amenazante. Emil tragó saliva, y desvió la mirada.
"No es eso," Tartamudeó; un sudor frío le pasó por el cuello. "Se suponía que era algo más sencillo de lo que hacen usualmente. No debía salirse de control, era solo para aprovechar lo que pasó con la sinagoga… Y aún así… Niels salió herido…"
Suspirando, Lukas se levantó hasta llegar al mismo nivel de visión que Emil. Levantó una mano y le sacudió el platinado cabello al más pequeño. "Te he preocupado," Dijo como afirmación. Una sonrisa de disculpa cruzó por sus labios. "Lo siento. Pero tú sabías que esta vez yo no estaría directamente involucrado…"
"¡Me preocupo por todos!" Sacudió un poco la cabeza, intentando ocultar el rubor en sus mejillas, pero no se resistió mucho a las caricias en su cabeza. "Y más si cada vez tengo que esperar aquí a que regresen, sin quejarme…"
"Sabes que no podemos hacer nada sobre eso," Lukas se alejó rumbo a la silla más cercana, para examinar las hojas entre sus dedos. Detrás de él, Emil apretó los puños y arrugó el entrecejo con rabia, pero aguantó la urgencia de responder mordiéndose el labio inferior. El sonido de rasgueo contra las hojas, indicando que Lukas estaba escribiendo, devolvió al otro a la realidad.
"Fui por pescados como te dije," Caminó despacio a donde estaba la cocina, sin prestar atención en lo que Lukas hacía. "Preparé salmón. Por fin podremos comer algo decente."
"Discúlpame por dejarte eso a ti."
"Es lo menos que puedo hacer, no te disculpes. Ya haces suficiente," Emil se dispuso a servir la comida en dos platos, y los llevó a la mesa que estaba en la estancia. Al verlo acercarse, Lukas lo siguió hasta la mesa.
"Qué bien huele…" Suspiró Bondevik, sintiendo cómo su estómago coincidía con su afirmación. Haciendo las hojas a un lado, ambos se sentaron y empezaron a comer sin preocuparse por sus modales.
"Se los he comprado al señor Raske," Empezó a hablar Emil, lento, mientras pensaba en cómo decir lo siguiente. "Al parecer tiene muchos problemas pescando, pues desde lo que le pasó a su hijo se encarga él solo…" Antes de que malos recuerdos se apoderaran de la conversación, continúo con lo que quería decir. "Me ha pedido que le ayude. La paga no será mucha, pero al menos tendremos asegurada la comida. ¿Es una buena oferta, no crees?"
"¿Aún tenemos suficientes ahorros, no?" Siempre con su expresión inmutable, Lukas seguía saboreando su comida.
"No son para siempre," Tartamudeó. Sin saber cómo convencer a Lukas, empezó a hablar lo primero que se le venía a la cabeza. "Prometo que no dejaré por un lado los deberes en la casa. Ya no soporto estar aquí siempre… además, seguro en el Nidelva escucharé algo que nos sea útil..." [3]
Solo bastó una mirada de Lukas, para que el otro muchacho dejara de hablar. "¿Estás seguro?" Preguntó. Emil asintió despacio. "Kjell era tu amigo, ¿cierto? Puede que llegues a recordar cosas dolorosas trabajando con su padre. Los señores Raske siguen con un horrible vacío en su vida por su pérdida. Si crees que podrás ver al señor Raske a los ojos sin recordar a Kjell, eres libre de hacer lo que te parezca mejor."
Un gemido fue ahogado en la garganta de Emil al recordar la cara ensangrentada de su difunto amigo. Enojado consigo mismo, se declaró infantil e inmaduro al sentir cómo de sus ojos amenazaban salir lágrimas. Siempre había tenido poca resistencia contra las provocaciones de Lukas, pero no iba a ceder. Con la voz quebrándosele, habló: "Claro que lo voy a recordar… claro…" Respiró hondo, y apretó los puños. "Nunca seré tan fuerte como ellos, que aún lloran su pérdida como si se hubiera esfumado ayer… pero no pienso contradecirme. Quiero ayudar en lo que me sea posible."
Emil le sostuvo la mirada a Lukas por unos instantes. Al ver los ojos llorosos del muchacho que había crecido como su hermano menor, Lukas sonrió de lado. "Ya veo. Cuídate mucho entonces. Y ya que hablamos de los Raske…"
Lukas relató cómo les fue en la misión; sobre su encuentro con el sonriente y extraño hombre que se hacía llamar Andersen en la panadería, y cómo lo volvió a ver esa misma tarde luego de que la señora Raske le diera unos cuantos pescados por lástima.
"¿Te ha preguntado por Tore?" Ponderó Emil, viendo a nada en específico. "¿Solo le interesaba su casa? Pudiste preguntarle más cosas…"
"No tenía humor de soportar a un rarito. ¿Quién en su sano juicio anda por ahí en medio de una guerra sonriendo y hablando de cómo se ve la nieve?" Dijo Lukas, su expresión tan seria y neutral que llegaba incluso a lo cómico. Uno esperaría que ese tipo de comentarios se dijeran con cierto ánimo, pero el miembro de la resistencia seguía tan impasible como siempre.
"Sabes que su comportamiento es sospechoso, y anda por ahí en el pueblo. ¿Dijiste que su acento se escuchaba diferente, no?"
"No me pareció alemán…" Pensó en voz alta, entendiendo de inmediato lo que Emil intentaba decir. "Como sea, no podrá hacer mucho por su estado. Parecía a punto de desmayarse."
"Me pregunto qué le habrá dicho a la señora, como para que saliera e incluso regalarle comida… ella es muy cuidadosa con lo que hace."
"De verdad lo es. En cuanto me vio, le cerró la puerta en la cara," Un ligero resoplido acompañó eso último. "Siempre inteligente. Me pregunto qué piensa de que vayas a trabajar con su esposo."
Emil juntó las cejas, y levantó los labios en una señal infantil de reproche. "Tú crees… ¿tú de verdad crees que ella nos culpa?"
"Yo nos culparía," Afirmó Lukas, sin reparar en sensibilidad. "Ella nos conoce desde hace mucho y sabe que por nosotros su hijo se involucró directamente en cosas peligrosas. Pero Kjell murió luchando de la forma en que él decidió, y estoy seguro de que ella lo entiende. Lo entiende, pero no por eso va a bajar la guardia. Todos en el pueblo están ajenos de otros, y parecerá frívolo, pero es por el bien mutuo."
"Estás hablando más que de costumbre, y no has revisado para nada las hojas desde que empezamos a comer," Emil no había podido dejar de pensar en ello.
Negando con la cabeza, y con dichas hojas aún olvidadas al otro lado de la mesa, Lukas respondió: "Me pareció apropiado dejarlo para luego, e intentar tener una cena tranquila como en los viejos tiempos."
"Y ahora mencionas «los viejos tiempos»," Exclamó Emil, cada vez más sorprendido. "¿Dónde quedó Lukas, el que no tiene tiempo para nada irrelevante en su cabeza?"
Lukas volteó a su acompañante con ojos demandantes. "Es solo que decidimos mantenernos quietos por un tiempo, por eso puedo permitirme algunos lujos."
"¿Quietos? ¿Con Reidar aquí? Debes estar bromeando," Rió Emil, incrédulo.
"El joven Niels está herido. Lo más seguro es que no se mueva de su lado hasta que el muchacho esté bien de nuevo," Razonó, con su usual calma.
Pero Emil no parecía estar de acuerdo. "Puede que sea un poco sobreprotector con él, pero antes has dicho que no era grave. No creo que eso vaya a detener a Reidar. Puedo apostar lo que quieras a que mañana a primera hora va estar aquí, para intentar convencerte con una misión que justo ahora seguro está planeando."
Lukas no comentó nada más, pues conociendo a Reidar Holt de toda la vida, tenía casi seguro que perdería dicha apuesta.
Pasaron los minutos, en los que comieron lento, hablaron sobre la llegada de sus compañeros desde Suecia; las noticias, los problemas. Siempre en voz baja, solo alzando la voz en pocas ocasiones, a veces usando palabras con doble significado que solo ellos podrían entender.
Cuando la plática volvió a ser sobre armas y submarinos, Emil se tranquilizó un poco, pues los anteriores temas que Lukas había tocado de verdad lo habían sorprendido. Un día, el hombre apenas le había dirigido la palabra por estar leyendo aquellos viejos papeles, y al siguiente ignoraba las hojas para hablar. Emil se preguntó si escuchar al tal Andersen divagar sobre la nieve había logrado que Lukas se desviara al menos un poco de sus pensamientos usuales, y así su hermano adoptivo había visto algo bueno en medio de todo el caos que los rodeaba.
Notas:
[1] Solo un recordatorio, por los temas de las prohibiciones. Si se intentaba privar a los noruegos de su nacionalismo, algo parecido a su bandera no sería bienvenido entre los alemanes.
[2] Lukas nota una extraña pronunciación del noruego, pero no propia de otros extranjeros fuera de escandinavia. Puede que algunos idiomas escandinavos sean parecidos, pero es un hecho que las pronunciaciones son diferentes.
[3] Emil habla del río Nidelva, que atraviesa Trondheim y es la principal fuente de pescados, para hacer el cuento más corto.
Bueno, esta vez no hubo clase de historia, sino breves aclaraciones. No duden en reclamarme si tengo algún error por ahí. Y si se sienten generosos, no duden en dejar algún comentario sobre cualquier cosa.
A mis vacaciones les quedan pocas horas de vida, y es tan triste.
Muchísimas gracias a quien sea que continúe leyendo esto.
