20 de mayo de 1941

Trondheim, Noruega.

El aire ligeramente helado de la tarde golpeaba las mejillas de Lukas mientras corría por las calles de la ciudad. Solo podía pensar en una cosa mientras huía de sus despiadados perseguidores: llegar a un cierto edificio, que de momento era el único lugar seguro en Trondheim. Dobló repentinamente en una esquina, hasta llegar a una gran pared que le obstruía el paso; escuchaba alemanes correr detrás de él. Con agilidad, guardó su pistola dentro del abrigo, puso el pie sobre un enorme recipiente de basura, se tomó de unas tuberías, y saltó al otro lado de la pared sin problema alguno. Recorrió apresurado los callejones, sin dejar de dar vuelta en la primera intersección que veía. Estaba a una cuadra de llegar al punto de reunión, cuando una persona salió de repente a la vista. Lukas rápidamente apuntó su arma.

"Hey, hey, Rasmussen, tranquilízate por favor," Le dijo el muchacho Arne Blom, en el pseudónimo que llevaba Lukas ese día. Se acomodó la enorme mochila que llevaba, y reanudó su camino junto a Lukas. "Va a ser genial, espera a verlo."

Bondevik alzó una ceja. Volteó hacia el cielo, por el que subía un rastro de humo oscuro. "¿No detonó ya?"

"Ah, claro," Se encogió de hombros, para después sonreír amplio. "Pero les dejamos un segundo regalo."

Al llegar a la puerta trasera del edificio que buscaban, ésta se abrió de inmediato para dejarlos pasar. Dentro estaban Reidar Holt y Jan Munch, quienes les indicaron a los recién llegados que los siguieran a las escaleras. Asomándose por una ventana del piso más alto, los esperaban otros cuantos muchachos más, compañeros de clase de Arne. Desde que Reidar había decidido no regresar por un tiempo a Suecia, más y más hombres se unían a ellos. Lukas no estaba del todo de acuerdo con esto, pero que necesitaban más personas era un hecho, por lo que concedió que Reidar se encargase de los nuevos en la causa.

"¿Por qué Arne ha llegado al mismo tiempo que yo?" Preguntó Lukas una vez estuvieron todos reunidos.

"Bueno, él quería darles un regalo extra a esos cerdos alemanes," Empezó a explicar Jan, pero fue interrumpido por un gruñido del muchacho en cuestión.

"Puedo decirlo yo mismo," Siseó Arne. "Aproveché el alboroto de la primer bomba, ya sabes, con la que no nos fue tan bien…" Dijo viendo hacia uno de los universitarios que los acompañaban. "Pero no importa eso, porque gracias a ella pude colocar una segunda bomba por el callejón, justo en la pared de la habitación donde tienen guardada su información y papeles."

Juntando las cejas en desaprobación, Lukas volteó hacia Reidar y Jan. Sus profundos ojos apenas reflejaban un rastro de ira. Ya que tenían mucho sin hacer algo temerario, Lukas había estado confiando en ellos de más, y a los idiotas les había quedado paso para sus ideas descabelladas. Iba empezar a hablar, cuando un horrífico estruendo resonó sobre ellos, y sobre toda la ciudad en general, seguido de una lluvia de alaridos y gimoteos. Vieron hacia afuera por la ventana, y apreciaron cómo más humo negro subía hasta el cielo desde un pequeño edificio que sin prisa se bañaba en brillante y amenazador fuego. Los hombres a su alrededor rieron, y festejaron la desgracia de sus enemigos. Lukas ya había empezado a tranquilizarse, pues a pesar de que aquellas ideas eran muy peligrosas, también era cierto que les ayudaban a ganar muchas ventajas. A veces hay que irse a los extremos, decía Reidar con regularidad.

Pero entonces, se dio cuenta de algo. "¿Cómo supiste dónde poner la bomba para que quedara donde tienen sus papeles?"

El rostro de Arne palideció, y Jan se apresuró hacia enfrente para dar explicaciones. "Los hemos estado observando por mucho, solo nos basamos en suposiciones…"

"He dicho," Bondevik tomó a Jan Munch del hombro, y lo apartó para ver a Arne directamente a los ojos. "¿Cómo supiste dónde, Arne?"

El muchacho entonces recordó una de las incontables razones por las que todos consideraban a Lukas su líder: a veces simplemente no era posible mentirle a su mirada. "Mo… Morten…" Balbuceó.

Lukas entonces empujó a Jan, que aún seguía cerca, y se apartó de los otros mientras se llevaba las dos manos a la cabeza. "Fuiste con Morten," Dijo para sí mismo, como no creyéndolo. Al continuar hablando, fue levantando la voz (solo un poco) para cada palabra. "Has comprometido nuestra principal fuente de información de ese lado, Arne."

Nadie hablaba. Ni siquiera Reidar se atrevía a contestarle a Lukas en aquel momento. El monólogo exasperado pasó borroso en la mente de Lukas; apenas recordaba haber dicho algo parecido a: "Ya no quiero enterarme de que alguien actúe sin antes haberlo comunicado", y lo siguiente que recordaba con claridad era el frío de afuera calándole los huesos.

Mientras caminaba se dio cuenta de que era la primera vez que hablaba denotando total autoridad, y con un suspiro, llegó a la conclusión de que quizás de ahora en adelante lo necesitaría. Anduvo por las agitadas calles de la ciudad, evitando la panadería de Knut Naess, pero en su lugar pasando frente a un viejo y abandonado establecimiento que conocía muy bien. La antigua zapatería de su padre, donde pasó tantos momentos de su infancia y adolescencia, estaba ante él en todo su majestuoso abandono y deterioro. El lugar estaba desolado, roto, olvidado. Lukas se obligó a seguir su camino; camino que llevaba a ningún lugar en específico. Quizás si se iba caminando al pueblo, llegaría en la mañana, como Simon lo había hecho días antes. Simon…

Sus pensamientos fueron interrumpidos por un chiflido. Levantó la vista, y encontró a Johan Agotness entre la muchedumbre, a unos cuantos pasos de distancia.

"Sabía que no querrías pasar la noche aquí," Dijo, para después empezar a caminar. "La camioneta está por acá, ven."

El cielo oscureció mientras ellos aún iban con rumbo al pueblo. Unos alemanes extrañamente amigables de uniforme verde los detuvieron en una parte del camino. Johan les sonrió y les dijo, señalando a Lukas: "Ya lo encontré, señores, gracias." Los hombres devolvieron la sonrisa y les permitieron irse. Ante la mirada inquisitiva de Lukas, Agotness suspiró. "Hace unos días bebí unas copas con ellos en el bar de Vinter. Hazte amigo del enemigo, ¿no? Al parecer los mismos alemanes detestan a los de uniformes negros." [1]

"Que ninguno de los muchachos te escuche diciendo eso, o pensarán que ya simpatizas con ellos…" Lukas entonces recargó la cabeza contra el vidrio de su puerta. "Gracias por venir," Murmuró. "Estaba empezando a considerar seriamente ir caminando al pueblo."

Agotness rió en voz alta, afirmando que eso no sería bueno para su salud, mucho menos en el tiempo en que estaban. "Seguro te resfriarías. Siempre que cambia el clima te pasa."

Lukas dejó una pequeña sonrisa dibujarse en su rostro. Johan evidentemente lo conocía muy bien. Agradeció para sus adentros que aún estuviera uno de sus mejores amigos junto a él; sin embargo, cuando recordó a otro de sus buenos amigos, su sonrisa desapareció de su rostro justo como había llegado. "Me alteré un poco," Confesó entonces, algo afligido. "Les he dicho muchas cosas, Johan, y la mayoría ni siquiera las recuerdo… pero sé que no fueron agradables."

Su acompañante quitó los ojos de la carretera por el más breve de los momentos, solo para apreciar la inusual muestra de expresión en la cara de Lukas. "Escuché la segunda explosión. Fue algo exagerada pero tampoco causó tantos daños..."

En un suspiro, Lukas dejó salir de su cuerpo los anteriores sentimientos de cólera que se habían estado acumulando. "No es solo eso," Levantó una mano hasta tocar su cabello de forma distraída. "Arne contactó a Morten para poner en un lugar estratégico esa bomba. No solo actuaron por su cuenta, sino que pusieron en peligro a nuestra más confiable fuente de información..."

Luego de un largo silencio, Johan habló resignado. "Ya es tiempo de que aprendan a ver que esto no es un juego," Suspiró. "Lo entiendo de los más jóvenes; pero Reidar y Jan han visto más allá de lo que pasa en las calles de la ciudad (que no es poco), y siguen actuando igual."

"En esta semana hemos perdido a cuatro personas, y ni siquiera me había dado cuenta."

"Nuestro pequeño grupo está expandiendo sus conexiones, incluso hasta llegar a tener personas de Trondheim en nuestro lado. Son ramificaciones de la misma organización, Lukas, es normal…"

Lukas volteó hacia Johan de forma seca, en un solo movimiento. "Estamos siendo descuidados. No puedo dejar de pensar en que va llegar un día donde..." No terminó esa oración. En su lugar, apretó un poco los puños. Johan estiró un brazo y acarició la cabeza del copiloto levemente.

Estaban a punto de llegar al pueblo cuando Johan volvió hablar. "Mira el lado bueno. Seguro ahora están festejando que lograron hacerte enojar."

Lukas bufó, pensando que aquel no era para nada «el lado bueno».

.

Desde la distancia, se veía a Simon Densen deambulando por el pequeño jardín de los Bondevik. Tocaba la armónica y veía las plantas, como hipnotizado. Al acercarse más, Lukas carraspeó para dar a conocer su llegada. El hombre inmediatamente volteó a verlo, y con una enorme sonrisa, le dio la bienvenida. Emil usualmente se mostraba en contra de esa actitud del danés, pero a Lukas no le molestaba. Intentaba mostrarse indiferente, sin embargo cada vez que veía aquella deslumbrante sonrisa, un agradable calor se expandía por su pecho, llenándolo de un montón de sensaciones extrañas. Seguía pensando que probablemente Densen estaba loco; aunque eso no impedía que sus pláticas idiotas y sonrisas espontáneas le causaran a Lukas un agradable sentimiento fluido de comodidad.

"Mira esto," Dijo el hombre, siempre alegre, mientras le mostraba a Lukas su atuendo. Llevaba un conjunto normal de pantalón y camisa, solo que agregándole unos zapatos algo viejos que habían sido limpiados cuidadosamente, y debajo de su usual abrigo, un suéter de esos horribles que a Emil le gustaban tanto. "Eirik me ha dado algo de ropa, ¿no es genial?"

Desde que habían presentado a Simon con sus conocidos de mayor confianza, éstos claro que mostraron diferentes reacciones, sin embargo una en común fue darle a Simon un poco de ropa de sobra. Parecían muy dados a brindarle ropa de personas difuntas, pero Lukas no había hecho ningún comentario respecto a esto.

"Ahora deberían hacer algo con ese cabello," Comentó el joven con expresión seria. Simon rió. De alguna forma, parecía siempre reír sin importar quién o qué le decían.

Lukas iba pasar a la casa, pero Simon le indicó con un ademán que esperara un poco. "Emil estaba algo nervioso. La bomba se escuchó hasta acá, no lo culpo," Movió un poco los brazos, casi rozando los mismos de Lukas. Éste se encontró deseando por un segundo que Simon hubiera extendido un poco más los brazos... "¿Por qué no va con ustedes? Digo, está bien que lo quieras proteger pero se nota que el querría..."

Poniéndose a la defensiva, Lukas lo interrumpió. "Emil no puede ir con nosotros," De repente, sus deseos cambiaron hasta querer que Simon se alejara de él a un kilómetro de distancia. "Simplemente es así."

Sin más, entró a la casa, y cerró la puerta con fuerza. Al escuchar, Emil salió de su cuarto con el cabello alborotado y el pulso visiblemente acelerado; con solo ver a su hermano se tranquilizó al instante. Esa escena le recordó a la noche del pasado 23 de abril, cuando después de la llegada de Reidar los muchachos se emocionaron de más, y causaron una explosión parecida a la de esa tarde.

"¿Qué pasó?" Preguntó el muchacho, con el miedo en su tono de voz subiendo cada vez más. "No intentes ocultarlo. Sé que te pasa algo, ¿qué es?"

Lukas quiso golpearse a sí mismo por asustar a Emil de esa forma. Quizás algo en su insondable expresión se había dejado ver más allá de la usual indiferencia, y aunque se hubiera tratado de solo un segundo, Emil había logrado verlo. Se sintió peor ya que la posible razón de aquel ligero desborde de emociones en su rostro era, muy posiblemente, Simon y su pregunta anterior. "Nada nuevo. Los muchachos volvieron a actuar sin pensar, pero ésta vez comprometieron a Morten."

Liberándose de tensión, Emil suspiró. "¿Qué...? Pero si ya saben que el único que habla con Morten eres tú..."

"No parece importarles con Reidar aquí."

"... ¿Qué hiciste?"

Lukas casi podía reír ante la pregunta. Era ciertamente una interrogante, pero el islandés se mostraba seguro de que Lukas había reaccionado de una manera inusual. "Supongo que me molesté un poco y les dije algunas cosas en un tono de voz que usualmente no utilizo."

Con un leve silbido, Emil continúo. "Vaya, seguro los sorprendiste."

"¿Por qué les importa tanto eso...? Tú y Johan son iguales, definitivamente eso no es lo importante aquí..."

"Así que te trajo Johan. ¿Qué hacía en Trondheim?"

"Fue por mí, aparentemente," Se encogió de hombros y pasó a la cocina. Ya que el señor Raske aún no se animaba a ir a la ciudad, casi no habían tenido el privilegio de comer pescado en esos días, pero a Lukas no le importaba. De hecho, solo agradecía poder comer algo. "¿Llevaste a Simon al bar de nuevo?"

"Oh," Algo de nerviosismo se notó en la voz de su hermano. "Sí, bueno... es mejor para él salir un poco, ¿no?"

"Yo sé que no tenemos autoridad sobre él," Explicó Lukas mientras cortaba una manzana. "Pero ya que se quedó aquí, debe seguir las especificaciones que le dimos."

"No habla ya con ningún desconocido, y ha cuidado su actitud..."

Ignorando la manzana, y viendo a Emil después de rodar los ojos exasperado, Lukas dijo: "Sabes a qué me refiero."

Emil Steilsson vio hacia arriba y gruñó levemente. "Simon aún se está recuperando, no puede hacer mucho que digamos..."

"Esa no es una excusa en estos días. Y si puede ir al bar, también puede muy bien ayudarte en algo," Dijo, para después darle una mordida a la manzana. "Todo lo que hace es dar vueltas en el patio y tocar ese remedo de instrumento musical."

"¡Pero si te encanta el sonido de la armónica! Recuerdo cuando—"

"Ya no," Interrumpió Lukas, masajeando sus sienes con vehemencia. "...Voy a la cama."

Se retiró, dejando a Emil confundido en su lugar. Apenas pudo dormir unos minutos, perseguido por malos sueños que no le permitían mitigar su cansancio. Salió de la habitación y fue rumbo a la cocina por un poco de agua, más sin embargo se detuvo en la entrada al escuchar que Simon y Emil hablaban.

Seguro iban terminando de comer, y se quedaron conversando como ocurría con frecuencia (casi todos los días). Lukas no se sentía orgulloso de ello, pero en varias ocasiones había terminado ya escondido en una esquina y escuchando a los otros dos hablar de recuerdos y, en general, situaciones poco serias.

Había escuchado ya historias de cuando Simon había visitado a Tore en años anteriores, y de cómo conoció a Emil. También se enteró de algunas anécdotas que el teniente vivió en Suecia. Emil generalmente retroalimentaba al parlanchín danés, pero ese día era diferente. El muchacho hablaba lento, ahogado, indeciso.

Le estaba contando a Simon lo mal que se sentía por no poder ayudar a sus amigos en su lucha diaria.

Lukas se obligó a permanecer sin ser visto, y escuchó atento. Densen le respondía que no era su culpa, con un tono extrañamente dulce y empático. Sin poder ganarle a su curiosidad, Lukas asomó un poco la cabeza. Sentados uno al lado del otro en sus viejas sillas de madera, se encontraban los dos rodeados por una atmósfera de visible confianza y armonía. Simon estaba inclinado hacia enfrente, justo como Emil, solo que éste se abrazaba a sí mismo con ambos brazos mientras el primero acariciaba el cabello y espalda del joven, en movimientos puramente paternales.

Lukas sintió un horrible nudo en el estómago, otro en la garganta y uno último en el pecho, cada uno representando un sentimiento completamente diferente. Entonces se dio cuenta de que su hermano confiaba más allá de lo descriptible en aquel hombre, y de que Densen por su parte sentía un enorme cariño por el muchacho. Lukas dio media vuelta y volvió a entrar a su cuarto, súbitamente cansado y hundido en sentimientos encontrados, contradictorios, pero sobre todo, confusos.

.

Rojo. En las paredes, en las calles, en las caras de los transeúntes. Todo se bañaba en distintos tonos de rojo a su alrededor. Lukas solo permanecía quieto en aquel mar carmesí, observando los edificios de aura conocida pero que sin embargo no podía reconocer. Escuchó un grito, y al voltear a su derecha el escenario en que se encontraba cambió; seguía rodeado de edificios, pero eso fue lo que menos le importó. A la distancia pudo ver dos hileras de civiles en perfecto orden, con una fila de hombres en uniformes negros frente a ellos, apuntándoles con sus armas. Lukas intentó acercarse, pero sus pies estaban enraizados al suelo. Pudo distinguir unas cuantas caras entre los hombres presos, pero una en particular lo veía a él directamente, expectante. Emil estaba ahí, en la segunda hilera, detrás de Johan y junto a Inger. Dijo algo despacio, y Lukas pudo leer sus labios perfectamente.

"No me importa morir defendiendo mis ideales."

Se escucharon los sonoros disparos por la plaza.

La sangre de sus amigos se estampó, negra, contra el pavimento rojo; Lukas solo podía observar, sin siquiera la capacidad de gritar su frustración. Los otros espectadores, sin embargo, gritaban en sus oídos. Con su interior quemándose, y una violenta sacudida, despertó de golpe y se encontró a sí mismo sudando frío en su cama.

Se levantó lentamente hasta sentarse y apartó el despeinado cabello de su rostro en medio de respiraciones temblorosas. Se secó el sudor con la manga de la camisa y salió de la cama, calzándose los zapatos al revés sin notarlo. Por la ventana podía ver el cielo oscuro de la madrugada, cuyo aire fresco le llamaba de manera tentadora para llenar sus pulmones con él.

Salió de forma atropellada al patio, después de verificar que Emil seguía dormido en su cama y después de ponerse sobre los hombros una pequeña manta de franela.

Inhaló profundo y exhaló lento. Había soñado cosas peores, mucho peores, involucrando a su hermano y a sus amigos... pero nunca hasta ahora lo habían reconocido entre la multitud, o le habían dirigido la palabra. Los ojos brillantes de Emil sobre los suyos habían expresado una desdicha peor a la que se hubiera imaginado en su vida y le golpearon mucho más luego de ver su expresión de seria resignación. Cuando recordó el impacto de las balas sobre sus amigos, una familiar molestia en el estómago lo invadió y se llevó una mano a esa zona, por reflejo.

Se mantuvo sentado en la silla olvidada en su patio, entre el tranquilo susurro de los árboles, hasta que el cielo empezó a aclararse; cuando esto sucedió, un inquieto danés salió de la casa del vecino estirándose plácidamente. Al divisarlo, sonrió de la manera en que usualmente lo hacía, sin embargo un rastro de preocupación cruzó por su expresión.

"¿Mala noche?" Dijo más como afirmación que pregunta.

"He tenido peores."

"Puedo imaginármelo," Entonces, de manera tentativa, continuó. "¿Fue una pesadilla? ¿Usualmente tienes esos sueños...?"

Lukas volteó a verlo. El cabello de Simon estaba más alborotado que de costumbre, y una escasa barba de cabellos esporádicos se expandía en su mentón. Simon aparentemente era muy susceptible al frío, pues nunca salía afuera de casa sin su viejo y maltratado abrigo. Tenía marcas de sábanas en una mejilla, y Lukas habría reído si no tuviera un orgullo de tamaño descomunal.

Iba ignorar la pregunta, como usualmente lo hacía, pero al recordar la forma en que Emil le hablaba con total confianza la noche pasada...

"A diario," Se encontró a sí mismo respondiendo, lo mismo que encontró a Simon iluminando sus facciones ante la revelación. "Serían malos guiones de película, pero en mi atolondrado onirismo logran engañarme al punto de la desesperación."

Simon lo veía con los ojos muy abiertos y la boca entrecerrada, como si antes no hubiera presenciado algo más sorprendente. Parecía falto de palabras, cosa que sonaba muy extraña junto al nombre «Simon Densen».

"Oh...yo..." Tosió un poco, e intentó formular algo coherente. "También tengo pesadillas con frecuencia."

"Claro."

Al notar el poco interés que empezaba a mostrar Lukas por su conversación, Simon se inclinó más al cerco que dividía los patios. "Disculpa por lo que dije ayer, no medí mis límites, y me temo que quizás crucé varias líneas que no debía..."

Mala forma de intentar salvar el diálogo. Punto menos para el teniente Densen.

"Ya debes entender las razones de mi respuesta," Dijo de forma altiva. "Emil me contó sobre la ocasión en que le hablaste de tu escape de Dinamarca, y me dijo que se había «sorprendido un poco». Ya has visto su reacción, y puedo afirmar se pone peor que eso. No puede acompañarnos, porque no puede controlar sus sentimientos correctamente."

Un breve silencio incómodo se extendió entre ellos.

"Solo intentaba decirte lo que él no puede expresarte directamente, es todo."

Lukas se tensó, sin que el otro lo notara. El tema que quería evitar a toda costa en su cabeza, Simon lo había sacado entre ellos como si se tratara de nada. Otro punto menos al teniente.

"No necesito tu simpatía," Su voz era apagada, sin demostrar alguno de los sentimientos que estaban en su interior. "Si mi hermano no me tiene la confianza suficiente para hablar de algo, sus razones tendrá."

El rostro de Simon se contorsionó hasta mostrarse totalmente mortificado. "¡No, no es eso para nada! No es que no te tenga confianza, es solo que no sabe cómo abordar el tema..."

"¿Y ahora eres su vocero personal?"

Simon apretó la quijada. Lukas pensó que el hombre se mostraría frustrado con el tema, pero en lugar de eso, una sonrisa apareció de nuevo en su cara. "Simplemente soy un amigo."

No hablaron más. Los pájaros cantaban, las personas dormían, y Simon tocaba la armónica. Se la pasaron sentados en sus respectivos patios hasta que el cielo se aclaró totalmente, uno en un viejo taburete tocando la armónica, y otro en una silla, escuchando. Lukas empezó a notar que incluso una persona como Simon apreciaba la tranquilidad; entre ellos y su silencio, se formó un acuerdo mutuo de confianza, que se basaba principalmente en la misma confianza que guardaba Emil en ambos.

"Ha vivido cosas horribles," Dijo Lukas en algún momento después de que Simon terminase una canción. Su voz se escuchaba algo distinta de lo usual. "Él... es fuerte, lo sé muy bien. Pero no tanto. ¿Quién lo sería, después de ver...?"

Simon lo vio fijamente, sin apresurarlo. A Lukas le resultaba extrañamente difícil hablar de eso, mucho más porque incluso al pasar un año, en ningún momento lo había dicho en voz alta. No era necesario decirlo en voz alta; incluso recordarlo era inútil.

"Entiendo que seas el tipo de persona en que los demás confían," Sonrió Densen con tristeza. Seguía viéndolo, con sus ojos azules y profundos y... "Entiendo que confíen en que siempre tendrás tu expresión estoica disponible. Pero no haces más que lastimarte al ocultar tus sentimientos. Eres humano, puedes mostrarte vulnerable, y no tiene nada de malo si se te dificulta hablar de ciertas cosas..."

La extraña calidez que sentía en su pecho cada vez que veía sonreír a Simon, terminó por expandirse más allá de sus previos horizontes, sobrepasando una parte de su orgullo y su sentido común. Había estado evitando esto, detestaba la idea; sin embargo, ya era tarde para arrepentirse. Era tarde desde la primera vez que vio al hombre, con su deslumbrante sonrisa, en aquella panadería el pasado abril…

Pero nunca se mostraría vulnerable tan fácil, sin importar las circunstancias.

"Me parece bien que pienses así," Dijo, volviendo a su tono de voz neutral. "Pero me temo que no puedo darme ese lujo."

Simon respondió con otra sonrisa, que esta vez era por alegría. Costaría mucho lograr que Lukas fuera más abierto con él respecto a sus pensamientos, pero ése podía considerarlo como un buen comienzo. "¿Qué canción te gustaría que tocara?" Preguntó después, levantando la armónica.

"Ninguna en específico."

"¡Vamos! ¿Me vas a decir que no te gusta la música?"

Lukas observó el cielo, a los árboles en su patio, y luego hacia su casa. No tengo nada que perder, pensó para sí mismo. "Cualquiera está bien. No soy muy selectivo."

"Qué raro, yo siempre he pensado que la música es una parte muy importante de la vida."

"No me da para comer ni para vestirme. Eso sí es importante."

Densen hizo un puchero infantil levantando un poco los labios. No comentó nada, y empezó a tocar una hermosa canción, desconocida para Lukas. El muchacho se quedó perdido en las manos de Simon, que se movían con fluidez, aunque de forma algo tosca.

Cuando la música terminó, no pudo evitar preguntar: "¿De dónde sacas las canciones que tocas? No las había escuchado antes."

Encantado porque Lukas inició la conversación, Simon sonrió mientras se encogía de hombros. "Solo son las que ponen usualmente en la radio."

"Nosotros no tenemos radio desde hace quizás un año," Lukas se cobijó un poco más con la manta que tenía sobre sus hombros. Cada vez el aire estaba un poco más helado. "Lo vendimos junto con... otras cuantas cosas."

"Vaya... ¿no les ha hecho falta? Para enterarse de las noticias y eso."

"No. Era mi padre quien lo usaba más, y ya que ahora..." Lukas se detuvo, y decidió cambiar de comentario. Su acompañante no expresó nada al respecto. "Rolf tiene radio en el bar, y creo que Jan también."

Simon solo continuó sonriendo; parecía disfrutar mucho del intercambio de información que llevaban. "Yo desde siempre he escuchado la radio. Mi abuela me dejó esa costumbre," Volteó su mirada hacia la lejanía, con añoranza. "Con Monica siempre estaba escuchando la radio: en Dinamarca y en Suecia…"

Que Simon mostrara indicios de querer hablar un poco más sobre él con Lukas, hacía que éste se sintiera solo un poco alegre. No se limitó al preguntar quién era Monica, y Simon no se limitó al explicar con excesiva efusividad que era la chica que iluminaba su vida. Lukas había sentido su corazón hundirse en lo más recóndito de su pecho casi tan rápido como había salido a flote, hasta que Simon sacó la misma fotografía que le había mostrado a Emil anteriormente.

"Allá atrás," Señaló al imponente avión en la imagen. Lukas notó que la sonrisa de Simon titubeó un poco. "Esa es mi chica. ¿No es hermosa?"

En vez de ver la foto, Lukas clavó sus ojos en Simon. Pudo ver que al hombre se le dificultaba continuar sonriendo mientras veía aquel pedazo artificial de memoria.

"Es un avión."

"Retráctate," Simon se llevó una mano al pecho y fingió indignación. De alguna forma había vuelto a su personalidad usual, pero casi inmediatamente su rostro se puso serio, mientras le hablaba al supuesto Olhouser sobre los dos jóvenes que lo acompañaban en la fotografía. "Le mostré esto a Emil y le dije prácticamente lo mismo que a ti. Solo que a él pareció faltarle el aire, mientras preguntaba cómo podía hablar de ello «con tanta facilidad»."

Lukas se había percatado, a diferencia de Emil, que para Densen hablar sobre ese tema era todo lo contrario a fácil. Su alegre expresión se perturbaba visiblemente, y su tono de voz flaqueaba de forma considerable. No llegó a responder, pues se escuchó la rechinante puerta trasera de su casa al abrirse.

"Así que aquí están," Dijo Emil luego de salir a la vista de entre sus plantas. Sonreía enternecido al verlos convivir, pero al enfocar su vista en Lukas su expresión se llenó de incertidumbre. Esto, debido a la forma incómoda en que había terminado la conversación con su hermano la noche anterior. "Prepararé el desayuno, pero antes necesito planchar la ropa de hoy…"

"Yo lo hago," Lukas se puso de pie. "Es mía después de todo."

"¿No tienes que ir a casa de Niels?"

"No puedo ir sin ropa. Además es más rápido si nos dividimos las tareas."

Emil había empezado a disculparse, pero Lukas le alborotó el cabello con cariño antes de que continuara. Los dos hermanos emprendieron camino de vuelta a su casa, pero antes de alejarse mucho, Lukas volteó hacia atrás.

"Me parece gracioso que me des sermones sobre lo malo que es ocultar mis sentimientos," Le dijo a Simon, que lo veía con atención. "Siendo que tú mismo lo ocultas todo detrás de esa descarada sonrisa."

Y sin más, entró detrás de Emil a su casa, dejando a un danés algo sorprendido en el patio del vecino.


Notas:

[1] Los miembros de la Schutzstaffel (SS) y la policía secreta (Gestapo) usaban uniformes negros para diferenciarse de las fuerzas armadas regulares. Éstos uniformes eran además para demostrar superioridad, y no solo los civiles les temían, sino que los mismos militares sentían cierto desprecio hacia ellos por sus formas despiadadas de tratar con las personas.

Estoy publicando con regularidad, todos a llorar. Aprovecho al máximo la inspiración que me ataca; no pienso desperdiciar un centímetro de ella. Prometo que también voy a actualizar la otra historia que tengo por ahí, pero paciencia, que mi inspiración se da en raciones desiguales.

Éste capítulo es de transición, pero tiene muchos datos relevantes para el futuro. Es poco extenso, como los anteriores, pero de esta forma me es más fácil estructurarlos.

Gracias YaoiForlove por comentar; solo con saber que alguien sigue esperando esta historia me ayuda a darme ánimos para continuarla.

Como siempre muchas gracias a quien siga leyendo ésto; no duden en dejar un comentario con dudas, quejas o simplemente por el hecho de hacerlo.