La reunión en la casa de Niels Hansen se estaba prolongando como recientemente sucedía a manos de Reidar. Los pocos hombres de siempre los acompañaban; si bien era cierto que Lukas había permitido algunas libertades, existían cuestiones en las que no había excepciones, y una de ellas eran sus compañeros más confiables.
"La huelga ya empezó en Oslo," Hablaba Reidar Holt con diligencia. "Es cuestión de tiempo para que otras ciudades se unan como estaba previsto, entre ellas Trondheim. Entonces aprovecharemos para que la misión de traslado inicie a las 21 justo aquí," Señaló una parte del mapa que tenía frente a él en la mesa. "Llevaremos a la familia de castores por estos pueblos, y después a la frontera, donde Ole nos estará esperando. No habrá muchos problemas en esta zona, pero aquí..."
Seguía y seguía, explicando a lujo de detalle hora y lugar de llegada a cada punto estratégico. Reidar podía ser muy liberal a veces, pero la organización de sus planes era siempre detallada y específica.
"Estás tomando por hecho que los alemanes van a disminuir sus guardias de éste punto en adelante," Señaló Johan en el mismo mapa. "Debido a una simple huelga en el teatro. ¿Estás seguro de que los castores no corren mucho peligro?"
Ésto dio lugar a una acalorada discusión, en que participaban a favor o en contra de ciertas medidas o ciertas rutas. Las misiones donde ayudaban a los civiles a cruzar a la neutral Suecia siempre eran las más difíciles; en muy pocas ocasiones lo habían hecho, temiendo por la seguridad de las personas que dependían de ellos. Los únicos que no opinaban eran el viejo Niels, Lukas y Emil, quienes se veían entre ellos en silencio. Eirik Solberg llegó a donde estaban, ofreciéndoles vasos con agua, y se sentó junto a Emil.
"Rolf intentó convencer a Inger de irse a Suecia en esta misión," Les dijo el muchacho. "Por supuesto, no pudo contra ella y su terquedad."
Lukas volteó hacia Emil levantando las cejas, y éste inmediatamente le dirigió una mirada de advertencia. "Lukas tiene toda una temporada intentando convencerme de lo mismo."
"¡Bondevik! Dinos cómo solucionar ésto," Le habló Reidar entre las quejas de los otros hombres. Lukas se levantó y caminó hasta la mesa con calma.
"La misión seguirá como está planeada, solo que expandiremos la guardia hasta acá," Trazó unas líneas en el mapa. "Johan se encargará de ésta zona, mientras ustedes cruzaran por el camino usual. No podemos cambiar nada más."
"Se están aumentando los problemas ustedes solos," Suspiró Arne Blom, cansado. "En otras ocasiones no nos hemos topado con ningún alemán al pasar la frontera..."
"Pero nunca habíamos llevado a tantas personas. Además es un gran tramo que iremos a pie," Jan Munch era el más inseguro de todos en esa ocasión, ya que su esposa embarazada estaría emigrando con otras dos familias. "Los niños siempre creen que todo es fácil..."
Más detonante de discusión fue añadido. Algunos ni siquiera hablaban sobre el tema, y aún así, no se callaban. Se calmaron hasta que Niels decidió tomar riendas en la situación, y después de lo que pareció una eternidad, empezaron a marcharse. Reciente e inconscientemente, Lukas pensaba muchas cosas ridículas, que antes nunca pasaban por su cabeza: a qué hora se callarían para irse a casa, cuándo dejarían de hacer esa reuniones, en qué momento podrían vivir sin tener que preocuparse en morir un segundo después... con anterioridad, solo pensaba en lo siguiente por hacer; la siguiente misión de escape o la bomba próxima a detonar en algún edificio de importancia, etcétera. Ahora solo tenía en su cabeza a Emil, su bienestar, y al danés imprudente que los esperaba cada día en casa de su vecino. No le importaban las huelgas de artistas indignados por ser obligados a actuar para el régimen nazi, ni las familias que querían viajar a una tierra pacífica lejos del peligro. [1]
Claro, que esos pensamientos no duraban mucho.
"Así que... ¿Dónde está Andersen?" Preguntó Eirik con curiosidad. Habían acordado no hablar de aquel hombre con su nombre real, para evitar alboroto entre los hombres que no eran conscientes de su identidad.
"Sigue recuperándose," Respondió Emil.
De repente apareció Johan junto a ellos. "¿No es tiempo de que haga algo productivo? Solo se está gastando las provisiones que, además, no tienen el lujo de perder."
"Creía que no te agradaba, Johan, ¿y ahora sugieres que trabaje con nosotros?" Preguntó Lukas fingiendo sorpresa.
"Si tú confías en él, yo también."
"Ya llegará el tiempo de que sea útil, no te preocupes."
"Hablando de asuntos más serios," Johan se inclinó hacia Lukas un poco, y los otros alrededor escucharon atentos. "Los muchachos de la ciudad hablan cada vez más de otros grupos formándose en Trondheim, que están planeando cosas pequeñas. ¿Qué haremos sobre ésto?"
Con su voz inexpresiva de siempre, Lukas respondió sin interés. "No hay nada que podamos hacer."
"Están muy desorganizados, los van a atrapar en cuestión de días..."
Emil se estremeció un poco junto a él. Lukas no cambió su postura. "Me temo que no es nuestro problema. Ellos deben saber a lo que se enfrentan, y si no lo saben, se van a dar cuenta con el tiempo. Justo como nosotros."
"Podrían apresarlos y pensar que están con nosotros. Les intentarán sacar información que no tienen..."
Un silencio colectivo se expandió por la sala de la casa. Todos veían disimuladamente hacia Lukas, esperando su respuesta. Éste apenas se mantuvo impasible. "Y es un alivio que no tengan esa información. Ahora, si me disculpan..." Se puso de pie, y avanzó hacia la puerta con un incómodo ardor en la garganta. Sentía las miradas en su espalda, pero no volteó hacia atrás. Solo se escuchó a Emil ponerse de pie bruscamente y tirando su silla en el proceso, para después seguir los pasos de su hermano.
.
Las personas del pueblo hacían caso omiso de sus presencias mientras caminaban. El sol debía estar en su cénit, sin embargo no se veía por las grises nubes que cubrían el cielo.
"Sé que no hay mucho por hacer... ¿pero de verdad era necesario ser tan frío?"
"Emil, no puedo dar una solución a todo. Ya habría acabado esta guerra de ser así."
"Pero tu reacción... fue como si no te importara que..." Emil se interrumpió a sí mismo, y Lukas no podía más que suspirar.
"Tranquilízate. Es necesario, ¿sí? No debemos mostrar debilidad."
"¿Quién lo dice?"
"¿Pues quién va a ser? Hablo por experiencia."
"Hablas como si fueras un anciano."
"He vivido muchas situaciones que respaldan mis creencias. Lo sabes, tanto como que tú mismo las has vivido."
"Pero eso... eso..." Tragó con dificultad. "No me hace menos humano…"
"¿Dices que no soy humano?"
"¡Digo que intentas no parecerlo!"
Lukas suspiró con pesadez. "Emil..."
"Creía que habías cambiado... desde que Simon llegó—"
"Él no tiene nada qué ver en esto."
La manera algo brusca en que Lukas había interrumpido decía todo lo contrario. Emil sabía que aún tenía oportunidad de presionar más y sacarle algo de información a su hermano, pero decidió dejar ahí ese tema. Llegaron a su casa, y cada uno decidió ocuparse con algo; solo que mientras Emil hacía el quehacer con diligencia, Lukas no podía concentrarse en las hojas codificadas frente a él.
"Voy a empezar a hacer la comida," Se asomó Emil desde la cocina. "¿Podrías avisar a Simon? Solo debes decirle que venga dentro de poco, y tú sigues en lo tuyo."
Sin esperar mucho, Lukas guardó los papeles en su lugar, y salió al patio. Simon usualmente estaba holgazaneando entre los árboles pero esta vez no se encontraba a la vista. Saltó entonces el cerco que dividía los patios, y se dirigió a la puerta trasera de la casa contigua. Estaba abierta; Lukas entró lentamente, con cuidado, y escuchó algo de estática que provenía de dentro. Caminó por el estrecho pasillo de la empolvada y vieja casa, hasta llegar a la gran estancia central. Ahí estaba Simon, sentado en el piso y encorvado frente a un ruidoso aparato, la fuente de la estática que Lukas escuchó antes. Carraspeó un poco, con las manos detrás de sí. Densen se volvió tan rápido que un fuerte crack se escuchó, y justo después se llevó una mano a la espalda. "Ay, ay... no tengo ni treinta y ya parezco un anciano, con la espalda tronándome y todo..." Sonrió, mientras se ponía de pie. "¡Qué grata sorpresa el verte aquí! ¿Ya viste? Lo encontré en el baúl de los secretos de Tore."
El hombre señaló al radio que estaba en el piso. Apenas lo había limpiado; aparentemente a aquel danés le gustaba vivir entre la suciedad y el polvo.
"Llevo ya un buen rato intentando sintonizarlo, pero nada... me estoy empezando a cansar," Rió en voz alta, en vez de mostrarse, como él mismo decía, cansado.
"Si tienes tiempo para eso, deberías al menos limpiar esta casa," Pasando un dedo por la mesita ornamental más cercana, Lukas arrugó un poco el entrecejo al ver el polvo que quitaba.
"Lo hago, de verdad, ¡pero siempre se ensucia de nuevo!"
"No me digas..."
"Además quiero que escuches algunas canciones que pasan por aquí, son de verdad fantásticas."
Limpió su dedo, e intentando usar un tono desinteresado, Bondevik habló mientras levantaba la vista hacia Simon. "¿Por qué querrías eso?"
"¡Míralo como mi interés por alegrar un poco tu vida, si así te parece! Puede que la música sea inútil si hablas de algo material, pero de forma espiritual es muy importante."
Sus ojos brillaban con genuina emoción e interés. De repente, Lukas se preguntó si sus ojos se podrían ver alguna vez con un brillo similar al que se reflejaba en los ojos de Simon.
Acostumbrado a la falta de respuesta de parte de Lukas, el danés volvió a su tarea. "Siéntate, adelante. Esa silla está limpia."
El noruego obedeció en silencio, lo cual solo logró que Simon sonriera más amplio. Mientras intentaba sintonizar el viejo aparato, hacía comentarios incoherentes desde cómo el clima estaba cambiando, hasta incluso cantar de manera esporádica canciones aleatorias. Todas eran en inglés, y Lukas no podía entenderle nada. Entonces, por un momento, recordó que Simon era probablemente mucho más culto que él, ya que él evidentemente había ido a la escuela. Perdido en observar al hombre frente a él, olvidó totalmente su razón para estar en aquella casa. Estaba pensando en hacer un comentario cuando el radio cedió a los intentos que hacía Densen, y se escuchó una profunda voz masculina hablando en sueco. Estaba dando la noticia de la huelga que tenía lugar en diferentes ciudades de Noruega, ese mismo día.
"¡Vaya! ¿Así que por eso fue la reunión de hoy?"
Lukas ignoró la pregunta. "¿Una estación sueca?"
"Oh sí, me acostumbré a escuchar sus noticias; dan muchos notificados de los aliados y tal. También tocan mucha de la música que me gusta."
"¿Inglesa?"
Una risa injustificada respondió a esa pregunta. "No necesariamente, pero sí, algo. De verdad me parece raro que no tengan ustedes un radio... ¿no lo necesitas mucho?"
"Niels se encarga de las radiocomunicaciones," Dijo casi como reflejo. Inmediatamente se arrepintió; no se suponía que debía hablar de eso con terceros. "¿Qué le dijiste a la señora Raske aquel día para que te abriera la puerta? Incluso te dio comida," Cambió de tema de manera brusca y un poco desesperada. Simon pareció sorprenderse, pero no lo demostró mucho.
"¿La primera noche que llegué? Pues nada, solo toqué para saludarla. La conocí a ella y a su hijo Kjell antes, en el mismo tiempo en que conocí a Emil."
Eso resolvía muchas dudas, al menos.
"Hablé con Emil de eso hace días. Me contó un poco sobre lo que pasó con Kjell y otros de sus amigos; una lástima."
"Así han terminado muchos."
"También me habló del escape a Suecia de Tore, pero nunca ha elaborado mucho en detalles. De igual forma, yo no los pido."
Lukas canturreó un "Hmm..." de entendimiento, pero no comentó nada más. Por un momento solo se escuchó la voz sueca con estática, que provenía del radio.
"Y dime... ¿cómo es eso que tú y Emil son hermanos?" Un largo silencio respondió una vez más a su pregunta, pero Simon esta vez no lo dejó pasar. "¿Hola? ¿Me escuchas?"
"No tengo por qué responder a tus preguntas."
"¡Yo respondo a las tuyas! Sería lo justo."
"¿Quieres hablar de justicia? Yo digo que es justo que tú respondas a mis preguntas, ya que vives de mis provisiones."
Un muy familiar puchero se dibujó en la cara de Simon. "¡Vamos! No te va lastimar hablar un poco de ti. A Emil no puedo preguntarle, porque no sé qué le pueda hacer sentir mal..."
El pechó de Lukas se llenó de un curioso sentimiento muy parecido a ser de utilidad o de especial importancia, y cegó momentáneamente su orgullo. "Pues simplemente eso, somos hermanos."
"Cuando yo vine Emil tendría 10 años, y no recuerdo que tuviera un hermano mayor de unos... ¿15 años, en aquel entonces?"
"No lo sé."
"¿No lo sabes? ¿Tu edad?"
"No sabría decir cuántos años tenía. Ni siquiera dijiste cuándo habías estado aquí."
"¡Claro que lo dije! ¡Hace 8 años!"
"Dijiste «unos 8 años», nada específico."
"¡Vaya! ¿Recuerdas qué dije exactamente?"
De forma extraña, como todos los sentimientos que recientemente atacaban a Lukas, se sintió más consciente de sí mismo que lo usual. Antes que la pena le ganara, cambió de tema. "Tenía 16 años."
"¡Casi acierto!" Celebró con exagerada felicidad. "¡Eso quiere decir que soy dos años mayor que tú!"
"Dos años no son nada."
"¡Pues yo opino, que dos años—!" Se interrumpió de golpe, y se llevó una mano a la barbilla. "Ya veo, intentas cambiar de tema... eres muy inteligente, Lukas."
"No es mi culpa que te dejes llevar tan fácil por los comentarios de otros."
Simon se quedó en silencio, pensando. Parecía muy contrariado con lo que sea que pasaba por su cabeza, pero al final solo agitó los brazos. "¡Cómo sea! Entonces, ¿qué me decías sobre tu parentesco con él?" Lukas alzó un poco las cejas, en una expresión algo socarrona. Simon aparentemente adivinó sus intenciones, pues rodó los ojos, divertido. "¡No me salgas con que aún no me decías nada! ¡Sabes a lo que me refiero!"
Sin poder contenerse, los labios de Lukas se curvearon hacia arriba ligeramente, y un leve resoplido se le escapó en señal de risa. Simon se quedó estupefacto, quijada abajo; Lukas se llevó una mano a la boca, pero no alcanzó a arrepentirse, pues la risa de Densen no le permitió pensar más allá.
"¡No te burles!" Dijo el danés entre risas. No hizo ningún comentario sobre lo inusual que había sido la reacción de Lukas, lo cual apreció gratamente el noruego. "¡Solo sigues desviando mi atención!"
"¿Y ahora cómo hago eso?"
Simon aparentó responder rápidamente, pero se detuvo en el camino. El danés volteó hacia otro lado, y Lukas pudo ver un ligero rubor cubriendo sus mejillas... "No... no es nada."
Aquella reacción del ex teniente le pareció muy interesante, y se obligó a golpearse mentalmente para no dejar que su interior se inundara en horrible y traidora esperanza. Aprovechando la atmósfera tranquila que se había formado, decidió empezar a hablar, y le contó a Simon cuando su padre y la madre de Emil se habían casado.
"Quizás fue justo después de que tú te fuiste, por que empezamos a vivir juntos cuando yo aún tenía 16."
"¡Un poco más y te habría conocido en ese entonces! Ahora vivimos en un tiempo muy pesimista, me temo."
"Eso es poco."
"Al menos me queda la tranquilidad de que al morir la señora Steilsson, Emil no se quedó solo."
"En ese tiempo nos volvimos más cercanos," Asintió Lukas. "No nos importó que no tuviéramos una relación sanguínea. Él es mi hermano, y yo el suyo; es todo."
"¿Cómo fue su infancia juntos?" Simon sonreía con cariño. Se había sentado con las rodillas cerca del pecho, y abrazaba sus piernas de manera floja.
"Fue... lo más grato que he vivido hasta ahora. Comíamos los cuatro juntos en la mesa. Corríamos sin sentido por todo el pueblo, junto a Johan, Reidar y todos..."
Temiendo que Lukas dejara de hablar por la larga pausa que había dejado, Simon habló. "Emil me contó que su padre es zapatero."
"Era. Murió el año pasado. Lo asesinaron, más bien."
Más que sorprenderse por la noticia, Simon sintió una sacudida por la manera seca en que Lukas se lo había dicho. Recordó que el muchacho había hablado de la misma forma estoica al notificarle sobre la muerte de la madre de Emil, pero que lo hiciera al hablar de su propio padre era un poco desconcertante. Un gran peso en el estómago lo obligó a bajar los pies, y quedó sentado en el piso cuan muñeco de trapo. "Lo siento... no sabía..."
"Está bien. Es la verdad después de todo. Yo no fui el que vio cómo lo asesinaban, así que no tengo una justificación para estremecerme al hablar de ello."
"¿A qué te refieres?"
La falta de respuesta hizo que Simon poco a poco juntara las piezas. Un ligero jadeo de horror se deslizó por sus labios, al darse cuenta de una cierta situación que había estado apenas presente en su consciencia. "¿Emil...?"
Lukas subió una mano frente a su rostro, y con un ademán le indicó que guardara silencio. "Aún es un tema prohibido para nosotros. Guarda silencio..."
La puerta trasera se abrió. Se escucharon pasos apresurados ir hacia ellos. "¿Están aquí? Ya está lista la comida..." Emil se asomó a la estancia, con una sonrisa en el rostro. Simon tuvo que forzarse a devolver la sonrisa, mientras ignoraba el punzante dolor que predominaba en su pecho.
.
18 de abril, 1940.
Trondheim, Noruega.
Lukas acababa de volver de Finlandia, pero seguía malherido y postrado en cama. Los alemanes invadieron Noruega justo después de Dinamarca, y en pocas horas ya tenían el control de ambos países nórdicos. Los ciudadanos estaban totalmente inconformes, indignados y avergonzados de la poca resistencia a éste acto de invasión, pero nadie se atrevía a alzar la voz. O al menos, no hasta ese día.
Emil caminaba por las calles de la ciudad, desesperado, buscando a su padre. Había hablado con Eirik Solberg antes, y el muchacho le contó sobre los planes que habían hecho un grupo de hombres en su casa esa misma mañana. Y no solo esa mañana; le notificó que habían estado sosteniendo reuniones regulares en la última semana, y otras tantas cosas. Emil había salido inmediatamente con rumbo a la ciudad, y cuando llegó, sonidos de disparos lo saludaban de todas direcciones. La gente corría, gritaba. Los había escuchado hablar. Un atentado contra los alemanes, noruegos atrapados, una ejecución pública, y un cierto lugar. El muchacho iba a prisa, rogando por una traición de parte de su imaginación. No era posible que eso les estuviera pasando; era un desastre. El camino a la catedral Nidaros se le hacía eterno, mucho más cuando varias personas huían en sentido contrario a donde él iba.
Al llegar, la amplia calle se extendía frente a él, fría, fúnebre, y llena de gente que veía, aterrada, a cierto punto frente a la catedral.
Sintió el corazón dejar de latir, la sangre dejar de fluir, el cerebro dejar de funcionar; Emil se quedó inmóvil, observando cómo a menos de 50 metros de distancia su padre estaba siendo apuntado con un arma. Otros hombres acompañaban a su padre, al igual que otras armas apuntaban a sus objetivos, tan imponentes, fieras y oscuras como ellas podían. Ninguno de esos hombres lloraba o suplicaba. Todos tenían en su rostro una determinada y orgullosa mirada, mientras que los espectadores sollozaban, gemían y rogaban que todo fuera mentira. Emil casi podía vomitar.
Las firmes manos del panadero Knut Naess lo agitaron de repente. "¡Niño! ¿Qué haces aquí? Oh, Dios, qué haces aquí... no veas, vamos, ven acá..." Su voz se quebraba y su agarre fallaba, pues Emil no se movía de su lugar; sus pies estaban pegados al pavimento, sus ojos adheridos a su padre, y la capacidad de respirar se esfumó de su sistema. Apenas podía escuchar a Knut hablando sobre las ahora latentes necesidades que tenía el muchacho de ocultarse y desaparecer, antes de que los alemanes buscaran a las familias de los rebeldes. Apenas podía escuchar a las personas a su alrededor. Sin embargo, claramente escuchó los disparos, y claramente vio caer a su padre contra el duro y frío pavimento de Trondheim. Quedó el hombre inmóvil y sangrante, en el mismo estado que otras cinco personas que Emil no pudo reconocer en el momento.
Intentó gritar, pero no pudo. Su voz se perdió en la garganta. Solo dejó escapar sonidos guturales y ahogados, mientras las lágrimas recorrían sus mejillas en abundancia. Intentó enganchar sus manos a la camisa del hombre que tenía junto a él, pero su capacidad de cerrar los dedos con fuerza le fallaba; las piernas le temblaron al no poder sostener más su peso, y se dejó caer de lleno al suelo. Knut apenas pudo sostener de pie al muchacho.
Lo último que pudo captar con claridad antes de desmayarse, fue un sonoro grito: "¡Y esto, es para que recuerden muy bien lo que pasa cuando se oponen a nosotros! ¡Hail Hitler!"
.
Simon disimulaba muy bien su sorpresa mientras comían, Lukas lo había notado. Casi no hablaba, pero hacía el mismo tipo de comentarios espontáneos con su sonrisa usual. Emil se había mostrado sorprendido porque no hablaba mucho, pero el danés se excusó diciendo que la comida estaba tan deliciosa que no quería interrumpir su proceso al degustarla. Lukas sabía que su hermano no se había tragado el cuento, pero no se continuó esa conversación. En su lugar, Emil empezó a preguntar aspectos de la misión de ese día a lo cual Lukas respondía, pero de forma vaga y poco interesada (no tanto por el hecho de estar frente a una persona ajena a eso, sino simplemente por intentar ignorarlo).
"¿Reidar se va hoy entonces?"
"Así es, Jan también. ¿Quieres ir a despedirte?"
Emil lo consideró un momento. "No, preferiría no hacerlo, pues los volveré a ver dentro de poco de igual forma."
"Lukas, ¿tú también irás?" Simon habló un poco consternado, pero evidentemente intentando ocultarlo. "Oh, lo siento... es que antes has dado a entender que llegarás tarde..."
"Sí iré, y sí, llegaré tarde," Respondió el aludido para sorpresa de sus acompañantes. "No me esperes Emil, quizás me quede en casa de Johan."
"Está bien."
El tono de voz de aquella frase no se había escuchado del todo bien, pero el sosiego que mostraba Lukas de alguna forma pudo tranquilizar al muchacho.
La tarde pasó lenta y agobiante. Emil limpió los muebles de la casa, también la olvidada chimenea, y lavó un poco de ropa. Simon se dispuso a ayudarle en ésta última tarea, así como a planchar; afirmó que ya sentía sus heridas mucho mejor, y habló con entusiasmo sobre los montones de madera que recolectaría para el invierno no muy lejano. Lukas intentaba concentrarse un poco en la misión de esa noche, más sin embargo encontraba sus pensamientos siendo interrumpidos por las pláticas del danés y su hermano.
En algún momento el cómodo ambiente de su hogar le hizo olvidar lo que pasaba afuera, sosegado por una antes extraña y ahora bienvenida sensación de calidez en el pecho. Se imaginó brevemente cómo sería vivir día a día con Emil y Simon: hablando sin sentido, viajando con libertad, saliendo a beber con los demás, trabajando en la zapatería. El recuerdo del antiguo negocio de su padre lo regresó a la realidad; ese lugar ya no era de su propiedad, y muy probablemente no volvería a serlo. Al salir de su ensimismamiento Lukas se sobresaltó al notar que afuera ya estaba oscuro. Se puso de pie y al cerciorarse de que no había nadie más en casa con él, salió atropelladamente al patio y se topó de frente a Simon, que justo iba entrar a la edificación.
"Oh, Lukas sigues aquí," Se quitó un sucio pañuelo que llevaba cubriéndole la boca, y se sacudió el cabello. Una ligera nube de polvo se levantó entre ellos. "¡Emil me ayuda a limpiar la casa de Tore! Vi que no te agradó mucho la suciedad, así que la dejaré reluciente, ya verás."
Luego de toser debido al polvo, Lukas lo miró expectante. "¿La limpias por eso?"
La risa de Simon ya se escuchaba más natural. "La limpio porque quiero que me vuelvas a visitar, y si se queda lleno de polvo, ¡es muy probable que ni te acerques!"
De no ser por el desagradable sentimiento que se le había acumulado en el pecho al saber que debía irse en una misión, Lukas habría sonreído amplio como no lo había hecho en un largo tiempo. En su lugar, el noruego agachó la vista y apretó los puños a sus costados. Simon instintivamente estiró una mano hacia él, mientras preguntaba si le pasaba algo malo, pero no llegó a tocar al joven frente a él.
"Cuando vuelvas, no dudes en pasar para escuchar canciones en la radio," Dijo animadamente, llevándose los brazos para atrás de sí, e ignorando el antiguo intento de interacción física. Lukas levantó una vez más la vista y la cándida sonrisa frente a él fue suficiente para darle los ánimos que necesitaba con fin de eliminar todos los pensamientos negativos que se habían acumulado en su confundida consciencia.
Sin dar una respuesta a la invitación, Lukas anunció que era hora de irse, y le pidió a Simon que le notificara a su hermano. Sin ver atrás, el miembro de la resistencia se encaminó con paso decidido a la casa de Johan Agotness. No había más dudas flotando en su mente; en casa tenía ahora no solo a una, sino a dos personas esperando su llegada, y no había nada que pudiera incitarlo más a continuar moviéndose entre aquellos peligrosos e incomprensibles caminos.
Notas:
[1] El 21 de mayo de 1941 inició en Oslo una huelga por artistas inconformes con el régimen nazi en Noruega, pues se les canceló el permiso para trabajar a seis actores después de rehusarse a cantar para la radio noruega (que estaba a cargo de los nazis, claro). Al siguiente día se unieron también los teatros de Bergen y Trondheim a la huelga, y duró un total de cinco semanas.
Lo de la ejecución pública no se basa en ningún hecho verídico, solo es parte de la trama.
Tardé más en actualizar este capítulo, pues la uni se está convirtiendo en un enorme pesar para mi pobre y delicada alma. Si alguien sigue leyendo ésto, muchas gracias. No duden en dejar un comentario de lo que sea.
PD: ¿Vieron la imagen de portada? Yo la dibujé, e ilustra un pequeño spoiler...
