Los meses más calurosos de junio y julio entraron a relucir en los fríos panoramas de Noruega, y en todo su esplendor mostraban, además de días soleados, los primeros momentos vagamente disfrutables desde el inicio de la guerra.
Todo había salido de acuerdo al plan con la misión de escape en mayo, y a pesar de haber pasado ya varias semanas, la huelga de los artistas continuaba. Era digna de respeto la actitud decidida de los inconformes, y motivaba mucho a los hombres en la resistencia; hecho por el que Lukas tenía muy molestos sentimientos encontrados, ya que a pesar de las buenas intenciones de los hombres por ayudar, muchas responsabilidades habían regresado a él luego de la partida de Reidar. No era nada inusual, sin embargo Bondevik ya se había acostumbrado a dejar que Holt se encargara de gran mayoría de aspectos, aprovechando el largo periodo de tiempo que el hombre había decidido quedarse en Noruega.
En consecuencia de su habituación, ahora se mostraba malhumorado, ya que era cada vez más el tiempo que pasaba en las calles de Trondheim, comparado al tiempo que pasaba en casa. Cuando no estaba durmiendo en la parte trasera de la panadería de Knut junto a otros diez hombres, estaba corriendo por los callejones de la ciudad luego de planear algo para dificultarle la vida a los alemanes. Sin embargo, los pocos minutos que pasaba en casa eran lo que le ayudaba a continuar con sus deberes de forma natural, y ya ni siquiera se molestaba en ocultarse ese hecho a sí mismo. Emil también estaba más tranquilo, ya que el señor Raske volvió a pescar en la ciudad, lo que le ayudaba a despejarse un poco y mantenerse al tanto de los insensatos movimientos de la resistencia.
Quien se mostraba cada vez más ansioso, era Simon. Según su criterio y el de Emil, sus heridas de la caída ya se habían curado satisfactoriamente, lo cual significaba que tenía total movilidad; aquello era malo para el ex teniente de la fuerza aérea, pues tenía un exceso de energía acumulada, y no había prácticamente ninguna forma a su alcance para mantenerse ocupado, además de limpiar.
Una tarde en que Lukas había tenido la oportunidad de regresar a casa luego de una acalorada reunión en la casa de Arne Blom, se encontró con Simon tan inquieto que de inmediato le recordó su antigua convicción de juntar madera para el no muy lejano invierno próximo.
"Faltan unos cuantos meses aún, pero un poco de madera en destiempo no será despreciada," Había dicho el joven, y sin oportunidad de terminar su frase, Simon ya se preparaba para su labor.
Emil estuvo ayudando a su patrón esa tarde con inventarios, y cuando llegó a su casa tuvo la sorpresa de encontrar la comida lista en la cocina, así como a Densen sudando en el patio mientras cortaba madera.
"¿Has hecho tú la comida?" Preguntó mientras se mantenía de pie junto a Lukas. Éste se encontraba sentado en una de las sillas viejas que estaban olvidadas en el patio, y respondió en negación sin apartar la vista de Simon. Emil vio un extraño deje de interés en los ojos de su hermano, y sonriendo con entendimiento, centró su atención en el otro hombre.
El danés se secó el sudor de la frente con el antebrazo, y le mostró una enorme sonrisa al muchacho recién llegado. Parece muy feliz por lucirse frente a Lukas, pensó el islandés.
"¡Emil, bienvenido!" Le saludó. Levantó orgulloso la peculiar hacha que manejaba. "¿Ya viste? Tore tiene las cosas más raras en su casa... ¡al principio es difícil blandirla, pero uno se acostumbra!"
El mango del artefacto estaba inusualmente pandeado hacia afuera, y la parte posterior al filo contaba con curiosas formas que servían de adorno; era color rojo quemado, y parecía muy poco pulida. De cualquier forma, Emil no se mostró muy interesado en la herramienta.
"¿Hiciste la comida?"
"¡Por supuesto!" Su pecho se infló con orgullo, y sin intenciones de ocultarlo. "¡Te estábamos esperando para comer juntos!"
"La verdad," Interrumpió Lukas con calma. "Es que no me arriesgaba a probarla. En estos tiempos no se está seguro de nada, ni siquiera de una intoxicación por alimentos."
Simon contorsionó el rostro en señal de sobreactuada incredulidad.
"Soy un muy buen cocinero, ¡aunque no lo parezca!"
Y era verdad. Los hermanos pudieron comprobarlo luego de sentarse a la mesa y empezar a comer el guisado de verduras que Simon había preparado.
"¡Sabe muy bien!" Emil no se molestó en ocultar su sorpresa. "La cantidad de sal es perfecta, ¿no, Lukas?"
El aludido, sin embargo, continuó comiendo haciendo caso omiso de ese comentario. Saboreó cada bocado, y cada parte de la extraña imagen que se generaba en su mente al pensar en Simon realizando una tarea tan trivial como picar unas papas.
"He comido con ustedes por un buen tiempo ya, ¡es normal que le pueda encontrar el sabor que les gusta!"
Emil sonrió, y dirigió a su hermano una mirada furtiva. "Pues alguien aquí ha estado comiendo por varios años el mismo sazón, y sigue sin darle bien el punto."
"Por algo eres tú el que cocina," Dijo Lukas, juntando un poco las cejas en señal de inconformidad con el comentario. El danés rió y Emil notó claramente la forma en que a su hermano no se le escapaba de la vista ningún movimiento que el hombre extranjero hacía frente a él. Por cada comentario que hacía Simon, Lukas mostraba una expresión desinteresada, sin embargo en sus usualmente desinteresados ojos se veía un brillo de naturaleza curiosa, que Emil no tardó en advertir.
En las recientes ocasiones en que Emil había tenido oportunidad de hablar con los más jóvenes de la resistencia, todos, desde Arne hasta Niels, incluso pasando por Eirik, le habían hecho las mismas observaciones sobre el comportamiento de Lukas: estaba distraído, frecuentemente perdido en sus pensamientos, y fácilmente irritable. Le contaron a Emil que todos los hombres mayores hacían comentarios incrédulos sobre las nuevas actitudes de su hermano, y sin embargo a él no le decían directamente, ya que (además de continuar cumpliendo con sus labores de forma usual) el muchacho no había mostrado tales expresiones desde probablemente el inicio de la guerra, y francamente sus colegas de la resistencia habían estado preocupados por la falta de sentimientos que expresaba Lukas.
En un principio, de igual forma Emil se había preocupado por las novedades en el comportamiento de su hermano; ahora, sin embargo, estaba más consciente de sus razones, y sabía que no había mucho de lo cual preocuparse.
"Lukas, ¿esta noche te quedarás, entonces?" Preguntó Emil mientras aún comían.
El aludido asintió, sin advertir la sonrisa maliciosa que apareció en el rostro de su hermano. "Ya veo. Simon, puedes aprovechar esta oportunidad para mostrarle a Lukas aquellas canciones que pasan en la radio..."
Completamente ajeno a las sonrisas cómplices que le mandaba el islandés, Simon respondió al instante. "¡Claro! ¡Y también es una oportunidad para que tú las escuches, Emil!"
El muchacho se tragó las ganas de golpearse la frente con desesperación. Mostró una ligera sonrisa, rogando no sonar muy desesperado al hablar. "No, yo... creo que prefiero pasar un rato a solas, si no les molesta..."
Lukas volteó hacia su hermano; éste lo miraba con ojos de cordero a medio morir, pidiéndole que le concediera unos momentos de soledad. Simon declaró inmediatamente que no tenía sentido lo que decía el muchacho, más sin embargo Emil continuaba viendo a Lukas de la misma forma.
"No tiene nada de malo... solo quiero pensar, es todo." Fue lo último que dijo, pues Lukas aceptó la petición de su hermano en silenciosa comprensión. Al terminar de cenar, Simon salió disparado con rumbo a la casa del vecino y a Lukas no se le pasó decirle un último comentario a Emil: "Si quieres descansar de él, podrías haberlo pedido directamente, sabes."
Complacido por el comentario tan lejano a la realidad, Emil sonrió. "No digas eso; la compañía de Simon ha sido de gran ayuda."
Con semblante indeciso y sin hacer otro comentario, Lukas salió de su casa al patio, siguiendo los pasos del inquieto danés.
.
"¡Ah, esta canción es buena!"
La estridente estática que se escuchaba en la radio la primera vez que Simon la prendió, ya casi había desaparecido por completo. Lo que quedaba era una la ocasional voz sueca comentando entre voces que, armoniosamente, cantaban acompañadas de diversos instrumentos. Lukas no habría disfrutado para nada esa demostración de melodías, de no ser porque Simon le traducía todo lo que le era posible traducir de las canciones, además de que ya mantenía limpia la casa con regularidad.
"Para ser sincero, no pude empezar a apreciarla hasta hace poco," Su rostro alegre se ensombreció ligeramente. "Es la canción que escuchaba antes de la invasión a Dinamarca, y le tenía odio..."
Lukas permaneció callado, volteando un poco hacia el hombre sentado en la silla junto a él. Su bajo ánimo no duró mucho, pues rápido volvió a sonreír. "Pero no me gusta cómo se siente cuando odio algo, ¡así que no podía permanecer así por siempre!"
Entonces, Lukas volteó su cuerpo entero hacia Simon, cerró los puños sobre su regazo, y en su expresión se dibujó un gesto molesto con dureza. El danés se sorprendió ante tal mirada, y de inmediato supo que un mal tema se avecinaba.
"Yo odio a los alemanes," Lukas habló con tal veneno en sus palabras, que fue incluso peor su efecto debido a su usual calmada demostración de sentimientos. Veía a Simon directamente a los ojos. "Y no me resulta difícil hacerlo."
Simon sonrió de lado, mostrando un hoyuelo en su mejilla derecha, y estiró una mano hacia enfrente. Como en situaciones anteriores, detuvo su movimiento por un instante, pero al ver que las manos de Lukas continuaban apretadas con fuerza, no en señal de odio sino en algo muy diferente, el danés no dudó más. Despacio, más sin embargo faltando signos dubitativos, apretó con ternura las temblorosas y delgadas manos de Lukas entre las suyas. No se atrevía a levantar la mirada, y Lukas, incluso en medio de su estupefacción, pudo notar el nerviosismo del otro claramente.
El noruego tragó pesado, y ligeramente, sólo un poco, devolvió el apretón, y permitió por vez primera que sus sentidos se concentraran sólo en una cosa; nada de disparos, o gritos, o la adrenalina de correr mientras se cuidaba la espalda... toda su atención estaba en aquellas manos rodeando la suyas. No eran suaves, todo lo contrario: eran ásperas y tenían callosidades en los dedos, pero se sentían mejor que cualquier tela sedosa que Lukas antes hubiera sentido. Eran cálidas y tocaban las suyas con una dulzura que asemejaba el trato de Simon con el muchacho islandés, sin embargo era diferente...
"Por favor, Lukas... no me gusta escucharte hablar de esa forma," La profunda voz de Simon llegó al otro de manera ahogada. Lukas levantó la vista, y dio un ligero brinco al ver que Densen estaba a unos pocos centímetros de él, y se preguntó: ¿en qué momento le había permitido entrar tanto en su espacio?
Por otro lado, Simon continuaba sin voltear hacia arriba; prefería admirar lo bien que se veían sus manos con las de Lukas, mientras sentía el hipnótico calor que emanaba del joven frente a él. Calor, que fácilmente podría abrazar y sentir aún más cerca, pero desafortunadamente no tenía el valor para ello. Pensar en eso no le agradaba, por lo que prefería concentrarse en lo que tenía al alcance: la piel de las manos de Lukas era mucho más pálida que la suya, y de cerca podían notarse más claramente las venas debajo de ella. Podían parecer delicadas, pero estaban lejos de serlo; al recordar Simon que aquellas preciosas manos muy seguramente habían matado ya a alguna persona, una nueva convicción se apoderó de sus pensamientos.
El sonido del radio interrumpió su tren de las ideas, y Simon sonrió con ironía debido a la oportuna aparición de aquella canción. Se puso de pie sin soltar a Lukas, lo cual llevó al noruego a levantarse detrás de él, y lo siguió trastabillando hasta el centro de la estancia, la cual se inundaba de la melodiosa voz de una mujer. Confundido, cuestionó a Simon con la mirada, mientras éste solo sonreía.
Yours 'til the stars lose their glory
Yours 'til the birds fail to sing
"Ésta es una de las canciones que quería que escucharas," Dijo alegre. "Es nueva, apenas empiezan a transmitirla, pero me gustó desde la primera vez que la escuché."
Yours to the end of our life's story
This pledge to you dear, I bring
La melodía era ciertamente bonita, aunque Lukas no tenía ni idea de qué instrumentos eran los responsables de tal sonido. La voz de la mujer era también hermosa, sin embargo el noruego no entendía sus palabras. A pesar de eso, Lukas podía decir fácilmente que era la canción más perfecta que había escuchado en toda su vida. Algo azorado, dio un pequeño tirón de la mano de Simon, pues de su garganta no querían salir las palabras para preguntar en voz alta lo que le pasaba por la cabeza. Simon, que había estado viendo a la radio y tarareando junto a la mujer, volteó hacia Lukas y le sonrió con ternura. Era una sonrisa a la que Lukas no estaba muy acostumbrado, pero igual que cualquier otra de aquel mismo hombre, lo dejó con un placentero nudo en el estómago, y no pudo evitar devolver un poco el gesto en forma de una pequeña sonrisa de su parte.
Complacido y cegado por la felicidad, Simon soltó una de las manos de Lukas, solo para pasar su brazo por la cintura del noruego, y juntó un poco más sus cuerpos. El pecho de Lukas rozó el suyo, y de repente se sintió como si sus acelerados pulsos actuaran en sincronía.
Yours in the grey of December
Here or on far distant shores
Lukas, atrapado en el momento, pasó su propio brazo izquierdo por los hombros de Simon, y le permitió al danés guiarlo en torpes pasos de baile, acompañados por el ex teniente cantando en voz baja al ritmo de la canción:
I've never loved anyone the way I love you
How could I? When I was born to be just yours...[1]
Las mismas primeras estrofas volvían a repetirse, solo que ahora a la mujer la acompañaba un coro de otras voces. Simon era aparentemente muy hábil para detectar el ritmo, pues incluso el inexperto Lukas podía seguir sus lentos pasos acorde a la melodía sin llegar a un desastre de pisadas. Sus cuerpos continuaron juntos a cada momento, y Lukas sentía que su cabeza daba tantas vueltas, que podría dejarse caer al piso de no ser por los fuertes y firmes brazos de Simon rodeándolo.
"¿Qué es lo que dice la letra?" Preguntó Lukas sin estar totalmente consciente de ello. Observó a poca distancia la forma en que el rostro de Simon enrojeció gradualmente ante la pregunta.
"Soy tuyo hasta que las estrellas pierdan su gloria y hasta que las aves dejen de cantar..." Empezó a traducir acorde avanzaba la repetición de las estrofas, evitando el contacto visual con Lukas. Incluso sus orejas se teñían de rojo, y Lukas se empezaba a temer que el calor de su propio rostro reflejara lo mismo. "Soy tuyo aquí y en tierras lejanas... Nunca he amado a nadie como te amo a ti..." Lenta y tentativamente, subió la mirada hasta los profundos irises de Lukas mientras decía la última parte. Recordó que en una ocasión había visto aquellos ojos como algo opaco y sin vida; ahora, sin embargo, se presentaban ante él con su azul oscuro y profundo, más brillantes y esperanzados que nunca. "¿Cómo podría amar a alguien más? Si yo nací para ser tuyo..."
Debía estar traduciendo la letra; esa era la razón por la que originalmente Simon había dicho aquello. Sin embargo, Lukas no pudo evitar la avalancha de emociones atacándolo por cada dirección posible, pues la mirada que Simon le dirigía estaba lejos de ser algo platónico. Al terminar la canción, se detuvieron de inmediato en su lugar, sin apartar sus extremidades superiores de su lugar. Por alguna razón, Lukas había contenido el aliento, y lo dejó salir en un largo suspiro mientras intentaba en vano romper el contacto visual. Simon entonces soltó su agarre, y con una risa nerviosa, empezó a apartarse de Lukas.
"Es una bonita canción, ¿no?" Preguntó inseguro. Lukas asintió en silencio, y dicho estado se expandió entre ellos. En la radio se escuchaba aquella profunda voz sueca, que anunciaba la hora y otra canción. "No sé si ya te lo había dicho, pero yo conozco al comentarista de esa estación," Lukas continuaba asintiendo, sin apartar la vista del hombre frente a él. "Al principio puede parecer temible, pero en realidad es—"
"Simon…"
El aludido se detuvo al escuchar su nombre ser pronunciado de aquella forma por Lukas; se sintió como si por primera vez lo escuchara decirlo, y al pensar un poco en ello, probablemente sí era la primera ocasión en que el noruego se dirigía a él por su nombre. Esperó un poco a que Lukas hablara, pero el joven parecía falto de palabras. Sus mejillas estaban coloreadas de un precioso tono rojizo, y sus ojos lo veían expectantes, cristalinos… Entonces, Simon recordó la anterior convicción que lo había atacado antes de que iniciara la canción. En un movimiento presuroso, tomó ambas manos de Lukas entre las suyas, y lo vio con determinación.
"Lukas, quiero ser de utilidad," Empezó, un poco más rápido de lo que quería. "Quiero ganarme mi lugar aquí, quiero ganarme la comida que llega a mi boca, y también… quiero protegerte," Las manos de Lukas se encogieron bajo las suyas, y al darse cuenta de lo comprometedoras que sonaban sus palabras, Simon tragó pesado e intentó continuar. "Quiero protegerte a ti y a Emil, estando cerca… Quiero asegurarme por mis propios ojos que estarán seguros a todo momento."
Lukas aún se sentía como si fuera presa de algún hechizo que entumecía sus extremidades y su mente, pero intentaba luchar sobre eso y comportarse de manera racional. "¿Qué quieres decir?" Preguntó mientras devolvía a Simon la mirada.
"Por favor, Lukas, déjame unirme a ustedes," Habló de una manera en que parecía falto de aliento. "No importa si voy a ciegas a las misiones; si no confían en mí y no quieren darme información, no importa, solo… déjame ir contigo."
El joven noruego sintió que su pecho lo oprimía y no le daba suficiente aire, ya que al escuchar éstas palabras a manera de petición, imaginó a Simon corriendo junto a él por los peligrosos caminos que le esperaban en el futuro y no pudo evitar negar con la cabeza al considerar la remota posibilidad de que el danés saliera lastimado en alguna misión: no lo soportaría, no podría permitir que eso pasara.
"¿Has pensado de verdad en Emil? Si él pudiera elegir, no querría que yo me fuera, ¿crees que estaría de acuerdo con que tú también te arriesgues de esa forma?" Lukas habló despacio y con voz entrecortada, intentando mantener la calma, desviando sus preocupaciones hacia otro tipo de razones. "Él te necesita más, tu compañía le ha ayudado…"
"¡Pero eres tú el que desaparece durante semanas enteras!" Simon levantó la voz, y al dirigir Lukas su mirada hacia él, se encontró con un par de orbes azules que vibraban, llenos de temor e incertidumbre. "Me gustaría… asegurarme de que de verdad estás a salvo, en ese tiempo que pasas fuera…"
"Entonces, te irías tú también y Emil se quedaría solo," El noruego se cruzó de brazos, y tomó la postura vagamente autoritaria que usaba en las reuniones, decidido a no dejar que Simon continuara con la convicción de unirse a la resistencia. "Nadie puede estar completamente satisfecho, nunca; de cualquier forma, es preferible que te quedes aquí."
Como si la conversación se hubiera terminado, Lukas dio media vuelta, decidido a marcharse, pero una mano lo detuvo con un firme agarre en su muñeca. Acostumbrado a no tener que lidiar con contradicciones, Lukas se encontró genuinamente sorprendido al ver que Simon no planeaba rendirse. "No es preferible, me volveré loco aquí encerrado," Dijo, sin retroceder. "Y tampoco te estoy pidiendo ir en cada ocasión; de vez en cuando está bien—"
"Creo que ya te di mi respuesta," Lukas entrecerró un poco los ojos.
"Yo no estoy indispuesto por ningún motivo—"
"Eso no quiere decir que puedas desenvolverte de una forma en que nos sea útil."
"Te cuidaré la espalda, sin importar las circunstancias."
"Soy perfectamente capaz de hacerlo yo mismo, aunque no lo parezca."
Lukas simplemente respondía algo más a cualquier razonamiento que Simon le diera, y se encontraba cada vez con menos argumentos. "No por eso vas a negar ayuda que en cualquier momento puedes necesitar."
Por otro lado, el noruego se encontraba cada vez más impaciente por la terquedad de Simon. "Esa ayuda no necesariamente debes ser tú."
"Solo déjame acompañarte en algunas ocasiones, Lukas, no te hará ningún daño…"
Ese último comentario logró que Lukas cegara un poco su orgullo, y con expresión apenas colérica, respondió: "Pero te puede hacer un daño a ti. Los alemanes siguen buscándote, ¿no usas el cerebro?"
"Soy lo suficientemente maduro como para saber las posibles consecuencias de mis actos, aunque no lo parezca," Dijo el danés imitando de alguna forma una de las anteriores frases de Lukas. El noruego se mantuvo en silencio, pues siempre prefería callar a decir algo que después lamentaría. Simon notó que no habría más retroalimentación, pero que de igual forma sus comentarios no habían sobrepasado a los de Lukas, y suspiró derrotado. "Entiendo que te preocupes, pero debes comprender que yo de igual forma me siento inquieto… ustedes dos son ahora algo importante para mí, y no quiero perderlos."
Al escuchar eso, Lukas sintió una (ahora familiar) sensación de cosquilleo en el abdomen, que se expandió rápidamente como un virus por cada rincón de su cuerpo. Solo al considerar que para Simon él era especial, resultaba suficiente como para que su siempre estoica expresión amenazara con romperse en una sonrisa. Sin embargo, antes de que eso sucediera, Lukas de nueva cuenta apartó la vista del danés y emprendió camino hacia su casa. "Tendremos que ver cómo reacciona Emil a tus deseos egoístas, entonces," Dijo, ya sin ánimos de continuar con el tema y solo pensando en que debía llegar inmediatamente a la seguridad de su alcoba.
Cuando Simon le comentó a Emil su más reciente idea, el muchacho se tensó visiblemente, y por unos largos segundos se quedó sin aliento, viendo desde Lukas en una parte de la sala, hasta Simon que se encontraba sentado frente a él. Cuando Simon le aseguró que solo planeaba ir con Lukas en algunas misiones, no fue exactamente eso lo que ayudó a Emil a dar una respuesta, sino la mirada decidida con que el danés le veía y rogaba que le permitiera acompañar a su hermano.
"Si eso es lo que de verdad quieres, yo no soy nadie para impedírtelo," Dijo lentamente, mientras movía sus dedos en una demostración callada de su desesperación.
"Emil," Habló inmediatamente Lukas, poniendo total atención a los otros dos hombres en la sala. "¿Estás de acuerdo con esta locura?"
Steilsson se puso de pie de repente, y con la voz entrecortada, respondió a su hermano: "Ya vivo en medio de una locura, ¿no te das cuenta? Si yo fuera útil, no dudaría un segundo en ir contigo, por eso comprendo que Simon quiera acompañarte."
Lukas guardó silencio, ya que no contaba con una respuesta ante los obvios sentimientos de impotencia que Emil transmitía. Simon estiró los brazos, y tomó las manos de Emil entre las suyas. "No te preocupes," Le dijo en tono de consolación, y con completa seriedad. "Me aseguraré de que tu hermano vuelva aquí, cada vez."
Ambos hermanos observaron al ex teniente con ligera admiración. Emil entonces vió un distintivo brillo en los ojos de Simon, que le dejaron claras varias dudas que habían surgido para él en los últimos meses. "No seas tonto," Dijo por fin el islandés. "Debes asegurarte de volver tú también junto con él, no lo olvides."
En ese momento, Simon volteó hacia Lukas con una enorme sonrisa adornando su rostro. Gané, le decía claramente. El líder de la resistencia simplemente se limitó a cruzarse de brazos y salir del ligar rumbo a su habitación, pues ya no quedaba lugar para más discusión sobre el tema.
Solo, en un pequeño rincón de su mente, deseó que el mal presentimiento que tenía respecto a todo esto fuera solo a causa del temor que se había generado dentro de él al pasar los meses.
Notas:
[1]
Tuya hasta que las estrellas pierdan su gloria
Tuya hasta que las aves fallen en cantar
Tuya hasta el final de la historia de nuestra vida
Esta promesa, a tí, cariño, yo te traigo
Tuya en el gris de diciembre
Aquí o en costas lejanas
Nunca he amado a nadie de la forma en que te amo a tí
¿Cómo podría? Cuando nací para ser solo tuya...
La canción es Yours de Vera Lynn; el himno de esta historia. Utilicé 'tuya' en la traducción, porque es una mujer quien canta la canción; cuando Simon la tradujo, él utilizó su propio pronombre, además de que utilizó más interpretaciones ya que es difícil traducir directamente sin pensarlo dos veces.
En realidad... no pudo ser posible que ellos escucharan la versión de Vera en el año en que se ambienta esta parte de la historia (salió hasta los años '50), pero sí pudieron escuchar la versión de Jimmy Dorsey ('41). Cosa que no tiene mucha relevancia, por que igual me importó un cacahuate y, como esto es ficción, mis niños pueden escuchar la hermosa versión de Vera, y punto final.
Como sea, perdón por la tardanza, de verdad. Esta parte la tenía lista desde hace ya mucho, pero no quería publicarla hasta acomodar mis pensamientos y estar completamente segura de que quiero continuar este paseo en montaña rusa. Llegué a dudarlo mucho, por mi desesperación al no tener la inspiración necesaria, pero joder, sí que quiero terminar esto y con el tiempo que merece.
Por eso, me disculpo de antemano por las actualizaciones mega esporádicas, y les agradezco muchísimo a las personas que aún quieran darle una oportunidad a esta historia.
