If today your heart is weary
If every little thing looks gray...
Just forget your troubles and learn to say
Tomorrow is a lovely day [1]
16 de octubre, 1941.
En las afueras de Trondheim, Noruega.
Después de lidiar con el berrinche de Simon respecto a su inutilidad y cómo quería ayudar a la resistencia, Lukas vio casi imposible la idea de rechazar su ayuda, y más debido al apoyo que ciertos hombres de la resistencia mostraban a Simon. Por tanto, cuando Reidar Holt regresó de Suecia en agosto, listo para correr por ahí volando cosas por el aire, Lukas asignó a Simon con él, para que se habituara a algunos aspectos con su manera de trabajar. Al principio el danés se mostró en contra, diciendo que la razón por la que se quería unir a la resistencia era para mantenerse cerca de él, pero Lukas no permitió más libertades.
"Escúchame bien," Le había dicho Lukas después de oír pacientemente todo lo que Simon tenía por decirle. "Ahora mismo ya eres uno de nosotros, y puede que yo no los comprenda, pero mis compañeros de toda la vida me ven a mí como su líder," Para acentuar la autoridad que intentaba emitir, se puso de pie lentamente. "Y puedo sonar egoísta, pero tengo una muy mala costumbre respecto a mis decisiones siendo cuestionadas. Por lo que, espero que cierres la boca, y hagas lo que te digo. ¿Está claro?"
La forma en que la expresión de Simon se endureció, Lukas estaba seguro que nunca lo olvidaría. La respuesta del danés fue una simple afirmación a regañadientes, que muy seguramente ocultaba un considerable grado de descontento: "Como el cristal."
Emil había estado presente en el intercambio mientras comía en silencio, y había prestado una aparente nula atención, sin embargo vio claramente el arrepentimiento escalar por el rostro de su hermano mientras daba media vuelta y se alejaba del comedor.
Después de eso, el contacto y proximidad que Lukas y Simon habían aumentado, disminuyó en picada, hasta llegar a simples miradas distantes y pláticas relacionadas con las acciones de la resistencia, y ocasionales comentarios aleatorios durante sus comidas con Emil. Por mucho que a Lukas esto le molestara, había decidido que era mejor mantener distancia entre él y Simon, mucho más después de aquel baile negligente siguiendo al sonido de la radio.
Sin embargo, apenas se terminaba septiembre cuando Reidar regresaba a Suecia en su usual labor, y Lukas tenía de nuevo más responsabilidades de las que encargarse. La inconformidad de los hombres aumentaba gradualmente y con agresividad, debido al reciente inicio de una enorme construcción en un fiordo de Trondheim la cual, con ayuda de sus investigaciones, se enteraron que sería una futura base para submarinos [2]. Como consecuencia de esto, sus acciones se habían limitado a sabotear los cargamentos de materiales que llegaban a la ciudad, lo cual no resultaba tan difícil, ya que incluso sin la intervención de la resistencia, los alemanes la pasaban muy mal para transportar cualquier cosa en las cada vez más fuertes lluvias y las más recientes nevadas.
"Lukas, el camión se acerca," Arne Blom asomó la cabeza detrás del enorme árbol donde Lukas había estado sentado cargando con municiones su pistola Colt. El aludido inmediatamente se puso de pie, y siguió al muchacho hasta ponerse en cubierto con unos matorrales que se encontraban junto a la rústica carretera.
"Todos en posición," Susurró Bondevik, a lo que Arne respondió asintiendo. Desde una curva en el camino, a menos de cincuenta metros, se empezó a escuchar el sonido de un vehículo que se acercaba a una velocidad que Lukas asumió era muy lenta. Era de esperarse, ya que con el hielo cubriendo gran parte de la carretera, era difícil andar libremente en vehículos con ruedas que no fueran especiales para los climas fríos. No pasó mucho cuando una tosca camioneta se hizo visible a través de la espesa neblina que los rodeaba, y Lukas gritó al tiempo estimado: "¡Ahora!"
Inmediatamente, se escucharon disparos resonando entre los enormes árboles, y la camioneta dio un giro forzoso sobre sí misma después de que sus llantas explotaran por el contacto con varias balas desde diferentes direcciones. Se escucharon gritos en alemán desde el vehículo, al mismo tiempo que Lukas gritaba nuevamente para anunciar la siguiente acción. Al escucharlo, de entre los árboles salieron varios hombres armados que habían estado aprovechando el camuflaje en la nieve que sus atuendos grises les proporcionaban. Lukas se puso de pie igualmente, dejando a Arne detrás de forma protectiva, y avanzando de prisa hacia la parte trasera de la camioneta. Desde el frente, escuchó a sus amigos gritar números al mismo tiempo que sus armas disparaban contra los alemanes. Sus compañeros contaron hasta tres, y anunciaron que no quedaban más enemigos, lo cual le pareció a Lukas muy extraño. Entonces, detrás de ellos, se escuchó el motor de otro vehículo que se acercaba hacia ellos, junto con disparos aparentemente errados acompañados de maldiciones en alemán.
"¡Cúbranse!" Gritó Lukas al instante, y retrocedió por el camino en que había llegado, cuando vio de reojo a un cuarto alemán en el primer vehículo, que lo había estado esperando en la parte trasera. Le apuntó a Lukas directo a la cabeza, y se escuchó un disparo al mismo tiempo que Arne gritaba su nombre.
De manera un poco distorsionada, a Lukas le pareció también haber escuchado a Simon gritar en su dirección.
Después de disparar con éxito hacia el alemán, Lukas volvió hasta Arne, quien apenas había empezado a levantar su arma. "¡Al segundo!" Exclamó Lukas mientras se dejaba caer junto al muchacho. Siguiendo a su voz, los hombres abrieron fuego contra el segundo vehículo, cuyas llantas sufrieron un destino similar al primero, y después se dirigieron a los tripulantes. "Hey, ¿estás bien?" Preguntó al joven muchacho, quien lo veía sorprendido, seguramente por la velocidad con que Lukas había actuado antes. Los hombres continuaban disparando, y Lukas se mantuvo en su posición, como estaba acordado en caso de recibir por sorpresa un segundo invitado.
No pasó mucho tiempo cuando los hombres ya habían contado hasta seis, y anunciaban no más enemigos. Lukas se puso de pie y habló mientras se aproximaba: "¿Vieron las partes traseras? Iba un cuarto alemán en la primer camioneta."
"Todo limpio," Anunció Johan Agotness desde cerca.
"A pesar de nunca interceptarlos por aquí, ya nos esperaban," Escuchó Lukas que dijo uno de los hombres. Cuando los demás empezaban a comentar, Lukas les indicó que guardaran silencio, pues al pasar junto a los cuerpos inertes de sus enemigos, pudo ver que traían transmisores con ellos. Rápidamente les ordenó que tomaran todo lo que pudieran de ambas camionetas. Los hombres de inmediato subieron a los vehículos, y se dividieron las provisiones, municiones y cualquier otra cosa que pudieran llevar de regreso al pueblo.
En la carretera solo se escuchaban los sonidos de sus vestimentas rozando mientras tomaban cosas de las camionetas, así como el sonido del frío viento que golpeaba sus rostros. Ligeramente pasmado, Lukas se acercó a los cuerpos de los alemanes, y los despojó de sus botas y municiones. Cuando llegó junto al hombre que había asesinado, se quedó viéndole el rostro con detenimiento.
Otro para el recuerdo, se dijo a sí mismo amargamente. En muchas ocasiones se había maldecido por su costumbre de ver las caras de las personas a las que asesinaba, pues Lukas sabía que nunca podría olvidar esos rostros, sin embargo, también le parecía que era su deber observarlos y tener muy presente que él había sido responsable de aquella pérdida. Alguien le tocó el hombro de repente, y volteó para encontrarse con Simon viéndolo con el rostro falto de expresión.
"Ya hemos tomado todo lo que podemos llevar," Anunció secamente.
Lukas entonces retomó la compostura, y unos pocos minutos después, el plan continuaba su curso y los hombres se dividieron en diferentes caminos, cada quien con una pesada bolsa en los hombros.
Caminaron presurosos largo tramo, hasta detenerse en una pequeña cueva detrás de unos árboles, para quitarse las ropas grises de encima y quedar con sus atuendos normales de traje y abrigo. Lukas iba con Simon y Arne, dos de los más ruidosos miembros de la resistencia, sin embargo en esa ocasión habían estado más callados de lo usual. Una vez terminaron de vestirse, retomaron su camino hasta el pueblo.
"¿Qué tienes?" Preguntó Lukas en algún momento, después de cansarse de las miradas indiscretas que Arne le mandaba.
El muchacho comenzó a caminar en movimientos un poco erráticos, pero respondió de cualquier forma, pues si algo le sobraba, era el orgullo: "Yo… había olvidado que tú tienes mucha más experiencia en esto que la mayoría de nosotros, es todo."
Inconscientemente, las manos de Lukas se enredaron en tensos puños a cada uno de sus lados. No le agradaba ese tema de conversación, y tanto Arne como Simon pudieron notarlo cuando su líder les respondió, intentando mantener su usual tono neutral: "No de una forma en que me guste presumir."
Claramente afectado por la atmósfera entre ellos, el muchacho Arne volteó hacia Simon, buscando su apoyo. El danés simplemente se encogió de hombros, al mismo tiempo que podían ver entre los árboles lejanos las pequeñas casas del pueblo.
La calidez de la casa de Johan Agotness les dio la bienvenida después de su larga caminata matinal. Dentro, ya los esperaban algunos otros hombres que habían estado con ellos en el asalto a los alemanes. Esperaron por unos pocos minutos, y una vez estuvieron todos reunidos, Lukas empezó una reunión para realizar el recuento de todo lo obtenido en la misión, aunque al final dicha reunión terminó siendo liderada por los miembros mayores de la resistencia. En los días que habían pasado, Lukas había vuelto a mostrarse más centrado en sus actividades, y al mismo tiempo, los hombres mayores habían empezado a tomar más iniciativa con el liderazgo.
"Me di cuenta de que te estamos poniendo mucho peso en los hombros, Lukas," Le había dicho Niels Hansen en una fría noche en el bar del pueblo. Los hombres habían notado que Lukas se apoyaba mucho en la presencia de Reidar cuando regresaba junto a ellos, y decidieron actuar al respecto. "Los muchachos de Trondheim cada vez organizan más planes contra los alemanes, y éstos han estado levantando desesperadamente cada vez más inocentes en las calles de la ciudad con la finalidad de parar éstos sabotajes. Será mucho más seguro para nuestro grupo dividir las responsabilidades del líder, así como más seguro para ti."
"No es necesario que hagan esto. Mi responsabilidad—"
La protesta de Lukas se vio interrumpida por Rolf Vinter, dueño del bar, que desde el otro lado de la barra le pasó a Bondevik un vaso con agua. "No podemos dejar que todo lo hagan los jovencitos," Dijo Rolf, sonriendo con tranquilidad. "Si piensas que esto es tu responsabilidad por todo lo que logró tu padre, y por todo lo que dejó atrás, te equivocas. En ese caso, es más nuestro deber, como sus originales compañeros."
"Tú ni siquiera estabas presente cuando él planeó todo aquello, Lukas. Cuando volviste, llegaste directo a postrarte en cama, herido," Niels se llevó su tarro a los labios, y saboreó el líquido en él con calma. "Nosotros fuimos parte de los planes de tu padre desde el inicio, y nos queda a nosotros continuar con lo que anhelaba."
"De igual forma, debemos cuidar a sus dos queridos hijos también."
Las cálidas sonrisas de ambos hombres habían quedado grabadas en la memoria de Lukas, lo cual no era diferente de todo lo que el noruego veía, sin embargo había un sentimiento especial detrás de ellas. Recordó con admiración la determinación que se escondía detrás de aquellas amables expresiones, y agradeció para sus adentros tener unos compañeros tan confiables.
De repente, Simon le habló diciendo que la reunión había terminado, y Lukas abrió los ojos; ni siquiera supo en qué momento había llegado a cerrarlos. Asintió automáticamente, y se llevó al hombro la bolsa con el calzado que había recuperado de aquellos cadáveres alemanes. Se despidió de todos los presentes, y se marchó con rumbo a casa, Simon siguiendo sus pisadas en silencio.
El silencio entre ellos era asfixiante.
Hace unos meses, habían estado a unos cuantos centímetros de distancia, bailando la canción más hermosa que Lukas había escuchado en su vida, y ahora se encontraban caminando uno delante del otro, como si fuera una ofensa caminar a la par. Al recordar la sonrisa de Simon, el firme agarre de sus brazos, el calor que emitía tan cerca de él, Lukas no pudo evitar sino fruncir el ceño con frustración.
Sabía que era mejor para ambos mantener la distancia. Sabía que era lo correcto alejarse de aquel danés y concentrarse en vivir su vida como la había estado viviendo antes de conocerlo, sin embargo Lukas solo deseaba volver a estar cerca de Simon, muy cerca, para sentir su aliento y sus manos contra su piel.
Anhelaba tocar a Simon como nunca había deseado tocar a ninguna otra persona. Solo un roce de sus rodillas al sentarse uno junto al otro estaba bien, solo un toque accidental de sus manos era más que suficiente, pero Lukas ya conocía la dicha de un contacto más íntimo que eso, y sabía que con la actual comunicación entre ellos la oportunidad de que algo parecido volviera a ocurrir era casi nula.
Llegaron a casa, y no dijeron una sola palabra en el camino. Lukas se dispuso a entrar a su hogar, y vio por el rabillo de su ojo que Simon iba directamente a la casa contigua, sin decir una palabra.
Al diablo con lo correcto, pensó una pequeña vocecita dentro de la cabeza de Lukas.
"¿No vendrás a comer?" Preguntó, con su voz calmada de siempre, como si segundos atrás no hubieran estado en medio de la caminata a casa más incómoda de la historia.
Simon volteó a verlo con los ojos muy abiertos. Casi de inmediato, una genuina y cálida sonrisa de expandió por sus mejillas. "Claro, solo me asearé un poco en casa."
Lukas asintió, e ignorando el calor que sentía en su rostro, cerró la puerta detrás de él luego de entrar a su hogar. Lukas había notado que, recientemente, la casa abandonada del vecino se había convertido en la casa de Simon. Los meses en que el danés vivía junto a ellos habían pasado rápido, y cada vez era más considerado por los otros como un compañero que como un extraño.
"Lukas…"
Levantó la vista el aludido para observar a Emil, quien parecía estar conteniendo el aliento mientras apretaba con fuerza entre sus dedos su delgada camisa de noche, la cual aún vestía a pesar de estar ya estrada la mañana.
"Emil, hace frío, ¿qué crees que haces vestido así?" Lukas avanzó hacia su hermano luego de tirar en el piso la bolsa que llevaba, mientras se quitaba el abrigo; pero antes de ponérselo en los hombros a Emil, el muchacho se abalanzó sobre él y apretó su pecho en un abrazo desesperado.
"Desperté y no estabas en tu cuarto," Dijo con la voz contraída por tener el rostro en el pecho de Lukas.
"Ya sabías a dónde iríamos, ¿pasó algo?"
De repente, Emil se alejó de él y le dio un pequeño empujón. "¡Pasa que te fuiste sin avisarme!"
"Estabas dormido, no quería molestarte," Lukas pasó ligeramente sus helados dedos por la mejilla de su hermano, y sonrió un poco. "Te veías tan lindo durmiendo, que no tuve el corazón para despertarte."
"¡Sabes a qué me refiero!" Las ahora coloradas mejillas de Emil arruinaban su acto de mostrarse enojado. Después, volteó hacia el piso y bajó los hombros. Lukas inmediatamente captó el cambio en su humor y borró la sonrisa de su rostro. "No te vayas sin despedirte…" Murmuró el muchacho, sin soltar los lados del tórax de Lukas. "No lo hagas, nunca… Por favor…"
Lukas se sintió la persona más imbécil del planeta en ese momento. Recordó el día en que su padre fue asesinado. Él tenía poco de haber regresado de Finlandia, ya que fue voluntario para apoyar a su nación hermana en la guerra, y al llegar a casa había tenido que estar postrado en cama unas cuentas semanas. El día en que su padre se marchó hacia Trondheim a su muerte inminente, el hombre asomó la cabeza al cuarto donde estaba Lukas, le sonrió, se despidió, dijo que volvería pronto, y le pidió que cuidara a Emil mientras tanto. Emil estaba en casa de Eirik en ese momento. Su padre no logró decirle un 'te veré pronto' o un 'cuídate mucho, regresaré en la tarde'. Lukas no se había detenido a considerar ni un poco lo que ese hecho había repercutido en Emil.
Tomó a su hermano entre sus brazos, y lo estrechó firmemente, contra sí. "No lo haré, nunca más, te lo prometo," Dijo a los cabellos plateados de Emil, justo arriba de su oreja. Su hermano se estremeció un poco al contacto de su aliento con su piel, pero le devolvió el abrazo de igual forma.
Un fuerte ruido dentro de la casa los devolvió a la realidad. Se separaron rápidamente, y en un instante Lukas estaba frente a Emil, protegiéndolo de lo que sea que hubiera causado ese ruido. Los hermanos vieron a Simon, con ojos muy abiertos, mientras se tropezaba con una silla que estaba en el piso.
"Lo… lo siento," Dijo el danés, con las mejillas un poco rojizas. Luchaba con la silla en un intento de levantarla y ponerla en su lugar. "No quería interrumpir, yo, entré y los vi, pero inmediatamente decidí irme, y… la silla, huh…"
Lukas resopló una risa, mientras se devolvía a la entrada de la casa para levantar el antiguamente olvidado costal lleno de botas y otras cosas. Emil igualmente rió, pero con más libertad.
"No te preocupes," Dijo el muchacho mientras se adentraba a la cocina. "¿Desayunarás con nosotros, supongo?"
Simon asintió en afirmación, y Lukas pasó a la estancia para abrir su bolsa y tirar todo su contenido en el piso. Seguido de ello, el noruego se sentó con las piernas cruzadas en la fría madera, y se despojó de sus propios zapatos, viejos, sucios y muy desgastados.
"Bien, entonces esperen un poco en lo que preparo la comida," Anunció Emil un poco más animado que de costumbre, para después desaparecer en la cocina.
De forma un poco incómoda, Simon tomó asiento en una de las sillas de la estancia, y observó con atención lo que Lukas hacía. Luego de quitarse sus zapatos, el joven se probó algunos pares de botas que había recolectado, haciendo muecas que Simon no sabía interpretar muy bien. Entonces, dobló su cuerpo a la izquierda, hasta un pequeño mueble, y de él tomó una caja de madera que parecía ser muy pesada. Al abrirla, Simon pudo ver diferentes tipos de herramientas que no comprendía, pero Lukas sacó con parsimonia diferentes objetos, y entre ellos, un hilo muy grueso acompañado de una enorme aguja intimidante.
Hizo a un lado los zapatos, y se quedó con un solo par de botas frente a él, las cuales tomó entre sus manos y les empezó a descoser al final de la caña, en el cuello del calzado. Simon se quedó asombrado con la habilidad y rapidez con que Lukas trabajaba. Una vez descosió esa parte de ambas botas, de la caja de madera sacó unos pedazos de cuero y una cinta de medir. En cuestión de minutos, Lukas ya había medido, cortado, y cosido nuevos cuellos a las antiguas botas negras de algún alemán que ya no existía más en este mundo. Enseguida, con los mismos pedazos de cuero, hizo dos recortes cuadrados que empezó a coser con diligencia en el talón de ambas botas. Simon estaba tan concentrado en el trabajo de Lukas, que no escuchó cuando Emil les avisó que ya estaba listo el desayuno.
Lukas sí lo escuchó, desafortunadamente. Apenas había sacado unas pequeñas botellas de olor muy penetrante (que Simon asumió, era pintura), cuando se puso de pie y se dirigió a la mesa. Simon hizo lo mismo, aunque un poco a regañadientes.
"¿Algo bueno?" Preguntó Emil una vez estuvieron sentados (una vez que les exigió que se lavaran las manos).
"Tendremos zapatos nuevos," Asintió Lukas. "Además de las modificaciones, a los tuyos les debo volver a pegar una parte de la suela, pero no es mucho. También me quedé con unos que parecen de la talla de Simon. Los demás no nos sirven, se los llevaré a Johan después de arreglarlos."
"¿Cómo sabes que nos quedan si no los hemos usado?" Preguntó Simon, ya sin soportar el hecho de mantenerse callado.
Lukas volteó a verlo directamente, y parpadeó de forma inocente dos veces, como si la pregunta de Simon no tuviera sentido. "¿Cómo? Sé sus tallas."
"También debes saber la tuya, y aún así te probaste diferentes pares."
"Como siempre, la única persona a la que Lukas no le puede poner zapatos correctos a la primera, es a él mismo," Intervino Emil; en su voz había un ligero tono de burla, pero que era superado por un toque cariñoso escondido por ahí.
Simon tarareó un pensativo 'hm', mientras saboreaba una cucharada del desayuno que preparó Emil. "¿Y por qué los modificas?" Preguntó después, la curiosidad ganándole.
"Para que los alemanes no nos vean de forma sospechosa al caminar por Trondheim con sus calzados, ¿no es obvio?" Lukas rodó los ojos de forma casi imperceptible.
"Supongo que sí… ¡Como sea, fue genial lo que hiciste antes! Tan rápido y suave," Simon hizo algunos ademanes para dar énfasis a lo que decía. Volteó hacia Lukas con ojos brillantes y una enorme sonrisa.
Lukas tosió un poco ante aquella vista, y bajó su cuchara lentamente hasta colocarla junto a su plato. Después, levantó el brazo derecho en la pose que usualmente tomaban los hombres musculosos para lucir sus bíceps, y con expresión neutral dijo: "Claro, yo era la mano derecha de papá en la zapatería, que no te sorprenda."
Para Simon, aquella escena pareció especialmente graciosa por la manera seria en que Lukas había hablado, y por el hecho de que sus brazos eran muy delgados. Emil había dejado de comer pues tuvo que organizar sus pensamientos y asimilar que su hermano justo había bromeado con Simon. "¿Tenían una zapatería, entonces?" Preguntó el danés después de reír un poco.
"Teníamos, tú lo has dicho. La vendimos."
Lo dijo sin dar a conocer el punzante dolor que atacaba su pecho cuando pensaba en su antigua zapatería, olvidada y podrida en una de las calles de la ciudad. Emil solo agachó un poco más la cabeza frente a su plato.
"¿Así como vendieron su radio?" Preguntó Simon, luego de recordar aquella conversación con Lukas.
"Sí, exacto," Lukas asintió sin darle mucha importancia. "Yo no estaba aquí cuando fue la invasión, y papá decidió que era mejor vender nuestras posesiones más valiosas antes de que los alemanes decidieran que podían hacer lo que se les antojara con ellas."
"¿Y dónde estabas?"
Ante aquella pregunta, ambos hermanos se tensaron visiblemente. Emil levantó los hombros de manera defensiva, y Lukas, de nuevo, dejó sus cubiertos de lado.
"No… no debes responder, claro. Si no quieres," Intentó arreglar la situación, pero Simon ya se había dicho a sí mismo que era muy tarde para ello.
"Estaba en el frente del norte, en Finlandia. Varios de los jóvenes del pueblo fuimos a apoyar contra los soviéticos," Lukas respondió sin demostrar algo más allá de aburrimiento. "No es algo de lo que disfrute hablar." [3]
De repente, para Simon, muchas cosas tenían sentido ahora. Asintió solemnemente, para después hablar. "Estuve ahí, por muy poco," Se encogió de hombros, intentando mostrar el mismo aburrimiento que Lukas. Lo logró con facilidad; Lukas no era el único en esa guerra que sabía ocultar sus verdaderos sentimientos. "Mis superiores me dieron órdenes directas de regresar, pues Monica sufrió unas fallas que no podían ser reparadas por falta de piezas."
Lukas asintió de regreso, considerando aquello. "Lo recuerdo. Todos estaban furiosos. Necesitábamos el apoyo."
Un silencio sofocante tomó lugar entre ellos, el cual fue roto por un largo suspiro de Emil. "No fue su culpa que tuviera que regresar," Dijo despacio. "Pero de igual forma, ya no vale la pena hablar de eso."
"Cierto," Coincidió Lukas, para volver a comer en silencio.
Simon sonrió con tristeza. "Aún así, una disculpa no está de más."
"Ya déjalo, y cómete eso."
Por el resto del desayuno solo se escucharon los cubiertos moverse y el aire helado chocando contra la ventana de la cocina.
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Luego de desayunar, Lukas volvió a su deber con las botas, justo después de que Emil se marchara al trabajo con el señor Raske. Pintó las que modificó primero, y las puso a secar mientras arreglaba las de Emil. Resultó ser que ambos pares quedaron perfectos a su hermano y a Simon, y éste último insistía en sentarse junto a él para verlo trabajar, mientras hacía ligeros ruiditos de sombro. Lukas fruncía el entrecejo y le repetía que se mantuviera callado una y otra vez, sin embargo era difícil de ocultar el rubor en sus mejillas cada vez que Simon le sonreía luego de un elogio. El danés veía sus reacciones con cariño, y apreciar las diferentes expresiones de Lukas solo lograba que no quisiera apartarse de su lugar junto al noruego mientras éste continuara ocupado.
Viendo a Lukas trabajando, haciendo un pequeño puchero al concentrarse, con ligero rubor en su rostro, Simon se preguntó cómo pudo pasar tanto tiempo alejado de él, intentando ignorar los cada vez más fuertes sentimientos que ahora asociaba con el noruego. Claro, Lukas había estado molesto por su petición de ir con él a las misiones, y Simon lo entendía, sin embargo no era nada fácil recibir el trato frío y condescendiente del noruego luego de haber estado tan cerca de él, luego de haber colocado una mano en su cintura, luego de haberle recitado una confesión de amor disfrazada gracias a una canción.
Y por esas razones, Simon se había encontrado más que feliz cuando Lukas lo invitó a comer, por eso se apresuró tanto en asearse con trapos mojados para quitarse la tierra que le había quedado de la misión, por eso intentó incluso acomodarse un poco su alborotado cabello, y por eso entró a prisa a la casa continua, tirando una silla y arruinando un momento de intimidad.
Eso último resultó no ser tan malo, ya que logró robarle una risa a Lukas, así como logró destrozar la palpable incomodidad que estaba entre ellos desde algunos días atrás.
A Simon le parecía curioso que a pesar de los intentos de Lukas por alejarlos, volvieron a sentarse uno junto al otro cómodamente e incluso ahora se relacionaban de una manera más cercana.
Lukas estaba ahora trabajando en el par de botas para Simon, cuando el joven movió hacia atrás, de forma distraída, un poco de cabello que caía en sus ojos. Entonces, Simon vio el curioso broche plateado para cabello que traía Lukas en la parte izquierda de su cabeza, y recordó una antigua curiosidad.
"Siempre usas ese broche, ¿cierto?" Preguntó Simon en voz baja.
"Solo en lugares de confianza, nunca en la ciudad," Lukas respondió sin apartar su concentración de la tarea a mano.
"¿Cómo conseguiste algo así?"
Ante la pregunta, Lukas levantó la vista hacia Simon y lo escaneó profundamente con una ligera mueca de inconformidad. Simon inmediatamente levantó ambos brazos, en señal de rendición. "¡Solo lo digo porque no pareces el tipo de persona que usaría accesorios para el cabello!" Se defendió enseguida. Lukas no parecía convencido, por lo que el danés continuó balbuceando. "No estoy asumiendo el tipo de persona que eres, tampoco, solo… por la impresión que das… pareces más alguien que querría darse a respetar, ¿sabes? ¡N-no digo que el broche cause que no te respeten! Claro que no, de hecho ni se nota si no te fijas con cuidado," Lukas solo fruncía el entrecejo ante cada cosa que salía de la boca de Simon, y el joven se encontraba cada vez más diciendo cosas sin sentido mientras sentía su rostro arder de la vergüenza. "¡Ah, pero, tampoco es que te esté mirando fijamente! No creas que soy un… un pervertido que se te queda mirando para notar pequeños detalles; aunque ese broche te queda muy bien, de verdad, ¡y no se necesita verte mucho para saberlo! Solo… de reojo es suficiente…"
Para el momento en que Simon había terminado por fin de hablar, su rostro estaba completamente rojo, tanto que Lukas pensó que si ponía atención podría ver humo saliendo de sus oídos.
En noruego decidió no hacer mención a esto, ya que él mismo sentía algo de calor en su rostro, e inconscientemente, dejó de lado todas sus herramientas para levantar una mano hasta el lugar en su cabello donde estaba aquel broche metálico. Este broche… ¿me queda… bien? Pensó Lukas mientras consideraba con cuidado las palabras de Simon.
"¡Sí, de verdad te queda bien!" Exclamó el danés, aparentemente de la nada. Lukas se quedó confundido por un momento cuando se dio cuenta de que al parecer, no pensó lo anterior, sino que lo dijo en voz alta…. "Es simple y pequeño, y queda muy bien con tu cabello…"
De repente, toda la conversación golpeó a Lukas y le hizo darse cuenta de todos los elogios que acababa de recibir de parte de Simon, y ahora no solo sentía 'algo de calor' en el rostro, sino que estaba hirviendo.
Para desviar sus pensamientos de todo aquello, Lukas decidió concentrarse en lo que Simon le había preguntado para llegar a ese desastre. "Mi mamá," Dijo presuroso, y el solo recuerdo de su madre le ayudó a extinguir cualquier fuego que había empezado a formarse dentro de sí. "No la mamá de Emil, sino mi… madre. Ella me dio este broche."
"Ya… ya veo," Simon asintió, al parecer se había calmado de igual forma. "¿Era especial para ella?"
"Sí, supongo," Lukas continuaba respondiendo solo por el bien de mantener su sanidad; o al menos eso se decía a sí mismo. "No es de un material caro, ni nada parecido, pero… es el único recuerdo físico que me queda de ella."
"No sabes cuánto me alegra escucharte decir eso," suspiró Simon, para después sonreír con un aire de soledad en ello. "Por la forma en que reaccionaste cuando te mostré aquella fotografía, pensé que no te gustaban ese tipo de recuerdos."
Lukas volteó hacia un lado para ver al danés un momento, y luego desvió de nuevo su mirada. "No me lo dio con la intención de que lo usara," Continuó, sin responder al comentario de Simon. "Seguro ese pensamiento ni siquiera cruzó por su cabeza. Ella solo deseó que me quedara con algo, para después pasarlo a alguien más, y así sucesivamente."
"No puedes saberlo con seguridad," Simon estiró una mano, y la pasó delicadamente sobre el broche, que aún estaba en su lugar sosteniendo unos cuentos cabellos de Lukas. "Quizás ella estaba consciente de que te quedaría perfecto."
Tomado por sorpresa, Lukas abrió la boca para decir algo incoherente en medio de su estupefacción, pero fue interrumpido por un rápido golpeteo en la puerta principal.
Simon sintió un escalofrío al ver la forma tan natural en que Lukas inmediatamente puso sobre su rostro una máscara de fría neutralidad, para después levantarse y dirigirse a la puerta, como si nada acabara de pasar entre ellos dos. Simon lo siguió de cerca, pero se quedó atrás de una pared para no ser visto. Al llegar al frente de la casa, Lukas dio varios toques rítmicos a la puerta, los cuales fueron respondidos inmediatamente por otros diferentes. Después de eso, Lukas abrió la puerta y por ella pasó rápidamente Eirik Solverg, quien cerró detrás de él.
"Discúlpame Lukas, vine rápido y olvidé usar las claves," Dijo el muchacho, sin aliento. Al parecer había trotado hasta ahí. "Llegó Jan de Suecia, todos nos estamos juntando en su casa para el reporte..."
Apenas escuchar el nombre 'Jan', Lukas tomó su abrigo y bufanda. Luego se adentró a la casa para ponerse sus zapatos (los viejos y rotos, pues los otros no se habían secado) y le dijo a Simon que se preparara para ir a la casa de Jan Munch inmediatamente.
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La casa de la familia Munch estaba tan cubierta de polvo como llena de hombres escuchando al dueño del lugar hablar sobre su estancia en Suecia. Les habló sobre varias de las familias de los hombres presentes, pues la gran mayoría se había encargado de que sus seres queridos estuvieran lejos del peligro en la neutral Suecia. Contó historias sobre sus compañeros que se encargaban de mandarles provisiones, así como rumores sobre el enemigo, posibles situaciones peligrosas, transmisiones de los aliados y cualquier cosa remotamente útil.
"¿Cómo está Selma?" Preguntó Johan Agotness en algún punto. Selma Sörensson, al igual que Reidar Holt, viajaba de Suecia a Noruega para entregar provisiones a la resistencia.
Inger Vinter, la hija de Rolf, dueño del bar del pueblo, asintió vigorosamente, pues le interesaba mucho saber el paradero de su mejor amiga y compañera en la resistencia. "¡Hace muchísimo que no viene!" Dijo la muchacha, para después ser mandada a callar por su padre.
"Lo sé, lo siento por eso," Sonrió Jan, a forma de disculpa. "Ayudó mucho a Helga en sus últimos meses de embarazo y también en el parto. Ahora mismo le ayuda cuidando al bebé, ya que decidí regresar."
Helga era la esposa de Jan, quien había estado embarazada cuando fue trasladada a Suecia en la última misión de escape, en mayo. Jan se quedó con ella hasta que nació su bebé, pero después de unos meses volvió a Noruega para seguir apoyando a sus compatriotas. Lukas no estaba del todo de acuerdo con esto; él consideraba que Jan ya no regresaría, pues tenía un deber con su recién formada familia, y sin embargo, ahí estaba. Necesitaban ayuda, claro, pero a Lukas no dejaba de molestarle un pequeño detalle…
Al parecer algo de su inconformidad se mostró en su usualmente neutral rostro, pues Jan se puso de pie, y le dio una palmada en el hombro. "Sé lo que estás pensando, pero no debes preocuparte. Todos aquí tienen familia o alguien a quien regresar, Lukas, y aún así todos arriesgan su vida," Señaló con brazos abiertos a los hombres a su alrededor. "Y no pienso poner una pobre excusa para ocultar mi cobardía. Tengo miedo de morir, por supuesto, y tengo miedo de no volver a ver a los que amo, pero tengo más miedo al pensar lo que harían los alemanes si no les saboteáramos sus planes. No voy a abandonar a mis compañeros en esta guerra."
Los hombres alrededor gritaron y silbaron ante las motivadoras y leales palabras de Jan Munch. Lukas inconscientemente volteó hacia Simon, quien veía con expresión seria el momento de felicidad y orgullo que desfilaba entre los hombres de la resistencia. Claro que necesitamos ayuda, pensó Lukas amargamente. ¿Pero qué hay de las personas a las que dejamos atrás? ¿Cuánto no llorará Helga en las noches, por la sola idea de perder a Jan y estar tan lejos?
Simon entonces volteó a verlo, y le sonrió ligeramente. Lukas sintió que su corazón se encogía en su pecho. ¿Cuánto dolerá esa incertidumbre?
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24 de diciembre, 1941.
Trondheim, Noruega.
El paisaje en la ciudad era completamente blanco. La nieve se acumulaba en grandes cantidades por los callejones de Trondheim, y significaban una gran ventaja para los hombres en la resistencia, ya que todos estaban más que acostumbrados a andar por la nieve, incluso en medio de ventiscas. Los alemanes eran unos novatos; no comprendían la versatilidad de aquel manto inmaculadamente blanco que se extendía a su alrededor, ni los caprichosos cambios climáticos.
Con el avance del tiempo, además de la llegada de las fuertes nevadas, y más frecuentes lluvias, llegó también un clima mucho más frío e insoportable. Al menos, eso parecía ser para los alemanes, quienes a pesar de estar acostumbrados también a los climas fríos, no parecían soportar muy bien los aires del norte.
"Les está yendo muy mal, cada cinco segundos se quejan por el frío a pesar de llevar más de cinco capas de ropa encima," Dijo Morten Silje, acompañado de muchos ademanes exagerados con las manos. A pesar de ser la persona que más peligro pasaba en la resistencia, ya que trabajaba con los alemanes directamente y servía como espía para Lukas, seguía siendo tan vivaz y animado como siempre. "¿Sabes qué llevo yo? Mi uniforme y mi abrigo," Se señaló a sí mismo y a su abrigo, el cual había acomodado en el respaldo de su silla. "Sé que no necesitas que te diga esto, claro. Seguro debes haberlo notado ya."
Lukas asintió simplemente, mientras dejaba que Morten continuara con su informe. El restaurante en el que estaban contaba con muy poca gente alrededor, a pesar de ser justo medio día. El frío mantenía a muchas personas encerradas en sus hogares, sentadas junto a la chimenea y contando historias de navidades pasadas. Lukas no tenía el lujo de pasar estos días así, mucho menos con todas las ventajas que les traía la nieve y el frío.
Morten acababa de terminar de hablar sobre lo desesperados que estaban los altos mandos por todos los repetitivos ataques de los rebeldes contra ellos, cuando ya estaba anunciando su retirada. "Lo siento, pero sabes que no puedo quedarme mucho tiempo," Le dijo, con una seriedad sepulcral. "Están debilitados, pero tienen los oídos más agudos que nunca. Si notan que alguien desaparece por más de diez minutos, se desata el caos en las oficinas."
Lukas lo sabía. Desde la ocasión en que Arne Blom contactó a Morten para colocar aquellas bombas de manera estratégica, los alemanes habían estado cada vez más atentos de sus colaboradores, y Morten se veía obligado a pasar más poco tiempo en las reuniones con Lukas. Esto era estresante, aunque no resultaba tan molesto como se esperaba, puesto a que el clima les era de gran ayuda por ahora. Claro, que Lukas temía el día en que las nevadas cesaran, pues no tendrían al clima de su lado, y tampoco a Morten.
"No te preocupes, nos vemos la próxima," Lukas se puso de pie junto a su acompañante, quien ya estaba listo para partir. "¿Tienes libre esta noche? Puedes venir a cenar con nosotros al pueblo, han preparado smalahove."
"¿De verdad?" Morten hizo un ruido ahogado de dolor, ante la mención de aquella comida. "Me encantaría, pero no puedo… pásala bien por mí, ¿de acuerdo?"
Después, Morten salió del establecimiento mientras se despedía sacudiendo ligeramente una mano. Una vez Lukas lo perdió de vista, se dirigió al mostrador para pagar por el café que no bebió, y al pasar por las mesas rumbo a la puerta, un hombre se unió a él en su andar.
"Te dije que no necesitabas venir," Dijo Lukas con calma, y continuó caminando con parsimonia incluso al estar afuera, a merced de los helados vientos en Trondheim.
"Sé que confías en él, pero pudieron haberlo seguido," Respondió Simon con total confianza, a pesar de estar visiblemente temblando por el frío.
"¿Y crees que serías de ayuda? Apenas puedes caminar. Eres peor de resistente al frío que los alemanes," Lukas dio vuelta en una esquina, seguido inmediatamente por Simon, quien se abrazaba a sí mismo y frotaba sus brazos cubiertos con abrigos.
El danés respondió con un débil bufido, y Lukas rodó los ojos. A pesar de la molesta terquedad de Simon, Lukas no podía evitar una pequeña sonrisa abrirse paso por sus facciones.
"¿Y Johan?"
"Nos está esperando," Respondió Simon, quien ahora lideraba el camino cual seguir. Luego de un momento de duda, habló de nuevo: "Pareces muy cercano a Johan; al menos más de lo que eres con los otros."
Lukas alzó una ceja de forma sugestiva, e intentó no reír al ver que Simon había fruncido el entrecejo. Estos son… ¿celos? Emil ponía una cara parecida cuando era pequeño…
"No lo sé," Dijo finalmente. "Lo conozco desde que somos pequeños, justo como a muchos otros. Quizás sea eso."
Simon no pareció convencido, pero casi inmediatamente olvidó aquella conversación. En su lugar, empezó a hablarle a Lukas sobre el festín que tendrían esa noche.
"Cierto… ¿no se supone que ayudarías con eso?" Preguntó Lukas mientras pasaban cerca de un alemán que intentaba parecer intimidante a pesar de que su quijada temblaba en su lugar.
"¿Qué dices? ¡La comida ya está lista! Nos ha quedado deliciosa, a pesar de que Inger casi lo estropea todo…" Simon continuó hablando sin ponerle atención al enemigo, y éste, de igual forma, les permitió pasar sin siquiera dirigirles la palabra. "Cuando dijo que ayudaría me sentí confiado, pues pensé que sabría cocinar muy bien, ¡pero luego sale con que no sabe diferenciar siquiera una cazuela de un cazo!"
"Inger no es muy buena con eso, pero tiene una puntería asesina," Dijo Lukas, sin permitir que en su rostro se dejara ver su diversión ante la sorpresa de Simon.
"Es una lástima que su padre no le permita ir con nosotros. Pero no puedo culparlo, yo tampoco lo permitiría," La nieve se escuchaba crujir debajo de sus botas con cada paso que daba. A Lukas le habían quedado hermosas luego de las modificaciones, y Simon se las calzaba casi todos los días. "¡Ah! Pasó algo importante, casi lo olvidaba. Preparamos brunost (el cual quedó delicioso), y Emil empezó a hablar de su madre."
Lukas volteó de lleno hacia Simon, pero al ver la sonrisa feliz en su rostro, el noruego se sintió calmado al instante. No dijo nada, solo permitió que Simon continuara. "Me sentí tan feliz, porque él también lo estaba, Lukas. Recordó el brunost que ella solía preparar, y habló con tanto cariño… desde que llegué aquí, no lo había visto tan tranquilo."
Aún no respondía, pero al escuchar aquello, Lukas sentía que podría sonreír sin problemas solo al imaginar a su hermano de esa forma.
"Sé que es muy difícil, lo sé," Continuó Simon, solo que su tono de voz se escuchaba un poco más apagado. "Pero me gustaría que volviera a mostrarse así más seguido. Quiero que siga encontrando pequeños momentos que le permitan ser feliz genuinamente."
Lukas exhaló con pesadez. "Emil ha perdido mucho, en muy poco tiempo. No se le puede culpar de nada."
La camioneta de Johan Agotness se alcanzaba a ver estacionada a menos de treinta metros. Antes de llegar y tener compañía, Simon dio un último comentario acompañado de una sonrisa triste: "Tú también has sufrido pérdidas, no solo él."
Lukas se sintió un poco culpable. Sabía que Simon quería lo mejor para él, y el danés insistía en que sería bueno que en ocasiones mostrara debilidad para no mantener las emociones encerradas dentro. Pero Lukas simplemente no sabía ya cómo debía externar su sentir, le parecía extraño. Dejó la culpa de lado, al recordar que Simon tampoco era muy bueno expresando a otros su miseria.
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Dentro del hogar de Lukas había más luz de lo que en mucho tiempo se habían permitido en las noches. El quinqué que usualmente iluminaba la estancia junto al tenue fuego de la chimenea, ahora se veía acompañado por diversas velas colocadas en diferentes muebles de la casa. La luz cálida y acogedora permitía ver con claridad el gran banquete que se habían permitido ese día. Diversos platillos típicos del tiempo navideño llevaban a los presentes de regreso a recuerdos lejanos de su infancia. Había brunost, ese queso dulce que servía de postre, así como fårikål, un delicioso guisado de carne de cordero que era muy popular en invierno; y claro, smalahove, la tradicional cabeza de oveja, entre otros platillos.
Emil y Simon habían sido los encargados de preparar todo, con la ayuda de Inger Vinter. Todos los presentes elogiaron la presentación de la cena, y Johan Agotness bromeó al decir que ojalá los platillos tuvieran el sabor que su exterior aparentaba. De igual forma, agradecieron a Reidar Holt y Ole Landvik, los encargados en conseguir todos los ingredientes necesarios. La noche se llenaba de una extraña felicidad, lo cual no había ocurrido en mucho tiempo.
Ya que recientemente las acciones de la resistencia solo llevaban a éxitos, todos estaban más animados que de costumbre. Se permitieron disfrutar esos escasos momentos. Incluso Lukas, quien sonreía más, lo que causó que los presentes se sintieran más cómodos.
Aún no era hora de la cena cuando Reidar y otros cuantos se despedían, llevando consigo un poco de comida. "Le prometí a Niels que pasaríamos juntos este día, todos nosotros, en su casa," Señaló a los hombres que se marchaban junto con él. "No podemos estar todos en un solo lugar, por más que lo desee."
Lukas asintió, y señaló al recipiente que llevaba Reidar en las manos. "Asegúrate de compartir."
Reidar rió, y como despedida, dijo: "¡Lo intentaré! ¡Pásenla bien!"
Eso dejó a solo unos cuantos en casa de los Bondevik-Steilsson, con los cuales pasaron el resto de la tarde y noche; Eirik Solberg, el protegido designado de Lukas, los acompañaba como era costumbre y aparentemente disfrutó de la velada tanto como los demás. Lukas había estado preocupado por el muchacho, pues sería el primer año que pasaba las navidades solo, luego de la muerte de su hermano mayor. Sin embargo, no parecía que hubiera mucho de lo que preocuparse, pues el joven la pasó alegre, platicando con Inger Vinter.
Estuvo con ellos también Johan Agotness, quien a pesar de mostrarse muy hostil hacia Simon al inicio, ahora conversaba con él como si se trataran de viejos conocidos. Knut Naess, el dueño de la panadería en Trondheim y principal proveedor de escondites para la resistencia, los acompañaba de igual forma y bebió sin tapujos del alcohol que llevo a la reunión Rolf Vinter, quien estaba a cargo del bar del pueblo y que, de igual forma, estaba con ellos esa noche.
Resultaron encantados con la comida. Simon y Emil se sonrojaban cada vez que alguien comentaba lo delicioso que estaba todo. Inger fue lo suficientemente descarada como para sentirse orgullosa, a pesar de no haber podido ayudar mucho. Rieron despreocupados. Saborearon cada bocado de sus platillos, pues usualmente apenas conseguían migajas de pan para comer. Bajaron la guardia, y disfrutaron; después de todo, nada podía salir mal en aquellos momentos tan perfectos (salvo alguien rompiendo algún plato).
"No ha quedado mucho, pero es suficiente para llevarle al señor Raske mañana," Dijo Emil sonriente, mientras levantaba las cosas de la mesa, luego de haber cenado. No se había dado cuenta de que ya era 'mañana', según el reloj, pero no importaba. Luego de comer, todos fueron a la estancia, y se sentaron en los maltratados sillones, juntos.
Lukas y Simon compartieron el sillón pequeño, sin darle mucha importancia, pues el más grande ya había sido ocupado por los mayores y Johan. Emil fue a su cuarto y sacó varias mantas, las cuales entregó a los presentes; las que sobraron fueron extendidas en el piso de madera, donde Eirik, Inger y el mismo Emil se acurrucaron mientras los demás hablaban sobre el pasado. Solo momentos felices. No había más qué decir.
Johan ya se había quedado dormido en su lugar, y los demás no estaban muy lejos de ese estado, cuando Emil le pidió a Simon que tocara la armónica. Simon fue rápido en complacerlo, y alguien silbó en apreciación.
A Lukas le encantaba escuchar el sonido de la armónica. Muchos podrían decir que era un ruido chillante y poco armonioso, pero para él no era así. Una de las melodías que tocó Simon le hizo recordar la primera vez que escuchó al danés tocar aquel instrumento. Recordó salir al frío, apenas cubriéndose con una manta, y vio de nuevo, claramente, la figura de Simon usando ropa vieja y sucia, sentado en un taburete.
Lukas suspiró y abrió los ojos, para encontrarse con el Simon actual sentado junto a él, con ropa impecable, cabello brillante y ojos azules entrecerrados mientras tocaba una canción hermosa sin problemas y con movimientos fluidos.
"Geir también tocaba hermoso la armónica, ¿cierto, Lukas?" Preguntó Rolf despacio, con un deje de anhelo en su voz. El trance en el que Lukas se encontraba se rompió ante la mención del nombre de su padre, Geir Bondevik. Al voltear hacia Rolf, se podía apreciar que todos los otros presentes se habían dormido a esas alturas. Lukas no sabía qué hora era, pero casi podía sentir la oscuridad afuera, lo que le decía que era de madrugada. Rolf bostezó, y cerró los ojos despacio. De su rostro cayó su máscara de siempre, reflejando tal paz, que Lukas pudo ver claramente todo su cansancio en cada una de sus arrugas. "Nunca creí que podría volver a escuchar algo así…" Después, su respiración se niveló de forma apacible, quedándose dormido mientras escuchaba las melodías.
Simon terminó una canción, y alejó la armónica de su boca para tomar aire. Lukas sintió junto a él los músculos de Simon tensarse, de la forma en que lo hacía antes de hacer una pregunta o un comentario inseguro. Lukas había puesto especial interés en identificar las mañas de Simon, cosa que nunca admitiría en voz alta. "¿Tu padre era músico además de zapatero? Debió ser un tipo genial," Sonrió, sin voltear a ver a Lukas.
"Saber unas cuantas canciones en la armónica no amerita que lo consideren músico."
"¡Hey!" Empujó ligeramente el hombro de Lukas de forma juguetona. "Entonces estás insinuando que yo no soy músico."
"¿Es necesario insinuarlo? Obviamente no lo eres," Respondió Lukas en el mismo tono irónico que antes usó Simon.
"¿De verdad?" En el rostro del danés apareció una sonrisa torcida, señal de que planeaba algo malicioso. "Te mostraré mi mejor repertorio, y no podrás mantener eso, ¡tendrás que retirar lo que dijiste!"
En los días y meses que habían pasado, a Lukas le había importado cada vez menos todo aquello de mantener su distancia con Simon. Estaba casi seguro de que Emil sospechaba algo sobre su sentir hacia el danés, y no le molestaba en realidad, pues a su hermano no parecía molestarle tampoco.
También, estaba casi seguro de que Simon se sentía de la misma forma.
Lo único que no le permitía estar completamente seguro, era que a pesar de ser cada vez más directos e indiscretos sobre sus roces de piel accidentales, no habían mencionado nada sobre la ocasión en que bailaron hace unos meses. A Lukas no le molestaba el silencio, en realidad. Simon lo invitaba seguido a su casa para escuchar canciones en la radio, y aunque no tenía muchas oportunidades para aceptar la propuesta, siempre que podía le hacía compañía. Emil sonreía mucho más cuando Lukas pasaba tiempo con Simon, pues decía que lo ayudaba a despejarse de todo lo que pasaba en la ciudad. Y era cierto, muy cierto.
Lo más sorprendente, era que, a pesar de ser Simon una persona tan ruidosa y siempre en buenos ánimos, apreciaba gratamente el silencio que compartía con Lukas. No necesitaban hablar mucho para estar cómodos, solo necesitaban estar cerca; saber que tenían la compañía del otro era suficiente. Y de igual forma, no estaban en completo silencio, ya que la música de la radio los acompañaba en cada ocasión. Lukas se había familiarizado con las piezas favoritas de Simon, y ahora que el hombre lo deleitaba con lo que llamó «su mejor repertorio», Lukas se encontró reconociendo todas y cada una de las canciones.
Se había sentido algo desorientado, hasta que Simon empezó a tocar cierta canción lenta, la cual devolvió a Lukas todo el funcionamiento de sus cinco sentidos. De repente se dio cuenta de que ya no estaban solo sentados en el mismo sillón, sino que estaban completamente apoyados el uno en el otro, Lukas incluso con su cabeza en el hombro de Simon. Era solo el sonido de la armónica, pero Lukas podía escuchar claramente aquella voz femenina cantando, y por consecuencia, recordó a Simon traduciéndole la letra de dicha canción mientras bailaban al ritmo.
Se sintió a sí mismo más tenso ante la situación. Despacio, empezó a alejarse de Simon, y el danés volteó hacia él, para verlo con ojos curiosos mientras continuaba con la melodía. Lukas se sentó recto, pues había estado algo encorvado, y Simon se inclinó hacia él, sin intenciones de poner distancia entre ellos. Quitó la armónica de sus labios a pesar de no haber terminado la canción, y sonrió triunfal. "¿Entonces?" Preguntó de forma entrecortada, por falta de aire. "¿Quieres admitir que en realidad sí soy un músico excepcional?"
Lukas tragó saliva, y se forzó a encontrar su voz para dar una respuesta. Simon estaba muy cerca, y el reconocerlo solo causaba que sintiera calor en el rostro. "Un músico excepcional nunca dejaría a medias una canción."
"Depende de las circunstancias," Simon se encogió de hombros. Continuaba sonriendo. Lukas sentía su corazón latir rápido, de forma errática, y entonces notó que también podía escuchar ligeramente al corazón de Simon. Por una vez en muchos meses, actuó de forma atrevida. Lukas se inclinó hacia enfrente y juntó sus labios con los de Simon, despacio.
Simon correspondió con el mismo ritmo; dejó olvidada su armónica y colocó ambas manos en la espalda de Lukas, sosteniéndolo cerca de sí. Lukas estuvo unos momentos con los brazos estáticos a sus costados, de forma incómoda, pero al sentir unas manos subiendo por su espalda tuvo el impulso de pasar ambos brazos alrededor del cuello de Simon.
El danés soltó un ligero y continuo sonido contra los labios de Lukas, para después mordisquear levemente el labio inferior del noruego. Lukas sintió un temblor recorrer su espalda, y abrió ligeramente la boca, permitiendo a Simon el contacto que pedía. Continuaron así, profundizando más el intercambio, hasta que debieron separarse para respirar con más comodidad. Los ojos de Simon estaban brillantes y vidriosos; veían a Lukas de cerca, con asombro y lentitud, como analizando cada detalle de aquel delicado rostro. Entonces Simon colocó su cara entre el cuello y hombro de Lukas, y aún sin aliento, luchó para hablar: "No sabes cuánto… Lukas, yo… Creo que, huh," Parecía atropellarse con sus propias palabras. De repente, levantó la vista una vez más y tomó al joven frente a él por los hombros, firmemente. Lukas intentó no dar un salto ante la intensidad con que Densen lo veía. "No, no lo creo. Lo sé. Yo sé que te quiero, más que nada, más que nadie—" Habló, con confianza, sin que su mirada titubeara. "Te amo, Lukas, tanto… Tanto que no entiendo cómo es posible amarte hasta tal extremo, pero lo hago. Haría cualquier cosa por ti, lo que sea." Acentuó lo último dando un apretón a los hombros de Lukas.
Notó que los ojos de Simon aún estaban vidriosos, como si en cualquier momento pudiera soltarse llorando. Lukas solo deseó que cualquier tipo de lágrimas que Simon derramara, fueran de felicidad, por lo que asintió, y colocó sus manos en las mejillas del otro. "Yo también," Dijo en voz baja, pero no insegura. "Yo también, yo igual, yo… Yo también te amo." Fue subiendo el volumen de su voz, solo un poco cada vez, para terminar igualando al de Simon. Éste sonrió amplio, deslumbrante, feliz, y enredó a Lukas entre sus brazos sin intenciones de soltarlo. Lukas deseó que Simon nunca lo soltara. Y sonrió. Lukas Bondevik sonrió, inundado de felicidad, mientras Simon Densen le decía palabras románticas y empalagosas al oído.
Se quedaron dormidos tranquilamente, arrullados por la respiración del otro.
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Lukas escuchaba bullicio, muy a lo lejos. No le tomó importancia al principio, pues estaba consciente de que quizás la siguiente mañana sería ruidosa, dado que se habían quedado dormidos en la estancia, con una gran compañía. Pero entonces empezó a escuchar el ruido más cerca y de forma más clara. No era el bullicio que él había esperado; no eran risas ni pláticas animadas por una mañana navideña. Era llanto. Gritos ahogados, fundidos con incertidumbre y miedo. Discusiones furiosas.
En el instante en que Lukas se dio cuenta de que aquello no era una pesadilla, abrió los ojos de golpe, e intentó ponerse de pie, pero al hacerlo de forma tan brusca sus piernas flaquearon y casi lo llevaron a darse un fuerte golpe contra el piso. Cosa que no pasó, pues Simon alcanzó a atraparlo y brindarle soporte. Pero su agarre no se sentía del todo correcto. Lukas colocó una mano en su cabeza, intentando sin éxito calmar su ligero mareo, y abrió los ojos de nuevo. Empezó a captar algunas conversaciones.
"¿Y entonces qué pasó? Joder, Reidar, ¿qué pasó?" Johan Agotness gruñó. Su rostro reflejaba un odio profundo, pero su voz denotaba su preocupación.
"Mi panadería… Ya no… ¿No nos sirve?" Knut Naess hablaba estupefacto, para sí mismo.
Reidar Holt estaba en el centro de la estancia, rodeado por los presentes, incapaz de formar una palabra, en shock. A sus pies, el joven Niels Hansen estaba hecho un ovillo en llanto. El muchacho balbuceaba cosas sin sentido, culpándose, pidiendo disculpas, mientras Inger y Eirik intentaban tranquilizarlo, no sin demostrar ellos también su miedo. Emil estaba sentado junto a ellos, inmóvil, analizando cada palabra que se intercambiaba entre los mayores; estaba pálido.
Ante la falta de respuesta, Johan intentó acercarse a Reidar para sacudirlo y traerlo a la realidad, pero Rolf Vinter no se lo permitió. Antes de que pasara otra cosa, Jan Munch dio un paso al frente desde su lugar junto a Reidar, y habló con un tono frío y totalmente serio. "De alguna forma, nos interceptaron en la panadería, como ya explicó Reidar. No sabría decir si estaba planeado, o simplemente nos siguieron," Mantuvo su compostura con clara dificultad. "Arne avanzó, siempre tan confiado, pero eran demasiados. Ole reaccionó más rápido que todos y fue tras él, pero eso solo causó que quedara en medio de las balas," Su fachada seria entonces se desmoronó, y sus palabras se quebraron al hablar. Junto con ellas, parecieron quebrarse los corazones de los presentes. "Pasó tan rápido, y ahora… los hemos perdido a ambos. Arne y Ole ya no están con nosotros."
Inger soltó un gemido de dolor ante la revelación. Después, un silencio sepulcral se expandió entre ellos. Simon había apretado un poco más su agarre en Lukas, pero éste se alejó inmediatamente y se arrodilló frente a su hermano, quien temblaba y tenía lágrimas bajando por sus mejillas, pero aún continuaba sin reaccionar. Lukas envolvió a Emil entre sus brazos, y solo entonces el muchacho empezó a llorar, acompañando el llanto de Niels junto a él. La primera reacción de Johan fue lanzar maldiciones a diestra y siniestra, para después empezar a golpear furiosamente el sillón en el que había dormido, solo como una forma de descargar su ira en algo. "¡Ole, nuestro compañero de toda la vida!" Decía Johan entre cada puñetazo. "¡Arne, joder! ¡Un niño, era un niño, maldición!"
"¿Cómo pasó esto?" Rolf se llevó las manos a su cabeza, pues aún no procesaba todo. "¿En qué mierda estaban pensando? No puedo creerlo…"
"Simon, lleva a Emil a su cuarto, por favor," Habló Lukas por primera vez. Todos guardaron silencio, mientras Simon hacía lo que se le pidió. Emil se agarró de Simon al instante, y ambos se encerraron en uno de los cuartos del fondo. Solo entonces Lukas se dirigió a Jan, sin levantar la vista. Su voz no reflejaba emoción alguna. "¿Estás seguro de que murieron? ¿Se aseguraron de que no tuvieran signos vitales antes de huir?"
"¿Cómo podríamos?" Respondió Jan, algo desconcertado. "Nos habrían matado…"
"Claro, ¿pero qué tal si decidieron no asesinarlos? ¿Qué tal si los dejaron vivir y los torturan? Ole nunca hablaría, pero Arne es muy joven—"
"¡Bondevik, mierda!" Reidar exclamó de repente, saliendo de su estado de shock y con el rostro expresando una profunda indignación. "¡Nosotros vimos cuando abrieron fuego contra ellos, vimos sus cuerpos moverse por cada balazo que recibieron, vimos la sangre chorrear y los vimos caer muertos antes de salir huyendo de ahí! ¡No es posible que hubieran sobrevivido!" Niels Hansen se encogió en sí mismo ante todo aquello, aún llorando, pero a Reidar eso no parecía detenerlo. "Uno de mis mejores amigos murió frente a mí, junto con un joven compañero, y a ti te preocupa si los agarraron vivos para sacarles información, ¿de verdad se reduce a eso? ¿Te importa más el hecho de que alguien suelte tu nombre a los alemanes que la muerte de un compañero?"
"¡Reidar, hijo de puta, después de que tú iniciaste estas misiones sin permiso—!" Johan se acercaba, enfurecido, hacia Reidar Holt, sin embargo Lukas levantó una mano y le indicó que parara. Johan obedeció sin protestar, pero continuaba visiblemente colérico.
Lukas suspiró, y levantó la vista hacia Reidar. Inger lloró más al ver el rostro de Lukas. Los labios de Reidar Holt se sellaron en una línea firme. "Por eso pregunté si estaban seguros, quiero saber qué pasó. No es necesario que grites y descargues tu impotencia conmigo. Necesito saber si los demás estamos en peligro, necesito saber cómo actuar, Reidar," Su voz continuaba sin dar a conocer ninguna emoción, lo cual resultaba muy perturbante considerando su expresión facial. Lukas estaba visiblemente contrariado, parecía no saber qué debía reflejar su rostro. Su labio inferior temblaba al hablar y aparentemente no podía enfocar sus ojos en nada fijo. Pero su voz continuaba neutral y confiable. "Necesito saberlo… ¿cómo debería reaccionar? No lo sé… Él era también uno de mis mejores amigos, Reidar."
Ante eso último, Reidar Holt dejó escapar un largo sollozo, y caminó unos cuantos pasos hasta arrodillarse a los pies de Lukas. "Joder, Bondevik, Lukas perdóname, perdóname," Reidar lloraba, sin atreverse a voltear hacia arriba. "No sabía lo que decía, no lo consideré, perdóname por todo; joder, yo te orillé a esto, Lukas, yo te convertí en esto; te obligué a que guardaras todos tus sentimientos dentro, ¡mierda—!"
Aquel hombre tan valiente, que levantaba los ánimos de la resistencia con su llegada, lloraba de forma desgarradora a los pies de su líder; su líder, el hombre que daba un gran aire de confianza por el excepcional control de sus emociones, era solo un joven que no sabía externar el profundo dolor que le causaba perder a un viejo amigo.
Lukas no lloró, pero sí se sintió acorralado por el torbellino de emociones que lo rodeaba, ya que todos los presentes lamentaron aquellas pérdidas sin molestarse en ocultar su sentir. De no ser por todas aquellas diferentes reacciones, Lukas habría podido disimular perfectamente el vacío que empezaba a expandirse en su pecho. Por la forma en que Reidar continuaba disculpándose y se negaba a alejarse de los pies de Lukas, el líder de la resistencia se dio cuenta de que quizás alguno de sus sentimientos se reflejó en su rostro, pero no podía concentrarse en eso.
Lukas solo podía pensar en qué clase de cosas les depararía el futuro, a él y a sus seres queridos. Nada de lo que consideró era positivo.
Notas:
[1]
Si hoy tu corazón está cansado
Si cada pequeña cosa se ve gris...
Solo olvida tus problemas y aprende a decir
Mañana es un día encantador
La canción se llama It's a lovely day tomorrow y esde Vera Lynn. Estuve cantándola mientras escribía la última parte, porque esto niños necesitan un mejor día mañana.
[2] En otoño de 1941 empezó la construcción del DORA I en Trondheim. Tanto el búnker como la ciudad fueron utilizadas como una base para submarinos.
[3] Lukas fue voluntario en la Guerra de Invierno, un enfrentamiento entre Finlandia y la Unión Soviética, pues ésta última intentó invadir a la primera. Voluntarios de todas las naciones nórdicas fueron a apoyar; inició en noviembre de 1939 y finalizó en marzo de 1940, un mes antes de la invasión alemana a Dinamarca y Noruega. Los nórdicos salieron victoriosos de esa batalla, pero desafortunadamente volvieron a sus respectivas naciones para encontrarlas infestadas de enemigos. Lukas habría ayudado a su padre en su intento fútil de rebeldía, pero se encontraba mal herido aún. Sus actuales compañeros tampoco pudieron ayudar entonces, pues muchos de ellos (como Johan, Reidar y Jan) también fueron voluntarios para ir al norte, y estuvieron un tiempo recuperándose.
Claro, que algunos de sus conocidos no fueron al norte, y ayudaron al papá de Lukas en su misión, lo cual solo terminó en tragedias (el hermano mayor de Eirik Solverg, por ejemplo).
Lo siento por tantos OC, ¡de verdad...! Espero que de ahora en adelante puedan ubicarlos mejor con las pequeñas descripciones que doy cada vez que aparecen (ya me cansé de repetir que Rolf es el dueño del bar, así que más vale que después de esto lo recuerden por siempre, lol).
Éste capítulo terminó siendo toda una montaña rusa de emociones, y el más extenso hasta ahora. No había notado que esta historia tiene ya un año de haber sido publicada y me gustaría decir que este capítulo es para celebrarlo, pero en realidad terminó siendo este monstruo porque no me gustó como quedaba dividido en dos.
Perdonen cualquier error que se me haya pasado, ¡y muchas gracias si sigues leyendo esto!
