So now I look for you, along the avenue
And as I wander I pray
That some day soon I'll find you
Somewhere along the way (1)
28 de febrero, 1942.
A las afueras de Trondheim, Noruega.
"Lo siento de verdad, muchacho," Dijo Knut Naess, mientras se enredaba una bufanda en el cuello. Una ligera nevada caía sobre ellos, y el aire frío podría congelar a cualquiera que no estuviera acostumbrado a ellas. "Además de perder la panadería, debo irme a tierra pacífica por ser marcado de esta forma," Knut gesticuló a sí mismo.
En realidad no se refería a su apariencia; se refería a la enorme «J» estampada en su tarjeta de identificación, la misma que tenían todos los judíos de Trondheim y alrededores. Cuando a inicios del año los alemanes empezaron a marcar a todos los descendientes de Judá para diferenciarlos de los demás, Morten Silje, el espía de los alemanes a favor de la resistencia, le dijo a Lukas muy preocupado que ayudaran a emigrar cuanto antes a todos los judíos posibles. No dio explicaciones, y Lukas no las necesitaba: conocía a su amigo lo suficiente como para comprender.
"No te preocupes, es mejor que todos estén a salvo," Respondió Lukas sin inflexión. "Además, no nos ayudas mucho, considerando tu situación."
Knut hizo una apenas perceptible mueca de dolor ante la franqueza que Lukas usó, sin embargo no le tomó importancia: todos en la resistencia intentaban no prestar atención a la manera tajante en que Lukas había empezado a hablar desde el pasado diciembre, pues entendían sus razones.
"Tienes razón," Knut sonrió con tristeza. Avanzó un poco más hacia la camioneta que le esperaba, la cual ya iba llena de personas. Unas adorables niñas dijeron adiós a Lukas, sonrientes, y el joven les devolvió el gesto con desinterés. La oscuridad de la noche cada vez caía más sobre ellos, y la hora de marcharse se acercaba. "Nos veremos después, entonces."
Lukas se despidió de él y avanzó hacia la cabina, donde estaba Reidar, quien iba manejando la camioneta con el joven Niels Hansen a su lado.
"¿No pudiste convencer a Jan?" Preguntó Lukas. Reidar negó. "Supongo que no podemos obligarlo a nada. Si se quiere quedar, que lo haga."
Reidar juntó las cejas en una expresión de desdicha. Lukas ignoró totalmente su expresión. "Casi se termina el tiempo de nieve, Bondevik," Dijo Reidar Holt tentativamente.
"No," Respondió Lukas a secas. "Aún no."
A pesar de la tensión entre ellos, Reidar sonrió un poco gracias a aquella respuesta. Después, sin más, echó a andar el motor de la camioneta y pisó el acelerador.
Bondevik permaneció en su lugar, viendo cómo sus compañeros se alejaban entre la nieve y la niebla, hasta que no quedó rastro de aquella camioneta en el horizonte. Se ajustó la bufanda y emprendió camino en silencio hacia su pueblo, el cual no quedaba muy lejos de su actual posición. Apenas empezaba a caminar cuando una alta figura salió de entre los árboles y se unió a él.
"Te encanta hacer eso, por lo que veo," Comentó Lukas sin siquiera voltear a ver a la persona que estaba junto a él.
"Ya lo sabes," La voz de Simon se escuchaba un poco más apagada que de costumbre, cosa que en los últimos meses había sido difícil de adaptar en su día a día. Incluso así, Lukas podía afirmar por su tono, que el danés tenía una enorme sonrisa dibujada en el rostro.
"¿Es por el factor sorpresa?" Lukas preguntó sin esperar respuesta. "Me temo que ya lo perdiste después de las primeras dos veces."
El camino entre los árboles del bosque era engañoso y estaba lleno de pequeñas trampas ingeniadas por la misma naturaleza. A lo lejos apenas se podían ver algunas luces que estaban en el pueblo, pero a ellos los envolvía una oscuridad creciente por segundo. Lukas caminaba con diligencia a su destino, sin prestar atención al brillo que se reflejaba en los pinos por el sol que se ocultaba, y en mente tenía cada cosa que haría una vez llegara a casa. No dejaba de pensar en lo siguiente por hacer: similar a su situación antes de la llegada de Simon.
Las preocupaciones se acumulaban. La pérdida de Arne y Ole aún repercutía entre los hombres; cada vez que partían a una misión, el nerviosismo era imposible de no notar, mucho más en las misiones actuales donde ayudaban a grandes grupos de personas a cruzar la frontera. Todo se acumulaba debido a la cada vez más escasa aportación de información de parte de Morten, y a la llegada del acorazado Tirpitz al fiordo de Trondheim. La presencia del barco de guerra era irregular debido a pequeñas misiones que efectuaba, sin embargo aquella enorme presencia de hierro hacía que todo el ambiente de la ciudad se sintiera cada vez más opresivo. La resistencia había evitado misiones cerca de los fiordos por esa misma razón, y los hombres estaban cada vez más inquietos.
Sin darse cuenta, mientras pensaba, Lukas había fruncido el entrecejo un poco: una inusual muestra de frustración, la cual se hacía cada vez más fácil expresar cerca de Simon. Después de las trágicas noticias en las navidades, Lukas, a pesar de ir contrario a lo que considerara antes, se negó a alejarse de nuevo del danés. Emil mostraba muchas mejorías en su estado emocional gracias a la proximidad que Lukas y Simon habían decidido mantener, pues cada vez más se comportaban como una familia. El ambiente cálido que se expandía en su hogar, los ayudaba a todos a continuar estables.
De repente Simon puso un dedo entre las cejas de Lukas, y rió despacio. "Por tu expresión, puedo saber que eso no te lo esperabas. Aún tengo el factor sorpresa," Sonrió amplio; sus ojos azules brillaron mientras veían a Lukas con cariño. Después, bajó su mano hasta encontrar una de Lukas, y apretarla con seguridad.
Lukas devolvió el apretón, y volteó hacia abajo, dejando que una apacible calidez se expandiera por su estómago. La mano de Simon estaba enredada en vendas, la forma en que el danés luchaba contra el frío, pero Lukas pudo sentir lo helada que estaba aquella piel.
"Lo tienes," Afirmó Lukas en voz baja, mientras se dejaba liderar por Simon hasta su hogar, donde Emil los esperaba con paciencia, sentado frente a la chimenea.
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"¿Qué tal la partida de Knut?" Preguntó Emil una vez Simon se retiró a su casa. Apenas terminaron de cenar, el muchacho se sentó frente a la chimenea, el lugar que había adoptado como suyo cuando ya no tenía que hacer el deber del hogar.
Lukas ignoró la pregunta. Desde su lugar en la mesa, con montones de papeles frente a él, hablo: "¿Cuándo vas a dejarlo, Emil? El señor Raske ya ha venido varias veces a preguntar por ti, y seguro piensa que te tengo secuestrado, porque nunca sales."
"Antes querías que viviera aquí encerrado, ¿y ahora me pides que salga?" Emil no mostro ninguna reacción al hablar, y continuó viendo el fuego de la chimenea.
"Te pido que al menos hables con ese hombre," A esas alturas Lukas solo hojeaba los archivos de la resistencia por costumbre, ya que tenía todas las rutas y planes memorizados. "No quiero que piense que ya te comí en la cena."
"¿Pero no quieres que vuelva a trabajar?"
"Si puedes evitarlo, me parecería bien," Lukas pasó una mano por su cabello, y la dejó reposar unos momentos en el broche que llevaba. Desde aquella conversación con Simon sobre el accesorio, el broche se había convertido cada vez más en un objeto preciado para Lukas. "Morten ya no tiene tanta libertad, y las cosas están difíciles en la ciudad."
"Necesitamos el dinero," Razonó Emil.
"Te necesito más a ti," Respondió Lukas de inmediato, alzando un poco la voz. Rápidamente volvió a su tono normal. "No quiero que te arriesgues, pero tampoco quiero que permanezcas aquí. Podrías salir a caminar con Eirik."
"No te preocupes," Emil se puso de pie, y volteo hacia su hermano. "No pienso quedarme aquí por siempre. Ahora… ¿deberíamos ir a dormir, no?"
Lukas guardó los papeles en su escondite entre la madera, y para cuando apagó el fuego de la chimenea, Emil ya había desaparecido al fondo de la casa. Suspiró mientras se disponía a cerrar las puertas, y entró en su cuarto una vez todo estaba en orden. En su cama estaba ya alguien, enredado entre las incontables capas de sabanas, esperándolo. Lukas se apresuró a ponerse su ropa de dormir, con la finalidad de sentir lo menos posible el frío contra su desnuda piel, y entró en su cama con cuidado.
Desde diciembre, Emil había vuelto a su antigua costumbre de dormir en la misma cama que Lukas de vez en cuando, sin embargo ninguno de los dos hacía un comentario sobre eso. La presencia del otro era reconfortante; se hundían en un tipo de magia incomprensible solo por el hecho de dormir espalda con espalda, pero esa magia daba la impresión de ser una burbuja a punto de explotar simplemente por hacer mención a ella.
Por lo que era mejor no decir nada, como un contrato invisible que no debía ser roto entre ellos. Lukas cerró los ojos y sintió el cansancio apoderarse de él al instante. Agradecido por la compañía de su hermano, empezó a dejarse llevar hasta quedarse dormido. Estaba agradecido por la presencia de Emil a su lado, vaya que lo estaba, pero entre más se perdía en su cansancio no podía evitar desear que la calidez que sentía en su espalda fuera de una persona completamente diferente.
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Rojo. Unas enormes paredes grises a su alrededor se teñían con manchas de color rojo. Es sangre, pensó Lukas al instante, sin sorprenderse. ¿Será mía? Debe ser mía.
La respuesta a su pregunta llegó unos instantes después, en forma de respiraciones forzadas y gemidos de agonía. Volteó a su alrededor, pero no había nadie con él en la habitación; sin embargo, no necesitaba ver a la persona para saber quién era el dueño de esa voz. Lukas empezó a correr, y las paredes de alargaban. El color carmesí continuaba desfilando frente a sus ojos. De repente, sin saber cómo exactamente, Lukas estaba cruzando por una puerta.
El otro lado estaba oscuro, tanto, que la oscuridad parecía devorar sus alrededores. Entonces lo vio. Simon estaba ahí, su rubio cabello impregnado del mismo color de las paredes y del piso a su alrededor. Rojo. Su ropa estaba desgarrada, su cara hinchada, su pecho subía y bajaba en respiraciones erráticas. Sus piernas y brazos en posiciones lejos de lo natural, sus ojos desorbitados, de sus labios salían gritos agonizantes de dolor. Todo estaba borroso, pero Lukas sentía que lo podía ver con claridad. No.
Alguien lo agitaba, sacudían sus hombros. Llamaban su nombre. Lukas solo podía responder con sollozos leves. No, Simon, no.
"¡Lukas!"
Abrió los ojos y se encontró frente a él con el rostro preocupado de Emil. "Lukas, respira, respira conmigo, dentro, fuera..."
Su hermano empezó a indicarle que tomara aire y lo soltara, de manera lenta, y él intentó seguir sus instrucciones. Continuó hasta que su respiración se normalizó, al mismo tiempo que sus pensamientos se acomodaban. Mucho tiempo había pasado desde la última vez que una pesadilla lo exaltaba de esa forma, y justo tenía que ser cuando Emil lo acompañaba. Sintió pena cuando notó que sus mejillas estaban empapadas.
"¿Quieres agua?" Negó. Emil intentó de nuevo, pero la respuesta fue la misma. "¿Qué necesitas? Sé que necesitas algo."
Lukas no tuvo el valor de hablar, sin embargo su cerebro y su corazón gritaban con claridad. Cada vez que tenía una pesadilla, sin importar el contenido, iba al otro cuarto a ver que Emil estuviera bien. Esta vez no era necesario, pues su hermano se encontraba justo ahí, pero no era a él a quien necesitaba ver.
Simon, quiero verlo, quiero tocarlo.
Instintivamente, se abrazó a sí mismo con firmeza. Estaba enojado, pues era justo eso lo que buscaba evitar. Tomarle cariño al danés lo llevaba a experimentar sensaciones inútiles en medio de una guerra, y le enfurecía el hecho de que él permitió que eso pasara. Sin embargo nada tenía sentido en ese momento; todo lo que importaba era que quería estar al tanto del bienestar de Simon.
"Dijiste su nombre," Comentó Emil despacio. "Puedo asegurarte que está bien, pero sé que no es suficiente."
"Basta."
"Podrías…" Emil tragó con nerviosismo. "¿Está bien, sabes? Podrías ir a… dormir, con él… de vez en cuando, yo…"
"Ya para, Emil," Lukas escuchó que su voz se quebraba, y levantó la vista, por mucho que su orgullo estuviera dañado. Intentó mantener la compostura, y hablar con su usual tono serio. "No quiero hablar de esto."
"¿Y cuándo vas a querer hablar? Lukas, ya debes saber que no puedes ocultarme lo que pasa entre ustedes, no a mí," El muchacho se apartó de él, y se llevó una mano a la cabeza. "No soy un niño, quiero que entiendas eso. Pero más que nada, quiero que me tengas la confianza para hablar…"
Lukas dejó salir un suspiro prolongado. Se dejó caer hacia atrás, en la comodidad de su cama, y dejó que sus sentidos empezaran a racionalizar solos. Todo está bien, fue un sueño.
"Perdóname, Emil," Dijo luego de un rato. Notó la tensión que se apoderó del cuerpo de su hermano, y suspiró de nuevo. "Perdóname por hacerte pensar que no confío en ti. Por supuesto que confío. Es solo que… es algo incómodo, hablar de eso."
Al notar la sinceridad en sus palabras, Emil sonrió al instante. Se inclinó un poco y se recostó junto a Lukas. "¿Incómodo? ¿Quién crees que soy? Soy tu hermano, quien te escuchó con atención cada vez que tenías el valor de hablar sobre lo guapos que te parecían los muchachos que iban a la zapatería."
"Oh Dios, no me recuerdes eso…"
Emil soltó una carcajada, y Lukas se le unió en un tono más bajo, a pesar de que sentía arder sus mejillas. "¿Por qué no? Era adorable. Incluso suspirabas, aunque tú creías que tu expresión no traicionaba nada. En ese entonces aún no perfeccionabas tu cara de póker."
"Pensaba que era yo el que te molestaba a ti con ese tipo de burlas…"
"Nuestros papeles se invirtieron," Coincidió Emil, con una sonrisa. "Cuando empecé a ver rastros de aquellos suspiros en tí, cada vez que veías a Simon, yo… no tienes una idea de lo feliz que me hizo saber que no había perdido a mi hermano para siempre," Emil volteó a verlo, y Lukas le devolvió la mirada. Hacía mucho que no se veían con expresiones tan abiertas y sinceras. "Todo este desastre te hizo cambiar tanto, que a veces me dabas miedo."
Lukas sintió a sus intestinos bailar dentro de él. El remordimiento empezó a nublar su nulo juicio mañanero. "Lo siento, Emil. No puedo prometer que volveré a ser lo que era antes, porque es imposible… pero te puedo jurar que no me has perdido, ni me perderás."
"Te creo," Una enorme sonrisa se extendió por el rostro de Emil, brindando a Lukas con una vista tan inusual como hermosa. Su hermanito de verdad merecía sonreír más seguido. "Pero no desvíes el tema, quiero saberlo todo sobre ti y Simon," Dijo entonces con una pequeña sonrisa tan pícara y descarada, que Lukas casi podría haberse retractado de su último pensamiento.
"No, definitivamente, esta plática no va suceder entre nosotros," Rápidamente, Lukas se levantó y se puso el primer traje que se encontró. Ignorando las protestas de su hermano, el líder de la resistencia se preparó para un día más de luchar por sobrevivir, y salió al patio para respirar un poco de aire mañanero.
Ahí afuera, sentado en su viejo taburete, estaba Simon viendo las nubes andar despacio. Tenía la armónica en las manos, pero no le tomaba importancia. Volteó hacia Lukas en el instante en que notó su presencia, y sonrió.
"A pesar de no soportar el frío, siempre te despiertas a estas horas y sales a congelarte," Dijo Lukas a manera de saludo, mientras se acercaba al hombre. "Antes pensaba que estabas loco, pero ahora puedo confirmarlo."
"Buenos días para ti también," Simon rió de forma natural y despreocupada en que lo hacía por la mañana, y Lukas sintió cómo la preocupación de hace unos momentos se disipaba por completo. Densen se acercó a él, y ambos entraron a casa, donde Emil ya empezaba a preparar el desayuno.
"Estás de buen humor."
"Y tú estás de mal humor," Respondió Simon sin perder la sonrisa del rostro.
"Tuve un mal sueño, es todo."
Se sentaron en uno de los sillones de la estancia, tranquilamente, pues Emil les indicó que esperaran a que la comida estuviera lista. De fondo podían escuchar los sartenes y utensilios moverse en la cocina. "Qué curioso," Comentó el danés pasando uno de sus brazos por los hombros de Lukas al sentarse. "Yo, por primera vez desde que empezó todo esto, tuve un buen sueño. Estaban Emil, Johan, Eirik y todos los demás celebrando, no estoy seguro qué. También estabas tú, claro. Fue la mejor parte del sueño," Sonrió de lado hacia el joven junto a él, y Lukas se sintió sonrojar. Simon continuó hablando, con tono soñador. "Todo era blanco, inmaculadamente blanco, y reías. Ningún peso innecesario parecía estar sobre tus hombros. Cuando me tomaste de la mano, desperté. Bonito, ¿no?"
A pesar de sentirse avergonzado, Lukas habló con seriedad; sin embargo no tuvo el efecto deseado, ya que estaba apoyando su peso de manera afectuosa en Simon. "Creía que no podías dormir lo suficiente como para soñar."
"Yo también lo creía," Simon se encogió de hombros. "Pero las cosas en la vida cambian rápido, sin que te des cuenta. Al parecer, ahora puedo dormir e incluso soñar, siendo que antes no me tranquilizaba para nada al cerrar los ojos. Que no te sorprenda cuando llegue el tiempo en que rías, de forma libre, como te vi reír en mi sueño."
Era una idea tan positiva que Lukas podría haber reído de lo absurda que sonaba. Era una idea tan cursi, que quedaba perfecto con la personalidad de Simon. Le ayudó a levantar sus ánimos, sin embargo el peso de todo lo perdido hasta ahora le hizo pensar, en algún rincón de su mente, que nunca podría reír de la forma en que Simon deseaba verlo.
"Ya está listo," Habló Emil desde el comedor.
Sin aportar más a la conversación, Lukas se puso de pie y se dirigió a la mesa. Escuchaba las pisadas de Simon detrás de él, pero ya no eran botas chirriantes las que resonaban por la casa, sino botas alemanas perfectamente disfrazadas. Mientras comían, sus acompañantes se empeñaban en hablar de amenidades sin sentido. Emil estaba de buen humor, Lukas pudo notarlo, y sonreía un poco más amplio por las tonterías que Simon balbuceaba. Cuando terminaron, y cuando fue momento de que los miembros de la resistencia se marcharan a la reunión semanal, Emil le informó a su hermano que iría a hablar con el señor Raske esa mañana.
"Le diré a Eirik que venga," Asintió Lukas, mientras se ponía el abrigo. "Él e Inger necesitan distraerse un poco. Pueden ir a caminar a los alrededores."
Emil levantó un hombro en una expresión desinteresada, señal de afirmación. Intentaba mostrarse indiferente, pero Lukas sabía que el muchacho apreciaba su esfuerzo por hacerlo sentir a gusto mientras estuviera afuera. Luego de eso, Lukas salió de la casa para unirse a Simon, quien lo esperaba afuera. Caminaron viendo hacia enfrente, mientras pasaban junto a las diferentes y pequeñas casas del pueblo, las cuales se encontraban cada vez más desoladas por las migraciones a Suecia.
Si se encontraban a algún vecino fuera, no le dirigían la palabra; ni siquiera Simon, quien antes se mostraba terco por entablar conversaciones con los pueblerinos. Así, en poco tiempo se encontraron dentro de la casa de Rolf Vinter, junto con otros tantos hombres, listos para empezar una ruidosa reunión.
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"Lukas, ¿estás seguro?" Preguntaba Johan Agotness una y otra vez, con rostro preocupado. Simon se encontraba alejado, pero Lukas sabía que tenía una expresión parecida a la de Johan en su rostro. Los otros hombres murmuraban entre ellos, como siempre.
"Me parece la mejor forma de actuar," Respondió Lukas de nuevo. "Hemos perdido muchos compañeros, ya que los judíos han sido comprometidos. Todos a excepción de Jan tomaron la sabia decisión de irse a Suecia, y Morten nos proporciona cada vez menos apoyo. No podemos continuar de esta forma, necesitamos aliados."
"Nosotros siempre habíamos opinado eso, sin embargo nunca te gustó la idea," Comentó uno de los hombres.
"Es cierto que antes habíamos propuesto aceptar la ayudar de los grupos en Trondheim," Continuó otro de los presentes. "Pero no pensábamos racionalmente. Justo como tú decías, Bondevik, es mejor confiar en quien conoces."
"Consideren seriamente, por favor," Habló Rolf Vinter desde su lugar junto a la mesa. "La situación verdadera en que estamos. Ambos Niels, padre e hijo, tuvieron que irse con el último convoy a Suecia. Ellos eran nuestro principal apoyo en investigación y en operaciones de propaganda. Hemos perdido la panadería, nuestro único escondite en Trondheim cien por ciento seguro, e incluso Knut se tuvo que marchar. ¡Perdimos dos pilares importantes en nuestras operaciones de sabotaje, pilares que nunca podremos recuperar!" Un silencio colectivo se expandió entre los hombres presentes debido a la mención de los difuntos Arne y Ole. Ni siquiera el ambiente tenso detuvo a Rolf. Hablaba haciendo ademanes certeros con sus manos. "Con Reidar como principal encargado de la actual misión de traslado, tenemos apenas diez personas activas entre nosotros. ¿Qué podemos lograr así? La guerra se está expandiendo hasta involucrar a América directamente, según la información que nos ha llegado, y nosotros no podemos quedarnos de brazos cruzados. Por mucho que sea un peligro, necesitamos más hombres. Nuestras acciones no se pueden quedar solo como juegos para molestar a los alemanes. Un acorazado está en nuestros fiordos, es momento de hacer algo grande."
Todos se mantuvieron callados por un momento, sopesando aquellas palabras. "Me parece muy razonable," Concedió Jan Munch. "Es un hecho que necesitamos apoyo. Pero, ¿cómo? ¿Qué criterios usaremos para aceptar entre nosotros a más hombres?"
"Ya lo tengo considerado," Lukas se puso de pie, y de su abrigo sacó varias cartas dirigidas a Espen Rolvsson, y a otras de sus muchas falsas identidades. "El joven Niels me dio varias de ellas, también Inger. Eirik me ha hablado de muchos jóvenes en Trondheim que lo contactan de igual forma. Todos tienen distintos grupos; reparten octavillas por la ciudad y hacen otro montón de tonterías arriesgadas. Los alemanes han capturado a varios, sin embargo sus líderes continúan funcionales."
"¿Lo dices enserio?" Johan saltó de su lugar, y tomó a Lukas de un hombro. "¿Hablas de los muchachos que te mencioné hace meses, cierto? ¿Los que estaban confundiendo con nuestros aliados y querían sacarles información…?"
"Si no mal recuerdo, Lukas, afirmaste que era mejor que aquellos niños no formaran parte de nuestras filas," Alguien mencionó. "¿Por qué recurrir a ellos?"
"Son unos niños, podrían ser susceptibles a hablar más que otros."
"Justamente por esa inseguridad," Habló Simon desde su lugar en la pared más alejada. Los murmullos entre los hombres se detuvieron, y todas las cabezas en la habitación voltearon hacia el danés. Hasta ese entonces, Simon nunca había comentado en puntos cruciales para las reuniones, y por alguna razón nadie consideró que alguna vez lo haría. "Según lo que he escuchado de Eirik e Inger, todos esos muchachos merecen relativa confianza de nuestros compañeros más jóvenes. Sus acciones son arriesgadas y poco planeadas, pero eso se debe a su inexperiencia, y han podido realizar con éxito y con pocas causalidades sus misiones. Debemos considerar escenarios donde estos jóvenes ejecuten misiones planeadas por veteranos de guerra, tales como las nuestras, y por su eficacia podemos coincidir en que serán buenas adiciones a nuestra causa. Todo eso, y sin considerar que a pesar de haber perdido compañeros, sus grupos continúan activos y no han experimentado fugas de información."
"No han experimentado fugas de información," Continuó Jan, con expresión indignada. "Porque no han capturado a nadie con mucha información qué dar."
"Bueno, ¿no es eso espléndido?" Sonrió Simon al instante. "En adición, saben a quién confiarle datos importantes y a quién no. Los jóvenes de verdad son asombrosos."
"Ese no es mi punto," Empezó Jan a defenderse, molesto, sin embargo fue interrumpido por Johan.
"Justo ayer capturaron al principal confidente de uno de los líderes," Dijo el hombre, con su voz grave y severa de siempre. Apretó los puños a sus costados. "En Kristiansten lo torturó la gestapo, y decidieron tomar un descanso luego de intentar mucho rato. Lo dejaron solo por unos instantes, y el muchacho rompió su camisa, le hizo unos nudos fuertes, la amarró en su cuello, también en uno de los barrotes de la ventana más cercana, y se dejó asfixiar. Cuando los alemanes volvieron, ya había muerto. No le pudieron sacar una palabra de la boca. Y lo hizo todo, a pesar de tener ya varios dedos rotos. ¿Eso aclara tu punto, Jan?"
Lukas vio claramente cuando la cara de Simon, Rolf y todos los demás presentes se contorsionó con dolor ante tal relato. Él sintió su estómago revolverse, pero nada fuera de lo común esos días. Jan simplemente levantó la barbilla, desafiante. "Claro, claro, Johan, me ha quedado claro," Dijo con un deje de ironía. "Pero algo más interesante surge aquí. ¿Te molestaría compartir cómo fue que te enteraste de eso?"
"Para nada," Respondió Johan al instante, pero Lukas notó su incertidumbre. Antes, Johan le había contado cómo conoció a unos alemanes en el bar de Rolf, y de su actual relación amistosa con ellos. Lukas sabía que tal cosa, sin contexto, no sería bien recibida entre los hombres presentes. "Tengo mis propios contactos entre los alemanes, y que, por cierto, no era necesario que ustedes supieran."
Antes de que Jan, una vez más, interrogara a Johan, Lukas tomó la palabra. "Este asunto era solo entre nosotros," Dijo con voz decidida. "Estoy seguro de que Rolf habrá notado que Johan frecuenta a dos alemanes en su bar," Rolf Vinter, un poco desconcertado por los acontecimientos frente a él, asintió luego de pensar en aquello. "Debido a la gradual pérdida de apoyo de Morten, necesitamos más informantes desde dentro de las tropas del enemigo, una tarea tan peligrosa como difícil. Johan, de momento, está a cargo de tal trabajo, por lo que espero que continúen actuando con normalidad a su alrededor para evitar levantar sospechas."
Con aquello, Jan pareció lo suficientemente conforme como para callarse. Johan soltó un largo suspiro discreto, y le dedicó a Lukas una sonrisa. Lukas continuó. "Bien, eso es todo lo que quería compartir hoy. Mat y compañía, les encargo aquello," Varios hombres a su derecha asintieron. "Yo me encargaré de hablar con estos jóvenes y les comunicaré después en qué quedamos. Me apoyaré de Eirik y de Inger para esto, a menos que no te agrade la idea de involucrar a tu hija, Rolf, lo cual puedo respetar," El aludido hizo un ademán para indicar que continuara. "Estén conscientes de que, a partir de ahora, mi nombre y posición no deben ser mencionados cuando estemos en grupos o en el exterior. Ya saben los nombres que pueden usar para dirigirse a mí."
Luego de eso, rápido como era usual, el lugar donde estaban se despejó en un instante. Cuando quedaron solo Simon y Johan, Lukas se acercó al dueño de la casa. "Te puse en una posición difícil para refutar, Rolf. Quiero que sepas que no era mi intención. Puedo pedirle apoyo solo a Eirik, si así te tranquiliza más."
Rolf negó, con una ligera sonrisa en el rostro. "No te preocupes, muchacho. Por más que quiero proteger a mi hija, es terca como su madre, e insiste en que no necesita protección. Ella desea ser de utilidad, más que nada, y ya no puedo seguir tratándola como si fuera una niña. Seguro entiendes."
Lukas recordó el rostro de Emil, su expresión llena de impotencia. Su hermano e Inger seguro se sentían de una forma parecida. Como respuesta, asintió, y Rolf le dio unas palmadas en el hombro. "Estará feliz de que le pidas ayuda. Además, no será algo tan arriesgado, ¿no?"
"Simplemente necesito que me guíe a los lugares donde puedo encontrar a los remitentes de las cartas."
Unas palabras más fueron intercambiadas, y Lukas ya se despedía. Caminó por las blancas calles del pueblo, con Simon y Johan con él, ambos comentando asuntos de la resistencia en voz baja y con claves. Johan sabía que Lukas quería hablar con él, por lo que dentro de poco se encontró sentado en el mismo sillón donde se había quedado dormido la pasada navidad.
"Lukas… Lukas, ¡Emil no está!" Exclamó Simon, sorprendido. Lukas hizo un ruido desinteresado, mientras le daba a Johan un vaso con agua. "Oh, ¿te dijo que saldría? No te sorprendiste para nada."
"Salió con Eirik e Inger," Respondió sin más, para poner su atención en Johan. "Entonces, tus supuestos contactos entre los alemanes… ¿son los que me imagino, cierto?"
"Sí…" Johan se mostró avergonzado. "No sé qué habría hecho en esa situación si no te hubiera hablado antes de ellos."
"Habría pasado exactamente lo mismo, solo que no tendrías a Rolf para respaldar mi afirmación."
Johan sonrió amplio ante la muestra de total confianza que Lukas le presentaba. "Sí, tienes razón. Gracias de verdad, Lukas."
"No tienes nada qué agradecer," Dijo, tomando un pequeño sorbo a su té. "De hecho, deberías disculparte. Me habías hablado de ellos, pero no me mantuviste al tanto de que continuaban viéndose. Al afirmar que Rolf te había visto con ellos varias veces, en realidad salté sin fundamentos; fueron simples suposiciones mías, que resultaron ciertas. Eso quiere decir, que llevas una relación cercana con ellos."
"Así es," Afirmó con seguridad, pero Lukas de nuevo vio aquella incertidumbre en él. "Ya que eres tú, no tengo por qué mentirte, y sé que lo sabrás tomar de la manera en que es," Cuando Lukas asintió, Agotness se calmó un poco. "Es verdad que ellos hablan conmigo de las atrocidades que hacen los de uniforme negro, pero apenas entran en detalles. Ayer lo hicieron, pues estaban tan sorprendidos que apenas notaron lo mucho que sus lenguas se soltaron. En realidad, hablamos de cosas triviales la mayoría del tiempo. Son dos personas muy agradables y nobles, aunque no lo creas."
"¿Cómo hablas con ellos, Johan?" Intervino Simon, de repente interesado. Tomó asiento junto al aludido.
"Ah, mis abuelos por parte de mi padre me enseñaron alemán cuando era pequeño," Informó. Lukas notó que Johan no parecía nada incómodo al saber que Simon había escuchado toda su conversación hasta ahora. "Así empezamos a comunicarnos; pero les estoy enseñando noruego, a petición de ellos."
"¡Vaya! Parecen personas interesantes, me gustaría conocerlos."
"Ni se te ocurra," Amenazó Lukas, al tiempo que alguien abría la puerta principal. Distintas voces inundaron la casa, y no fue necesario esperar hasta que sus dueños entraran para saber que eran Inger, Eirik y Emil.
"¿Cómo les fue en la reunión, Lu?" Preguntó Inger al instante en que vio a los hombres en la estancia. La muchacha rápidamente se sentó junto a Lukas, y a pesar de que estaba en el sillón individual, Lukas se movió un poco para que Inger pudiera acomodarse.
"Normal," Respondió Lukas a secas.
"Inger, Lukas, ambos están muy delgados…" Eirik comentó, preocupado, al ver que los dos podían sentarse perfectamente en el mismo sillón.
Johan rió, y con dos dedos tocó a Eirik en el costado. "¡Mira quién habla, puedo sentir tus costillas!"
"El señor Raske me dio algunos pescados," Comentó Emil desde la cocina. Simon levantó un puño en señal de victoria, y preguntó a Emil si le podía enseñar a prepararlos.
"Johan, ¿no dijeron nada sobre Selma? ¡Ya debe ser tiempo de que regrese!" Inger dejó su lugar al lado de Lukas, y se sentó en el piso frente Johan. Desde abajo, vi al hombre con una mirada sugestiva, y habló de manera cantarina. "Seguro debes extrañarla, ¿no?"
"No hagas esas insinuaciones, niña. Primero aprende a cocinar y luego intenta hablar con adultos," A pesar de su tono y palabras, Johan estaba sonrojado, por lo que Inger rió ligeramente.
"En realidad no hemos tenido contacto con Selma, pero quizás regrese con Reidar, lo cual será tan pronto como llegue el último grupo a Suecia," Lukas comentó despacio. Aprovechando el ambiente ligero entre ellos, se dirigió a Inger y Eirik con seriedad. "Por cierto, necesito su ayuda para reclutar más personas."
"¿Reclutar?" Los ojos de Eirik se abrieron por la sorpresa.
Mientras, la cara de Inger se iluminó al instante. "¿Ayuda? ¿Qué necesitas?"
"¿Recuerdan estas cartas?" Lukas sacó las cartas de su abrigo, nuevamente, y las puso en la mesita de centro. "Necesito que me lleven a los remitentes. Hablaré con ellos como un simple representante de la resistencia, y les haré algunas propuestas."
Inger y Eirik empezaron a ver las cartas, discutiendo en monosílabos sobre dónde encontrarse con tal o cual persona, y pronto Emil se unió a ellos. Lukas prestó especial atención a la reacción de su hermano al tomar una de las cartas, la más doblada y sucia.
"Oigan, ¿no es éste apodo el de Kåre?" Preguntó Emil, mostrando el papel.
"¿Skjeggestad?" Preguntó Inger, a lo que Emil asintió. "¿Qué clase de tonto pone el apodo cariñoso que le dice su mamá en una carta así? Rødrev se escucha tan simple…"
Johan se inclinó hacia enfrente, intrigado luego de escuchar aquel nombre.
"¡Sí, es él!" Eirik tomó el papel, leyó la información del remitente y destinatario, una y otra vez, y lo regresó a Emil. "Esta carta me la dio a mí, lo recuerdo."
Mientras los muchachos continuaban ponderando sobre los escritores de las cartas, Johan se acercó a Lukas, y le informó que aparentemente el muchacho que se había suicidado en Kristiansten trabajaba junto a un tal Rødrev. "Si ellos conocen a este muchacho, probablemente conozcan al que falleció," Consideró Johan finalmente. "¿Crees que esté bien pedirles ayuda aún así…?"
Lukas volteó hacia Emil. Su hermano estaba tan serio, considerando cuidadosamente las opiniones que daba, a pesar de que Lukas no le pidió a él que se molestara en ello. Anteriormente el muchacho se habría sentido marginado, pero Emil crecía y pensaba más racionalmente cada día a un paso muy rápido. Lukas deseó que Emil no tuviera que enterarse de más muertes, pero sabía que sus deseos eran en vano. "No nos queda más," Dijo al final, sin mostrarse afectado. "Debemos avanzar con esto, sin importar qué."
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13 de marzo, 1942.
Trondheim, Noruega.
"Solo nos quedan tres por visitar, entonces," Simon estiró sus brazos de forma holgazana. "Hasta ahora todos han ido bien, incluso con el famoso Rødrev."
Lukas simplemente asintió, concentrado en repasar algunos datos. Los pasados días, con ayuda de Eirik e Inger, estuvo visitando a cada uno de los jóvenes interesados en apoyar a la resistencia, y hasta ahora había recibido solo respuestas afirmativas y confiadas. El único encuentro un poco más turbulento, fue con Rødrev, donde Inger se enteró del fallecimiento de no solo uno de sus conocidos, sino varios. Sin embargo, la chica tomó las noticias con seriedad, todo lo contrario a su comportamiento en navidad, lo que logró que Lukas tuviera cada vez más opiniones positivas sobre ella.
"¡Y seguirá bien, se los aseguro!" Dijo Inger, animada. Su nariz y mejillas estaban rojas, por el frío. "¡Son buenos compañeros!"
"Seguro que sí," Asintió Simon, y le dio una fuerte palmada en la espalda a la muchacha, ganándose un grito de asombro de su parte. Simon se disculpó, y desvió el tema rápidamente. "¿Creen que alcancemos a ir con el último de hoy? Está empezando a llover."
"Estaba pensando en que podemos dejarlo hasta aquí," Comentó Lukas, alejándose de sus notas mentales. "Contando a los de hoy, hemos ido con ocho de ellos en total, y según sus números me parece suficiente. Tampoco queremos sobresaturarnos."
"Entonces deberíamos regresar rápido, ¡quizás tengas tiempo de llamar a una reunión!"
Inger lideró el camino hasta el lugar donde los esperaban algunos hombres de la resistencia, para regresar todos en una de las camionetas. Ese día no habían encontrado muchos alemanes en esa parte de la ciudad, pues varios de sus compañeros estaban creando problemas al otro extremo de Trondheim, donde tenían ocupados a los invasores. Johan se encontraba liderando aquella misión, por lo que Lukas tuvo que confiar en otros para servirles de transporte esa tarde.
Ya que eran varios los que viajaban en el mismo vehículo, Lukas y Simon tuvieron que irse en la parte trasera, con otros dos noruegos. Simon se negó a ir adentro, a pesar de ser tan susceptible al frío, que sus dientes tronaban.
"El frío debería acabarse ya," Comentó el danés, despacio. Con sus manos enredadas en vendas, se frotaba las rojas mejillas.
"Aún falta mucho," Rió uno de sus acompañantes. "¡Para ser de nuestro linaje, eres un llorón en climas fríos!"
Lukas no les prestaba atención, absorto en sus pensamientos. Sus compañeros de la resistencia sabían que era mejor no hablarle en esos momentos, sin embargo Simon intentaba integrarlo a la conversación de cuando en cuando. Lukas simplemente hacía algún ruido para demostrar que escuchó su nombre, pero no aportaba más. Simon recordó las primeras ocasiones en que habló con Lukas, y lo poco que el joven respondía, simplemente porque no le apetecía. Como en aquellas ocasiones, el danés se limitó a sonreír y continuar hablando, a pesar de ser ignorado, pues sabía que en esta ocasión Lukas tenía razones para no responder.
Al momento en que llegaron al pueblo, Lukas informó que tendrían una reunión, y los hombres disponibles se reunieron en una de las casas más cercanas.
Sin decir nada, Lukas volteó en dirección a Simon, esperando por él.
"Me iré a casa," Informó el danés con una enorme sonrisa, temblando ligeramente. "Voy a hacer algo de ejercicio para entrar en calor."
"¡Lu! ¿Puedo ir yo también a la reunión?" Intervino Inger. Lukas asintió, para que la chica se adelantara al lugar de encuentro.
"¿De nuevo haciendo ejercicio?" Dijo entonces Lukas, una vez estuvieron solos.
"No me puedes decir que no es necesario en estos tiempos," Simon se encogió de hombros. "He hablado con los otros hombres y al parecer todos dedican mucho tiempo a ello. Tú eres muy bueno corriendo, eres rápido y ágil, gracias a tu experiencia en la ciudad. Los que no tenemos eso debemos enfocarnos en nuestra fuerza física."
"Emil se ha estado ejercitando contigo, ¿cierto?"
"Ah, ¿te lo dijo? Ya que no está trabajando, quiere mantenerse en forma."
Sin decir nada más, Lukas dio media vuelta y se marchó. Consciente de lo silencioso que era el noruego esos días, Simon se fue a casa sin preocuparse demasiado. Antes pasó a saludar a Emil, quien se unió a él en su sesión de entrenamiento en la estancia de su casa.
"Entonces, ¿vivías con ellos mientras estuviste en Suecia?" Preguntó Emil, al tiempo que se secaba las pequeñas gotas de sudor en su frente. Estaba en medio de su descanso, y Simon aún continuaba haciendo abdominales.
"No, claro que no, Berwald no me habría soportado," Dijo el danés entre respiraciones. Él, a diferencia de Emil, estaba sudando un poco más. "Tino lo ofreció, pero decidí quedarme con la pareja de ancianos que me ayudaron a esconder a Monica."
"¿No estaba Berwald siempre ocupado en la radio?"
Cuando Simon tomó un descanso, respondió con una carcajada. "¡En algún momento debía volver a casa, y cuando eso pasara, nuestras personalidades chocarían!"
Estuvieron un rato en silencio, recuperando el aliento. Entre más se extendía el silencio entre ellos, más incómodo se sentía Emil por la conversación que quería iniciar. Se tragó sus inseguridades, y decidió hablar.
"Me doy cuenta de que eres cada vez más importante para Lukas," Empezó tentativamente.
Simon volteó a verlo, y sonrió. "Así es. Te lo debo a ti, y me temo que no te lo he agradecido apropiadamente."
"¿A mí?" Emil fue tomado completamente por sorpresa, y por un momento olvidó su objetivo al iniciar aquella conversación, solo por querer escuchar lo que Simon pensaba.
"¡Claro! De no ser por ti, Lukas nunca me habría tenido la confianza para hablar, por lo tanto no nos habríamos conocido," Razonó.
"Supongo que tienes razón…"
Emil se quedó en silencio por un rato, asombrado por aquella verdad que fue expuesta frente a él. Gracias a que conocía a Simon desde antes, su hermano actualmente podía ser feliz en compañía del danés. Sonrió un poco al momento en que ese pensamiento le llegó.
"En realidad… creo que deberías agradecerle a tus malos hábitos al dormir, pues sin ellos nunca te habrías estrellado aquí."
"¡Oye!" Simon rió al ver la expresión burlesca de Emil. "¡Sabes que eso no es gracioso!"
"Claro que es gracioso, te estás riendo," El muchacho se estiró hacia un lado para alcanzar un vaso con agua, mientras continuaba hablando. "Pero, hablando en serio sobre tus problemas al dormir… ¿cómo vas con ello?"
Emil debía felicitarse a sí mismo por la forma suave en que decidió abordar el tema. El plan iba a la perfección.
"Casi todos los días es la misma situación, donde ni siquiera puedo cerrar los ojos. Pero en ocasiones he podido dormir cómodamente, e incluso he tenido sueños, aunque muy rara la vez," Movió los hombros en un gesto desinteresado. "¿Las pesadillas de Lukas cómo van? Se rehúsa a hablarme de ellas."
Emil negó con la expresión más afligida que pudo crear. Simon debía saber que este tema era serio, lo suficientemente serio para que el plan de Emil funcionara. "No me gustaría hablar de eso por el hecho de traicionar su confianza, pero me preocupa, Simon. Yo sé que él lo pasa mal, pero piensa que no soy lo suficientemente fuerte para ayudarlo," Bien, claro, estaba exagerando un poco, pero esto debía funcionar. Iba a funcionar, Emil podía verlo en la expresión preocupada de Simon. "Ya que ustedes son cada vez más cercanos, estaba pensando en que quizás te permitiría a ti ayudarlo… quizás no acepta mi ayuda porque no quiere que lo vea pasando por un mal momento…"
"Estoy seguro de que no es así, Emil, pues él confía en ti," El danés puso una de sus manos en el hombro del muchacho junto a él. "Pero si te parece que yo puedo hacer esto, créeme que yo también quiero ayudar a tu hermano, y lo intentaré ahora más que antes."
"Gracias, Simon," Sonrió con alivio. "Siempre y cuando no le digas que yo te expresé mi preocupación, creo que podrás convencerlo de pasar algunas noches contigo. Estoy seguro de que junto a ti se sentirá seguro, al contrario de estar solo en su habitación…"
El rostro del danés se coloreó de rubor, y Emil resistió su repentina urgencia de rodar los ojos ante aquella reacción que, a pesar de ser poco inocente, no resultaba para nada desagradable.
"¿Qué hay de ti?" Preguntó Simon, algo tenso.
"No te preocupes por mí, sino por mi hermano," Insistió, y al fin, Simon asintió con determinación en sus pupilas. "Estos días volverán a ser muy ocupados, pero ya pronto llegará Reidar y seguro que las cosas se calman un poco."
"Esperemos que sí."
Antes de que el ambiente se tornara sombrío entre ellos, Emil se puso de pie y sugirió preparar algo de comer por si Lukas regresaba antes. Al danés le pareció una muy buena idea, y siguió a Emil hasta la casa contigua para preparar algo juntos.
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Unos días pasaron, en los que Lukas estuvo liderando reunión tras reunión entre los hombres de la resistencia, para que todos empezaran a conocerse. Los jóvenes que había contactado Lukas parecían levarse de maravilla, pues la gran mayoría ya se conocían, sin embargo la afinidad entre los muchachos con los originales miembros de la resistencia no iba muy bien. Afortunadamente para él, todos sus compañeros se encontraban cada vez más entusiasmados con la idea de participar en misiones grandes gracias a los nuevos miembros, lo cual ayudaba en la forma interna de trabajar.
En pequeños grupos habían continuado con sus misiones usuales; interceptar camiones para robar provisiones, unas cuantas bombas en un edificio o en otro de la ciudad, incluso algunos universitarios ayudaban con propaganda en papel periódico. El frío era cada vez más leve; las nevadas quedaron atrás y dieron paso a los tiempos de lluvia. Los alemanes ahora tenían más movilidad, y Lukas no podía contactar con Morten, sin embargo se mantenía positivo gracias a la energía de todos los muchachos que ahora estaban de su lado.
Y entonces, a mediados de marzo, Reidar volvió de Suecia con armamento, información, y una buena compañera que ya todos extrañaban. Selma Sörensson solía ir y venir de Noruega a Suecia con regularidad, sin embargo estuvo un tiempo ayudando a la esposa de Jan Munch con su embarazo y etapa posparto, por lo que no había tenido la oportunidad de unirse a ellos una vez más. Cuando llegó, el ánimo de todos los amigos de Lukas se levantó hasta las nubes, de una forma parecida a lo que pasaba con las llegadas de Reidar, pero con algún aire distinto. Johan Agotness, sin lugar a dudas, se encontraba más feliz que los demás. Agregando esto a la ya existente necesidad de hacer algo grande en la ciudad, cuando Reidar y Selma plantearon una noche sus próximos planes, todos los hombres se mostraron ansiosos de participar.
Los sabotajes se volvieron más y más temerarios; miembros de la resistencia caminando directamente hacia las oficinas de los alemanes como distracción, mientras otros colocaban explosivos directo bajo a sus narices. Los tiroteos en medio de la ciudad eran más comunes. Día a día, eran cada vez más escasas las ocasiones en que regresaban a casa a dormir. Perdían compañeros, uno tras otro. Los más jóvenes, sorprendentemente, eran los más profesionales y continuaban con las misiones al pie de la letra a pesar de perder un amigo en la pelea. Simon intentaba ir siempre a donde Lukas fuera, aunque en muchas ocasiones le tocó quedarse con Emil y Eirik en el pueblo. Inger Vinter pasó de ser la niña que atendía el bar, a la aprendiz de Selma, y la segunda mejor francotiradora de la resistencia. Todo en menos de dos meses.
Y entonces, cuando la última semana de mayo llegó junto a ellos, empezaron a planear lo que todos consideraban como el verdadero comienzo de la resistencia, el primer paso hacia la libertad. Luego de reunir y reunir información, Lukas y los demás veteranos decidieron que era tiempo de cazar al miembro más destacado de la Gestapo en Noruega, Henry Rinnan, el cual casualmente vivía en una enorme mansión en Trondheim. Aquel logro resultaría muy complicado, y los alemanes estarían tan desorientados luego de perder a una pieza tan importante en su juego, que la resistencia aprovecharía e iniciaría entonces sus ataques contra los submarinos en el fiordo de Trondheim.
Todos estaban decididos a empezar, pues en sus corazones no había algo que sobrepasara su lealtad con Noruega. Sin embargo, Lukas solo podía pensar en su hermano, en Simon, Eirik, Johan y todos sus otros compañeros. En lo que podría perder. En lo que estaba por venir. En poco tiempo, habían perdido muchos compatriotas de los cuales no sabía siquiera su nombre. A pesar de tener una memoria tan buena como la suya, no podía recordar algo si no le había puesto la debida atención, y ese sentimiento de culpa empezaba a acumularse. Morten ya ni siquiera podía voltearlo a ver sin que los alemanes sospecharan. Reidar hacía esfuerzos sobrehumanos por no estar en las mismas misiones que él.
Lukas estaba cada vez más irritable, pero Simon continuaba sonriendo. A pesar de intentar enmascarar lo que sentía, Simon y Emil de alguna forma lo sabrían. Insistían en comer juntos cuando tuvieran la oportunidad. Insistían en hacer como que la guerra no existía afuera de las paredes de su casa. Y por mucho que Lukas quería seguir ese pensamiento, no podía.
Y su miedo incrementaba, justo como pasaban los días hasta llegar a junio.
Aquel junio, que nunca en su vida olvidaría.
Notas:
(1)
Así que ahora te busco por la avenida
Y mientras ando, rezo
Que un día pronto te encontraré
En algún punto del camino
La canción es Somewhere Along the Way de Vera Lynn.
Un montón de información fue tirada indiscriminadamente en este capítulo, lol. Todo el rollo de los judíos siendo marcados en Trondheim y el acorazado Tirpitz llegando al fiordo, son hechos verídicos que pasaron más o menos en la fecha que puse ahí.
Henry Rinnan también fue un fulano verídico (¿qué rayos?); quise ponerle otro nombre al personaje de este fanfic, pero ya me dio pereza buscar nombres, ¿y qué mejor forma de hacer alusión a una persona que usando su nombre? De igual manera, lo que haya pasado con él en la vida real me va valer un cacahuate y voy a usar su personaje como más me plazca. Espero que a nadie le moleste esto.
También, en este capítulo se metieron muchos detallitos pequeños que fui escribiendo capítulo por capítulo. Con una lectura continua supongo que esto sería más notorio, pero dado que actualizo cada seis meses, supongo que sería raro que alguien se acuerde de las antiguas ocasiones en que dichos detalles se mencionaron. Espero que, de todas formas, las cosas hayan tenido sentido.
Aprovecho el tema de las actualizaciones para disculparme por tardar tanto (de nuevo). Estoy emocionada porque ya se viene lo bueno (es decir, la escena por la que empecé a escribir esto). Muchas gracias a quienes continúen leyendo esta historia, y feliz año nuevo.
PD: ¡Capítulo 10, 50k palabras! ¡Madre Santa!
