When you're away, oh how quickly you find
you long for the place far behind you
travellin' home, travellin' home
I'm like a stone that's been rolling too long
winds that have blown me on my way
blow me right back to harbour
En el desfile en honor a los héroes que apoyaron Trondheim a lo largo de la guerra, los muchachos de la resistencia estuvieron presentes en primera fila. Los rostros sorprendidos de las personas al ver que el líder, el mismísimo fantasma de invierno, era Inger Vinter, no tuvieron precio. Madres que creían muertos a sus hijos, lloraban de felicidad al verlos frente a ellas con la sorpresa de que tuvieron que alejarse de sus familias para cumplir con su misión más eficientemente. Se hicieron menciones honorarias a miembros fallecidos y desaparecidos, a lo cual Simon prefirió no prestar atención.
A cada miembro le otorgaron una medalla, que para Simon honestamente no tenía valor alguno. Las sonrisas de las personas presentes tenían más valor que todas sus palabras de agradecimiento y asombro al ver que el aclamado teniente Simon Densen de la fuerza aérea danesa había contribuido con la resistencia. Dicho exteniente solo quería regresar a casa.
Terminaron las formalidades, y los muchachos estaban preparados para celebrar una vez más. Inger los invitó a todos a su casa, al antiguo bar, y por fin Simon pudo ir al pueblo donde Lukas había vivido. El camino fue más rápido de lo que recordaba. Ya no era un pueblo fantasma, ya no más. A todos se les veía felices, andando por las calles terrosas, aunque más delgados de lo que Simon los recordaba. Los muchachos de la resistencia llegaron con víveres, los cuales empezaron a repartir casa por casa en lo que Inger tenía un momento a solas en casa.
Simon llegó con ella. El bar, que era la parte delantera, estaba en la misma condición desde la última vez que lo vieron. La puerta era lo único mal, que no podía cerrarse bien luego de que los alemanes la derribaran para entrar, sin embargo todo adentro estaba bien cuidado, ordenado, aunque una capa de polvo lo cubriera. Los vecinos habían cuidado su casa. La señora de la casa contigua se disculpó porque habían entrado para tomar la comida, pero fuera de eso, nada había sido cambiado de lugar.
Inger empezó a limpiar al instante. Regresó a su rutina de cuando el bar funcionaba, y ella se encargaba de la limpieza. Simon le ayudó en silencio. Incluso quedaba alcohol en los estantes, y el danés se asombró cada vez más por lo solidarios que eran todos en el pueblo.
No hizo ningún comentario sobre las lágrimas que Inger dejaba caer al piso, ni los sollozos que soltaba la muchacha mientras limpiaba. Así, terminaron de limpiar el bar justo a tiempo para que Kåre y los demás empezaran a llegar, cansados luego de un día atareado, pero definitivamente no tan cansados como terminaban luego de una misión de la resistencia.
"Seguro limpiar la casa no será tan fácil," Rió Inger, y Simon no hizo ningún comentario. Se excusó rápidamente, y se despidió de los muchachos.
"Aquí están los víveres que pediste," Le dijo Kåre, entregándole dos bolsas cargadas hasta el tope. "Buena suerte."
"Y ustedes diviértanse," Sonrió sin más.
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La señora Raske estaba regando las plantas cuando Simon llegó a su puerta. Se veía cansada, mucho más vieja de lo que debería, y delgada, sin embargo andaba entre sus plantas con una sonrisa en el rostro y con un buen humor palpable.
"Buenas tardes, señora," Saludó el danés despacio, a lo que la mujer lo vio sorprendida. Se quedó un momento en silencio, y Simon aprovechó para entregarle lo que traía. "Los demás muchachos de la resistencia ya le entregaron unas cuantas cosas, pero yo quería darle esto en persona, como agradecimiento de su amabilidad," Le entregó la bolsa con pescados. "Por fin… por fi puedo pagarle lo que me dio en ese entonces."
La anciana mujer se echó a llorar, puso los pescados en el portal de su casa, y se abalanzó hacia Simon en un fuerte abrazo. "Muchacho, qué bueno que estés bien, qué bueno. Dime, ¿qué fue del pequeño Emil? Mi esposo no ha sabido nada de él, ha estado tan preocupado, hemos estado preocupados…"
Con un nudo en la garganta, Simon pasó a la casa cuando lo invitaron. Saludó al señor Raske, y habló con ellos todo lo que pudo sobre Emil. Se había preparado para el olor a mar que antes penetraba en aquella vivienda, pero la peste de antaño parecía haberse esfumado. Seguro porque el anciano se había visto obligado a cambiar su ocupación en la guerra.
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Justo como la puerta del bar, la puerta de la casa de Lukas también estaba descolocada. Se podía notar que los alemanes hicieron un completo desastre, y las personas del pueblo intentaron arreglarlo, pero un montón de cosas de madera rotas no eran especialmente fáciles de arreglar en aquellos tiempos de hambruna y cansancio. El lugar debajo de las maderas donde Lukas escondía los papeles importantes de la resistencia estaba completamente destrozado. Las puertas de la alacena cerraban mal, los sillones fueron remendados pobremente luego de haber sido cortados en búsqueda de algo relacionado con la resistencia, pero las cosas estaban en su lugar. Había algo de polvo porque, como la señora Raske dijo, tenía ya tiempo sin ir a sacudir.
Antes de pensar mucho en ello, dejó sus cosas en la sala de la casa y salió por el patio, donde se encontró con que algunas de las plantas de Emil se habían marchitado, pero la gran mayoría seguían vivas, aunque tristes. Dio un brinco sobre el cerco, y pasó entre la maleza hasta su casa, la cual no había sido allanada. Entró con la ayuda de su llave, y se encontró todo justo como lo había dejado, pero no permaneció allí. Una vez comprobó el estado de su casa, cerró la puerta una vez más, y regresó a la casa de Lukas.
Al brincar el cerco una vez más, recordó la primera vez que se dijeron más de dos palabras, y rió un poco. Ahí desayunó con Lukas por primera vez. Pasó entre las plantas, recordando las palabras de Emil mientras le decía sus nombres, y sus cuidados especiales. Para el momento en que tuvo que entrar a la casa, las lágrimas se habían acumulado en sus ojos, pero no les prestó atención.
Rápidamente, tomó agua del baño para, una vez más en esa tarde, encargarse de limpiar el polvo a su alrededor. Dejó de llorar, pero su tristeza seguía impregnada en él, y no sabía cómo detenerla. Luego de que pareció estar lo suficientemente limpio para andar por el lugar sin problemas, se preparó algo de cenar con los víveres que Kåre le dio, y se sentó a la mesa. La mesa donde Lukas y Emil también se sentaban. A veces Johan o Reidar, y muy seguido Eirik también. Comió rápido.
Deseaba dormir, pero tenía miedo de hacerlo. Se ocupó un tiempo más, intentando arreglar la puerta fútilmente. Las personas del pueblo ya lo habían intentado y la dejaron lo mejor posible, así que Simon terminó rindiéndose, y fue al cuarto de Lukas.
Al sacudir la manta y sábanas de la cama, pudo darse cuenta de que estaba llena de polvo, pero no importaba. Fue al armario en búsqueda de ropa, pero se encontró con la decepción de que ya nada tenía el olor característico de Lukas. Aún así, cambió su ropa con la ropa más grande que usaba el noruego (la de dormir, por suerte), y se perdió entre las sábanas de la cama.
Sabía que apenas y quedaba un rastro de Lukas ahí, pero su cerebro lo traicionaba, y casi de inmediato pudo sentir que ciertos pálidos brazos lo abrazaban hasta quedarse dormido.
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11 de mayo de 1945
Trondheim, Noruega.
A pesar de que ya no había peligro en carretera, Simon no podía evitar sino sentirse nervioso y agitado mientras la camioneta iba con su traqueteo. En la parte de enfrete, Kåre manejaba e Inger lo acompañaba. Había espacio para él, pero Simon decidió ir atrás. No hacía ya tanto frío, o quizás ya se había acostumbrado, pero necesitaba sentir el aire en su rostro. Llevaban ya ocho horas en la carretera, y según sus mapas, estaban a punto de pasar por la frontera con Suecia.
La noche anterior, había escuchado una vez más la estación de radio donde Berwald trabaja, y el sueco seguía dedicando la misma canción con la misma inicial. Las posibilidades eran escasas, y quizás sus deseos estaban nublando su razón, pero lo único que le quedaba a Simon era esperar que tenía razón en sus sospechas. Además, no planeaba dejar de buscar. Todos sus amigos estaban en Suecia, de cualquier forma, y quedarse un día más solo en aquella casa lo iba a desquiciar.
El pasar a Suecia no daba un cambio muy significativo en el panorama, pero Simon podía ver la diferencia. Una vez estando en el país hermano, Kåre pudo tomar una ruta con carreteras más consistentes, y empezaron a recorrer su camino más rápido. Pasaron por varios pueblos, y la primer ciudad que Simon reconoció fue Järpen, donde había estado en varias ocasiones (y la última donde estuvo antes de estrellarse en Noruega). Se detuvieron para descansar un poco en casa de un conocido de Simon, a quien saludó muy efusivamente a pesar de que su cabeza seguía perdida en otros asuntos. De verdad en los últimos años se había hecho un experto para las apariencias.
"Pasaremos otras tres ciudades, y llegaremos a Östersund," Le dijo Simon al muchacho al volante antes de partir una vez más. "A partir de aquí llegaremos rápido que antes, y estaremos ahí para antes del anochecer."
"Simon, puedes venir a descansar aquí adentro en lo que llegamos," Intervino Inger, a pesar de saber que Simon iba a rechazar la oferta amablemente.
Soñando despierto, tarareando y tocando su armónica, el momento en que Simon reconoció su llegada a Östersund, el lugar donde Berwald trabajaba en la estación de radio, fue una realización repentina. Guardó su armónica rápidamente, con manos temblorosas, y se asomó por el lado donde Kåre manejaba. "¡Niño, por esta calle, ve por esta calle!" Así, le fue indicando al muchacho por dónde ir, sus manos temblando cada vez más, viendo a su alrededor.
"¿Simon? ¿Simon eres tú?" Escuchó la voz de una mujer por un lado. El danés volteó, y al ver a aquella señorita la saludó con entusiasmo.
"¡Irenka, has crecido tanto! ¡Volví!" Le dijo sonriendo, ya sin poder contener su emoción.
Iban muy lejos para continuar hablando con su antigua amiga, y solo alcanzó a escuchar que soltó un grito de felicidad. Aquel era su antiguo recorrido hacia la radio, por lo que empezó a saludar a más y más personas, todos reaccionando diferente por su regreso, pero todos con la misma emoción. Cuando Kåre se estacionó enfrente de la radio, Simon saltó desde el costado, y trotó hasta la puerta del establecimiento. A la recepcionista se le iluminó el rostro en el instante en que lo vio. "¡Danés, volviste!"
"¡Por supuesto, Dunya! Te dije que volvería, ¿o no? ¿Y Berwald dónde está?"
"Está al aire, pero debes esperar-"
Simon no esperó un segundo. Entró a la cabina, y el operador de sonido lo vio con el mismo rostro que la anterior mujer. Estaban en una pausa de música, así que Berwald estaba sentado frente al micrófono del otro lado del vidrio, repasando el itinerario del día. Su postura al sentarse era tan correcta como Simon la recordaba, pero esta vez agregando un discreto bajón en sus hombros. Su rostro lucía cansado, con apenas rastros de ojeras. Cuando volteó hacia enfrente, sus pequeños ojos azules se abrieron poco a poco, y dejó caer las hojas que traía en las manos. Se puso de pie, y salió de la cabina, aún estupefacto.
"Hola, hermano," Simon lo saludó como solía hacerlo años antes, y se encontró con la dicha de que la sonrisa en su rostro se sintió un poco más natural, mucho más al ver la reacción de Berwald.
"Ya te he dicho que no me llames hermano, danés," Respondió las mismas líneas que solía responder en aquellos mismos años, con aquella voz grave y profunda, para después tomar a Simon entre sus brazos y apretarlo con tremenda fuerza que presumía ser mortal dirigida a alguna acción diferente. "Creí que habías muerto, imbécil."
Simon rió, aún devolviendo el abrazo. "Gracias. Escuché tus mensajes por la radio, así que me imaginé algo así."
Al escuchar eso, Berwald se apartó de él, y lo tomó de los hombros, firme. Su rostro estaba pintado con tal sorpresa, que se estaba volviendo un poco extraño ver al estoico hombre expresar tanto en tan poco tiempo. "Dios mío. Debemos ir a mi casa en este momento," Simon no quería, pero dejó que las esperanzas se apoderaran de su cuerpo y mente. Entonces, Berwald sonrió. "Creo que conozco a alguien que le gustará saber que esa canción llegó a ti."
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Simon fue con Berwald en su auto, mientras los muchachos los seguían desde atrás en la camioneta. El sueco le dijo que era mejor que lo viera por él mismo, y Simon estaba de acuerdo, por lo que el corto viaje se realizó en silencio. La casa frente a la cual Berwald se estacionó era pequeña y muy curiosa. Tenía plantas en cada parte del portal, una bonita cerca de madera, y estaba pintada con colores pastel, muy diferente a la casa descolorida y sin vida que Simon había conocido en el pasado. De entre las plantas, un joven de cabello platinado y grandes ojos se asomó. Llevaba un sombrero y un atuendo de jardín, y tenía algo de suciedad en una mejilla, pero sus facciones eran tan finas que se veía incluso adorable.
Sin embargo, su expresión era de preocupación. "¿Ber? ¿Qué pasó, por qué vienes temprano?"
"No te preocupes Tino, traigo un visitante conmigo," Respondió Berwald en lo que Simon salía del auto, y de repente al danés le pareció muy conocido aquel nombre.
"Tino…" Murmuró Simon en lo que se acercaba. El joven sonrió, y extendió su mano derecha luego de sacarse el guante que se había puesto. "Sí, soy Tino Väinämöinen, ¡mucho gusto!"
Al instante en que Simon recordó quién era aquella persona, aquel muchachito de apariencia linda y calmada que escondía detrás de él un veterano de guerra, otro muchacho salió por la puerta principal, y la vista del danés se posó en él enseguida.
"Emil-" Alcanzó a decir en un respiro, para después ser tacleado al piso por dicho muchacho.
"¡Emil!" Exclamó Tino al momento, pero Berwald puso una mano en su hombro.
"Tino, te presento a Simon Densen."
La exclamación de Tino apenas se escuchó, ya que Emil había empezado a llorar tan alto que las personas que pasaban cerca empezaban a voltear con preocupación. Cuando Simon pudo sentarse en la acera para no estar recostado de forma incómoda, devolvió a Emil el abrazo con el mismo entusiasmo, riendo. Tanta incertidumbre se esfumó, y fue reemplazada por felicidad en ese solo instante. "¡Emil, creo que otra vez estás más alto!"
"¡Estaba tan preocupado, tan preocupado, no tienes una idea!" Emil estaba tan sorprendido que no había siquiera reaccionado al comentario de Simon. Con sus manos se aferraba a la ropa del danés, pero de repente se alejó de él. "No. No hay tiempo para esto. Debes entrar."
"Claro, claro," Agregó Tino, visiblemente emocionado, y con ojos llorosos. "Mejor llevamos esta reunión adentro, ¿no?"
Mientras el danés se ponía de pie con ayuda de sus anfitriones, y Emil corría a abrazar a Inger y a Kåre, Simon escuchó una voz que llamaba desde adentro de la casa, entre el bullicio.
"¿Tino? ¿Qué pasó? escuché a Emil llorar…"
Las rodillas de Simon falsearon. Aquella dulce voz, nunca la iba a olvidar. En los últimos tres años, todo aquello que lo mantenía cuerdo, toda su razón para continuar, todo su rayo de esperanza, era alimentado por escuchar aquella melodiosa voz en sueños. Tanto había deseado escucharla una vez más, tanto había anhelado con ese momento, el cual se sentía casi irreal. Solo con escuchar esa voz, los pasados años de sufrimiento se evaporaron entre un remolino de puro y completo alivio.
Volteó hacia Berwald con ojos esperanzados, y se encontró los ojos inundados de felicidad de su amigo. "Ven, Simon. Te mostraré la casa."
Berwald y Tino llevaron a Simon hasta el fondo de la casa, que estaba a unos cuantos metros. Al pasar por la sala, una pequeña bola de pelo volteó a verlo desde su cómodo lugar en uno de los sillones. Al fondo, una puerta de malla metálica daba al patio, y al abrirla, el color verde llenaba el panorama a donde quiera que se volteara la vista. Simon pensó con ternura en que Emil seguro amaba este lugar, y entonces, lo vio.
Sentado en una silla de jardín, frente a una pequeña mesa, y viéndolo directamente a la cara, estaba Lukas Bondevik entre flores moradas y azules. Su cabello platinado era un poco más corto de como lo llevaba tres años atrás, pero estaba resplandeciente y hermoso. Sus ojos de color azul profundo se clavaron en su rostro, muy abiertos y brillantes. Sus pómulos estaban prominentes en su rostro; se veía tan delgado como lo recordaba y quizás incluso más, pero su piel se veía saludable y honestamente, todo lo que podía ver Simon en ese momento era la perfección en forma física.
Lukas separó sus labios, pero no dijo nada. Su labio inferior temblaba, y parecía a punto de llorar. Se puso de pie de golpe, y en ese momento Simon reaccionó, y corrió hasta él entre macetas y flores.
"¡Lukas!" Gritó, y Simon entonces se dio cuenta de que él ya estaba llorando a borbollones, y no parecía existir fuerza que pudiera obligarlo a detenerse en algún momento.
"Simon," Suspiró Lukas, y levantó los brazos. Por alguna razón sus manos no se levantaron, se mantuvieron inmóviles hacia abajo como si fueran de trapo, pero a Simon no le importaba. Llegó hasta él, enredó sus manos en su cintura, y lo levantó del piso mientras lloraba y lloraba. Lukas reía, deleitaba a Simon con su risa una vez más, y apretó sus brazos alrededor del cuello del danés, mientras éste daba una vuelta.
"Lukas, oh mierda, Lukas pasó tanto, yo no-" Simon se detuvo, pero su llanto no terminaba. Entre sus sollozos sintió que las lágrimas que Lukas estaba derramando caían en su rostro. "No puedo creer que pude vivir sin saber de ti tanto tiempo, no sé cómo lo hice, no sé-"
Lo silenció un hermoso roce de suaves labios contra los suyos, un momento eléctrico, que luego de tanto tiempo apenas y podía imaginar. "No importa," Suspiró Lukas, sin aire. "No importa, ya nada importa, porque estás aquí."
Simon bajó a Lukas entonces, y tomó su rostro entre sus manos. "Te amo tanto," Le dijo, aún llorando pero ya más tranquilo, y se acercó para darle un breve beso en la mejilla. "Nunca he amado a alguien como te amo a ti, y nunca diré algo más cierto que eso," Al escuchar eso, fue Lukas el que se desplomó en sollozos, perdiendo quizás toda la compostura que estaba intentando mantener. Simon entonces selló sus labios una vez más, y deseó no tener que separarse nunca.
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Cuando Simon volteo hacia la entrada de la casa, se encontró con que tenían una audiencia que se ponía cada vez más emotiva. Tino lloraba mientras abrazaba a Berwald, y éste le limpiaba las lágrimas con un pequeño pañuelo. Emil también lloraba, junto a Inger. Kåre intentaba mostrarse indiferente pero sus labios temblorosos lo traicionaban. Berwald era el único que parecía no estar afectado, pero Simon sabía bien que estaba aguantando por el bien de la velada por venir.
"Estoy tan feliz, tan feliz," Decía Tino. "Lukas está riendo, ¿lo viste, Ber? Está riendo de verdad-"
"Deberían pasar, y nos sentamos todos juntos para ponernos al día," Sugirió Emil. Simon asintió, pero Lukas puso un brazo frente a Simon, y se quedó viendo a su hermanito por unos segundos. Al parecer su telepatía de hermanos funcionaba mejor que antes, pues Emil de inmediato agregó algo más. "Deberíamos ir entrando nosotros y preparar todo, ¿qué dices Tino?"
Tino apenas tuvo opción de responder, cuando Emil ya los llevaba a todos para adentro, y cerraba la puerta del patio.
"¿Te quieres sentar conmigo un momento?" Le preguntó Lukas entonces, viéndolo con ojos rojos de tanto llorar. Sonreía ligeramente, como si todo estuviera bien.
"Sé que quieres decirme algo importante," Comentó Simon al sentarse frente a la silla de Lukas. Acercó sus manos para tomar las de Lukas, pero éste las apartó. Simon volteó a verlo, desconcertado, y se encontró con una expresión dolorosa de ver en Lukas. Miedo y profunda tristeza. "Hey, ¿qué pasa?"
Lukas levantó los brazos frente a Simon, con sus manos aún colgando inmóviles. Las volteó, y al ver unas enormes cicatrices en sus muñecas, una ola de horror atacó al danés. Dubitativo, extendió sus manos para tomar las de Lukas, pero ésta vez el noruego no las alejó. Pasó sus dedos por las profundas cicatrices, y por las pequeñas manos de Lukas que estaban suaves y algo encogidas por el desuso.
"No puedo moverlas, ni un poco. Cortaron mis tendones, para que no pudiera suicidarme de ninguna forma," Rió con sorna. "Supongo que sí fueron precavidos luego de sus errores."
Simon volteó hacia el rostro de Lukas, y en su repentina sobriedad pudo ahora ver las cicatrices que adornaban su preciosa cara: una junto a su ojo derecho (el cual ahora se mantenía un poco más cerrado que el otro), otra en su barbilla; le faltaba un poco de cabello enfrente por algunas cicatrices en su cuero cabelludo. Pasó sus manos por su cuello y notó que en la base tenía cicatrices de quemaduras que seguro iban más abajo. Simon sentía la ira hervir en su pecho, y en ese momento se arrepintió tanto por no haberse asegurado de que Rinnan sufriera más al morir.
"Antes que nada, quería que vieras…" Tragó saliva. "No me parezco en nada a lo que conocías. Se pone peor en el resto de mi cuerpo. Por eso, no te culpo si cambias de parecer sobre lo que dijiste antes. No puedo ser zapatero nunca más, no puedo siquiera caminar bien por mis huesos rotos que fueron tratados tarde. Apenas y puedo conciliar el sueño en las noches porque las pesadillas y los horribles recuerdos me acechan. No puedo vivir con la culpa de que… De que yo hablé, Simon, lo jodí todo, por mi culpa seguro asesinaron a montones de personas, de compañeros. Lo siento. Siento tanto que me hubieras buscado solo para encontrarme así, lo siento," La voz de Lukas se quebró al final, como si él tuviera algo de qué disculparse de verdad. Como si él tuviera la culpa de algo, mientras Simon estaba seguro de que nada de lo que Lukas creía era correcto.
Tomó el rostro de Lukas entre sus manos una vez más, y encontró sus hermosos ojos otra vez llenos de lágrimas. "Lukas, no seas idiota. Yo te amo, ya te lo he dicho," Dijo con firmeza, para después sonreír dulcemente. "Eres y siempre serás la persona más hermosa y perfecta que he conocido, ¿entiendes? ¿Por qué te disculpas conmigo? ¡Yo debería disculparme! Debí hacer más, pero dejé que te llevaran. Debí rescatarte antes… Tenía que haber pensado mejor mi plan en vez de dejarme atrapar, nunca debí ponerte en esa situación. Emil fue muy valiente, pero yo le fallé. Por favor, Lukas, no te culpes por todo esto, no te lastimes así, no te lastimes más de lo que ya te han lastimado."
Las lágrimas recorrían las mejillas de Lukas una vez más, y negaba con la cabeza. Simon se acercó a él, y lo puso contra su pecho de forma protectora. "No te atormentes, Lukas. No sé si deba decirte, pero al parecer no éramos tan sutiles como creíamos," Rió un poco. "En cuanto supieron que corrí como idiota a salvarte, todos los de la resistencia que quedaban huyeron a esconderse temiendo lo peor. Eran muy pocos de cualquier forma, y todos están bien. Lo señores Raske están bien. Todos los más jóvenes están bien, porque al parecer nunca te molestaste en aprender nada de ellos," Reía más, en lo que sus explicaciones se alargaban. "Todo lo que dijiste, eran cosas que ya no importaban, Lukas. Los demás venían en la camioneta contigo… Estoy seguro de que ellos piensan lo mismo. No le pasó nada a nadie."
Con suerte, Lukas había dejado de llorar, y llegó a sonreírle a Simon una vez se apartó. "Johan me dijo eso mismo. Aseguró que yo nunca les habría dicho algo útil. Que seguro les di las direcciones de nuestros ya difuntos compañeros… que no había pasado nada."
Simon sonrió amplio. "Claro que dijo eso. ¿Y dónde está ese idiota? También lo extrañé en este tiempo."
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Johan Agotness lloraba a moco tendido mientras tenía a Simon aún en sus brazos. Al danés le parecía asqueroso, pero por la felicidad no tenía en sí la fuerza de apartarlo. Niels Hansen, padre e hijo, pasaban de acá para allá, sirviendo bocadillos y bebidas, entusiasmados de tener a todos en su casa temporaria. Habían pasado varios días para que todos pudieran reunirse en Estocolmo, y celebrar el fin de la guerra con amigos, como era debido.
Eirik Solverg estaba junto a Inger y Emil, evidentemente feliz de ver a su amiga una vez más, mientras Knut Naess dejaba algunas lágrimas caer por la felicidad de ver a la hija de su viejo amigo una vez más, pero tristeza al recordar las noticias que le dieron sobre cómo había terminado dicho amigo. Jan Munch y su esposa hablaban con Kåre mientras le daban palmadas en la espalda. El muchacho estaba cargando al bebé de la pareja, y se veía extrañamente cómodo con eso.
Lukas estaba en un sillón, con Einar Falk y Stian Lange en cada lado. Lukas le había comentado a Simon que no había podido ver a sus amigos de la resistencia encargados de mandarles provisiones en los tres años que había pasado, pues ambos se habían relacionado cada vez más con ayudar a la resistencia noruega en los últimos años de la guerra, por lo que ambos hombres no dejaban de hablar con él, mientras curiosamente tomaban turnos para llorar en honor de sus amigos que habían caído. No era raro escuchar de repente que mencionaban algún nombre; Reidar, Ole, Selma.
"Dietrich y Edwin me pidieron que te hiciera llegar sus mejores deseos para ti," Comentó Simon a Johan luego de que el hombre se calmara. "No sé qué pasó con ellos, lo siento."
Johan solo sonrió con un aire de tristeza. "No importa. Siempre lo recordaré como buenos amigos, y héroes."
"Nos salvaron la vida allá. De verdad."
Entonces Johan se apartó de él, y dio dos palmadas. "¡Bien, el momento de llorar ya pasó! Creo que ya todos tuvimos suficiente en estos años de sufrir y lamentarnos, ¡pero ahora es momento de celebrar! ¡Celebrar por fin que la guerra acabó, y que nuestros hermanos no tendrán que vivir en el miedo un día más!" Levantó el vaso más cercano, que tenía agua, y entre risas todos empezaron a reunirse al brindis con sus bebidas. "¡Salud por la libertad!"
"¡Salud por nuestros hermanos que ya no están!" Gritó Einar, aún con lágrimas en su rostro.
"¡Salud por todos nosotros!" Se unió Emil. Volteó hacia Simon, sonriendo.
Y en ese momento, Simon supo que ahí sí podía sentir la felicidad. Había pocos en comparación a todos lo que iniciaron, pero ahí estaban. Su familia. Sus amigos más preciados. Todos llorando, riendo, celebrando que todo había terminado.
Habían perdido demasiado, pero habían ganado mucho más. La paz de saber que ellos nunca se dejaron doblegar, nunca permitieron que el enemigo los dominara. Y en aquel momento, esa sensación era suficiente.
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"¿Cómo te fue con tu amigo?" Preguntó Tino en la cena, sonriendo. Su perrito blanco estaba en sus piernas, y esperaba pacientemente a que su dueño le diera algo de su comida. Berwald había mencionado una vez, que Hana era como un hijo para ellos, y entre más pasaba el tiempo, Simon más creía que aquello era cierto.
"¡Muy bien! Me regañó un poco por usar su casa sin permiso los pasados años, pero le aseguré que todo estaba bien y en su lugar, así que luego de eso se quedó feliz," En realidad, su amigo Tore Sørensen había estado aliviado de que sí usara su casa para refugiarse, por mucho que lo hubiera regañado. "Estuve también visitando amigos, y agradeciendo, aunque aún me faltan algunos."
"¿Empezaste ya con lo que querías hacer luego de la guerra?" Preguntó Emil sorprendido.
"¡Claro, no hay tiempo que perder!"
"Si eso quiere decir que te irás de mi casa lo más pronto posible, estoy de acuerdo con el danés," Comentó Berwald. Simon simplemente rió.
"¡Por supuesto! Una vez vaya y le agradezca a aquellos ancianos que me prestaron su granero para refugiar a Monica, podré irme de Suecia sin remordimientos," Continuaba el danés mientras comía. "Además, Lukas y Emil tienen cosas que quieren hacer también. ¡Le traje a Emil su peluche de pajarito desde Noruega, pero él quiere adoptar uno de verdad allá en Islandia! ¡Es mejor hacerlo mientras somos jóvenes!"
El rostro de Emil se coloreó por vergüenza. "No puedo creer que recuerdes eso," Murmuró. "¿Y Monica?"
Simon simplemente se encogió de hombros. "Antes de venir fui a buscarla, pero la desmantelaron. Quedó apenas rastro de ella luego de que usaran sus partes como refacción. De igual forma, ya no iba a poder volar. Es mejor que ella por fin pueda descansar," La verdad era que Simon ya había sufrido su pérdida hace tiempo, y ya lo había aceptado. Además, mientras tuviera aquella foto vieja con sus amigos y su avión en sus tiempos de piloto, la felicidad no se iba a esfumar del todo.
La cena terminó entre anécdotas y visiones positivas del futuro. Lukas discretamente le indicó que se encontrara con él en el patio, algo que empezaron a hacer muy seguido, ya que el noruego le confesó que se sentía tranquilo entre aquellas bonitas plantas. Simon lo siguió en silencio luego de agradecer por la comida.
Se sentaron muy cerca uno del otro en una pequeña banca de madera por un costado. Lukas parecía querer decirle algo, pero no empezaba. Al verlo de lado, con su cabello detrás de la oreja, recordó que no le había entregado algo importante. Buscó en uno de sus bolsillos y efectivamente, ahí encontró el broche. Se lo mostró, sonriendo.
"¿Lo encontraste?"
"Claro que lo encontré," Le dijo, mientras delicadamente se lo ponía a Lukas en el lugar donde solía llevarlo. "Me mantuvo compañía, y me ayudó a no desviarme de mi objetivo en estos años."
Lukas sonrió, y se llevó la mano al lugar donde Simon lo había puesto. "Lo había dado por perdido completamente."
Simon no dijo nada. Sacó su armónica, y empezó a tocar cierta canción que ambos conocían muy bien. Lukas, aún sonriendo, recargó su cabeza en el hombro del danés. Empezó a tararear, para después empezar a cantar en voz baja.
Yours 'til the stars lose their glory
Yours 'til the birds fail to sing
"Eres mucho mejor con la letra ahora," Simon dejó de tocar para hacer aquel comentario. Lukas lo vio con una sonrisa socarrona en el rostro.
"Estuve escuchándola seguido en estos años, obviamente me iba a aprender la letra en algún punto."
"Gracias," Dijo Simon suavemente. "Ya que pude escuchar esa canción en la radio, me di cuenta de que me estabas esperando. Gracias."
Siguió tocando con la armónica.
"Me gusta el sonido de la armónica. Me recuerda a papá," Simon continuó tocando, sin hacer comentaros. "Me recuerda a mamá, y la mamá de Emil. Me recuerda a los tiempos en que era joven, y era feliz. En este momento, soy feliz pero hay más dolor en mí que otra cosa. Sé que te he despertado todos los días por mis pesadillas, lo siento. Sé que intentas hacer como que no pasó, pero es gracias a tu voz que puedo conciliar el sueño una vez más. Además de eso, me siento inútil. Y me duele," Soltó una risa por lo bajo. "No puedo creer que diga esto, pero me duele saber que no podré seguir con el trabajo de papá. De niño lo odiaba. Ahora me doy cuenta de que es lo único para lo que soy bueno. No estudié, no trabajé de otra cosa. ¿De qué me sirve ser un buen estratega, saber colocar una bomba, o cualquier otra cosa, ahora que la guerra terminó?"
Simon dejó de tocar para hacer un comentario, pero Lukas pudo ver sus intenciones claramente. "Espera. No he terminado. Quiero decirte que ya me harté de sentirme así. Que a pesar de todo, aún quiero recuperar la zapatería, y hacerla funcional. Emil sabe un poco, y aunque mis manos estén así, creo que puedo enseñarles a ambos. Quiero que Emil vaya a la escuela, y quiero ir con él a Islandia," Volteó a verlo, con expresión seria, pero llena de expectación. "Y quiero acompañarte por el resto de mi vida, si así me lo permites. Quiero conocer a las personas que alguna vez te ayudaron. Quiero ir a Dinamarca contigo, y conocer a tu familia. No soportaría alejarme de ti una vez más, estos pasados años de incertidumbre han sido peor tortura de lo que el dolor físico ha infligido en mí. Sé que podré llegar a ser una carga y una molestia, con mi situación y las pesadillas, pero quiero intentarlo. Quiero ser feliz otra vez."
A lo largo de su confesión, Simon se dio cuenta de que ahora era cada vez más fácil para él empezar a llorar, sin miedo a no poder detenerse. Dejó la armónica olvidada por un lado, para rodear a Lukas con ambos brazos.
"Y yo quiero ayudarte a ser feliz. Lukas, juntos podremos hacerlo. Créeme, no hay peor pesadilla que la idea de alejarme de ti una vez más."
Lukas lo besó en la mejilla. "Entonces considérate afortunado," Le dijo. "Porque no podrás liberarte de mí tan fácilmente luego de esto."
Simon soltó una carcajada. Sabía que con solo quererlo no era suficiente para lograrlo, pero era un muy buen comienzo. Las cosas serían difíciles en adelante, pero no tenían nada por temer. No si se tenían el uno al otro, y su amor incondicional.
Cuando estás lejos, Oh qué rápido te das cuenta
de que extrañas el lugar que dejaste atrás
viajando a casa, viajando a casa
soy como una piedra que ha rodado demasiado
vientos que me llevaron en mi camino
Llévenme de regreso al puerto
La canción es Travellin' home de Vera Lynn. Y pues vaya, me pasé la mitad del fic poniendo canciones de ella en cada capítulo, para que vean a qué grado llega mi obsesión.
Entonces... este es el final de estar historia. Espero de verdad que les haya gustado, agradezco muchísimo a todas las personas que siguen o siguieron leyendo esto o le pusieron los ojos encima alguna vez. También a todos aquellos que me dejaron comentarios, hicieron que todo este sufrimiento valiera la pena jajaja... lo siento por haber tardado tanto. La vida pasa, y eso. Espero no haber dejado nada inconcluso... tenía miedo de olvidar algún detalle pero creo que todo quedó bien explicado, o al menos hasta lo necesario.
Entonces, esta historia nació con inspiración de Bésame mucho, un fic spamano por George deValier que quedó inconcluso. En el capítulo 6 de dicho fic, Toño está hablando con Sadik, y éste le habla sobre su visita al norte, y cómo el jefe de la resistencia de un pequeño pueblo de Noruega fue atrapado por la Gestapo, pero que el muchachito nunca habló. Le habla sobre cómo la Gestapo se dio cuenta de que sin importar qué tantos huesos le quebraran, él nunca iba hablar, pero entonces decidieron torturar a otra persona, alguien muy querido para él: un piloto danés. Sadik entonces dice que el joven soltó la sopa de inmediato. todo ésto sirvió de lección para Toño, quien desde ese entonces desarrolló un miedo por la posibilidad de que la Gestapo capturara a Lovino y tal.
Fue en realidad algo muy pequeño, pero me atacó totalmente la idea, y viendo que George no iba a continuar subiendo nada, decidí escribir mis suposiciones de cómo pasó todo eso. Cabe destacar que no iría tan lejos como para decir que este fic está en el mismo universo que el de George, pero si fue muy muy inspirado en él.
¡Y creo que eso es todo lo que quería decir! Si leíste hasta aquí, muchas gracias. Disculpa si hay algún error por ahí. Por favor déjenme saber lo que les pareció, qué no les gustó, qué les hubiera gustado y todo eso. ¡Feliz año nuevo!
