¡Hola! Bienvenidos a nuestro fanfic navideño.

Las actualizaciones serán cada dos días.

¡Esperamos que les guste!

N/A: Sabemos que hay muchas personas que no aprueban el Lukagami, y a nosotras particularmente no nos fascina, pero es crucial para el funcionamiento de la trama. Si no les gusta, pues lo sentimos mucho, pero esperamos que aun así les guste.


Capítulo 3: Esta vez la alegría me trae hacia ti

Cabaña, 9:40 am, 22 de diciembre

—¡El desayuno está listo! — gritó Kagami.

Manon bajó rápidamente, y Kagami le sonrió.

En ese momento, las tostadas salieron de la tostadora, chamuscadas.

—Nunca has quemado algo— se extrañó Manon.

—Ahh… supongo que estoy un poco nerviosa con el gran concurso aproximándose.

—Podríamos comer afuera.

—Espléndido.

—¿Espléndido?

—Espléndidamente súper.

—Marinette, ¿qué le has hecho a tu cabello? ¿Y tus ojos? — preguntó la niña, percatándose de la diferencia de tamaño entre el cabello de Kagami y Marinette, y obviamente notando ojos marrones en vez de azules.

—Pues… decidí cortarme el cabello, y me puse lentes de contacto.

—¿Te sientes bien?

—Súper.

—¿Tu padre nos va a acompañar?

—Mi padre fue a conseguir ciertos utensilios, así como el mandil que manchó Chloé.

—El mandil… ¡ah! El mandil manchado— dijo la japonesa, recordando su encuentro con Marinette.

—Vi un lugar cerca de donde compramos el árbol de Navidad.

—Oh, claro. El árbol.

Manon la miró con suspicacia.

—¿Sabes qué? Tú trae los abrigos, y yo lavaré los platos.

—Trato.

Kagami se fue rápidamente, mientras Manon la miraba con extrañeza al irse.

Sonó el teléfono de Kagami, el cual había dejado encima de la mesa.

—Marinette, ¡tu teléfono!

Sin respuesta.

La niña agarró el teléfono de la Duquesa para ver quién era.

Para su asombro, la estaba llamando alguien… inesperado.

Aunque debió haberlo supuesto.

En la pantalla decía Llamada de Marinette.


—¡No puedo creer que no me conteste! — exclamó frustradamente Marinette.

—No se preocupe, ya lo hará.

En ese momento, el Príncipe tocó la puerta.

—Hola, Kagami. He hablado con Plagg y dice que ya tiene preparados a los caballos.

—¿Caballos? ¿Para qué?

—Pues, para montar. ¿No dijiste que eras competitiva?

—Sí, sí, claro. Pero ¿y el frío?

—Tú me dijiste que te encantaba el aire frío. Además, los caballos ya están acostumbrados.

—Sí, pero… ¡los caballos de Japón no! A ellos les gusta estar calientes.

—Creía que antes dijiste que tuvieron una época de helada terrible.

—Oh, sí, sí. Pero los rebaños tienen calefacción.

—Ah, okey… ¿pero quieres ir?

—Oh, sí, sí.

—Oh, y recuerda el baile de caridad de esta noche.

El Príncipe sonrió y se marchó.

Desesperada, Marinette volvió a marcar el número de Kagami.

Esta vez, sin embargo, sí le respondieron.

—¡Oh! Estoy tan feliz que hayas respondido.

—Te iba a llamar. Ha habido un pequeño problema…

—¿Qué pasó?

Se escuchó como Kagami le daba el teléfono a alguien más.

—¡Hola, princesa! — exclamó Manon.

—¡Oh! Nos descubriste.

—No fue tan complicado.

—Y, bueno, ¿cómo estás?

—¡Genial! Kagami me ha hablado de la vida en el Palacio, y de un programa de baile de verano.

—Bueno, estoy feliz que estés bien. Ahora, déjame hablarme a Kagami.

Manon le pasó el teléfono.

—Nos la estamos pasando muy bien— le comentó Kagami.

—Bueno, eso es excelente, porque aquí las cosas no van tan bien.

—¿Por qué no?

—Adrien volvió.

—¡¿Qué dices?!

—La cosa es que regreso de China para pasar tiempo contigo, conmigo… ¡oh! Y no me dijiste nada del baile de caridad hoy.

—Supongo que debo haberme olvidado.

—Bueno, debes volver, pronto.

—Siento que no puedo. Con las preparaciones del baile, no hay manera que entre sin que nadie me vea.

—¡Me está yendo fatal!

—Si Adrien no se ha dado cuenta, todo anda bien.

Se escuchó como tocaban la puerta del restaurante donde se encontraban la Duquesa y la niña.

—Oh, Luka volvió. ¡Hasta luego!

—Espera, ¿qué? — pero Kagami ya había cortado la llamada.


Al finalizar la llamada, Marinette había salido, estresada de la habitación, para luego darse cuenta que necesitaba otra ropa para su paseo a caballo.

No se dio cuenta que alguien la estaba observando todo el tiempo.

—Nathalie— le indicó el Rey Gabriel a su asistenta, —por favor, mantén vigilada a la duquesa. Hay algo que… no me cuadra sobre ella.

—Sí, señor.


10 minutos después de la llamada, Establos del Palacio

Marinette, aunque ligeramente nerviosa, entró al lugar con una casaca negra, una gorra de montar y una bufanda roja.

Adrien se quedó mirándola.

—¿Deberíamos? — preguntó, señalando a los caballos.

—Debemos.

—Excelente.

Marinette miró nerviosamente a su alrededor, notando los grandes caballos.

Adrien se trepó al caballo. Marinette, por su parte, se rio ansiosamente.

—¿Algún problema? — inquirió Adrien.

—Claro que no. Solo… los caballos en Japón son más pequeños. Como ponys. Pero… no hay problema, jeje.

Marinette se aproximó al caballo, pero al impulsarse para subirse, se cayó de cabeza en el otro lado.

—¿Estás bien?

—Ajá.

—Habías dicho que eras competitiva en la equitación.

—Oh, sí, soy bastante competitiva— le decía Marinette mientras Adrien la ayudaba a pararse. —Mis pantalones deben haberse encogido cuando fueron lavados.

Al final, la chica volvió a intentar subirse al caballo, esta vez lográndolo satisfactoriamente.

—¿Vamos? — retó al Príncipe.

De lo lejos, Nathalie solo la miraba.

Marinette y el Príncipe ya habían estado cabalgando un rato, llegando a un cerro repleto de nieve.

Marinette suspiró.

—Déjame ayudarte— ofreció Adrien, bajando de su caballo para ayudarla a bajar del suyo.

—Estoy bien.

—Solo por si acaso.

—Espera. Tienes algo en el ojo— le indicó el Adrien, y se acercó a ella para poder quitárselo.

Se quedaron un rato mirándose, hasta que la chica rompió el silencio.

—Esta vista es espectacular.

Adrien salió de su estupor.

—Sí. Sí, lo es. Vengo acá cuando siento la necesidad de escapar.

—¿Y lo sientes muy a menudo?

—A veces los dilemas del Estado pueden ser una carga.

—Usualmente, las cargas no son tan malas cuando tienes alguien con quien compartirlas.

—Dudo que te interesen los detalles de la importación extranjera.

—¿Por qué crees que no?

—No deberías preocuparte sobre eso.

Marinette se sintió ligeramente ofendida. ¿Acaso creía que porque era una mujer no le iba a importar cosas triviales como esa?

—¿Porque no soy suficientemente inteligente? — respondió.

—No, porque tú tienes que planear un matrimonio.

Quita el ligeramente. Ahora, Marinette se sentía muy ofendida.

—¿Así que debería limitarme a cosas como pulir mi tiara?

Adrien la miró un rato.

—No me refería a eso.

—Bueno, yo creo que te referías exactamente a eso— ella lo miró seriamente. —Me está dando un poco de frío, creo que ya es hora de regresar.

Mientras Marinette se subía al caballo, el chico solo la miraba, arrepentido por la forma en que ella tomó sus palabras, pero también un poco confundido en sí.

—Kagami…

Marinette solo se encogió se hombros y se fue.


¡Muchas gracias por su apoyo, y no duden en dar sugerencias y recomendaciones!

-The MiracuWorkshop Team