¡Hola! Bienvenidos a nuestro fanfic navideño.
Las actualizaciones serán cada dos días.
¡Esperamos que les guste!
N/A: Sabemos que hay muchas personas que no aprueban el Lukagami, y a nosotras particularmente no nos fascina, pero es crucial para el funcionamiento de la trama. Si no les gusta, pues lo sentimos mucho, pero esperamos que aun así les guste.
Capítulo 4: Que tus días sean felices y brillantes
Restaurant Le Paradis, 22 de diciembre, 10:08 am
—Compré el mandil— dijo Luka al llegar.
—Súper— dijo Kagami.
—¿Así que han decidido comer afuera?
—Bueno, Marinette ha decidido que va a ser espontánea a partir de ahora.
—Lo creeré cuando lo vea.
—¿Ah, sí? — respondió Kagami. Acto seguido, agarró el papel con el plan a seguir y lo rompió en pedacitos.
Luka se rio.
Palacio de los Agrestes, 11:13 am
Nathalie se dirigió decididamente a la habitación de Marinette, y al llegar, intentó mirar dentro para ver si averiguaba algo para el Rey.
—¿Puedo ayudarte? — le preguntó Tikki, sabiendo lo que estaba intentando hacer.
—El Príncipe desearía ver a la Duquesa en la Biblioteca de Retratos.
—Se lo diré.
11:20 am
Al llegar a la biblioteca, Marinette se percató que el Príncipe ya se encontraba ahí, mirando el retrato de alguien.
—Es muy elegante— le dijo.
—Era mi abuela. La abuela era un poco rebelde. Tenía una opinión sobre todo y no tenía miedo alguno a expresarla. El palacio… no se acostumbraba a su forma de ser.
—Parece que estaba adelantada a su época.
Adrien asintió.
—Sería bueno que el palacio tenga alguien como ella de nuevo.
—Así que, ¿querías verme?
—Sí. Creo que tengo que disculparme.
—Tu crees que te tienes que disculpar. No estás seguro.
—No, en realidad, sé que tengo que disculparme. Cuando estábamos montando a caballo, fui un completo idiota. Vas a ser mi esposa. Te debo tratar como mi igual.
—Disculpa aceptada.
Centro de la ciudad, 11:36 am.
Los tres estadounidenses (bueno, en realidad una japonesa y dos estadounidenses) se encontraban pintando figuras en bolas navideñas.
—¡Mira, es Santa! — exclamó Manon al escuchar su característica risa.
Jaló a los otros dos adultos hasta donde se encontraba el mítico personaje.
—¡Hola! ¿Qué quisieras por Navidad? Qu'est-ce que tu voudras pour Noël ?
—Emm, déjame pensar. Un nuevo par de zapatillas de ballet, un tabla de skate, ah, y una nueva madre.
Luka se atoró en su bebida.
3 horas después
—Nunca había visto a personas cantando villancicos en las calles— suspiró Kagami.
—Pero hay muchas personas haciéndolo el año pasado en Chicago— remarcó Luka.
—Se refiere a que nunca había ido uno en Francia— la salvó Manon.
—Huh. Supongo que es bueno tener nuevas experiencias— concluyó Kagami, y se rio con su mejor amigo.
En ese momento, Luka sintió como una bola de nieve caía en su hombro.
—¡Prepárense para ser aniquilados! — exclamó Manon.
Kagami se rio, cogió un poco de nieve y también se la tiró a Luka.
—Okey, ¿es dos contra uno?
Poco a poco empezaron a pelearse entre sí, hasta que la ropa de todos quedó completamente cubierta de nieve.
Salón Grénier, 7:14 pm.
Marinette ya había llegado al baile, y el salón estaba completamente lleno.
Adrien la estaba esperando en las escaleras, y no pudo más que observarla mientras bajaba las escaleras.
Marinette, con el cabello recogido en un pequeño moño. Tenía una tiara que adornaba su cabeza y dos aretes con rubíes. Su vestido, que no tenía mangas, era rojo y abrazaba toda su esbelta figura. En la parte del torso, el vestido tenía un cierto decorado que parecían puntos negros, como una mariquita.
Adrien, por su parte, se sintió pequeño con su terno negro y corbata verde.
Marinette le dedicó una amplia sonrisa.
—Te ves…—Adrien no tuvo palabras para completar la frase.
—Gracias. Y tú te ves…
—Gracias— respondió él con una sonrisa en los labios
—¿Deberíamos? — preguntó Marinette, señalando a la pista.
—Debemos.
Bajaron las escaleras con los brazos entrelazados.
—Oh, espera, tu corbata— le dijo la chica al Príncipe, arreglándola para que no esté chueca.
Se escucharon unas risitas provenientes de arriba.
—¿Qué da tanta risa? — preguntó Adrien.
—Usted y su prometida parecen haber parado bajo el muérdago.
—¡Oh! Una tradición tonta— le dijo él a Marinette.
—Bueno, no podemos decepcionarlos— le respondió ella, y, parándose de puntas, besó su mejilla.
Siguieron bajando las escaleras.
—Sus majestades— dijo Marinette al encontrarse frente a los Reyes.
—Oh, te ves preciosa, cariño— exclamó Emilie.
—Gracias.
—Te has esmerado mucho, madre. Estoy segura que los que viven en Sainte Joan van a estar muy agradecidos.
—¿Cuántas familias viven ahí? — inquirió Marinette.
—No… no lo sé— respondió la Reina.
—Nosotros no nos ocupamos de los detalles— recalcó el Rey.
—Oh, cla…claro. No… no sabía…
—Tengo una idea— la interrumpió Adrien. —¿Por qué no tocas algo para nosotros?
—Oh, no, yo soy muy torpe.
—¡No digas eso! He escuchado que eres muy talentosa— dijo la Reina.
—¿Quién quisiera escuchar a la Duquesa tocar?
Todos los presentes aplaudieron.
Marinette palideció.
Adrien la agarró de la mano, y la guio a donde estaba el piano.
Ya sentada ahí, Marinette sentía como sudaban sus manos.
Adrien se acercó a ella.
—¿Pánico escénico?
—Algo así.
—Bueno, haremos un dueto— dijo sentándose. —Haremos el Villancico de las Campanas. Tu haz las campanas. Yo hago el resto.
—No me sé esas notas.
—Bueno, es simple.
Adrien cogió la mano de Marinette y la colocó por las cuatro teclas que debía pulsar.
—Son esas cuatro.
Al finalizar el dueto, todos aplaudieron a la pareja real. Adrien cogió la mano de Marinette y se la besó.
—Fue increíble, ¿verdad? — exclamó Adrien emocionado.
Media hora más tarde
Adrien salió de la sala, en busca de su prometida.
—Una pregunta, ¿ha visto a la Duquesa? — le preguntó a un anciano de camisa hawaiana.
—Me parece haber visto a su alteza en el mirador.
Adrien siguió caminando, por un camino marcado con pequeñas luces.
En el fondo, se encontraba Marinette sentada, contemplando el cielo nocturno.
—Estaba buscándote.
—Adrien, espero que sepas que no pretendía ofender a tus padres cuando pregunte lo del albergue.
—No ofendiste a nadie.
—Hubiera sido mejor si simplemente no hubiera dicho nada.
—Eso sería terriblemente aburrido.
Se sentó a su costado.
—En realidad, he planeado un paseo en carruaje temprano en la mañana, solo nosotros dos, para que puedas pasar más tiempo hablando, y yo más tiempo escuchando.
—No creo que esa sea una buena idea.
—Creo que es una idea fabulosa. Y hablando de ideas fabulosas, lo más probable es que estén esperando que realicemos el primer baile.
—Oh, dios. No soy muy buena bailando.
—Bueno, sabes lo que dicen. La práctica hace al maestro.
Él se levantó de su asiento y extendió su mano, para que Marinette la agarrara.
—¿Aquí?
—¿Por qué no?
Marinette se rio y dejó que Adrien la condujera al medio del mirador.
—Espera… ¿qué paso con tus ojos?
Ah. Marinette casi se olvidaba de eso.
—Lentes de contacto.
—Ah. Es… lógico, supongo.
Marinette sonrió.
Empezaron a bailar un vals, lento y suave, mirándose siempre a los ojos y disfrutando de su momento.
Adrien le dio una vuelta y Marinette se rio.
Siguieron bailando por un buen rato, y luego solo se quedaron mirándose a los ojos, disfrutando la presencia del otro.
¡Muchas gracias por su apoyo, y no duden en dar sugerencias y recomendaciones!
-The MiracuWorkshop Team
