¡Hola! Bienvenidos a nuestro fanfic navideño.

Las actualizaciones serán cada dos días.

¡Esperamos que les guste!

N/A: Sabemos que hay muchas personas que no aprueban el Lukagami, y a nosotras particularmente no nos fascina, pero es crucial para el funcionamiento de la trama. Si no les gusta, pues lo sentimos mucho, pero esperamos que aun así les guste.


Capítulo 5: Caminando en un paraíso invernal

Habitación de la Duquesa Kagami, 11:28 pm.

—Y luego, ¿qué paso? — le preguntaba Marinette a Kagami por el teléfono.

—Estábamos fríos y mojados. Luka puede ser muy inmaduro.

—Luka es como un cachorrito. Si le eres buena, te seguirá a donde sea.

—Vamos a ir a ver paisajes mañana— dijo Kagami, riéndose por el comentario de Marinette.

—Pero eso no estaba en la agenda.

—Rompí la agenda.

—¿Por qué harías eso?

Se escuchó una pausa, y los murmullos de Kagami hablando con Luka.

—¿Has visto a Luka sin polo? — le preguntó la Duquesa.

—Ew, Luka, no. Pero Adrien… se veía tan bien en un terno.

—Adrien nació en un terno. Así que, ¿tu y Luka no son algo?

—No, no ha habido nadie en su vida desde que Lila, la madre de Manon, se fue. ¿Para qué quieres saber eso?

—Solo curiosa. Bueno… hasta mañana.

—Hasta pronto, Kagami.


Palacio de los Agrestes, 8:55 am.

Marinette, con una casaca, un gorro y una bufanda, esperaba al carruaje que la llevaría a su paseo con Adrien.

Al llegar, ella sonrió, y el Príncipe la ayudó a montarse dentro del carruaje.

—Milady— le dijo al coger su mano, y Marinette sonrió.

—Ya que te tengo sola, me puedes decir la verdad— le dijo Adrien cuando el carruaje comenzó su trayecto.

—Eh, ¿sobre qué?

—De lo que sea y de todo. Pero que tal si empezamos con tu opinión en los trabajos de caridad que se hacen en Saint Joan.

—Por supuesto. Eh… Bueno, si soy honesta… creo que deben involucrarse personalmente más.

—¿Cómo?

—Propón un día para visitar el albergue. Conoce a las personas.

—Eso nunca se ha hecho antes.

—Lo que significa que debe ser hecho antes de que sea muy tarde.

Adrien se quedó mirándola.

—Suenas como mi abuela.

—Tomaré eso como un piropo.


Albergue Saint Joan, 30 minutos después

Et il s'en allait galoper dans la forêt en pleurant. Mais en sortant, il avait pris sur lui son livre d'envol et en profita pour faire quatre heures de leçons ! — contaba Marinette a los pequeños, mostrando los dibujos del libro mientras hablaba.

—¿No es magnífica? ¿Leerles a los niños así? — le decía la dueña del albergue al Príncipe Adrien, una señora mayor.

—La Duquesa es muy especial.

Et c'est même Noffit qui tira le traîneau du Père Noël !
Maintenant, le petit renne n'est plus malheureux ! — finalizó Marinette.

Todos los niños aplaudieron.

Una niña levantó la mano.

—¿Si?

—¿Eres de verdad una princesa?

—Todavía no. Pero lo seré cuando me case con el Príncipe Adrien.

—¿Lo amas? — todos los niños rieron en voz baja.

Marinette lo miró.

—Bastante.

—Me gustaría ser una princesa— continuó la niña.

—Lo más importante de ser una princesa es ser solidario con el resto. Si lo eres, ya eres una princesa en tu corazón.

La niña sonrió.

—¿Pueden decir, "Gracias, Lady Kagami"? — les dijo la anciana a los niños.

Merci, Lady Kagami.

Marinette sonrió ampliamente, y caminó hasta divisar su árbol de Navidad.

—¿Es ese su árbol?

—Lo es.

—¿Y dónde están los regalos?

—No tenemos suficientes fondos para regalos.

—¿Y el dinero del baile?

—Es para necesidades. Comida, agua, educación…

—¿Así que los niños no tienen regalos? — interrumpió Adrien.

—Lamentablemente no.

—Me gustaría que se le pudieran dar regalos a los niños— suspiró Adrien. —Pero es técnicamente imposible.

—A menos que hagamos las compras, las envolturas, y la comida.

—¿Tú y yo?

—¿Por qué no?

—Ya ha hecho el gesto propio, Su Alteza— indicó Nathalie.

—La Navidad no es sobre un gesto— le dijo Marinette a la asistenta. Se dirigió hacia Adrien. —Tenemos la tarde libre.

—Es muy ambicioso. Así que supongo que debemos empezar cuanto antes.

—¡Yey! — gritó Marinette y abrazó al Príncipe.

—Oh, lo siento— dijo ella al darse cuenta de lo que había hecho. —Eso no fue muy digno.

—Está bien. Me gustó.

—Vamos a Frederick's, en la Rue Palmetto— dijo Tikki.

Nathalie rodó los ojos.


Calle Palmetto, 20 minutos después

—Calle Palmetto. De acuerdo con la guía, la fuente está muy cerca— le decía Luka a Kagami y Manon.

Manon, al ver un puesto de golosinas, se fue corriendo.

—Sabes, hay una leyenda que dice que la fuente Saint Rose nunca se congela por la calidez del espíritu navideño— le mencionó Kagami a Luka.

—Supongo que hay algo dentro que hace que no se congele.

—Yo prefiero la leyenda.

—Nunca dije que no me gustaba.

—¿Perdón? ¿Eres Marinette Dupain-Cheng? — se le acercó una mujer morena con lentes.

—Sí— respondió Kagami.

—Alya Césaire. Revista Initié Alimentaire. Escuché de tu pastelería en Chicago, y me encantaría hacer un reportaje sobre ti. Se rumorea que tu vas a ganar este año.

—¡Hola! Chloé Bourgeois— exclamó la chica, apareciendo de la nada. —Yo gané la competencia el año pasado.

Alya la miró de arriba abajo.

—Genial.

Miró a Kagami.

—El público dice que tus recetas son fantásticas.

—Bueno, no soy solo yo. También está mi excelente sous-chef— dijo, señalando a Luka.

Chloé se fue, molesta.

—¿Cuál es tu nombre? — le preguntó Alya a Luka.

—Luka Couffaine.

—¿Por cuánto tiempo han sido un equipo?

—Mucho tiempo— respondieron los dos.

No muy lejos de ahí, una limosina se aparcó en la puerta de la juguetería, de donde salió Marinette y Adrien.

—Esto es bonito— dijo Adrien.

Ambos rieron.

Dentro, compraron de todo. Tiaras, osos de peluche, juegos de mesa, y…

—¡Oh! ¡Yo siempre quise uno de éstos! — exclamó Adrien, señalando a una pistola de juguete. —Mis padres nunca me dejaron tener una.

—Bueno, no hay nada de malo con salvar a la Tierra de una invasión alienígena.

Marinette exploró un poco más la tienda.

—Adrien, mira lo que hay— dijo, señalando a algo en el piso.

—Es un… tapete con… grandes círculos coloridos.

—¿Nunca has jugado Twister ?

—Oh, es un juego.

—Quítate los zapatos, ahora.


10 minutos después

—¡Vamos! — gritó Manon, señalando la tienda de juguetes a Kagami y Luka.

Entraron a la tienda…

Y Kagami se percató que su gemela también estaba ahí.

Ambas, junto con Manon, pusieron cara de horror.

—Madre mía— dijo Marinette.

—¿Qué? — preguntó Adrien, quien no la había escuchado.

—Mi arete, el de mi madre, ¡desapareció!

—Cambié de opinión. Hay que ver a Santa— dijo Manon.

A lo lejos, Tikki se percató del ingreso de Kagami.

Fingió estar hiperventilando, mientras Nathalie la ayudaba a calmarse.

—Pero ya lo vimos— dijo Luka.

—Una consulta— se acercó a ellos un anciano de camisa hawaiana. —Mi carro se quedó sin gasolina. ¿Me pueden ayudar?

—Por supuesto— exclamó Kagami, y arrastró a Luka fuera de la tienda.

Marinette vio toda la escena hasta que pasó el peligro.

—Oh, mira, Adrien, ¡ya lo encontré! — exclamó la azabache.

Fingió una sonrisa, intentando ocultar el hecho que casi la encontraron a ella y a Kagami con las manos en la masa.


Siento mucho no poder haber publicado a tiempo, pero con todo el ajetreo de Navidad... fue imposible.

¡Muchas gracias por su apoyo, y no duden en dar sugerencias y recomendaciones!

-The MiracuWorkshop Team