Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to CullensTwiMistress. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de CullensTwiMistress, solo nos adjudicamos la traducción.
A Home for the Holidays
By: CullensTwiMistress
Traducción: Yanina Barboza
Beta: Flor Carrizo
Capítulo 4
—Papi está almorzando con Carmen, luego nos va a encontrar en el centro comercial —me informa Kate mientras estamos teniendo un desayuno tardío.
He hecho mi debida diligencia durmiendo hasta tarde, todo el tiempo manteniéndome alejada de Edward. Mi plan ha estado funcionando bastante bien. O eso pensaba.
—¿Qué quieres decir con que nos va a encontrar en el centro comercial?
—¿Qué parte de "nos va a encontrar en el centro comercial" no puedes entender? —Me da una mirada de perra mientras mastica su comida.
Pongo los ojos en blanco.
—Soy una completa estúpida a su alrededor, pensé que trataría de actuar como un ser humano en público, muchas gracias.
—¡Ja! Lo tienes mal, nena. —Kate sacude la cabeza y yo gimo.
—No lo hago. Él es solo... gah, yo... es tu papá, es tan...
—¿Asqueroso? ¿Insondable? ¿Incómodo? ¿Ilegal? —Kate me mira de reojo pero sonríe. Ella claramente no está enojada. Estas somos nosotras y nuestras bromas raras. Ella es como la hermana que nunca tuve y considerando a su sexy padre, me alegra que no estemos emparentadas.
—No es ilegal, cumplí veinte años en septiembre —le informo, bebiendo mi café.
—¿Entonces has pensando en esto?
—No. Sí. ¿No? —Me muerdo el labio y cierro los ojos. ¿He estado pensando en esto? Sí, sí lo he hecho... mucho, de ahí el acto de evitar al DILF* de la Navidad 2012.
—Bella, te quiero, y créeme, verte feliz es todo lo que me importa. ¿Pero con mi papá? ¿En serio? No me malinterpretes, me gustas mucho más que cualquier chica con la que ha salido desde que mamá se volvió a casar y oficialmente se mudó, pero es solo... un poco... raro.
Pongo los ojos en blanco.
—No, Kate, no es en serio, cielos, soy una niña. Como si él siquiera me miraría, de todos modos. Pero tuve un sueño anoche... —Alejo la mirada soñadoramente, inhalando entre dientes mientras mis ojos se ponen vidriosos cuando los sueños de la noche anterior se filtran en mi imaginación.
—Eso es simplemente... incorrecto. ¡Ugh! —Kate se estremece—. Cambiando de tema, de todos modos, necesitamos que eches un polvo, y rápido. Garrett tiene a este amigo, James. Es agradable y lindo, y escuché que está dotado. Apuesto a que...
—No. Tentador… pero no. No me vas a arreglar una cita. Me gustan mis fantasías. Sin embargo, gracias por pensar en mí.
—Entonces, encontrar a papá en el centro comercial debería ser divertido, ¿verdad?
—Suena jodidamente fantástico —digo con sarcasmo, poniendo una sonrisa cursi—. ¡Vamos a hacer esta mierda!
.
.
El Cascade Mall está lejos del tamaño del Mall of America, pero estoy impresionada por la cantidad de tiendas que en realidad alberga.
Kate me explicó más temprano que Edward nos va a encontrar aquí porque necesita hacer algunas compras navideñas de último minuto para su asistente y unos compañeros de trabajo, y quiere su opinión sobre ciertas cosas. Estoy bien. Creo. Quiero decir, si no hablo… o me río… o suelto una risita... o me avergüenzo por completo mirando su entrepierna de nuevo. Debería estar bien. Creo. Espero.
Estoy jodida.
Después de revisar algunas tiendas, Edward llama a Kate y le dice que nos va a encontrar cerca de la entrada oeste. Esa es la que está junto a la tienda de lencería, me dice ella. Con mi suerte, él querrá entrar allí por algo inocente como pijamas enterizos y yo me ofreceré a probarme uno de osito de seda transparente.
—Deja de retorcerte, Bella. Es muy impropio de una jovencita —me regaña Kate.
—Cállate, Kate.
—¿Qué? Solo digo.
—Oh, ahí está. —Asiento hacia la puerta y mi mandíbula cae al piso mientras lo observo acercarse hacia nosotras. Se ve... caliente. ¡Tan jodidamente caliente! Ningún hombre de más de cuarenta años se ve así, estoy segura que debe ser inmortal. Sacudo la cabeza. Está usando jeans desteñidos y una camisa gris con las mangas enrolladas. Casual y sexy y delicioso y...
—Espabílate, Bella. Estás babeando.
—Gracias. —Cierro la boca que está repentinamente seca, me lamo los labios y luego susurro—: Llámame mami.
Kate se ríe y me golpea el brazo juguetonamente.
—Hola, papi.
Edward sonríe y la abraza a su costado.
—Hola, chicas. Estoy muy contento de que estén dispuestas a ayudar a un viejo. —Sonríe y me guiña un ojo y puedo sentir que mis mejillas se calientan y el aliento se me atasca en la garganta.
Jesús.
—Edward. —Asiento en su dirección e internamente lanzo un puño al aire por ser capaz de hablar sin vómito verbal sobre él.
—Muy bien, señoritas, entonces vamos a comenzar con Carmen. Estaba pensando en comprarle algo como una batidora de pie grande o una de esas cajas para vino. ¿Qué piensan? —Nos mira expectante, una sonrisa se extiende por su hermoso rostro.
—¿No es tu novia, papi? —cuestiona Kate, un tono ligeramente crítico en su voz.
Mantengo la boca cerrada, pero definitivamente estoy tachando cosas de mi lista de "Edward Cullen es el hombre perfecto". Si él cree que comprarle electrodomésticos a su novia para Navidad es una buena idea, no estoy segura de querer ser esa chica. No es que eso alguna vez sucedería, pero lo que sea.
La risa de Edward me saca de mis reflexiones.
—¿Carmen? Dios, no, Katie, ella es mi asistente de sesenta años. Le encanta hornear galletas para todo el personal, pero sigue quejándose de que su batidora es demasiado pequeña. —Sus cejas se levantan hasta la línea de su cabello y sonríe de lado mirándome. Alejo la mirada y cuando mis ojos regresan a él, está mirando a Kate—. No estoy saliendo con nadie, cariño. Después de la actitud menos que estelar de Irina hacia ti el verano pasado, decidí que necesitaba dar un paso atrás y ver las cosas de forma diferente. —Aprieta a Kate a su costado—. Soy todo tuyo durante las próximas dos semanas, excepto por esas horas inoportunas en las que tengo que estar en el trabajo. —Guiña un ojo en mi dirección y todo mi cuerpo se ilumina. Me alegro de estar usando un suéter por la forma en que mis pezones le responden.
Verlos juntos y lo mucho que él claramente ama a su hija me hace sentir confusa por dentro, y esa lista en realidad se hace un poco más larga.
—Gracias, papi. —Kate me jala junto con ellos, enganchando su brazo con el mío.
Los tres caminamos juntos y entrelazados hasta que llegamos a la tienda de aparatos de cocina. Esto me emociona mucho porque me encanta cocinar. Por más que comprarme accesorios de cocina para Navidad suena como una mala idea, estar en esta tienda me recuerda que hay muchas cosas aquí que me encantaría tener.
—Esta. —Señalo una gran batidora Kitchen Aid. Hay muchos colores diferentes, pero esta es roja y brillante y la quiero—. Esta es hermosa.
Edward se acerca a mi lado mientras Kate se queda atrás mirando unas baterías de cocina antiadherentes.
—Esta es perfecta, Bella. ¿Qué color crees que debería comprar?
Las miro a todas, pero la roja realmente está diciendo mi nombre.
—Rojo, definitivamente rojo. —Le sonrío y él se mueve más cerca de mí para inspeccionarla.
—La roja es bastante linda —comenta. Está tan cerca de mí que me estoy emborrachando con su olor y no puedo responder de inmediato. Puedo sentir a todo mi cuerpo reaccionando. Mis pezones se tensan contra mi sostén y mis muslos se aprietan. Él no tiene idea de lo que me está haciendo por solo pararse allí y lucir lindo.
Tragando con dificultad y respirando profundamente, finalmente encuentro mi voz.
—Sí, es mi favorita. A muchas personas les puede gustar la clásica blanca o negra o incluso la cromada, pero la roja es particular. Me encanta.
—¿Entonces tienes una de estas? —Encuentra mis ojos con su pregunta y no puedo moverme.
—Ugh… —Niego con la cabeza—. No, pero mi mamá tiene una. Es amarilla.
—Oh, esa es una batidora linda —alaba Kate cuando se nos une—. Encontré unas manoplas que funcionarán mejor que las agujereadas que tienes en la cocina, papi. Las voy a llevar a casa.
Edward comienza a reírse y supongo que no estoy al tanto de su broma privada.
—Está bien, cariño, prometo deshacerme de las viejas.
Kate se gira hacia mí.
—Me lo agradecerás cuando saquemos el pavo del horno —dice inexpresiva.
Me río y sacudo la cabeza.
—Es bueno saberlo, gracias. —Ahora estoy más tranquila que antes y se siente bien.
Una hora después, hemos comprado una batidora para Carmen, algunas herramientas para uno de los compañeros de Edward y un masajeador de espalda para uno de sus amigos. Al parecer es un regalo de broma. Lo que sea.
Estoy agradecida de que la incomodidad que sentía anoche se haya disipado sola y haya sido reemplazada por toques prolongados y sonrisas suaves. Por extraño que parezca, ni siquiera soy yo la que hace esas cosas, es Edward. ¿Tal vez está interesado? Sí, claro, lo dudo. ¿Tal vez sufrí una herida en la cabeza en mi camino aquí? ¿Quién sabe?
Ahora estamos parados frente a la tienda de lencería y Edward dice que necesita comprar un pijama para su mamá. Solo mi suerte, esto es lo que temía.
—A la abuela le encantará —dice Kate mientras me arrastra adentro. No protesto mucho pero me quedo en el lado de la tienda con las cosas más modestas, como pijamas, pantuflas y algodón... todo. Ni siquiera puedo mirar al otro lado de la tienda donde están las cosas más atrevidas.
Desafortunadamente para mí, Kate tiene ideas diferentes. A pesar del hecho de que su padre está justo allí, ella se ríe mientras me arrastra a un perchero lleno de pequeños sostenes y ropa interior de seda y encaje satinado.
Regreso a ser muda cuando Kate desaparece en un probador y estoy atrapada allí mirando un camisón rojo que parece que no deja mucho a la imaginación. Mi cara está caliente y probablemente tan roja como el conjunto de tanga y sostén que Kate se está probando en este momento. No quiero girarme porque sé, solo lo sé, que él me está mirando. Puedo sentir sus ojos en mí, quemándome de adentro hacia afuera.
—No quiero saber lo que mi hija se llevó para probarse, ¿verdad? —inquiere Edward, deslizándose a mi lado. Niego con la cabeza y trago, incapaz de mirarlo mientras mis ojos se quedan en la cosa de encaje en mi mano—. Apuesto a que te verías muy bien usando eso, hermosa. —La voz de Edward es baja; su cálido aliento me cubre el cuello. Cierro los ojos cuando un escalofrío me recorre la columna y el aliento se me atasca en la garganta.
Ahora eso definitivamente fue un pase.
Mi lengua se asoma y humedece mis labios. Él está tan cerca —tan jodidamente cerca— que puedo sentir el calor de su cuerpo a mi lado y prácticamente puedo saborearlo ya que su delicioso olor me rodea.
—Bella, mírame, por favor —suplica con la voz ronca, las palabras dichas con una directiva deliberada y no puedo evitar obedecer.
Levantando la mirada, mis ojos se encuentran con los suyos y lo que veo allí me deja como una chica desastrosa y mojada. Sus ojos están oscuros y entornados; jurarías que quiere comerme de almuerzo solo con su mirada.
Él lentamente levanta su mano para apoyarla en mi cuello, su pulgar acariciando mi mandíbula, y en el momento en que su piel hace contacto con la mía, se siente como si me estuviera quemando; encendiendo algo profundo en mi centro. Puede que realmente necesite comprar más ropa interior, ya que mi coño parece tener mente propia y se contrae, tratando de sofocar la llama de fuego que parece que tengo por este hombre mayor pero sexy como el infierno.
—Tú también sientes esto, ¿verdad? —susurra, y asiento chupándome el labio inferior, necesitando solo... Dios solo necesito... algo. Su pulgar se presiona contra mi labio inferior y abro la boca y dejo que mi lengua se envuelva alrededor de la punta—. Mierda, Bella. —Él se acerca un paso más, así que estamos apenas a un centímetro del otro, su nariz rozando el costado de la mía. La tensión entre nosotros destella a su punto más alto, y en lugar de decir algo, me inclino hacia adelante y presiono un beso suave y casto en la comisura de su boca. Ni siquiera me importa que estoy haciendo un movimiento. No me importa que tenga el doble de mi edad. Me importa una mierda que sea el padre de mi mejor amiga. Lo deseo más de lo que nunca he deseado a alguien.
—Bella, creo que llevaré el... —La voz de Kate se corta y Edward y yo nos quedamos allí, a la mitad de lo que mierda sea esto, y nos miramos el uno al otro. Edward no hace ningún movimiento para devolverme el beso y creo que podría haber jodido todo esto de manera real.
Tomo una respiración profunda y retrocedo un gran paso, girándome hacia ella, tengo miedo de lo que veré, pero no puedo verla en absoluto. Entonces me doy cuenta, con un gran suspiro de alivio, que ella todavía está en el probador. Ella tampoco nos ha visto.
—Sí, definitivamente el rojo —continúa Kate desde el interior del probador.
Edward gime y yo me río.
—Eso fue... incómodo. —Mirándolo, él sonríe y sacude la cabeza—. Edward, yo... sí... no... quiero... —Soy una idiota balbuceante. Mierda.
No, soy más que eso, soy una idiota balbuceante que acaba de hacer un movimiento en el padre mucho mayor y muy sexy de su mejor amiga.
¡Oh mierda!
Soy una idiota.
Él asiente y sonríe.
—Relájate, hermosa. Podemos hablar más tarde, ¿sí? —Me besa la mejilla suavemente y cierro los ojos y lo respiro. Él probablemente me va a cortar con facilidad, simplemente lo sé. Estoy un poco abatida, pero soy una chica grande. Él es un coqueto natural. Estoy segura de que simplemente malinterpreté las señales. ¿Cierto? Cierto.
—Definitivamente más tarde.
Mientras estamos parados frente a un perchero de lencería y Edward sostiene un conjunto de pijama rosa adornado con lunares, Kate sale del probador con unos cuantos conjuntos de sostenes y ropa interior en la mano. Ahora, eso no es incómodo en absoluto.
—¿En serio, Kate? —Señalo a su papá con la cabeza y le hago una cara de "qué mierda".
Ella se encoge de hombros.
—Todos somos adultos aquí. —Sin embargo, me doy cuenta de que no lo mira a los ojos, así que supongo que debe haber una parte de ella que está avergonzada.
—Entonces, ¿crees que a mamá le gustará esto? —pregunta Edward mientras levanta la pesadilla con lunares. Kate y yo nos reímos y negamos con la cabeza—. ¿Qué? Mamá ama esta mierda.
Kate se lo quita y la seguimos hasta el perchero donde Edward eligió esa monstruosidad. Ella descarta el rosa con lunares y elige uno que se ve más elegante con un lindo diseño en espiral blanco y negro.
—Aquí. —Ella le da el pijama a Edward—. Confía en mí, papi, los lunares son para niñas de seis años, no para señoras de sesenta.
Una vez que todos han pagado por sus cosas, finalmente salimos de la tienda. Estoy agradecida de estar fuera de allí, porque los probadores estaban diciendo mi nombre, y no estoy segura de que habría ido allí sola.
DILF (Dad I'd Like to Fuck): en español sería algo así como "Papá con el que tendría sexo".
¡Hola!
¿Nos cuentan qué les pareció el capítulo?
Gracias por sus comentarios en el capítulo anterior: Pam Malfoy Black, Tata XOXO, kaja0507, carolaap, Debb, debynoe12, somas, Cary, Liz Vidal, cavendano13, krisr0405, Kriss21, Lady Grigori, Vanina Iliana, BereB, Maryluna, terewee, tulgarita, rjnavajas, patymdn, Tecupi, jupy, roxy de roca, Nadiia16, Isabelfromnowon, Mel. ACS, Elizabeth Marie Cullen, Pili, Jade HSos, Sully YM, alejandra1987, EmmaBe, liduvina y freedom2604.
¡Hasta el próximo capítulo!
