Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to CullensTwiMistress. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de CullensTwiMistress, solo nos adjudicamos la traducción.


A Home for the Holidays

By: CullensTwiMistress

Traducción: Flor Carrizo

Beta: Melina Aragón


Capítulo 7

El día después de Navidad resulta ser mucho más emocionante de lo que jamás hubiera podido predecir, porque Esme insiste en llevarnos a Kate y a mí de compras con ella todo el día.

Así que en lugar de dormir hasta el mediodía y descansar en mi pijama todo el día, Kate me despierta al amanecer para recordarme que potencialmente puedo usar el dinero que mis padres me dieron para Navidad y duplicar las cosas que compro. Es como el póquer de ventas de Navidad: compre un suéter, obtenga uno gratis.

Me gusta mucho su lógica y pronto nos dirigimos a Seattle para pasar un día lleno de nada excepto caminar buscando una mejor oferta.

La mañana y la tarde pasan rápido y nos lo pasamos genial, pero quiero ver a Edward. Mucho. Probablemente más de lo que quiero ver algún suéter viejo. Kate me había prometido un tiempo a solas con él y estaba deseando hacerlo. Sin embargo, no quiero mencionarlo por temor a que ella haya cancelado sus planes con su amiga. No estoy segura de que mi corazón pueda manejarlo.

Esperaba algún momento con el muérdago en la noche de Navidad, pero no hubo ninguno y, antes de darme cuenta, Esme y Carlisle se habían ido y Edward se había ido a la cama. En lugar de actuar como una niña petulante, acuné mis regalos de Navidad y sonreí, esperando que valiera la pena esperar.

Cuando llegamos a casa poco después de la cena, Kate recibe una llamada de su amiga invitándola a tomar algo. Me mira con atención y no dudo en decirle que definitivamente debería ir.

Edward no está en casa y Kate me recuerda que se fue a algún lugar con Carlisle.

Ella me invita a que la acompañe de todos modos pero me niego con una sonrisa genuina. Incluso si Edward no está aquí, honestamente creo que algún tiempo sola puede ser bueno. Estoy cansada por todo el correr y la anticipación de un posible momento de diversión con Edward, así que decido que una siesta está en mi futuro inmediato.

Saludo a Kate y me quedo en la puerta por unos minutos, observándola salir en la noche. Estoy sola en la casa, un baño caliente y mi cama me llaman por mi nombre.

Justo cuando estoy a punto de subir los escalones, la puerta principal se abre y Edward grita:

—¿Hay alguien aquí?

Escucho un susurro cuando se quita la chaqueta y los zapatos y doy un giro de ciento ochenta grados, mi cuerpo reacciona por cuenta propia y necesita estar más cerca de él.

Doy la vuelta en la esquina y mis ojos inmediatamente encuentran los suyos. No puedo evitar la sonrisa que tira de mis labios y mi corazón latiendo salvajemente por la determinación evidente en su expresión cuando me ve.

Estoy aquí, él está aquí. Finalmente.

Vamos a seguir adelante…

Él da un paso hacia mí mientras yo hago lo mismo y una vez que estamos cara a cara, es como si el tiempo se detuviera. No se necesitan palabras, la mirada en sus ojos, reverente y honesta, me deja sin aliento y dice todo lo que se necesita.

—Bella… —suspira, su voz apenas un susurro justo cuando sus labios descienden sobre los míos, suaves, pero firmes, sé que nunca habrá otro hombre que se le acerque.

Edward Cullen es un Dios. No, en serio, nunca me han besado de esta manera en mis cortos veinte años.

Agarro la parte delantera de su camisa y chupo su labio inferior en mi boca mientras sus brazos me envuelven con fuerza, sosteniéndome; mi cuerpo se aprieta imposiblemente cerca de él mientras su calor se filtra por mi delgada blusa. Su lengua recorre mi labio superior y abro mi boca hacia él, dejando que mi lengua juegue con la suya.

Es un beso suave pero necesitado y que me consume por completo, en el que me pierdo, hasta que mi cabeza se siente confusa por el jadeo y mi corazón se siente como si fuera a salir de mi pecho.

Me siento completamente rodeada por él. Su olor, que me ha estado volviendo loca de lujuria durante los últimos días, está en todas partes. Sus manos están apoyadas en mi espalda baja; con los dedos rozando un lugar debajo de mi camisa, sobre mi cinturón. El cosquilleo por su barba del día deja mis labios y la piel de mi barbilla un poco sensibles, pero es una buena sensación, ya que será una prueba de que sucedió, de que estuve aquí con él haciendo esto.

Estoy flotando en una nube, en lo alto de los besos de Edward y no quiero que termine nunca. Pero demasiado pronto lo hace y no puedo dejarlo ir, así que no lo hago. En lugar de alejarme de él, me acerco, le doy un beso en la mandíbula y dejo que mis manos vaguen por su pecho definido hasta sus hombros y paso los dedos por los pelos cortos de su nuca.

Tarareo de alegría cuando sus manos suben por mi espalda, una sobre mi camisa y la otra debajo. La calidez de su mano sobre mi piel y la suave presión me hace girar en un torbellino de lujuria y deseo. Mis bragas están arruinadas, estoy segura de eso y no me importa.

La boca de Edward está una vez más en la mía y la suavidad que teníamos antes se ha ido y ahora somos todo lengua y dientes, prácticamente mordiéndonos el uno al otro. Me encanta. Él necesita esto tanto como yo y joder si voy a pasar esto por alto.

Sus dedos encuentran el cierre de mi sostén y él no duda en abrirlo. La tela se afloja de mis pechos, su movimiento me saca de la confusión, solo para intensificarla diez veces.

Me alejo de él y retrocedo un paso mientras me mira con una expresión de dolor en su rostro, su respiración entrecortada.

—Estoy... mierda, lo siento, me dejé llevar, Bella... —Su voz es tensa cuando se pellizca el puente de su nariz, sus ojos se centran en los míos.

Sonrío perezosamente, mi respiración es pesada y mis ojos un poco aturdidos mientras me quito la camisa. Mi sostén se va volando con él y me quedo allí ante él, expuesta y vulnerable. ¿Es esto lo que quiere? Joder, puede que la haya jodido, pero sus ojos... cuentan otra historia mientras se detienen en mis tetas por un momento demasiado largo antes de que su mano izquierda agarre firmemente mi cadera, acercándome a él, y su mano derecha cubra mi pecho. Amasándolo suavemente.

Él gruñe y sus labios encuentran mi garganta, luego mi boca y antes de que sepa lo que está haciendo, estoy siendo levantada en sus brazos. Instintivamente envuelvo mis piernas alrededor de su cintura mientras él nos lleva a la cocina.

La encimera de granito está fría debajo de mi trasero cubierto por el jean, pero sus labios se sienten mágicos en mis tetas mientras chupa cada una en su boca cálida y las recorre con su lengua.

—Cristo, esto se siente bien. —Echo la cabeza hacia atrás y acuno sus caderas entre mis muslos, sintiéndolo todo contra mí. Soy un desastre húmedo y su dureza se siente increíble cuando estoy desesperada por su toque.

Marchito o no, Edward está dotado con algo grueso y duro. El pensamiento me hace retorcerme y sacudirme contra él mientras mis dedos se enroscan en su cabello y sostienen su cara contra mi pecho. Todo se siente increíblemente maravilloso. No recuerdo haber tenido a alguien que pasara tanto tiempo con las chicas, pero estoy muy agradecida por ello.

—Ung.

Al encontrar la fricción que necesito a través de mis pantalones vaqueros, que presionan justo en el lugar correcto gracias a la erección de Edward, me muevo contra él como si fuera una virgen de dieciséis años y rezo para que nunca deje de tocarme.

Él gime y gruñe cuando su boca se encuentra con mi piel expuesta. Él marca mi garganta y mi cuello, algo que es juvenil, pero quiero que me marque así, es jodidamente caliente. Lo que estamos haciendo en lugar de tener sexo real también es juvenil —quien sabía que los hombres de cuarenta años todavía cogían en seco—, pero no creo que me importe que actuemos como un par de adolescentes.

Gimo y maldigo y lo beso y me froto contra él. Rudo y duro; todo es indescriptible, más allá de lo que he sentido antes, mientras mi clímax se desplaza y se extiende justo al borde de mi agarre. Puedo sentir el pulso en todo mi cuerpo y cuando Edward cubre mi sexo sobre mis jeans y su pulgar presiona directamente sobre mi clítoris, me desahogo, cerrando los ojos y aferrándome a él. Mi boca una vez más encuentra la suya mientras mis gritos hacen eco dentro de la gran cocina.

Estoy un poco avergonzada y presiono mi frente contra su hombro, respirando profundamente mientras mi cuerpo desciende de su felicidad. Me abraza y besa mi cuello. Nosotros no hablamos No hay palabras. Él solo sabe cómo tocarme y esto es algo a lo que no estoy acostumbrada. Los chicos con los que he estado en el pasado generalmente terminaban antes que yo y terminaba usando a Jake después de que se fueran, porque, francamente, no creo que les importara una mierda.

—Lo siento —jadeo.

—¿Qué sientes, hermosa?

—Me… Me lancé sobre ti... como una maldita gata en celo. —Sacudo mi cabeza contra su hombro, la vergüenza aún me inunda junto con la quemazón reveladora de mi sonrojo.

Él se aleja y toma mi barbilla entre su pulgar y su índice, obligándome a mirarlo.

—Nunca te disculpes por querer estar cerca de mí. —Sonríe; ladeado y sexy—. De hecho, cada vez que tengas ganas de desnudarte y de tirarte encima de mí, por favor, hazlo.

Sus palabras me dejan sin aliento y todo lo que puedo hacer es acercarme a él y besar sus labios suavemente.

—Gracias.

—Ahora, si no te importa, me voy a bañar. —Luce como sexo encarnado mientras dice esto: sus ojos siguen siendo sexys y están entrecerrados y su cabello se asemeja a un pajar, como si hubiera pasado por el infierno y vuelto.

Frunzo el ceño ante sus palabras y miro su entrepierna, donde todavía está duro como una roca y tenso. Y de nuevo, no puedo evitar la imagen mental de ver a un enjabonado Edward acariciándose en la ducha.

Jesús.

Riendo, me muerdo momentáneamente el labio inferior, luego, lanzando la precaución al aire, le pregunto:

—¿Necesitas ayuda con, eh... eso? —Asiento en dirección a su bulto.

Edward deja escapar un largo suspiro y me acerca a él. Con mi cara en su pecho, inhalo y cierro los ojos.

—Bella, por mucho que no haya nada que me gustaría más que verte en mi cama con mi polla enterrada profundamente dentro de ti, creo que al menos necesito llevarte a una cita primero. —Él besa la parte superior de mi cabeza.

Gimo. Sus palabras son sucias y dulces. Me encanta.

—¿Y cuándo sería eso?

—¿Ansiosa? —Él se ríe.

Me encojo de hombros.

—Tal vez. —Enfatizo mi punto moviendo mis caderas y frotándome contra su erección tensa.

Él gime.

—Bella. —Su voz es áspera. Me río justo cuando él se retira y me da un beso en la frente—. No vayas a ningún lado.

Asiento y observo como él deja caer su barbilla contra su pecho y parece estar rezando una oración a mis tetas antes de que desaparezca escaleras arriba.

Es bueno saber que las tetas parecen tener el mismo efecto en los hombres a cualquier edad.

.

.

Veinticinco minutos más tarde, Edward baja las escaleras con unos pantalones de franela a cuadros y una camiseta blanca con cuello en V que parece adaptarse a su pecho a la perfección. Su pelo está mojado y en todas direcciones. Me pican los dedos por jugar con él.

También estuve en mi habitación, donde me tomé la libertad de cambiarme por unos pantalones cortos para dormir, un suéter cómodo y atarme el pelo.

Hay algunas repeticiones de How I Met Your Mother en CBS y Edward se acomoda a mi lado en el sofá para mirarlos. Él pone mis pies en su regazo y nos reímos de las travesuras de Barney. Es fácil y cómodo y me doy cuenta de que la diferencia de edad no es un problema en el gran esquema de las cosas.

O al menos por ahora realmente no lo parece. No estoy segura de cómo reaccionarán mis padres a que su única hija tenga una relación con un hombre que tiene más del doble de su edad.

—¿Quieres algo de tomar? —pregunta Edward mientras se para y se estira. Su camisa se levanta y mi pervertido cerebro va directo a los pensamientos sexuales cuando veo aparecer el vello castaño en su abdomen mientras su camisa se levanta más allá de su ombligo. Suspiro. Dios, me encanta el camino feliz de un hombre.

Asiento con una sonrisa distraída en mi cara mientras hago contacto visual con él y él levanta una ceja a sabiendas.

—Jugo, por favor.

Cuando regresa, nos abrazamos en el sofá, mi espalda apoyada contra su pecho y nuestras piernas enredadas sobre los cojines.

Debo quedarme dormida en algún momento, porque cuando me despierto, los brazos de Edward me rodean y está roncando ligeramente. Todas las luces están apagadas y el volumen de la televisión bajo. Kate debe haber llegado a casa.

Me pregunto brevemente qué debió pensar al encontrarnos de esta manera, pero luego recuerdo cómo lo había sugerido en primer lugar.

Me acurruco de nuevo en el abrazo de Edward y cierro los ojos, respirándolo y dejando que su calor me inunde.

.

.

—Bella, nena, despierta.

Unos brazos me sostienen con fuerza. Aliento cálido que me hace cosquillas en el costado del cuello. Labios presionando deliciosos besos en mi hombro.

—Una chica podría acostumbrarse a despertarse de esta manera cada mañana —digo suspirando y Edward se ríe.

Me estiro y gimo cuando Edward se mueve contra mi espalda.

—Necesito levantarme e ir a trabajar, hermosa. Es temprano. Vete a la cama.

—Mierda, ¿dormimos aquí toda la noche? —murmuro y me alejo de él para que pueda pararse.

—Son solo las cinco y cuarto y podría volver a la cama por una hora más o menos, pero si voy temprano, debería poder volver a casa temprano —explica, extendiendo su mano y ayudándome a levantarme.

—Oh, eso suena muy bien. —Le sonrío cuando él me tira hacia sus brazos y besa la parte superior de mi cabeza. Lo respiro y suspiro. Quiero bañarme en su olor, juro que esa cosa es adictiva.

—Sí, me gustaría llevarte a cenar y tal vez a una película o algo así.

—¿De verdad me está invitando a salir, señor Cullen? —pregunto burlonamente

Él se retira y me mira a los ojos.

—Supongo que sí, señorita Swan.

—¿Tú solo quieres meterte en mis pantalones, no? —Sonrío.

—En caso de que no lo hayas notado, Bella, soy un hombre de pechos. —Él busca a tientas una de mis tetas pasando su pulgar sobre mi pezón, que responde inmediatamente a su toque. Suspira y cierra los ojos—. Sí, perfecto.

Ruedo los ojos y juguetonamente golpeo su mano suavemente.

—De acuerdo, cuanto antes te vayas, antes podrás volver conmigo. —Beso su mejilla y paso mis dedos sobre los suyos, dándole un ligero apretón a su mano.

Él asiente.

—Ve a la cama. Tengo la sensación de que mi hija va a pedirte información hoy y necesitas estar bien descansada para ese tipo de preguntas. —Me guiña un ojo y sonríe.

—Está bien, amante. Te veré esta noche. —Envuelvo mis brazos alrededor de su cuello y arrastro lentamente mis labios a lo largo de la línea de su mandíbula, luego dejo un beso prolongado en sus labios antes de alejarme de él y subir las escaleras.

Puedo sentir sus ojos siguiéndome, así que muevo mi trasero y subo las escaleras con una carcajada por parte de él.

El sonido va directo a mi corazón y sé que nunca voy a querer dejar de escucharlo.


¡Hola!

¡Feliz Navidad! Esperamos que la pasen muy bien junto a su familia.

¿Nos cuentan qué les pareció el capítulo?

Gracias por sus comentarios en el capítulo anterior: Klara Anastacia Cullen, Yoliki, piligm, cavendano13, angryc, Isabelfromnowon, Debb, Liz Vidal, Kriss21, patymdn, Lady Grigori, BereB, Tata XOXO, alejandra1987, rjnavajas, Maryluna, Vanina Iliana, tulgarita, Sully YM, Tecupi, Adriu, krisr0405, crysty Katy, terewee, Angie Muffiin, Nadiia16, Adriana Molina, kaja0507, liduvina, jupy, freedom2604, Jade HSos, Elizabeth Marie Cullen y somas.

¡Hasta el próximo capítulo!