CAPITULO 2: EL PRIMER DÍA

Cuando Tsunade abrió los ojos algunos minutos después, Naruto ya no estaba cerca. La mujer miró a su alrededor algo confundida, solo sus propias prendas y las cosas tiradas en el desborde de los "hechos" estaban por el suelo. Naruto evidentemente se había vestido y ya no estaba en la oficina. Tsunade con lentitud y mucho esfuerzo comenzó a juntar sus prendas como pudo, partiendo con dificultad fue hacia el baño. Se metió bajo la ducha al instante. Era una costumbre darse un baño antes de salir hacia su residencia. Shizune solía venir más o menos a esas horas para acompañarla. Tsunade pensó que solo debía disimular el descontrol de su escritorio con una supuesta borrachera y asunto arreglado.

Pero ese optimismo sobre ocultar sus culpas duró muy poco en la mente de Godaime…

¿Qué demonios había hecho? Había tenido sexo con un muchacho ¡Y para colmo era Naruto! ¿Qué hice Jirayja? Se dijo acumulando su angustia ¿Qué me paso? Se preguntaba mientras el agua caía como bendición en su voluptuoso cuerpo. Podía oír a pesar de la ducha funcionando, a Shizune en la oficina de al lado arreglando el desastre que ella había causado. Tsunade se sentía sucia, asquerosa. Como si hubiera abusado de una criatura inocente. El sake jamás había cobrado una cuota tan nefasta luego de una borrachera. Jamás Tsunade Senju había causado tal estropicio por los efectos del alcohol. ¡Una situación irreparable! ¡Qué gran estupidez había cometido!

Pero por otro lado, tenía que admitir que había gozado como una loca. Ese muchacho era un arma mortal ¡Y que manos! Se decía la mujer mientras seguía duchándose. Parecían tener mente propia por como la había tocado. Parecían tener un Genjutsu de seducción aplicando como crema solar por cada zona de su cuerpo femenino. Naruto era muy joven para ella, eso lo podía entender bien. Pero hablando estrictamente de lo sexual, ese muchacho había actuado como un verdadero hombre de experiencia. Supo tocarla, y tener la paciencia para esperar los tiempos húmedos de una mujer madura. Tsunade no tenía las características físicas de una jovencita. Su aspecto podía engañar, pero su entrada en calor como amante, era el típico de una kunoichi entrada en años. Aun así, Naruto Uzumaki la había llevado a la locura. Pero hundida en esos sucios pensamientos, la Hokage tuvo la necesidad de reprimirse porque ella no debía pensar así. Debió ser la voz de la razón en aquella oficina. Debió ser quien detuviera todo. Nunca debía permitir bajar al nivel de una mujer sedienta de amor. Nunca debió dejar que los retrasos de su cuerpo tomaran el control jugando a favor del desesperado y deseoso libido de Uzumaki Naruto. Debía detenerlo incluso ahora mismo, en su pensamiento. Debía….

De pronto, Tsunade sintió alguien detrás suyo. Aun en el interior de su baño personal. Aun dentro de la ducha envuelta en la cortina:

-¿Qué demonios…tu? ¡¿Qué haces?! ¡NO!

-Tranquila, - le sonrío el joven- le dije a Shizune Neechan que yo te llevaría a tu casa. Luego cerré todo y ordené la oficina, nadie vendrá a molestar a esta hora.

-¡Lárgate! –Amenazó Tsunade nerviosa- esto nunca debió suceder. Estábamos ebrios, aun estas ebrio y no debemos…

-¡No! –Contestó irritado Naruto y le detuvo el parlamento- Hoy no serás la Hokage para mi… –Advirtió abrazándola de frente- no permitiré que me alejes por tonterías.

-No por favor –suspirando- no más, es…un error.

-El mejor error de mi vida Tsunade –ronroneó el rubio mientras hundía su boca en el cuello de la mujer y usaba una mano libre para meter dos dedos en el interior vulnerable de ella.

Tsunade intento resistir. Lo golpeaba como podía, pero el espacio escaso le impedía usar a pleno su fuerza. ¡Esto no podía suceder nuevamente! ¡ERA UN ERROR! ¡UNA PESADILLA! El sin embargo no se detuvo. Logró arrinconarla contra los azulejos de la pared y buscaba ansioso sus labios. Ella continúo defendiéndose pero perdía fuerza y convicción a cada segundo.

-Estas mojada Tsunade- mirada lujuriosa- lo deseas, admítelo maldita sea.

-No….lo hagas –dijo a punto de perder la cabeza.

El la tomo del cuello muy firme, tenía la mirada de un tigre hambriento, y le dio un profundo beso posesionándose de sus rojos labios. Forzado al principio, pero en un par de segundos la resistencia de Tsunade se desmoronó totalmente. El joven le estaba inyectando una dosis concentrada de lujuria y pasión. Ella había pasado demasiado tiempo sin la cercanía de un hombre. Demasiado tiempo, como para evitar tomar esta oportunidad que podía ser la última.

-Esta noche voy a tenerte solo para mí, serás mía… –susurró al oído excitado el hombre-mañana volverás a ser Hokage y podrás matarme. Pero hoy, yo soy el que manda. Y mi deseo esta madrugada es hacerme mía.

Acto seguido le mordió los labios y alzándola de las caderas, la sentó sin más preámbulos sobre su miembro duramente. Tsunade estaba preparada, los pensamientos de culpa bajo la ducha no dejaron nunca que su nivel de excitación descendiera lo suficiente. Naruto Uzumaki había activado un interruptor oculto en la Hokage. Aquel que incluso ella misma creía haber olvidado. Era la hembra quien dominaba a Tsunade ahora mismo. No era la kunoichi, ni la Hokage. Ni acumulaba siquiera la decencia de recordar a santo de quien se estaba sometiendo. Ahora era solo el instinto desatado de una hembra, entregándose centímetro a centímetro alrededor de la dureza de un hombre.

-¡AAAAAhh! –Bramó aferrándose al cuello con ambas manos- ¡Maldito seas que bien lo haces!

El sonrío de manera depredadora, comenzando a subirla y bajarla penetrándola por completo. Naruto ya dominaba el territorio interno de Tsunade, pero también le mordía y chupaba sus enormes pechos salvajemente, y sus manos en las nalgas de ella profundizaban los movimientos del placer. Ella no representaba un peso molesto para la fuerza del Shinobi. Tsunade era liviana y manejable. Él era demasiado fuerte. El instinto del joven estaba desatado completamente. Había tenido la oportunidad hace una hora de ver en esta situación asco o error. Ordenar la oficina, espantar a Shizune. Salir corriendo o temer por la venganza de la Hokage. Una hora mientras ella solo intentaba bañarse para eludir la culpa. Darse una ducha para limpiar los rastros de sexo que él había dejado por toda la oficina. Pero aun así, Naruto había vuelto al ataque invadiéndole el baño. El rubio sentía que no tenía nada que perder. Afuera de la torre Hokage, no existía nada para el Uzumaki. Dentro de ese baño, estaba el objeto de la lujuria que se había entregado a él como ninguna otra. Tsunade Oba-chan ya no existía hace tiempo. Ahora solo un coño experimentado y unos pechos de ensueño. Una mujer de carácter atractivo y volcánico. Una mujer sin nadie a quien amar, justo como se juzgaba el joven mismo.

Pronto bajo el agua nada más importo realmente. La sensación del gocé y la fricción sobrepasaron los deberes y prejuicios nuevamente. El interior de Tsunade se contrajo al máximo presionando a Naruto a riesgo de exprimirlo. La mujer estaba aferrada fuertemente al hombre. Besándolo, gimiendo extraviada de su propia defensa. De su propia línea de moral o responsabilidad. La lluvia de la ducha humedecía sus cuerpos que aun así, no bajaban su temperatura. Naruto Uzumaki estaba follándola. Su niño especial le estaba haciendo el amor, y el Shinobi más poderoso mundo la estaba tomando como a un objeto sexual. Todas las sensaciones en una sola.

Ella tomó entre sus manos el rostro de Naruto y se miraron por un instante. Incluso las embestidas conducidas por el hombre se detuvieron brevemente. Ella parecía querer decirle algo. Ella parecía querer un respiro, o simplemente intentar detenerlo por última vez. La mente de Tsunade estaba perdida en los ojos de Naruto. Esos bellos cielos azules que la deseaba tanto. ¿Cómo podían desearla tanto? ¡Ella era una mujer que podía ser su abuela! ¡Ella era la Hokage! ¡Ella era…! Y entonces Tsunade lo beso profundamente, metiendo su lengua ansiosa por robarle hasta el aire. Las embestidas de Naruto volvieron a su ritmo frenético. Cada tanto Tsunade, liberaba los labios para relamerse y amenazarlo de manera sexual:

-¡juro que te mataré si la sacas! –Le gritaba con desesperación-¡Fóllame duro!

Gemía como hembra en celo entregándose a sus más bajos instintos. Descubrió lo que ya sabía, que necesitaba un hombre. ¡Pero uno de verdad! Uno que la dominara, que la sometiera obligándola a soltar su fiera interna. Uno que domara el temor a entregarse patente en su corazón. Y Naruto lo había logrado. Con él se había corrido como con nadie. Con él se sentía joven, se sentía única. Tal como hace muchos años, cuando un niño caprichoso y valiente la hizo reconsiderar el volver a Konoha y ser Godaime Hokage. Nuevamente ese muchacho le cambiaba el mundo. Lo pateaba, lo desafiaba, lo llenaba de luz. Con él había aprendido a creer en Konoha nuevamente. Y aunque pareciese increíble, ahora mismo ahora estaba empezando a creer en que era una mujer que merecía ser amada.

Minutos después, Tsunade no soportó más la deliciosa tortura y aferrándose a los labios de Naruto se corrió brutalmente. Su cuerpo se aflojó totalmente, entregado a los brazos de aquel hombre. Estaba a su completa merced. Él podía hacer lo que quisiera con ella, incluso matarla. Ya no tendría resistencia alguna. Sin embargo, se quedaron abrazados bajo la ducha en la misma posición. El joven había detenido sus embestidas y había derramado el contenido de su excitación en el interior apretado de la líder. Tsunade, con la cabeza apoyada en el hombro de Naruto estaba entre sus brazos. El a continuación y sin dejar de sostenerla, frotó su cuerpo con una esponja. Lo hizo suavemente, limpiándola como si un objeto frágil se tratara. Ella algunos segundos después comenzó a llorar, hacía años que eso no ocurría. Pero su desesperación fue tal, que simplemente no pudo evitarlo.

-¿Por qué…..me hiciste esto?-susurró al oído del rubio Shinobi.

-¿Hacerte el amor? ¿Follarte como bestia? Porque me sentía solo,-contesto seriamente- y porque estabas sola.

Tsunade se sentía humillada y débil. Por un momento sintió que aquel muchacho se había aprovechado de la compasión que ella sintió observándolo bajo la lluvia. ¡O tal vez podía culpar al sake! Aunque ella debía admitir que sus años de experiencia con la bebida la mantenía a salvo de perder completamente la cabeza. Por mucho que hubiese tomado.

-¿Y ahora qué? – dijo apenada, no sabiendo como continuar la situación- se acabó el sexo y te largas.

-No quiero irme Tsunade... – declaró serio- no pienso irme realmente, si tú lo deseas.

-¡Mientes! –Apartándose y golpeando el pecho de él con su puño para lograr distancia- Serás como todos, te largaras detrás de otra –señaló con desesperación.

-Creo que….-serio- me confundes con cualquiera.

Ella lo miró profundamente. Esos ojos azules como el mar, puros y llenos de sentimientos. El cuerpo cincelado y fuerte. La determinación de un Kami. Pero aun la sensación de que todo lo que habían hecho era un fatal e irreparable error.

-Soy una vieja… –admitió con crudeza la mujer- no importa que me vea así.

-Soy un demonio… –replico con astucia el- no importa que me vea así.

Ella se apartó aún más. Lo observaba sin entender como habían llegado tan lejos. Salió de la ducha, confundida, golpeada, y comenzó a secarse con una toalla grande. Había dejado de llorar, el corazón le latía deprisa. Podía escuchar la lluvia a sus espaldas y sentimientos nuevos surgían del abismo de su alma. ¿Acaso había algo más que sexo? ¿Podía darse el lujo de arriesgar el corazón una última vez? No obstante, su fama de eterna perdedora la atraía a su triste realidad. Por lógica, por estética, por inercia, siempre debía perder. En todo ámbito de la vida.

-Me dejaras, estoy segura. –Dijo hablándole al hombre aun en la ducha- sino es por una misión en la que mueras. Será una niñata que te dará lo que yo no tengo, juventud.

Él se dispuso a cerrar el grifo del agua y el silencio se hizo presente. Naruto también tomó una toalla y cubriéndose de la cintura para abajo salió de la zona de ducha. Se lo veía pensativo, ¿Molesto? Tal vez…

-Tsunade ¿sabes lo que iba hacer luego de esta reunión que me llamaste?

Ella lo miró tratando de adivinar. Pero le era imposible, la tensión del momento ni siquiera le dejaba arriesgar.

-Hace dos meses, le dije a Sakura Haruno que al volver de una misión, -anuncio- la esperaría en la plaza para decirle algo muy importante. Ella me sonrío y dijo que podría retrasarse por su turno en el hospital –Sonrío Naruto irónico- y yo como un imbécil, le dije: "Te esperaría en esa plaza hasta dos meses"

Tsunade lo miró sorprendida. Era ese el motivo de Naruto para estar todas las noches en la plaza, incluso bajo la lluvia. Sin embargo, eso no contestaba la pregunta inicial. ¿Qué haría después de la reunión?

-Lo que yo iba hacer, -dijo el rubio con dolor en la mirada- era dejar una carta de despedida sobre la mesa de mi habitación y acto seguido, me enterraría una kunai en el corazón- haciendo el gesto con su mano sin contemplación.

-¡No! –Gritó Tsunade como si lo fuera hacer justo en ese momento. Se acercó al hombre y lo abrazo de frente con nerviosismo- ¡estás loco!

Ambos apoyaron la frente en la del otro. El silencio volvió a ganarles, ambos tenían que decidir cosas demasiado importantes para hablar sin pensar.

-Crees….-susurró por fin la mujer- que lo que ocurrió aquí, ¿cambia algo?

-Si tú me lo permites, -sentencio- quisiera intentar algo.

-No Naruto, -sonriendo apenada y se separó hasta que los brazos del rubio lo permitieron- somos de edades diferentes, de mundos diferentes.

-Tienes miedo lo comprendo, te han lastimado y dejado sola. Por eso aun tienes temor.

-No, no es por eso (si, es por eso) –dijo la mujer.

-¿Tsunade, hace cuánto tiempo me conoces?

-Años… –contesto sin pensar.

-¿Y en ese tiempo a cuantas mujeres he perseguido?

-Solo a una… –contesto como algo obvio- aunque sea tan tonta como para no darse cuenta.

-¿Y cuántas veces he faltado a mis promesas? –tomándola del rostro para que lo mire a los ojos.

-Siempre cumples, -suave sonrisa- todo lo que prometes.

-Entonces sabiendo eso de mí, -anuncio Naruto sonriendo levemente- te prometo ahora mismo, que solo estaré detrás de una sola mujer nuevamente –sonriendo

-¿Por qué yo? –preguntó aun sin creerlo.

-Porque eres la única que me vio ese banco de plaza, bajo la lluvia –acariciándole el rostro- eres la única que no continuó con su vida, mientras yo seguía esperando mi muerte.

-¿Sabes que nadie aceptara esto no? – consultó Tsunade acariciándole el vientre.

-¿Quieres que todos lo sepan? –Serio- ¿Eso quieres?

-Esto es una aldea Shinobi, tarde o temprano….

-No me importa los demás. Estoy solo, y tú estás sola. No hacemos daño a nadie. Además, cuando te aburras de mi podrás ordenarme que me aleje de Hokage-sama –sonriendo.

Ella también sonrío y sin poder resistirse le dio un suave beso en los labios. Pero los ojos miel revelaban su falta de convencimiento en esta posibilidad de ser feliz. Aunque solo fuese por algún tiempo.

-¿Qué pasara en unos años? –Interrogo seriamente Tsunade- Aunque me vea así, mis energías desaparecen. ¿No has pensado en lo que sucederá cuando…?

-Diría por lo que hemos hecho toda la noche- mirada perversa- que tienes demasiada energía.

-Pervertido…-mirada traviesa, agarrándolo del miembro- estas muy duro aun, a pesar de todo lo que me hiciste.

-¿Qué quieres de mí? –Señaló mordiéndose el labio Naruto divertido- Estoy solo, y con una mujer espectacular completamente desnuda. "Narutito" se alegra con facilidad.

-Pero resulta que yo tuve un día largo y estoy agotada- sonriendo perversa- ¿Qué vas a hacer al respecto?

-Primero pedirte que me sueltes, tus manos solo emocionan a "Narutito" – sonriendo excitado.

-¿Ah sí? –Dándole un beso corto en los labios- ¿Tan emocionado se pone?- relamiéndose

-Luego me daré una ducha fría –suspirando- y luego….

-¿Y luego que….?-meneando a "Narutito".

-Luego, saldré de cacería por la aldea… je je je- Sonriendo

-¿Qué has dicho?- apretando con fuerza el miembro con su mano, y una venita en la frente.

-¡Auchhh! Es broma Tsunade, es broma je je je.

Ella sonrió de manera perversa. Esa sonrisa y la situación erótica le hacían olvidar todas sus preocupaciones y culpas. En su interior sabia la cantidad de problemas que iban a surgir de toda esta situación en los días siguientes. Pero aun con su legendaria mala suerte. Tsunade Senju se sentía en vicio de apostar una vez más.

-Desde ahora… -agachándose lujuriosa- yo solamente me ocupare de "Narutito".

Y no dijo mas. Su boca estaba ocupándose particularmente del problema endurecido en el rubio. Naruto retrocedio levemente para apoyar su espalda en una pared cercana. Ella por primera vez en la madrugada estaba tomando la iniciativa. El Godaime Hokage estaba regresando al mando nuevamente. Dijo que a partir de ese momento ella se ocuparía de "Narutito". Y el rubio podia estar mas de acuerdo con eso.

-Sera….- dijo gimiendo como pudo- lo….mejor Tsunade. Mmmnnn.

/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*

/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*

Al día siguiente en la mañana, Shizune corría a casa de su maestra. Se había quedado dormida y sabia por costumbre que sin ella, Lady-Tsunade no se presentaría a la oficina. Grande su decepción al comprobar que la rubia Hokage ya no estaba en su residencia. Shizune supuso que su sensei andaría esquivándola el resto del día para no ocuparse del papeleo. Lamentablemente, alguien debía ocuparse los asuntos de la oficina y por desgracia debía ser ella. Media hora después abrió las puertas de la oficina del Hokage y casi se cae de espaldas. Allí estaba detrás del escritorio la Godaime Hokage, ¿trabajando?

-¿Tsunade-sama?

-Así me nombraron mis padres según entiendo… –contestó burlándose y sonriendo

-Pero…yo….usted…perdone la pregunta… ¿Qué hace aquí trabajando?

-Bueno Shizune….como Hokage es mi función según me has dicho hasta agotarme la mente –sonriendo

Shizune se creía presa de un Genjutsu, pero dejo pasar los comentarios que se le ocurrían para concentrarse en el escritorio. Los documentos que ella solía llenar en remplazo de su maestra estaban ya terminados. Había un gran ramo de rosas en un florero y la botella de Sake que debía por costumbre estar vacía, se encontraba aun sin abrir.

-¡Que lindas flores Tsunade-sama! ¿Son para usted? –preguntó la morocha curiosa.

-No lo sé…- respondió la rubia girando su silla y mirando a la ventana ¿Algo sonrojada?- Creí que…tú las habías traído. Las encontré aquí esta mañana.

Shizune la conocía demasiado para saber que mentía. Seguramente algún hombre había sucumbido a los "encantos" de la Godaime. Pero lo extraño para Shizune, era que por primera vez ella había conservado el regalo. Generalmente los mandaba a tirar diciendo que eran cursilerías baratas. Shizune observó con cuidado a su sensei, pudo notar en los ojos color miel un brillo especial. ¿Qué buena noticia la había puesto así? Estaba sencillamente radiante. Era cierto que mujer hermosa siempre había sido, pero sus amplias sonrisas y la tranquilidad en su mirada en el día de hoy, la hacían tremendamente atractiva.

-Tsunade-sama ¿Alguna noticia la tiene así de contenta?

-¡Claro que sí! –Respondió gratamente- ven a ver.

Ambas se acercaron al ventanal. El sol radiante dominaba la mañana de Konoha como hacía días no ocurría. Shizune buscaba con ansiedad y no encontraba nada diferente.

-No entiendo sensei, ¿A dónde debo observar?

-El día Shizune. Hermoso sol como hace tiempo no tenemos -sonriendo

La morocha cada vez entendía menos. Cierto era que Konoha había sufrido un par de semanas de inclemente, continua y molesta lluvia. Pero aun así a Tsunade-sensei nunca le había importado demasiado las cuestiones del clima. No obstante Shizune había aprendido con los años, que la insistencia sobre ciertos temas producía en su maestra el enojo al que tanto le temía. Así que se limitó a sonreír y a estar atenta para descubrir cuál era la "verdadera" razón del cambio de ánimo en su irascible sensei.

La rubia segundos después, le indicó a su asistente que convocara a los 5 equipos designados desde el día anterior para asignarles misión. Shizune se retiró y Tsunade pudo al fin respirar nuevamente. ¡Maldita sea! Que difícil era contener la alegría que la rondaba. El corazón le explotaba como a una jovencita. Se sentó detrás de su escrito para continuar el trabajo, y se quedó mirando embobada el ramo de rosas. Tsunade Senju esa mañana solo podía pensar en una cosa. Solo podía pensar en cuanto tiempo pasaría, hasta volver a estar con su amante.

Fin del capítulo.