Listo. Se lo había dicho. La única razón por la que había tomado un avión mientras su corazón casi se salía de su pecho para poder regresar a Karakura. Le había confesado a Ulquiorra que ella tenía un hijo con el.

¿Ahora que?

Simple. Volver a huir, Ulquiorra se quedó estático y ella casi se desborda en lágrimas con aquello, Ichigo con agilidad había tomado su mano y la había sacado de ahí antes de que le diera un ataque de pánico. ¡Maldita sea! Seguía actuando como una tonta adolescente, se suponía que esas cosas ya no le afectaban.

-. ¿Mamá? - dijo aquella voz de ángel.

-. ¿Que sucede cielo? - le respondió apacible a su pequeño, estaba muerto de nervios y casi lanzándose a llorar por la presión pero no lo haría frente a su retoño.

-. ¿Ese era papá? - aquellos ojos verdes se encontraron con los de su madre que se estaban llenando de lágrimas, la pequeña mano de Akihiko tocó la mejilla de su madre.

-. Si amor.

-. ¿Por qué no me dejaste saludarlo?

-. Ichigo tenía cosas que hacer. Prometo que en otra ocasión lo verás. Ahora come el pastel.

El Niño sonrió para continuar comiendo el pastel que su madre le había comprado, era fanático de los dulces al igual que ella. Era la perfecta combinación de ambos progenitores.

Era una mini versión de Ulquiorra, un poco menos pálido que el, con los ojos grandes como los de su madre y del hermoso color esmeralda que su padre poseía. Su cabello un poco largo y alborotado de color naranja oscuro, más dócil Gracias a Orihime. La expresión alegre la había heredado de su madre pero su cerebro era totalmente de su padre. Claro que ella era lista pero nunca podría ser tan lista como Ulquiorra. Akihiko había heredado eso con solo dos años y medio podía hablar casi perfectamente, reconocía los colores y sabía contar hasta 52 sin equivocarse. Su pequeño genio.

Le hablo a su madre indicándole que iba a salir para que así vigilara a su nieto. La madre de Orihime sonrió encantada y la Pelinaranja salió de la casa. Miro su muñeca izquierda donde se encontraba aquel reloj con correa rosa pastel, marcaba las 5:29 y pronto anochecería pero eso no le importaba en verdad pues ella solo necesitaba tomar un poco de aire y tranquilizarse.

A pesar de todo el pequeño Akihiko sabía quien era Ulquiorra, el tenía bien Claro que tenía un padre y siempre quería verlo. Cada cumpleaños, navidad, día de reyes magos o cualquier logro que El Niño hiciera y merecía un regalo su padre "le enviaba uno" claro que no podía visitarlo por trabajo o cualquier otra excusa que Orihime inventara en el momento. El Niño estaba creciendo con amor y admiración hacia su padre.

Las cejas de Orihime se juntaron al pensar aquello ¿que pasa si Ulquiorra no quiere al Niño?

Ante aquel pensamiento sus ojos se llenaron de lágrimas y las limpió sin importarle que quizás el rímel que tenía se correria.

Llegó a su destino, el hotel donde se quedaba para así recoger su ropa y la de su hijo y largarse lo más rápido posible. Porque si, ella iba a volver a huir como lo había hecho tres años en el pasado.

Lanzó sus cosas a la maleta sin cuidado. ¿Por que hizo eso? Ella era una adulta encargada de la compañía de su familia, ya había madurado y ¡maldita sea! Seguía sintiendo cosas de adolescente.

No debió decirle a Ulquiorra que tendía un hijo, fue demasiado estupido porque el iba a casarse con Candice. Solo faltaban semanas para lo que era la boda del año.

Ya la había superado.

Su labor fue interrumpida por el insistente toqueteó en la puerta.

-. Ichigo yo ya tomé... - dejó de hablar al ver que quien había estado tocando no era su amigo Pelinaranja sino aquel dueño de su locura. Tragó grueso.

Los segundos se sentían como horas ¿Acaso Ulquiorra no diría nada? Se quedó ahí viéndola directo a los ojos, torturándola grandemente, porque el tenía bien Claro lo nerviosa que se ponía con la penetrante mirada verde.

Las horas seguían pasando (en realidad eran segundos) y ellos inmóviles y Justo antes de que Orihime formulara una pregunta fue callada.

Los labios de Ulquiorra estaban encima de los suyos, agarraba el rostro de la chica evitando que se alejara pero ella no se alejaría, lo extrañaba y anhelaba tanto que empezó a corresponder aquel beso que nunca debió darle, Ulquiorra tenía el control del beso; beso que fue subiendo de todo pues las manos de Orihime se habían aferrado al cuello de su camisa y lo habían adentrado al cuarto.

La ropa fue estorbando gracias a la temperatura que fue subiendo, caricias que arrancaban suspiros y más que eso de la boca de aquellos dos amantes que a pesar de todo ese tiempo seguían viviendo en el corazón del otro.