Ulquiorra sentía el cosquilleo que causaban las pestañas de Orihime cuando parpadeaba, ella estaba sobre su pecho aferrada a él. La alegría de Ulquiorra era incontenible a pesar de que su rostro seguía sin expresión alguna, eran casi las tres de la mañana y ninguno podía dormir, la alegría y confusión era demasiado grande.
-. ¿Por qué lo ocultaste? - Por fin rompió el silencio, aquella sólo era una sola de un millón de preguntas que quería hacerle a Orihime.
-. No sabía cómo ibas a tomarlo...
-. ¡Desapareciste por tres años! Estoy muy molesto, te busqué en cada lugar que se me ocurría por un año entero. Y se bien que lo sabes mujer...
Una lágrima cayó en el pecho de Ulquiorra, Orihime estaba llorando porque el decía la verdad. Si sabía que la había estado buscando y en más de una ocasión casi la encuentra.
-. Lo siento... se que no tengo ningún derecho a nada, te casarás y yo vengo de la nada y te digo que es tu hijo, pero no sabía que estabas comprometido... no tienes que hacer nada que no quieras, pero creí que debías saberlo...
-. Debiste decirme desde el primer día.
-. Perdón.
Ya estaban sentados en la cama, Orihime aferrada a la sabana que envolvía su cuerpo. La cabeza gacha para que Ulquiorra no viera el sonrojo y los ojos llorosos, la Pelinaranja sintió el suave tacto del hombre que a amado toda su vida.
-. Quiero conocerlo y que lleve mi apellido.
Esas palabras hicieron que el corazón de Orihime se acelerara. Si pensó que lo querría conocer pero no que quisiera darle el apellido después de todo. Levantó el rostro y recibió un fugas beso del hombre a su lado.
Entre lágrimas le contó cómo fueron los tres años, los increíbles logros de su pequeño al igual que el increíble parecido que tenía con el, Ulquiorra lloraba al escuchar las anécdotas y se sentía orgulloso de su pequeño y de la mujer que -a pesar de los años- amaba. Orgulloso de la gran madre que era para el hijo de ambos y los hermosos sentimientos que le había inculcado al pequeño.
Luego de decirse que se amaban Orihime cayó rendida y durmió como hacía tiempo no dormía, sin embargo Ulquiorra analizaba lo que haría con el predicaments que ahora tenía entre manos, nunca quiso casarse con Candice, todo era un matrimonio arreglado para funcionar ambas compañías, ahora Orihime había vuelto a él y con un pequeño de la mano, su pequeño. Esa era una señal del destino -en el cual ulquiorra no creía- para que cancelara la boda y de esa forma fuera por fin feliz con Orihime.
Eso era algo que no podía posponer más, Justo cuando saliera el sol tomaría a Orihime de la mano e irían a su casa. Le explicaría a su madre y a su padre cuál era la situación y la decisión que el había tomado, su madre amaba a Orihime y hasta ahí todo iría viento en popa. Quizás los padres de Candice presentarán resistencia pero el padre de Ulquiora los haría entrar en razón y llegarían a un acuerdo, y aunque no fuera así no lo podrían a obligar a casarse con la mujer.
Lo más difícil de eso sería convencer a Orihime...
Justo a las ocho treinta de la mañana pudo convencer a la pelinaranja, no quería que Ulquiorra detuviese su vida solo porque ella apareció de la nada, le insistía que aunque le rompiera el corazón que siguiera con el matrimonio. Pero Ulquiorra no rompería su corazón otra vez, no más.
La madre del chico estalló en lágrimas al ver a la pelinaranja y antes de que ellos explicaran les dijo que cancelaría el matrimonio en ese mismo instante, lágrimas de ambas mujeres y aún más cuando la señora Cifer supo que tenía un nieto. Todo bien.
Ahora estaba de camino a casa de Orihime Para que Ulquiorra conociera a su pequeño.
Ahí frente a frente, padre e Hijo se miraban. Ambos poseían aquella mirada verde penetrante y Orihime temblaba al no saber como resultaría eso.
El pequeño sonrió.
-. ¡Hola papá!
