Para los ignorantes solo soy alguien que causa mala suerte, para los solitarios soy al mejor compañía.

2 - Howling Hisses

— ¿Entregaste el regalo?

—Si señor.

—Bien... Retírate, Lucius. —ordenó sin mirarlo, con la atención clavada en la ventana.

—Con todo respeto, mi lord... ¿Habrá algún ataque pronto? —interroga el rubio platino con cierto temor al respecto. La fría y sangrienta mirada se clavó en él, produciendo ganas de salir huyendo.

—Retírate. —repitió, Lucius hizo una imperceptible reverencia con la cabeza y salió del despacho tenuemente iluminado por la claridad del exterior.

Hacia un día tan nublado que casi combinaba con su persona y quizá esa fuera la razón por la que no apartaba la mirada. Rascó su entrecejo con mueca fastidiada, pensando en lo mismo una y otra vez, acabaría produciendo jaqueca, más de la normal cabe destacar. En un estante de la habitación se encontraban dos valiosos objetos: una diadema con una joya azulada y una copa dorada con bellos grabados en su superficie, a los pies del estante descansaba una serpiente de enormes proporciones.

En su mano se encuentra un anillo no muy vistoso, pero que permanece allí por precaución. Sus Horrocruxes fueron complicados de recuperar, por no decir que uno, el más importante para él, el guardapelo de Salazar Slytherin está desaparecido. Tenía una idea de quien lo pudo haber robado y aun con eso no podía hacerse con él de forma simple, esto "encabeza" su lista de preocupaciones, al menos así es conscientemente.

Por su lado inconsistente transitaban pensamientos sin sentidos que desplazan todo lo importante de su cabeza. Desde su regreso tuvo la ligera impresión de que aquellos trozos de su alma corrían peligro, por ello fue a tomarlos todos y una vez así mantuvo un perfil asquerosamente bajo para el mundo mágico, que ni siquiera tiene una idea de cómo luce gracias a Merlín.

Estar encerrado en Malfoy Manor veinticuatro horas al día, siete días a la semana lo iba a volver aún más loco de lo que ya estaba persé.

Tuvo la idea de esconder nuevamente sus Horrocruxes, aprovechar que nadie se encuentra muy pendiente de sus movimientos y así no encontrarían raro algún ataque disperso, asociándolo a cualquier otra razón que no sea él para tener la tranquilidad de que su Horrocrux estaría a salvo. Claro, el proceso le llevó unos pocos años por cuestiones técnicas como reagrupar y ordenar sus filas, plantear el momento en que haría a Azkaban volar por los aires para liberar a sus fieles Mortifagos encarcelados.

Esto, tan bien organizado, lógico, cauteloso... Se fue a la reverenda mierda en un simple chasquido. Ni siquiera el entiende que fue lo que pasó, como perdió el control de sí mismo y necesitó con urgencia atacar, matar, torturar sin compasión o importando nada a quienes lo hacía. Evidentemente su discreción se había ido al garete también, el mismo había hecho relucir la marca tenebrosa en los cielos. Lo que empeora el asunto es que no fue una vez, no, nononooo...

Una semana y media se sintió con esa necesidad tan primitiva de hacer daño como si todos a su alrededor fuesen una nociva amenaza, que ellos merecían el castigo y mucho más, lo que le llevaba a preguntarse... ¿Por qué? Existía un elemento que justifica sus acciones más no sabe cuál es, lo ignora completamente. Algo en el pequeño resquicio de alma que queda en su cuerpo dice que tiene que ver con una mirada terriblemente verde...

Una mirada tan verde como esmeraldas brillantes... como el Avada Kedavra de la fatídica noche en que murió y la noche en la que retorno, iluminado por la luna llena para admirar espera ojos nuevamente.

De alguna manera los Potter siempre tenían la culpa de sus desgracias y solo veía con mayor irritación a los únicos que quedan: James Charlus Potter, cuyo mérito no niega y sigue muriendo de iras ante su renuencia a unirse a su lado, hacer honor a su sangre pura; Harry James Potter, el maldito niñato que arruinó todo y más tarde sirvió para su retorno. Quien lo enerva más está en duda, pero esta segurísimo de que el menor es culpable de su ira.

Una de las cartas que envió el pequeño de los Malfoy lo dejó pensativo, ya sabía que era un hombre lobo, Greyback se había vanagloriado de ello cuando lo hizo y no negaría que una especie de repulsión nacía en el ante lo que el lobo tenía pensado hacer apenas le pusiera las manos encima, eran poco los que se salvaron de él, entre ellos, Remus Lupin.

Volviendo al asunto, saber cómo era tratado en Hogwarts lo llevó a un plan demasiado dependiente de la suerte como para ser factible, pero tampoco es que fuera tan importante y el fruto de ello sería como mínimo entender sus ataques erráticos, entre las mejores posibilidades los Potter dejarían de significar una amenaza.

Adjuntando a Sirius Black, Remus Lupin y al traidor de Severus Snape.

Por esto tomó el riesgo de enviar su primer Horrocrux, el diario de su quinto año en Hogwarts. Con un hechizo logró crear una fuerte conexión, por lo que apenas el niño de once empezara a escribir sabría que dice, que quiere y más importante, cómo manipularlo para hacer que esto valga la pena.

Aunque engorroso y trayendo repulsión hacia sí mismo, la sensación que provocaba saber que uno de los fragmentos de su alma estaba en manos de Harry era la calma, creaba una sensación de gozo que es imposible de explicar para él.

El sosiego repentino era un rasgo extraño por goleada, sin embargo no tenía ni idea de cómo solucionarlo. Intentar mantener la calma y saber si es Dumbledore metiendo sus canas en el asunto es lo único que le queda como opción.

A menos que el pequeño Potter atribuya algo importante.


Las fiestas pasaron en abrir y cerrar de ojos, recibiendo regalos por montón e incluyendo a Draco que le dio un collar que aparentemente se estira cada vez que cambia, Hermione un par de libros sobre costumbres de hombres lobo -a saber de dónde coño los saco estando en el mundo Muggle- y los Weasley, puesto que no tiene abuelos y según su padre, su madre no era del tipo tejedora, obtener un sueter hecho a mano fue algo muy tierno, sobre todo por la H gigante en frente.

Su padre, para disgusto de Severus, le regalo la capa de invisibilidad que pasaba de heredero en heredero de los Potter. Sirius le regalo una Nimbus 2000, Severus al menos diez frascos de Félix Felicis -Que estarían bajo llave cuando se presentaron momentos en los que está prohibido beberla-. Y Lupin le regalo un arete... un muy importante arete.

En la manada de lobos en Bulgaria solían entregar uno a cada miembro que alcanzara cierta edad y ya que Harry tenía once Remus lo consideró buen momento, pues los demás lo obtenían a los doce; como no irían con la manada sino hasta las vacaciones no se darían cuenta de que lo entrego seis meses antes.

Harry usaba el collar, el arete, leía los libros de a poco y escondía la capa para que Severus no la confiscara, usaba la Nimbus las pocas veces que el viento no amenazaba con tirarlo. La cosa es que también usaba el diario de Tom Ryddle, hablaba mucho... quizá demasiado, con el invisible y misterioso personaje.

No sabía de él aparte de lo básico: dieciséis años, estudio en Hogwarts, fue Prefecto, Premio anual, mejor alumno, Slytherin y con un vocabulario que lo dejaba en las nubes por lo bello y encantador que es. Su lobo interior, por el contrario absoluto y rotundo a pesar de disfrutar la "presencia", no se podía estar quieto con él.

Advertía de amenaza, que en el fondo y más allá de las palabras bonitas era una manipulación de cabo a rabo para encantarle, de ganar algo desconocido, es decir... ¿Qué puede ganar nadie de un niño de once años, licántropo y peligrando de muerte por matar una vez al Señor Oscuro? Cuanto más vuelta se le daba, más absurdo quedaba.

Por ello Harry ignoraba en gran medida a su lobo interno, pues ya que nada peligraba realmente ¿Por qué andar cauteloso con aquel fantástico e ilusorio joven en el diario?

Al volver a Hogwarts nada vario de sus últimas semanas del año anterior: Contacto limitado a sus cuatro amigos -no contemos a Tom en esta sección-; una retahíla de insultos a cada que pasaba y ya lograba ignorar sin importar que dijeran, intentos de tirar sus cosas al Bosque Prohibido de nuevo, cambio de contraseña para no pasar a la sala común.

Gesto inútil, tenía una contraseña propia impuesta por McGonagall a modo de seguridad.

Por haber gruñido en medio de clases a Lavender Brown que no dejaba de hacer gestos imbéciles y tratar de acariciar su cabeza, logró que ya no lo molestaran dentro del aula, lo cual ya es fenomenal. Y bien si hay algo que lo molesta es que lo traten de perro... le gustan los mimos, pero de gente en la que confía y está cómodo, no una idiota que lo ve como si fuese un cerberos y acercarse signifique un logro para más tarde.

—No puedo sentarme eternamente en la mesa de Slytherin, soy de Gryffindor y aunque no me molesta, me gustaría comer donde fui seleccionado. —murmura acomodándose los lentes, Draco soltó una risita.

—Tienes más amigos aquí que allá, si no hay problema quédate aquí. —comento el rubio tomando jugo de calabaza.

—Además, quien querría compartir el mismo banco que Ronald Weasley, dudo que pueda ser más estúpido. —bromea Pansy Parkinson.

Algo muy raro ocurrió y es que de un segundo a otro el séquito de Draco comenzó a hablarle. Al principio fue incómodo a más no poder porque existía la bendita barrera de "Yo serpiente, tu león", pero al pasar un poco el rato Harry logro integrarlos a su sistema, su lobo los aceptaba y recibir caricias de la Slytherin era igual de relajante que recibirlas de Hermione.

Theodore Nott, Blaise Zabini... Claro, tenía este pequeño grupo de rojo y verde, pero se aceptaban entre sí y sabían leerse entre líneas, por ello consideraba que está mejor que nunca. Hermione ayudaba a todos con las clases y los gemelos se hacían querer muy fácil. Aun así no podía evitar lamentar que Ron se comportara como lo hacía.

—Mañana será Luna llena ¿Como haces para...? —Blaise, al igual que Hogwarts entero tenía la duda de en donde se metía en aquellas noches.

—No estoy seguro de poder controlarme aun con la poción Matalobos así que salgo del castillo y regreso por la mañana. —pensó beber de su copa, pero el olor nulo que despedía se lo evitó, por no decir que ese gesto hizo que la mirada clavada en él se volviera más insistente y penetrante.

— ¿No hay alguna forma de acompañarte? Honestamente me encantaría verte como lobo y de cerca. —Pansi adoraba los lobos, su tercer animal favorito por debajo de los pavos reales y las serpientes.

—Si fueras una animaga podrías, pero eso no lo enseñan sino hasta séptimo. —lamentó, el también quisiera tener compañía, pasar esas noches solo era bastante deprimente. En esas horas era su lobo quien predominaba y siendo uno social, se entristece de estar en soledad.

—Que dolor de culo. — farfulla Draco en voz baja.

—El fin de semana podríamos jugar a la orilla del Lago, es muy refrescante ahí—ofrece, los Slytherin dieron un cabeceo—. Debo volver antes de que me cierren el dormitorio, los veo mañana.

—Que envidia, a pesar de todo eres su favorito eh Draco. —comenta Pansi con diversión.

—Obviamente, soy su primer amigo. —Vanagloriarse de aquello es algo que Draco siempre hacia, en ocasiones hablaba de Harry como una pertenencia y el collar alrededor del cuello del Gryffindor recordaba el pensamiento.

No lo entiendan mal, adora su amistad con Harry y nada querría más que fuera un Slytherin, sin embargo, costaba evitar hablar así de él, era una especie de necesidad posesiva que tiene hacia Harry como un reclamo a todo aquel que se acercara. Él fue su amigo primero, lo aceptó antes que nadie y por ello podían mantener su distancia porque no los trataría igual. Suena un poco caprichoso, pero es Draco Malfoy, los caprichos y él muchas veces van de la mano.

En todo caso, así cuidaba de Harry, que era de todo menos el niño lobo rabioso capaz de alejar a quienes lo amenazan o buscan de engañar. Aunque quien sabe, este era un lado tan infantil y propio de él que solo Harry despertaba, de ser como su padre quiere no pasaría, pues debía ser un Malfoy ejemplar: Poderoso, sin demostrar debilidad o interés por algo que no sea poder e influencia...

Harry lo llevaba cada vez más lejos de eso y en lugar de molestarlo por esa desintencionada "manipulación" era feliz con ella, más de lo que seria de no tenerlo como amigo.

...

«Me alegra que hayas sido capaz de darte cuenta de la treta antes de caer en ella»

Una sonrisa emocionada surcó sus labios, ser elogiado por sus logros le fascinaba, Tom entraba en la misma lista que sus familiares con respecto a eso.

› Creo que fue Dumbledore, su mirada no dejaba de taladrarme la nuca y actúa raro desde que hablamos ‹

» ¿Otra vez? ¿Por qué no me lo dijiste? «

› No lo sé... Ni siquiera lo había pensado... Cuando traté de decírselo a Hermione no pude ¿Eso es normal? ‹

» No, no lo es. Evita mirarlo a los ojos, también a él mismo. Confía en mi Harry, él no desea nada bueno para ti «

› Pero ¿Cómo puede ser así? Papá dice que es bueno y el mago más grande de todos los tiempos, es el bueno y Voldemort el malo ‹

» Veo que no te importa usar su nombre... ¿Por qué crees que es malo y Dumbledore bueno? «

›Papá me ha dicho que es malo porque mata a mucha gente que es inocente. Además, lo iba a matar a él cuando revivió, quería dejarme sin él igual a cuando mató q mamá‹

Una respuesta tardó en aparecer, tanto que Harry se puso nervioso por ello, quizá había dicho algo que no debía y Tom se ofendió, esta interpretación no hizo más que desesperarlo, casi agonizando ante la idea de haberlo disgustado. Para calmar su acelerado y lobuno órgano bombeador de sangre las letras en tinta negra aparecieron.

» Es cierto todo lo que has escrito, no hay como negarlo, sin embargo, aunque esto puede exigir más de lo que puedes interpretar... ¿Por qué Dumbledore sería el bueno? Quien está en contra del que hace daño no es "bueno", porque en sí no existe bien y mal ¿Entiendes? «

Se rascó la cabeza, debía una clasificación para las cosas, así que apenas captaba lo que Tom quería decirle.

» Voldemort asesina, destruye, eso es cierto, pero ¿Has visto o te han contado lo que Dumbledore ha hecho? Él pensaba meter a tu padrino en Azkaban, acusarlo de revelar el secreto del Fidelius y por ello tu madre había muerto... si tu padre no hubiera estado ahí para defenderlo, Sirius Black ahora estaría en Azkaban. «

› Es obvio que mi padrino no haría algo como eso ¿Por qué alguien lo habría de creer?

» Tú mismo lo has dicho, es el "bueno", la denominada Luz que tantos siguen. Tu amigo, Remus Lupin, estudió en Hogwarts, sufrió mucho como tú y sus amigos lo defendían, sin embargo, Dumbledore no hacía nada por ayudarlo, en realidad... Reforzaba el temor en él, lo volvía inseguro, manipulable y por ello cada Luna sufría más que nadie «

Se removió nervioso, un tanto ansioso.

«Voldemort hace cosas malas, pero Dumbledore también, nunca te confíes de él. En realidad, no deberías confiar en nadie que te incomode. Eres un Licántropo, tu instinto será acertado... ¿Qué sientes con Dumbledore? «

› Inseguridad

» Ahí lo tienes. Sé que confías en tu padre, Sirius Black, Remus Lupin... ¿alguien más? «

› Mi tío Severus, él siempre está ahí para cuidarme; Hermione, Draco, Fred y George... la profesora McGonagall... Hagrid también es bueno, el gusta jugar conmigo... ¡también confió mucho en ti, aun cuando eres solo un diario!

» Me alegra saberlo... Yo también confió mucho en ti al mantenerme en secreto... Mañana durante la Luna llena llévame contigo y te daré un premio por eso ¿Sí? «

Harry saltó en su cama y dio una fuerte exclamación de emoción, claro, sus compañeros de habitación se extrañaron de eso, pero no debía explicarles nada.

...

Lucius miró con sobresalto y extrañeza a su señor que se reía de forma casi desquiciada. El señor Oscuro dejó su copa en una pequeña mesa y se levantó del diván en el que estuvo sentado viendo el fuego durante una hora. Nagini trepó por su hombro, extrañada de la reacción errática del hombre.

¿Ocurrió algo importante? — pregunta la serpiente, Voldemort le acaricia la cabeza con un par de dedos, conservando la sonrisa amplia y casi maligna en sus labios.

— Solo obtuve a un pequeño Lobo sin esforzarme en lo más mínimo. — responde con siseos roncos.

Quizá aun su duda no se viera aclarada, pero sería muchísimo más sencillo hacerlo teniendo al infante en su mano. Quien diría que confundirlo iba a ser tan fácil, que manipularlo representa un acto tan banal como respirar. En medio de toda su diversión y satisfacción llego una duda que lo detuvo un instante...

¿Cómo hizo que su lobo confiara en él?

No es algo que pudiera hacerse fácil, menos con un trozo de alma, el mismísimo ser ahí expuesto en un objeto. Una cosa comenzaba a mezclarse con la otra ¿Por qué se alteraba sin razón y apenas lograba controlarse? Así como obtener calma y sosiego; ¿Por qué Harry podía confiar en él? Ya había expuesto su opinión, lo veía como el "malo"

Bien, podía continuar esto al día siguiente, la noche para ser más exactos, en la casa de los gritos... susurrando dulces palabras al cachorro de lobo. Quién sabe, quizá obtendría algo mucho mejor de su parte. Harry Potter era el primero en ganarse la definición de misterio andante para Lord Voldemort, que tanta magia ya había aprendido y dominado...


Tenía permiso de salir directamente del comedor hacía la casa de los gritos, por ello estaba atragantándose al lado de Hermione, quien guardaba disimuladamente un poco de comida en una cesta, Harry había mencionado alguna que otra vez que durante la noche le daba hambre. Sus ojos permanecían con el brillo dorado que manifestaba como su sangre burbujea en sus venas.

— Debe estarse preparando para morder a alguien, eso si es que no lo atacan con hechizos, quizá lo maten. — murmura Ron a Seamus, Harry tragó todo lo que tenía en la boca y se relamió los labios. No tenía tiempo para gastar en Ron.

— ¿Tomaste la poción? — pregunta Hermione.

— Sí, hace como una hora, Severus no deja de recordármela desde que despierto. — informa con una sonrisa débil.

— ¿Te lo imaginas? Incluso podría ir a buscar a Greyback, muchos tienen sabido que hace con muchos de los que transforma — Harry detuvo cualquier pensamiento, escuchando lo mismo que toda la mesa —. Puede que sea su perra.

— Ron, honestamente... ¿Puedes callarte alguna vez? hablar de lo que no sabes es pretencioso e imbécil. — las cuatro mesas guardaron silencio, Harry nunca respondía a nada. El pelirrojo se mostró altivo.

— ¿Qué crees que no sé? Eres igual a cualquier otro que Greyback ha mordido, solo no te ha devorado aún. Quizá seas su perra favorita junto a Remus Lu-

— te lo advierto Ronald Weasley, cállate, ahora mismo. —siseó, aunque gruñía, mostrando los colmillos ya crecidos.

— ¡No puedes morderme sin que...!

— ¿Quien habló de morderte? No gastaría mi tiempo, saliva y esfuerzos en morder a un imbécil como tú. Es innecesario ser un hombre lobo para ponerte en tu mugriento lugar Ronald, ahora, guarda silencio, es la única manera en que la gente puede soportarte y si... Yo, una criatura oscura y asquerosa según tú, teniendo a muchos amigos en Slytherin y a una "sabelotodo" es más Gryffindor que tú de aquí a la Luna. Si me disculpas, tengo mejores cosas que hacer.

— ¡RONALD WEASLEY, CASTIGADO! — bramó McGonagall. Harry tiró al suelo la copa que había atrapado, pero cuyo contenido se había vaciado sobre él.

— Te veo mañana, adiós. — Tomó la cesta que Hermione le tendió, dio un beso rápido a la mejilla de esta y se fue del Gran Comedor sin prestar atención a nada más, manteniéndose erguido y con el rostro en alto.

Sus esperanzas de volver a ser amigo de Ronald podían darse por muertas, no sería amigo de alguien quien juega de esa manera con Remus, jamás. Cruzó todo el terreno hasta llegar al Sauce Boxeador y apretó el nudo para que el árbol no lo atacara. Recorrió el largo trecho hasta la casa de los gritos y una vez ahí observo al Luna, faltaban unos cuantos minutos.

› Ya estoy en las casas de los gritos, faltan unos pocos minutos antes de que pase ¿Cuál es la sorpresa?

Estaba impaciente, mordió una manzana, devorándola en la espera de una respuesta,

» No seas impaciente, no lo he olvidado. Aguarda un poco más, Harry «

Puesto que no es bonito regresar como lobo para ser visto mal y andar desnudo no es una opción se deshace de su ropa exceptuando las prendas interiores, dejándolas a un lado y rascándose un poco el cuello con el collar ahí puesto.

El cambio ocurrió y no hizo otra cosa que quedarse sentando en su lugar, comiendo todo lo que había dejado Hermione en la cesta, llenando su crecido estómago. Una caricia en la cabeza lo hizo alzar las orejas asustado.

— ¿A qué viene esa mirada? Parece que has visto a un muerto.

Harry no supo que hacer exactamente, viendo con la boca abierta a quien estaba ahí frente a él. Era un muchacho de al menos dieciséis o dieciocho, cabello corto, piel pálida y rostro excesivamente encantador, vistiendo uniforme de Slytherin. Por alguna razón que desconoce se ve un poco... Traslucido. Este sonríe, haciendo pequeño círculos entre sus orejas y logrando que se relaje.

Quería echarse boca arriba para ser sincero.

—Eres un cachorro muy manso ¿Eh? —juguetea, apoyándose en su rodilla derecha para hacer mimos al licántropo. Harry cayó en cuenta de algo importante y abrió los ojos en demasía—. Tranquilo, no estoy realmente aquí... Sino ahí.

Desvió su mirada hacia el diario abierto de par en par. Olisqueo las manos que lo acarician, el olor a tinta era lo único que podía sentir ahí. Ladeó la cabeza y bajo las orejas, tenía una idea de quién es... Pero ¿No es tonto eso? No debería ser posible...

—Pensé que te gustaría saber como soy, con lo mucho que escribes... —Harry lamió la mejilla de Tom, el cual cerró un ojo, no muy seguro de como sentirse ante el acto—. Claro, no es como que tenga mucho tiempo, absorber magia para materializarme cuesta lo suyo.

Harry lloriqueó, acercándose más hasta acurrucarse en el Slytherin, quién cae al suelo con el enorme animal echado encima suyo. Aguanto el gruñido de fastidio, sabía que Harry estaría débil y adormilado, después de todo al magia que toma es suya, pero no pensó que iba a usarlo de cama.

Con cierta dificultad logró tomar su cara, los ojos verdes estaban embotados y adormecidos. Frunció el entrecejo, dejando de lado su encanto usual ¿Cómo hacía para mantenerlos de ese color siendo un lobo? Las dos veces que lo ha visto a sido así, no hay ni rastro de dorado en esas maldiciones contenidas en las grandes irises.

—Harry mírame, mírame a los ojos... —susurra, con esfuerzo el lobo obedece—. Legeremens.

Los lobos poseían un escudo natural en sus mentes, hacer este hechizo con ello era un caso perdido dependiendo de la habilidad que tuviera. Siendo un trozo de alma la materia se complicaba, por ello había buscado de ganarse la confianza de Harry y de ese modo, este no lo sintiera hostil, permitiéndole el paso. Lo extraño es que pudo con muchísima más facilidad de la que esperó, viendo cada uno de los recuerdos en al joven mente.

Vagos momentos con su madre, la mordida de Greyback, la maldición asesina de su madre... la que rebotó... Todo estaba muy desordenado ahí dentro. En lo más profundo, donde aullidos sonaban armoniosos resaltaba el rostro con sus brillantes ojos rojos y así continuaba, como una continua epifanía de la mirada carmesí...

Su mirada carmesí.

Si te digo que esto nos puede doler, te lo advierto el fuego nos puede encender, si camino a tu lado lo haré.

Podía entender lo que aquellos finos y constantes aullidos manifestaban. Dentro de la mente de Harry un lobo saltó sobre él, pensó que iba a morderlo, pero contrario a eso bajó de encima y corrió con la intención de que lo siguiera. Lo persiguió, lleno de ansiedad, solo para toparse un recuerdo especifico.

— ¿Destinado? ¿Qué es eso? —Harry tenía diez años y hablaba con un hombre de aspecto salvaje y descuidado en lo que a ropa refiere, cabello corto y negro con un mechón blanco, una cicatriz surcaba horizontalmente su rostro.

Llegada cierta edad, todo lobo necesita encontrar a su pareja, su destinado, quién su alma anhela unirse para vivir. Puede ser cualquier persona, cualquier edad. Buena o mala, solo debes saber que tu alma conectara con la suya. Su sufrimiento sera el tuyo, así como las alegrías...

Pero... ¿Qué pasa si no la encuentra?

En el peor de los caso se muere de tristeza, pero hay tantos que no lo consiguen que suelen unirse entre sí. Harry, debes entender que un lobo no puede estar solo... La soledad te mata lentamente, por ello estamos en manada.

—Ah...

—Cuando sea el momento aullaras en su llamado con tanta fuerza que-

Unos ladridos furiosos lo hicieron caer de aquella memoria, impactando contra el suelo frente a una pelea entre dos lobos, uno muchísimo más grande que el otro. El pequeño, de pelaje castaño cenizo hacia lo posible por liberarse del más grande.

— ¡Remus! —Uno, definitivamente más joven, se lanzó hacia el más grande, mordiendo su nuca y quedándose sobre este como una peluda garrapata negra de ojos dorados.

El lobo grande no tardo en quitárselo de encima y embestir con tal fuerza al segundo que acabó inconsciente sobre las raíces de un árbol. El pequeño chilló, mientras el gran lobo se mostraba como Greyback. Con una de sus manos tomó al lobo y lo alzó.

— ¿Enserio creíste que él podría protegerte? Yo te convertí en esto, por lo tanto me perteneces. Soy tu Alpha. —afirma con voz rasposa. El cambio ocurrió y Harry quedó evidente, siendo ahorcado por el mayor.

—Re-Remus... —lloriqueó viendo al otro.

—Despertara en un rato, por el momento, niño, llegó la hora de que cumplas con-

Greyback salió volando de forma repentina, no había nadie más que ellos tres en la espesura de ese lugar. Harry tenía los brazos encogidos a su pecho, viendo con pavor a Greyback, quien gruñe molesto por ello— ¡ALÉJATE DE MI! —. Exige y la explosión mágica destrozo la corteza de muchos árboles. Ante el sonido de galope Greyback se transformó y salió huyendo, dejando a Harry donde estaba.

— ¿Qué paso? Harry, Harry que paso. —preguntaba James, habiendo cambiado de forma. Harry se lanzó a abrazarlo. Sirius iba con Remus, intentando hacerlo despertar.

Tom se sintió expulsado de la mente de Harry, teniendo al lobo de pelaje oscuro srobe su regazo. Se llevó las manos al cuello, se sentía asfixiado, sensación característica de cuando el alma principal se encontraba en una mala situación. A duras penas podía mantenerse corpóreo en ese momento.

...

— ¡TRAE A GREYBACK, AHORA! —ordenó a gritos, Lucius salió rápido de la habitación.

Se había levantado por un estallido de magia en su mansión. No estando Draco se hizo de lo más extraño que algo así ocurriera. Sin embargo, fue con tan fuerza que no le quedó duda de quién lo provoco. Apenas entro a la habitación de su señor vio a la serpiente en una esquina, sufriendo aparentemente; el anillo en el dedo del hombre brillaba y notoriamente vibraba.

No preguntó nada por la orden, no le interesaba que pudiera querer de Greyback, el problema es que costaba demasiado ubicarlo por su costumbre de andar de un lado a otro. Se apareció en donde recordaba estaba su manada la última vez, rezando porque estuviera ahí... no quería recibir los Cruciatus que posiblemente recibiría el hombre lobo.

Voldemort, por su parte, controló lo mejor que pudo su magia, sin creerse que tuvo tal estallido, es algo humillante. Rememoró lo último que vio antes, las memorias de Harry y sin dudas es culpa de ese niñato que ahora se encuentre así.

Ignorando aquello, pudo sacar información que podría serle útil. Como, por ejemplo: Donde vive la "familia" del retoño, habiendo "revelado" muy amablemente donde se ubicaba; su varita es la gemela de la que porta, cosa bastante peculiar y coincidencia... Si no recordaba mal en uno de los tantos libros que leyó en su sed de conocimiento, algo decía con respecto a estos casos.

Algo, en lo más profundo de su agrietada alma le decía que no le convenía acercarse mientras Harry estuviera al pendiente, obviamente no iba a poder en su contra en un duelo dada la diferencia de experiencia y poder en cada uno, pero esa espina estaba ahí, advirtiendo que le gustara o no, no podía hacer un espectáculo, sino algo silencioso y casi piadoso.

También tenía otras opciones como secuestrarlo, torturarlo un rato para liberar el estrés que provoca saberse enlazado de algún modo a ese niñato y finalmente ir a ofrecer un trato con su familia. James no iba a negarse a nada mientras tuviera a su amado niñito, la luz de sus ojos, entre sus manos, podía crear un poco de teatro y hacer creer cosas que bajo su mando no pasarían.

Pero lo importante es que James, Sirius y Remus se desesperaran y acataran hasta la más suicidas dar las ordenes con tal de recuperar a Harry. Quizá no fuese importante en sí, sin embargo, daba a grandes posibilidades. Meditó por un instante el actuar de Dumbledore con el menor y como último elemento a considerar en su mente...

Si te digo que esto nos puede doler, te lo advierto...

Muy bien, no, nonono ¿Para qué siquiera recordarlo? Solo era una cosa curiosa y ya. Carecía de mayor misterio. Miró la gran luna desde el ventanal, ah~ lo peor del caso es que el trozo de alma de su Diario está con ese niño, acariciando su lomo y ayudándolo a dormir. Refregó su mano contra su pierna, alejando la conexión, no queriendo sentir la textura suave del pelaje oscuro y, sobre todo, dejar de verlo.


Al igual que siempre, mantuvo las apariciones de Tom en completo secreto, ahora por temor a que de ser descubierto, se lo arrebataran. El año paso sin mayor cosa, molestar a Ron, estudiar con Hermione en la biblioteca, ver algunos que otros partidos de Quidditch, exhibirse como lobo para sus amigos de Slytherin... nada muy sorprendente, sin llegar a ser aburrido.

Cuando llegó el día de irse a casa por vacaciones de verano pudo entender a qué se refería su padre y padrino con lo de tener un "segundo hogar", como la añoranza a pesar de lo malo surgía y le hacía sentir un mal en el estómago. De forma dramática pensó que tenía un año menos en el mágico castillo, cosa que olvido al darse cuenta de que sonaba igual a un adulto quejándose por la juventud que se iba año a año.

En sus calificaciones no estuvo mal, Hermione lo superaba en todo menos Defensa contra las artes oscuras -Cuyo profesor era una mierda y gracias a Merlín no tendría que saber de ese hombre jamás-. En lo demás era superado por ella y Draco, no le molestaba, nunca ha sido precisamente un cerebrito, pero era capaz de aprender rápido. McGonagall lo felicitó por ser buen estudiante y ser similar a su padre.

Cosa que de tener cola en ese instante la hubiera movido sin cesar, satisfecho por el halago. Nada lo haría más feliz que ser como él.

Estar en casa, por otro lado, era el mismo ajetreo constante que trae a tantos hombres vivir sin una mujer que los guíe, porque verdaderamente son un desastre a pesar de saber qué hacer. James sin dudas no destacaba como "Amo de casa", Lily tampoco lo hizo, pero tenía una idea de cómo llevar las cosas y por ello era capaz de instruir al torpe y despreocupado de su esposo. Así que como imaginaran, teniendo una figura de autoridad como él frente a Sirius es... Un desastre.

Harry ya se había acostumbrado a esto, también a vivir al aire libre, de hecho a lo único que se cree incapaz de acoplarse es la vida que llevan Hermione y Draco: Más civilizadas, ordenadas, una de ellas es muchísimo más elegante sin dudas y él simplemente no entra en eso. Claro que podía disimularlo e intentar aprender a como llevarlo, pero no lo soportaría como rutina, su lobo y él querrían suicidarse en el proceso.

Su habitación reflejaba el desorden que acostumbra. Cojines en todos lados, una cama con sabanas revueltas y cantidad exuberante de almohadas, paredes en tonos oscuros para que no queden las manchas de recostarse en ellas, juguetes, juguetes de perro -no negaría que le gustan a veces para evitar el hambre, masticarlos es la gloria-. Libros apilados en el escritorio como único rastro fe que es hombre y no solo lobo... Y hoy por hoy cuenta con un muy especial aditivo.

—Papá... Sirius y Remus están apareándose en mi habitación. —vociferó, el escándalo en la cocina se hizo oír en menos de un segundo. Harry observaba con ojitos curiosos al par que intenta de manera desesperada vestirse.

— ¡¿QUE LES CUESTA HACER SUS COSAS DONDE MI BEBÉ NO LOS MIRE?! —James Dramático Potter entró en escena abrazando a Harry para que no viera, en su cabello colgaba un espagueti.

— Fue Sirius. —El nombrado miró mal a Remus.

— ¡Yo no oí que te quejaras!

—Nunca se habían apareado aquí, ahora va a oler mucho. —queja Harry en medio de aquel abrazo de oso protector de James.

— ¡Y tú no hables, chismoso, traidor! —acusa.

—Tan típico de Black, negar su culpa... ¿No tienes nada mejor que culpar a un niño de once? —interroga Severus con divertida expresión.

—CÁLLATE SNIVELLUS.

Por desgracia su padre no lo quiso recibir en su cama, acusándolo de pelechar y no querer cambiar la sabana por quedar con aroma a perro, así que debía dormir en su habitación con aroma de celo de su padrino y su papá del lado Licántropo... Fenomenal.

» Realmente no me interesa saber esa clase de eventos «

› No es la primera vez que veo algo así, pero no me gusta el olor, es bastante desagradable para mi ‹

Resoplo, abrió la ventana y volvió a tirarse en su cama donde el diario permanecía abierto y a si lado un frasco de tinta para escribir en él.

» ¿Dónde lo has visto? ¿No eres muy chico para esta clase de cosas? «

› En la manada pasaba muy seguido, tampoco me produce incomodidad verlo o saberlo... Tío Severus dice que es la inhibición animal a actos comunes como la reproducción o la caza ‹

» Ya veo. Es curioso. Ya es tarde ¿Hablamos mañana? «

›Sip. Buenas noches, Tom‹

Guardo el diario en el cajón al lado de su cama y se hizo un pequeño ovillo en la cama con gruesas cobijas, algunas hechas de pieles, en la manada se las habían regalado los lobos de su edad. No supo porque, pero no iba a negar el gesto, iba a verse entre descortés y malagradecido.

Mientras todos dormían, roncaban y Hedwig caza en los alrededores de la vivienda, una persona con varios hechizos desilusionadores la inspecciona, buscando la entrada más fácil y sigilosa. Una ventana abierta en la segunda planta fue lo ideal y sin mucho esfuerzo entró ahí.

Estuvo sorprendido de ver al ocupante. Era la tercera vez que lo tenía frente a él, más indefenso que nunca: Nadie estaba para sacrificarse por él, en los sueños no tiene como huir... Es como si el niño hubiera esperado a que viniera para asesinarlo o secuestrarlo... La primera opción sonaba más tentadora en su mente. Nagini que iba posada en sus hombros comenzó a deslizarse por todo el cuarto.

Sacó su varita, apuntó al rostro del niño de once años con el cabello negro que duerme sin ninguna preocupación. Abrió la boca, aun si era un susurro la maldición saldría de su varita y las maldiciones que contenían aquellos ojos cerrados desaparecerían.

Si te guío cuando ya no puedes ver, pero al medio de la noche te diré, en silencio yo tu nombre gritaré...

La maldición no salió de sus labios, intento gritarla y aun así no podía. No sabía que ocurría, porque sentía su alma revolverse gritar agónica ante los intentos, permaneciendo tranquila para escuchar a la contraria aullar la suave melodía —Nagini, mátalo —. Ordenó con sus ojos rojos refulgiendo con ira y confusión.

La serpiente reptó hasta la cama y se enrosco con suavidad en el cuerpo de carne suave e infantil, se acercó a su cuello, mostró sus colmillos lista para morder y asesinar con su veneno.

No quiero... comer más Hermione... demasiado chocolate. —siseó para sorpresa de la serpiente y su maestro.

—Señor... no puedo matarlo.

— ¿¡COMO QUE NO PUEDES!? —siseó furioso.

—No puedo atacar a un Paserlmouth, es mi señor tanto como usted. —Voldemort no podría con tanta rabia acumulada. Un instante de susto vino cuando Harry entreabrió los ojos.

—Tom... —suspiró y volvió a dormirse, girando y atrapando a la serpiente en un abrazo accidental. Nagini pudo librarse de su agarre.

—Si no puedo dañarlo... —susurró conjuro tras conjuro, en su mayoría de protección. Harry era la cosa más rara que se había topado y siendo así quería "estudiarla", entender como es capaz de hablar Parsel, como logra que su alma no corresponda a su mente en el deseo de asesinarlo... entre otros muchos más.

Agregó unos cuantos de compulsión, asegurándose de que fuera sincero en el diario, tanto que posiblemente afectara a su vida, pero es un daño colateral que no le interesa. El último es similar, sin embargo, era sentir la necesidad de cumplir las órdenes que pudiese darle "Tom"... y vaya que sabía que exigirle.


—Es la primera vez que tengo amigos para celebrar un cumpleaños. —admite sonriendo tembloroso y con los ojos rojos.

— ¿Qué hay de la manada?

—Bueno... ahí los niños son un poco extraños, sus padres no permiten que se relacionen con otros que no sean de su agrado... digamos que yo no fui el más querido. —explica recibiendo el regalo que Draco le daba.

—Así es mejor, no necesitamos otra temporada de pulgas en esta casa. —comenta Remus pasando de un lado a otro.

—Las pulgas son la muerte. —quejumbra Sirius imitando a Lupin.

—Me alegra mucho que pudieran venir, Harry habla mucho de ustedes. Estoy seguro de que se hubiera entristecido mucho de no verlos. —revolvió el cabello desordenado de su hijo.

—Oh, Señor Potter, sabemos que somos indispensables –

— -Y entrañables.

—Nos sonroja. —culminaron los gemelos con una mano en el pecho, James se aguantó la risa, ya entendía a qué se refería Harry con que hablan de forma graciosa.

—Hasta yo los extraño dejando a Weasel en ridículo... sin ofender. —George sonrió, entendían que quería decir.

—podrían gastar ese talento en clase y el tiempo en estudiar más. —Hermione siempre se mostraba ofendida por lo que hacían, aunque en el fondo se divertía bastante.

—Vaya... ¿Segura que no tienes una relación lejana con los Evans? Suenas como Lily y eso da mucho miedo. —Sirius se escondía tras Harry. Hermione se sonrojó.

—Eso nos recuerda que Harry nos dijo-

— -Que ustedes sabían-

— -De los autores-

—De esta maravillosa joya. —de su ropa sacó un mapa gastado. Los tres adultos miraron incrédulos y Remus lo tomo en sus manos.

— ¡Jajá! Les dije que fue buena idea dejar que Fitch lo confiscara el último día. —exclamó Sirius.

—Quien lo diría, menuda casualidad...

— ¿Los conocen? A los merodeadores. —Fred al igual que su hermano no podían aguantar la emoción del tema.

—Por supuesto que los conocen. Son ellos—Los cuatro invitados parpadearon sin captarlo—. Papá es Cornamenta, Remus es Lunático y Sirius Canuto... Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas. —con un toque de varita el mapa mostró su invisible contenido.

— ¡GENIAL! ESTAMOS CON MERODEADOR JUNIOR. —festejaron en coro.

— No me quiero ni imaginar que hacían con ese mapa.

—Debió ser divertido. —Draco se encogió de hombros.

— ¿Y Colagusano? —pregunta George.

—En Azkaban con cadena perpetua. —respondieron los tres con tono hosco.

— ¿Podríamos ir a prisión...?

— ¡GENIAL! —exclamaron nuevamente, Hermione se rascó el entrecejo.

El día pasó entre estupideces varias. Draco uso la Nimbus 2000 de Harry para sobrevolar el bosque, los gemelos aprovecharon la burra cantidad de pociones que tenía Severus en su habitación -haciendo uso de su ausencia-. Hermione casi lloraba de alegría por los libros que James le prestaba con todo el cariño del mundo. Harry por un momento sintió que algo ahí se había formado... algo más grande que él y que tiene la obligación de defenderlo con garras y dientes de ser necesario.

Manada...

Suspiró profundamente, podía ser que esa simple palabra lo explicara y de ser eso cierto... con mayor razón debía de hacerlo, volverse un lobo fuerte y que nadie los lastime. Tarea complicada ahora, pero de a poco lo lograría.

El momento de regalos llegó: Hermione le regaló un par de libros, uno de cuentos Muggles por los que sintió curiosidad -ya que James era un fracaso a la hora de buscar libros, por más inocentes que fueran-. y costumbres búlgaras; Draco obsequió una cantidad imposible de dulces y un kit de limpieza para escobas; los gemelos le dieron una variedad de varitas con las que podía cambiarse el cabello de color...

Los mayores temieron, Harry siempre se levantaba antes y con eso, era muy posible andar con un rosa chillón todo el día.

Severus, quien estaba en Hogwarts en esos momentos había enviado su regalo, una pequeña galaxia en una esfera que cabía en sus dos manos. Serviría muy bien de luz de noche. La señora Weasley había enviado un sueter con un gracioso estampado de lobos.

— ¿También es un animago...? ¿Podrían enseñarme? — Draco no se pudo guardar la emoción al momento de saber aquella información de James, él y Sirius se miraron.

— Si Sirius es un perro, que llamaban Canuto, Remus lunático por hombre lobo y Peter una rata... James es — En la sala de por si despejada James se dio el gusto de transformarse, agachando la cabeza para que una nerviosamente sonriente Hermione acariciara entre la cornamenta —. Un ciervo... Yo también quiero aprender.

— Es ilegal~ — canturreo Harry relamiéndose el labio lleno de chocolate.

—¡Si fuéramos Animagos no tendríamos que dejarte solo durante Luna llena! Puede ser lo ilegal que quiera. — refutó la niña, Harry moqueó, no esperó aquella respuesta y con la sensibilidad que se cargaba últimamente costaba aguantarse.

— ¡Juy! Dicho de ese modo, con gusto los enseñamos. Será un poco difícil. —admite Sirius rascándose el cuello.

— Pero será divertido, nosotros también lo haremos. — afirma el par.

— Bueno... sí pueden convencer a sus padres de venir aquí más seguido los dejaremos... Aunque siempre igual, no pueden decir la dirección, es un Fidelius por algo y nos gustaría que no sea de conocimiento de tantos ¿Está bien? —asintieron con velocidad, lo que fuera.

Harry miró a la ventana y Remus también, lograron escuchar el aleteo de Hedwig y la lechuza blanca llego con cierta complicación hasta un sofá individual. Dejó un paquete enorme y evidentemente pesado, el ave ululó, recibiendo cariños de Harry e indicaciones de donde encontrar su premio por el trabajo.

La lechuza se fue satisfecha a la cocina mientras Harry examinaba la caja —No dice de quien es... —. Igual que el diario, pensó fugazmente. James no estuvo muy seguro de permitir que abriera, pero si Hedwig la había traído es porque no tenía nada dañino en el interior, la Lechuza no lastimaría a su dueño.

Al quitar el envoltorio y abrir la caja sus ojos brillaron de emoción, metió una mano y sacó con cuidado el contenido, recibiendo exclamaciones impresionadas. Era una serpiente, no tan grande, pero si larga y de colores marrones cobrizo.

—A-ay no. —Sirius se escondió tras Remus que igualmente se hacia atrás.

— ¡Es bellísima! —exclamo Harry.

— ¿Quién te envía esa clase de regalos? Yo solo pedí un Unicornio y padre entró en colapso. —refunfuñó el rubio, como si aquello fuese simple.

—No lo sé. Pero me gusta... no tiene colmillos—comenta al verla abrir la boca—. Eres muy bonita ¿Quién te manda?

No lo sé, sin embargo, usted es mi señor y es lo único que me importa ahora. —siseó reptando por el brazo de Harry hasta acabar recostada en sus hombros. Harry se giró, pero el miedo lo invadió ante la cara anonadada de los demás.

—Harry... ¿Co-como hiciste eso? —preguntó James acercándose con lentitud.

— ¿Hacer qué?

—Acabas de... hablar con la serpiente, siseaste... ¡hablaste Parsel! —explicó Draco sorprendido a más no poder.

—Pensé que era una lengua muerta y-

— ¡Solo de los descendientes de Slytherin! —Respondió al comentario de Hermione, Draco estaba a nada de tirarse de los cabellos—. Ningún otro es capaz de hablarlo.

—Los Potter nunca han sido capaz de hacerlo. Gryffindor ha sido nuestra casa desde un principio y yo mismo soy heredero de Gryffindor por mi parte mágica, por ende, Harry también. —James no sabía que pensar, como había pasado aquello.

—Es... ¿Malo? —preguntó dudoso.

—No es malo... Podrías ser el mismo principe de Slytherin.

—Ese eres tú.

—De nombre y porque soy el mejor, pero tú lo podrías ser por herencia. Hace cincuenta años que nadie era capaz de usar esa lengua—asegura acercándose—. ¡Te dije que debías ir a Slytherin! —refunfuñó—. Además, imagínalo ¡Los dos seríamos los más grandes! —afirma emocionado, la parte de anhelar poder era parte de su personalidad al final de todo.

—No me interesan ese tipo de cosas—murmuró—. Aunque si te hace feliz... Podríamos mostrarlo en algún momento.

Los ojos de Draco brillaron emocionados por conseguir lo que quería. Hermione no entendía esas ganas de Harry por hacer a Draco feliz, pero tampoco sería nada peligroso lo que harían, por ello no se quejo ni dijo nada, la impresión tampoco se lo permitía.


Segundo año de Hogwarts, segunda ocasión en la que debía soportar a todos viéndolo con la cautela de ser ovejas custodiadas por un lobo. McGonagall como subdirectora le había permitido llevar a Zanna -la bautizada serpiente-. Pues esta sin colmillos y carente de suficiente fuerza para asfixiar a nadie no sería una amenaza. Como mucho para las ratas del castillo.

Empezar por lo que más llenaba su cabeza, su profesor de Defensa contra las artes oscuras es una mierda... otra vez, no lo soporta y apenas se mantiene despierto en sus clases, rezaba que algún día Severus diera la asignatura. Ni siquiera su padre, James Potter, un hombre tan paciente y relajado soportaba a Gilderoy Lockhart, ya con eso se dice todo.

Lo más resaltante en los dos meses que lleva en el castillo es que Tom no deja de mencionar una Cámara de los Secretos, un sitió la que solo los descendientes de Salazar Slytherin pueden pasar. En un principio no tenía la más remota intención de ir ahí... pero desobedecer lo que Tom decía se hacía del todo imposible.

No lo comprendía, pero la ansiedad se apoderaba de él cada vez que negaba, por no decir que el sentido de obligación se reforzaba.

«No hay nada peligroso allí abajo, tan solo veras el lugar, tendrás acceso a libros en lengua Parsel... Es por tu bien. Créeme.»

Casi podía oír su voz y sus manos empujándolo. Se mordió los labios, inquieto. Soltó todo el aire acumulado.

› Iré mañana por la noche... ¿En el baño de Chicas?

«Así es. Considéralo mi regalo de cumpleaños atrasado. Estoy seguro de que te encantará»

Cerró el diario y pegó su cara de él, se sentía cálido el cuero sin razón alguna. Dio un enorme suspiró y apretó los labios, ya, cumpliría, la sensación sofocante tenía que irse ¿no?


—Dile a tu hijo que no salga de la Sala común mañana por la noche, el pequeño Draco debe salir corriendo del comedor a su habitación. —informó, Lucius lo vio con extrañeza.

— ¿Hay algo...?

—Créeme, pasado mañana tendrás una muy divertida carta llegando aquí escrita por él.

Voldemort siguió moviendo la copa con vino tinto. Si no podía matar a Harry, que lo hiciera el basilisco, si ella tampoco lo hacía, al menos haría algo útil con él y asesinando mudblood en el colegio. Resopló ¿Por qué la idea de meterlo en algo tan absurdo y que lo haría culpable de asesinatos, lo preocupaba tanto? Debería darle igual.

Incluso había enviado aquella serpiente para asegurarse de que Harry no sufriera ninguna clase de abuso en su dormitorio, podía crecer si lo veía en peligro, fuera de eso era inofensiva. Perfecta para un niño lobo que apenas sabe que es hablante de Parsel.

Ah... El Parsel... También debía investigar eso... Es como ver a una serpiente aullando a la luna, que imagen tan hilarante y rara. Igualmente esperaría con ansias la noche siguiente para ver que ocurría.


Aún no sé cuántas partes serán, puesto que tengo muchas ideas que quiero poner y no quiero que se vea tan brusco el traspaso de un año a otro para que Harry crezca. aparte de eso, está que Voldemort no comenzará a hilar cosas aun [Nada que no enorgullecería al Voldemort inicial con harry :vvv paizo de lento]

El próximo capítulo será la semana que viene el viernes. Con mucha suerte si logró hacerlo bien, serán cuatro partes, pero no aseguro nada, quizá inclusos e extienda hasta siete [dat número de la suerte]

Me alegra que le shaya gustado tanto :'v

bye -3-